28. PELIGRO
AliceLo primero que veo al abrir la puerta es a Christian.
Me quedo completamente quieta durante unos segundos, porque no esperaba encontrarlo ahí. De todas las personas que podrían estar detrás de esa puerta, él era probablemente la última que imaginaba. Lo miro sin saber qué decir y, por un momento, siento que mi cabeza se queda en blanco.
Desde aquella vez que recibí los papeles del divorcio, no dudé en firmarlos. Recuerdo perfectamente la rabia que sentí en ese momento. No porque quisiera obligarlo a quedarse conmigo, sino porque una parte de mí pensó que se había rendido demasiado rápido. Después de todo lo que había pasado entre nosotros, que simplemente hubiera decidido terminarlo me hizo sentir que quizá para él había sido mucho más sencillo dejarme atrás de lo que había sido para mí.
Pero después empezaron a llegar los regalos. Los pequeños detalles. Las cosas que aparecían sin que yo las pidiera y los gestos. No parecían propios de alguien que había decidido cerrar una historia para siempre. Y eso fue precisamente lo que me confundió.
Así que decidí no precipitarme.
No quería volver a hacerme ilusiones para después descubrir que había entendido todo mal. Me dije que simplemente iba a esperar. Si Christian realmente quería decirme algo, tendría que hacerlo él. Yo no iba a buscar respuestas ni a pensar mal.
Y eso hice.
Dejé que pasara el tiempo. No estaba esperando cada día que apareciera en mi puerta ni vivía pendiente de sus movimientos. Simplemente seguí con mi vida y dejé que las cosas tomaran su propio rumbo.
Hasta ahora.
—Christian... —murmuro finalmente.
Él no responde de inmediato. Solo me observa y, al verlo con tanta atención sobre mí, noto algo diferente en su expresión. Hay preocupación en sus ojos. Una preocupación que no alcanzo a comprender y que, casi de inmediato, empieza a contagiarme.
—¿Qué pasa?
Christian da un paso hacia mí.
Antes de que pueda reaccionar, me toma de los hombros.
—¿Estás bien? —pregunta rápidamente.
Frunzo el ceño.
—Sí.
—¿Te hicieron algo?
—¿Qué? No.
—¿Estás segura? ¿Nadie vino aquí? ¿Nadie te amenazó?
Lo miro cada vez más confundida.
—Christian, no. ¿Qué está pasando?
Pero él no responde.
En lugar de hacerlo, me atrae hacia él y me abraza con fuerza.
—Gracias al cielo estás bien —susurra.
Me quedo rígida entre sus brazos. No entiendo absolutamente nada. Después de unos segundos, apoyo las manos sobre su pecho y consigo separarme.
—¿Puedes decirme qué está pasando?
Christian mira hacia el interior de la casa antes de volver a mirarme.
—Aquí no estás segura.
—¿Cómo que no estoy segura?
—Tienes que venir conmigo.
—No.
Mi respuesta sale inmediatamente.
—¿Por qué?
—Luego te lo explico.
—No, Christian. Si vienes hasta aquí, me abrazas como si estuviera a punto de morir y ahora me dices que tengo que irme contigo, creo que tengo derecho a saber qué está pasando.
Él parece a punto de responderme, pero entonces su expresión cambia.
Todo sucede demasiado rápido.
Un disparo rompe el silencio.
La bala impacta contra la pared, justo al lado de nosotros.
—¡Agáchate!
Christian me empuja hacia abajo y cae conmigo al suelo. El sonido del segundo disparo hace que mi cuerpo reaccione antes que mi cabeza. Me cubro instintivamente mientras escucho cómo los cristales de una ventana se rompen.
—¡Alice, no te muevas!
—¿Qué está pasando?
No puedo controlar el temblor de mi voz.
Los disparos empiezan a escucharse uno detrás de otro. Ya no es uno. Son varios. El ruido rebota por toda la casa y apenas puedo distinguir las voces de los hombres de Christian dando órdenes.
—¡Por aquí!
—¡Cúbranlos!
Christian se coloca delante de mí, intentando mantenerme protegida mientras algunos de sus hombres entran rápidamente en la habitación.
Y es él quien me empuja pero ahora en medio de la adrenalina solo pienso en algo.
—Tenemos que sacarla de aquí —dice uno de ellos.
Christian me toma de la mano.
—Alice, vas a hacer exactamente lo que te diga.
Lo miro sin poder procesar nada.
—Mi gato...
—¿Qué?
—Kai.
Me incorporo un poco y miro hacia el pasillo.
—¡Kai está dentro!
Christian intenta detenerme.
—Alice, no.
—¡No voy a dejarlo!
Me levanto antes de que pueda impedirlo y corro hacia donde sé que suele esconderse cuando escucha ruidos fuertes. Escucho a Christian llamarme detrás de mí, pero sigo avanzando. Entonces veo a Kai acurrucado cerca de uno de los muebles, completamente asustado.
—Kai.
Me agacho y lo tomo entre mis brazos.
El gato se aferra a mí inmediatamente.
—Ya está, ya está... estoy aquí.
Un nuevo disparo golpea alguna parte de la casa y Kai se sobresalta contra mi pecho.
—¡Alice!
Christian aparece detrás de mí y me agarra del brazo.
—Tenemos que irnos ahora.
—Lo tengo.
—Bien. No lo sueltes.
Uno de sus hombres abre fuego desde la entrada mientras otro nos indica que avancemos.
—¡La ventana! ¡Por ahí!
Miro hacia la ventana y luego hacia Christian.
—¿Vamos a salir por ahí?
—Sí.
—¿Estás loco?
—Probablemente, pero ahora mismo no tenemos otra opción.
A pesar del miedo, esa respuesta consigue que lo mire durante un segundo como si no pudiera creerlo. No sé si está intentando tranquilizarme o simplemente mantenerme en movimiento.
Uno de los hombres rompe lo que queda del cristal y se asoma.
—¡Está despejado!
Christian coloca una mano en mi espalda.
—Primero tú.
—¿Y tú?
—Voy detrás.
Me ayuda a pasar por la ventana mientras mantengo a Kai pegado contra mi pecho. El frío de la noche me golpea inmediatamente. Apenas tengo tiempo de mirar hacia atrás antes de escuchar más disparos dentro de la casa.
Christian sale detrás de mí y dos de sus hombres nos siguen.
—¡Muévanse!
Corremos.
No sé hacia dónde. No sé quién está disparando ni cuántas personas hay. Solo sé que quiero salir de ahí. Aprieto a Kai contra mí mientras avanzo detrás de Christian, intentando no tropezar.
Escucho pasos, gritos y varios disparos a nuestras espaldas.
—¡Al auto!
Cuando llegamos al vehículo, uno de los hombres abre la puerta trasera.
Christian me mete prácticamente dentro y entra detrás de mí. Otro de sus hombres se coloca delante y el conductor arranca antes siquiera de que todos hayan terminado de cerrar las puertas.
Me quedo sentada, respirando con dificultad, con Kai todavía entre mis brazos.
Durante unos segundos nadie dice nada.
Yo miro a Christian.
—¿Qué demonios acaba de pasar?
Él se pasa una mano por el cabello y respira profundamente.
—Alice...
—No. Necesito que me expliques qué está pasando.
El auto acelera y yo miro por la ventana, viendo cómo la casa queda atrás.
—¿Por qué estaban intentando matarnos?
Christian guarda silencio unos segundos.
Entonces nota que estoy temblando.
Solo entonces parece darse cuenta de cómo voy vestida. Apenas tuve tiempo de ponerme algo encima antes de salir. Estoy en pijama y ni siquiera recuerdo haber sentido frío hasta ahora.
Se quita el blazer y me lo coloca sobre los hombros.
—Póntelo.
—No tengo frío.
—Estás temblando.
No respondo.
Me acomodo el blazer mientras Kai se acurruca todavía más contra mí.
Christian se queda observándome unos segundos antes de hablar.
—Hace unos días me mandaron unas fotografías.
—¿Fotografías de qué?
—De ti.
Mi estómago se aprieta.
—¿De mí?
Asiente.
—Te estaban vigilando.
Siento que se me seca la boca.
—¿Quién?
—Alguien peligroso que no conoces.
—¿Que?
Christian mantiene la voz tranquila, como si estuviera intentando explicármelo sin asustarme más de lo que ya estoy.
—Tu familia está relacionada con personas peligrosas.
Lo miro fijamente.
—¿Qué quieres decir?
—Alice, hay gente con la que tu familia se ha relacionado durante este tiempo. Personas que no tienen ningún problema en recurrir a la violencia cuando quieren conseguir algo.
Niego lentamente con la cabeza.
—Pero yo no tengo nada que ver con ellos.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué me atacarían?
—Porque puede que quieren algo de ti o de mi.
Trago saliva.
—¿Y lo de esta noche?
Christian tarda un momento en responder.
—Fue una amenaza.
Siento cómo el corazón empieza a golpearme el pecho.
—¿Una amenaza?
—Sí.
—Pero dispararon contra nosotros.
—Lo sé.
—Eso no es una amenaza, Christian.
—Lo sé.
Su tono sigue siendo tranquilo, pero puedo notar que está intentando elegir cada palabra.
—Lo que quiero decir es que pudieron haber hecho algo peor. Querían demostrarte que pueden encontrarte. Querían que supieras que saben dónde estás.
Me quedo mirando mis manos.
Kai sigue acurrucado contra mí y paso los dedos lentamente por su cabeza, intentando tranquilizarlo, aunque en realidad soy yo la que necesita tranquilizarse.
—¿Estás diciendo que mi familia está metida con gente mafiosa?
Christian asiente lentamente.
—Lo más probable es que quieran acabar con nosotros.
No quiero llorar .
Intento contenerlo, pero siento que los ojos empiezan a llenárseme de lágrimas.
—Yo sé que no me quieren —digo con la voz entrecortada—. Sé que nunca les importé demasiado, pero... ¿hasta ese punto? ¿Hasta querer matarme?
Christian se acerca.
—No van a matarte.
—¿Cómo puedes estar seguro?
—Porque no voy a permitirlo.
Una lágrima me cae por la mejilla.
—Christian...
Él me limpia la lágrima con el pulgar y después me atrae hacia él.
—No tienes que preocuparte ahora. Estás conmigo.
No sé qué responder.
Solo dejo que me abrace.
Christian me da un beso en la frente y mantiene sus brazos alrededor de mí.
—Voy a protegerte, Alice.
Cierro los ojos.
Por primera vez desde que escuché el primer disparo, consigo respirar un poco mejor.
Cuando el auto finalmente se detiene frente a la mansión, me cuesta unos segundos reconocer el lugar. No porque haya cambiado, sino porque hace demasiado tiempo que no lo veo de esta manera. Durante algunos meses viví aquí y, aunque en aquel entonces pensé que conocía cada rincón de la casa, ahora todo me resulta extraño. Supongo que tiene que ver con la forma en la que estoy regresando. La última vez que estuve aquí tenía problemas completamente diferentes. Ahora acabo de escapar de un ataque y todavía no sé quién intentó dispararme ni por qué.
Christian baja primero y después abre mi puerta. Yo permanezco sentada unos segundos con Kai entre mis brazos, mirando hacia afuera. No quiero bajar. Sé que es absurdo, porque él acaba de decirme que aquí voy a estar segura, pero mi cuerpo parece no entenderlo. Cada vez que escucho un ruido pienso que alguien podría estar siguiéndonos. Cada vez que veo un vehículo a lo lejos me pregunto si viene por nosotros.
—Alice —me llama Christian.
Levanto la mirada.
—Aquí estás segura.
Sé que intenta tranquilizarme, así que finalmente bajo del auto.
Entro a la mansión con Kai todavía en brazos. Apenas cruzo la puerta, varios recuerdos empiezan a aparecerme sin que los busque. La entrada, las escaleras, los muebles, incluso algunos pequeños detalles que había olvidado. Es extraño estar de vuelta. Una parte de mí siente que debería reconocer este lugar como algo familiar, pero otra solo puede pensar que hace unas horas estaba en mi casa y ahora estoy aquí porque alguien intentó matarme.
Christian camina a mi lado mientras entramos.
—Nadie puede entrar aquí sin que lo sepamos —me explica—. Hay seguridad en toda la propiedad.
Asiento, aunque sigo mirando alrededor.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿De verdad?
—De verdad.
Quiero creerle.
Lo intento.
Pero después de lo que pasó, no es tan sencillo.
Subimos las escaleras y Christian me lleva hasta la habitación que voy a utilizar. Cuando entro, encuentro algunas cosas preparadas para mí. Ropa, artículos personales y una cama lista. No sé quién tuvo tiempo de organizar todo tan rápido, pero en este momento agradezco no tener que preocuparme por nada.
Dejo a Kai sobre la cama y él inmediatamente se hace un pequeño ovillo entre las sábanas.
—Él también está asustado —murmuro.
Christian se acerca y observa al gato.
—Parece que no piensa separarse de ti.
—Yo tampoco pienso separarme de él.
Christian sonríe ligeramente.
—Entonces supongo que estamos de acuerdo.
Lo miro y después desvío la mirada.
No quiero pensar demasiado en lo que significa estar aquí otra vez.
Por ahora solo quiero descansar.
Christian se queda en la puerta.
—Voy a estar en la habitación de al lado.
Lo miro.
—¿En la de al lado?
—Sí.
—¿No vas a dormir aquí?
—No.
Su respuesta es inmediata.
Lo observo durante unos segundos.
—¿Por qué?
—Porque tú no quieres.
Me quedo callada.
Tiene razón.
Cuando llegamos, le dije claramente que no quería compartir habitación con él. No estaba preparada para volver a dormir a su lado después de todo lo ocurrido entre nosotros. Aunque acababa de salvarme la vida, eso no significa que de repente todos mis problemas con él hayan desaparecido.
—Está bien —respondo.
Christian asiente.
—Si necesitas algo, me llamas.
—Sí.
Cierra la puerta y finalmente me quedo sola.
Me siento en la cama y miro a Kai.
Él levanta la cabeza y me observa.
—¿Qué vamos a hacer ahora?
Obviamente no responde.
Solo vuelve a acomodarse.
Me acuesto a su lado y lo abrazo.
Es extraño, pero desde que salimos de aquella casa siento que necesito tenerlo cerca todo el tiempo. Cada vez que cierro los ojos recuerdo el sonido de los disparos. Cada vez que escucho algo parecido a un golpe, mi cuerpo se tensa.
Intento convencerme de que estoy exagerando.
Christian dijo que aquí estoy segura.
Tengo que confiar en eso.
Pero mi cabeza no deja de darle vueltas a todo.
Pienso en mi familia.
Durante mucho tiempo intenté mantenerme alejada de todo lo relacionado con ellos. No quería saber qué hacían ni con quién se relacionaban. Siempre había cosas que no me contaban y conversaciones que terminaban cuando yo entraba en una habitación. Muchas veces preferí hacer como si no me importara porque era más fácil vivir así.
Pero ahora ya no puedo fingir que no pasa nada.
Si realmente están relacionados con personas capaces de hacer algo así, entonces quizá muchas de las cosas que escuché durante años tenían más sentido del que quería aceptar.
Lo peor es que ni siquiera sé por qué podrían quererme muerta.
No sé qué hice.
No sé qué tengo yo.
No sé qué quieren conseguir.
Y esa incertidumbre es casi peor que cualquier respuesta.
A media tarde, Nora entra a la habitación con una bandeja.
—Te traje algo para comer.
La miro.
—No tengo mucha hambre.
—No importa. Vas a comer un poco.
Me incorporo y sonrío débilmente.
—No tienes que hacer esto.
—Sí tengo.
Deja la bandeja sobre la mesa.
—Christian me dijo que apenas probaste comida en el camino.
—No podía pensar en comida.
—Lo sé.
Nora se sienta frente a mí.
—Pero necesitas comer.
Miro el plato y finalmente tomo el tenedor.
—Gracias.
—No tienes que agradecerme.
Comienzo a comer despacio. Nora no me presiona ni me hace preguntas sobre lo ocurrido. Simplemente se queda ahí conmigo, hablando de cosas sin importancia para mantener mi cabeza ocupada.
Se lo agradezco más de lo que puedo explicar.
Durante las siguientes horas intento comportarme como si todo estuviera bien.
No funciona.
Cada vez que escucho pasos en el pasillo levanto la cabeza.
Cuando alguien cierra una puerta, me sobresalto.
Cuando veo a uno de los hombres de seguridad pasar frente a mi habitación, inmediatamente pienso que ocurrió algo.
Christian se da cuenta.
No me dice nada, pero puedo notar que está pendiente de mí.
En algún momento de la tarde aparece en la puerta.
—¿Cómo estás?
—Bien.
Me mira.
—No estás bien.
—Estoy intentando estarlo.
Él asiente.
—Eso ya es algo.
Se queda unos segundos en silencio.
—No tienes que estar pendiente de todo lo que ocurre afuera.
—Es difícil no hacerlo.
—Lo sé.
—Siento que en cualquier momento puede pasar otra cosa.
Christian entra un poco más en la habitación.
—No va a pasar.
—Eso dijiste antes.
—Y te lo vuelvo a decir ahora.
Lo miro.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
—Porque sé cómo funciona esto.
No sé si esa respuesta debería tranquilizarme o preocuparme más.
—Yo no sé cómo funciona —respondo—. Y eso es lo que me asusta.
Christian se acerca, pero mantiene cierta distancia.
—No necesitas saberlo todo. Solo necesitas saber que mientras estés aquí, voy a encargarme de que estés protegida.
Bajo la mirada.
—Está bien.
Él asiente y se marcha.
Yo vuelvo a mirar a Kai.
Lo tomo entre mis brazos y él se acomoda inmediatamente contra mí.
—Al menos tú no me dices que todo va a estar bien —murmuro.
Le acaricio la cabeza.
—Solo te quedas conmigo.
Kai cierra los ojos.
Y por alguna razón, eso me ayuda.
La noche llega más rápido de lo que esperaba.
Después de cenar, vuelvo a mi habitación y me cambio. Intento leer un rato, pero no consigo concentrarme. Las mismas imágenes vuelven una y otra vez a mi cabeza. La puerta. Christian. Los disparos. El cristal rompiéndose. Yo corriendo con Kai entre mis brazos.
Finalmente apago la luz.
Me acuesto.
Kai se instala cerca de mis piernas.
Me quedo mirando el techo durante varios minutos.
Sé que debería dormir.
Mañana tendré que pensar en todo esto con más calma, tengo que averiguar qué está pasando con mi familia, tengo que entender por qué me estaban vigilando, tengo que saber qué va a pasar conmigo ahora.
Pero esta noche no quiero pensar más.
Cierro los ojos y abrazo a Kai.
Intento convencerme de que estoy a salvo.
Y poco a poco, el cansancio termina ganando.
***
Corro sin saber exactamente hacia dónde. Los disparos se escuchan por toda la casa y apenas consigo mantenerme de pie mientras intento encontrar un lugar donde esconderme. El ruido de los cristales rompiéndose me hace mirar hacia atrás, pero no alcanzo a ver a nadie. Sigo avanzando por el pasillo mientras llamo a Christian, esperando escuchar su voz en cualquier momento. De repente, alguien dispara y la bala pasa tan cerca de mí que siento cómo el aire me golpea. Me agacho inmediatamente y me cubro la cabeza con las manos. El corazón me late tan fuerte que apenas puedo respirar.—¡Christian!No obtengo respuesta.Me levanto como puedo y sigo buscándolo. Bajo las escaleras y veo la puerta principal abierta. Hay cosas tiradas por el suelo y una de las ventanas está completamente rota. Todo parece estar sucediendo demasiado rápido. Intento llegar hasta la salida, pero escucho pasos detrás de mí y vuelvo a correr. Entonces alguien dispara otra vez y siento un golpe fuerte en el brazo. Caigo al suelo y me quedo unos segundos sin entender qué acaba de pasar. Miro mi brazo y empiezo a llorar al ver la sangre. Intento levantarme, pero las piernas me tiemblan.—Christian...Lo llamo otra vez, esta vez mucho más bajo.Entonces lo veo.Está unos metros delante de mí, tirado en el suelo.—No.Me levanto inmediatamente y corro hacia él. Me arrodillo a su lado y lo tomo por los hombros.—Christian, despierta.No responde.—Christian, por favor.Lo sacudo con cuidado, pero sigue sin reaccionar. Siento que me falta el aire mientras miro su rostro. Hay sangre en su ropa y no consigo encontrar ninguna respuesta en él.—No, no, no...Las lágrimas empiezan a caer mientras intento despertarlo otra vez.—Christian, despierta.Un nuevo disparo suena detrás de mí.Me giro.Hay alguien al final del pasillo.Me levanto rápidamente y retrocedo, pero no tengo hacia dónde ir. Miro a Christian una última vez y siento que el miedo se apodera completamente de mí. Quiero acercarme a él, quiero ayudarlo, pero no puedo moverme.La persona levanta el arma.—¡No!Me cubro la cabeza.Escucho el disparo.—¡Alice!
Abro los ojos de golpe.
Me incorporo en la cama respirando con dificultad y durante unos segundos sigo mirando hacia el frente, completamente perdida. Tengo el rostro mojado por las lágrimas y el corazón me late tan rápido que siento que me va a salir del pecho. Intento entender dónde estoy, pero todavía tengo la imagen de Christian tirado en el suelo frente a mí.
—Alice, despierta. Soy yo.
La voz me hace girarme.
Christian está sentado a mi lado.
Lo miro fijamente.
Está vivo.
No tiene sangre.
No está tirado en el suelo.
Está aquí.
—Christian...
Mi voz se rompe y vuelvo a llorar.
Él se acerca inmediatamente y me toma entre sus brazos.
—Fue una pesadilla.
Me aferro a él con fuerza.
—Pensé que estabas muerto.
Christian se queda quieto durante un segundo y después me abraza más fuerte.
—Estoy aquí.
—Te vi...
No puedo terminar la frase.
—Lo sé. Solo fue un sueño.
Niego con la cabeza mientras intento respirar.
—Parecía real.
—Lo sé.
Me acaricia lentamente la espalda mientras yo sigo llorando contra él.
—Estás en la mansión. Nadie ha entrado. No pasó nada.
Cierro los ojos y me aferro todavía más a su camiseta.
—Pensé que te habían matado.
—No me pasó nada.
Me separo apenas para mirarlo.
Necesito comprobarlo otra vez.
Está realmente ahí.
Le toco el rostro con una mano, casi sin pensarlo.
Christian me deja hacerlo.
—Estoy bien —me dice.
Asiento, pero las lágrimas siguen cayendo.
—Tengo mucho miedo.
—Lo sé.
Me vuelve a abrazar y esta vez no intento contenerme. Lloro durante unos minutos mientras él permanece conmigo, sin apresurarme ni hacerme preguntas. Poco a poco mi respiración comienza a normalizarse, aunque todavía siento una presión en el pecho cada vez que recuerdo lo que acabo de soñar.
Cuando finalmente consigo calmarme un poco, miro hacia la cama y veo a Kai dormido cerca de las almohadas. Me tranquiliza verlo ahí, pero aun así no quiero volver a quedarme sola.
Christian parece darse cuenta.
—¿Quieres que me quede?
Asiento.
—Sí.
Él guarda silencio unos segundos antes de levantarse.
—Ven conmigo.
Me toma en brazos con cuidado. No protesto. Todavía estoy demasiado afectada por la pesadilla y, en este momento, no quiero separarme de él. Apoyo la cabeza contra su pecho mientras me lleva hasta su habitación. Cuando llegamos, me deja sobre la cama y después se acomoda a mi lado.
Durante unos segundos ninguno dice nada. Yo sigo mirando hacia la oscuridad de la habitación, todavía con miedo de cerrar los ojos. Christian se acerca y me rodea con un brazo.
—Puedes dormir.
—No sé si puedo.
—Estoy aquí.
Lo miro.
No dice nada más. Simplemente me acerca un poco y me deja acomodarme contra él. Apoyo la cabeza sobre su pecho y cierro los ojos. Escucho su respiración tranquila y siento su mano acariciándome lentamente el cabello.
Esta vez no necesito preguntarme si está vivo.
Puedo sentirlo.
Puedo escuchar su respiración.
Está aquí conmigo.
Poco a poco, el miedo empieza a desaparecer. Ya no estoy pensando en los disparos ni en las personas que intentaron atacarme. Tampoco estoy pensando en mi familia ni en lo que podría pasar mañana. Solo estoy concentrada en la sensación de estar protegida.
Por primera vez desde que llegué a la mansión, siento que realmente puedo dormir.
No sé cuánto tiempo pasa antes de quedarme dormida, pero esta vez no necesito obligarme a hacerlo. Simplemente cierro los ojos y dejo que el cansancio me gane mientras sigo abrazada a Christian.
Y, aunque sé que al despertar seguiré teniendo muchas cosas que resolver, esta noche me siento mucho más segura que cuando estaba sola en mi habitación.