29. CERTEZA
Christian.Desde el atentado en la casa de Alice no he vuelto a confiarme ni un solo segundo. La propiedad está rodeada de seguridad desde entonces y he dado una orden que no admite discusión.
Alice es la prioridad .
No me importa si eso significa tener hombres vigilando las entradas durante todo el día, revisar cada vehículo que se acerque a la propiedad o mantener las cámaras encendidas incluso cuando estoy trabajando. Después de lo que ocurrió, prefiero tener más seguridad de la necesaria antes que volver a verla en una situación como aquella. He cambiado varias cosas dentro de la casa y también alrededor de ella. Hay hombres distribuidos en puntos estratégicos, otros se encargan de controlar los accesos y tengo comunicación directa con todos los que están a cargo. No quiero que Alice tenga la sensación de estar encerrada, así que he intentado que todo sea discreto. No quiero que cada vez que salga al jardín tenga a cinco hombres siguiéndola con la mirada ni que sienta que vive dentro de una fortaleza. Pero eso no significa que haya bajado la guardia. Todo lo contrario. Simplemente intento que ella no tenga que cargar con la preocupación que yo sí estoy dispuesto a cargar.
Por ahora también estoy trabajando desde casa. No es lo más cómodo ni lo más práctico, pero me da la posibilidad de mantenerme cerca y no perderla de vista. Estoy en mi oficina y frente al escritorio hay un monitor donde puedo revisar las cámaras de seguridad de la propiedad. No estoy sentado mirándolo cada segundo como si esperara que alguien apareciera de repente, pero sí lo reviso constantemente. Si escucho un ruido extraño, miro las cámaras. Si uno de los hombres me informa de algún movimiento fuera de lo normal, miro las cámaras. Si Alice sale de la casa, inevitablemente termino buscando la imagen correspondiente para saber dónde está. Sé que podría dejar esa tarea en manos de mi equipo, pero no quiero hacerlo. Después de todo lo que ha pasado, no me interesa delegar completamente algo que tiene que ver directamente con su seguridad. Además, trabajar aquí tiene otra ventaja. Puedo estar pendiente de mis asuntos sin alejarme demasiado de ella. No tengo que preguntarme si está bien, si está sola o si alguien consiguió acercarse a la propiedad. Basta con levantar la mirada hacia el monitor o simplemente salir de la oficina y buscarla.
Los últimos días tampoco han sido fáciles para ella. Desde el atentado le cuesta dormir y eso es algo que he notado incluso cuando intenta fingir que está bien. La mayoría de noches en las que se acuesta conmigo, cierra los ojos y parece quedarse dormida, pero unos minutos después vuelve a moverse. Cambia de posición, suspira, abre los ojos y se queda mirando hacia algún punto de la habitación. A veces ni siquiera dice nada. Simplemente permanece despierta. Por eso he estado durmiendo con ella estos últimos días. No quiero que pase esas noches sola cuando ya sé que cualquier ruido puede ponerla alerta. Algunas veces consigo que se duerma después de hablar un rato y otras simplemente me quedo a su lado hasta que finalmente se relaja. No necesito hacer demasiado. A veces solo basta con que sepa que estoy ahí.
Y eso solo aviva más mi rencor.
Odio a los Baker. Odio que se hagan llamar familia cuando son capaces de hacerle algo así a una persona que no les ha hecho absolutamente nada. Alice no se merece esto.
No se merece tener miedo en su propia casa, ni despertarse durante la noche pensando que algo puede ocurrir otra vez, ni tener que preguntarse quién podría estar detrás de la próxima amenaza. Mucho menos merece que esas personas hayan decidido que su vida vale menos simplemente por ser Alice. No sé cuánto tiempo me tomará terminar con este problema, pero sí tengo claro que todos los que participaron van a pagar por lo que hicieron.
Llevo varios días investigando a los Baker y a las personas relacionadas con ellos. También he vuelto a contactar con los grupos que me ayudaron a localizar a Alice cuando necesitaba encontrarla. Ellos tienen acceso a información que normalmente no llega a mis manos y hasta ahora han conseguido descubrir cosas bastante interesantes. No hay que ser muy inteligente para saber quién está detrás de ellos pero no pienso cometer el error de actuar solamente porque estoy enfadado. Si voy a enfrentarme a ellos, quiero hacerlo sabiendo exactamente lo que tengo que hacer.
Estoy revisando unos documentos cuando mi teléfono comienza a sonar sobre el escritorio. Miro la pantalla antes de contestar. Es uno de mis hombres de confianza.
—Habla.
—Señor, lo tenemos.
Dejo el documento sobre la mesa.
—¿Qué tienen?
—Encontramos a un hombre. Uno de los nuestros lo identificó y creemos que será importante.
Me quedo en silencio unos segundos.
—¿Quién es?
—William Bennet.
El nombre me resulta familiar.
—¿De dónde?
—Está relacionado con Brandon Holmes.
Levanto la mirada hacia el monitor que tengo enfrente. Durante unos segundos no digo nada.
—¿Estás seguro?
—Completamente. Lo tenemos retenido y parece que sabe bastante.
Me recuesto contra el respaldo de la silla mientras pienso. No me gusta la idea de salir de la propiedad ahora mismo. No después de todo lo que ha pasado y mucho menos cuando Alice todavía está intentando recuperar cierta tranquilidad. Pero si William Bennet realmente está en nuestras manos no puedo ignorarlo.
—¿Dónde están?
Me da la ubicación.
—No hagan nada hasta que llegue.
—Entendido.
Cuelgo y me quedo mirando el teléfono durante unos segundos. La primera idea que se me pasa por la cabeza es dejar que mis hombres se encarguen de todo, pero la descarto casi inmediatamente. Quiero hablar con ese hombre personalmente. Si tiene información sobre Brandon, prefiero escucharla de su propia boca. Me levanto de la silla y tomo mi chaqueta. Antes de salir, reviso una vez más las cámaras. Alice no aparece en ninguna de las que tengo frente a mí, así que salgo de la oficina y subo las escaleras para buscarla.
La encuentro en la habitación donde hemos estado durmiendo juntos estos últimos días. Está sentada frente al tocador, con el cabello suelto sobre los hombros mientras se lo peina tranquilamente. Alice levanta la mirada cuando me ve entrar y nuestras miradas se encuentran a través del espejo.
—¿Qué pasa?
No necesito preguntarle cómo sabe que pasa algo. Ya me conoce lo suficiente para darse cuenta de que no subí hasta aquí simplemente para verla.
—Tengo que salir un momento.
Su mano se detiene en mitad del movimiento.
—¿Salir?
—Sí.
Se gira en la silla para mirarme directamente.
—¿A dónde?
—Tengo que ocuparme de algo.
—¿De qué?
Suspiro.
—Ire a solucionar algo ¿Bien?
Ella me observa en silencio durante unos segundos.
—¿Es peligroso?
No respondo inmediatamente y eso parece ser suficiente para que su expresión cambie.
—Christian.
—No sé todavía qué tan importante es. Uno de mis hombres encontró a alguien que podría tener información sobre lo que ocurrió.
—Entonces voy contigo.
—No.
La respuesta sale de mi boca antes de que pueda siquiera pensarlo. Alice frunce el ceño.
—Ni siquiera sabes qué voy a decir.
—Sí sé. Y la respuesta sigue siendo no.
—¿Por qué?
—Porque no voy a llevarte a un lugar que puede ser peligroso.
—Pero tú vas a ir.
—Porque es necesario.
—Y yo puedo cuidarme.
—Lo sé.
—Entonces no entiendo cuál es el problema.
Me acerco hasta quedar frente a ella.
—El problema es que hace unos días intentaron matarte y no pienso llevarte conmigo a una situación que todavía no sé cómo va a terminar.
Alice baja la mirada durante unos segundos.
—No quiero que vayas solo.
Su voz es mucho más baja ahora.
—No voy solo. Voy con mis hombres.
—Eso no me tranquiliza.
—A mí sí.
Ella vuelve a mirarme.
—Christian...
—Alice, escúchame. No voy a desaparecer durante horas ni voy a dejarte aquí sin protección. Hay un equipo dentro de la casa y otro afuera. Todos saben que no pueden dejarte sola. Si ocurre cualquier cosa, me llaman inmediatamente y yo regreso. Pero necesito ir.
Ella aprieta ligeramente los labios.
—¿Cuánto tiempo?
—No lo sé.
—Eso tampoco me gusta.
—A mí tampoco.
Por un momento ninguno de los dos dice nada. Me doy cuenta de que está intentando no demostrar que tiene miedo, pero no necesito que lo diga para saberlo.
—Voy a estar bien —le digo.
—Siempre dices eso.
—Porque es verdad.
—No siempre.
La miro y sé exactamente a qué se refiere.
—Esta vez sí.
Me acerco un poco más y le tomo suavemente el rostro.
—Te prometo que voy a volver.
Alice asiente despacio.
—Está bien.
—Y tú te vas a quedar aquí.
—Sí.
—¿Me lo prometes?
Ella deja escapar un pequeño suspiro.
—Te lo prometo.
Le acomodo un mechón de cabello detrás de la oreja y me inclino para darle un beso en la frente. Cuando me aparto, ella se muerde ligeramente el labio inferior y baja la mirada. Me quedo observándola un segundo más antes de soltarla.
—Nos vemos luego.
—Ten cuidado.
—Siempre.
Salgo de la habitación y cierro la puerta detrás de mí.
Antes de abandonar la propiedad, doy las últimas instrucciones personalmente. Quiero dos hombres cerca de la habitación de Alice, otros en la planta baja y varios más controlando el perímetro. No quiero que nadie entre sin autorización. Tampoco quiero que nadie salga sin que yo lo sepa.
—Si Alice necesita algo, la atienden inmediatamente —les digo—. Si llama por mí, me localizan. Y si ven cualquier cosa fuera de lo normal, no esperan para informarme.
—Sí, señor.
Subo al vehículo y uno de mis hombres toma el asiento del conductor. Durante el trayecto no digo demasiado. Reviso algunos mensajes y vuelvo a mirar el teléfono varias veces, principalmente para comprobar que no haya ninguna alerta de la casa. Todo está tranquilo.
Cuando llegamos al lugar acordado, el ambiente cambia por completo. El almacén está abandonado y se encuentra en una zona donde prácticamente no hay movimiento. Bajo del vehículo y uno de mis hombres se acerca inmediatamente.
—Está dentro.
—Llévame.
Entramos.
El lugar está oscuro. Hay pocas ventanas y la mayoría están cubiertas de suciedad. Las paredes están agrietadas, el suelo está lleno de polvo y algunas estructuras parecen estar a punto de caer. Camino detrás de mi hombre mientras avanzamos por un pasillo estrecho. Escucho nuestros pasos resonando en el lugar y, a medida que nos alejamos de la entrada, la luz desaparece casi por completo.
Finalmente llegamos al fondo.
Ahí está.
Un hombre está sentado en una silla, con las manos sujetas detrás de la espalda y una venda cubriéndole los ojos. Al escuchar nuestros pasos, comienza a moverse.
—¿Quién está ahí?
No respondo.
—¿Quién coño está ahí?
Sigo caminando hacia él.
—¿Dónde estoy?
Continúa moviendo la cabeza de un lado a otro, intentando descubrir quién está frente a él.
Uno de mis hombres se coloca a mi lado.
—William Bennet —me dice—. Es hombre de confianza de Brandon Holmes.
Me detengo frente al hombre.
Así que finalmente tenemos algo que puede llevarnos directamente hasta él.
Me quedo frente a él durante unos segundos sin decir nada. William continúa intentando averiguar quién está a su alrededor, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras trata de orientarse. No parece entender dónde está ni cuánto tiempo lleva ahí. Mi hombre permanece detrás de mí, atento a cualquier movimiento, mientras yo observo al tipo sentado frente a nosotros. No necesito levantar la voz ni hacer ninguna demostración para que entienda que está en problemas. Hay personas que reconocen una situación peligrosa en cuanto entran en ella y William parece ser una de esas personas. Lo único que todavía no sabe es quién tiene delante.
Me acerco y tomo la venda que cubre sus ojos. Se la retiro de un tirón.
William parpadea varias veces por la luz y tarda unos segundos en acostumbrarse. Primero mira a mis hombres y después sus ojos terminan encontrándose con los míos. Su expresión cambia apenas me reconoce.
—Tú.
No respondo inmediatamente. Solo lo observo.
—Me conoces muy bien —le digo finalmente.
William intenta mantener una expresión tranquila, pero puedo notar cómo se pone tenso.
—No sé quién eres.
Suelto una pequeña risa.
—No tienes que mentirme.
—No estoy mintiendo.
—Entonces tienes muy mala memoria.
Me acerco un poco más.
—Soy el hombre al que intentaron eliminar hace unos días. El mismo hombre al que llevan tiempo investigando.
William aparta la mirada.
—No sé de qué estás hablando.
—Claro que sabes.
Aprieta los labios.
—No te creas tan importante, al igual no eras el objetivo principal.
Lo miro fijamente.
—¿Qué has dicho?
—Que tú no eras el objetivo principal.
Su respuesta me deja claro que sabe mucho más de lo que está dispuesto a admitir.
—Entonces explícame quién era.
William permanece en silencio.
—Te estoy dando una oportunidad para hablar conmigo por las buenas.
—No tengo nada que decirte.
—Eso ya lo veremos.
Camino lentamente a su alrededor mientras él intenta seguirme con la mirada.
—Y déjame aclararte, que cometieron el más grande error al pensar en atacar a mi mujer.
William no responde.
—Así que voy a preguntarte una sola cosa —continúo—. ¿Quién dio la orden?
—No lo sé.
—¿Fue Madison Baker?
Sus ojos se mueven ligeramente.
Es suficiente.
—Fue ella.
—No he dicho eso.
—Pero la conoces.
—Todo el mundo conoce a los Baker.
—No estoy preguntando por todo el mundo.
Me paro frente a él.
—Estoy preguntando por Madison.
William aprieta la mandíbula.
—No tengo nada que decir.
Lo miro durante unos segundos.
—Entonces tendremos que hacerlo de otra manera.
Me alejo y hago un pequeño gesto con la cabeza. Mis hombres entienden inmediatamente.
William empieza a ponerse nervioso.
Al principio William intenta mantenerse firme. Insiste en que no sabe nada, que solo recibió instrucciones y que no tiene nada que ver con lo ocurrido. Pero sus respuestas empiezan a cambiar conforme pasan los minutos. Primero se niega a hablar. Después intenta negociar. Finalmente comienza a pedir que se detengan le han arrancado las uñas de una mano e iban a cortarle un segundo dedo de la otra mano.
Que marica.Por suerte elegí a los hombres más sadicos de la ciudad.No necesito mirar para saber que está llegando a su límite.
—¡Está bien! —grita finalmente—. ¡Está bien, hablaré!
Me detengo y giro hacia él.
—Entonces habla.
William respira con dificultad y mantiene la cabeza baja. Durante unos segundos parece estar pensando si todavía puede guardar silencio, pero termina cediendo
—No sé quién dio la orden exactamente.
—Estás empezando mal.
—Solo recibimos instrucciones.
—¿De quién?
—No puedo decirlo.
—Puedes.
—No.
Me giro hacia mis hombres.
—Continúen.
No necesito estar presente para saber lo que sigue. Me alejo unos pasos y saco el teléfono del bolsillo. Mientras ellos continúan con el interrogatorio, reviso algunos mensajes que habían llegado durante el trayecto. Nada de la casa. Eso es lo único que me interesa en este momento. Todo sigue tranquilo.
Unos minutos después escucho la voz de William.
—¡Está bien!
Me giro.
—Habla.
—¡Hablaré!
Me acerco nuevamente.
William respira con dificultad y mantiene la mirada baja.
—El amo dio la orden.
—¿Brandon Holmes?
Asiente.
—Sí.
—¿Y Madison?
Duda.
—Ella tuvo mucho que ver.
—Quiero que seas específico.
William se pasa la lengua por los labios.
—Ella fue quien insistió.
—¿En qué?
—En que había que hacer algo con Alice Baker.
Siento cómo se me endurece la expresión.
—¿Qué significa "hacer algo"?
William no responde.
—Dilo.
—Que había que deshacerse de ella.
Lo miro fijamente.
—¿Por qué?
—Porque ella...
Se detiene.
—Termina la frase.
William respira profundamente.
—Porque la consideran una bastarda de la familia.
Durante unos segundos no digo nada.
Bastarda .
No sé qué me molesta más, si la palabra o la facilidad con la que la pronuncia.
Alice no tiene la culpa de nada de lo que hicieron los Baker. No eligió nacer dentro de esa familia, no pidió formar parte de sus problemas y mucho menos pidió que la trataran como si fuera una amenaza. Y aun así son capaces de referirse a ella de esa manera después de haber intentado matarla.
—¿Quién utilizó esa palabra?
William me mira.
—Madison.
Aprieto la mandíbula.
—Así que fue ella.
—Sí.
—¿Y Brandon aceptó?
—Él dio la orden.
Asiento lentamente.
Ahora todo empieza a tener sentido.
Después del atentado pensé en buscar directamente a Madison. Quería hablar con ella, dejarle claro que sabía lo que había hecho y advertirle que no volviera a acercarse a Alice, que ahora tiene muchos problemas y por lo cuales pagará gravemente. Pero mientras escucho a William, cambio de idea.
Tengo una opción mucho mejor.
Unos minutos después de su confesión lo miro con seriedad.
—Dame el número de Alexandra Sutton.
William levanta la cabeza.
—¿Alexandra?
—Sí.
Su expresión cambia.
—No deberías meterte con ella.
—Eso no te corresponde decidirlo.
—Es la novia de Brandon.
—Lo sé.
—Si la llamas, vas a provocar un problema.
—Eso es exactamente lo que quiero.
William guarda silencio.
—Dame el número.
—No lo tengo.
Lo miro.
—No me hagas perder el tiempo.
—De verdad no...
Hago un gesto a uno de mis hombres y William inmediatamente cambia de expresión.
—Está bien. Está bien.
Traga saliva.
—Te lo doy.
Le dicta el número y uno de mis hombres lo anota.
—¿Es su número personal?
—Sí.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Guardo el teléfono.
Alexandra Sutton.La novia oficial de Brandon Holmes.
Por lo que sé, no es precisamente una mujer tranquila cuando se trata de él. Es posesiva, desconfiada y bastante impulsiva. También sé que lleva tiempo sospechando de Madison. No tengo claro cuánto sabe exactamente sobre la relación entre ellos, pero ahora puedo darle la información que necesita.
Una conversación con ella puede resultar mucho más interesante que enfrentarme directamente a Madison.
Miro nuevamente a William.
—Ya puedes llevártelo.
Mis hombres asienten.
Espero que hayas disfrutado de tu último día en la tierra, William.No tardo en llamar a Alexandra Sutton. Casi no contesta, el teléfono sonó varias veces y por un momento pensé que tendría que intentarlo más tarde, pero finalmente respondió. Le conté sin faltar a ningún detalle sobre la relación de Madison con su novio, o tuve que decir demasiado para entender que la noticia no le cayó nada bien. Pude sentir la furia en su voz incluso sin tenerla delante. Insultó a Madison, la maldijo y dejó bastante claro que pensaba cobrarle personalmente todo lo que había hecho. Incluso llegó a decir que iba a matarla. No intenté convencerla de lo contrario. Mi intención nunca fue proteger a Madison ni preocuparme por lo que Alexandra decidiera hacer después de enterarse. Simplemente le di la información que necesitaba y dejé que ella sacara sus propias conclusiones. No me dio las gracias cuando terminamos la llamada, pero tampoco las esperaba. Siendo sincero, seré yo quien se las agradezca a ella si consigue mantener a Madison ocupada el tiempo suficiente.
***
Al día siguiente decido dejar todo ese asunto a un lado, aunque sea por unas horas. Llevo demasiados días concentrado en los Baker, en el atentado y en descubrir quién más puede estar involucrado, y sé que Alice también está agotada de vivir con esa tensión encima. Quiero que hoy sea diferente para ella. No quiero que vuelva a pasar el día preguntándose si alguien va a intentar entrar en la propiedad, ni que me vea revisando constantemente el teléfono esperando alguna noticia.
Quiero que entienda que está segura aquí y que no todo lo que ocurre en esta casa tiene que estar relacionado con el peligro. También necesito verla tranquila. Después de verla dormir tan poco durante los últimos días, creo que merece tener algo que la distraiga y le recuerde que todavía puede disfrutar de las cosas sencillas.
Por eso, cuando finalmente tengo un momento libre, voy a buscarla. La encuentro dentro de la casa y me acerco sin decirle todavía lo que tengo preparado.
—¿Quieres salir un momento conmigo?
Alice levanta la mirada hacia mí.
—¿Salir?
—Sí.
—¿A dónde?
—Solo acompáñame.
No le doy más explicaciones. Extiendo la mano hacia ella y después de unos segundos, la toma. Salimos juntos de la casa y la guío hacia la parte trasera de la propiedad. Ella me mira un par de veces durante el camino, seguramente intentando descubrir qué estoy planeando, pero no le digo nada. Prefiero que lo vea cuando lleguemos.
Cuando estamos frente a la entrada del jardín escondido, abro la puerta y dejo que pase primero.
Alice da unos pasos.
Y se queda completamente quieta.
La observo mientras mira todo lo que tiene delante. El jardín está completamente remodelado. Ya no queda prácticamente nada de cómo estaba antes. Los caminos fueron arreglados, las plantas que estaban descuidadas fueron reemplazadas, hay flores nuevas y diferentes espacios donde puede sentarse. También hice que limpiaran cada rincón y elegí cosas que sabría que a mí Alice le encantarían.
Ella tiene la boca ligeramente abierta mientras recorre el lugar con la mirada.
—¿Qué es esto?
Sonrío.
—Tu jardín.
Aunque sé que no lo dice por ello, me vi en la obligación de aclararla, soy totalmente consciente de la primera vez que entro. Siempre lo supe y aún así nunca se lo mencioné.
Ahora este lugar que lo veía tan ajeno ahora es solamente suyo.
Ella gira la cabeza hacia mí.
—¿Mi jardín?
—Sí. Todo esto es tuyo.
Alice vuelve a mirar alrededor. No dice nada durante unos segundos. Simplemente comienza a caminar lentamente por uno de los senderos, observando cada detalle.
—Christian...
—Sé lo que decidiste —le digo antes de que pueda continuar—. Y no voy a cambiar eso. Si sigues queriendo irte, respetaré tu decisión.
Ella se queda callada.
—Pero eso no significa que tengas que dejar de sentir que este lugar es tuyo mientras estés aquí. Esta casa es tuya. Este jardín también. Cada espacio que encuentres aquí puede seguir siendo tuyo, independientemente de lo que decidas después, incluyéndome.
Alice no responde. Solo continúa caminando.
La sigo unos pasos detrás mientras ella mira las plantas, los árboles y los pequeños espacios que prepararon. Hay algo en su expresión que me hace sentir que valió la pena todo el trabajo. Después de tantos días preocupada, por fin parece estar concentrada en algo que no tiene nada que ver con su familia.
Y
me gusta verla así.Me gusta cuando Alice está tranquila. Cuando no está pensando demasiado, cuando no está intentando aparentar que todo está bien y cuando simplemente se permite disfrutar de algo. La observo mientras camina y no puedo evitar pensar en lo bonita que se ve cuando está distraída. Tiene el cabello suelto y de vez en cuando se lo aparta del rostro para poder mirar mejor alguna flor o algún detalle del jardín. Se detiene cada pocos pasos porque parece encontrar algo nuevo que le llama la atención.
No necesito que me diga que le gusta. Se nota.
—Está precioso —dice finalmente.
—Me alegra que te guste.
La observo desde atrás y pienso que quizá esto era exactamente lo que necesitaba. No una gran salida, no una fiesta ni algo complicado. Solo un lugar tranquilo donde pudiera olvidarse por un rato de todo lo que ha ocurrido.
Me gusta verla recorrerlo sin prisa. Me gusta que toque las hojas, que mire las flores y que se detenga frente a cada rincón como si quisiera descubrirlo todo. Es una versión de ella que no he podido ver demasiado estos últimos días y me doy cuenta de cuánto la había extrañado.
Alice se acerca a una de las zonas donde hay un banco y pasa los dedos por la madera antes de sentarse.
—Creo que me voy a quedar aquí bastante tiempo.
—Puedes hacerlo.
—¿No te molesta?
—¿Por qué me molestaría?
Se encoge de hombros.
—No sé.
—Alice, es tuyo. No necesitas pedirme permiso para usarlo.
Ella baja la mirada durante un segundo y después vuelve a mirar alrededor.
Me siento cerca de ella y dejo que el silencio continúe. No necesito llenar cada momento con palabras. Hoy no quiero hablar de los Baker, ni de Brandon, ni de lo ocurrido en el atentado. Tampoco quiero que ella me pregunte si ya descubrí algo nuevo.
Quiero simplemente estar aquí con ella.
La miro de reojo mientras ella continúa observando el jardín y pienso que quizá, poco a poco, pueda conseguir que vuelva a sentirse segura en esta casa. No puedo borrar lo que ocurrió, pero sí puedo hacer que tenga nuevos recuerdos aquí. Recuerdos que no tengan nada que ver con miedo.
***
Hola ¿Como están?Disculpen la tardanza, sinceramente escribí lo que pude para no dejarlos sin capítulo, ya que como saben en mi país ocurrió un terremoto y gracias a Dios no fui afectada, pero aún así he estado preocupada por mi país y no había tenido mente para esto :) Espero lo disfruten.Pd: Ya estamos en la recta final :0