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33. ELEGIRTE

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33. ELEGIRTE

Alice

Nunca imaginé que volvería a estar frente a un espejo vestida de novia, mucho menos que el hombre al que estaría esperando al final del pasillo sería el mismo con el que ya estuve casada. Hace un tiempo ya vivimos este momento. Ya tuve una boda con Christian, ya intercambiamos anillos, ya dijimos nuestro votos y también llegó el día en que tuvimos que aceptar que nuestro matrimonio había terminado. Nos divorciamos y durante un tiempo pensé que esa sería la última vez que lo llamaría mi esposo.

Por eso, estar aquí otra vez resulta extraño, aunque no de una manera incómoda. Es más difícil de asimilar que cualquier otra cosa. La primera vez estaba a punto de casarme con un hombre que, en ese momento, me odiaba y que probablemente no imaginaba que algún día volveríamos a estar así. Ahora la situación es completamente diferente.

Ya sé lo que significa compartir una vida con Christian, conozco sus virtudes, sus defectos y también todo aquello que puede hacer que terminemos discutiendo por las cosas más absurdas. Sé que no todo será sencillo y que amarnos no significa que nunca volveremos a equivocarnos o hacernos daño. También sé lo que se siente perderlo y tenerle resentimiento, como también tener que aceptar nuestro divorcio y aprender a vivir sin él cuando todavía lo amaba. Quizás por eso ahora estoy mucho más tranquila. No estamos comenzando desde cero ni intentando borrar nuestro primer matrimonio como si nunca hubiera existido. Estamos volviendo a elegirnos después de haber estado separados, de haber cambiado y de haber entendido muchas cosas que antes no éramos capaces de ver. Esta vez no me caso con alguien que apenas estoy aprendiendo a conocer. Me caso con el hombre que ya fue mi esposo, con el que tuve una vida, con el que se equivocó conmigo, pero que aun así encontró el camino de regreso a mi lado.

Mi vestido está colgado frente a mí y todavía me cuesta creer que realmente sea mío. Es exactamente el vestido de mis sueños. Tiene una falda amplia que cae hasta el suelo, una cintura delicadamente marcada y una parte superior ajustada que se adapta perfectamente a mi cuerpo sin hacerme sentir incómoda. El escote es elegante y los detalles son delicados . No está lleno de adornos ni necesita estarlo. Hay pequeños detalles bordados que solo se notan cuando uno se acerca y una cola larga que termina de darle ese aspecto de vestido de novia que tantas veces había visto en fotografías y que ahora tengo delante de mí. Durante los últimos meses probé diferentes opciones, cambié de opinión varias veces y llegué a pensar que nunca encontraría uno con el que realmente me sintiera yo, pero cuando me lo puse por primera vez supe que era ese.

Cuando finalmente me pongo el vestido, las dos mujeres que están conmigo comienzan a sonreír y se quedan unos segundos mirándome antes de decirme que me veo preciosa. Yo bajo la mirada hacia la falda y sonrío, un poco avergonzada por toda la atención. No estoy acostumbrada a que tantas personas estén pendientes de mí de esa manera.

Daphne está detrás de mí, observando cada detalle mientras comprueba por última vez que el vestido esté perfectamente acomodado. Lleva su vestido de dama de honor y, aunque intenta comportarse con normalidad, puedo notar que está tan emocionada como yo. Nora también está allí, sentada cerca de la ventana mientras termina de arreglarse y observándome con una sonrisa. Tenerlas conmigo hace que la espera sea mucho más sencilla. Daphne es mi única amiga y la persona que ha estado conmigo en prácticamente todos los momentos importantes de mi vida, mientras que Nora se ha convertido en alguien muy cercano durante todo este tiempo. Ha sido como mi madre.

No necesito una habitación llena de personas para sentirme acompañada. Me basta con tenerlas a ellas.

—Estás preciosa —dice Nora cuando finalmente se levanta y se acerca.

—Ya me lo han dicho varias veces.

—Es que te ves impresionante, cariño.

Las miro a las dos y sonrío.

Una de las mujeres que me está ayudando termina de acomodar la parte posterior del vestido, me terminan el maquillaje y peinado.

Entonces escucho pasos acercándose por el pasillo. No necesito preguntar quién es porque reconozco la voz de la madre de Christian antes de verla. Cuando entra a la habitación se queda completamente quieta durante unos segundos. Me mira de arriba abajo y después sonríe. Se acerca despacio, me toma las manos y me dice que estoy preciosa. Su voz tiembla un poco y enseguida entiendo que está intentando contener las lágrimas.

Daphne y Nora se apartan unos pasos para dejarnos espacio.

Ella ha cambiado mucho desde que Christian y yo volvimos y todo fue aclarado, desde que decidí dejar atrás todo el resentimiento que durante tanto tiempo tuve hacia su familia. No fue algo que sucediera de un día para otro. Perdonarlos no significó olvidar lo que pasó ni fingir que nada había ocurrido. Fue una decisión que tomé porque no quería continuar cargando con una rabia que ya no me hacía bien.

Ella me mira durante unos segundos más y finalmente las lágrimas empiezan a caer. Me dice que quiere volver a pedirme perdón, aunque ya lo haya hecho antes, y que sabe que no puede cambiar nada de lo que sucedió.

Recuerdo perfectamente la primera vez que me pidió perdón de verdad. Y de que cómo estaba completamente consumida por la tristeza y por la rabia después de perder a su hija. Había pasado tanto tiempo intentando encontrar una explicación para una pérdida que no podía aceptar que terminó tomando decisiones que hoy reconoce que estuvieron mal. No intenta justificarse y tampoco espera que yo olvide. Solo quiere que sepa que lo siente.

El padre de Christian también lo hizo.

Y en ese momento entendí algo que me costó mucho aceptar: ellos también estaban luchando contra sus propios demonios.

Eso no convierte sus errores en algo correcto, pero sí me permitió comprender que detrás de algunas de sus acciones también había dolor, miedo y una familia que no supo manejar lo que estaba ocurriendo. Por eso decidí perdonarlos. Todavía estoy aprendiendo a sentirme completamente cómoda con ellos y a construir una relación que nunca existió de la manera que debería haber existido, pero no les tengo rencor. No quiero que mi matrimonio comience arrastrando cosas que pertenecen al pasado.

La madre de Christian se limpia las lágrimas con cuidado para no arruinarse el maquillaje y vuelve a sonreírme.

—No tienes idea de lo feliz que me hace verte así.

—Estoy feliz de que estés aquí.

Ella aprieta mis manos.

—Gracias por permitirme estarlo.

No necesito decir mucho más. Creo que las dos sabemos que nuestra relación todavía está construyéndose y que probablemente siempre habrá cosas que necesitemos aprender la una de la otra, pero hoy no quiero pensar en eso. Hoy quiero disfrutar de que finalmente podamos estar juntas en el mismo lugar sin sentir que existe algo pendiente entre nosotras.

Cuando ella sale de la habitación, Daphne se acerca inmediatamente y me mira.

—¿Todo bien?

Asiento.

—Sí.

Nora me sonríe desde el otro lado de la habitación.

—Entonces no llores demasiado porque llevamos demasiado tiempo arreglando ese maquillaje.

Me río y me limpio una pequeña lágrima.

—No prometo nada.

—Eso temía —responde Daphne.

Vuelvo a mirarme en el espejo. Durante unos segundos apenas me reconozco. El cabello está recogido de una manera sencilla, con algunos mechones sueltos alrededor de mi rostro y un velo que cae detrás de mí. El maquillaje es delicado y no demasiado cargado, justo como lo quería. Me acerco un poco más al espejo y sonrío al verme. No sé cuánto tiempo paso ahí hasta que Daphne me avisa de que ya es hora.

—Alice, tenemos que salir.

—Ya voy.

Nora se acerca y toma mi ramo mientras Daphne termina de acomodar el velo.

—¿Lista? —pregunta Nora.

Respiro profundamente.

—Creo que sí.

—No puedes arrepentirte ahora —dice Daphne.

La miro.

—Gracias por el apoyo.

—Mereces ser muy feliz, mi niñas.

Sonrío haciendo lo posible para que no se me salgan las lágrimas.

Antes de salir, alguien me entrega nuevamente el ramo y Daphne comprueba por última vez que todo esté en su sitio. Entonces escucho una voz que conozco perfectamente.

—¿Puedo verla?

Todos se apartan un poco y aparece George, el abuelo de Christian.

Sonrío inmediatamente al verlo. Desde el principio nuestra relación fue diferente. Él nunca me hizo sentir que tenía que ganarme un lugar dentro de la familia ni intentó preguntarme cosas que todavía no estaba preparada para responder. Desde que lo conocí me trató con cariño, con respeto y con una cercanía que terminó haciendo que le tomara un cariño enorme. Hemos pasado tardes hablando, tomando café, escuchando historias sobre Christian cuando era niño y riéndonos de algunas cosas que probablemente Christian preferiría que nadie supiera. Él fue una de las primeras personas de su familia con las que realmente pude sentirme cómoda y por eso cuando se ofreció a ser quien me acompañaría hasta el altar, no me negué.

Se acerca y durante unos segundos simplemente me observa. Después sonríe de una manera que hace que se me humedezcan los ojos.

—Estás preciosa, Alice.

—Gracias.

Me ofrece su brazo y antes de tomarlo, lo abrazo. Él me corresponde con cuidado para no arrugar el vestido y después me mira con una sonrisa divertida.

—Creo que Christian va a olvidar cómo hablar cuando te vea.

Me río.

—Espero que no.

—Yo espero que sí. Llevo años esperando verlo completamente sin palabras.

Niego con la cabeza y comienzo a reírme.

—No le diga que dijo eso.

—Será nuestro secreto.

Antes de salir, miro a Daphne y a Nora una última vez.

—Nos vemos allá.

Daphne asiente.

—Te espero.

Nora sonríe.

—Disfruta.

Tomo el brazo del abuelo de Christian y comenzamos a caminar.

El lugar elegido para la ceremonia está decorado de una manera que me hace sonreír desde el primer momento. No quisimos una boda exagerada ni llena de cosas que no tuvieran significado para nosotros. Queríamos un espacio bonito, elegante y cómodo, donde nuestras familias y amigos pudieran estar juntos sin que todo pareciera una producción imposible de disfrutar. Hay flores blancas y azules distribuidas por los laterales, pequeños arreglos en cada fila de sillas y una estructura al fondo decorada con flores y follaje. La música suena de fondo mientras los invitados se ponen de pie al verme aparecer.

Daphne ya está en su lugar como mi dama de honor y me sonríe cuando nuestras miradas se encuentran. Nora está cerca de ella y también me hace un pequeño gesto con la cabeza. Los amigos de Christian están sentados del otro lado y algunos de ellos ya están sonriendo al verlo completamente nervioso.

Y entonces lo veo.

Christian está esperándome al final del pasillo.

Durante unos segundos olvido todo lo demás.

Lleva un traje negro perfectamente ajustado, una camisa blanca y una corbata sencilla. Su cabello está arreglado de una manera perfecta y tiene esa expresión que muy pocas veces tiene. Está nervioso. Mucho más de lo que intentó demostrar durante los últimos días.

Cuando nuestros ojos se encuentran, sonríe.

Y entonces ocurre algo que no esperaba.

Christian comienza a llorar.

No intenta esconderlo. Simplemente se pasa una mano por el rostro y respira profundamente mientras continúa mirándome. Yo sonrío porque, si empiezo a llorar también, probablemente voy a terminar arruinando el maquillaje antes de llegar hasta él.

A unos pasos del altar está Kai.

Sí, Kai.

Los dos insistimos en qué debía ser parte de la ceremonia, ahora no puedo evitar sonreír al verlo. Lleva un pequeño traje especialmente preparado para él, con un moño que parece quedarle demasiado grande y una expresión de absoluta indiferencia hacia todo lo que está ocurriendo, a su lado está la gata que embarazo a la que llamamos kia, con un vestido azul, la chica encargada de cuidarlos sostiene a sus criaturas Nia, Nala, Kira y Loki.

Y si, nos quedamos con todos.

Me río entre lágrimas.

Cuando finalmente llego hasta él, george me entrega su mano.

Christian la toma con cuidado y después se acerca para besar mi frente. Sus ojos siguen húmedos.

—Estás preciosa.

Sonrío.

—Tú tampoco estás mal.

Él se ríe mientras intenta recomponerse.

—Estaba intentando no llorar.

—No te está funcionando.

—Ya me di cuenta.

El abuelo de Christian nos mira con una sonrisa y después ocupa su lugar entre los invitados. Yo vuelvo mi atención hacia Christian y durante unos segundos simplemente nos miramos.

Hace un tiempo estaba nerviosa de ocupar este lugar, sintiéndome un completo reemplazo, como si mi presencia aquí fuera simplemente una forma de llenar el vacío que alguien más había dejado.

Hoy es diferente.

Hoy estamos aquí.

Juntos.

Sin fantasmas del pasado, sin comparaciones y sin la sensación de estar ocupando un lugar que nunca me perteneció.

Ahora sé que este lugar también es mío.

Que él me eligió a mí y que yo mal elegí a él.

Y que, después de todo lo que hemos vivido estamls aquí.

Juntos.

Amándonos.

Y eso es suficiente.

La ceremonia comienza y escucho las primeras palabras mientras mantengo la mirada en Christian. Él sostiene mi mano durante todo el tiempo y de vez en cuando mueve el pulgar sobre mis dedos.

Cuando llega el momento de los votos, Christian toma aire antes de comenzar. Me mira directamente y, aunque intenta mantener la compostura, todavía tiene los ojos húmedos.

—Alice, no sé en qué momento pasaste de ser alguien que apareció en mi vida a convertirte en la persona con la que quiero compartirla. Supongo que tampoco podría señalar un día exacto, porque contigo nunca ocurrió de esa manera. Fueron todas esas pequeñas cosas que fuimos viviendo, incluso las que en su momento parecían no significar demasiado. Las conversaciones, las discusiones, o cuando estabas molesta conmigo y todas esas ocasiones en las que terminábamos juntos aunque ninguno

Sonríe un poco y baja la mirada antes de volver a encontrar mis ojos.

—Alice, creo que si alguien me hubiera dicho hace unos meses que volvería a estar frente a ti haciendo esto otra vez, probablemente no lo habría creído. La primera vez que estuvimos aquí éramos personas completamente diferentes y nuestra historia también lo era. No sabía lo que significaba tenerte en mi vida, mucho menos lo que significaba cuidarte, escucharte y valorar todo lo que eras. Muchas cosas tuvieron que pasar para que pudiera entenderlo, y algunas de ellas me llevaron demasiado tiempo

Siento cómo se me llenan los ojos de lágrimas.

—No puedo cambiar la persona que fui entonces ni las cosas que hice, pero sí puedo decidir quién quiero ser ahora. Y quiero que sepas que todo lo que siento por ti hoy es real. No estoy aquí porque tenga que estarlo ni porque exista alguna razón que me obligue a hacerlo. Estoy aquí porque después de todo lo que vivimos, de habernos perdido y de haber aprendido a estar separados, estoy completamente seguro de querer compartir mi vida contigo.

Suelto una pequeña risa entre lágrimas.

—Pero sí te prometo que voy a quedarme. Voy a hablar contigo cuando algo no esté bien en lugar de dejar que el orgullo decida por mí. Voy a escucharte aunque no pensemos igual y voy a seguir aprendiendo de ti incluso después de muchos años. Quiero estar contigo cuando todo sea fácil, pero también cuando tengas uno de esos días en los que no quieras hacer nada. Quiero celebrar tus logros, acompañarte en tus proyectos, conocer todos esos lugares que todavía quieres visitar y estar sentado a tu lado cuando algún día miremos hacia atrás y nos demos cuenta de cuánto tiempo ha pasado.

Hace una pausa y se limpia una lágrima.

—Gracias por volver a confiar en mí. Sé que no fue fácil y sé que hubo momentos en los que probablemente pensaste que era más sencillo dejar todo atrás. Gracias por haberme dado la oportunidad de demostrarte que podía hacer las cosas de otra manera. No puedo cambiar lo que pasó, pero sí puedo decidir qué hago con todo lo que aprendí. Y quiero usarlo para construir contigo una vida de la que los dos podamos sentirnos orgullosos.

Aprieta mi mano con suavidad.

—Te amo, Alice. Te amo por la mujer que eres, por la persona que me haces querer ser y hasta por todas esas cosas tuyas que consiguen sacarme de quicio. Si tuviera que volver a elegirte, sabiendo todo lo que nos esperaba, lo haría. —Sus hermosos ojos azules están húmedos y vel lo sinceros que son sus palabras—Y si algún día vuelves a enojarte conmigo porque te diga que no puedes llevarte a todos los gatos que encuentres por la calle, prometo que esta vez voy a ayudarte a llevarlos a casa.

Los invitados sueltan algunas risas y Christian finalmente termina sus votos. Yo respiro profundamente cuando llega mi turno. Miro nuestras manos entrelazadas durante unos segundos antes de levantar la mirada hacia él.

—Christian, creo que si alguien me hubiera dicho hace algunos meses que terminaría aquí contigo, probablemente no le habría creído. No porque no te quisiera, sino porque en algún momento llegué a pensar que lo nuestro había llegado demasiado lejos y que había cosas que simplemente no podían arreglarse. Y sin embargo, estamos aquí. No porque hayamos olvidado todo lo que pasó, sino porque decidimos enfrentarlo.

Me tomo unos segundos antes de continuar.

—Contigo aprendí que perdonar no significa decir que lo que ocurrió estuvo bien. Significa decidir que no quiero pasar el resto de mi vida viviendo en función de algo que ya ocurrió. También aprendí que las personas pueden equivocarse y cambiar, que nosotros podemos equivocarnos y aprender y que una relación no se trata de evitar todos los problemas, sino de saber qué hacer cuando aparecen.

Christian me mira sin apartar los ojos de mí.

—No quiero prometerte que siempre voy a saber qué decir o que nunca voy a enfadarme contigo, porque los dos sabemos que eso no sería muy realista. Tampoco voy a prometerte que jamás tendremos un día malo o que todo será sencillo. Lo que sí puedo prometerte es que voy a ser sincera contigo. Que voy a decirte cuando algo me duela, que voy a escucharte cuando necesites hablar y que voy a respetar la persona que eres incluso cuando no entendamos las cosas de la misma manera.

Sonrío mientras siento que las lágrimas vuelven a aparecer.

—Quiero seguir teniendo citas contigo cuando llevemos muchos años casados. Quiero seguir saliendo a lugares que probablemente tú consideres poco románticos y obligarte a competir conmigo aunque no quieras. Quiero seguir pintando mientras tú estás cerca, aunque probablemente termines molestándome cuando estoy intentando concentrarme. Quiero seguir riéndome contigo por cosas que solamente nosotros entendemos y quiero poder llegar a casa después de un día horrible y saber que voy a encontrarte allí.

Christian se pasa una mano por el rostro.

—Te prometo que voy a seguir eligiéndote, pero también sin dejar de elegirme a mí misma. Te amo, Christian por todo lo que eres, por la forma en que me haces sentir y porque, incluso después de todo, sigues siendo la persona con la que quiero compartir mi vida. —me lamo los labios— Y sé que si algún día quiero robarme un gato, vas a ser mi compañero de crimen.

Desde mi lugar puedo ver a nuestros conocidos sonriendo y limpiándose una lágrima con cuidado. Incluso está Alexandea.

Nora también tiene los ojos húmedos, aunque intenta disimularlo.

El oficiante continúa con la ceremonia. Cuando llega el momento de colocarnos los anillos, sus manos tiemblan ligeramente. Sonrío al verlo luchar para deslizar el mío sobre mi dedo.

—Estás nervioso —susurro.

—Muchísimo.

No me burlo porque estoy igual , finalmente consigue colocarme el anillo. Después tomo el suyo y lo deslizo sobre su dedo.

El resto de la ceremonia pasa casi demasiado rápido. Escucho las palabras finales, siento cómo Christian aprieta mi mano y finalmente llega ese momento que hemos esperado durante tanto tiempo.

Nos declaran marido y mujer.

Christian me mira y sonríe antes de acercarse.

Nos besamos mientras los invitados aplauden. Escucho a Daphne gritar emocionada desde su lugar y algunas risas entre los amigos de Christian. Cuando nos separamos, Christian apoya su frente contra la mía durante unos segundos.

—Lo hicimos.

Sonrío.

—Sí.

Miro brevemente hacia nuestros invitados. Su familia está sonriendo, todos están aplaudiendo.

Y esta vez no hay nada que resolver, nadie de quien alejarnos, ninguna discusión pendiente ni ninguna persona que queramos fuera de nuestras vidas. Solo estamos nosotros, nuestras familias, nuestros amigos y una celebración que finalmente se siente exactamente como la habíaimaginado.

Una boda mía, suya y nuestra.

Una boda sin rencores, sin palabras que duelan y sin personas indeseadas.

Solo la gente que elegimos tener cerca y el comienzo de una vida que, por primera vez, ninguno de los dos siente la necesidad de odiar.

Después del beso, todo parece suceder al mismo tiempo. La música cambia, los invitados comienzan a aplaudir con más fuerza y algunas personas se acercan para felicitarnos mientras nosotros apenas conseguimos avanzar unos pasos sin que alguien nos detenga. Christian no deja de sonreír y yo tampoco. Todavía estoy intentando acostumbrarme a la sensación del anillo en mi dedo cuando mi esposo me toma de la mano y me ayuda a bajar los pequeños escalones que llevan hacia la recepción.

Sí, mi esposo. Cada vez que pienso en esa palabra me parece un poco extraña, aunque no de una manera negativa. Simplemente todavía no termino de acostumbrarme a que ahora pueda decirlo y saber que estoy hablando de Christian.

Y que es algo real.

La recepción está decorada con el mismo estilo que elegimos para la ceremonia. Hay mesas redondas cubiertas con manteles claros, centros de mesa llenos de flores y pequeñas velas que iluminan cada espacio.

La cena comienza poco después y por primera vez tenemos unos minutos para sentarnos tranquilos. Christian se inclina hacia mí mientras observo a los invitados.

—¿Estás feliz?

Lo miro.

—Muchísimo.

Él sonríe y toma mi mano debajo de la mesa.

—Yo también.

No necesitamos decir mucho más. Durante la cena hablamos con las personas que tenemos cerca, recibimos felicitaciones, nos hacen algunas preguntas sobre la boda y en más de una ocasión terminamos riéndonos de cosas que ocurrieron durante los preparativos. La familia de Christian se acerca varias veces y cada encuentro resulta mucho más sencillo de lo que habría imaginado meses atrás. Su padre vuelve a abrazarme y me dice que está feliz de verme formar parte de la familia de una manera que esta vez no tiene nada que ver con obligaciones ni situaciones que ninguno de nosotros eligió. Me dice que espera que algún día podamos mirar hacia atrás y recordar esta noche sin pensar en nada malo.

Lo abrazo.

—Eso espero yo también.

El sonríe y me acaricia el brazo antes de alejarse para hablar con otra persona. Lo observo durante unos segundos y siento algo que no habría creído posible tiempo atrás: tranquilidad. No somos una familia perfecta y probablemente nunca lo seremos, pero ya no necesito que lo sean para sentirme bien con ellos. Cada uno está intentando hacer las cosas mejor y, por ahora, eso me basta.

Después de la cena llega el momento de cortar el pastel, unto un poco de pastel en mi dedo índice y lo paso por su nariz. Christian me mira sorprendido, con una expresión de completa indignación que me hace contener la risa.

—Pienso devolverte el favor, pero no quiero arruinarte el maquillaje, así que...

Antes de que pueda terminar, unta un poco de pastel sobre mis labios y sin darme tiempo a reaccionar, se acerca y estampa sus labios contra los míos. Sonrío contra su boca, pero entonces sus dientes atrapan suavemente mi labio inferior antes de que vuelva a separarse.

Me deja acamorada, pero lo dejo pasar.

Luego de eso termina dándome un pequeño bocado y yo hago lo mismo con él.

Más tarde, llega uno de los momentos que más esperaba.

Nuestro primer baile como esposos.

Las luces de la recepción bajan un poco y la música cambia. Cuando comienzan a sonar los primeros acordes de Thinking Out Loud, Christian extiende una mano hacia mí.

—¿Bailamos?

Dejo el vaso sobre la mesa y tomo su mano.

—Claro.

Caminamos hasta el centro de la pista mientras los invitados se apartan para dejarnos espacio. Christian coloca una mano en mi cintura y yo apoyo la mía sobre su hombro. Durante los primeros segundos simplemente seguimos el ritmo.

Apoyo la cabeza sobre su hombro y siento cómo sus brazos me acercan un poco más.

—No puedo creer que finalmente estemos casados —murmuro.

—Yo tampoco.

Levanto la cabeza para mirarlo.

—¿Estás arrepentido?

Christian me mira como si la pregunta fuera absurda.

—Después de todo lo que tuve que hacer para conseguir que dijeras que sí, sería bastante estúpido arrepentirme ahora.

Río por lo bajo y, unos segundos después, escucho su suspiro. Lo conozco lo suficiente para saber que está a punto de decir algo, así que levanto la mirada hacia él y espero.

—Estaba pensando en todo lo que nos espera —dice con una sonrisa—. Y no sé si alguna vez voy a acostumbrarme a la idea de que vamos a vivir todo eso juntos. Me emociona pensar en nuestra vida, en las cosas que todavía nos faltan por hacer, en los lugares que vamos a conocer y hasta en esas pequeñas cosas que ahora parecen insignificantes. Quiero vivirlas todas contigo. Me emociona saber que, después de todo lo que pasamos, todavía tenemos una vida entera por delante.

Sonrío y vuelvo a apoyar la cabeza sobre él.

Seguimos bailando mientras la canción continúa. Alrededor de nosotros, algunas personas hablan en voz baja, otras observan y varias aprovechan para tomar fotografías. Pero durante unos minutos casi no presto atención a nadie. Solo pienso en lo diferente que se siente estar aquí después de todo lo que ocurrió.

Cuando termina la canción, Christian me da un beso en la boca y los invitados comienzan a aplaudir. Después vienen otros bailes, primero con nuestras familias y luego con nuestros amigos. Bailo con el abuelo de Christian durante unos minutos y él aprovecha para contarme que está orgulloso de nosotros. Me dice que desde que me conoció supo que terminaría queriendo verme feliz y que espera poder seguir formando parte de nuestras vidas durante muchos años.

—Gracias por acompañarme hasta el altar.

Él sonríe.

—No habría dejado que nadie más lo hiciera.

Lo abrazo y él me devuelve el abrazo con cariño.

Después de eso, la fiesta continúa durante horas. Tengo un cambio de vestido, el cual Daphne me ayudó a escoger y dijo que volvería loco a Christian.

Y fue así.

Hay música, comida, conversaciones, fotografías y momentos que probablemente terminaré poniendo en algunos retratos.

Bailo y disfruto de la fiesta, también tomamos licor y nos besamos como dos locos enamorados.

Cuando finalmente llega el momento de retirarnos, ya es bastante tarde. Estoy cansada, tengo los pies adoloridos y siento que probablemente no volveré a usar esos zapatos durante mucho tiempo, pero no quiero que la noche termine. Christian camina a mi lado mientras nos despedimos de los últimos invitados y, antes de subir al automóvil vuelve a mirarme.

—¿Te divertiste?

—Muchísimo.

—¿Incluso cuando casi te hago caer bailando?

—Eso fue culpa tuya.

—No fue mi culpa.

—Sí fue.

—Alice...

—Christian...

Los dos terminamos riéndonos.

El trayecto hasta casa es tranquilo. Después de un día tan largo, ninguno de los dos tiene demasiadas ganas de hablar. Christian mantiene una mano sobre mi pierna durante buena parte del camino y yo miro por la ventana mientras intento procesar todo lo que ocurrió.

Cuando llegamos a la habitación, entro primero y dejo el ramo sobre una mesa. El lugar está preparado para nosotros, con algunas flores, una botella de champán y una pequeña bandeja con fresas y postres. Las luces están bajas y hay pétalos sobre la cama, aunque no tantos como para que parezca una escena exagerada. Sonrío al verlo.

—¿Tú hiciste esto?

Christian entra detrás de mí y cierra la puerta.

—Algunas cosas.

—Está bonito.

—Me alegra que te guste.

Me quito los zapatos y siento inmediatamente el alivio de dejar de soportarlos.

—Nunca más vuelvo a usar estos.

Christian se ríe.

—Hace unas horas estabas diciendo que eran perfectos.

—Hace unas horas todavía tenía sensibilidad en los pies.

Él se acerca y me ayuda a quitarme uno de los pendientes que todavía llevo puestos.

—Ven.

Me quedo frente a él mientras empieza a retirar con cuidado algunos de los accesorios de mi cabello. El vestido sigue puesto, el maquillaje todavía está intacto y el anillo continúa brillando en mi dedo, pero la habitación está tranquila y ya no hay nadie alrededor.

Solo nosotros .

Christian termina de quitarme el último accesorio y deja que mi cabello caiga sobre mis hombros.

—Mucho mejor.

—¿Sí?

—Sí.

Me mira durante unos segundos y sonríe.

Me acerco a él y apoyo las manos sobre su pecho.

—¿Estás cansado?

—Un poco.

—Yo también.

—Pero...

No termina la frase.

No hace falta.

Lo beso.

Christian rodea mi cintura y me acerca a él mientras el beso se vuelve más lento y más íntimo. Sus manos recorren mi espalda con cuidado y yo deslizo las mías por su cuello. Después de todo el día, de todas las emociones y de todas las personas que estuvieron alrededor de nosotros, este momento se siente mucho más privado.

Me separo apenas para mirarlo.

—¿Qué?

—Nada.

—Estás sonriendo.

—Porque eres mi esposa.

La palabra vuelve a hacerme sonreír.

—Y tú eres mi esposo.

—Suena bien.

Lo beso otra vez y esta vez él me levanta ligeramente para acercarme más a él. Me río contra sus labios antes de rodear su cuello con los brazos. El vestido deja de importar cuando comienza a desabrochar con cuidado algunos de los pequeños botones de la espalda.

—¿Seguro que sabes cómo quitar esto?

—Después de todo el tiempo que llevas usándolo, creo que merezco intentarlo.

—No lo arruines.

—No prometo nada.

Me río y apoyo la frente contra la suya.

La noche continúa entre besos, caricias y conversaciones que se mezclan con momentos de silencio. No tenemos ninguna prisa. Después de tantos años de conocernos, de perdernos y de volver a encontrarnos, no necesitamos demostrar nada esta noche. Simplemente disfrutamos de estar juntos y de tener finalmente un momento que es completamente nuestro.

Más tarde, cuando estamos acostados, todavía despiertos, Christian me abraza por la espalda y yo observo mi mano sobre la almohada. El anillo sigue ahí.

Lo miro durante unos segundos.

—¿En qué piensas? —pregunto.

—En lo mucho que te amo

—Yo también te amo.

Sonrío y apoyo la cabeza sobre su pecho.

No sé cuánto tiempo permanecemos así. Afuera todo está tranquilo y dentro de la habitación solo se escucha nuestra respiración.

Nuestra boda fue totalmente perfecta.

***

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