EPÍLOGO
Christian.Cinco años después.Estoy apoyado contra el capó de mi auto, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada fija en el campo mientras espero a que termine la práctica de fútbol de mi hijo. Miro el reloj por tercera vez en menos de cinco minutos, aunque no tengo ninguna prisa. No hay una reunión esperándome, nadie me está llamando. Solo estoy aquí, esperando a que un niño de cuatro años termine de correr detrás de una pelota.
Aun así, sigo sin entender cómo el tiempo paso tan rápido.
Cinco años.
Cinco años desde que mi vida cambió de una manera que jamás habría podido imaginar.
A veces pienso que fue ayer cuando Alice y yo estábamos sentados en un consultorio frente a la doctora, mirándonos sin saber muy bien qué decir. Habíamos ido pensando que quizá estábamos preocupados por nada, que probablemente todo tendría una explicación sencilla, y entonces llegó aquella noticia que consiguió dejarnos completamente en silencio.
Alice estaba embarazada.Recuerdo perfectamente el momento en que la doctora nos dijo de cuántas semanas estaba.
Nos miramos una y otra vez.
Y como si hubiéramos llegado exactamente al mismo pensamiento al mismo tiempo, comenzamos a reírnos.
La doctora probablemente no entendía qué nos parecía tan gracioso, pero nosotros sí.
Cuatro palabras.
Una playa en tailandia.Una noche que, aparentemente, había tenido consecuencias nueve meses después.
Alice tenía las mejillas completamente rojas mientras intentaba esconder la cara entre sus manos y yo no podía dejar de reír. No porque el embarazo fuera algo gracioso, sino porque la coincidencia era demasiado evidente.
Bueno tampoco es como si nos estuviéramos cuidando, sabíamos que en algún momento pasaría.
Habíamos estado en aquella playa un año después de nuestra boda y sin saberlo, ahí había comenzado la historia de la persona que ahora estaba corriendo frente a mí.
Nick .
Nuestro pequeño.
Habíamos hablado de un bebé mucho antes de tenerlo en nuestros brazos.
Lo esperábamos.
Lo deseábamos.
Y cuando finalmente llegó, entendimos que no había nada más que pudiéramos pedirle a la vida.
Nick fue exactamente lo que soñamos que sería nuestra familia.
Y ahora ese pequeño bebé que alguna vez vimos en una pantalla tiene cuatro años, una personalidad imposible de ignorar, una energía que parece no agotarse nunca y una obsesión bastante seria con el fútbol.
Lo observo correr por el campo y tengo que contener una sonrisa.
Es pequeño.
Todavía tiene esa cara de niño que hace que Alice quiera llenarlo de besos cada vez que lo ve.
Pero cuando juega, parece convencido de que está disputando la final de un campeonato mundial.
—¡Papi!
Levanto la cabeza justo cuando lo veo salir del campo.
Corre hacia mí con toda la velocidad que sus pequeñas piernas le permiten, con el uniforme de entrenamiento ligeramente desordenado, las medias hasta las rodillas y el cabello completamente despeinado. Tiene las mejillas rojas por el ejercicio y una sonrisa enorme en el rostro.
Abro los brazos.
Nick prácticamente se lanza contra mí.
—Tranquilo, campeón.
Me abraza por la cintura y yo le revuelvo el cabello.
—¿Viste mi práctica?
—Claro que la vi.
Se separa apenas para mirarme.
—¿Toda?
—Toda.
—¿Incluso cuando hice el gol?
—Especialmente cuando hiciste el gol.
Sus ojos se iluminan. Unos ojos iguales a los de mi esposa.
—Fue el mejor.
—Eso dices cada vez.
—Porque siempre soy el mejor.
Suelto una carcajada.
Definitivamente esa seguridad la heredó de mí.
—Ah, claro. Perdón. Se me olvidaba que estoy hablando con una futura estrella del fútbol.
Nick asiente con absoluta seriedad.
—Sí.
—Entonces supongo que una futura estrella del fútbol merece un premio.
No necesito decir más.
Sus ojos se abren inmediatamente.
—¿Helado?
—Helado.
—¡Sí!
Me toma de la mano y comienza a tirar de mí hacia el auto antes de que siquiera haya terminado de hablar.
—Espera, espera. Primero tienes que cambiarte.
—Pero tengo calor.
—Precisamente por eso.
—¿Después del helado?
—Después del helado.
—¿Y si se derrite?
Lo miro.
—Tienes cuatro años y ya estás buscando excusas para comer helado.
—Porque es importante.
—Claro. Muy importante.
Después de pasar por una heladería, terminamos sentados afuera mientras Nick intenta decidir qué sabor quiere. Por supuesto, tarda una eternidad en escoger entre chocolate, vainilla, fresa y todos los demás que encuentra en el mostrador. Finalmente se decide por chocolate, porque, según él, es el mejor sabor del mundo.
Yo no discuto.
Lo observo comer con tanta concentración En menos de cinco minutos tiene más helado en la cara que dentro de la boca.
—No entiendo por qué te gusta tanto ensuciarte —digo mientras saco una servilleta y le limpio una mancha de la mejilla.
Nick me mira.
—Porque es rico.
Me quedo en silencio durante un segundo.
—Excelente argumento.
Él continúa comiendo como si acabara de ganar una discusión.
Eso lo saco de su madre.Después de unos segundos, levanta la mirada.
—Papá.
—¿Sí?
—¿Vamos donde mami?
Sonrío automáticamente.
—Sí. Vamos donde mami.
—¿A su galería?
—A su galería.
Nick termina de comer mucho más rápido.
—¿Podemos ir ya?
—Primero tienes que terminar.
—Ya terminé.
Miro el vaso.
Todavía queda casi la mitad.
—Eso no es terminar.
—Sí es.
—Bien vamos.
Y mientras vuelve a concentrarse en su helado, no puedo evitar sonreír.
Hay momentos en los que pienso que Alice y yo creamos una versión diminuta de nosotros mismos y luego tuvimos que aprender a convivir con ella.
La galería de Alice está a pocas calles de aquí.
Y cada vez que entro, siento el mismo orgullo.
No importa cuántas veces lo haga.
Sigo teniendo esa sensación.
Porque este lugar es completamente suyo.
No se lo regalé. Alice lo consiguió por sus propios medios.
Lo soñó, trabajó por él y finalmente lo convirtió en realidad.
Las paredes están llenas de sus pinturas. Algunas son recientes y otras llevan más tiempo, pero todas tienen algo que las hace inconfundiblemente suyas. Hay personas observándolas, hablando entre ellas, haciendo preguntas y admirando cada detalle.
Y yo sigo pensando lo mismo cada vez que entro.
«
Lo lograste »La mujer que amo consiguió construir algo que le pertenece únicamente a ella.
Y no existe nada que me haga sentir más orgulloso.
Entonces la veo.
Está de pie junto a una de sus pinturas, hablando con una pareja que parece interesada en adquirirla.
Y me detengo.
Simplemente me quedo mirándola.
No puedo evitarlo.
Nunca he podido.
Alice lleva un vestido elegante que cae sobre su cuerpo de una manera que hace resaltar perfectamente su figura. No necesita demasiado para verse hermosa. Nunca lo ha necesitado. Su cabello rubio cae sobre su espalda y algunos mechones descansan suavemente alrededor de su rostro.
Hay algo en verla así que consigue detenerme durante unos segundos.
Y pienso que es absurdo.
Han pasado cinco años.
Cinco años despertando junto a ella.
Cinco años viéndola sin maquillaje, con el cabello desordenado, usando ropa cómoda en casa, corriendo detrás de Nick, riéndose de mis estupideces, enfadándose conmigo por cosas pequeñas y reconciliándose conmigo unos minutos después.
La he visto en todos sus estados.
Y aun así, cada vez que se arregla y aparece frente a mí de esta manera, sigo sintiendo que me falta el aire.
Como aquel día.
El día de nuestra boda.
Todavía puedo recordar perfectamente cómo me sentía cuando la vi caminar hacia mí.
Estaba completamente perdido.
No sabía qué hacer con las manos, qué decir, ni cómo evitar que todos se dieran cuenta de que estaba a segundos de olvidar mi propio nombre.
Todo lo que podía pensar era que esa mujer iba a convertirse en mi esposa.
Y estaba completamente loco por ella.
Creí que ese era el máximo nivel al que podía llegar mi amor.
Qué ingenuo.
Porque ahora sé que estaba equivocado.
No tenía idea de que era posible amar a alguien más con el paso del tiempo.
Pensaba que el amor simplemente se mantenía.
Ahora sé que crece.
Se transforma.
Se vuelve parte de tu rutina.
De tus decisiones.
De tus planes.
De la manera en que imaginas el futuro.
Y, sobre todo, de la manera en que miras a esa persona incluso después de años.
Porque todavía la miro y pienso que tuve suerte.
Mucha suerte.
Cada día encuentro una razón nueva para enamorarme de ella.Y eso es probablemente lo que más me gusta de nuestra vida.
Que no importa cuánto tiempo pase, Alice sigue consiguiendo sorprenderme.
Ella termina de hablar con los visitantes y gira la cabeza.
Sus ojos encuentran los míos y sonríe.
Esa sonrisa .
La misma que podría reconocer incluso entre cientos de personas.
La misma que todavía consigue hacer que algo dentro de mí se mueva.
Y entonces escucho unos pasos corriendo a mi lado.
—¡Mami!
Nick sale disparado hacia ella.
Alice abre los brazos inmediatamente.
—¡Mi amor!
Se agacha justo a tiempo para recibirlo y lo abraza con fuerza, llenándole las mejillas de besos.
—¿Cómo está mi niño? ¿Cómo te fue? ¿Te divertiste?
—Sí.
—¿Sí?
—Hice un gol.
Alice abre los ojos.
—¿De verdad?
Nick asiente emocionado.
—Papá me vio.
Alice levanta la mirada hacia mí.
—¿Ah, sí?
Cruzo los brazos.
—Por supuesto.
—¿Viste todo?
—Todo.
—¿Seguro?
—Estoy siendo atacado injustamente por mi propia esposa.
Alice sonríe.
—Solo estoy preguntando.
—Fui un padre ejemplar. Observé cada segundo de la práctica.
Nick interviene.
—Papá casi se duerme.
Lo miro.
—Traidor.
Alice se ríe.
—Lo sabía.
—No me dormí.
—¿Entonces qué hiciste?
—Cerré los ojos durante unos segundos.
—Eso se llama dormir.
—Estaba concentrado.
—Claro.
Nick comienza a reírse.
Alice vuelve a llenarle la cara de besos.
Yo observo la escena con una sonrisa hasta que decido que ya es suficiente.
—¿Y yo?
Alice levanta una ceja.
—¿Tú qué?
—Yo también quiero mis besos.
Ella me mira de arriba abajo.
—¿Tienes cinco años?
—No.
—Entonces puedes sobrevivir sin ellos.
—Qué cruel eres con tu esposo.
Alice se ríe.
—Nick, tu papá está celoso.
—No estoy celoso.
—Sí estás celoso.
—Un poco.
Ella niega con la cabeza, divertida.
Después se acerca a mí.
—Ven aquí.
Me da un beso rápido en los labios.
Pero no pienso dejarlo así.
La sujeto suavemente por la cintura y le doy otro beso.
Esta vez un poco más lento.
Cuando me separo, ella me mira con una sonrisa.
—¿Contento?
—Mucho mejor.
—Eres insoportable.
—Y aun así te casaste conmigo.
—Fue un momento de poca lucidez.
—Claro.
Nick nos observa con una expresión que parece decir que ya está cansado de nosotros.
—Ya empezaron.
Alice y yo nos miramos.
Y terminamos riéndonos.
—Vamos —dice ella, tomando la mano de Nick—. Cuéntame cómo fue la práctica.
—Corrí muchisimoooo— dice alargando la O.
—¿Ah, sí?
Asiente con entusiasmo.
—¿Y escuchaste al entrenador?
Nick se queda completamente callado.
Alice entrecierra los ojos.
—Nick.
—A veces.
—¿A veces?
—Cuando decía cosas importantes.
—Todo lo que dice tu entrenador es importante.
—Sí, mami.
—Muy bien.
Los observo mientras comienzan a caminar por la galería.
Nick habla sin parar. Le cuenta cada detalle de su entrenamiento, quién hizo goles, quién se cayó, quién corrió más rápido y hasta qué dijo el entrenador cuando terminó la práctica.
Alice escucha absolutamente todo.
No importa que algunas cosas ya me las haya contado a mí.No importa que probablemente mañana vuelva a contarlas.
Ella lo escucha como si fuera la historia más interesante del mundo.
Y quizá para ella lo es.
Porque esa es Alice.
Puede tener una galería llenana de personas admirando su trabajo, puede estar rodeada de sus pinturas, de clientes y de personas que conocen su nombre, pero cuando Nick comienza a hablar, nada más parece importarle.
La observo caminar junto a él y siento algo cálido en el pecho.
Mi esposa.
La madre de mi hijo.
La mujer que todavía toma mi mano cuando caminamos.
La mujer que conoce mis peores versiones y aun así decide quedarse.
La mujer que sigue riéndose de mis bromas malas.
La mujer que todavía consigue hacerme sentir como aquel hombre que la esperaba frente al altar.
Solo que ahora la conozco mucho más.
Y la amo mucho más.
Cada día un poco más.
No sé cómo lo hace.
Pero lo hace.
Y mientras los veo, me doy cuenta de que podría quedarme observándolos durante horas.
Porque esto es lo que quería.
Quizá no sabía exactamente cómo se vería cuando lo imaginaba, pero ahora que lo tengo frente a mí, no cambiaría absolutamente nada.
No cambiaría absolutamente nada.
Cuando finalmente decidimos cerrar la galería, Nick ya está bostezando mientras camina de la mano de Alice. Hace apenas una hora parecía tener energía suficiente para correr por toda la ciudad y ahora apenas consigue mantener los ojos abiertos, aunque insiste en que no tiene sueño.
Lo miro y sonrío porque conozco perfectamente esa expresión, está intentando mantenerse despierto únicamente porque no quiere que termine el día.
—¿Cansado, campeón? —le pregunto, y él responde inmediatamente que no, justo antes de soltar otro bostezo enorme que consigue contradecirlo por completo.
Alice y yo nos miramos y tengo que contener una sonrisa mientras le digo que por supuesto, no tiene sueño y que solamente está cansado. Nick frunce el ceño y asegura que no es lo mismo, así que decido no discutir con un niño de cuatro años que claramente está perdiendo la batalla contra el sueño. Alice termina de guardar algunas cosas antes de apagar las luces de la galería y, cuando finalmente se acerca a nosotros, Nick levanta los brazos hacia ella.
—Mami, carga —murmura, y Alice sonríe antes de levantarlo. Apenas está en sus brazos, Nick apoya la cabeza sobre su hombro y cierra los ojos.
—Creo que alguien sí está cansado —comento, y él vuelve a murmurar que no mientras prácticamente se queda dormido. Alice me mira divertida y me pide que la ayude con sus cosas, así que tomo la pequeña mochila de Nick y salimos juntos de la galería.
El camino hasta el auto es corto, pero me gusta caminar detrás de ellos. Alice lleva a nuestro hijo en brazos y Nick tiene la cara escondida contra su cuello, completamente rendido, mientras ella sostiene sus piernas con cuidado. Me provoca una sonrisa que ni siquiera intento esconder y cuando Alice se da cuenta, gira ligeramente la cabeza
—¿Que te causa tanta gracia?
—Nada.
Pero ella me conoce demasiado bien pero no dice nada.
Llegamos al auto y acomodo a Nick en su asiento mientras Alice se asegura de que quede bien sujeto. Apenas toca el respaldo, vuelve a cerrar los ojos, completamente vencido por el sueño.
Cuando cierro la puerta, Alice se gira hacia mí y tomo su mano antes de que podamos subir al auto. Le pregunto si está lista y ella asiente con una pequeña sonrisa. Durante el trayecto de regreso a casa, Nick duerme tranquilamente en el asiento trasero mientras Alice permanece a mi lado mirando por la ventana. De vez en cuando nuestras manos se encuentran sobre la consola central y nuestros dedos se entrelazan sin que ninguno de los dos tenga que buscar al otro.
Es curioso cómo después de tantos años nada deja de seguir igual. Puedo saber cuándo está cansada por la manera en que apoya la cabeza contra el asiento, puedo saber cuándo algo la preocupa por la forma en que se queda mirando demasiado tiempo por la ventana y puedo saber cuándo está feliz porque comienza a tararear canciones sin darse cuenta.
Ella también me conoce demasiado bien. A veces pienso que no existe una sola parte de mí que pueda esconderle. Me gusta que me conozca así, que sepa cuándo estoy preocupado, cuándo estoy cansado y cuándo simplemente estoy mirándola porque todavía no puedo creer que después de todos estos años siga teniendo exactamente el mismo efecto sobre mí.
Cuando llegamos a casa, Nick continúa dormido y decido cargarlo hasta su habitación. Lo desabrocho con cuidado y lo levanto, sintiendo inmediatamente cómo sus brazos rodean mi cuello por instinto mientras su cabeza cae sobre mi hombro.
Alice se ofrece a llevarlo pero niego con la cabeza.
—Debes estar cansada, déjamelo a mi.
No sé por qué, pero todavía disfruto cargarlo cuando tengo la oportunidad. Quizá porque sé que llegará un momento en el que ya no podré hacerlo y, aunque todavía falta mucho para eso, quiero aprovechar cada instante.
Subo las escaleras y lo llevo hasta su habitación. Lo acomodo sobre la cama, le quito los zapatos y lo cubro. Apenas abre los ojos y murmura mi nombre.
—Papá...
Me acerco un poco más.
—Estoy aquí.
Durante unos segundos parece quedarse tranquilo, pero entonces vuelve a hablar, todavía con los ojos cerrados.
—¿Mañana mamá me va a llevar al fútbol?
—Sí. Claro que sí.
Parece pensarlo durante un segundo.
—¿Y tú también vas?
Sonrío.
—También voy.
Eso parece ser suficiente para él porque esboza una pequeña sonrisa antes de volver a cerrar los ojos.
—Bueno...
Me quedo unos segundos a su lado, observándolo dormir, antes de inclinarme para darle un beso en la frente y salir de la habitación.
Cuando regreso al pasillo, Alice está apoyada contra la pared esperándome.
—¿Ya se durmió?
Asiento.
—Sí, y quería asegurarse de que los dos vamos a ir a su entrenamiento mañana.
Alice sonríe inmediatamente.
—Por supuesto que vamos a ir.
Me gusta escucharla decirlo porque sé cuánto significa para Nick tenernos cerca.
—Lo sé.
Caminamos juntos hacia nuestra habitación mientras la casa finalmente queda en silencio. Ese silencio que solamente aparece cuando Nick está dormido.
Y tengo que admitir que me gusta, aunque no porque quiera que deje de hacer ruido. Todo lo contrario. Sé que algún día voy a extrañar escuchar sus pasos corriendo por los pasillos, sus gritos desde la sala y todas esas preguntas que parecen no tener fin.
Por eso intento disfrutarlo mientras puedo.
Incluso el desorden, los juguetes tirados, las pequeñas carreras por la casa y las veces que tenemos que repetirle diez veces que ya es hora de dormir.
Todo eso forma parte de nuestra vida y sé que algún día lo voy a echar de menos.
Entramos a nuestra habitación y Alice deja algunas cosas sobre la cómoda mientras yo me quito el reloj y lo dejo sobre la mesa de noche.
La miro durante unos segundos hasta que finalmente se da cuenta.
—¿Qué estás haciendo?
—Nada.
Ella entrecierra los ojos, divertida.
—Llevas demasiado tiempo mirándome.
—Puedo mirar a mi esposa todo lo que quiera.
Sonríe y niega con la cabeza mientras se acerca a la cama.
—¿Y qué hacemos ahora?
—Nada.
—¿Nada?
Asiento mientras la agarro de la cintura y le doy un beso profundo.
Me mira durante unos segundos antes de sonreír. Luego se sienta a mi lado y durante unos segundos simplemente permanecemos juntos.
Apoyo mi mano sobre su pierna y ella entrelaza sus dedos con los míos.
Entonces, casi de la nada, me habla.
—Estoy orgullosa de ti.
La miro, sorprendido.
—¿Por qué?
—Por todo.
Hace una pequeña pausa antes de continuar.
—Por la vida que tenemos. Por nuestra familia. Por ti y también por mí.
Me quedo en silencio unos segundos porque entiendo perfectamente lo que quiere decir.
Yo también estoy orgulloso.
Pero, sobre todo, estoy orgulloso de ella.
De la mujer que tengo frente a mí. De la artista que consiguió construir su propia galería, de todo lo que ha logrado por sus propios medios y de la manera en que nunca dejó de luchar por aquello que quería.
—Yo también estoy orgulloso de ti —le digo.
Ella baja la mirada hacia nuestras manos entrelazadas.
—¿Sí?
—Muchísimo.
Levanta los ojos hacia mí.
—¿De qué?
—De todo lo que eres. De lo que has conseguido. De la mujer en la que te convertiste.
Sonríe con una ternura que consigue desarmarme.
—Y también estoy orgulloso de nosotros —añado—. De la familia que formamos.
Ella aprieta suavemente mi mano.
—Tenemos una familia bonita.
—La mejor.
Y lo creo.
Estoy orgulloso de nosotros, de la familia que hemos formado y de la manera en que esta vida ahora parece tan natural que a veces olvidamos lo especial que es.
Más tarde estamos acostados en la cama y Alice tiene la cabeza apoyada sobre mi pecho mientras paso lentamente los dedos por su cabello.
Y mientras sostengo a Alice entre mis brazos, pienso en lo extraño que es que la felicidad pueda sentirse tan sencilla.
Abro los ojos y miro a Alice.
Ya está dormida.
Su respiración es tranquila y su rostro está completamente relajado.
Me acerco y le doy un beso en la frente antes de apagar la luz.
Me quedo unos segundos más despierto, escuchando el silencio de la casa, hasta que finalmente cierro los ojos.
Y antes de quedarme dormido pienso que, si pudiera elegir, no pediría nada diferente para el día siguiente.
Quiero volver a despertar con ella.
Quiero escuchar a Nick correr por la casa.
Quiero acompañarlo a otro entrenamiento y escuchar cómo me cuenta orgulloso que volvió a marcar un gol.
Quiero entrar a la galería y volver a encontrar a Alice rodeada de sus pinturas.
Quiero regresar a casa con ellos.
Quiero todas esas cosas pequeñas que, sin darnos cuenta, terminaron formando nuestra vida.
Porque quizá ese sea el verdadero significado de haber encontrado la felicidad.
No tener una vida perfecta, sino tener una vida que no cambiarías por ninguna otra.
Una vida que, incluso en sus días más normales, te hace sentir exactamente donde quieres estar.
Y yo estoy ahí.
Tengo a mi esposa, tengo a mi hijo y tengo un hogar al que siempre quiero regresar.
Tengo una pequeña familia que consiguió convertirse en el centro de mi mundo sin que yo siquiera me diera cuenta del momento exacto en que ocurrió.
Y mientras me quedo dormido junto a Alice, con la certeza de que Nick está en la habitación de al lado, solo puedo pensar que todavía nos quedan demasiadas cosas por vivir.
Y demasiados días para seguir construyendo nuestra historia.
***
Y así llegamos al final de esta historia <3Gracias por acompañar a Alice y Christian hasta el final, por cada lectura, cada comentario, cada voto y por hacer parte de este pequeño mundo que durante tanto tiempo disfruté escribir.Me despido de ellos con el corazón lleno, feliz de haber podido contar su historia y sobre todo, agradecida con ustedes por haberla leído.Gracias por quedarse hasta el final.Nos vemos en la próxima historia. 🥹🤍Con amorAmy.Final