05. UNIÓN
Alice.La recepción empieza y todos pasamos al comedor del salón. Las mesas ya están servidas y todo está perfectamente organizado, como estaba planeado.
Nos sentamos en la mesa principal, dónde está la familia de Christian y mi familia. Desde que tomo asiento, siento el ambiente tenso. Nadie dice nada, pero sus miradas lo dicen todo. Algunas son discretas, otras no tanto.
Christian está sentado a mi lado, tranquilo, como si nada de esto fuera extraño. Como si casarse con la hermana de su prometida fuera algo completamente normal.
No sé si su actitud debería tranquilizarme o asustarme.
No pasa mucho tiempo antes de que los padres de Christian empiecen a hablar.
—¿Dónde está Madison? —pregunta Charlotte con dureza sutil, mirando directamente a mis padres.
Mi madre se acomoda en la silla antes de responder.
—Madison siempre ha sido un poco impulsiva. Creemos que se asustó y decidió darse un tiempo a solas. Pero ella ama a Christian, de eso estamos seguros.
Thomas Sterling no parece convencido.
—Pues su hija nos está dejando en ridículo —dice sin ningún cuidado—. Hoy era la boda de nuestro hijo y desaparece sin dar explicaciones.
Mi padre intenta mantener la calma
—Entendemos que esto es incómodo para todos, pero Madison va a volver. Solo necesita tiempo para aclarar sus ideas.
—Tiempo —repite la madre de Christian—. Lo que necesitamos nosotros son explicaciones, no tiempo.
La conversación empieza a subir de tono, y yo solo quiero desaparecer de la mesa. Siento que no debería estar aquí, escuchando todo esto.
Entonces Christian habla por primera vez.
—Ya basta.
No lo dice fuerte, pero es suficiente para que todos se callen.
—No se preocupen —añade con tranquilidad—. Estoy realmente complacido con la esposa con la que me casé.
En ese momento siento su mano en mi cintura por debajo de la mesa. Al principio solo la apoya, pero luego aprieta un poco más fuerte. En una señal clara que aquello no fue un cumplido.
Oh, Dios ¿en que me metí?Me quedo quieta mirando mi plato, sin saber qué hacer.
Mis padres intercambian una mirada y mi madre vuelve a hablar.
—De verdad, no se preocupen. Estamos seguros de que Madison volverá y cuando eso pase, Christian puede divorciarse y casarse con ella. Esto se puede arreglar.
No puedo creer que esté diciendo eso delante de todos.
Aprieto las manos sobre mi regazo y no digo nada. Nadie me pregunta qué pienso y nadie parece recordar que yo estoy sentada aquí.
La comida continúa, pero yo apenas pruebo bocado. Siento las miradas de algunas personas en otras mesas. Algunas mujeres susurran entre ellas, mirándome de vez en cuando. Sé lo que están pensando.
Que yo no debería estar aquí.
Que yo no soy la novia.
Que este no es mi lugar.
Después de la comida, empiezan a mover las mesas para el baile. La música suena y alguien anuncia el primer baile de los novios.
Siento un nudo en el estómago cuando Christian se levanta y me tiende la mano. La tomo porque no tengo otra opción y caminamos al centro de la pista.
Él pone sus manos en mi cintura y yo coloco las mías alrededor de su cuello. Empezamos a movernos lentamente al ritmo de la música.
Se inclina un poco hacia mí y habla cerca de mi oído.
—Relájate un poco —dice en voz baja—. No quiero que los demás piensen que mi esposa está obligada a casarse conmigo.
Porque es así.Seguimos bailando como si nada, sonriendo cuando alguien nos mira, fingiendo que todo es normal.
Entonces vuelve a inclinarse hacia mi oído.
—Seré un buen esposo. Créeme, esto va a ser más interesante de lo que crees.
Hace una pequeña pausa.
—Y voy a divertirme mucho haciéndote pagar las consecuencias en honor a la familia Baker.
Se me corta la respiración.
Abro un poco los ojos, sorprendida, y siento cómo la sangre se hiela.
No respondo. No sé qué decir.
Sus dedos se clavan un poco más en mi cintura antes de soltarme y alejarse, como si no acabara de amenazarme bajo la mirada de todos.
***
Después del baile vino el corte del pastel y fue sin duda, uno de los momentos más incómodos de toda la noche. Bueno tal vez el segundo. El primero había sido bailar con mi padre, algo que nunca había ocurrido en toda mi vida.
Durante el corte del pastel, Christian puso su mano sobre la mía para sostener el cuchillo, como se supone que hacen los novios. Hubiera sido romántico si no nos estuviéramos casando por obligación, todos lo sabían así que nadie insistio por un beso. Luego de eso, alguien me avisó que era hora de mi cambio de vestido.
Subí a una de las habitaciones del salón y varias mujeres empezaron a ayudarme a cambiarme y arreglarme otra vez.
El segundo era un vestido blanco, corto con corsé ajustado y delicadas flores bordadas que caían sobre la falda de tul.
Me sentaron frente al espejo y empezaron a peinarme. Me hicieron una coleta elegante baja, dejando algunos mechones sueltos a los lados. Luego retocaron el maquillaje y cambiaron el labial por uno más fuerte.
Yo me miraba en el espejo y sentía que estaba viendo a otra persona.
Las mujeres hablan entre ellas, pero no pongo atención porque en realidad tengo la cabeza metida en otro lado.
Me quedo más tiempo del necesario sentada frente al espejo, cuando ellas ya han terminado.
Pensando en cómo esa no era la boda que se suponía que yo querria. Ni el esposo que se suponía que yo tendría. Ni la vida que se suponía que yo iba a vivir.
O bueno jamás pensé que llegaría a casarme.
Cuando finalmente bajo otra vez al salón, la fiesta sigue con normalidad, música sonando en invitados bailando y riendo.
Cuando entro, Christian me ve casi de inmediato.
Se queda mirándome unos segundos, sin decir una palabra, intenté leer su expresión, pero no pude. No sabía si le gustaba cómo me veía, si estaba molesto o si estaba pensando cómo habría sido si Madison estuviera en mi lugar.
La fiesta continua durante horas hasta el momento de que la boda finaliza, todos se empiezan a ir y nos despedimos. Luego nos subimos al coche que nos llevara a la mansión de Christian.
El camino es silencioso. Yo miro por la ventana y él revisa su teléfono la mayor parte del tiempo. Ningúno habla.
Al llegar, no puedo evitar quedarme impresionada con la fachada de la mansión. Es enorme, mucho más de lo que imaginaba. Nuestra casa es grande, sí, pero esto es otro nivel completamente distinto. Un jardín perfectamente cuidado rodea la entrada, con arbustos bien recortados.Todo se ve impecable, demasiado perfecto. Cuando cruzo la puerta, la sensación no cambia, el interior es igual de imponente.
Él desaparece sin darme una sola mirada y yo me quedo en medio del enorme vestíbulo sin saber qué hacer.
Una mujer mayor, que supuse era el ama de llaves, me lleva por un pasillo largo hasta una habitación.
—Esta será su habitación, señora —me dijo con amabilidad.
Asentí y le di las gracias, ya me lo esperaba.
Cuando me quedo sola, por fin puedo respirar un poco. Me quito los zapatos y me siento en la cama sin saber muy bien qué hacer ahora.
Antes de que pudiera siquiera empezar a quitarme el vestido, tocan la puerta.
La ama de llaves la abre un poco.
—El señor Sterling la espera en su habitación.
Mi estómago se tensa de inmediato.
Asiento nuevamente, me acomodo el vestido y camino por el pasillo hasta la habitación principal. Toco la puerta y escucho su voz diciendo que pase.
Entro y él esta quitándose la chaqueta del traje y me mira.
—Creo que ya es hora de que cumplas tu papel como esposa.
Siento como me tenso.
—Yo… —empiezo, pero no sabía ni cómo decirlo.
—Si eres mi mujer, lo eres en todos los sentidos.
Trago saliva y se acerca a mi, me sujeta y empieza a darme besos en el cuello con agresividad mientras trata meter las manos debajo de mi falda.
—yo...—no me salen las palabras y suelto un jadeo.
Soy virgen .
No soy capaz de decirlo en voz alta.
—N- no, por favor —pongo las manos en su hombro en un intento débil de aparatarlo.
No quiero que mi primera vez así.El tirante de mi vestido se desliza por mi hombro y sus labios rozan mi piel, ocasionando que un escalofrío me recorra todo el cuerpo.
—No… —repito en un susurro.
Se detiene, pero no se aparta y permanece ahí. El silencio se alarga unos segundos que se sienten eternos. Luego finalmente, se aleja y retira las manos con lentitud, me observa en silencio, evaluándo mi rostro.
—No finjas que esto es un castigo para ti —suelta —Si llevas años soñando con este momento.
—Q-qué—balbuceo.
—No te hagas la tonta.Sé perfectamente que has estado enamorada de mí desde hace mucho tiempo ¿Crees que no me he dado cuenta la manera en que me miras?
—Eh...no...—intento defenderme.
—Dejálo así, igual no pensaba llegar muy lejos.
Me muerdo el interior de ella mejilla nerviosa, poniendo el tirante en su lugar y cruzándome de brazos de forma protectora.
—Yo...
—Voy a ser muy claro desde ahora —dice, mirándome con frialdad—. Somos esposos solo en papel, así que no te hagas ilusiones. Esto no es un matrimonio real, es una farsa que tenemos que soportar los dos. Tú no eres la mujer con la que quería casarme.
Siento un nudo en la garganta, pero no digo nada.
—Así que no esperes que actúe como un esposo amoroso o considerado —sentencia—Porque no va a pasar. Y tampoco quiero que tú actúes como una esposa enamorada.
Miro a cualquier lado menos a su cara. Todo esto duele más de lo que pensé.
—Solo estaremos juntos cuando sea necesario, en eventos, reuniones o frente a la gente, solo para cuidar las apariencias.
Intento que no se me note lo mucho que me afectan sus palabras.
—Me divorciaré de ti en cuánto descubra qué fue lo que realmente pasó con Madison —declara—. Pero mientras tanto, tú y tu familia van a pagar el precio de haberme dejado en ridículo obligándome a casarme contigo.
Oh Dios.A pesar de todo él realmente la ama.¿Se casará con ella apenas la encuentre?Siento que el pecho me duele de verdad, como si algo se hubiera apretado dentro.
—Ahora vete. Lo que menos me apetece esta noche es verte la cara.
Me quedo quieta un segundo, pero al final camino hacia la puerta sin decir nada.
Porque si abro la boca, sé que se me va a quebrar la voz.