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06. SILENCIO

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06. SILENCIO

Alice.

Me levanto temprano como todos los días y voy de inmediato a al baño a cepillarme los dientes y bañarme.

Mi mamá siempre decía que cuando una mujer se casaba debía levantarse antes que su marido, arreglarse y estar lista para cuando él la viera en la mañana. Nunca pensé que realmente terminaría casada y mucho menos en una situación como esta.

Abro la maleta y veo toda la ropa que Madison dejó preparada. Ella siempre planificaba todo, yo por el contrario no traje nada, ya que se supone que volvería a casa después de la boda. Me pongo un vestido rosa claro estilo midi, largo hasta media pierna y con la cintura ceñida. Es bonito. Me hago un peinado semirrecogido y encuentro un lazo rosa que combina, así que me lo amarro en la parte de atrás. Me pongo unos tacones Mary Jane a juego y me maquillo de forma sutil.

Me miro en el espejo un momento.

Siempre me han gustado este tipo de vestidos, pero nunca creí que realmente me quedaran bien. Mi madre y Madison siempre eran las que me ayudaban a la hora de vestirme.

Vuelvo a mirar la maleta y suelto un suspiro.

Tendré que volver igualmente a casa por mi ropa ¿Que dirán al verme con la de mi hermana?

Seguro pensarán que no me bastó con su marido y ahora también quiero sus cosas.

Salgo de la habitación y bajo las escaleras. El silencio llena cada espacio de la mansión, como si no hubiera nadie, aunque hay empleados moviéndose por algunos lugares.

Camino por el pasillo hasta que llego a la cocina y ahí encuentro a la ama de llaves.

Ella me mira y sonríe un poco.

—Te levantaste temprano —me dice—. Pensé que te levantarías más tarde, la señorita Madison solía hacerlo.

Sonrío un poco, algo nerviosa. Sin saber cómo reaccionar.

—Estoy acostumbrada a levantarme temprano —le digo—. Siempre lo he hecho.

Miro alrededor y luego pregunto, tratando de sonar casual.

—¿Christian ya salió?

—Sí, se fue muy temprano —responde—. Tenía trabajo.

Asiento despacio y no digo nada más.

—Ah, por cierto, soy Nora —dice ella después.

—Hola Nora —saludo de manera ridícula.

Ella me mira y yo hago lo mismo. Debe estar rondando los cincuenta, algunas canas se mezclan en su cabello y las arrugas en su rostro muestran el paso de los años.

—Trabajo con el señor Christian desde que era un niño.—comenta —Desde que tenía cinco años, lo crié como a un hijo, así que cuando él creció y se mudó, me pidió que viniera a trabajar con él. —sonrie mientras limpia la barra con un trapo — Le tengo mucho cariño, es un buen muchacho.

Asiento, pero en mi cabeza no puedo evitar pensar que el hombre que ella describe no es el mismo con el que me casé ayer. Yo siempre vi a Christian cuando estaba con Madison. Él era atento, tranquilo y cariñoso con ella, parecían la pareja perfecta. Pero conmigo es frío, distante, casi como si me odiara. Es como si estuviera conociendo una parte de él que nadie me había mostrado antes.

Un lado oscuro.

Nora suspira.

—Si te soy sincera, yo tampoco entiendo muy bien toda esta situación.

Yo menos.

No respondo. No tengo idea de que podría decirle.

Lo que menos deseaba era tener que casarme con el prometido de mi hermana.

Nos quedamos en silencio unos segundos.

—¿En qué puedo ayudar? —le pregunto, rompiendo el hielo—. Sé cocinar, puedo ayudarle si quiere.

Ella niega enseguida.

—No, no es necesario. A mí me pagan para eso. Además, tú eres la señora de la casa.

Sí, claro. Señora de la casa.

—De verdad, quiero ayudarle.—le digo—. No tengo nada que hacer aquí todo el día. Cocinar me distraería.

Después de insistir bastante, Nora finalmente acepta que la ayude.

Terminamos haciendo waffles y desayunamos en la cocina. Nos quedamos hablando un buen rato. Me cuenta historias de cuando Christian era pequeño, de las travesuras que hacía, de cómo siempre fue muy responsable. Hablar con ella es fácil.

Más tarde salimos a caminar por el jardín.

Es muy grande y muy bonito, pero me doy cuenta de que no hay flores, ni una sola. Solo césped y árboles. Me percato de que al fondo hay una silla colgante para dos personas amarrada a un árbol. Se ve un poco vieja, como si nadie la usara desde hace tiempo.

La miro, pero no pregunto nada.

—Eres muy diferente a tu hermana —dice Nora de repente.

Sonrío un poco.

—Eso me han dicho.

Pero no de buena manera.

Más tarde, Nora me dice que Christian suele llegar a las nueve y que debería ir preparando la cena.

—Yo te ayudo —le digo enseguida.

Mientras cocinamos pienso que tal vez, si la comida le gusta, Christian me odie un poco menos. Es un pensamiento tonto, pero igual lo pienso.

No quiero que me odie.

Preparamos la cena entre las dos hasta que queda listo, pero las nueve pasan y él no llega.

Las diez tampoco.

Ni las once.

Ese día no llega.

Ni al siguiente.

Ni al siguiente.

Y no puedo evitar pensar que si esto fuera un matrimonio de verdad, probablemente estaríamos de luna de miel, viajando, empezando una vida juntos.

Pero mi esposo parece hacer todo lo posible por estar lejos de mí.

Los días pasan y Nora es la que más me acompaña. La ayudo en la cocina, hablamos, caminamos por el jardín. Pero cuando no estoy con ella no sé qué hacer. Camino por la casa, por los pasillos, entro a salas que ni sabía que existían. El personal me mira raro y con precaución, como si fuera una ladrona que le va a robar algo a su señor.

Me siento fuera de lugar. Estoy tomando una vida que no me pertenece y me pregunto si en algún momento dejaré de sentirme así.

***

Es medio día y estoy en la cocina con Nora cuando escucho pasos. Levanto la mirada y lo veo entrar.

Christian .

Lleva un traje oscuro, el cabello un poco desordenado y los ojos azules se le ven muy claros con la luz de la cocina. Se ve muy guapo, eso es imposible no notarlo.

Dios, hace cuatro días que no lo veía. Verlo me provocó mariposas en todo mi ser.

Él se queda mirándome unos segundos.

—Nora, necesito hablar a solas con mi esposa.

Su nana me mira un momento, como con algo de preocupación, y luego asiente y sale de la cocina.

Christian camina hacia mí y se detiene muy cerca.

—¿Dónde has estado? —le pregunto, antes de arrepentirme.

Él se inclina un poco por su altura imponente y acerca su cara a la mía. Está demasiado cerca y eso me pone nerviosa.

—No tienes nada que reclamarme —dice en voz baja—. No olvides cuál es tu lugar aquí. No tienes derecho alguno.

Siento los nervios en el estómago, pero no digo nada. Aprieto los labios y me quedo callada.

Él se endereza otra vez.

—Vine a informarte que hoy tenemos una gala, así que prepárate. En unos minutos te traerán el vestido y todo lo que necesites.

Algo me dice que el prepárate tiene varios significados.

Se da la vuelta para irse y se detiene.

—Te quiero lista antes de las siete, no me hagas perder la paciencia.

Sale sin más.

Y a mi solo me quedan las miles de dudas sobre dónde estuvo y con quién. Solo de pensar que pudo haber estado con otra mujer me duele el pecho y me dan unas ganas inmensas de llorar.

Ahora tengo que prepararme para una gala en la que seguramente van a sobrar los comentarios malintencionados y las malas miradas.

***

Hoy subo dos capítulos, el otro lo publico más tarde, no se lo pierdan.