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07. APARIENCIAS

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07. APARIENCIAS

Alice.

Subo a mi habitación para ir a prepararme y cuando abro la puerta, veo como sobre la cama descansa un vestido largo, de un morado oscuro, con un escote de corazón, sin tirantes y una abertura profunda en la pierna. A su lado estaban los tacones de aguja negros con la suela roja. Y sobre la tela, brillaban una fina cadena de oro y unos pendientes a juego.

Entro al baño y me vuelvo a duchar. Dejo que el agua caiga un rato sobre mi cabeza intentando no pensar demasiado. Cuando salgo, me seco despacio y vuelvo a la habitación.

Me pongo el vestido con cuidado. La tela es suave y se ajusta a mi cuerpo. Me miro en el espejo mientras subo la cremallera y acomodo el escote que resaltan mis pechos, pero no de manera incómoda. De hecho me siento bastante cómoda.

Me pongo los tacones y luego los accesorios. La cadena cae justo en el centro del pecho y los pendientes combinan perfectamente. Después me siento frente al tocador y empiezo a maquillarme.

Esta vez me maquillo más que en la mañana. De tanto ver a Madison maquillarse durante años, aprendí varias cosas. Siempre pensé que maquillarse era como pintar, pero sobre un rostro.

Cuando termino, me quedo mirándome unos segundos.

¿Cómo es que nunca me maquille así.

Nora toca la puerta y entra para ayudarme con el cabello. Me hace unas ondas suaves y deja el cabello suelto hacia un lado.

—Te ves hermosa —me dice cuando termina.

Levanto un poco las comisuras de los labios.

No escucho esa palabra muy seguido. De hecho, casi nunca.

—Muchas gracias, Nora.

Ella ha sido mi única compañía desde que llegué y no puedo estar más agradecida.

Me sonríe y sale de la habitación. Yo me echo un poco de perfume en el cuello y las muñecas, respiro hondo y salgo.

Empiezo a bajar las escaleras y entonces lo veo.

Christian está abajo, recién duchado, con un traje negro perfectamente ajustado, el cabello peinado hacia atrás. Se ve realmente atractivo. Nunca había conocido a un hombre así, alguien que simplemente con existir se vea de esa manera tan irresistible.

Cuando siente mi presencia, se voltea y se queda mirándome.

Pero no es una mirada normal, o la que me ha dado todos estos días. Es profunda e intensa, como si me estuviera viendo de verdad por primera vez. No me la quita de encima.

Bajo escalón por escalón con el corazón latiéndome muy fuerte. A medida que me acerco, puedo oler su perfume. Él sigue mirándome sin apartar la vista ni un segundo.

—Ya estoy lista —digo en un susurro.

Él no responde, solo me mira. Me muerdo el labio nerviosa y entonces veo cómo su manzana de Adán se mueve cuando traga saliva, es en ese momento que aparta la mirada.

—Vamos —ordena finalmente.

Camina hacia la salida y yo lo sigo. Subimos a la camioneta y el trayecto es en completo silencio. Pongo las manos sobre mi regazo y miro por la ventana.

¿Si me veo bien? ¿Si le gustó cómo me veo ? ¿O si al menos le parezco bonita?

Después de un rato él rompe el silencio.

—Esta noche va a haber mucha gente hablando —dice—. No les prestes atención. Solo compórtate como si fueras una esposa feliz y actúa como si fuéramos una pareja normal.

Asiento con la cabeza.

Y no hablamos más en todo el camino.

Cuando llegamos a la gala, un hombre abre la puerta de la camioneta. Christian sale primero y luego yo. Cuando estamos uno al lado del otro, él me hace una pequeña señal con el brazo y yo lo entrelazo con el mío.

Caminamos mientras los flashes de las cámaras nos iluminan la cara una y otra vez. Entramos al vestíbulo y todas las miradas se posan en nosotros. Siento que el corazón se me va a salir del pecho. Aprieto un poco su brazo, sin saber muy bien qué hacer, pero él parece completamente tranquilo. Es él quien guía.

De un momento a otra se acerca a una pareja.

—Christian —dice el hombre, estrechándole la mano.

Es un rubio, casi tan alto como Christian, y tiene los ojos de un verde claro.

—Garreth —le devuelve el saludo.

Por la forma en que interactúan supongo que son amigos, luego de un momento a otro, el hombre me mira con curiosidad.

—Ella es mi esposa, Alice.—contesta, percatándose de la duda en sus ojos.

—Mucho gusto —murmuro dándole la mano a él y a su mujer.

—Yo soy Daphne, un placer conocerte —la pelinegra me dedica una sonrisa encantadora.

La observo y es hipnotizante de ver, realmente es muy bella. Sus ojos ámbar brillan con la luz y el vestido plateado le queda hermoso. La diferencia de altura entre ella y Garreth es notable, pero aun así combinan a la perfección.

La actitud de Daphne es muy diferente a la de su esposo, que es cortes pero siento la tensión.

Ellos empiezan a hablar y Daphne es lo suficientemente amable como para presentarse y preguntarme sobre mí y mi familia.

—¿Y tu hermana está bien con esto de su matrimonio? Escuche que estaban muy enamorados.

Me tenso de inmediato.

—Eh...

—Oh, lo siento ¿Dije algo erróneo? —se disculpa al ver mi cara de incomodidad.

—No te preocupes.

Me sonríe en otra señal de disculpa.

Los hombres vuelven, ya que hace rato alejado para hablar.

—Quédate aquí un momento, ya vuelvo.—me ordena Christian y seguido de eso, se va con Garreth y Daphne, está última es la única que se despide.

Ver cómo Garreth se lleva a su esposa con él, me hace preguntarme por qué Christian no hizo lo mismo conmigo.

Me quedo sola. Después de unos minutos voy hacia la mesa de los bocadillos, apenas alcanzo a meter uno a mi boca antes de que empiece a escuchar murmullos.

—Esa es la hermana, ¿no? —dice una de las mujeres.

—Sí, la que se casó con el prometido de su hermana .

—Qué falta de respeto.—añadio otra —No sé cómo obtuvo cara para venir aqui.

—Es una usurpadora, eso es lo que es.

Se me quitan las ganas de comer, me muevo a otro luego para evitar caer en su juego y después de un rato empieza la música, las parejas comienzan a bailar y yo me quedo ahí parada, sin saber qué hacer.

Christian no vuelve en ningún momento. Desde que se fue no lo he vuelto a ver y ya ha pasado más de una hora.

Y entonces lo entiendo.

Me abandonó.

Me dejó sola bajo el escrutinio de todos, sin considerar cómo me sentiría ni cómo me estarían viendo

Sin pensarlo mucho, voy hacia el pasillo por donde él se fue antes. Camino hasta encontrar una puerta entreabierta en un pasillo oscuro, al llegar me asomo un poco.

Y es ahí cuando lo veo.

Christian está sentado en un sillón fumando, mientras una mujer en bragas y un corsé ajustado le sirve licor, mirándolo de forma coqueta. Alrededor hay más mujeres bailando y otras sentadas en las piernas de los hombres. Hay humo por todo el lugar con una iluminación tenue y rojiza.

Se supone que esto es una gala élite, pero esto parece más un club nocturno.

Veo hombres y mujeres drogándose, comiéndose la boca y hasta casi teniendo sexo frente a todos. Mi mirada se pasea por todos y no hay rastro de Daphne ni Garreth.

Supongo que ya se fueron.

Pero casi de inmediato siento cómo mis ojos se llenan de lágrimas cuando una mujer se sienta en el regazo de Christian y él no la aparta, solo sonríe de lado y bebe de su vaso.

Sus labios se mueven y aunque no escucho lo que dice por la música, puedo leerlos.

« Esta noche te ves hermosa .»

Suelto un sollozo.

A ella le dijo que se veía hermosa, a mí ni siquiera es capaz de mirarme por más de un minuto.

Me pego contra la pared y me cubro la boca con la mano gimoteando contra ella. Verlo con mi hermana ya era difícil, pero esto lo supera todo. Esto es lo que seguramente estuvo haciendo todos estos días que desapareció.

Las lágrimas empiezan a correr por mi cara, arruinando todo el maquillaje y mi única reacción es correr al baño, porque no voy a soportar verlo más así.

Me encierro en un cubículo y trato de respirar. Siento que el corazón me late muy rápido. Cada día de este matrimonio siento que se me rompe un poco más el corazón.

Trato de no llorar, pero no puedo. Estoy destrozada.

Entonces escucho voces de unas mujeres entrando al baño.

—¿Viste a la nueva esposa de Christian?

—Sí, no entiendo qué vio en ella.

—Su hermana era mucho más bonita.

—Además, él es demasiado hombre para alguien como ella.

—hasta se vería mejor conmigo —rie.

—Puedo apostar a que su matrimonio no durará menos de los cinco meses...o bueno tiene la carita de aguantarle todo lo que le haga su marido.

— ¿Y quién no con ese hombre?

—Dicen que siempre estuvo enamorada de él, seguro tiene que ver con la desaparición de su hermana.

—Esa terminará con unos cuernos más grandes que los de mi marido —rompen a reír.

Me quedo en silencio escuchando todo, reconociendo algunas voces de la que escuche anteriormente, pero está vez se le sumaron otras más.

En mi cabeza solo se repite una cosa.

Este no es mi lugar.

No encajo aquí.

Nada de esto es para mí.

Cuando las mujeres salen, me lavo la cara lo mejor que puedo, pero el maquillaje ya está arruinado.

Salgo de la gala sin que nadie me vea y voy directamente donde nuestro chófer.

—¿Puede llevarme a la mansión, por favor? —hablo en voz baja.

—¿Y el señor Sterling?

—El se va a quedar un rato más.

Me mira de forma cautelosa.

—Dejéme avisarle al señor Sterling —responde.

—No es necesario, él lo sabe.—entrecierra los ojos— Me siento muy mal, solo quiero ir a casa.

Hago mi mejor actuación tocándome el estómago con dolor.

—Necesito irme, tengo una emergencia que atender.

Sigue sin decir nada.

—¡Por favor! Los bocadillos me sentaron mal y tengo unos asuntos pendientes en el baño.

—Puede ir a los de aquí, si quiere le ayudo a encontrarlos.

—¡No! —lo detengo antes de que pueda seguir —¿Acaso no ve en qué lugar estamos?¿Cómo cree que reaccionarían todos al escuchar a la esposa de Christian Sterling cagar?

Hace una mueca de asco.

—¡Mi reputación! —vocifero—¡O más bien la reputación de tu jefe estaría arruinada!

Dios, pero que complicados son de persuadir.

Entonces mis ojos se fijan en el nombre bordado sobre su pecho

—Patrick, te lo ruego por favor. —Uno mis manos en un gesto de súplica.

Duda unos segundos, se aprieta ligeramente el tabique de la nariz y finalmente asiente.

Me subo en el asiento trasero y no tarda en arrancar. El camino de regreso es una tortura total conmigo misma. Recuesto mi cabeza contra la ventana, conteniendo las lágrimas que amenazan con salir. Cuando llegamos, no espero quee abran y me bajo casi corriendo con los tacones en la mano. Nora sale cuando escucha la puerta, abre la boca queriendo decir algo, pero cuando me ve la cara no pregunta nada y su sonrisa se borra. Solo me mira con comprensión.

Subo a mi habitación, cierro la puerta y me quito el vestido con rabia, luego los pendientes y la cadena. Me siento frente al tocador y empiezo a desmaquillarme.

Mientras veo mi cara manchada de maquillaje en el espejo, solo puedo pensar:

No eres suficiente.

Nunca lo has sido.

Nunca lo vas a ser.

Él nunca te va a querer.

Este matrimonio fue un error.

Cuando termino, me meto en la cama y me envuelvo en las sábanas, por fin libero las lágrimas y lloro hasta quedarme dormida.

No sé cuánto tiempo pasa, tal vez una hora después, pero me sobresalto cuando la puerta se abre de golpe y me siento en la cama asustada, con un leve temblor.

—¿Qué pasa? —pregunto en jadeos cortos y tocándome el pecho.

—¿Quién te dio el jodido permiso de irte sin avisar? —brama Christian entrando furioso—¿Ya empezamos con las mentiras, querida esposa? Eso no augura nada bueno para un matrimonio.

Se acerca a la cama.

—De verdad me causa curiosidad de cómo lograste convencer al chófer de que yo estaba enterado

No todos son tan insensibles como tú.

Es lo que quiero decir.

—Yo… yo solo le dije que me sentía mal y por eso el me trajo—pero en su lugar digo esto.

—No te creo.

—Si no quieres creerme, es tu problema. No hay nada raro, ese fue el único motivo—respondo cansada. —Me sentaron mal los bocadillos y por eso me fuí.

Él me toma la mandíbula con la mano, obligándome a mirarlo.

—¿Ah, si? ¿De verdad piensas que esa es la razón?

—Sí —A pesar de todo mi voz suena firme.

—¿Estás tan segura de eso? —inquiere en voz baja, con un tono afilado — ¿O tal vez tú verdadero dolor fue el verme con otra mujer de una manera en la que tú jamás estarás?