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Capítulo 10: Sage

Las esposas de los Paterson — booknet.com · All chapters

Capítulo 10: Sage

alia se acurruca junto a mí en la cama mientras le acaricio el cabello. Aunque somos mellizas, siempre dice que es mi hermana menor porque nació tres minutos después que yo y, según ella, eso también explica por qué soy más madura.

No recuerdo muchas cosas de nuestra vida juntas en los últimos seis años, pero me alegra descubrir que algunas costumbres siguen intactas.

—Quiero volver seis años atrás, Sage.

—Lo sé.

—Al menos tu esposo no te ignora.

No puedo negar que tiene razón. Knox no me ignora, aunque sí es algo frío, distante y mandón, pero eso no lo hace mala persona y parece que duerme en casa todas las noches. Si bien, para él soy su esposa, pero para mí sigue siendo un hombre al que apenas conozco.

—Aun así, es extraño. Él está acostumbrado a mí, pero yo a él no. Es como si estuviera compartiendo mi vida con un desconocido.

Talia levanta la cabeza para mirarme.

—¿Te vas a acostar con él?

—Sabes que no me acuesto con alguien a quien apenas conozco.

—Bueno, no sé. Han pasado seis años, es tu esposo y ya lo han hecho. No lo recuerdas, pero quizá tu cuerpo sí.

—Ni lo menciones. Resulta que tenemos días programados y no sé qué excusa inventar para evitarlos.

—Di que tienes hongos o alguna infección. Así tendrás una buena razón para mantenerlo alejado durante un tiempo.

Niego con la cabeza, aunque su propuesta me provoca una sonrisa.

—No voy a inventarme una enfermedad.

—Solo intentaba ayudarte.

—Tú y tus ideas descabelladas—Talia se ríe conmigo y vuelve a acomodarse a mi lado. Es fácil hablar con ella, incluso cuando sus consejos no son precisamente los más sensatos—. Todavía no entiendo por qué seguiste casada con ese cretino, pero voy a ayudarte a conseguir el divorcio.

—Sí, ese tonto ladrón de besos. Espero que al menos tenga la decencia de no contagiarme nada—la miro con una sonrisa antes de que vuelva a recostarse y continúe con sus quejas—. Él hace su vida como si nada. Al parecer, la mía giraba alrededor de él, pero ahora que decido ocuparme de mis propios asuntos, se molesta. Es un hipócrita.

No alcanzo a responder porque la puerta de la habitación se abre y ambas nos quedamos quietas al ver entrar a Knox.

Me tenso un poco. Todavía no me acostumbro a encontrarlo en mi habitación, mucho menos a recordar que compartimos la cama.

—¿Qué haces aquí?

Él arquea una ceja, como si mi pregunta no tuviera ningún sentido.

—Aquí duermo. Debería preguntarte qué hace tu hermana en mi cama.

—Consolándola. ¿No deberías estar hablando con tu hermano idiota?

Knox guarda silencio unos segundos, se pasa una mano por el cabello y finalmente asiente.

—Ya hablé con él. Se comportará.

—¿También dejará de asaltar mis labios?

—Escucha, sé que las cosas no han sido justas para ti, Talia, pero estuviste de acuerdo con las condiciones cuando nos sentamos a hablar. Entiendo que quieras el divorcio, pero no es posible antes de los tres años, salvo que haya una infidelidad.

—Eso es fácil —respondo sin pensarlo demasiado.

Knox dirige su atención hacia mí.

—Roy ha salido de fiesta, pero no te ha sido infiel. ¿Olvidaste que lo mandaste a seguir durante meses, Sage?

Me quedo callada. ¿Lo mandé a seguir? ¿En serio hice eso? No sé qué clase de esposa era antes de perder la memoria, pero parece que no tenía demasiados reparos en vigilar al marido de mi hermana; o sea, no seguí al mío… Bueno, eso creo.

Al menos me tranquilizar saber que no me olvidé de mi hermana ni la dejé sola con sus problemas.

—¿Y eso qué tiene que ver? —interviene Talia—. Sigue saliendo de fiesta y paseándose con otras mujeres. A mí no me deja hablar con hombres y se enoja por una estupidez. Si no es impotente, no debería afectarle tanto ese comentario.

Knox suspira, aunque no parece dispuesto a discutir ese asunto e incluso contiene una sonrisa.

—Roy me pidió el divorcio varias veces.

—Lo pide cada vez que esa modelo aparece en su radar, pero ella no le conviene. Roy no me hace caso, así que decidí dejar de insistir. ¿Acaso olvidaste que te pedí que no le concedieras el divorcio todavía a cambio de una generosa compensación?

Talia me mira al terminar la pregunta, como si esperara que yo pudiera confirmar lo que acaba de decir. El problema es que estoy tan perdida como ella. Cada vez que Knox menciona alguna decisión de mi pasado, descubro que mi vida anterior tenía más acuerdos y complicaciones de los que imaginaba.

—No, no lo olvidé —responde Talia, aunque en realidad ella se acaba de enterar igual que yo—, pero hay límites.

—Roy prometió comportarse. Dale tres meses y, si sigue igual, podrán divorciarse. Él tendrá que asumir las consecuencias.

Abro la boca para responder, pero termino guardando silencio. No tengo intención de decidir por Talia, sobre todo cuando ni siquiera recuerdo qué fue lo que prometí.

—Es tu decisión —le digo cuando vuelve a mirarme.

Supongo que también estará preguntándose cuánto dinero implica esa generosa compensación. Yo quisiera saberlo tanto como ella.

—Bien, pero me darás esa compensación de todas formas—Talia parece haber llegado a una conclusión y se acerca un poco más a mí—. No tengo idea de cuánto es, pero si acepté esperar por ese dinero, debe ser una buena compensación. No creo haberme vuelto estúpida en los últimos seis años.

—¿Y tu dignidad, hermana?

Se encoge de hombros.

—Con la dignidad no me puedo comprar cosas—no puedo evitar reírme mientras ella mira a Knox—. ¿Qué dices?

—Muy bien, pero si en tres meses Roy cambia, seguirás con el matrimonio hasta el final.

—Está bien.

Knox parece dar por terminada la conversación y señala la puerta.

—Ahora vete a tu habitación y déjame dormir con mi esposa.

Niego con la cabeza, pero Talia se aferra a mí antes de que pueda decir algo.

—No me voy. Tuve una mala noche y voy a dormir con mi hermana.

La expresión de Knox cambia de inmediato.

—No lo acepto. Sal o te saco.

Talia se acomoda todavía más a mi lado, sin mostrar intención de obedecerlo y pasa una pierna sobre la mía, abrazándome como salvavidas.

—Knox, no te molestes. Es solo una noche. Puedes dormir con tu hermano o irte a otra habitación.

Él niega con la cabeza.

—No lo acepto. Ya habíamos acordado esto.

Otra cosa que acordamos y que tampoco recuerdo. Empiezo a sospechar que durante estos seis años firmé más pactos de los que debería. Espero no haber vendido mi alma en alguno de ellos, porque, por lo que estoy descubriendo, mi dignidad y mi virginidad ya quedaron atrás hace bastante tiempo.

—Eso fue antes y esto es ahora.

—Sage, acordamos que solo podían dormir juntas cuando yo estuviera fuera por un viaje de negocios. De lo contrario, tú duermes conmigo.

Abro los ojos, sorprendida por la información. Al menos nuestra costumbre de dormir juntas cuando alguna está triste o molesta sigue existiendo. Solo que ahora tiene condiciones y, por lo visto, Knox también tiene voz y voto en el asunto.

Es un alivio saber que nuestra relación de hermanas no cambió tanto durante estos años, aunque me habría gustado que alguien me explicara todas estas nuevas reglas antes de descubrirlas una por una.

Talia apoya la cabeza en mi hombro.

—Cuñado, no exageres. No te vas a morir por pasar una noche sin ella.

—Sí, tampoco es que durmamos abrazados y pegados toda la noche —intervengo, convencida de que es así o, al menos, de que eso es lo que hacemos basándome en estas pocas noches durmiendo juntos.

Knox destapa a Talia.

—No me importa. No voy a dormir en otra habitación como si mi propia esposa me hubiera echado de mi cama. No he hecho nada malo.

Talia hace una mueca y me mira, como si acabara de recordar que quizá Knox tiene algo de razón.

—Tiene razón.

—¿Qué?

—Voy a dormir a mi habitación. Si Roy está allí, lo echaré.

Intenta levantarse, pero la sujeto del brazo.

—No seas traidora.

Ella sonríe, bastante satisfecha con su decisión.

—Hermana, necesitas relajarte. Tienes abdominales gratis, aprovéchalos. No sigas mi ejemplo de sequía y celibato—se levanta de la cama y, antes de marcharse, mira a Knox—. Y tú no seas tan formal con ella. A veces parece que estás hablando con una empleada.

La miro con indignación, pero ya es demasiado tarde. Talia sale y cierra la puerta, dejándome sola con el hombre al que hace unos minutos quería mantener a cierta distancia.

Traidora. Eso es lo que es.

Knox comienza a quitarse el traje y trato de concentrarme en cualquier otra cosa, aunque no resulta sencillo. Tiene un cuerpo bastante atractivo y, por mucho que me incomode reconocerlo, no puedo evitar mirarlo.

—¿Por qué parecía que eras tú quien quería que Talia se quedara y no ella? —pregunta mientras termina de quitarse la chaqueta.

Trago saliva y aparto la mirada.

—¿Qué?

—¿Acaso hay algún problema entre nosotros? —se acerca a la cama y se detiene a escasos centímetros de mí—. Por momentos, diría que estás huyendo de mí.

—¿Huir? ¿Por qué haría eso?

Knox me observa como si esperara una respuesta más convincente.

—Bien. Entonces compláceme.

No tengo tiempo de inventar una excusa porque se inclina y me besa.

Me quedo inmóvil durante un instante, sorprendida por su atrevimiento. Sin embargo, cuando sus labios se encuentran con los míos, descubro que no me resulta tan desagradable como había imaginado. Hay algo desconcertante en su manera de besarme, una familiaridad que no puedo explicar porque no recuerdo haber compartido este momento con él.

Mis manos terminan apoyadas sobre su pecho y, casi sin darme cuenta, acaricio sus músculos. Tiene un cuerpo estupendo y es mi esposo, aunque esa última parte todavía me resulte difícil de asimilar.

Me aparto un poco para recuperar el sentido común y mirarlo.

—Hoy no es nuestro día asignado.

Knox sonríe, como si mi comentario no fuera precisamente el obstáculo que esperaba encontrar.

—El día asignado ya pasó, así que tenemos que compensarlo. ¿De acuerdo?

Mi primer impulso es decirle que no, pero cuando lo miro de nuevo, la negativa pierde fuerza. Todavía me resulta extraño estar casada con un hombre al que apenas recuerdo, aunque no puedo negar que me atrae. Y, a juzgar por la forma en que me besa, parece que no soy la única que quiere recuperar algo de lo que compartíamos.

Quizá debería pensarlo mejor, pero ya he pasado demasiado tiempo intentando comprender una vida que no recuerdo. Por ahora, prefiero dejar de hacerme preguntas.

Lo sujeto por el cuello y vuelvo a besarlo.

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Bueno, parece que Knox se salió con la suya. jeje

Espero les guste el capítulo.

Besos. Lirio