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Capítulo 2: Talia

Las esposas de los Paterson — booknet.com · All chapters

Capítulo 2: Talia

Observo a mi hermana caminar de un lado al otro mientras intenta procesar lo que acabamos de descubrir. Yo todavía no consigo asimilar que estemos en el año 2025, cuando nuestro último recuerdo corresponde a finales de 2019. No solo hemos pasado seis años al futuro, sino que también hemos pasado de vivir en Nueva York a hacerlo en Vancouver. A estas alturas, todo parece posible, aunque preferiría que alguien se molestara en explicarnos qué demonios está pasando.

—Según lo que encontré en internet, nuestra pequeña empresa de diseño y fotografía tuvo problemas durante la pandemia de 2020 y, para finales de 2022, estábamos casi en quiebra. Me casé con Knox Paterson a finales de 2023 y tú lo hiciste con su hermano Roy ese mismo día. Luego nos mudamos a Canadá y abrimos la empresa aquí con su ayuda.

—¿Por qué nos casamos con ellos? —Niego con la cabeza—. Son guapos y yo podría casarme con alguien solo por eso, pero tú no. ¿Qué te llevó a aceptar un matrimonio con un desconocido?

Sage suspira y toma asiento, frotándose las sienes.

—No estoy segura de nada.

—Espera, si viajamos al futuro, ¿significa que ya no tenemos veinticinco años, sino treinta y uno?

Me tapo la boca y corro hacia el espejo. Me examino el rostro de cerca, inclinándome para revisar las comisuras de los ojos. No encuentro arrugas profundas, pero unas pequeñas líneas me hacen fruncir el ceño.

—Tengo patas de gallo.

Mi hermana me observa con incredulidad.

—Hemos viajado en el tiempo de una forma inexplicable y estamos casadas con dos hombres que no conocemos. El mío es un empresario frío y complicado, y el tuyo, un playboy. ¿Y a ti te preocupan las arrugas?

Me doy la vuelta para mirarla.

—Oye, que a ti no te importen esas cosas no significa que a mí tengan que darme igual. Perdí parte de mis veinte y ahora tengo treinta y uno sin haberme enterado. Además, puedo aceptar que mi esposo sea guapo, pero que esté obsesionado con otra mujer es demasiado para mí. Tengo mis límites.

—Por lo que encontré, nos casamos por interés. Nos consideran cazafortunas en quiebra, aunque nuestra empresa consiguió remontar gracias al apoyo de los Paterson. Parece que ellos tampoco tenían una buena imagen pública, en especial Roy, y los matrimonios ayudaron a mejorarla.

Frunzo el ceño y le quito la tableta para buscar a mi supuesto esposo. Encuentro fotografías suyas en fiestas y publicaciones sobre su interés por una aspirante a modelo. Cuanto más leo, menos comprendo qué pude encontrarle a ese hombre, aparte de su apariencia.

—¿Seriedad? Según veo, mi esposo es un mantenido de su hermano que se pasa el día de fiesta, persiguiendo a una aspirante a modelo e ignorando a su esposa. Vaya ejemplo de responsabilidad—niego con la cabeza y le devuelvo la tableta a Sage—. No, tenemos que volver a 2019, evitar la crisis de esa pandemia y seguir solteras juntas, con nuestros gatos. Y, si no conseguimos regresar, al menos podríamos elegir mejores esposos. Me niego a ser la esposa de un playboy.

Sage se pasa una mano por el cabello y vuelve a mirar la pantalla.

—¿Y cómo volveremos? Ni siquiera sabemos cómo llegamos hasta aquí.

Me quedo pensativa unos segundos antes de volver a sentarme junto a ella.

—¿Y si en realidad no viajamos en el tiempo? Tal vez olvidamos estos seis años y nuestras mentes siguen en 2019.

Sage enarca una ceja.

—¿Por qué nos pasaría eso a las dos?

—¿Porque somos hermanas mellizas muy unidas? Estuvimos juntas en el vientre de mamá, aunque no compartimos el mismo saco.

—No lo sé —responde ella misma a su pregunta con un suspiro frustrado, llevándose las manos a la cabeza—. No sé qué creer ni qué pensar. Solo sé que no quiero un esposo al que no recuerdo y que, por lo que parece, se casó conmigo por conveniencia y no por amor.

Le tomo la mano y aprieto sus dedos. Después de la muerte de nuestros padres, hemos tenido que aprender a resolver muchos problemas sin contar con nadie más. No sé si esta vez podremos encontrar una solución, pero al menos no tendremos que hacerlo por separado.

—Tranquila, Sage. Superaremos esto, igual que superamos la muerte de nuestros padres y todas las dificultades que tuvimos después. El lado positivo es que estamos juntas. Imagina que solo una de nosotras estuviera en esta situación.

Sage me devuelve una sonrisa pequeña y asiente.

—Tienes razón.

—Podemos preguntarles a nuestros esposos.

La sonrisa desaparece de su rostro.

—Ni hablar. Pensarán que estamos locas. Además, si no estamos casadas por amor, dudo que les importe demasiado lo que nos pasa.

Un golpe en la puerta nos sobresalta. Sage da permiso para entrar y aparece de nuevo el ama de llaves. Todavía no consigo recordar su nombre, aunque supongo que eso no debería sorprenderme después de descubrir que tengo seis años de vida que no recuerdo.

—Disculpen, joven y señora. ¿Quieren desayunar? El joven Paterson sigue dormido y el señor Paterson ya se ha marchado.

Me inclino hacia mi hermana.

—¿Por qué te llama señora y a mí joven? Tenemos la misma edad.

—Roy es tres años más joven que Knox —responde Sage antes de volverse hacia la empleada—. Sí, gracias. Pero antes quiero preguntarte algo, Carmen. Nos gustaría conocer tu opinión sincera.

La mujer frunce el ceño, aunque espera con paciencia a que Sage continúe. Yo la observo con cierta inquietud. Espero que a mi hermana no se le ocurra contarle que creemos haber viajado en el tiempo, porque todavía no estoy preparada para descubrir qué tratamiento recomiendan para semejante problema.

—Dígame, señora.

—¿Cómo ves nuestros matrimonios? ¿Crees que son relaciones de verdad o que estamos juntos por conveniencia? Puedes hablar con confianza. Esto queda entre nosotras.

Me acerco a Carmen para dejarle claro que también quiero escuchar la respuesta.

—Exactamente. Queremos saber la verdad, aunque no sea agradable.

La mujer alterna la mirada entre ambas antes de contestar.

—El señor Paterson es reservado, pero puedo ver que se preocupa por usted —le dice a Sage—. En cuanto al joven Paterson...

Guarda silencio, y eso me basta para sospechar que la respuesta no va a favorecer a Roy.

—Solo dilo —la animo—. Es un irresponsable que se pasa el día de fiesta y suspira por otra mujer. No hace falta que lo protejas.

Carmen baja la mirada un instante.

—Joven Talia ha hecho todo lo posible por acercarse a él y conseguir que su relación mejore, pero no ha logrado mucho. Creo que ha sido muy paciente con el joven.

Me señalo el pecho.

—¿Yo he estado detrás de él? ¿He sido una arrastrada?

Sage se ríe y le lanzo una mirada de reproche antes de volverme hacia Carmen.

—¿Y él no ha hecho nada para corresponderle?

—No diría eso, señora, pero sí creo que ella se ha esforzado más que él. A mi parecer, el joven Paterson no tiene intención de cambiar.

No me gusta escuchar que he dedicado tanto tiempo a intentar conquistar a un hombre que parece preferir a otra mujer, aunque tampoco puedo culpar a Carmen por decirme lo que piensa.

—Entiendo —responde Sage—. Gracias por ser sincera. Ahora vamos a desayunar.

Carmen asiente y se retira. Cuando la puerta se cierra, me vuelvo hacia mi hermana.

—Al menos el tuyo parece preocuparse por ti. Yo, en cambio, he pasado quién sabe cuánto tiempo intentando enamorar a un hombre que suspira por otra. ¿Por qué haría algo así? No soy de las que se arrastra.

—Creo que hay muchas cosas que todavía no sabemos —responde Sage—. Y no estoy tan segura de que Knox se preocupe por mí. Hace un rato me dijo que, si no estaba lista, me arreglara por mi cuenta. No me pareció precisamente un gesto cariñoso.

—Quizá sea frío con todo el mundo. O quizá simplemente no le importas tanto como dice Carmen.

Sage me mira con el ceño fruncido, pero no responde. Es evidente que tampoco sabe qué pensar de su matrimonio, así que decido no insistir.

—Me da igual.

—¿Y qué hacemos ahora, Sage? —pregunto, apoyando las manos sobre las rodillas.

—Tenemos que averiguar cómo llegamos hasta aquí y qué ocurrió durante estos seis años. Mientras tanto, debemos ocuparnos de nuestra empresa. Seguimos teniendo un negocio de diseño y fotografía, y eso es algo que sabemos hacer.

Asiento. Al menos no tendremos que empezar de cero en todos los aspectos de nuestra vida.

—De acuerdo. Podemos trabajar mientras investigamos. En cuanto a nuestros esposos, el tuyo parece tener la cabeza ocupada con el trabajo y el mío está demasiado interesado en otra mujer. ¿Por qué no los ignoramos y vivimos nuestras vidas?

Sage parece considerar la propuesta antes de asentir.

—Podría funcionar. No tenemos por qué perseguirlos ni esforzarnos por mantener matrimonios que ni siquiera recordamos. Primero tenemos que recuperar el control de nuestras vidas.

Me encojo de hombros. La idea me parece bastante razonable, sobre todo porque no tengo ninguna intención de competir con una aspirante a modelo por la atención de Roy Paterson.

—Por mí no hay ningún problema. Por muy guapo que sea, no voy a arrastrarme detrás de él. Si quiere suspirar por otra mujer, que lo haga. Yo tengo mejores cosas que hacer.

Sage sonríe y se levanta para que podamos ir a desayunar.

—Esa es mi hermana. No esperaba menos de ti.

La abrazo, sintiéndome un poco mejor ahora que tenemos objetivos definidos.

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Jajaja veremos si pueden con sus objetivos y por los menos se tienen una a la otra.

¿Ustedes qué piensan?

Besos. Lirio