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Capítulo 7: Roy

Las esposas de los Paterson — booknet.com · All chapters

Capítulo 7: Roy

Brindo con mis amigos y termino mi chupito de tequila.

—Oye, Roy, ¿vas a ir a ver el desfile de Giselle el próximo fin de semana?

Me paso la lengua por los labios y asiento mientras dejo el vaso sobre la mesa.

—Por supuesto.

—Ya deberías olvidarte de ella. Si estuviera interesada en ti, ya habría aceptado salir contigo. —exclama Kevin

Sacudo la cabeza y suelto una pequeña risa.

—Mientras siga casado, no me hará caso. Me divorciaré pronto y entonces las cosas cambiarán.

—Tampoco mostraba interés cuando estabas soltero —comenta Jason, uno de mis amigos.

—Eso era porque estaba enfocada en su carrera.

—Lo dices como si Giselle no te agradara, Jason —interviene Kevin, otro de mis amigos.

Jason se encoge de hombros y bebe un poco de su cerveza.

—Solo pienso que no está interesada realmente en Roy y que él podría aprovechar que tiene una esposa guapa.

—¿Te parece guapa mi esposa? —pregunto entre risas.

—Sí, bastante.

—Pues puedes quedártela, si tanto te gusta —respondo mientras me sirvo otro trago—. Es demasiado pesada. Siempre está pendiente de mí y quiere saber dónde estoy y qué hago. Como sirvienta resulta útil, pero hasta eso termina cansando. No tiene vida propia fuera de su trabajo.

—Pues parece que ella decidió rendirse contigo —comenta Jason.

Levanto una ceja y lo miro con curiosidad.

—¿Por qué lo dices?

Me muestra su teléfono y veo una fotografía de una mujer hablando con un hombre. Estoy a punto de apartar la mirada cuando reconozco a la mujer. Me inclino un poco para observar mejor la imagen y entrecierro los ojos.

—Tu esposa se la está pasando muy bien con otro en el evento de la empresa familiar.

Sacudo la cabeza y me recuesto nuevamente en el asiento.

—Imposible.

—Es verdad —interviene Gerald—. Mi prima está en esa fiesta y anda circulando el rumor de que no funcionas en la cama. Al parecer, intentas ocultar ese problema jugando a ser un playboy, mientras tu esposa no se divorcia de ti por lástima.

Kevin suelta una carcajada y se acerca a Gerald.

—También dicen que, aunque tu esposa no te deja por compasión, parece que ya está cansada de la situación y busca otros hombres porque tiene necesidades físicas.

Aprieto los labios y miro a ambos.

—Imposible —repito, aunque esta vez mi respuesta suena menos despreocupada.

Saco el teléfono y reviso los mensajes de mi hermano, que llevo un buen rato ignorando.

Knox: ¿Dónde estás?

Knox : Si no vienes a hacer presencia, dejaré de limpiar tu imagen y estarás por tu cuenta.

Le respondo, pero mi hermano ni siquiera lee el mensaje. Lo llamo y, después de un rato, recibo una respuesta escrita.

Knox: Estoy ocupado y no tengo tiempo para tus estupideces.

Frunzo el ceño y vuelvo a leer el mensaje.

¿Solo eso?

Le pregunto por los rumores que están circulando, pero no recibo respuesta. Entonces decido llamar a Talia, porque seguramente ella podrá explicarme lo que está pasando. Debe de haber algún malentendido y me ayudará a resolverlo, pues le importa nuestra imagen y, sobre todo, me quiere. Lo de la otra noche no fue más que otro intento de llamar mi atención.

—¿Qué pasa, amigo? —pregunta Kevin—. ¿Ya perdiste a tu esposa sumisa?

Dejo el teléfono sobre la mesa y sonrío.

—Claro que no. Solo está enojada porque no fui al evento y quiere llamar mi atención. Ella misma se encargará de aclarar esos rumores, como siempre.

Para demostrarlo, la llamo y activo el altavoz para que mis amigos puedan escuchar. Quiero que vean lo fácil que es manejarla y que comprueben que sigue siendo la misma mujer de siempre.

—Hola.

—Talia, ¿qué es eso que anda diciendo la gente de que no funciono en la cama? Ve y diles a todos que es mentira.

—Lo siento, no me gusta mentir.

—No es mentira.

—¿Cómo voy a saberlo? No estuve contigo.

Aprieto los labios y miro de reojo a mis amigos, que intentan contener la risa. No esperaba que respondiera de esa manera y mucho menos delante de ellos.

—Claro que no, porque no te deseo. No puedes decir que soy impotente solo por eso.

—¿Qué otra cosa podía decir? ¿Prefieres que cuente que en realidad nunca consumamos nuestro matrimonio porque te casaste conmigo por interés y estás enamorado de otra mujer? Si no te importa quedar como un desalmado infiel, puedo aclararlo ahora mismo.

Mis amigos vuelven a reírse. Aprieto la mandíbula antes de quitar el altavoz y apartarme un poco para hablar con mayor tranquilidad.

—Talia, no me provoques. Si haciendo esto piensas que voy a acostarme contigo, no conseguirás nada. Eres la última mujer de la tierra con la que estaría.

—¿De verdad crees que me esforzaba porque estoy enamorada de ti? —Suelta una carcajada—. Lo hacía porque era un acuerdo entre las familias. Pero fracasé por completo y no pienso permitir que la gente se burle de mí mientras tú te das la gran vida.

Frunzo el ceño y me quedo callado unos segundos. ¿Un acuerdo? Apenas recuerdo los detalles de lo que firmé antes de casarme, pero no entiendo por qué está sacando ese tema ahora.

—Estás mintiendo.

—No lo hago, pero si eso calma tu ego, piensa eso. Ahora mismo quiero el divorcio.

Se me escapa una pequeña risa incrédula, aunque enseguida vuelvo a fruncir el ceño.

—¿Tú quieres el divorcio?

—Según el contrato, si me eres infiel, podemos divorciarnos sin problemas y tendrás que pagarme la indemnización correspondiente. Así que, cuando quieras, firmamos el divorcio y cada uno sigue con su vida. Tú con tu modelo y yo con alguno de los hombres guapos que acabo de conocer.

—¿Qué hombres guapos? —pregunto, incorporándome en el asiento.

—Hombres de verdad que saben lo que quieren, no niños mimados que solo buscan divertirse.

Aprieto los dedos alrededor del teléfono y miro hacia la mesa, donde mis amigos siguen pendientes de mí.

—Talia…

Escucho que un hombre le pregunta si quiere salir a tomar un poco el aire y conversar. Enderezo la espalda y frunzo el ceño. No me gusta que esté con otro hombre, mucho menos que parezca tan cómoda en su compañía.

—Diviértete con tus amigos. Voy a colgar. El lunes hablamos del divorcio.

—Talia…

Me cuelga y maldigo en voz alta mientras aparto el teléfono de mi oído.

¿Acaba de colgarme? ¿Y encima piensa salir a tomar el aire con otro hombre? Ni hablar. Yo he salido con muchas mujeres, pero nunca me he quedado a solas con ninguna en un lugar público y siempre he sido cuidadoso con lo que hago en privado. Ella no puede permitirse ese tipo de comportamientos. Sigue siendo mi esposa y no voy a aceptar que me falte al respeto de esa manera.

—¿Qué pasa, Roy? Parece que tu esposa se rebeló.

Bloqueo el teléfono y regreso junto a mis amigos, intentando recuperar la tranquilidad.

—Está enojada porque no fui al evento y quiere llamar mi atención —respondo mientras me sirvo otro chupito de tequila y me lo bebo de un trago.

—¿Vas a ir a buscarla? —pregunta Jason.

Niego con la cabeza y dejo el vaso sobre la mesa.

—No. Lo que quiere es atención y no pienso darle el gusto. Si cree que voy a caer en su juego de intentar darme celos con otro hombre, está muy equivocada.

Mis amigos siguen hablando y comentan que quizá Talia no está fingiendo, que tal vez se cansó de mí y finalmente llegó a su límite. Suelto una risa y me acomodo en el asiento, aunque no tengo tantas ganas de participar en la conversación.

Yo no lo creo. Lleva un año detrás de mí, pendiente de cada cosa que hago y buscando cualquier oportunidad para acercarse. ¿Por qué iba a rendirse precisamente ahora?

Sin embargo, no puedo dejar de pensar en lo que dijo sobre el acuerdo con mi hermano. Debo admitir que no sé demasiado al respecto. Firmé el contrato, pero apenas lo leí porque me daba igual. Solo recuerdo que, si quería recibir el dinero, debía casarme y permanecer al menos tres años casado. Mientras tuviera el dinero y mi esposa no me causara problemas, nunca vi cuál era el inconveniente, pero ahora no dejo de pensar en ese maldito acuerdo.

Vuelvo a llevarme el vaso a los labios, aunque decido detenerme antes de terminar borracho. Gerald me muestra otra fotografía que le envió su prima. En ella aparece Talia bailando con el mismo hombre con el que estaba hablando.

Me acerco para observarla y paso el pulgar por la pantalla, ampliando la imagen. No sé quién es ese tipo ni qué pretende con mi esposa, pero no me agrada verlo tan cerca de ella.

Intento ignorarla y seguir con la conversación, pero la imagen no deja de rondarme la cabeza. Doy un vistazo a mi teléfono por si Talia ha enviado algún mensaje, aunque no encuentro nada.

No entiendo por qué tendría que importarme con quién está ni por qué me molesta tanto verla sonriendo junto a otro hombre. Al final, termino poniéndome de pie y agarro las llaves.

—Me voy.

—¿Vas detrás de tu esposa? —pregunta Jason con una sonrisa burlona.

—Sí. No voy a permitir que ande diciendo por ahí que soy impotente y que todos me llamen cornudo.

Kevin suelta una carcajada y levanta su vaso.

—¡Luego nos cuentas!

Lo ignoro y salgo del lugar.

Iré a ese evento aburrido y dejaré muy claro que no pienso tolerar que mi esposa me humille delante de todo el mundo. Si Talia cree que puede hacer lo que quiera y tratarme como si ya no tuviera nada que ver con ella, está muy equivocada. Todavía estamos casados y tendrá que recordar que no puede dar por terminado nuestro matrimonio sin que yo esté de acuerdo.

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Bueno, parece que Roy no acepta que Talia está decidida a dejarlo.

¿Qué pasará?

Besos. Lurio.