Capítulo 8: Knox
Capítulo 8: Knox
Hago chocar mi copa con la del señor Bublé y me giro para buscar a Sage, a quien encuentro comiendo pastel cerca de la mesa de dulces, como si hubiera elegido ese rincón para evitar cualquier intento de socialización.
Sin duda, mi esposa ha estado extraña. Me recuerda a los primeros días de convivencia después de casarnos, cuando todavía parecíamos dos desconocidos obligados a compartir techo.
Tal vez se deba a que su hermana se cansó de mi hermano, pues no creo que ella se haya cansado de mí. Al menos, no tengo motivos para pensarlo.
Saco el celular y le pregunto a la IA cómo saber si tu esposa se ha cansado de ti. Entre las respuestas aparecen algunas señales: buscar excusas para evitar la intimidad, no mostrar interés cuando te acercas a otras mujeres, comportarse con indiferencia, responder de manera cortante y dejar de interesarse por tu vida.
Levanto la mirada de la pantalla y observo a Sage. Está demasiado concentrada en su pastel para notar que la estoy examinando. Suspiro y guardo el teléfono. No sé qué esperaba encontrar en una búsqueda de internet, pero definitivamente no necesitaba una lista de razones para preocuparme.
Nunca hemos sido un matrimonio especialmente pasional. Me he contenido en la cama, aunque nuestra convivencia ha sido bastante buena. Nos llevamos bien, compartimos conversaciones y, hasta hace poco, no tenía la impresión de que necesitáramos esforzarnos para estar juntos.
Camino hacia ella y me detengo a su lado.
—¿Está bueno el pastel?
Asiente mientras termina de masticar.
—Muy bueno. Me encanta.
—Una lástima que no haya pastel de limón.
Frunce el ceño y mira los dulces que tiene delante.
—Sí… ¿Te gusta ese?
—No, es tu favorito. Yo no como pastel.
Levanta la mirada hacia mí, aparentemente sorprendida.
—¿Cómo sabes que es mi favorito?
—Porque soy tu esposo y llevamos un año juntos.
Asiente despacio, como si acabara de recordar un dato sin demasiada importancia.
—Esposos por contrato.
Me paso la lengua por los labios, molesto porque todavía me considere de esa manera, aunque sea cierto. No entiendo por qué me afecta tanto que sea fría conmigo. Nunca fue especialmente cariñosa ni me prestó la atención que mi cuñada suele dedicarle a mi hermano, pero al menos podíamos mantener una conversación sin que pareciera una obligación.
—Sage…
—Hola, Knox. Tanto tiempo.
Giro para ver quién me habla y reconozco a Sabrina, la hija de una de las amigas de mi madre. Fue una de las mujeres con las que intentaron organizarme una cita antes de que me casara con Sage.
—Hola, Sabrina.
—Me llamo Sabina, sin erre.
—Oh, claro. Lo siento.
—No importa —responde mientras me toma del brazo, sin reparar demasiado en que mi esposa está a mi lado—. ¿Quieres bailar conmigo? Podemos ponernos al día. Como estuve fuera, no hemos tenido oportunidad de vernos.
Aparto el brazo con discreción y me aclaro la garganta.
—No creo que sea apropiado. —Me acerco un poco a Sage, que está observando el salón—. Estoy con mi esposa, Sage. ¿La recuerdas?
Sage gira hacia ella y le sonríe con educación.
—Hola.
Sabina la repasa con la mirada antes de asentir.
—Hola. Me había olvidado de que te casaste. No salen mucho en público —comenta, como si acabara de descubrir una información interesante—. ¿Sage, me prestas a tu esposo para un baile? Él y yo nos conocemos desde hace años. Nuestras madres son amigas. Seguro no te importara.
Espero que Sage intervenga, que le recuerde a Sabina que soy su esposo y que no tiene ninguna intención de prestarme para un baile. Sin embargo, ella suelta una pequeña risa.
—¿Por qué me preguntas a mí? Si quieres bailar con él, pregúntale a él. Ni que fuera un objeto para decidir si lo presto o no.
Sabina se queda sin palabras y me mira, probablemente esperando que yo resuelva la situación. Sage, por su parte, vuelve a prestar atención a su plato, como si ya hubiera terminado de participar en la conversación.
Me inclino ligeramente hacia mi esposa.
—¿No te importa que baile con ella?
—¿Por qué me importaría? Se conocen desde hace años, ¿no? Además, sé que no puedes serme infiel sin asumir las consecuencias. Si lo haces, tomaré el dinero y me iré. No veo cuál es el problema.
La observo durante unos segundos, intentando descubrir si habla en serio o si está poniéndome a prueba. Fue ella quien me dejó claro que debía mantener una distancia apropiada con otras mujeres para evitar malos entendidos y ahora parece estar invitándome a los brazos de otra.
—¿Estás segura? No quiero reclamos después.
—Haz lo que quieras, Knox. No soy tu dueña. Si quieres bailar, hazlo. Si no quieres, no lo hagas. No me uses de excusa para tomar una decisión —responde con fastidio mientras deja el plato vacío sobre la mesa—. Voy a ver qué hace mi hermana porque temo que se meta en problemas.
Se marcha sin esperar una respuesta y tengo que contenerme para no decir algo de lo que pueda arrepentirme. Me quedo unos segundos mirando el lugar donde estaba, preguntándome en qué momento una conversación sobre un baile terminó recordándome que mi matrimonio tiene fecha de vencimiento si alguno decide incumplir el contrato.
—Knox, a tu esposa no le importa. Sé que se casaron por arreglo, no por amor, así que…
Vuelvo la mirada hacia Sabina.
—No me interesa bailar contigo. No pierdas el tiempo. Ve a buscar hombres solteros que puedan prestarte toda su atención.
No espero a escuchar su respuesta y sigo el mismo camino que tomó Sage. De pronto, bailar es lo último que me apetece.
Tal vez no es que no le importe. Quizá simplemente no quiere quedar como una esposa celosa y controladora. Puede que me haya dejado decidir para comprobar si realmente estaba dispuesto a bailar con Sabina o no. Aunque, si esa era su intención, podría haber elegido una forma menos confusa de averiguarlo.
Mi celular vibra en el bolsillo y respondo mientras busco a Sage entre los invitados.
—Hola.
—Por fin atiendes —dice Roy—. Estoy afuera y no me dejan entrar porque no estoy en la lista.
—No estás porque dijiste que no vendrías.
—Vine y soy tu hermano. Ven.
Sonrío, exhalo y cambio de dirección para dirigirme a la entrada antes de que mi hermano decida convertir un inconveniente con los guardias en el espectáculo de la noche.
—Voy.
Cuelgo y llego hasta donde Roy espera con expresión de pocos amigos. Parece un león enjaulado, aunque conozco lo suficiente a mi hermano para saber que su mal humor suele tener más que ver con no conseguir lo que quiere que con algún problema verdaderamente importante.
Es tan inmaduro y caprichoso que comienzo a pensar que fue un error obligarlo a casarse y darle acceso al dinero. Quizá debimos empezar por enseñarle a comportarse como un adulto.
—Ahí está mi hermano. Es el anfitrión —les dice a los guardias, señalándome como si acabara de presentar una credencial.
—Déjenlo pasar.
Roy se acerca y mira por encima de mi hombro.
—¿Dónde está mi esposa?
—Adentro, en el salón.
Rueda los ojos.
—Muy gracioso. Anda diciendo que no funciono en la cama y está tomando el aire con otro hombre.
Abro la boca, sorprendido. No había escuchado nada parecido, aunque tampoco me extrañaría que Roy hubiera conseguido meterse en algún problema por su propia cuenta.
—Bueno, sobre lo de que no funcionas en la cama, no he escuchado nada. En cuanto a que está tomando el aire con otro hombre, mamá ha estado presentándole a algunas personas. Tu esposa ha tenido que soportar demasiadas burlas desde que la dejaste sola, así que intenta distraerla.
—Ya vine, así que dime dónde está.
Lo tomo del brazo antes de que se adelante.
—¿Qué vas a hacer? Nunca te ha importado demasiado lo que hace Talia.
—Eso no significa que deba andar esparciendo mentiras por ahí y coqueteando con otros.
Lo miro de arriba abajo, preguntándome si se escucha cuando habla.
—Estás siendo hipócrita justo ahora. Tú coqueteas con otras mujeres y no te importa lo que ella piense.
—No he estado a solas con ninguna mujer en público. Siempre estoy en grupos de amigos.
—Eso no significa que la gente no hable.
Se suelta de mi agarre y se acomoda el saco.
—Me da igual. Voy a buscarla.
—No voy a detenerte, pero si haces un escándalo aquí, me verás muy enojado.
—No lo haré. Mejor ve a descongelarte y sigue fingiendo que eres el esposo perfecto con tu esposa. Te das demasiada importancia por tener buena reputación, pero está claro que ustedes tienen menos emoción que un niño en un carrusel.
Se marcha sin esperarme y me quedo mirándolo, intentando entender qué tiene que ver mi matrimonio con su incapacidad para comportarse.
¿Qué quiso decir con eso? ¿Acaso porque no salimos de fiesta ni nos besamos apasionadamente somos aburridos? ¿Sage pensará lo mismo?
—Knox, ¿y Sage?
Me giro y encuentro a mi madre acercándose con una copa en la mano.
—Mamá, ella… ¿No estabas con Talia?
Sonríe como si acabara de recordar algo agradable.
—Sí, pero la dejé hablando con Gideon Terren. Es un amante de la fotografía y Talia es fotógrafa. Tienen cosas en común.
Entrecierro los ojos.
—¿Acaso le estás buscando candidato a tu nuera?
—Pues claro. Haz que tu hermano se divorcie de ella para que ambos sean felices. Talia es una buena chica y merece a alguien que la quiera. Tu hermano está embobado por esa modelo de segunda clase a la que solo le interesan la fama y el dinero.
La miro sin poder creer que mi propia madre esté buscando pareja para su nuera mientras todavía sigue casada con su hijo. Uno cree haberlo visto todo y luego aparece mi madre, dispuesta a organizar una nueva vida sentimental sin molestarse en consultar a los involucrados.
—Roy está aquí y algo alterado. Con lo caprichoso que es, no quiero que haga un escándalo —le advierto—. Deja de echar leña al fuego. Si sigues así, voy a pensar que también quieres que me divorcie de Sage para empezar a presentarle hombres.
—No, lo de ustedes es diferente. Veo que ella te gusta, pero si no te sueltas un poco, terminará cansándose de ti.
Frunzo el ceño.
—¿Soltarme?
—Sí, Knox. No puedes pasarte la vida comportándote como si estuvieras en una reunión de negocios. A veces hay que disfrutar, divertirse y demostrarle a tu esposa que estás feliz de estar con ella. No la has invitado a bailar ni una vez—abro la boca para responder, pero mi madre ya está mirando por encima de mi hombro—. ¡Oh, mira! Ahí está mi amiga Susan. —Me da una palmada en el brazo—. Te dejo el drama de tu hermano en tus manos. Él me saca arrugas y esta noche prefiero evitarlas.
Se marcha con una sonrisa, como si no acabara de dejarme con más problemas de los que tenía antes de hablar con ella.
Me paso una mano por la nuca y miro hacia el salón. Mi madre tiene algunas neuronas sueltas y mi hermano parece haber heredado unas cuantas de ella. Sin embargo, hay algo que no consigo sacarme de la cabeza.
¿Y si mamá tiene razón? ¿Y si Sage está cansándose de mí?
Miro hacia donde vi a mi esposa por última vez. Empiezo a sospechar que necesito algo más que una búsqueda en internet para entender a las mujeres, y mucho más para entender a la mía.
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Jajaja Knox está más perdido que caballo en el tejado. La cuñada coqueteando con otro, el hermano que es un desastre, la madre que no se quiere meter y les busca novios a sus nueras y la esposa que lo ignora.
Dejo que ustedes comenten.
Besos. Lirio