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CAPÍTULO 5.

Lazos Marchitos 18+ — booknet.com · All chapters

CAPÍTULO 5.

Años atrás.

—Hoy fue un día bastante productivo, ¿no es así?

No hubo respuesta ni tampoco la esperaba, después de terminar de regar hasta la última flor seguí tarareando una de mis canciones favoritas. No tenía idea si a mis chicas les gustaba o no. Pero por como crecieron últimamente parecía agradarles, detuve mi faena al reparar en la hora, demonios, era muy tarde. Mejor iría a descansar y mañana continuaría con esto.

Despidiéndome de mis bebés fui directamente a mi auto. Por suerte mi padre estaba de viaje y no le escucharía su regaño por estar hasta tan tarde aquí. Con los cuarenta y cinco minutos de trayecto, ciertamente estaría en casa pasada la medianoche. Aun así odiaba dejar el trabajo a medias. A medio recorrido y de la nada el motor dejó de funcionar. ¿Qué rayos? Me orillé lo mejor que pude, menos mal porque luego aunque lo intenté varias veces mi auto no volvió a encender.

¿Era en serio?

No tenía idea de qué hacer en estos casos, todo estaba extremadamente oscuro aunque era una carretera bastante transitada. Me bajé rebuscando en mi bolso mi móvil para llamar a una grúa, un taxi o algo así. La pantalla estaba apagada, recordé entonces que la batería estaba muerta. Iba a cargarlo en la tarde y se me olvidó por completo.

Cielos, ¿qué haría ahora?

Quizás esperaría a una patrulla de policía o alguien que pudiera prestarme un móvil.

—Oh, Ada, a veces eres tan descuidada. —Me regañé a mí misma.

Dos autos pasaron por la vía rápida y ni siquiera parecieron notar mi presencia a un lado, suspiré realmente esperando a una patrulla o algo así. Cinco minutos después o quizás un poco más pude ver las luces de otro vehículo, este se adelantó al mío orillándose también. Era una camioneta último modelo. Las puertas se abrieron dejando ver a dos hombres; estos se encaminaron directamente hacia mí.

—Buenas noches —dijo el primero cuando se acercó lo suficiente—. ¿Problemas?

—Buenas noches —respondí—. Sí, mi auto solo decidió no funcionar y no sé qué pasó. ¿Puede prestarme un móvil?

Él y su compañero intercambiaron una mirada.

Entonces, fue el segundo quien respondió.

—Por supuesto, ¿me acompañas a buscarlo?

Hubo algo en ese intercambio que activó todas mis alertas. Jamás he sido una persona sumamente perceptiva pero esto era imposible de ignorar.

Retrocedí un paso. —O mejor espero a la grúa, ya debe estar por llegar.

—Oh, vamos, cariño. ¿Piensas que te haremos daño?

Tragué grueso. —No, por supuesto —mentí—. Pero me siento mal por interrumpirlos de su camino. Quizás lo mejor sea que continúen, muchas gracias por su preocupación.

Ambos avanzaron hacia mí. Toda la actitud afable desapareció de sus expresiones y por supuesto lo sentí en lo más profundo de mi ser, ellos ya tenían un plan para mí. Retrocedí sin poder evitarlo, en cuestión de segundos estaba casi en medio de la carretera rogando al cielo porque alguien, quien fuera, pudiera ayudarme.

El segundo sonrió. —Qué grosera, nos detuvimos solo para ayudarte.

—Lo lamento. Sigan su camino, será lo mejor para todos.

—Deberías al menos mostrarnos un poco de agradecimiento. Sobre tu espalda, por ejemplo.

Mierda.

Pues bien, tendría que correr. Me giré para hacerlo cuando las luces de un auto me cegaron; alguien venía. El sonido de su claxon fue tan potente como sus luces y por suerte no siguió de largo ni me arrolló por estar interfiriendo en su camino. Se detuvo justo detrás de mí.

—¿Estás bien? —murmuró una tercera voz masculina, era profunda y suave. No podía ver su rostro porque las luces aun me tenían aturdida. Oí abrirse la puerta del auto.

—Ella lo está —respondió alguien a mi espalda.

—Oh, entiendo.

—No lo estoy —dije, mi voz salió temblorosa, tan asustada como me sentía.

Un segundo y luego: —Ya la oyeron, señores.

—Esta perra loca —respondió uno de ellos—. Solamente le preguntamos si estaba bien. No sé qué quiere insinuar.

—Yo…

—No pierdan su tiempo —dijo el recién llegado. —Mejor váyanse y se evitarán acusaciones sin fundamentos, ¿no lo creen?

—O quizás debamos enseñarle a decir la verdad.

—¿Eso quieres?

—Yo no estoy mintiendo —reiteré sintiéndome más vulnerable, si al principio no creí tener oportunidad ahora era mucho peor.

—De acuerdo, me estoy hartando de ustedes dos —musitó el hombre sin parecer realmente molesto, su tono seguía siendo bajo, comedido, casi como si estuviera aburrido—. O se van por su cuenta y yo les obligaré. La segunda opción es la que menos recomiendo.

—Elijo la segunda niño bonito, veamos si eres tan valiente.

Su reto no me sorprendió. Claro, ellos eran dos, cuando oí cerrarse la puerta de su auto perdí toda esperanza. Obviamente ninguna persona arriesgaría su integridad por la de otro que ni conoce, sinceramente pensé que se iría hasta que las pisadas en el asfalto resonaron en mi aturdida cabeza. Él no se fue. De hecho, se acercó más dejándome verle por fin.

Joder, pude notar que era alto y no solo eso, en sus manos tenía algo parecido a un palo de golf. Pero fue un vistazo rápido antes que se lanzara hacia adelante directamente a los hombres; con una mezcla entre incredulidad y asombro lo seguí con la mirada mientras golpeaba a uno y después a otro utilizando el objeto en sus manos como si fuese un arma. Los tipos intentaron defenderse del ataque quitándole el palo. Fue entonces cuando él decidió usar sus puños y les fue peor.

No se convirtió en una pelea en toda regla porque uno de ellos decidió que el esfuerzo no valía la pena. Salió huyendo siendo seguido por su compañero, por un instante pensé que darían la vuelta en su auto para arrollarnos en represalia, él también porque se apresuró a recuperar su arma. Sin embargo, no tenían esas intenciones pero aceleraron para alejarse, él se quedó varios segundos observando mientras el auto se perdía de nuestra vista.

Luego, se giró y nuestras miradas se encontraron en la distancia.

Aparte del profundo agradecimiento que sentía por su acción heroica no pude evitar notar lo atractivo que era. —¿Estás bien? —repitió desde una distancia prudencial.

Parpadeé. —Ahora sí.

Asintió. —Voy a estacionarme bien, ¿de acuerdo? Lo menos que se necesita es un accidente.

Trotó hacia su vehículo que aun continuaba con las luces encendidas y lo estacionó velozmente detrás del mío. En tanto yo caminé de nuevo hacia la orilla. El hombre se bajó rápidamente con su móvil en la mano y se acercó a mí. Vestía un elegantemente traje, sus movimientos eran veloces; su expresión no mostraba absolutamente nada.

Se acercó escaneando mi rostro como si quisiera asegurarse de mi bienestar y aunque vi sangre en sus nudillos no tuve el valor para preguntar si era suya o de ellos.

—Gracias —susurré—. Eso fue impresionante. Muchas gracias.

—No te preocupes. Tendré esto cerca por si regresan, ¿de acuerdo? No tengas miedo.

Mi cuerpo se estremeció ante su cercanía, notándolo retrocedió dos pasos.

—Mi móvil no funciona, ¿tú podrías…?

—Por supuesto. —Me lo tendió desbloqueado y con dedos temblorosos decidí llamar al seguro. La operadora me explicó, un tanto sorprendida, que mi auto tenía un sistema para avisarles directamente en este tipo de casos. ¿Cómo demonios no sabía algo así? Mis mejillas se sonrojaron porque seguramente él escuchó todo. Le devolví su aparato apenas finalizó la llamada. —Ya vienen en camino.

—Genial.

—Si quieres irte…

Negó con la cabeza. —No se sabe si esos tipejos quieran regresar. Aquí me quedo hasta que seas atendida.

Guapo y amable, cielos, una combinación letal. Se llevó las manos a su cabello oscuro para peinarlo. Me enfoqué en eso para no pensar en lo que pudo ser de mí si él no se hubiera acercado a salvarme. Estaba un poco loco por aventurarse de esa manera, pero sinceramente lo agradecía.

—Te lo pagaré —afirmé de pronto.

—¿Disculpa?

—Tu palo se dobló —dije rápido y por alguna razón la esquina de su boca se elevó—. Seguramente se dañó… yo te lo pagaré.

Ladeó la cabeza. —¿Cómo te llamas?

—Ada.

Una de sus cejas oscuras se arqueó. —Mucho gusto, Ada. Mi nombre es Richard —habló calmadamente como si esta situación no fuese una completa locura. —Y no te preocupes por esto. —¿Cómo no? Esos artefactos no eran precisamente baratos, lo sabía perfectamente porque mi padre les obsequiaba de esos a sus amigos y casi siempre yo era quién los compraba.

Le vi recostarse en su auto observándome detenidamente, no de una manera extraña sino más bien con curiosidad.

Su atención me puso tan nerviosa que solté: —Creí que ellos me ayudarían, jamás imaginé que, ya sabes, me dirían que debía agradecerles sobre mi espalda —solté.

Entrecerró los ojos. —¿Eso te dijo?

—Desagradable, ¿verdad?

—Qué lástima no poder dar con ellos para explicarles que esas cosas no se le dicen a una dama —musitó casi con pesar.

Carraspeé al notar la sombra en su expresión.

—¿Vienes de un partido? —cuestioné para cambiar el tema lanzándole un vistazo al objeto en sus manos.

—No, jugué esta mañana. Estuve trabajando hasta hace poco.

Por suerte para mí.

Parpadeé rápidamente. —Oh, qué bueno.

—Oye —llamó con una voz muy, muy suave—. No llores, estás a salvo. Si quieres, ten. —Me ofreció el objeto.

Y esas palabras junto con ese gesto me llevaron al borde.

—Lo siento. Normalmente soy una llorona. Antes sentí tanto miedo y ahora tanto alivio que no sé cómo…

—Respira conmigo —pidió—. ¿Bien? Sígueme.

Entonces tomó una respiración profunda, retuvo el aire y luego lo soltó lentamente. Repetimos como unas cinco veces el mismo procedimiento. Para cuando los del seguro llegaron con una grúa ya yo estaba lo suficientemente calmada para explicar la situación. Richard se quedó dónde estaba mientras ellos hacían todas las revisiones, cuando llegó la hora de despedirnos él extendió la mano hacia mí.

—Me habría encantado conocerte en condiciones menos peligrosas, Ada.

—Igualmente. No sé cómo agradecerte.

Cuando hicimos contacto fue como si una corriente nos envolviera, hubo una chispa, algo allí que ninguno pudo ignorar. Lo supe porque él sonrió. —Yo sí. ¿Me das tu número de teléfono?

Por supuesto que sí.

Me sentía muy emocionada por la oportunidad de vernos de nuevo, parecía un hombre inteligente e interesante. Alguien difícil de olvidar.

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Les confieso que este es uno de mis capítulos favoritos y no será el único. Para que entiendan mejor el presente también necesitamos irnos al pasado y ver la interacción entre ellos.

¿Qué les pareció?