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12. Ángel

Los Hermanos Moore 18+ — booknet.com · All chapters

12. Ángel

🔥🔥AMUND🔥🔥

Ya es otro día y todavía no puedo dejar de pensar en lo majestuosa que se veía con una simple camisa negra de Nirvana , pantalones amarillos que en otras ocasiones hubiese tildado de horrendos y esas medias de los Simpson , que joder, no logro entender como una vestimenta tan común puede verse tan espectacular en ella.

Y luego está ese jodido beso, que me escogiera como el primero, no debería hacerme sentir especial, pero cuando sus pequeños brazos se enredaron en mi cuello, por primera vez en mi vida no supe cómo reaccionar ante una mujer.

Fue una explosión de dulzura, suavidad y exquisitez, una combinación inocente y seductora cuando su boca me tocó por primera vez. Luego lo hizo con mis hermanos y lejos de sentirme celoso, mi corazón explotó de orgullo al darme cuenta de lo bien que reacciona a nosotros, a nuestro tacto y a nuestra particular posesividad.

En cuanto a mi pasado amoroso, si he tenido alguna que otra aventura, pero nunca una que me hiciera desear algo aun sin haberla tocado, nunca una que me empujara a arrodillarme solo con un beso y jodidamente lo hice.

Me arrodillé por ella ayer y no me arrepiento ni un solo segundo de aquello. Lo único que verdaderamente lamento es no habérmela montado en el hombro y haberla llevado a mi casa conmigo.

Cuando el ascensor se abre y deja ver que ella ha llegado a su puesto de trabajo, como siempre ha debido ser , todos salimos de la oficina para esperarla en su escritorio. Sí, se supone que ella debe llegar primero que nosotros por reglamento y bla, bla, bla…

Pero cuando eres el jefe haces lo que te da la gana y ahora nos ha dado la gana de despertarnos en la madrugada para llegar primero que ella y esperarla con el café que le gusta y unos cupcakes que le hizo Aksel.

Su mirada cae en nosotros y por un momento detiene su delicioso andar para observarnos a través de sus lentes de sol. Viene ataviada de un hermoso pantalón que abraza su pequeña cintura y remarca su estilizada figura con una elegancia sin igual. Es justo lo que hace que mi corazón retumbe con fuerza.

Demostrar cualquier emoción para mí nunca ha sido sencillo, me conocen por ser un hijo de puta despiadado, sin sentimientos, pero con esta mujer es difícil ocultar lo mucho que alebresta mis sentidos. Ella ha llegado a causar un terremoto en mi monótona vida y como me encanta que sacuda mis bases.

—Buenos días, señores Moore —su vocecita educada y la manera formal en la que nos saluda me desencaja por completo.

Puede que sea mi culpa que haya imaginado que llegaría reclamando un abrazo de todos mientras nos daba nuestros besos de buenos días.

Vive de ilusiones y muere de decepciones, es así.

—Buenos días, sirena —Aksel lleva la delantera mientras le entrega la caja repleta de cupcakes.

—Buenos días, cariño —sigue Arthur, quien le tiende el café con azúcar y vainilla que sabemos, le gusta.

—Hola, nena —Aleksander saca una rosa amarilla de Dios sabrá donde y se la tiende. Ella la toma, la impresión en su rostro por la manera en la que la recibimos es épica.

—Buenos días, hermosa… tengo algo para ti también —le digo y saco la caja larga de mi saco para mostrárselo.

—Oh, por Dios —en sus ojos explota dulzura y sentimiento y eso casi hace que golpee mi pecho como un jodido gorila—. ¡Es un collar de Grey’s Anatomy!

—Lee la parte de atrás —le susurro muy de cerca, cuando lo hace sus mejillas se encienden aún más, dándole un particular tono carmín que me resulta embriagador, al punto que creo que mis mejillas duelen de tanto sonreír.

Y yo no sonrío, nunca tenía motivos y ahora, es evidente que me ha llegado el primero y el único.

—Gracias, Amund —me agradece con voz suave, poniendo sus manos entrelazadas debajo de su quijada para mirarme, se quitó los lentes para poder observar todo lo que le dimos al llegar y ahora me deja ver esos brillantes e hipnotizantes ojos grises.

—Date la vuelta y recoge tu cabello —le indico y cuando logro abrocharlo al rededor de su fino y delicado cuello, trabajo que fue un poco complicado por mis grandes manos , ella se da media vuelta entre tanto sostiene el dije.

—Esto, todo esto fue… hermoso, gracias —es su turno de susurrar.

—Creo que hay una mejor manera de que nos agradezcas, además de esa hermosa sonrisa, y es que tengo la fuerte convicción que todos queremos un beso de buenos días —Aleksander, el más directo, habla de una vez, haciendo que Arthur deje un golpe en la parte trasera de su cabeza.

—Tú nos besas cuando quieras, cariño, no cuando este tonto lo sugiera —le aclara, Athenea niega para morder su labio.

—Dios, no quise que lo interpretaran como si fuese capaz de sugerirle que haga algo que no desea —la mirada avergonzada de mi hermano hace que los ojos de nuestra chica se centren en él.

—No lo pensé así, en serio, me encantó esa rosa amarilla, pero prefiero los tulipanes —ella le sonríe mientras toca el lugar donde recibió el golpe, lo acaricia y deja un rápido beso en sus labios, luego se posa frente a Arthur y le acomoda la corbata—. No quiero que vuelvas a golpearlo —le susurra, él simplemente asiente con las mejillas rojas, cerrando sus ojos cuando recibe un beso igual de rápido que el del llorón—. Tú, gracias por esos cupcakes, se ven apetecibles y la pasta de ayer casi me hace tener un orgasmo cuando la comí —yo siento que la saliva se atasca en mi boca y me alegro de no ser el único que se ahoga. Athenea se divierte de lo más grande para besar los labios de Aksel y finalmente girarse hacia mí. La manera en la que sus ojos me observan y barren mi cuerpo, me hacen desear posarla sobre mi escritorio y follármela delante de mis hermanos.

Dios, las cosas que quiero hacerle. Sus orbes reflejan la misma ansia y deseo que exuda por todos nosotros y eso solo hace que se sienta mil veces mejor.

—Me encantó el collar, Amund —ese tono de voz que usa puede ponerme de rodillas de nuevo, y no exagero, todo se pone mejor cuando vuelve a rodear mi cuello con sus manitos—. Y la frase… como deseo que se vuelva realidad —esto último lo dice susurrando para dejar un casto beso en mis labios. Y lo que siento en todo mi cuerpo, es… jodidamente alarmante.

Como si una bola de fuego hubiese caído directo sobre mí. Un beso más inocente que él de ayer casi hace que mi corazón se salga de mi boca.

—No tienes que desear algo que ya es realidad, eres nuestra, Ángel —le afirmo para tomar su boca, dejando a un lado ese pequeño y jodido beso. Quiero más, todo el tiempo deseo más de ella—. Y como puedo tomar lo que quiera de ti, porque eres mía —jadeo separándome ligeramente, lamiendo su labio inferior—. Quiero que como la buena chica que eres, beses a tus hombres como jodidamente se hace —succiono su labio inferior y ella, tan obediente, hace lo que le digo. La presión en mi pantalón es insoportable.

—Pensé que podría resistirme a esto… ustedes son una locura para mi bienestar mental —dice cuando se separa de la boca de Arthur—. Pero es tan complicado cuando sé que están dispuestos a ser míos y una parte de mí solo desea que me muestren qué se siente… hasta donde podemos llegar —su confesión es música para mis oídos—. Venía dispuesta a olvidar lo de ayer, a construir una relación sana con mis jefes, dejando a un lado lo que me hacen sentir, pero es tan complicado… —toma a Aksel en un arrebatado beso que nos pone a respirar con fuerza.

Tanto que no nos damos cuenta cuando la puerta del ascensor se abre y es un fuerte jadeo lo que detiene nuestro espectáculo.