13. Mi nena
🔥🔥ALEKSANDER🔥🔥Mi cabeza se gira a la velocidad de un rayo de luz y mis ojos caen letales e identifican a la enfermera que me puyó mi jodida nalga. Comprimo las ganas que tengo de matarla por interrumpir nuestro momento sagrado y más que nada, que hubiese llegado justo cuando ella iba a darme mi beso.
Mi beso de buenos dÃas como Dios manda.Ella se separa de Aksel y la angustia se forma en sus facciones, haciendo que gruña al percatarme que la mujer la incomoda, eso solo hace que la posesividad se encienda en mi pecho y sienta la fuerte necesidad de protegerla.
—Cristo, lo siento tanto, señores Moore —ella se excusa con nosotros, pero comete un grave error.
Y es ignorar a mi mujer.
—¿Solo señores Moore? ¿Qué pasa con la señorita Cooper? —cuando va a responder, yo la interrumpo—. ¿Estos son los empleados que contratamos en nuestra empresa? —miro a mis hermanos, pidiendo explicaciones.
—Lo… lo siento —la mujer habla—. Solo querÃa venir a verificar como sigue, para seguir el tratamiento.
—Por la razón que hayas venido no me interesa —la interrumpo—. Y estaba muy bien… —achico los ojos para leer su nombre—. Margarita, hasta que llegaste a interrumpir como nuestra mujer nos saludaba y para rematar, la miras con esos grandes ojos horribles juzgones y tratas de pasar de ella —le suelto, chasqueando con mis labios, entretanto niego con mi cabeza. Nadie puede hacer eso, mierda. No a ella.
—Se…señorita Cooper…
—No, no digas su nombre. El hacerla sentir incómoda, te quitó ese derecho, esfúmate de aquà —muevo mis dedos en el aire y esta se da media vuelta para salir corriendo de nuestro espacio. No toma el ascensor, sino las escaleras de emergencia—. Recuérdenme que debo entregar la orden para instalar un ascensor privado —me giro con una sonrisa, encontrándome con Athenea, que me mira con una preocupación latente brillando en sus ojos grises.
—Le dijiste que… que era su mujer —ella brama en un hilo de voz mientras traga saliva, y su rostro pierde todo color. Si no es por Aksel que aún la tiene sostenida, se cae en el suelo.
La mirada de todos cae sobre mÃ, reclamándome en silencio el hecho de que se me haya salido tal afirmación. Yo no me echaré para atrás porque esa es la verdad, ella es nuestra y jodidamente todos lo tienen que saber.
—No pienso disculparme por lo que dije, y espero que asà como nos sentimos orgullosos de que seas nuestra mujer, esperamos que te guste ser de nosotros, porque puedo prometerte, nena, que no te faltará nada a nuestro lado —delineo su rostro con mi dedo—. Serás una reina, solo… solo acéptanos —le digo, subiendo mi toque a su labio inferior—. Hazlo porque no habrá nada en este puto mundo que no harÃamos por ti… ¿Comprendes lo que digo? Solo un dÃa bastó para tenernos a tus pies, solo un beso para hacer que nos arrodilláramos ante ti, declarándose tus más fieles servidores —beso suavemente sus labios, bebiéndome su suspiro.
—SÃ… —ella responde—. Yo sà lo deseo, es solo que me tomó de sorpresa que fuese tan rápido —he aprendido que su voz se torna ligeramente más aguda cuando está nerviosa—. Esto me asusta… ¿Si luego se dan cuenta de que hay otras mujeres más espectaculares? —de repente se levanta como un resorte del sillón. Empieza a caminar hasta adentrarse a la oficina. Solo eso basta para que corramos detrás de ella en fila y la vemos dirigirse directamente al bar, cuando creemos que se tomará un trago de alguna bebida alcohólica, solo destapa una seven up y toma un largo trago.
—¿Mujeres espectaculares,
ángel ? —Amund cuestiona, ella vuelve a tomar otro trago y asiente.
—Yo no soy… operada, ni tengo familia rica que pueda engrandecer su apellido —sus inseguridades solo me hacen desearla más.
—Es cierto —Arthur le responde—. No eres operada, lo que significa que cuando te toquemos, sentiremos tu piel firme y suave, no eres operada —repite—, lo que significa que cada vez que te besemos, sentiremos la suavidad real de tus labios… y no tienes un gran apellido porque el destino solo estaba esperando que nos conocieras para darte el nuestro. ¿No te resulta todo maravilloso,
cariño ?
Joder,
Rapunzel verdaderamente la dejó sin palabras.
—¿Su a…apellido? —esta vez esa sonrisa que tenemos vuelve a tomar fuerza.
—Claro,
sirena —Aksel le afirma.
—¿Pero eso no es ilegal? —la inocencia que refleja, Dios.
—Todo es subjetivo en esta vida, nena —le digo a sabiendas de que podemos hacer que lo ilegal se vuelva legal sin muchos preámbulos.
—¿Cómo as�
—Si nosotros queremos que seas nuestra en todo el sentido de la palabra,
es porque asà será , no hay fuerza mayor que la que poseemos cada uno de nosotros, lo que significa que si nos juntamos, somos… ¿Invencibles?
—Esto es demasiada información —ella susurra, sus ojos reflejan que piensa muchas cosas al mismo tiempo.
—Tendrás tiempo para pensarlo. ¿Acaso quieres un masaje? —le pregunto, y sin más preámbulos, la tomo por sus hombros hasta dejarla recostada del sofá.
—Es difÃcil lidiar con un solo hombre —ella jadea—. ¿Cómo haré con cuatro? —se nota que ese pensamiento se le escapó en voz alta cuando no era su intención. Nosotros reÃmos con fuerza ante su nerviosismo.
—¿Cómo asÃ, nena? —la curiosidad me pica por saberlo.
—Me refiero a… intimidad, tiempo compartido, fidelidad, Dios… una vez mi hermana me recalcó que todos mentÃan. ¿Ustedes mienten, acaso? —ella suelta su verborrea mientras la miro con dulzura—. ¿Acaso no es suficientemente difÃcil lograr que un hombre te quiera de verdad? ¿Cómo lo lograré con cuatro? —su bomba de preguntas explota, saliendo una tras otras. Todas las escuchamos y la entendemos.
Estamos plenamente conscientes de que no será fácil.
—Esto es tan nuevo para ti, como para nosotros. Pero si lo que te preocupa es la infidelidad o que te mintamos, eso se resuelve rápidamente, ángel —Amund, se sienta a su lado.
Aksel se ubica al otro lado mientras Arthur se apoya sobre sus rodillas en el suelo, frente a ella, yo sigo masajeando sus hombros.
—¿Ah?
—Las palabras se las lleva el viento, bien dicen por ahà —le digo desde mi posición. Centrándome en masajear mejor sus puntos tensos.
—Por ello, vamos a llamar a nuestro abogado para que redacte un contrato de fidelidad —Arthur le explica, haciendo que ella gire su cabeza y su rostro sea épico.
—Donde se establezca que si te somos infieles, vamos a entregarnos a la policÃa y además, todo nuestro imperio quedará a tu nombre.
—¿Qué? ¿Acaso están locos? —se vuelve a poner pálida.
Mi nena .
—De estar locos, lo estamos, pero por ti, mujer bendita —Amund le roba un arrebatado beso para luego levantarse del sofá y empezar la llamada.
—No hay nada que no hagamos por ti, nena… ya te lo dijimos, ahora tú te darás cuenta del porqué debes creernos —Aksel le aclara, mirándola a los ojos para encargarse de que al fin se dé cuenta. Ella nos tiene como perros falderos
detrás de sus pequeños huesitos.—Es muy rápido… ¿No es muy rápido? —sus nervios empiezan a aflorar, esa vocecita aparece con más tintineo—. ¿Si mañana se dan cuenta de que no soy lo que esperaban? —esas simples palabras bastan para que todo ápice de diversión por su nerviosismo se esfume y la seriedad bañe nuestros rostros al observarla. Ella baja su mirada avergonzada al percatarse de que el buen ambiente murió y siento que un puñal es clavado directamente a mi pecho.
—Athenea…
—¿Vieron? Ya lo dañé tan rápido —traga fuerte mientras se toma un gran suspiro. Yo en serio deseo tanto a esta mujer que podrÃa volverme loco.
—Chicos, creo que nuestra mujer necesita que le mostremos a besos como diablos nos hace sentir con solo verla, o mejor… ¿No creen que necesita entender
de una vez por todas como nos sentimos cada vez que la vemos? ¿O lo que experimentamos por dentro cuando la vimos por primera vez? —todos asienten con convicción. Puedo sentir como mi cuerpo se electrifica y se calienta al querer sacarle esa inseguridad a besos.
Arthur es el primero en subir la pierna de Athenea para despojarla de sus sandalias. Y gemimos todos, largo y tendido, cuando sorpresivamente besa sus pies con devoción. Yo bajo mis manos por el camino de sus brazos, delineando su silueta y cuando las tengo apresadas entre las mÃas, las subo para besarlas. Cristo, podrÃa pasarme toda mi vida adorándola, pero eso… es solo el jodido comienzo.