15. Nuestra
🔥🔥AKSEL🔥🔥Muevo mis contactos y en menos de media hora ya tengo todas las pantallas del
Times Square . Trato de serenarme, mientras preparo lo que quiero que salga en esa pantalla. Pienso que puede ser algo sencillo. Cada uno se está encargando de una cosa, Aleksander con los tulipanes, Amund con una joya especial que nos represente a los cinco, Arthur ya haciendo los tramites para poner a nombre de ella, el hermoso caballo de raza
Friesian , tan blanco como un copo de nieve que encontró en tiempo récord.
La emoción y la expectación me recorre por entero, espero que esto le guste mucho. Mi teléfono suena de nuevo y contesto inmediatamente al darme cuenta de que se trata de Aleksander. Todos cancelamos nuestra agenda a espaldas de Athenea, y dimos expresas instrucciones de que no la llamaran bajo ningún concepto, no queremos que tenga molestias el dÃa de hoy.
—¿Qué pasa? —pregunto, anotando con un lapicero el nombre que leo en mi correo de la persona que se encargará de organizar las flores en el lugar de la petición.
—Solo encontré
veintisiete mil trescientos seis tulipanes —la frustración se oye en su voz.
—Maldita sea, es muy poco —respondo, tocando mi frente, sabiendo que deben ser diez mil tulipanes por cada uno.
—Lo sé —dice entre dientes—. Pero ya sé a quién llamar,
encontraré esos veintisiete mil doscientos cincuenta y seis tulipanes que me faltan, asà sea lo último que haga en esa jodida vida —la decisión en su voz me hace mover la cabeza con afirmación.
Mi parte de logÃstica ya está terminada, por lo que cuando termino la llamada con Aleksander, llamo a Amund.
—¿Qué?
—¿Cómo va todo? —cuestiono, ignorando su voz de hastÃo porque detesta las llamadas telefónicas.
—Bien, ya estoy pagando el juego de joyerÃa. Se trata de un collar con cinco piedras preciosas y el anillo también las tiene —me explica con rapidez—. Nos vemos, adiós —se despide sin dejarme responder y me rÃo a carcajadas, su reacción a las llamadas siempre es mala.
La puerta principal de la oficina se abre y la cabeza de Athenea se asoma, cuando me ve, la cierra detrás de ella y se acerca a mÃ, yo echo mi silla hacia atrás y cierro lo que tenÃa en mi ordenador, además de esconder las notas que habÃa tomado mientras hacia las pertinentes llamadas.
—Los chicos no están —susurra entrando, yo formo una mueca de extrañez en mi rostro, fingiendo que no sé nada, asà que la invito a sentarse, pero ella lo hace en el sillón frente a mÃ.
Niego divertido.
—No, sirena. En mis piernas —golpeo mis muslos y ella se levanta, sonriendo nerviosamente mientras, obedientemente, termina sobre mÃ. Yo rodeo su cintura con mi brazo y disfruto sentir su ligero peso cuando se recuesta de mi pecho.
—Los llamé y no me respondieron, todos tienen reuniones importantes —me cuenta, yo hago pequeños cÃrculos en su cadera mientras trato de acostumbrarme a lo rápido que late mi corazón cuando la tengo cerca.
Y su olor a coco, cristo, solo me atrae más.
—¿Probaste tus pastelillos? —le pregunto, hundiendo mi nariz en su cabello. Su color castaño solo realza esa blancura elegante de su piel.
—Uhmm, no he tenido tiempo, estaba organizando el desastre que se formó solo en un dÃa que no asistà —me cuenta con una risita que correspondo enseguida—. Pero deja busco uno para probarlo —ella hace el amago de levantarse, pero yo la detengo, rodeándola con mis brazos.
—Tengo más aquÃ, sirena —le susurro, extendiendo mi mano para sacar uno de mi gaveta secreta.
—¿Acaso es un comedor compulsivo de cosas dulces, señor Moore? —ella pregunta divertida, yo me carcajeo para partirlo con mis dedos y llevar el trozo a su boca.
—Me encantan las cosas dulces, es mi pequeña adicción —le revelo—. Cuando estoy saturado de trabajo me gusta tener mis reservas de energÃa aquà —ella muerde finalmente y cierra sus ojos para acto seguido contraer sus facciones y gemir, la manera en la que sus cejas se curvan, me hace recordar a sus expresiones cuando tuvo su orgasmo hace unas cosas. Mi cuerpo reacciona con una velocidad impresionante y en menos de diez segundos ya estoy vergonzosamente duro.
Ella termina de tragar y me mira, sabiendo mi condición, me deleito cuando puedo divisar su labio superior ligeramente manchado de crema del pastelillo.
—¿Me das el resto? —susurra, posando sus manos sobre mi pecho, yo asiento simplemente y vuelvo a darle el trozo restante en su boca pero esta vez sus labios chupan mis dedos, haciendo que gruña y que involuntariamente empuje mis caderas hacia arriba. Ella gime, degustando lo que queda del pastelillo y cuando traga, mis ojos siguen clavados en ella como un Alcon. No la quito de mi vista ni por un segundo, sus pecas son hermosas y sus labios rosados y llenos más.
—¿Puedo probar cómo quedaron? —le pregunto y cuando asiente, que va a estirar su mano para tomar otro de mi gaveta, simplemente vuelvo a tirarla hacia mà y gruño cuando sus labios se posan sobre los mÃos.
Muevo mi boca sobre la suya, ella gime dulcemente entretanto yo me deleito con el dulce sabor que emana de ella. Siento como su pequeña mano recorre mi pecho y se asienta en mi quijada, tocando mi piel desprovista de barba para luego arrastrar sus dedos hasta mi cabello y jugar con este.
Juego con mi lengua dentro suyo, acariciándola por dentro y sintiéndome complacido cuando la suya me toca y lucha por entrar en mi boca, la complazco al dejarla y disfruto como me toca con dos manos, aferrándose a mà con sus dedos en mi cuello y sus pulgares en mi mandÃbula. Es el beso más incitador que he tenido en mi vida y todo es por ella,
mi sirena . Cuando nos separamos, luchamos por llevar una cantidad mÃnima de aire a nuestros pulmones, entre tanto se aferra a mi cuello mientras suspira ruidosamente.
—¿Te gustaron? —pregunta desde su lugar. Sus se miran bizcos mientras me mira tan de cerca.
Jodidamente adorable.
—Quedaron exquisitos —beso su cabeza y aferro mi quijada allÃ, abrazándola de nuevo a mi cuerpo en busca de calmar los ánimos. No quiero ni pensar cuando pueda hacerla mÃa porque en vez de aliviar mi erección, va a terminar reventando mis pantalones.
Después de algunos minutos en silencio, Amund aparece y más detrás de él, Arthur. Athenea sigue tratando de calmarse, pero cuando ve que ellos se acercan, se pone recta sobre mis piernas.
—Los estaba buscando —ella les sonrÃe—. Tenemos reuniones importantes que inician en media hora —ella observa su reloj, y se levanta de mis piernas para posarse frente a Amund y asà desabrochar el primer botón de su camisa para acomodar mejor el cuello.
—Tan bonita —este dice mientras la apresa entre sus brazos y la besa suavemente, como si fuese una delicada muñeca de porcelana que podrÃa romperse en cualquier momento.
Y es que eso parece entre nosotros, pero nos aseguraremos de que ella siempre esté completa. Siempre.
🌸🌸🌸
ATHENEADespués de estar en los brazos de Amund, me despego de él para ir hacia el coqueto pelilargo que tiene una sonrisa ladeada que puede bajarme las bragas fácilmente. Me hundo en su cómodo pecho mientras recibo un beso en la cabeza que me saca una sonrisa reconfortante.
—Tengo algo para ti —este me dice al oÃdo, yo me despego de su pecho para mirarlo a sus ojos de diversos colores.
—¿Ah, sÃ? —sonrÃo, esperando que sea un beso, sin embargo, de su bolsillo saca una tarjeta de crédito negra que me tiende. La sonrisa se me borra de la cara y entra la confusión.
—Amund te acompañará al centro comercial, quiero que te compres un lindo vestido —me dice, puedo sentir cómo su dedo áspero delinea mi boca en un lento movimiento.
—¿No te… gusta mi ropa? —le pregunto con cautela, él rápidamente abre sus ojos para empezar a negar con su cabeza.
—
Estás hermosa , con lo que te pongas estás hermosa, pero hemos preparado algo para ti, y queremos que te sientas mimada —él me explica, ofreciéndome de nuevo la tarjeta.
—Pero yo puedo comprar…
—Cariño, a partir de este momento puedes tomar todo tu dinero y meterlo a una cuenta de ahorro o como quieras, porque tus gastos corresponden únicamente a nosotros, asà que si le digo a mi mujer que quiero que gaste lo que quiera de mi tarjeta, lo hará… ¿S� —la estela de su aliento choca contra mis labios, yo cierro mis ojos y jadeo cuando siento su mano acariciar mi cuello.
—Está bien —respondo en un hilo de voz, tan sumisa como nunca al sentir su manera posesiva y el olor de su perfume eclipsarme. ¿Por qué demonios todos huelen tan bien? Su boca me da un beso sencillo, sin mover sus labios, pero duradero. Sus manos me mantiene inmóvil y disfruto tanto, cristo… Arthur es intenso, callado y jodidamente sensual.
🌸🌸🌸
Cuando Amund y yo salimos de la empresa con las manos entrelazadas, puedo jurar por todo lo que tengo que se escuchó un gran jadeo colectivo. Una parte de mà me dice que todos ya saben lo que vio la enfermera juzgona, asà como sé, que me importa un carajo todo eso. Si a ellos no les preocupa… ¿DeberÃa preocuparme a mÃ?
Me siento una jodida perra sensual con ellos a mi lado. Con lo que me hicieron más temprano elevaron mi seguridad al cielo y es algo que agradezco, porque en serio, lo necesitaba.
Ya estamos de devuelta en el auto para ir de regreso a la empresa. Me compré un hermoso vestido de color rosa, fresco y elegante que a Amund le encantó. Tanto que me tomó algunas fotos, para las cuales sonreà con gusto y emoción.
Mi estómago tiene temblores involuntarios ante la expectación, este hombre es una tumba y por más que traté de convencerlo de que dijera algo, cosa que terminó con nosotros encerrados en el probador de la tienda, no me dijo absolutamente nada.
Él tiene su mano sobre mi rodilla, apretando de vez en cuando y dibujando formas con su dedo.
—¿No deberÃamos haber llegado? —le pregunto al darme cuenta de que el auto pasó de largo.
—Nunca nos dirigÃamos hacia allá, ángel—me guiña el ojo con una traviesa sonrisa, tarareando una melodÃa con felicidad mientras nos inmiscuimos por las calles de NY.
Siento me moriré de los nervios. De solo pensar en esa supuesta sorpresa, temo que no será algo pequeño.