2. Es hermosa
🔥🔥Amund🔥🔥Necesito apartarme rápido de la presencia de esa mujer. Sentir su mano sobre la mÃa fue como una especie de descarga de adrenalina directo a mi corazón. Cristo, ella es hermosa.
Abro la puerta de la oficina y me adentro a dentro de la frÃa e inmensa habitación, sintiendo los pasos de mis hermanos detrás de mÃ. Voy directo al bar y saco cuatro vasos para verter un trago de Vodka para cada uno. Los observo y se miran tan o igual de desconcertados que yo.
—¿Cómo es que no supimos que Athenea serÃa nuestra nueva asistente? —cuestiono, saboreando el nombre de ella susurrado por mis labios. Cada letra forma ese sensual nombre.
—Estoy igual de impresionado que tú —inquiere Aleksander, bebiendo de un trago para soltar un suspiro—. ¿Cómo es que puede ser tan… hermosa? —me sorprendo ante su pregunta, pero no lo demuestro. Aleksander es, cuando mucho, el ser más indiferente del planeta tierra. El quedar obnubilado por una mujer no es nada común en él.
—¿Hermosa? —Aksel rÃe junto a Arthur, quienes niegan como si estuvieran en consonancia—. Es más que hermosa, joder… es… es…
—No hay una definición que pueda hacer justicia —completa por nuestro hermano. Me descubro posando mi mano en mi pecho en busca de que mi acelerado corazón deje de latir como un loco.
—¿Quisiera saber cómo logró ese efecto en nosotros cuatro? —Aleksander murmura, perdido en sus pensamientos, esos que deben estar repitiendo con insistencia ese momento de escasos minutos atrás. Esos donde no le quiso soltar la mano y se la sostuvo como si fuese suya.
—La jodida pregunta milenaria —bramo dejando el vaso en el mármol, ocasionando un ruido sordo. Me adentro a mis pensamientos y mientras la recuerdo, el momento en que su suave y hermosa voz hizo que detuviera mis pasos y mis ojos buscaran la fuente de ese lindo tono como un jodido loco. Cuando la tuve en frente todo empeoro. Las palabras se enredaron en mi lengua y en vez de esperar que Aleksander nos presentara, porque odio presentarme ante las personas nuevas, hablé al mismo tiempo que mis hermanos.
Fue un momento torpe, pero encantado volverÃa a repetirlo solo para escucharla, reÃr de esa manera.
¿Qué es esto? ¿Cómo puedo pensar en… ella tan rápido? ¡Apenas la conozco, eso es insólito! Impropio de mÃ.
Salgo de mi lÃnea de pensamientos para observar a Aksel, luego a Arthur y finalmente Aleksander. Están perdidos en sus pensamientos. De seguro pensando en nuestra pequeña y risueña asistente. Carraspeo fuerte, haciendo que sus miradas caigan encima de mà y sus cuerpos se pongan rectos.
—A trabajar —ordeno, gritándome que ya es suficiente de pensar en ese electrizante y peculiar encuentro y obligándome a prestar atención a lo que realmente es relevante. Mi agenda está particularmente llena hoy.
Cuando me siento en mi silla y enciendo mi computadora en busca de los correos que tengo por responder, mi mente sigue haciendo ruido. Esto no es normal, joder. Necesito concentrarme y la mujer que está a escasos metros no me deja hacerlo. La manera tan elegante en la que esa falda abrazaba su diminuta cintura, o como la tela elegante de esa camisa resaltaba sus atributos. Ni hablar de su rostro. ¿Es acaso legal ser tan hermosa? ¿Cómo es que nunca me enteré de que ella serÃa nuestra asistente? Pienso en que debo llamar al jefe de recursos humanos para que me explique esta clase de… cosa.
En menos de un segundo estoy levantando mi teléfono y marco la extensión de mi nueva asistente para pedirle que me comunique directamente con ellos.
—Señor Amund, ¿puedo ayudarle en algo? —su voz tan dulce irrumpe como un tsunami y yo debo tomarme un tiempo para responder. Respiro con fuerza y me enojo al no comprender que diablos ocurre.
—Necesito que me comuniques con el departamento de recursos humanos. Ahora. —Respondo con seriedad, y luego que lo hago, presiono mis labios al darme cuenta de que tal vez soné muy brusco. Lo menos que quiero es que ella se sienta intimidada por mÃ, joder.
—Cla…claro, sà —ella tartamudea ligeramente y enseguida su voz se pierde. Y eso no me gusta. QuerÃa seguir escuchando más de eso.
Exactamente, dos minutos dura la conversación con RRHH, unos toques ligeros en la puerta me hacen centrar la mirada en la pantalla de la PC. Sé que es ella, nadie más tiene permitido tocar mi puerta más que mi asistente. O nuestra, asistente.
Observo las puertas de las oficinas de mis hermanos. Dentro de esta habitación está la oficina principal que es la mÃa y, las de mis hermanos. Cuatro oficinas en uno, por asà decirlo.
—Adelante —respondo, notando de reojo como los chicos cambian su postura al darse cuenta de que ella está entrando.
Tan linda, bien vestida y demoledoramente hermosa, con esa agenda entre sus manos y una mirada cabizbaja que me hace preguntarme que diablos ocurrió.
—Señor Amund —mi nombre suena sensual en sus labios y como lo siga diciendo, terminaré con una vergonzosa erección. Y sÃ, llámese vergonzosa porque ella es una dama y yo no reacciono asÃ, nunca.
—Dime, Athenea —alzo mi vista, posando unos dedos sobre mis labios a busca de tratar, de una manera muy absurda, protegerme de lo que ella causa en mÃ.
—¿Me despedirá? —apenas escucho su susurro y a pesar de que entendÃ, tengo la férrea necesidad de que me mire con esos ojos grises.
—¿Disculpa? Necesito que me mires cuando hablas, Athenea —punzo, y nada más decirlo, sus orbes caen sobre los mÃos con un reflejo de derrota que me pone jodidamente alerta.
Y mis hermanos lo notan porque cada uno de ellos sale de su oficina para situarse detrás de ella, con miradas desafiantes hacia mÃ, dejándome en claro que no toleraran que salga con una de las mÃas.
Pero no tienen ni qué pensarlo. La sola idea de hacerlo me causa repulsión. Con ella no. ¿Cómo podrÃa ser insolente con una carita tan hermosa?—Estoy preguntando si me despedirá —su voz se eleva unos dos tonos más. Yo frunzo mi ceño confundido y rápidamente la escucho aclarar; —Me pidió que llamara a recursos humanos, tal vez porque no entré pronto a su oficina, es que les estaba… les estaba preparando café —inquiere y algo dentro de mà se retuerce. Mis hermanos gruñen cuáles animales y yo maldigo mentalmente. Se ve tan vulnerable que joder, la abrazarÃa delante de todos sin importarme nada.
—¿Nos preparabas Café? —Arthur cuestiona, admirándola embobado, Aksel, Aleksander y yo estamos igual.
Ella mueve su cabeza en una afirmación. Acción que se ve tan… tierna en ella.
—Dos cafés americanos sin azúcar para usted y el señor Amund, ya que lo toman igual—rápidamente susurra—. Un
machiatto y un
capuchino , ambos con azúcar añadida, para el señor Aleksander y Aksel.
Hermosa. Ya lo dije ¿No?—No te voy a despedir, Athenea —le respondo, mi boca está hecha agua de solo pensar en el café que me preparó con sus propias manos—. Puedes estar tranquila por ello, solo preguntaba por qué no estuvimos enterados de tu ingreso a nuestra compañÃa —le explico y ella asiente al comprender, en su rostro se dibuja un alivio totalmente perceptible.
¿Acaso su situación económica depende de este trabajo?
Observo a Aksel y parece que me lee la mente porque asiente ante mi mirada. Necesito que investigue todo referente a esta pequeña mujer.
—¿Por qué no nos traes esos cafés y luego pasas a leer nuestra agenda para confirmar todo? Mi boca se hace agua de solo pensar en esa bebida mágica —Aleksander le habla, dejándome sorprendido no solo a mÃ, sino al resto de los chicos.
—¡SÃ! —nuestra chica responde con emoción, marchándose a buscar esos cafés y todos observamos como sale, moviendo sus caderas y sus piernas con esas exquisitas sandalias de tacón que le quedan de muerte.
—Esa mujer será nuestra muerte —Aksel susurra, todos nos miramos al mismo tiempo al darnos cuenta de que nos atrae por igual.
Y por extraño que parezca, no lo siento como un problema, en lo absoluto.