8. Sirena perdida
🔥🔥AKSEL🔥🔥Nunca una cena con nuestros padres me habÃa agotado tanto como hasta ahora, la relación que mantenemos con ellos no es, ni por asomo, cordial. Cada vez que ellos solicitan una cena con nosotros, es porque quieren algo o están interesados en alguna cosa que tengamos.
—Nuestras finanzas han estado un poco… —miro a mi padre pensar en la palabra mientras recibo una ligera patada en mis pantorrillas por Amund. Quien me mira con clara burla en sus facciones—. Fluctuantes… —suelta, resaltando la
ese , dejando entrever sus dientes verdes y amarillos por el exceso de cigarrillo. Aleksander me da un golpe y cuando le pienso reclamar, me dice con señas que cambie mi rostro. Aprieto mis labios y miro hacia un lado, encontrándome a Arthur revisando su teléfono.
Él sà que no soporta a nuestros progenitores, por lo que ni siquiera finge que esta supuesta cena de padres e hijos le interesa.
—¿A dónde quieres llegar con tus inestables estadÃsticas? —pregunto después de darle un trago a mi copa de vino. Observo sus gestos corporales y ya sé por donde van.
Miro de soslayo al resto de mis hermanos, todos ahora prestamos atención cuando la madre se acomoda en su silla, enderezando sus hombros.
—Pues, su padre y yo pensamos que serÃa bueno formar una sociedad —ella dice, con una sonrisa amplia, como si fuera una simple acotación. Siempre he dicho que sus carillas me persiguen en mis pesadillas.
—Bien… —empieza a Amund, entrelazado sus manos mientras finge que piensa lo que dirá, yo, sin embargo, no lo aguanto y vaciando el resto de la copa de vino en mi garganta, me levanto.
—Mientras esté vivo, nunca tendrán mi aprobación para una sociedad, y estoy seguro de que Arthur dirá que no.
—Yep —él agrega simplemente.
Denmark cambia su semblante y su verdadera personalidad reluce cuando golpea la mesa con la palma abierta. Una ligera carcajada emana de mÃ.
—Eres un insolente… —de sus ojos emana irá.
Qué divertido.—Y tú nunca nos quisiste, no me vengas con tu mierda de moral de
que la familia se apoya ahora mismo solo porque te estás quedando pobre. Con mis negocios no. te. metas. —le advierto y me doy una vuelta para salir de allÃ. Compartir tiempo con ellos absorbe mis energÃas.
—Ya escucharon a Aksel, no hay nada que hacer aquà —el resto se levanta para detrás de mÃ.
—Tú eres el director principal, tienes potestad de… —esas palabras detienen a mi hermano mayor y girándose, con mirada mordaz, le aclara:
—Si uno de mis hermanos, en consecuencia, uno de mis socios, dice que no se hará negocios con un fulano, es porque no se hará y punto. Yo podré ser director principal, pero esto lo forjamos todos en la misma medida —su voz se impone, dejándolo sin palabras, se pone pálido en su silla y retoma su andar. Yo abro la puerta para todos.
Admirando como Amund siempre nos ha protegido de ellos y sus avaricias.
—¡Yo no soy un fulano, soy su padre! —grita, atrayendo la mirada del resto de los comensales.
Nosotros simplemente lo ignoramos, entre tanto nos dirigimos a los autos para irnos hacia el edificio que llamamos hogar. Me urge descansar y debo estar presentable para ver a Athenea mañana, esa hermosa mujer que me ha tenido reproduciendo
su bellÃsimo rostro en mis pensamientos, como un disco rayado y esa voz
como si fuera mi melodÃa favorita.—
Jeg vil gå og sjekke forsendelsen av våpen som kom fra Russland «Yo iré a revisar el cargamento de armas que llegó desde rusia » —Aleksander informa.
—Voy contigo —responde Arthur.
Yo me meto dentro de mi auto y enciendo el estéreo para escuchar alguna que otra música que esté de paso. Tarareo dando golpecitos al volante y cuando finalmente veo la entrada de nuestro edificio, me adentro y en pocos minutos ya estoy en el ascensor que me lleva a mi hogar, dulce hogar.
SÃ, todos vivimos en el mismo edificio, de hecho, es propiedad Moore, solo que cada uno tiene un piso asignado. Vivir juntos serÃa un completo desastre… aunque imaginarme viviendo juntos con Athenea me hace suspirar.
Esa sirena me deslumbró.Me quito el traje, suspirando cuando ya las telas dejan de ahogarme y me voy directo a mi cocina a prepararme algo de cenar. La verdad, solo me limité a tomar vino por temor a vomitar de la repulsión.
Pienso en algo sencillo y nada mejor que una rápida carbonara con auténtico
guanciale que traje desde mi último viaje a Italia hace unos dos dÃas. La pasión por la cocina es algo que me caracteriza, si no fuera empresario con algunos negocios ilÃcitos, sin dudas serÃa chef. Mientras preparo las guarniciones, no puedo evitar que una sonrisa se me escape… ¿Disfrutará Athenea cuando le prepare mis mejores platillos?
PodrÃa encargarme de prepararle cosas distintas y sabrosas todos los dÃas.Cuarenta minutos después ya estoy degustando mi preparación y anoto cada ingrediente que usé, porque mañana mismo pienso llevarle de almorzar esto mismo a ella, sé que le encantará.
Con la diferencia que haré la pasta desde cero.
🔥🔥🔥Ya es otro dÃa, y además de que atravesé un terrible insomnio que lleva un único nombre, descubrà algo interesante. Antes no creÃa en esa mierda de los signos zodiacales, pero resulta que me enteré de que Athenea de
géminis y yo soy
libra , justamente un 69% de compatibilidad y
eso en el mundo zodiacal es un porcentaje altÃsimo .
Con una gran sonrisa vierto la pasta dentro del tupper hermético con abundante salsa extra y lo deposito también en un bolso que resguarda el calor.
Mi lenguaje de amor es cocinar, en realidad.
—¿Te falta mucho? —escucho que Amund habla con el altavoz.
—Te he dicho que dejes de hacer esa mierda.
—Deja de salir tarde, entonces.
—Soy puntual —me defiendo y es la verdad.
—Llegar puntual es llegar jodidamente tarde y no queremos dejar esperando a Athenea —dice, yo sonrÃo de solo escuchar su nombre.
Cuando las puertas del ascensor se abren y salgo, los tres me esperan fuera de sus autos.
—¿Acaso es lo que creo que es? —Arthur habla, impresionándome. Él y las mañanas no se llevan bien.
—¿Crees que es comida para Athenea? Porque si es asÃ, es justo lo que piensas —le pico, todos jadean.
—Esa mierda es trampa —ataja Aleksander ofendido—. Conquistarla con comida —bufa—. ¿Quién se resiste a eso?
—¿Trampa? Tramposo tú, mentiroso de mierda —gruño, Amund y Arthur explotan en carcajadas, yo me les uno y él termina igual—. Amund se la llevó arrastrada prácticamente en el ascensor, tú te hiciste el enfermo y toda su atención fue para ti, luego está
el llanero solitario que estuvo buenas horas con ella, me toca a mÃ, lógicamente —me señalo, dejando con cuidado el bolso en el asiento del copiloto.
—Ya sÃ, tienes razón —él asiente.
—¿Creen que… nos esté esperando? —pregunta Amund, su mirada insegura me toma por sorpresa. Supongo que no solo yo pasé la noche en vela.
—Estoy seguro de ello —le digo, yo me subo al auto arranco, mis hermanos van detrás de mà y en diez minutos, ya estamos estacionándonos.
Soy el primero en entrar al ascensor y cuando estos pasan, Arthur susurra.
—Siento que se me va a salir el jodido corazón —revela, yo chasqueo, sÃ, me siento igual.
—No eres solo tú —respondo, mirando con impaciencia la pantalla, mi ansiedad aumenta cada vez que se acerca el número.
Yo acomodo mi cabello, Arthur su corbata y traje, Amund chequea su aliento y Aleksander palmea su barba.Las puertas finalmente se abren y miro a su escritorio.
Y no está.Nos acercamos sin palabras para fijarnos más de cerca si su laptop está encendida y no la ha abierto. Peor, ni siquiera el pequeño cactus que tenÃa a un lado se encuentra en el impecable escritorio. Me entra el dolor del estómago y la confusión. Todos miramos a Arthur, quien se mira tan confundido como nosotros.
—Athenea, si estás avergonzada por lo de ayer, no tienes nada de que ocultarte —le suelta él, y solo se escucha el silencio.
—¿Dónde mierda está ella
y su cactus ? —Amund ataja, con las fosas nasales dilatas. Sin esperar respuesta, teclea algo en su teléfono y cuando habla, pregunta por ella en recursos humanos.
—¿¡Una maldita carta de despido!? —grita—. ¡¿Quién mierda autorizó una carta de despido!? —sigue gritando y mierda, dejo el bolso con cuidado en su escritorio y me voy al ascensor. Amund prefiere solucionar las cosas por llamada, yo soy más jodidamente directo.
Pongo un pie en el piso de
RR. HH. y todos me miran atónitos, sin embargo, mis ojos enfocan al hombre que responde balbuceante al teléfono, ni siquiera le da chance de reaccionar cuando tomo su patética corbata y tiro de esta, haciendo que trastabille
y que tal vez se ahorque un poco, lo meto dentro del ascensor y presiono el botón de nuestro piso.
Apenas llegamos, Arthur me lo quita de las manos y arrastrándolo por el suelo, lo deja en una esquina mientras todos lo rodeamos.
—¿Quien. mierda. firmo. una. maldita. carta. de. despido.? —Amund gruñe por lo bajo.
—Ru-rumores, se-señor —tiembla.
—¿Rumores? ¿Qué jodidos rumores? —Aleksander lo agita, él solo se determina a cubrirse con sus brazos. Lo mataré. Mataré a esta mierda insignificante por darle una carta de despido a nuestra mujer.
Es entonces cuando nos dice que ella ayer salió de la torre con cara triste y mirada cabizbaja, eso solo hace que algo en mi pecho se apriete y puedo notar que a ellos les afectó igual.
Mi corazón duele.—¿Y por eso asumiste que serÃa despedida? —Arthur pregunta, su tono peligroso me deja entrever que me quiere quitar al hombre para matarlo él mismo.
—Es solo una… empleada, puedo… puedo conseguir otra —dice y me rÃo. Jodidamente me rÃo.
Solo una empleada.—Acabas de cometer el peor error de tu vida —sentencio negando—. Tú eres solo un empleado —con una seña le digo mi hermano que llame a nuestros
hombres de limpieza.—Debemos ir por ella —Aleksander exige, aunque trata de ocultar su desespero, puedo notarlo en su voz.
—No deberÃas siquiera dudar que eso mismo haremos —respondo. En menos de cinco segundos llega Gregorik junto a Ivann. Ellos se encargarán a partir de ahora.
Por los momentos, nosotros debemos buscar a nuestra chica.
Me devuelvo a tomar el bolso que contiene su comida. Debe estar hambrienta.