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Capítulo 1: No la soporto

Mi Dulce Y Falsa Esposa — booknet.com · All chapters

Capítulo 1: No la soporto

Andrés

Camino de un lado al otro de la sala en la que me encuentro y es que todo está listo, pero solo falta ella. Miro mi reloj y bufo moviendo mis manos con nerviosismo y claro que ella lo haría, ella es así, orgullosa, prepotente, se cree una diosa y por eso hoy llega tarde. Mi mirada viaja hasta mis hijos que están a varios metros de mí sentados en el sofá jugando con un teléfono y sonrío, lo mejor de todo esto es que podré tenerlos más tiempo conmigo sin soportar a su madre y claro, ella accedió, accedió porque sabe que nunca tiene tiempo para ellos entre los viajes y las pasarelas, accedió porque nunca tuvo planes de ser madre y cuando supo que estaba embarazada tuve que convencerla de que seríamos buenos padres. Vuelvo a mirar el reloj, todo esto se está extendiendo demasiado y miro hacia mis abogados que esperan pacientes. Cuando mi teléfono suena y veo su número en la pantalla bufo.

—No es una boda para que llegues tarde Anabelle —gruño con rabia —es un divorcio y ya todo está

—¿Señor Thompsom? —la voz que me habla me descoloca, no es ella y frunzo el ceño.

—El mismo —mascullo —¿por qué tiene el teléfono de mi esposa? —pregunto rápido mirando hacia mis hijos.

—Debe venir al hospital —eso me tensa —su esposa sufrió un accidente y —rio sin dejarla acabar, por dios, seguramente todo lo inventó porque así es ella.

—Y poco me importa —soy claro —dígale que tiene una hora para venir al juzgado a firmar el divorcio —miro mi reloj —no entiendo para qué me llama, nos estamos separando, llame a sus padres y

—Sus padres ya están aquí señor pero

—Entonces no lo entiendo —la interrumpo frunciendo el ceño.

—La señora tiene amnesia —sus palabras me hacen mirar el teléfono —perdió la memoria, debe venir señor —cuelgo la llamada sin querer seguir escuchando, ¿amnesia? Como no, Ana haría e inventaría lo que hiciera falta para arruinar mi vida. Camino hacia los gemelos con pasos rápidos y sonríen al verme, luego me pongo a la altura de ellos.

—Los llevaré a casa —ambos me miran —bueno, la niñera los llevará porque yo

—¿Entonces iremos a nuestra casa y no contigo? —pregunta Mat y asiento, su mirada al instante se llena de tristeza.

—Pero queremos vivir contigo y no con mamá —se enfurece Ben y suspiro, yo también deseo lo mismo —ella nos grita —susurra y aprieto mis dientes.

—Y siempre está ocupada —se queja Mat.

—Y nunca nos deja comer dulces, nos aburrimos mucho porque no juega con nosotros y se molesta cuando de noche vamos a su habitación al tener una pesadilla —me pierdo en esos ojos grises idénticos por desgracia a los de su madre.

—Les prometo que será solo por hoy y mañana mismo vendrán conmigo a mi nueva casa —les sonrío —les compré muchos juguetes —ambos sonríen y amo esas sonrisas —¿tenemos un trato? Aguantan hoy y mañana viviremos los tres juntos en una casa enorme que compré para ustedes —pongo mi dedo para cerrar el trato y ellos los suyos, sonrío con eso viendo sus sonrisas y entonces los abrazo, Ana tendrá que explicar muchas cosas y si cree que voy a creer su actuación ya está demasiado loca.

Cometí el peor error de mi vida al fijarme en la modelo más hermosa que nunca antes había visto, yo solo era un simple fotógrafo y ella, ella era una diosa, la hija de la familia más adinerada de este país, pero tenía una sonrisa encantadora y solo sucedió, estuvimos solo tres meses de novios y entonces nos casamos, todo fue bien hasta que conocí como era realmente, una criatura mimada a la que solo le importaba su apariencia y nada más y a medida que su fama crecía mi amor por ella se desvanecía. Ana solo sabía hacer una cosa bien y era su trabajo, todo lo demás poco le importaba y nuestro matrimonio pasó más a ser un simple papel, frente a todos la pareja perfecta, detrás de cámara, las peleas no acababan hasta que no pude aguantarlo más, solo que ahora sale con esto.

Camino con pasos rápidos por el hospital hasta que encuentro la habitación en la que está y llevo mi mano a la puerta, terminaré su teatro, firmará el divorcio que le traigo y me iré a buscar a mis hijos para mudarnos a nuestra casa nueva.

—Andrés —me detengo al escuchar esa voz, respiro hondo y entonces lo miro.

—Debo entrar a verla —Mauricio niega —y no es porque me preocupe, seguramente ella misma estrelló el auto —bufo y se acerca.

—Debes ver algo —suspiro con sus palabras y entonces lo sigo cuando pasa por mi lado.

Observo la pantalla en donde se ve en vivo la habitación en la cual Anabelle está, sus padres están dentro y hay también varios médicos, les hacen preguntas, pruebas y ella los mira a todos, pero no con la arrogancia que la caracteriza, hace incluso preguntas tontas mientras le muestran fotos y no entiendo nada.

—Está fingiendo —mascullo, es modelo y hasta podría ser actriz si quisiera —apuesto a que lo hace —señalo la pantalla con rabia.

—¿Y por qué lo haría? —rio con esa pregunta y me pongo de pie —Ella también quería el divorcio luego de saber toda la verdad —me tenso un poco con esas palabras y miro a Mauricio, él es uno de mis mejores amigos.

—Porque es una bruja —digo simple —quiere hacerme sufrir y por eso finge.

—No recuerda nada Andrés —habla dolido —ni siquiera recordaba su nombre, pero vio fotos en su móvil, fotos contigo —me señala —con los niños y ella

—Fotos en donde todos fingíamos ser una familia feliz —mascullo mirando sus ojos.

—El hecho es que no puedes ahora entrar y decirle todo el pasado de golpe Andrés —niego con la cabeza —podrías causarle daños irreparables a su cerebro —sonrío con eso, ya esos daños ella los tiene —mi hermana podría no soportarlo, ella quiere verte y quiere ver a los niños —la última palabra me hace reír con ganas y solo niego mirando a mi amigo y hermano de la persona que más desprecio.

—Por dios sabes como es tu hermana de manipuladora —resoplo —nunca quiso a los niños —gruño con decepción y aunque duele es una gran verdad que ella no se molesta en fingir.

—No recuerda nada de eso Andrés —sonrío con eso, tiene que ser una broma —solo te lo pedimos de favor, por ahora finge un poco, no le cuentes del divorcio ni de lo demás, por favor —respiro hondo aun mirando esa pantalla —si lo haces y al final decides divorciarte tendrás sin pelear la custodia completa de los niños como has querido —lo miro rápido cuando lo escucho y sí, justo eso es lo que quiero así que asiento.

—Tres meses —hablo pensando en todo —estaré con ella tres meses —digo y aunque parece mucho tiempo trataré de no pensar mucho en que estaré nuevamente en el infierno —trataré de que poco a poco se dé cuenta por ella misma de como era nuestra vida y si al final lo recuerda o no —miro bien sus ojos —me importará poco, igual me iré, no la soporto —dejo claro, Mauricio suspira, pero asiente aceptando lo que propongo.

—Bien —asiente con lentitud —tres meses es algo —rio con eso.

—Es demasiado para mí créeme —me pongo de pie y arreglo mi ropa —tu hermana es la peor persona que conozco y lo sabes, todos lo saben.

—Menos ella Andrés —alzo una ceja —ella no tiene ni idea de como era antes, ahora mismo es como una persona que acaba de nacer —rio con esas palabras.

—Por dios —paso las manos por mi rostro con frustración.

—¿De qué te ríes? Ella no finge —Mauricio se levanta y respiro hondo negando.

—Me rio porque hubiera deseado estar en su lugar y haber perdido yo la memoria —hablo ahora con seriedad —así no tendría que recordarla ni aguantarla más un segundo por dios —salgo de la habitación y camino por el hospital con pasos lentos, ahora mismo desearía no estar aquí y volver a mi casa, o simplemente ir a por mis hijos. Cuando me levanté esta mañana sonreí mirando el techo de mi habitación y lo primero que pensé es que al fin hoy tendría el divorcio que tanto anhelaba pero claro, como siempre, ella tenía que arruinarlo todo.

Me detengo frente a esa puerta y suspiro, tengo miedo de entrar aunque deseo hacerlo porque una parte de mí me dice que la mujer dentro solo finge y soy el único que puede descubrirlo, yo la conozco demasiado bien, yo sé cuando miente y cuando no y pensando en eso empujo la puerta y entro, justo cuando lo hago busco con la mirada su cama y ahí la encuentra, me topo con su mirada, ella está sentada y se queda mirándome en silencio y entonces me acerco, me acerco par de pasos sin dejar de mirarla con mis ojos entrecerrados, la mujer frente a mí lleva cero maquillaje y no está peinada y sí, podrían ahora decirme que es porque ha salido de un accidente, pero la Ana que conozco da igual lo que pase, después de un terremoto ella es esa persona que lo único que haría sería mirarse en un espejo y arreglar su cabello, sin embargo, esta Ana está desarreglada y su mirada, su mirada está cambiada, no como antes que me miraba con superioridad, como una diosa que mira desde el cielo a simples humanos imperfectos.

—Tú eres Andrés —habla y su voz sale algo ronca, entonces recuerdo que ya le han mostrado fotos mías con ella y vuelvo a acercarme con suma lentitud sin dejar de mirar su rostro —mi esposo —susurra y sigo en silencio mientras ella me repasa de arriba a abajo —debes de ser quien mejor me conoce, nadie quiere hablarme del pasado, pero me gustaría conocerte —pide buscando mi mirada —saber como era nuestra vida y

—Eres modelo, una modelo exitosa —me detengo a una distancia de más de un metro —con un futuro prometedor y aunque tienes dos hijos eso no te quitó el talento —respiro hondo —tu padre es el dueño de la empresa para la cual trabajas.

—Entonces todos me conocen —murmura y asiento.

—Así es, eres reconocida en todo el mundo —sus cejas se elevan y desearía decirle que deje de fingir.

—Pero las enfermeras y los doctores me tratan con frialdad —razona bajando la mirada —¿por qué?

Porque eres una perra sin sentimientos

Desearía gritarle eso, pero respiro hondo tratando de calmarme.

—Solo son procedimientos —digo al fin luego de buscar algo cuerente en mi mente, ella se queda pensativa, parece no estar segura de nada y diablos, Anabelle no es alguien insegura, es más, emana seguridad por sus poros, aunque no debo olvidar que también finge de maravilla.

—¿Y nuestro matrimonio? —busca mis ojos y me tenso un poco, aun los papeles del divorcio descansan en mi saco.

—¿Qué hay con eso?

—¿Estábamos bien? —cuestiona y tenso mi mandíbula, ella finge, me sigue gritando mi mente, pero no puedo ir hacia ella, tomarla de los hombros y hacer que deje de fingir porque le di mi palabra a su hermano.

—No entiendo la pregunta —me cruzo de brazos.

—He visto algunas fotos y todas parecen ser para una revista —suspira —no he visto fotos normales, ya sabes

—Eres modelo, cada foto es planeada, no hay fotos improvisadas en tu vida —hablo como un robot.

—Eso es aburrido —hace una mueca y bufo ya cansado de todo esto, esto es ridículo.

—Debes descansar —me doy la vuelta dispuesto a irme.

—¿Te—te puedes quedar? —no solo la pregunta me detiene, también su indecisión y cierro los ojos con fuerza —No quiero estar sola en la habitación, no recuerdo nada, siento que me volveré loca —expresa con dolor.

—Pero debes dormir —la miro.

—¿Y los niños? —noto sus ojos llenos de lágrimas y dios, tres meses es demasiado tiempo —¿Por qué no están aquí? —suspiro deseando gritarle que no la quieren ni soportan porque ella es mala, los trata mal y nunca les ha dado cariño. Paso una mano por mi rostro con pesar.

—Están con mis padres.

—Son hermosos —sonríe y esa sonrisa me lleva al pasado, justo antes de casarnos —se parecen a ti aunque tienen mis ojos —sigue sonriendo —planeamos ser padres o

—La cabeza me duele —interrumpo sus palabras con poco ánimo —iré a por agua y una pastilla —doy un paso atrás —tú deberías dormir, volveré luego —Ana abre la boca, pero rápidamente voy hacia la puerta y salgo de la habitación para luego quedarme recostado a esta y paso con furia las manos por mi cabeza, ella miente, es profesional en eso, estoy seguro de ello y mascullo con rabia una maldición, es una cínica que pregunta por los niños, niños que nunca quiso tener y que odia tenerlos cerca. Bufo negando, pienso vivir con ella tres meses más, es verdad, pero en esos tres meses lo único que haré es buscar pruebas, las pruebas que demuestren que mi esposa no es la mujer dulce que acaba de despertar sino una arpía falsa que solo trata de engañar a todos.

Cargo con las maletas hacia la casa y al entrar dejo estas cerca de la puerta, seguramente los gemelos aún duermen y respiro hondo mirando la casa, bufo, he tenido que volver a ella y sé que será un infierno. Camino hacia la cocina necesitando algo de beber, pero al llegar a esta me detengo en seco al ver a la mujer que está dentro y que sostiene una copa de vino en sus manos, la cual sonríe al verme y sus ojos brillan.

—¿Vienes a recoger lo poco que te queda? —cuestiona y frunzo el ceño, ¿de verdad no sabe sobre el accidente? ¿En qué mundo vive? Pero claro, ella es como Ana, solo piensa y vive para ella. —Si quieres —sonríe —celebramos juntos tu divorcio —coquetea sin reparo alguno y suspiro.

—¿No supiste sobre el accidente de tu amiga? —ella rueda los ojos y le da un trago a su copa.

—Sé que está viva y bien Andrés —se acerca a mí —así como también se sobre el divorcio —sonríe y una de sus manos va a mi pecho —y me encantaría saber si tú

—No me he divorciado de Anabelle —suelto de una y doy un paso atrás evitando su toque por completo, su ceño se frunce sin entender —es más, estoy aquí porque he vuelto a la casa —sonrío un poco.

—Pero dijiste que ibas a dejarla —habla rápido —que ya no la soportabas más y que jamás volverías con ella —ríe volviendo a acercarse a mí y nuevamente su mano toca mi pecho —Andrés —se calla de golpe y mira hacia mi espalda, yo entonces me giro y la veo, Ana está de pie en la puerta del comedor y su mirada pasa de Lina a mí de forma rápida, sonrío y me acerco a ella.

—Bienvenida a casa esposa —susurro mirando sus ojos deseando notar el reconocimiento en sus ojos, pero lo que veo es algo completamente diferente y hasta parece incómoda.

—¿Quién es ella? —cuestiona, miro hacia atrás, hacia Lina que nos mira confundida y luego vuelvo a mirar los ojos de Ana.

—Es tu mejor amiga —respondo de forma simple y paso por su lado alejándome de ambas porque al final, las dos son iguales, arpías sacadas del mismo libro y el único problema es que mientras mi esposa me evitaba, su amiga hacia todo lo posible por fabricar encuentros entre ambos aunque al final siempre fuera rechazada y sí, Ana siempre ha tenido muy mala suerte a la hora de elegir amigos.

—Andrés —me detengo cuando la escucho, respiro hondo y entonces me giro, Ana parece confundida.

—Iré a la habitación —hablo mirando sus ojos —estoy cansado y necesito una ducha.

—Te pregunté como estaba nuestro matrimonio —asiento ante eso —y no respondiste —frunzo el ceño —hay maletas en la puerta, lo que significa que acabas de traerlas —me tenso un poco —y esa mujer que dices que es mi mejor amiga estaba bastante cerca de ti, demasiado.

—Demasiado y bastante no es lo mismo, Ana —da un paso hacia mí.

—Da igual, solo necesito la verdad sobre todo, perdí la memoria, pero —respira hondo —¿ella y tú? —su voz se pierde con esa pregunta y continuo mirando unos ojos que ahora parecen cargados de miedo, ¿en serio está celosa? ¿O solo finge estarlo?

—¿Y si dijera que si? —me acerco más a ella que tensa su mandíbula y tan solo la idea causa risa en mi mente, claramente, no dejaría a una arpía para estar con otra —¿pedirías el divorcio? —ladeo el rostro mirándola y su boca se abre y cierra al parecer sin saber que responder y entonces entiendo que todo esto será divertido porque pienso hacer que su máscara caiga y haciéndola enfadar será el plan ideal.