Capítulo 10: Nadie te ama
Anabelle
El beso acaba, pero Andrés no se aleja de mí y suspiro sin poder evitarlo, luego sonrío pensando en lo que acaba de pasar y una de sus manos acaricia mi rostro con cuidado antes de mirar mis ojos. Aún veo la duda en ellos y Andrés da un paso atrás carraspeando un poco y solo deseo que no diga que está arrepentido por lo que acaba de pasar aunque tengo miedo de que así suceda y bajo la mirada, quizás me he apresurado un poco, después de todo, nos estábamos divorciando, lo que significa que él ya no quería seguir casado conmigo, ni siquiera tiene su alianza así que quizás solo le presiono demasiado y él solo sigue a mi lado por lástima.
—No volverá a pasar —digo rápido alejándome unos pasos —disculpa, yo
—Espera Ana, ¿de qué hablas? —ríe mirándome —te arrepientes de
—¿Qué? No —hablo rápido —pero tú si —lo señalo pero Andrés niega.
—No he dicho eso.
—Siento que te estoy presionando demasiado Andrés —soy sincera —y quizás solo sigues aquí por lástima y
—¿Crees que te besé por lástima? —alza ambas cejas y lo miro confundida.
—¿Y por qué lo hiciste? —suspira pasando una mano por su rostro.
—No lo sé, ¿vale? —sonríe un poco —Pero pasó y no me estoy arrepintiendo de nada Ana y no sigo aquí por lástima —doy un paso hacia él mirando sus ojos.
—¿Y entonces por qué? —hago la pregunta con miedo, Andrés sigue en silencio pensativo y luego mira hacia el camino.
—Volvamos a casa ¿quieres? —asiento sabiendo que quizás él tampoco tiene respuesta para eso y comenzamos a caminar.
—¿Cuántas veces yo he estado en este lugar? —rompo el silencio y Andrés suspira.
—Cuando nos casamos, luego no quisiste venir más.
—Lo siento —Andrés rie y lo miro.
—¿Ahora vas a disculparte por cada cosa? —sonrío pensando en eso.
—Antes no lo hacía, y creo que nunca es demasiado tarde para hacerlo —me detengo al ver a los gemelos a los lejos.
—¿Quieres montar a caballo? —miro rápido a Andrés cuando hace la pregunta y niego.
—Ni loca —él ríe.
—¿Por qué? —mi boca se abre, pero no logro pronunciar palabra —Ya sé, no te gustan los animales, pero inténtalo —mi primer impulso es volver a decir que no, pero entonces miro hacia los gemelos que ríen mientras están subidos a uno junto al abuelo, ellos parecen divertirse mucho y cuando miran hacia mi sonrío, sinceramente si sigo en este lugar es principalmente por ellos así que me acerco aunque no tanto porque el animal es bastante grande y da miedo.
—¿Y tiene nombre esta —me callo sin terminar la frase, ya que iba a decir bestia —¿este caballo? —ambos me miran.
—Manchado, yo se lo puse —dice un orgulloso Ben y sonrío.
—¿En serio? —asiente —¿Y puedo montarlo? —Andrés me mira rápido, también su padre me mira raro y la incredulidad en los niños es graciosa.
—¿Quieres? —Mat alza una ceja.
—¿Por qué no? —me encojo de hombros aunque siento miedo.
—Pero no te gusta —expresa Ben y sigo sonriendo.
—Tengo entendido que nunca he montado así que no sé si me gusta o no —Los pequeños sonríen y entonces rápido piden bajar del animal. Yo miro la bestia cuando Andrés dice que subamos y él me ayuda.
—Con cuidado Ana —comenta al subir detrás de mí y me tenso por completo.
—Dios voy a infartar —murmuro al sentir sus manos en mi cintura luego de darme las riendas del caballo.
—Tranquila —el susurro en mi oído no ayuda —él puede sentir tus nervios.
—Ahora lo que menos estoy es nerviosa, Andrés —son sincera —tus manos ahí no ayudan —giro mi cabeza encontrándome con sus ojos y su boca demasiado cerca, Andrés baja la mirada a mis labios y todo parece desaparecer a nuestro alrededor para mí.
—Ana —susurra volviendo a mirar mis ojos —nuestros hijos nos miran y están sonriendo —dejo de mirarlo y miro hacia los gemelos y si, nos miran atentos, sonriendo y felices.
—Sí —sonrío —y tus padres nos miran raro. —Andrés suspira.
—¿Quieres bajar?
—Es lo mejor —respondo sin dudas, no por el miedo al animal, sino por todo lo que me hace sentir teniéndolo tan cerca de mí.
El día en el campo es demasiado largo y después de tanto, debo admitir que no se siente tan mal vivir aquí, sigue sin gustarme, pero ha sido divertido y aunque ya la tarde ha caído, sinceramente no quiero que llegue a mañana, deseo que el tiempo pase lento, en este lugar me siento más cerca de Andrés y de mis hijos y eso es todo lo que he deseado desde que desperté. Me acerco a los gemelos que están sentados alejados de la casa sobre una manta.
—¿Puedo saber qué hacen? —ambos me miran y tomo asiento frente a ellos.
—Haremos un pícnic con la abuela justo aquí —habla Mat y sonrío —ella traerá la comida.
—Bueno —miro el lugar —parece divertido.
—¿Te gustó montar a caballo? —cuestiona Ben y lo miro.
—Fue... interesante —él sonríe.
—¿Eso es un sí? —asiento con lentitud.
—Pues sí.
—¿Nos dejarías tener un perro mamá? —la pregunta me toma de sorpresa y el pequeño me mira con temor de que diga que no —Nunca has querido uno pero
—Bueno —lo pienso aunque la idea no me gusta demasiado —¿qué tal si lo hablamos con papá primero? Yo diré que si —los ojos de ambos se abren como platos sorprendidos con mi respuesta.
—¿En serio? —sonrío viendo como sus ojitos brillan.
—Aunque —las sonrisas disminuyen —aunque lo cambiaré por un abrazo —me atrevo a decir mirándolos —¿qué dicen? Me abrazan y pueden tener un cachorro —se miran entre ellos y cuando estaba a punto de decir que era una broma para no presionarlos ambos se lanzan contra mí casi haciéndome caer y mis ojos se llenan de lágrimas envolviéndolos con mis brazos, se siente bien y sinceramente es lo mejor que he sentido desde que desperté a pesar de que dura poco y ellos se separan de mi rápido, aun así, sigo sonriendo.
—¿Quieres quedarte en el pícnic? —Mat habla y lo miro rápido.
—Creo que la abuela solo quería estar con ustedes así que —suspiro —pero luego haremos uno en casa cuando volvamos, ¿quieren? —ambos asienten felices y me pongo de pie. Al darme la vuelta sonrío tratando de que mis lágrimas no salgan y entonces veo que la madre de Andrés estaba cerca de nosotros, me acerco a ella que me mira algo confundida.
—Sé que no he sido la mejor persona ni la mejor madre —hablo mirando sus ojos —y claramente no he sido la mejor esposa, pero aunque no recuerde como era antes yo quería pedirle disculpas a usted por todo —sigue mirándome raro.
—No creo que una persona pueda cambiar de la noche a la mañana Ana —suelta y bajo la mirada —o al menos nunca pensé que eso era posible —miro sus ojos.
—No he cambiado, mis gustos siguen siendo los mismos, pero solo no tengo recuerdos ni buenos ni malos —ella asiente entendiendo lo que digo —sé que quizás usted cree que finjo al igual que su hijo pero
—Eso pensé cuando él me lo dijo, pero las miradas no mienten Ana, te he visto mirar a los gemelos, a nosotros, a Andrés y sinceramente se puede fingir mucho, pero las miradas no mienten —ella pasa por mi lado —Andrés te espera en la casa —dice antes de alejarse y solo me quedo de pie pensando en sus palabras y sonrío un poco.
Luego de dar tantas vueltas por la casa en busca de Andrés al fin le encuentro, me detengo frente a una puerta abierta y él está dentro colocándose una camisa y es imposible dejar de mirarlo.
—Me he cansado de buscarte —suelto haciendo que me mire y sonríe acabando de colocar sus botones.
—Me daba una ducha —entro al cuarto y observo este con cuidado.
—¿Aquí dormiremos? —alzo una ceja.
—Pues si, sé que es pequeño, pero la cama es cómoda —Andrés me mira.
—Y muy pequeña y no hay sofá —suelto mis pensamientos en voz alta.
—Yo puedo dormir con los gemelos si quieres —busco sus ojos cuando escucho esas palabras.
—¿Tú quieres dormir aquí? —da un paso hacia mí.
—Ana
—Solo hablo de dormir Andrés, nada más. —enarca una ceja.
—Yo también hablo de dormir —fuerzo una sonrisa.
—Ok —Andrés asiente, vuelvo a mirar la cama e imagino que la noche será muy larga.
El silencio en este lugar es roto por los grillos y otros animales que ni siquiera quiero imaginar lo que son aunque no es eso lo que me quita el sueño, permanezco de espaldas a Andrés en una esquina de la cama intentando no tocarlo aunque eso es bastante difícil y sentir su respiración hace que cerrar los ojos y tratar de dormir sea una odisea, sé que él también me da la espalda y la verdad no sé si duerme o no así que
—¿Estás dormido?
—¿Estás dormida? —ambos hablamos al mismo tiempo y nos damos la vuelta justo en el mismo momento, quedamos frente a frente, tan cerca que su respiración choca contra la mía y mi corazón se acelera cuando una de sus manos toca mi brazo y luego sube hasta mi rostro, la oscuridad me impide mirar sus ojos, pero cierro los míos cuando siento que se acerca aún más y es claro que dormir juntos en una cama tan pequeña luego de este largo día sería un desastre.
Salgo de la habitación casi corriendo sabiendo que los gemelos y Andrés ya están esperándome en el auto, pero me detengo y miro hacia la habitación sonriendo, creo que a partir de ahora el campo me gusta un poco más y rio pensando en eso antes de apresurarme, es claro que despertar temprano nunca ha sido lo mío y al llegar a la cocina me detengo viendo a la mujer que está ahí y que buscaba porque es la única persona en esta casa con la que no había podido volver a hablar
—Hola Manu —se tensa cuando me escucha y entonces se da la vuelta.
—Pensé que ya se habían ido.
—Sí, ya nos vamos —sonrío un poco —me esperan en el auto pero quería hablar contigo.
—Ana yo paso de todo esto ¿vale?
—Quiero disculparme —sigo ignorando sus palabras —no recuerdo lo que he hecho pero
—Ya basta ¿quieres? —ella ríe —Conmigo no tienes que fingir Anabelle, te conozco muy bien y déjame decirte que cuando Andrés te pidió el divorcio me alegré mucho por él —ella se acerca más a mí —al fin iba a dejarte, al fin mi hermano iba a ser feliz y mis sobrinos también —bufa —al fin iba a ser libre, luego de tantos años se iba a librar de ti —me señala.
—Hablas como si tu hermano no hubiera elegido estar conmigo —sonrío con eso —no lo obligué, él se casó porque quiso Manu y
—¿Porque quiso? —ella vuelve a reír burlándose y niega —No me hagas reír, mi hermano se casó contigo por necesidad y sinceramente fue el peor error que ha cometido —mi ceño se frunce sin entender nada.
—¿Necesidad?
—Eres fría, mala, pesada y orgullosa, pero tienes dinero Anabelle —lo dice aun sonriendo —¿en serio no lo recuerdas? —sigo mirándola confundida —Ya lo sabías antes, por eso ibas a firmar el divorcio, al fin sabías la verdad.
—¿De qué verdad hablas? —sus ojos se entrecierran y me recorre con la mirada como si estudiara cada parte de mí y luego vuelve la mirada a mis ojos.
—De que Andrés se casó contigo por dinero Anabelle —niego con la cabeza —mi hermano no te ama —sus palabras duelen —a ti nadie te ama, pero tienes dinero, a él le hacía falta y aceptó estar contigo —sigo negando incrédula a lo que dice.
—Estás mintiendo —doy un paso atrás recordando todo el día de ayer, las palabras de Andrés, su mirada, su manera de decirme que se enamoró de mí en cuanto me conoció —Andrés
—Andrés cometió el peor error de su vida —masculla con rabia —aunque bueno, tampoco sabia como eras, de haberlo sabido estoy segura de que no hubiera aceptado ese millón de dólares y ahora que sabes la verdad —sonríe —espero que lo dejes libre, es lo que él quiere —Manu pasa por mi lado y solo me quedo de pie mirando la cocina sintiendo como mi corazón quiere salir de mi pecho pensando que todo es mentira, pero ¿por qué mentiría? Mis pies se mueven y salgo de la casa, los padres de Andrés al verme abrazan a los gemelos y los besan y suben al auto, yo me acerco, con las palabras de Manu grabadas en mi mente, pero también los besos y sus palabras, esas que ha dicho desde que desperté y en todas he quedado como la mala del cuento.
—Tardaste —escucho su voz mientras miro sus ojos —¿todo bien Ana? —Andrés sonríe un poco al hacer la pregunta y simplemente me pierdo en su mirada, no, no está bien, nada lo está, ahora solo tengo ganas de llorar y vuelvo a sentir el enorme vacío en mi pecho, ¿cuántos secretos más hay entre nosotros? Todo lo que he escuchado ha sido sobre mí, Anabelle es mala, orgullosa, prepotente y nadie la soporta, es fría, incluso quizás hasta cruel con sus hijos y claramente no era la mejor esposa, además, trataba a todos como si no fueran nada por su posición económica pero ¿y Andrés? ¿Cómo era de verdad Andrés?