Capítulo 7: Palomitas de maíz
Anabelle
Me quedo mirándola sin tener idea de lo que sucede y entonces miro a Andrés buscando respuestas, tengo dos hermanos y al parecer los tres éramos muy diferentes, ahora mismo siento que mi cabeza estallará creándome historias en mi mente y deseando que ninguna sea cierta. Quiero recuperar a mis hijos, a mi esposo, quiero volver a empezar olvidando las cosas del pasado porque todos me han dado a entender que era una muy mala persona, pero ahora ya no me queda claro si Andrés era el único que quería el divorcio, ¿y si yo también lo deseaba? ¿Y si hay alguna razón de peso para que yo quisiera alejarme de Andrés?
—Eres Jessica —digo recordando el nombre que me dijeron mirando sus ojos y ella sonríe, una sonrisa hermosa y da un paso hacia mí.
—Y tú pareces ahora que eres encantadora —sigue sonriendo —por dios, no pareces mi hermana, ni siquiera vistes como lo hacías —me mira de arriba a abajo —cuñado —su mirada va a Andrés y odio la forma en que mira a este —nos volvemos a ver.
—¿Nos volvemos a ver? —cuestiono como estúpida porque así me siento.
—Nos vimos en la empresa —responde y me tenso —también trabajo ahí.
—Por qué dijiste que la pregunta que debía hacer era
—A Jessica le gusta hacer bromas —Andrés interrumpe mi pregunta y rápido lo miro —ella es así, fastidia porque eso le gusta y es todo —Jessica ríe.
—Sé que no me recuerdas cielo —una de sus manos toca mi cabello dando un suspiro —pero somos muy amigas, no solo hermanas —miro a Andrés buscando respuestas en él, ¿es eso cierto? —¿En serio? —mi hermana se aleja —¿Lo miras a él para saber si miento o no? Dile Andrés, ¿cómo era mi relación con mi hermana? —mira a este que está algo tenso y bufa.
—Eran iguales —dice con desdén hiriéndome en el proceso —hermanas al fin y al cabo, sacadas del mismo libro, dos gotas de agua —acaba gruñendo y Jessica ríe.
—¿Vez? Tu esposo dice la verdad, esta vez, mentir a él se le da bien.
—Jessica deja los juegos —Andrés da un paso hacia ella.
—¿Y crees que juego Andrés? —sigue sonriendo —Me fui de aquí y ustedes se divorciaban y ahora resulta que cenan juntos y ella te pregunta si aún la amas —sonríe —respóndele, ¿lo haces? —ella lo mira con rabia y esa mirada, esa mirada duele —Porque cuando una vez te pregunté lo mismo solo dijiste que la odiabas, que no la soportabas y que era la peor persona que habías conocido.
—Vete de mi casa —masculla Andrés que la toma del brazo con fuerza y decido intervenir.
—No es solo tu casa —suelto y ambos me miran, ella con una ceja alzada y al parecer la sonrisa la tiene pegada en su rostro —déjala que hable, a fin de cuentas es la primera persona que habla con sinceridad desde el accidente —Andrés rie.
—El problema es que ella solo manipula a todos —me mira —finge ser tu amiga, mi amiga, la de Mauricio y al final solo busca su bienestar —la mira con desprecio —juegas con todos.
—Tampoco es que mis juegos te desagraden mucho Andrés —esas palabras lo hacen tensar su mandíbula y a mí me dejan mirándola como tonta procesando lo que significa.
—No entiendo nada —llevo mis manos a mi cabeza —¿quieren ya decirme lo que sucede? Eres mi hermana y tú —miro a Andrés —tú y ella —me callo y parece un déjà vu de cuando lo encontré en la cocina con esa que dijo era mi mejor amiga y a la cual no he visto más.
—Por dios no —gruñe —claro que no —dice, pero no sé que pensar —lárgate Jessica o haré que te saquen a las malas —la señala y ella levanta sus manos.
—Nos veremos en la empresa cariño —Jessica ríe, me mira y en su mirada no noto el mismo amor que veo en la de Mauricio, ¿de verdad éramos amigas? Se aleja dejándonos solos y cierro mis ojos un momento necesitando que el dolor de cabeza desaparezca mientras me quedo contra la mesa.
—¿Quieres explicar algo? —pregunto sin mirarlo.
—No hables mucho con ella, es todo lo contrario a Mauricio —sonrío con esas palabras.
—¿Y debo creerlo porque tú lo dices? —lo miro y se tensa —Ella
—Ella trabaja como modelo, pero tú eres la favorita de la empresa —habla acercándose un poco más a mí —la más reconocida, la más amada, tiene envidia, siembre la ha tenido y siempre ha querido tu vida, es como Lina —menciona negando —quien era tu mejor amiga hasta que se alió con tu hermana en tu contra, nuestra contra —sigo mirando sus ojos.
—¿Esa que quiere acostarse contigo, pero dices que nunca has tocado? —me burlo de él que se aproxima más a mí.
—Nunca te he sido infiel Ana, esa es una verdad que puedo decirte —habla mirando mis ojos, no noto mentira en ellos pero
—¿Alguna vez me amaste? —mi voz sale pesada —Esa es la pregunta que mi hermana me dijo que debía
—Me enamoré de ti desde el primer momento en que te vi aunque no debía —expresa y la última parte no la entiendo, pero la primera deja mi corazón latiendo acelerado —si, te amaba, tuvimos dos hijos, yo si te amaba y nunca te he sido infiel —parece sincero —ni siquiera después de haber decidido que el divorcio era lo mejor para ambos —acaba casi murmurando y me pierdo en su mirada y aunque realmente parece sincero siento que aún quedan demasiados secretos entre ambos. Él se da la vuelta, pero mi voz lo detiene.
—Hice un trato con los gemelos —suelto rápido —¿puedo hacer uno contigo? —Andrés me mira confundido —no sé cuanto tiempo seguirás aquí conmigo, pero no quiero una guerra, el tiempo que te quedes quiero que al menos finjas que me crees y que no pienses que yo estoy fingiendo, déjame conocer a los gemelos y déjame conocerte a ti —pido y solo asiente, asiente sin hablar y luego me deja sola, bueno, al menos no tuve una negativa de su parte.
Camino por la casa sin tener idea de donde está Andrés, al parecer salió y suspiro, aun mi conversación con mi hermana sigue en mi mente y no lo entiendo, quizás deba preguntar a Mauricio, pero algo me dice que él tampoco me dirá nada. Me detengo en la habitación de los gemelos al notar la puerta entreabierta y los veo jugando, juego que detienen al verme.
—¿Y papá? —cuestiona Mat y al parecer esperan a este para el cuento que les dijo que le haría.
—Creo que salió —suspiran —¿Quieren ver una película conmigo? —suelto sin pensar y ambos me miran.
—Pensé que solo hablarías con nosotros en las cenas —dice Ben y sonrío, claro que recuerdan mi trato.
—Y así será —suspiro y miro la habitación bien notando los juguetes que tienen —es solo que —analizo bien todo —pensaba ver una película de eso —señalo el juguete y alzan las cejas.
—¿Superman? —asiento sonriendo.
—Pues si, ese mismo y bueno, también haré palomitas de maíz y bueno —sonrío y niego —pero si no quieren lo entiendo y
—Si, si queremos —Ben se pone de pie rápido, su hermano duda, pero también se levanta y mi sonrisa se agranda, ojalá los adultos fuéramos tan simples como los niños.
Llego a la cocina acompañada de los gemelos y busco los paquetes de palomitas de maíz que vi antes, es gracioso que no recuerde nada, pero miro uno de los equipos que hay aquí y se para qué se usan cada uno, los gemelos arrastran dos sillas y suben a estas para poder ver bien y preparo el sartén, uno que coloco en el fuego con el maíz y tapo, los niños sonríen encantados queriendo ver todo el proceso y solo espero, los segundos pasan y entonces comienza a ocurrir el milagro y el maíz comienza a explotar volviéndose palomitas.
—Waw —expresa Ben y sonrío.
—¿Acaso nunca habían visto esto? —ambos niegan y suspiro.
—Bueno, solo queda esperar.
—Mira como saltan Ben —expresa Mat que se inclina más sobre la encimera —¿y si quitamos la tapa? —cuestiona y rápido niego al escucharlo.
—No podemos porque —mi frase queda en el aire cuando el pequeño quita la tapa y las palomitas comienzan a saltar por toda la cocina, los niños chillan saltando de las sillas y me agacho refugiándome mientras ellos gritan y ríen acomodándose a mi lado y todas las palomitas caen por todos lados volviéndose un gran desastre hasta que veo los zapatos, la lluvia de palomitas se detiene y levanto la mirada para encontrarme con los ojos de Andrés que acaba de colocarle la tapa al sartén.
—¿Puedo saber qué sucede aquí? —los gemelos se levantan
—Hacíamos palomitas para ver una película, pero Mat quitó la tapa papá —dice riendo Ben y Mat baja la mirada.
—Fue sin querer —musita y me mira —yo solo quería.
—Tendrán que recoger palomitas para ver la película —digo y el pequeño sonríe un poco mirando mis ojos, yo entonces me pongo de pie quedando bastante cerca de Andrés.
—Vayan al cine, yo llevaré las palomitas —dice Andrés y ellos solo salen corriendo dejándonos solos.
—¿En dónde estabas? —cuestiono mirando sus ojos.
—Salí a caminar un rato, todo esto estresa —suspira —¿qué película verán? —se interesa y sonrío.
—Pues —pienso y niego —no lo recuerdo, pero a los niños parece gustarle así que —me callo cuando lleva una mano a mi cabello, cerca de mi oreja y quita de mi cabello una palomita de maíz, una que lleva a su boca y Andrés alza una ceja.
—Al menos te quedan bien —me quedo como tonta mirando su boca —algo que no puedo decir lo mismo de lo que cocinas, pero las palomitas te quedan
—Solo eché maíz a un sartén —hablo rápido regresando la mirada a sus ojos y Andrés rie, una risa que no había escuchado desde que desperté y no lo entiendo, no entiendo por qué me divorciaba de él, pero algo es claro, ahora mismo mi corazón late rápido, no puedo dejar de mirarlo y solo quiero besarlo.
—¿Tan mal cocinaba? —muerdo mi labio al hacer la pregunta y su mirada baja hasta ahí haciendo que mis mejillas ardan, Andrés ya no ríe, ni siquiera sonríe y sigue mirando mis labios.
—Incomible —suelta un poco agitado y sin poder aguantarlo más doy un solo paso, solo uno acercándome a él y pego mi boca a la suya sin pensar en más nada.