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Aslan

Mi Luna Azul 18+ — booknet.com · All chapters

Aslan

La lluvia golpeaba las copas de los árboles con una violencia hipnótica. Aslan corría, no había pensamiento alguno en su mente, solo velocidad. Sus botas se hundían en la tierra húmeda mientras atravesaba el bosque como una sombra salvaje. Las ramas rozaban sus brazos, el barro salpicaba sus pantalones y el aire frío quemaba sus pulmones, pero nada de eso importaba.

Necesitaba correr, necesitaba sacar aquello de su sistema antes de perder el control, porque sentia el poder bajo su piel rugir inquieto desde hacía días, y eso nunca era bueno para alguien como él.

Aslan saltó sobre un tronco caído sin disminuir la velocidad. Sus ojos brillaron apenas en la oscuridad mientras el bosque entero parecía apartarse a su paso.

Podía escuchar todo, su sentido del oído era mucho más sensible que cualquier otro ser sobre la faz de la tierra, resultado de la combinación de dos especies. El crujido de las ramas, la lluvia chocando contra las hojas, los pequeños animales escondiéndose bajo tierra al sentirlo acercarse, incluso el latido acelerado de un ciervo a varios kilómetros de distancia.

Su respiración empezó a cambiar, se volvió más pesada, más animal, una sonrisa felina, peligrosa apareció en sus labios.

—Eso es… —murmuró para sí mismo mientras se quitaba la ropa dejándola tirada entre las ramas sin ningun cuidado.

El dolor llegó segundos después, sus huesos crujieron brutalmente, Aslan dejó escapar un gruñido grave mientras el cambio recorría su cuerpo como fuego líquido. Sus músculos se tensaron, la columna se arqueó y sus manos se transformaron lentamente en enormes garras negras.

No luchó contra ello, jamás lo hacía. Porque aquella parte de él no era una maldición, era libertad. Un rugido atravesó el bosque, profundo, dominante y entonces apareció.

La criatura emergió entre sombras y lluvia con una presencia imposible. El tamaño de un lobo gigantesco, la musculatura poderosa de un gran felino, pelaje negro atravesado por marcas doradas que brillaban bajo la tormenta.

Ojos dorados capaces de paralizar a cualquiera, era una mezcla aterradora entre lobo y un león, una aberración de la naturaleza o, como decían sus padres, una bendición de la diosa Luna.

Aslan corrió nuevamente, ahora sobre cuatro patas, atravesando el bosque con una velocidad monstruosa. La tierra temblaba bajo sus zarpas mientras liberaba toda la energía contenida dentro de él.

Aquello era lo único que lograba calmarlo, el viento, la sensación de poder absoluto, pero entonces captó un aroma familiar y sonrió. Sin disminuir la velocidad, giró entre los árboles hasta llegar a un enorme claro iluminado apenas por el sol que se ocultaba tras las nubes.

Connor ya estaba allí, sentado sobre una roca bajo la lluvia como si nada pudiera tocarlo, el Gamma levantó la cabeza lentamente al sentirlo llegar, sus ojos rosas brillaron con diversión.

—Llegas tarde —gruñó Connor apenas Aslan apareció entre los árboles.

Aslan soltó un resoplido burlón antes de recuperar parcialmente su forma humana. El cambio recorrió su cuerpo lentamente hasta dejarlo de pie, empapado y respirando con fuerza.

—Y tú sigues siendo dramático —respondió mientras se pasaba una mano por la cabeza rapada.

—Y tu sigues siendo presumido. —dijo Connor y Aslan se encogió de hombros, sin vergüenza por su desnude— Tu padre me pidió que te buscara —dijo cruzándose de brazos—. Otra vez.

—Qué sorpresa. —Aslan puso los ojos en blanco inmediatamente.

—¿Qué hiciste ahora? —le preguntó su primo.

—Nada. —dijo antes de dar media vuelta.

—Aslan… —lo llamó caminando detrás de él.

—Solo… bueno descompuse uno de sus deportivos. —confesó.

—¿Uno?

—Bueno ya es como el tercero, pero tiene demasiados, además puede comprar más. —dijo quitado de la pena.

—Eso no un consuelo. —dijo Connor.

—Lo sé. —admitió y de pronto se detuvo, su expresión cambió y su primo lo notó de inmediato.

—¿Qué pasa? —preguntó el Gamma.

Aslan guardó silencio unos segundos, observando la lluvia caer entre los árboles.

—¿Alguna vez has sentido que algo está por cambiar? —le preguntó y Connor frunció el ceño.

—Eso sonó extrañamente profundo para ti.

—Hablo en serio.

El bosque quedó en silencio unos segundos, Aslan apretó ligeramente la mandíbula. No sabía cómo explicarlo, pero desde hacía unos cuantos días empezó a sentir algo extraño bajo la piel. Una inquietud constante. Como si el mundo estuviera empujándolo hacia algo que todavía no podía ver.

—No me acostumbro a verte pensativo. Es inquietante. —comentó Connor observándolo con atención.

—Tal vez estoy madurando. —dijo extendiendo un brazo a donde su pantalón había quedado colgado, antes de soltar una risa baja.

—No digas estupideces, por favor. Casi me da un infarto.

Una sonrisa torcida apareció en los labios de Aslan mientras se ponía el pantalón, las gotas frías resbalaban por su piel caliente sin molestarlo en lo más mínimo. Connor lo conocía demasiado bien, sabía reconocer cuándo estaba inquieto, incluso aunque intentara ocultarlo detrás de sarcasmo y arrogancia.

—Entonces… —Connor cruzó los brazos—. ¿Ya tienes todo listo para Londres?

—Sí. —asintió despacio— Mañana viajo, mi padre por fin podrá descansar de mí. —dijo con descaro.

—No digas tonterías, mejor dime si estás nervioso.

—Connor, por favor. —dijo con una sonrisa confiada— Soy encantador, atractivo y prácticamente un regalo para la sociedad. Londres va a enamorarse de mí en menos de una semana.

—Dios… —soltó una carcajada— Sí te extrañaría si alguien te matara.

—Lo sé. Sería una tragedia internacional.

—Hablo en serio, idiota. —dijo rodando los ojos con diversión.

Aslan reanudó el caminó hacia su ropa y su primo lo siguió, el bosque permaneció tranquilo a su alrededor, apenas acompañado por la lluvia y el viento entre los árboles.

—Sí estoy emocionado —admitió finalmente—. Nunca he vivido lejos de mi familia.

—Pero querías hacerlo.

—Claro que sí. —Aslan sonrió apenas—. Necesito algo diferente. Estoy cansado de que todos me miren como si fuera una bomba a punto de explotar.

Connor lo observó en silencio, porque lo entendía, desde pequeño, Aslan siempre había sido demasiado. Demasiado fuerte. Demasiado rápido. Demasiado salvaje. Incluso entre los suyos, era imposible ignorarlo.

Ser hijo de sangre real dentro de una especie dominante significaba vivir bajo vigilancia constante. Cada movimiento era observado. Cada error se convertía en un problema para toda la familia Real, y en el caso de Aslan era peor, mucho peor.

Porque Aslan no era solo un híbrido. Era el híbrido, una criatura imposible que nunca había existido, todos temían que no pudiera controlarse.

—Además —continuó Aslan con una sonrisa ladeada—, Londres está lleno de gente interesante.

—Cuando dices “interesante”, normalmente terminas en problemas. —señaló arqueando una ceja.

—Eso es ofensivo.

—La última vez que dijiste eso terminaste en una pelea ilegal con vampiros. —le recordó.

—“Casi” es la palabra importante aquí y se te olvido. —dijo Aslan llevando una mano al pecho, fingiendo indignación y el Gamma soltó una risa breve.

—Solo intenta comportarte como un ser civilizado.

—Connor, solo voy a terminar de estudiar una carrera universitaria. Claramente estoy entrando en mi era responsable y madura.

—Eso ha sido lo más aterrador que has dicho en mucho tiempo. —señaló con tono serio fingido, Aslan se rio tomando su camiseta que había quedado en un brazo de un árbol.

—Relájate. Sé que me irá bien allá. —dijo aun riendo.

—¿Por qué estás tan seguro?

—Porque soy encantador, increíblemente atractivo y tengo un talento natural para sobrevivir a malas decisiones. —declaró con una sonrisa arrogante.

—La población de Londres no está preparada para ti.

—Probablemente no. Pero tampoco es mi culpa verme así de bien.

Connor le lanzó una rama mojada directo al pecho, Aslan solo rió más fuerte, pero poco a poco la sonrisa terminó suavizándose, se puso la camiseta y miró nuevamente hacia el cielo nublado, pensativo.

—Aun así… siento que algo va a cambiar cuando llegue allá.

—¿Un mal presentimiento? —inquirió frunciendo ligeramente el ceño.

—No. —Aslan sonrió apenas—. Algo diferente.

—Eso sonó sospechosamente profundo.

—Calla.

—Sea lo que sea, vas a estar bien.

Los ojos dorados de Aslan brillaron tenuemente bajo la lluvia.

—Lo sé.

Y, por alguna razón, mientras observaba las nubes, tuvo la extraña sensación de que Londres estaba a punto de poner su mundo entero de cabeza. La lluvia empezó a disminuir poco a poco mientras ambos salían del bosque. El aire seguía húmedo, cargado con el aroma de tierra mojada y pino, pero la tormenta ya no rugía con la misma fuerza.

Connor caminaba unos pasos detrás de Aslan observándolo en silencio. Incluso después de años, seguía siendo difícil acostumbrarse a él. Había algo inquietante en la manera en que se movía, demasiado elegante para alguien tan brutalmente fuerte. Como si cada músculo bajo su piel estuviera hecho para cazar.

—¿Qué?

—Nada. —Connor se encogió de hombros—. Solo estaba pensando que Londres no tiene idea de lo que se le viene encima.

—Eso ya lo dijiste.

—Y lo repetiré hasta que entiendas el nivel de desastre que eres.

—Exageras demasiado. —soltó una carcajada baja.

—Aslan, una vez incendiaste accidentalmente un bar clandestino.

—Técnicamente fue una explosión pequeña.

—Hubo tres humanos heridos.

—Pero sobrevivieron. —dijo señalándolo como si aquello validará completamente su argumento.

—Tu capacidad para justificar tus propias estupideces debería estudiarse científicamente.

—Gracias, siempre he dicho que tengo talentos únicos.

El Gamma resopló divertido, pero luego su expresión cambió apenas.

—Te voy a extrañar. —declaró Connor.

—Yo tambien, pero estaremos comunicados.

—Bien, pero pórtate bien.

—Ya suenas como mi madre. —dijo con una sonrisa felina—. No voy a Londres con un itinerario criminal, Connor. Los problemas simplemente me encuentran.

—Claro. Pobrecito, víctima de las circunstancias.

El híbrido asintió sin borrar la sonrisa, caminaron unos metros más hasta que los árboles comenzaron a abrirse y la carretera apareció, el deportivo de Connor estaba estacionado detrás de la motocicleta de Aslan, se detuvieron frente a ellas, tomó su chaqueta de cuero y se la puso, antes de mirar a su primo.

—Voy a extrañar este lugar.

—Mentiroso. —lo contradijo— Llevas años queriendo escapar.

—Una cosa no quita la otra.

Connor lo sacó de sus pensamientos

—No hagas demasiadas estupideces. —le dijo dándole un golpe en el hombro.

—No prometo nada.

—Aslan.

—Está bien, está bien. Intentaré no destruir Inglaterra en mi primer mes.

—Eso ni siquiera me tranquiliza un poco.

Aslan soltó una carcajada, para luego despedirse de su primo y su mejor amigo, prometiendo que se verían pronto, cada uno se marchó en sus respectivos vehículos. Cuando llegó a su casa, terminó de preparar sus cosas, y disfrutó de la última noche con su familia por un tiempo.

(…)

La mañana llegó más rápido de lo que imaginaba, se habia despedido de sus hermanos la noche anterior, pues tenían escuela temprano, así que la casa estaba silenciosa, apenas acompañado por el sonido distante de los sirvientes moviéndose por la mansión. Aslan dejó sus maletas junto a la puerta.

—No crees que estás llevando muy poca ropa. —escuchó la voz de su madre.

—Mamá. —dijo girándose inmediatamente al escucharla y una sonrisa apareció en su rostro.

Isis descendió las escaleras con la elegancia de un felino, detrás de ella apareció Tristan, su padre, mucho más alto, imponente incluso estando en silencio. La presencia del Alpha llenó el lugar de inmediato, poderosa y tranquila al mismo tiempo.

Aslan sonrió apenas al verlos juntos, incluso después de tantos años seguían pareciendo una pareja completamente enamorado, bueno seguro porque eran almas gemelas y esas ridiculeces, pensó, aunque en ellos le gustaba, él no esperaba encontrar a su mate, aunque también tenía curiosidad por cómo sería cuando la encontrara.

—¿Ya vas a empezar a causar problemas en otro continente? —preguntó Tristan acercándose.

—Qué poca fe me tienen todos. —se quejó Aslan.

—Aslan. —Isis cruzó los brazos—. En los últimos seis meses hubo tres explosiones, dos peleas ilegales y alguien perdió un automóvil deportivo en un lago.

—Técnicamente el lago apareció después. —le aclaró con una sonrisa que fingía inocencia.

—No fue tan gracioso cuando pasó. —dijo su padre.

—Para mí sí.

—Aslan. —le advirtió su mamá.

—Está bien, está bien. —levantó ambas manos con diversión—. Voy a comportarme.

Sus padres intercambiaron una mirada claramente poco convencida.

—No meterte en problemas no significa solamente evitar destruir cosas. —dijo Tristan—. En Londres hay demasiados seres sobrenaturales, debes comportarte.

—Lo sé.

—Y eres incapaz de pasar desapercibido. —añadió Isis.

—Eso no es culpa mía. —sonrió con descaro— Fueron ustedes por crear un ser tan único.

—Precisamente ese tipo de respuestas son las que me preocupan. —murmuró su mamá acercándose finalmente.

Isis acomodó distraídamente el cuello de la chaqueta negra de su hijo. El gesto fue pequeño, casi automático, pero Aslan bajó apenas la mirada. Porque sabía perfectamente que su madre estaba preocupada.

—Prométeme que vas a mantenerte lejos de los problemas. —pidió Isis.

—Lo prometo. —respondió de inmediato, eso provocó que su madre entrecerrará los ojos.

—No cruces los dedos. —le pidió y Aslan sonrió lentamente.

—No lo hago.

—Manos al frente.

El híbrido chasqueó la lengua con dramatismo antes de sacar las manos de detrás de la espalda y mostrársela a su madre.

—Aslan.

—Está bien. —suspiró exageradamente antes de levantar ambas manos—. Prometo no meterme en problemas.

Y técnicamente estaba diciendo la verdad o al menos una versión conveniente de ella. Porque la extraña mezcla que corría por sus venas tenía demasiadas ventajas. Fuerza monstruosa. Sentidos imposibles. Velocidad sobrehumana, pero una de las más peligrosas era aquella, que nadie podía saber si decía la verdad o mentía, asi que ningún ser sobrenatural era capaz de detectarlo.

Ni siquiera los Alfas Reales, ni siquiera su padre, ni Los Reyes, nadie sobre la faz de la tierra podía hacerlo. Los ojos rojos de Tristan permanecieron fijos en él unos segundos, como si intentara leer algo más profundo bajo la sonrisa arrogante de su hijo.

—Eso no me tranquiliza en absoluto. —admitió finalmente el Alfa real.

Aslan soltó una risa baja antes de abrazar primero a su madre, quien cerró los ojos apenas un instante mientras lo rodeaba con ambos brazos.

—Llámame cuando llegues.

—Sí, mamá.

—Y come bien.

—Soy un hombre adulto.

—Y aun así eres capaz de alimentarte solo de café y carne.

—Eso es una exageración.

—No lo es. —dijo su padre y Aslan lo miró antes de abrazarlo— pórtate bien y haznos sentir orgullosos.

—Siempre lo hago. —declaró con su descaro habitual, su padre gruñó divertido.

—Esa arrogancia definitivamente la heredaste de tu madre.

—Y tú heredaste el mal humor de no sé quién. —replicó Isis inmediatamente.

Aslan soltó una carcajada mientras tomaba finalmente sus maletas. La emoción empezó a mezclarse lentamente con aquella extraña inquietud que seguía instalada bajo su piel.

Londres, una ciudad inmensa, llena de criaturas peligrosas, llena de posibilidades y, por alguna razón, sentía que algo allá lo estaba esperando desde mucho antes de que él siquiera decidiera ir.

—Bueno… —Aslan caminó hacia las enormes puertas de entrada—. Intenten no extrañarme demasiado.

—Eso será difícil. —respondió su madre—. El silencio va a sentirse raro sin ti destruyendo algo cada dos días.

—Soy inolvidable, lo sé.

Isis negó lentamente con la cabeza, aunque una sonrisa terminó escapándosele.

—Cuídate, Aslan.

El híbrido sostuvo la mirada de su madre un último segundo antes de sonreír. Lo acompañaron hasta la camioneta, volvieron a abrazarlo y le repitieron que debía portarse bien. Él asintió antes de entrar y mientras el vehículo avanzaba, alejándose de la residencia familia, Sintió que aquel viaje estaba a punto de cambiarlo absolutamente todo…