Convergencia
La mañana llegó mucho antes de lo que Arlet hubiera deseado. Abrió los ojos cuando la tenue luz gris de Londres comenzó a filtrarse a través de los enormes ventanales de su habitación. Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando el techo, aferrándose a aquel breve instante en el que la mente todavía no recordaba las preocupaciones del día anterior. Entonces lo recordó y cerró los ojos de nuevo.
—Por supuesto —murmuró.
El híbrido.
La lluvia.
El vínculo.
Aquella sonrisa insufriblemente confiada.
—Cachorro presumido. —siseo y giró sobre un costado y hundió el rostro en la almohada, intentando convencerse de que estaba exagerando.
Quizás si ignoraba el asunto durante unos días terminaría desapareciendo por sí solo, aunque sabía perfectamente que aquello era imposible. Estaba segura de que si su abuela Fátima supieras lo que está pensado se habría reído en su cara ante semejante razonamiento.
La sola imagen en su mente de su abuela provocó una mueca en sus labios, porque tarde o temprano tendría que llamarla y cuando lo hiciera, el ser de luz probablemente la observaría con esa expresión insoportablemente sabia que tanto odiaba y le diría algo como: *"Te lo advertí hace años."*
—Ni se te ocurra decirlo —gruñó al techo.
El techo, afortunadamente, no respondió, con un suspiro resignado, apartó las sábanas y se incorporó. Su apartamento estaba completamente en silencio, le gustaba así.
Había algo relajante en despertar sola, sin escoltas, recordándole constantemente quién era. Allí no era la hija del Rey de los Vampiros. Era simplemente Arlet, fotógrafa, empresaria, mujer y nada más. Aun recordaba cuando vivía solamente con su madre, todo era mucho más fácil, aunque amaba con locura a su padre, no sabía lo que traería ser hija de Desmond Carter, sus piró y se dirigió descalza hacia la cocina mientras recogía el cabello oscuro en una coleta improvisada. Minutos después sostenía una taza de café entre las manos y contemplaba el amanecer londinense desde los ventanales del salón.
Normalmente aquel momento era uno de sus favoritos del día, pero aquella mañana no, porque la sensación seguía allí, más suave, más tranquila, pero presente. Una especie de calor persistente alojado en algún rincón de su pecho.
La vampira frunció el ceño, aquello era ridículo, no conocía a ese hombre, no sabía su nombre completo, no sabía de dónde venía, no sabía cuántos años tenía, ni siquiera sabía exactamente qué clase de híbrido era y sin embargo podía sentirlo, no a él directamente, solo la existencia del vínculo como una cuerda invisible tendida entre dos puntos.
—Lo odio. —declaró y tomó un sorbo de café.
La afirmación sonó convincente, el problema era que no resultaba particularmente cierta, porque si realmente lo odiara no seguiría pensando en él, no seguiría recordando aquellos ojos imposibles que cambiaban de color, ni la manera en que la había observado, como si no le importara en absoluto quién era.
Aquello debería haberla enfurecido y lo había hecho. Solo que también había sido... refrescante. Arlet soltó un gemido de frustración y apoyó la frente contra el cristal.
—Definitivamente lo odio. —murmuró, pero esta vez sonó mucho menos convincente.
Su teléfono comenzó a vibrar sobre la encimera, ea pantalla mostró el nombre de Oriana.
—Buenos días. —respondió inmediatamente.
—Mentirosa. —dijo su amiga del otro lado del a línea, Arlet parpadeó.
—¿Perdón?
—Esa no es voz de buenos días. Esa es voz de alguien que no durmió. —señaló y la vampira suspiró.
—Quizás dormí un poco menos de lo habitual.
—¿Y la razón?
—No lo sé. —dijo dudando apenas un segundo.
—Arlet Carter, te conozco desde hace más de una década. Cuando dices "no lo sé" significa que sabes exactamente qué pasa y no quieres contarlo.
Una sonrisa involuntaria apareció en los labios de Arlet, porque Oriana tenía la irritante costumbre de acertar demasiado.
—No exageres.
—¿Es un hombre? —le preguntó y Arlet escupió café. Del otro lado de la línea se hizo un silencio, a lo cual le siguió una carcajada triunfal— ¡Es un hombre!
—Oriana...
—¡Es un hombre!
—Voy a colgar.
—No te atrevas, princesa rebelde, escupe.
Por primera vez desde la noche anterior, Arlet soltó una risa genuina y, aunque no lo admitiría jamás, aquella conversación era exactamente lo que necesitaba para impedir que cierto híbrido arrogante monopolizara por completo sus pensamientos.
(…)Aslan despertó antes de que sonara la alarma.
Lo supo incluso antes de abrir los ojos, había algo diferente. Una sensación extraña de bienestar que no recordaba haber experimentado en mucho tiempo. Permaneció unos segundos tumbado boca arriba, observando el techo de la habitación mientras intentaba identificar el motivo. Entonces sonrió.
La vampira.
Su vampira.
Aquello seguía resultándole increíble, había llegado a Londres el día anterior sin más preocupaciones que adaptarse a la universidad y disfrutar de la ciudad. Había planeado fiestas, aventuras y probablemente una cantidad cuestionable de malas decisiones.
Y menos de cuatro horas después había encontrado a su destinada.
—Nada mal para un primer día —murmuró para sí.
Se incorporó y pasó una mano por su cabeza rapada, antes de levantarse de la cama, la sensación del vínculo seguía allí, suave, lejana, pero constante. Como si alguna parte de él supiera que ella existía en algún lugar de la ciudad y, por alguna razón, aquello lo hacía sonreír como un idiota.
Mientras se dirigía a la cocina, recordó la expresión que había puesto cuando él la llamó preciosa. La forma en que había intentado mantener la compostura, la manera en que sus ojos se habían abierto apenas cuando comprendió lo que estaba ocurriendo entre ellos.
Su vampira tenía carácter, mucho carácter y eso le encantaba.
—Voy a volver a encontrarte —declaró mientras preparaba café.
No tenía idea de cómo, no sabía dónde vivía, no sabía qué hacía, ni siquiera sabía su nombre, pero para el Londres ya no parecía tan grande como el día anterior. Tarde o temprano volverían a cruzarse, su instinto ayudaría mucho en eso. La idea le pareció perfectamente razonable.
Estaba terminando su primera taza de café cuando el teléfono comenzó a sonar sobre la encimera. La pantalla mostró el nombre de Connor, el Alfa Real sonrió antes de contestar.
—Buenos días.
—Oh, no. —dijo su primo desde el otro lado de la línea.
—¿Qué?
—Esa voz.
—¿Qué tiene mi voz? —inquirió levantando una ceja, aunque Connor no lo vieras.
—Suena feliz. —señaló y Aslan soltó una carcajada.
—Buenos días para ti también.
—Es peor de lo que pensaba.
—Connor...
—No. Escúchame. Nos hemos apartado solo unas cuantas horas y esta mañana respondes al teléfono como un hombre enamorado.
—No estoy enamorado.
—Claro que no. —dijo riendo.
—Connor.
—¿Cómo es humana, loba, bruja, hechicera?
—No.
—Confiesa. —exigió el Gamma— ¿Tienes su número? ¿La has llamado?
—No tengo su número.
—¡Lo sabía! —exclamó entre risas y Aslan negó— ¿Sabes cómo se llama? —le preguntó, pero el Alfa Real permaneció en silencio. Del otro lado de la línea se escuchó una carcajada tan fuerte que tuvo que apartar el teléfono de la oreja— No lo puedo creer.
—No es tan grave, solo que es mi destinado. —declaró y el silenció del otro lado de la línea fue absoluto.
—Espera, me estás diciendo que encontraste a tu destinada y ni siquiera sabes cómo se llama.
—Ya lo averiguaré. —declaró con seguridad y sabía que venía un interrogatorio por parte de su primo.
—¿Dónde vive?
—No lo sé.
—¿Qué estudia?
—Tampoco.
—Esto es maravilloso. —dijo Connor volviendo a reír.
—¿Por qué?
—Porque por primera vez en tu vida no tienes idea de lo que estás haciendo.
Aslan se apoyó contra la encimera y negó con la cabeza. Odiaba admitirlo, pero Connor tenía razón normalmente las cosas eran sencillas.
Conocía a una mujer, coqueteaba, la invitaba a salir, fin de la historia. Ahora no. Ahora tenía una vampira increíblemente hermosa que parecía debatirse entre besarle o arrancarle la cabeza y curiosamente, eso solo hacía que quisiera verla más.
—Voy a encontrarla —afirmó.
—Nunca dije que no lo harías.
—Entonces deja de burlarte.
—Jamás. —dijo y volvió a reir, Aslan resopló.
—Eres un pésimo amigo.
—Soy un amigo excelente. Un pésimo amigo te diría que ignores a tu destinada.
—¿Y tú qué me dices?
—Que cuando la encuentres otra vez intentes no provocar una amenaza de muerte durante los primeros cinco minutos.
—No puedo prometer eso. —dijo pensativo, y de nuevo su primo soltó otra carcajada.
—Sí, definitivamente encontraste a la indicada. Cualquier otra mujer ya habría caído rendida ante tu sonrisa.
Una imagen de la vampira apareció inmediatamente en la mente de Aslan.
Aquella mirada glacial.
Aquel orgullo imposible.
Aquella obstinación.
La sonrisa regresó sola a sus labios.
—Sí —admitió mientras observaba la ciudad a través de los ventanales—. Creo que sí.
Conversó un rato más con su primo y le pidió que no dijera nada, por supuesto Connor le dijo que no se preocupara, que no contaría nada, terminó la llamada, para luego prepararse para su primer día de universidad en esa lluviosa ciudad.
(…)Arlet salió del edificio con su segunda taza de café en un termo que sostenía firmemente en su mano y unas gafas oscuras ocultando parcialmente su rostro. La mañana londinense estaba fresca; el cielo permanecía cubierto por una densa capa de nubes grises que amenazaban con lluvia, aunque todavía no caía una sola gota. Normalmente disfrutaba de aquellos paseos silenciosos, ya que le permitían ordenar sus pensamientos antes de llegar al estudio de arte.
Sin embargo, la paz de aquella mañana duró exactamente tres segundos.
En cuanto puso un pie sobre la acera helada, se quedó completamente inmóvil. Lo sintió de golpe en lo más profundo de su ser. Aquel aroma... bosque húmedo, tierra caliente, algo indómito y salvaje. Algo peligrosamente familiar.
Los ojos de Arlet se cerraron con fuerza un instante, conteniendo un suspiro de frustración, porque estaba segura de que sus ojos estaban escarlatas.
—No. —musitó.
Al mismo tiempo, una calle atrás, Aslan acababa de salir de su edificio cuando percibió la fragancia que había ocupado sus pensamientos durante toda la noche: violetas, lluvia fresca y un toque de elegancia fría. Su cabeza giró de inmediato, guiada por un instinto puramente animal, y una sonrisa descarada se dibujó en su rostro.
—Buenos días para mí —murmuró.
No necesitó pensarlo dos veces; su cuerpo ya se movía antes de que su cerebro terminara de procesarlo. Porque allí estaba ella, cerca, extremadamente cerca. El lazo que los unía prácticamente vibraba en su pecho, latiendo con la fuerza cálida y dominante de su lado animal.
Arlet reanudó la marcha con pasos firmes y decididos, decidida a ignorarlo o, al menos, a intentarlo con todas sus fuerzas. Le irritaba haber reconocido su presencia tan rápido, pero le molestaba todavía más que una parte de su naturaleza inmortal hubiera memorizado la firma de su calor corporal después de unos minutos de encuentro.
—Ridículo —masculló para sí misma entre dientes.
—Estoy de acuerdo.
Arlet se detuvo en seco, lentamente giró la cabeza y allí lo encontró, mirándola con una sonrisa brillante y altiva, con toda la presencia magnética y radiante de un Leon que se sabe el centro de atención. Era como si el universo entero se hubiera puesto de acuerdo para fastidiarle el día.
—Tú —dijo ella, con tono gélido.
—Yo.
—¿Me seguiste?
—No.
—Mentira.
—Bueno... técnicamente te encontré —corrigió el Alfa Real, ensanchando su sonrisa.
—¿Andas con rodeos? ¿Cuál es la diferencia?
—Que una opción suena romántica y la otra, ilegal.
Arlet lo observó en silencio durante varios segundos, evaluando con total seriedad la posibilidad de usar su fuerza vampírica para empujarlo directamente hacia el tráfico de la avenida.
—¿Siempre hablas tanto? —terminó preguntando.
—Solo cuando estoy cerca de mujeres hermosas.
—Entonces deberías guardar absoluto silencio. —ordenó y de media vuelta, reanudando su marcha.
—Imposible.
Aslan comenzó a caminar a su lado con una naturalidad pasmosa, como si hubieran acordado encontrarse para dar un paseo matutino, ignorando por completo que ella había intentado deshacerse de él de forma bastante tajante la noche anterior.
Arlet aceleró el paso; él se limitó a alargar sus zancadas para mantener la marcha. Ella cruzó la calle de forma imprevista; él la siguió sin dudar. Ella continuó caminando sin mirar atrás, pero la calidez de su presencia seguía allí, pegada a su costado.
—¿Qué haces? —le espetó la vampira, exasperada.
—Caminar.
—Ve a caminar a otro lado, cachorro.
—Pero este lado me gusta mucho más. —dijo regalándole un guiño descarado y Arlet apretó la mandíbula con tanta fuerza que temió romper el termo que llevaba en la mano.
—¿Siempre eres tan insoportable?
—No.
—Mientes.
—Está bien, tienes razón. Sí lo soy —admitió con un encogimiento de hombros.
La sonrisa que acompañó sus palabras fue tan descarada y segura que Arlet sintió un impulso casi incontrolable de estrangularlo allí mismo.
—¿Sabes qué es lo peor de todo? —continuó Aslan, mirándola de reojo con evidente diversión.
—No me interesa en lo más mínimo.
—Que eres aún más hermosa bajo la luz del día. —declaró y Arlet se detuvo de nuevo, girándose por completo hacia él.
—Voy a asumir que sufres algún tipo de daño cerebral severo, mestizo.
—Eso dolió, fue muy cruel —protestó, fingiendo indignación y colocándose una mano sobre el corazón.
—Y bien merecido lo tienes.
—Aun así, sigues siendo preciosa.
Ella cerró los ojos, respirando hondo. Contó mentalmente hasta diez y luego, al ver que no era suficiente para calmarse, contó hasta veinte. Cuando volvió a abrirlos, el híbrido seguía en el mismo sitio: perfectamente tranquilo, perfectamente sonriente y perfectamente irritante.
—¿No tienes clases a las que asistir, cachorro? —preguntó, cruzándose de brazos.
—Sí, de hecho.
—¿Y por qué no estás en tu salón de clases? —cuestionó.
—Porque prefiero estar aquí, hablando contigo. —volvió a guiñarle el ojo.
—Esto no es una conversación, hibrido.
—Claro que lo es.
—Te estoy exigiendo que me dejes en paz de una vez por todas. —declaró mientras sus ojos parpadeaban en escarlata unos segundos.
—Y yo te estoy diciendo que tienes unos ojos increíbles, incluso detrás de esas gafas oscuras, puedo ver el escarlata en ellos.
—Eso no cuenta como un argumento válido.
—Para mí sí —replicó, arqueando una ceja con orgullo.
Arlet reanudó la marcha a toda prisa antes de perder los estribos y cometer un asesinato en plena vía pública, provocando una guerra entre los vampiros y lo que fuera que sea el hibrido. Aslan, sin inmutarse, volvió a emparejarse con ella con una agilidad felina.
—¿Sabes? —prosiguió él en un tono más suave, casi íntimo—. Anoche me resultó imposible dejar de pensar en ti.
—Qué tremenda tragedia. —murmuró.
—Lo sé. Dormí fatal por tu culpa.
—Espero que esta noche te ocurra exactamente lo mismo.
—Qué fría eres, Inyanga (Luna en zulú es una lengua bantú de la familia nguni originaria de Sudáfrica)
—Y aun así, sigues caminando a mi lado.
—Exactamente.
Arlet le lanzó una mirada verdaderamente asesina. Era una expresión cargada de una fría promesa de muerte, una advertencia letal capaz de hacer retroceder al más valiente de los seres sobrenaturales de la ciudad. Aslan, sin embargo, no retrocedió ni un milímetro. Al contrario, ensanchó su sonrisa y le guiñó un ojo con total complicidad.
—Definitivamente te ves más bonita cuando intentas matarme.
Por primera vez en sus en todos sus años de existencia, Arlet Carter comprendió a la perfección por qué algunas especies recurrían a la violencia física para resolver sus diferencias. En ese preciso instante, compartir el mismo espacio con aquel híbrido estaba empezando a hacer que la violencia pareciera una alternativa sumamente tentadora y razonable…
***Holis, alguna aclaración, primero siento no haber actualizado el viernes, pero no tenía luz pase casi 24 horas sin luz y no tenía este capítulo terminado, solo empezado, esa es la razón.Otra aclaración, Aslan es hijo de los protagonistas de Dulce Venganza libro disponible gratis lo pues leer sin problema, su padre es un Alfa Real, y su madre es una Alfa Leona, por lo que él es un alfa por ambas partes, pero para la historia su estatus es de Alfa Real, asi que asi lo llamere, es decir, como ya saben mis Alfas Reales tiene 4 formas, el humano, la parte animal que normalmente sería un lobo, pero Aslan es un hibrido y tambien cuando se convierte en hombre lobo en su caso tambien es un hibrido asi que muestras rasgos tanto de un lobo y un león, pero es un Alfa Real, porque puede convertirse en uno como lo he descrito en todas mis otras historias L la union de su parte animal lobo y su parte humana, en fin espero que me haya explicado, creo que es todo por el momento. Cuídense, lindo inicio de semana.Luna Minage.