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Episodio 11: Un plan perfecto

Negociando Con El Diablo 18+ — booknet.com · All chapters

Episodio 11: Un plan perfecto

Pandora.

Roma había tenido que irse, pero me había mostrado la habitación que iba a ocupar.

No bromeaba cuando decía que no tenía nada.

Literalmente, era un cuarto con tres paredes, un techo y una puerta.

—Parece que, debemos hacer un par de compras antes de poder mudarnos —le dije a Sombra que me respondió con un maullido.

Suspiré.

Debía regresar al hotel por mi auto; de allí iría a comprar una cama, al menos, un colchón. Quizás una mesita de noche y un pequeño escritorio.

Tomé a Sombra entre mis manos:

—Debo salir, pero con suerte, hoy dormiremos juntas en una linda cama. —Besé su cabecita y la dejé en el suelo.

Caminé al hotel organizando lo siguiente de que debía hacer.

Cancelar el salón donde se realizaría la boda y solicitar el dinero que había depositado. Lo mismo con el banquete y la pastelería.

¡Dios mío!

También debía cancelar los licores y el vestido, aunque, este último solo había dado una pequeña inicial para apartarlo.

Llegué a mi auto y lo encendí.

De pronto, vi como un montón de personas -periodistas- se concentraban en la entrada del hotel. Poco después, apareció el Diablo acompañado de otro imponente hombre.

Negué con la cabeza, no me interesaba lo que estaba pasando o que me vieran con él, de nuevo.

Conduje a la zona industrial, allí no solo encontraría buenos precios, sino que, llevarían mi compra hasta la puerta de mi casa.

Esa era otra ventaja de mi trabajo, conocía dónde había calidad y buenas ofertas.

Me desinflé un poco al recordar que, ya no trabajaba como diseñadora de interiores.

De hecho, debía tomarme el tiempo de ir por mis cosas. Es que solo pensar en la estúpida cara de Jeff, me daba náuseas.

Estacioné el auto y fui a pie a ver las tiendas.

════∘◦✧◦∘════

Diablo.

Siempre era lo mismo, los buitres esperando por mí a las afueras de cada lugar al que iba.

No fuese molesto si solo preguntaran por mi trabajo, pero se reúnen allí todos apestando a preguntarme de mi vida privada.

Me acomodé el filtro que yo mismo había creado, pero sin importar lo efectivo que era mi dispositivo, estos encuentros, siempre me dejaban con dolor de cabeza.

Ojalá solo pudiera retener el olor de Pandora en mi nariz y usarlo de escudo contra los demás olores.

—Señor, Diablo —gritó una estúpida mujer que olía a cebolla y ajo acercándome un pequeño micrófono a la cara, que olía a mierda —. Queremos saber quién era la mujer que llevó a su habitación.

—Es una mujer hermosa —dijo otro imbécil que olía a licor, seguro pasaba por un mal momento y había ahogado sus penas en alcohol barato.

Retuve la respiración y cerré los ojos, eran muchos olores, muchas preocupaciones, muchos miedos, nervios, incluso excitación, todo eso se mezclaba en el ambiente y yo quedaba mareado.

Sumado a eso, estaban los olores habituales de la calle.

Abrí los ojos y noté como todos los periodistas esperaban paciente por mi respuesta.

Era un poco estúpido de su parte, seguirme a todos lados. No era conocido por ser amable, ni educado, de hecho, me gustaba ser pedante. Pero, en ese momento, me di cuenta de que ellos eran un relevante medio para llevarle un mensaje a un malnacido en particular.

—La mujer que vieron conmigo se llama Pandora. —Dejé que mis palabras se sentaran en la cabeza de los presentes—. Y no solo es mi novia, es mi futura esposa y madre de mis hijos.

—¿Cuánto tiempo llevan saliendo? —indagó una periodista que se había bañado en perfume. Creí que, así ocultaba el olor a sexo que desprendía, pero ese aroma, también lo tenía su camarógrafo.

—El suficiente como para afirmarlo públicamente.

—¿Por qué ha mantenido oculta su relación? —cuestionó la mujer que apestaba a cebolla.

La miré con furia.

—Debería preocuparse más por cepillarse luego de comer que de la mujer con la que salgo. —Me llevé la mano a la boca y respiré a través de mis dedos—. No responderé más preguntas.

Seguí caminando con Maximiliam a mi lado.

—Me sorprende que solo le dijeras eso —se burló Max acompañándome al auto—. ¿En serio, piensas que esa chica y tú puedan tener algo serio?

—Estoy decidido a que Pandora se convierta en mi esposa —sentencié.

Max se detuvo y comenzó a tantear su cuerpo, luego miró el suelo como si se le hubiera perdido algo.

—¿Lo has visto? —me preguntó buscando algo dentro de su chaqueta.

—¿El qué? —cuestioné.

—Tu cabeza, es que las has perdido por completo. —Max se acercó y puso su mano en mi hombro—. Entiendo, la tal Pandora coge bien, pero muchas mujeres lo hacen y…

—Pandora es diferente, ella me hace sentir vivo.

Max me miró y asintió.

—Entonces, es bueno ver que la pelirroja tiene lo necesario para sacarte de 15 años de depresión. —Max se alejó de mí y sonrió—. Ahora tienes un trabajo más difícil.

—¿Cuál?

—No cagarla. —Expulsé el aire de mis pulmones—. ¿Vienes o qué?

Max subió al auto y fui tras él.

Conduje en silencio hasta el antiguo trabajo de Pandora. Al llegar me estacioné en mi puesto y descendí el vehículo arreglando mi chaqueta.

—¿Qué hacemos aquí? —indagó Max viendo el insignificante edificio.

—Es la empresa donde trabajaba Pandora —le expliqué entrando al vestíbulo.

—¿Qué hacemos aquí? —repitió Max la pregunta, se detuvo y puso su mano en mi pecho.

—Investigué un poco, ella fue echada sin motivo alguno de aquí, así que…

—¿La compraste? —Max me observó esperando una respuesta, pero solo guardé silencio—. Maldita sea, la compraste para convertirte en su jefe.

—La compré porque me gusta el dinero y ella era una buena empleada —le aclaré retomando la marcha.

—¿Ella lo sabe?

—Lo sabrá, en su debido momento lo sabrá.

—Hermano, te hablo de no cagarla y… —Max negó con la cabeza.

—Sé lo que hago, ahora, lárgate tengo negocios que hacer.

—Vale, pero no me guardaré el secreto.

—Cierra la puta boca o te joderé. —Le di un empujón que lo hizo retroceder varios pasos.

Max sonrió e igualó el empujón.

—Te veo en Londres. —Se despidió sonriendo.

Todos se habían concentrado en mí y lo que había perdido, pero mis hermanos, ellos también habían perdido y se habían tragado su dolor.

Pandora le daba luz y color a mi triste y oscura vida.

Subí a mi oficina temporal, y le pedí a la secretaría de Jeff que lo enviara a mi despacho.

La empresa estaba jodida, pero eso había sido ventajoso para mí. Pues, la había adquirido a buen precio.

Pero, recuperarla iba a ser otro cuento, lo importante, era deshacerme de las escorias que llevaban a la quiebra este lugar.

Dos toques en mi puerta me avisaron que Jeff había llegado.

—Está abierto.

El imbécil de Jeff entró a mi despacho temblando como el marica que era, se sentó frente a mi escritorio y retuvo el aliento.

—¿Sabes por qué te mandé a llamar? —pregunté clavando la mirada en él.

—N-no, señor —balbuceó el pendejo.

—Cuando compré la empresa le hice una evaluación a mis empleados, para determinar si estaban al nivel de su responsabilidad. —Saqué un documento y lo tiré en la mesa frente a él—. Según esto, estás capacitado para ser el asistente del conserje.

—Eso es imposible, vengo siendo el jefe de…

—Exacto, eres el responsable de que la empresa esté atravesando una terrible crisis financiera. Me pregunto, ¿cómo obtuviste el puesto de jefe? —Me levanté de mi asiento—. Pero, como si tu incompetencia fuera insuficiente, despediste a la única empleada que daba la cara por tu departamento.

—¿Pandora? —El maldito soltó una carcajada y el asqueroso olor que desprendió me enfureció, solo pensar en ella le excitaba—. Esa era una perra desagradecida, hice bien en echarla a la calle…

Le di una patada al respaldar de su silla y lo mandé al suelo.

»¿Qué demonios? —preguntó el gusano tratando de levantarse del piso.

«Miedo, confusión». Podía olerlo transpirar.

Puse mi pie en su cuello y apreté.

—Por esa clase de comportamientos es que no pasas de ser un maldito parásito. —Retiré mi pie, lo tomé del cuello de la camisa, lo levanté un poco y lo dejé caer en el piso afincando mi peso en él—. Por suerte, ni tú, ni tus amigos seguirán trabajando en la compañía.

—No puedes despedirme, soy un empleado fijo —expresó el cretino.

—Sí, en la antigua empresa, la que llevaste a la quiebra, en la nueva no serás ni el conserje. Además, me aseguraré de que nadie te contrate por misógino y acosador sexual.

Lo levanté del suelo y palmeé su pecho con fuerza

»Ahora, tienes 2 horas para que saques todo de tu oficina, no quiero que dejes nada, ya que, la nueva jefa la ocupara.

—¿Quién será la nueva jefa? —preguntó Jeff con osadía.

«Molestia». Lo empujé con fuerza y cayó al suelo de culo.

—Dos horas. —Lo sostuve del cuello de su camisa—. Si no lo que recogerán, será tu cerebro del asfalto.

«Miedo, miedo, miedo». Sonreí.

El tipo salió arrastrándose de mi oficina y suspiré.

Estaba orgulloso de mí, había logrado controlarme lo suficiente para no mandarlo al hospital.

Regresé a mi silla, debía poner al día la empresa y asegurarme de que Pandora no fuera contratada por nadie.

Estaba tranquilo, dinero no le iba a faltar.