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Episodio 12: Visita nocturna

Negociando Con El Diablo 18+ — booknet.com · All chapters

Episodio 12: Visita nocturna

Pandora.

Había pasado horas caminando viendo tiendas, pero al final del día, lo único que tenía en mi habitación, era un colchón doble pillow matrimonial ortopédico, una bolsa mediana con varios juegos de sábanas y mi maleta sirviéndome de mesa de noche.

Roma me había avisado que, la convención de médicos que daban en el hotel había terminado, pero que debía quedarse más tiempo.

De seguro llegaría tarde del trabajo y no tenía nada más que hacer aquí.

Miré mi maleta y vi el teléfono que me había dado Nixon, en todo el día había evitado tomarlo, pero ahora, estaba allí y yo toda aburrida.

Expulsé el aire de mis pulmones y lo agarré.

—Bien, revisemos este cacharro.

Realmente, no era un mal teléfono y era eso lo que me incomodaba un poco, este equipo era carísimo, de última generación y las características se venían geniales.

Como es normal, abrí la cámara y me tomé un par de selfies . Las cuales, debo decir que, quedaron geniales.

Debía aceptar el regalo con gratitud y disfrutarlo, seguro sería de mucha utilidad en mi trabajo.

Si de algo estaba agradecida con la tecnología era que, sin importar, lo que sucediera con tu móvil, podías pasar toda la información a tu nuevo teléfono sin mucho drama.

Me detuve frente a la pantalla del celular y me quedé en blanco. ¿Realmente deseaba pasar todo lo que tenía en ese teléfono?

Medité un par de segundos la idea y concluí que, lo único importante eran aquellos contactos de mis clientes que obtuve en mi antiguo empleo.

Entré al navegador y sin tener control o consciencia de lo que hacía, busqué a Nixon “El Diablo” Fitzgerald.

Vaya, sí que era una persona de interés público.

Al parecer, lo habían entrevistado cuando salía del hotel rumbo a realizar un viaje de negocios.

—¡Mierda! —exclamé dando un salto en la cama.

Leí varias veces lo que había dicho de mí, y sin poder evitarlo me sonrojé. ¿Quién en su sano juicio no lo haría?

Este tipo no estaba jugando… ¿O quizás sí lo hacía?

Me llevé una mano al corazón y lo golpeé varias veces:

—No te emociones, recuerda lo que pasó en tu última relación.

Seguí revisando algunos artículos, para intentar saber más de Nixon.

Estaba leyendo un artículo donde lo describían como un hombre reservado, misterioso, inquebrantable a la hora de hacer negocios y exitoso. Era un genio tecnológico que, hacía algunos años, había comenzado a tener mucho éxito por sus acertadas adquisiciones en compañías que se dedicaban a otros rubros, lo que le había generado millones en ganancias.

De la nada, en mi barra de notificaciones apareció un mensaje:

“Si quieres saber algo de mí, puedes preguntármelo” . Leí varias veces el mensaje y luego el remitente.

Este Diablo descarado, había guardado su número como: “Mi esposo”

Sonreí ante su atrevimiento.

“No me interesa saber nada de ti”, mentí mordiéndome el labio inferior.

“¿Entonces por qué investigas sobre mí?”

«¿Cómo carajo supo eso?» . Miré a mi alrededor, pero seguía estando en mi cuarto, con Sombra dormida en una esquina del colchón.

Entonces a mi mente vino el artículo donde decía que Nixon era un genio tecnológico.

“¿Para eso me diste el teléfono, para espiarme?” Escribí furiosa.

“Cerecita muchas personas pagan mucho dinero por obtener información valiosa sobre sus rivales o amantes”

Entrecerré los ojos, esto era una locura.

“¿Entonces sí me espiabas?”, lo acusé alzando una ceja.

“Preciosa, como ya leíste, soy el mejor ingeniero informático del país, personalmente, creo que, del mundo”

Dejé de leer y escribí:

“ESO NO TE DA DERECHO DE ESPIARME”

“Tócate”, pidió cambiando por completo la conversación. “Tócate y gime mi nombre” “Tócate despacio como si fueran mis dedos los que te estuvieran dando placer”

“Esta conversación se acabó”. Dejé el teléfono sobre el colchón.

“Tócate o iré a follarte en persona”

Leí el mensaje desde la barra de notificaciones y sonreí.

Había leído que estaba fuera del país, así que, no caería en su juego.

—Mañana nos espera un largo día —le comenté a Sombra, pero ella solo medio abrió un ojo y lo cerró ignorando por completo lo que le dije.

Me levanté, apagué la luz y me metí en la cama, teniendo cuidado de no pisar a mi peluda amiga.

La habitación quedó en penumbras, solo iluminada por la suave luz de la luna que se colaba por la ventana entreabierta.

Me quedé contemplando el techo, con la mirada perdida, pensando en las cosas que me quedaban por realizar.

El murmullo de la brisa, meciendo las ramas, era una encantadora música de cuna. En la distancia podía escuchar el ladrido de un perro.

Suspiré sintiendo cómo los párpados se ponían cada vez más pesados, haciendo casi imposible mantenerlos abiertos.

Mi respiración se volvió profunda y regular, el mundo a mi alrededor comenzó a desvanecerse.

Finalmente, me entregué a los reconfortantes brazos de Morfeo, quien me mecía hacia un mundo de ensueño y serenidad.

Suspiré atrapada en la bruma del sueño.

Moví mis caderas deseando sentir más de eso tan delicioso que envolvía a mi vagina. Traté de mover mis manos, pero me fue imposible.

Gemí con fuerza, cuando un contundente orgasmo atravesó todo mi ser. Arqueé la espalda con la mente perdida en los espasmos de mi vagina, sentía cómo algo frío, recorría mi sexo abriéndose paso por mis pliegues, mientras algo entraba y salía de mi cuerpo alargando el clímax, todo lo que podía.

Esto se sentía muy real para ser solo un sueño.

Mi respiración estaba agitada, mi ritmo cardiaco por las nubes y abrí los ojos.

Arrugué la frente, al tiempo que movía la cabeza tratando de entender qué estaba sucediendo.

De pronto, un enorme hombre se subió sobre mí.

—Al fin despiertas —susurró Nixon.

Solo pude ver el azul de sus ojos brillar en la penumbra de la habitación; su cabello estaba suelto y caía a ambos lados de la cara, estaba sin camisa, aunque, no lograba ver más abajo.

»Te advertí que vendría y te follaría. —Sentí su pene irrumpir en mi vagina con tanta fuerza que sentí cómo me desgarró—. Ahora que me devoré tu coño, te enseñaré que debes cumplir cada una de mis órdenes.