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Episodio 13: Castigada

Negociando Con El Diablo 18+ — booknet.com · All chapters

Episodio 13: Castigada

Pandora.

—Ahora que me devoré tu coño, te enseñaré que debes cumplir cada una de mis órdenes…

—¿Me vas a follar cada vez que no cumpla tus órdenes? —indagué con la respiración entrecortada. Él sonrió y agregué—: entonces, no cumpliré nunca tus órdenes.

Apreté los dientes, cuando el Diablo apretó con fuerza en mi interior.

—Cerecita, mi mayor deseo es que te reveles y me des la oportunidad de castigarte. —El Diablo se inclinó y atrapó mi labio inferior con sus dientes y mordió hasta que el sabor metálico de mi sangre invadió mi paladar.

Un fuerte gemido salió de mi boca cuando Nixon comenzó a moverse sin piedad dentro y fuera de mí.

Traté de acercar mis manos a su rostro, deseaba tocarlo y comprobar que, en serio, él estaba aquí, pero mis manos estaban atadas.

«¿Cómo mierda me ató?», pensé presa de la lujuria.

Volví a mover las manos, no podía ser difícil desatarme, después de todo, solo había un colchón.

—Sé qué deseas, pero no lo vas a conseguir —gruñó Nixon sin dejar de penetrarme.

—¿Por qué no puedo tocarte? —indagué entre jadeos.

—Porque, estás castigada. —Sus embestidas fueron en aumento, mientras su mano me sujetaba el cuello con firmeza—. Pagarás por tu desobediencia.

Nixon cerró los ojos y aspiró con fuerza hasta llenar sus pulmones de aire.

»Siempre hueles… exquisita. —Se acercó y me besó con posesividad—. Siente tu sabor.

Abrí mi boca y recibí su lengua como un excitante amigo.

El Diablo llenaba cada espacio en mi interior con propiedad, marcando en lo más profundo de mi ser; su nombre.

Mi cuerpo y mi mente reaccionaban de una forma bastante íntima a todo lo que me hacía Nixon; era como si tuviéramos más de una vida conociéndonos.

Levanté la mirada y me topé con las pupilas dilatadas de Nixon, su mano dejó mi cuello y apartó el cabello de mi frente.

De la nada, la vibra del encuentro cambió.

—Yo también lo siento —susurró Nixon desatando mis manos.

Me percaté de que él solo había amarrado una venda en cada una de mis muñecas y la había pasado por debajo del colchón, haciendo imposible liberarme.

—¿Qué sientes? —indagué con la voz entre cortada.

—Que nos conocemos de otra vida. —Sus manos me tomaron de la cadera, giró en la cama y terminé a horcajadas sobre él.

Llevé mis manos a sus hombros y abrí la boca, cuando me di cuenta de que en esa postura, podía sentirlo más hondo en mi vagina.

»Tú puedes, mi cerecita —murmuró Nixon presionando más en mi interior.

Clavé las uñas en su espalda, al tiempo que apretaba mis dientes.

Nixon comenzó a pasar la yema por mi cuerpo, haciendo que la excitación relajara mi ser. Se acercó y su boca atrapó uno de mis pechos.

Su lengua trazó delicados círculos, entonces, notando mi excitación, empezó a moverse lentamente, dentro y fuera de mí.

Un gemido profundo se abrió pasó por mi garganta.

Me levanté un poco y me dejé caer, noté que, no solo era delicioso, sino que, ese pequeño movimiento, me enloquecía.

—Eres mi vaquerita con cabellos de fuego. —El Diablo sonrió y me ayudó a cabalgar hacia el placer.

En pocos segundos, ya estaba saltando desesperada por atrapar y saborear el orgasmo que comenzaba a formarse en mi interior.

—Nixon —jadeé e interné las manos en su cabello, tiré de él y besé sus labios.

—Pandora —gruñó el Diablo disfrutando de mi osadía—. Me vuelves loco, carajita.

Su boca fue a mi cuello y succionó en varios lugares.

En venganza de sus celos y posesividad, clavé las uñas en su cuello y las bajé hasta su pecho, asegurándome de dejarle varios rasguños.

»Así me gusta —dijo Nixon aumentando el ritmo de sus arremetidas.

—¿Qué exactamente?

—Que comienzas a aceptar que soy tuyo. —Me dio la vuelta y me acostó boca abajo en la cama y siguió follándome—. Pronto, te tendré así, pero te estaré cogiendo por el culo.

Cerré los ojos imaginándome cómo sería y mi vagina se contrajo.

Nixon tomó mi nalga, la apretó y le soltó una fuerte nalgada.

Abrí la boca lista para reclamarle, pero solo salió un jadeo. Resultó que, ser nalgueada era una experiencia, extrañamente, excitante.

—Me voy a correr —grité mordiendo el colchón.

La mano de Nixon me sujetó del cabello, mientras la otra me tomaba de la cabeza sirviendo de ancla para que el Diablo me diera con todo lo que tenía.

En ese momento le metió el turbo y me taladró como si no hubiera un mañana.

Solo podía quedarme allí y recibir cada acometida que el señor Diablo me daba, si así era el infierno, pues, me quemaría todas las veces que pudiera.

El sonido de nuestros cuerpos chocando, se mezcló con mis gemidos y los gruñidos del Diablo, era la música más excitante que había escuchado en toda mi vida.

—Córrete, mi vaquerita, córrete en mi verga —gruñó Nixon y sentí cómo se derramaba en mi interior.

El clímax no se hizo esperar y como lo había previsto, arrasó con cada parte de mí.

El señor Diablo me dio la vuelta sobre el colchón y se subió sobre mí. Sus ojos me contemplaron, mientras nuestras respiraciones luchaban por volver a la normalidad.

—Buenos días, mi cerecita. —Nixon se inclinó y me besó dulcemente.

Se acostó a mi lado y me acomodó sobre él, poniendo mi cabeza en su pecho.

Sonreí escuchando lo rápido que latía su corazón.

Puse mi mano sobre su pecho y miré a Nixon.

—Tu corazón…

—Él está bien, pero debo admitir que, me pongo algo nervioso cuando estoy contigo —confesó en voz baja, mientras las primeras manchas claras aparecían en el cielo.

—¿Nervioso? —pregunté con una sonrisa.

—¿Dónde está el resto de tu inmobiliario? —Cambió de tema.

Me senté en la cama y lo observé con el ceño fruncido:

—¿Qué te pone nervioso? —insistí cruzándome de brazos.

Noté como el Diablo se tensó y fue evidente que, no quería hablar de eso. ¿Por qué? No tenía idea, pero me gustaría averiguarlo.

«¿Me gustaría?», analicé en mi cabeza.

Bueno, no estaba aceptando que estuviéramos en una relación, así que, mejor dejaba el tema.

»Mañana llega el camión con las cosas que compré.

El Diablo se levantó un poco y apoyó su cuerpo en uno de sus brazos.

—¿A qué hora llegan?

—No lo sé, pero espero que sea temprano, pues, todavía debo recoger mis cosas en casa de mi ex…

—No vas a ir a su casa sola —bramó Nixon y sus orejas se pusieron rojas.

—Relájate, él no va a estar en casa.

—¿No lo entiendes? No vas a ir sola.

Suspiré negando con la cabeza.

—Quien no entiende eres tú. —Recogí mi cabello y lo até en lo alto de mi cabeza, en un moño descuidado que no duraría mucho, pues, estaba enrollado en sí mismo—. No soy una princesa que debe ser salvada, no necesito, ni quiero la ayuda de nadie.

—Sé que no necesitas ser rescatada, pero…

—Pero nada, puedes venir follarme y largarte, si eso no te funciona, lo siento, esto no funcionará.

—No solo vengo a follarte, vengo a dejarte en claro que eres mía. —Nixon se arrodilló en la cama y se acomodó frente a mí—. Que me perteneces y no dejaré que nadie te lastime, te toque o tan siquiera tenga un mal pensamiento hacia ti, porque antes de que eso ocurra caerá muerto en el suelo.

Sus manos fueron a mis piernas y las abrieron:

»Ahora, tócate y deja que tu hombre vea como te masturbas siguiendo sus órdenes.

Cerré los ojos y maldije mentalmente.

Me hubiera gustado reaccionar diferente, pero era una maldita oveja que iba saltando feliz al matadero.

—Necesito tiempo para sanar —le dije en un intento de dialogar, pero mis pezones estaban duros y mi vagina húmeda.

—Me necesitas a mí, entre tus piernas, cogiéndote, lamiéndote, lo demás es irrelevante. —Nixon tomó mi mano y la colocó sobre mi vagina—. Tócate que me correré sobre tu lindo coño lleno de pecas y veré cómo mi leche las recorre hasta llegar a ese culo que tanto deseo comerme.

¿Cómo te puedes oponer a los deseos de un demonio, cuando tu cuerpo y tu mente te gritan que le obedezcas?

Llevé mis dedos a mi boca, los chupé y los llevé a mi vagina.