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Episodio 1: No soy, ni seré una cobarde

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Episodio 1: No soy, ni seré una cobarde

Pandora, Belfast, Irlanda del Norte.

Leí la carta de despido, al menos, unas 10 veces, pero cada vez que terminaba de leerla, me parecía tan irreal que, comenzaba a leerla de nuevo.

El idiota de Jeff expulsó el aire de sus pulmones de forma ruidosa y levanté la mirada para verlo con odio.

—¿Es un mal chiste? —pregunté sacudiendo la hoja con violencia.

—Pandora, eres una de las mejores diseñadoras, pero…

—No me quise acostar contigo y ahora me despides —lo corté arrugando la hoja entre mis manos.

Jeff se cruzó de brazos y sonrió, el desgraciado estaba disfrutando de este momento.

—La invitación que te hice esa noche, no tiene nada que ver con la decisión del directivo —explicó el imbécil.

—Vaya, entonces. ¿Solo fue una casualidad que, el “directivo” decidiera deshacerse de su mejor diseñadora una semana después de no coger contigo? —pregunté con sarcasmo.

—Al fin lo entiendes —musitó Jeff, se levantó de su escritorio y lo rodeó.

Entrecerré los ojos analizando su actitud. Jeff se acercó a su mesa de trabajo y se recostó con los brazos sobre su pecho.

»Solo fue casualidad —concluyó sin poder abandonar su tono de burla.

«Casualidad, mis dientes, seguro el perro puso mi nombre en la mesa del directivo», pensé con la sangre hirviéndome en las venas.

—Eres un cretino —expresé poniéndome de pie.

—Puede ser, pero nada de lo que me digas me hará regresarte el empleo, aunque, si quieres, puedes darme una mamada de despedida. —Sus manos desataron su cinturón.

Sonreí clavando la mirada en él y le advertí:

—Cuidado, si me das la oportunidad me arrodillaré, pero solo para arrancarte los güevos.

—Uff, me encantaría que lo intentaras. —Jeff se inclinó hacia mí y agregó en voz baja—. Así no solo te despido, sino que, te mando a la cárcel, por mojigata.

Me lo pensé, sería mi primera infracción en toda mi vida. Tal vez podía hacerle ojitos al juez y salir de eso, pero…

Sacudí la cabeza desechando esos malos pensamientos.

En casa me esperaba un hombre que me amaba y pronto se casaría conmigo. En eso era todo en lo que me debía concentrar; en mi futuro con Adam.

Enderecé mi espalda y levanté mi barbilla.

Yo no había hecho nada malo, al contrario, siempre hice más de lo que me correspondía hacer.

Me di la vuelta y salí con toda mi dignidad intacta.

Estaba caminando a la parada de autobuses, cuando varias gotas cayeron sobre mí comenzando a mojarme.

Agradecí de no haberme traído mis cosas de la oficina. Puse mi cartera sobre mi cabeza y corrí para tomar el transporte público.

Abordé mi transporte y me senté sintiéndome como basura.

Tal vez, podía ir al ministerio del trabajo y apelar a esa decisión.

Yo era la mejor empleada que tenía la empresa. Ninguno de mis clientes se había quejado de mi trabajo, al contrario, muchos habían regresado.

Negué con la cabeza.

No, no le daría el gusto a Jeff de humillarme de nuevo, con mi currículo cualquier empresa estaría encantada de tenerme en su nómina.

Esto no era el fin del mundo, solo debía organizarme y encontrar otro empleo.

Gracias a Dios, la boda todavía está lejos y tengo mis ahorros intactos.

Solo debía llegar a mi casita y abrazar a mi prometido.

════∘◦✧◦∘════

Pandora, una hora después.

Entré a mi edificio mojada hasta la médula, goteando a cada paso que daba.

Hoy era de esos días en los que me arrepentía de haberle prestado mi auto a Adam, el suyo tenía dos meses en el taller y él tenía un par de semanas usando el mío.

Normalmente, no me quejaría, pero, el clima lluvioso de hoy solo me hacía añorar mi auto.

Tomé el elevador y una de mis vecinas me hizo mala cara al ver lo mojada que estaba. Pero, estaba soñando si pensaba que, iba a tomar las escaleras.

Bajé en mi piso y me quité los zapatos, la lluvia los había arruinado por completo.

Abrí la puerta de mi departamento y lo primero con lo que tropecé fue con los zapatos de Molly, no era raro que, estuvieran aquí, después de todo era la mejor amiga de Adam y mía.

Molly y Adam se conocían desde antes. De hecho, fue ella quien nos presentó.

Cerré la puerta y dejé mi bolso en la mesa de la entrada.

El silencio en el ambiente despertó una alarma interna.

Me quedé en silencio, los zapatos de Molly estaban en la entrada, pero no escuchaba su voz, cosa que, era muy extraño, ya que, ella era escandalosa.

Seguí internándome en el departamento y vi la sala completamente vacía.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Este departamento, no era pequeño y debido a que Adam sufría de múltiples manías, le había realizado varias modificaciones, una de esas fue aislarla de ruidos.

Sin embargo, por muy grande o lujoso que, fuese este lugar no tenía el poder para desaparecer a las personas.

Suspiré y sonreí al ser tan tonta.

No era la primera vez que Molly y Adam, salían, eran de esos amigos unidos. Así como, era normal que, Molly usara mi ropa.

Avancé por el pasillo para antes de llegar a mi habitación escuchar gemidos ahogados.

Me detuve en seco.

El corazón me latió fuerte y rápido, di un paso más, no era estúpida sabía de donde provenían los gemidos, pero la persona que, debía gemir era yo y yo estaba afuera de la habitación.

Me detuve sin saber qué hacer. ¿Entraba y los asesinaba? ¿Esperaba a que terminaran? ¿Me iba y…?

Negué con la cabeza, siempre había odiado a esas personas que, no eran capaz de enfrentar una situación.

Sin pensarlo puse la mano en la perilla y abrí la puerta.