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Episodio 2: Alcanzada por la maldición

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Episodio 2: Alcanzada por la maldición

Pandora.

La ira y el desprecio se mezclaron en mi interior, al ver a mi prometido, el maldito hombre que, juraba amarme. El imbécil que, fue a mi trabajo y se arrodilló ante mí para pedirme ser su esposa, estaba follándose a mi supuesta mejor amiga.

Mientras, yo me quebraba y contemplaba la escena.

Adam tenía a Molly boca abajo en la cama, sus manos estaban atadas a la cabecera. Él sostenía sus caderas y la penetraba con fuerza.

Ellos estaban tan concentrados en lo suyo que, no habían notado mi presencia en el cuarto.

Dolía, quemaba ser la idiota a la que le adornaron la cabeza. Pero, por mucho dolor que sintiese, me negaba a derramar una sola lágrima ante esta traición.

—Por favor, no se detengan por mí, solo vengo por ropa seca —dije con la voz rota.

Adam dio un salto y se salió de Molly.

—Bebé…

—Ahórrate las mierdas de excusas que vayas a decirme —lo corté limpiándome la cara.

Una estúpida lágrima se había escapado de mis ojos.

—Pandora, lo siento. —Molly se sentó en la cama sobándose las muñecas.

—¿Qué parte es la que sientes? ¿Acostarte con mi prometido? ¿Hacerlo en mi cama? ¡¿O TRAICIONAR A TU AMIGA?! —grité perdiendo la cabeza.

Caminé por la habitación en un vano intento por calmarme. Pero, la rabia solo aumentaba al ver a la cínica de Molly llorando desconsoladamente.

—¡Deja de llorar estúpida, la traicionada aquí soy yo! —le dije mordaz. Abría y cerraba las manos, contando hasta mil.

—Esto no significó nada —dijo Adam colocándose un pantalón—. Bebé…

—¡CÁLLATE, MALDITO MENTIROSO! —Tomé lo primero que tuve a la mano y se lo tiré—. ¡HIJO DE PUTA, TE COGISTE A MI AMIGA! ¡EN MI CAMA!

—Pandora. —Molly se me acercó a mí con una sábana cubriendo su desnudez. Lloraba como si la traicionada fuera ella—. Por favor, perdóname.

La ira se apoderó de mi cuerpo y levanté la mano para darle una bofetada, pero en ese momento vino un recuerdo.

Algo que, Molly me había dicho hace unos días.

—¡Dios mío! —Pasé mis manos por la cara, las subí a mi cabeza y las dejé allí. Sin poder evitarlo, comencé a temblar—. ¿Adam es el padre de tu bebé?

Molly llevó las manos a su vientre y asintió llorando desconsoladamente.

—Y-yo te lo dije —balbuceó la estúpida traidora.

Negué con la cabeza sin poder creerlo.

—Me dijiste que, era de un tipo casado —le reproché.

—Lo siento, no fui capaz de decirte la verdad —murmuró ella llorando y volteó a ver a Adam, pero el cretino de Adam, parecía no darse cuenta de lo que estaba pasando.

—¡¿Te embarazaste?! —preguntó Adam alterado al terminar de procesar toda la información. Inesperadamente, corrió hacia mí—. Pan Pan, no sabía…

—Deja de decirme así —demandé asqueada con todo lo que estaba pasando—. Lo jodiste todo por no ser capaz de mantener tus pantalones arriba.

—Pandora, quise decírtelo, pero… —musitó Molly.

—Tenías la polla de mi prometido llenándote la boca. —La miré y negué con la cabeza—. ¡Maldita sea! Cuando lo conocí te pregunté si te gustaba, porque jamás hubiera aceptado salir con él si sentías algo, lo que fuera. Pero, me aseguraste que, solo eran amigos.

—No me gustaba de esa forma —aseguró entre sollozos y se dejó caer en la cama—. Ni siquiera sé cuándo empezó a gustarme.

—¿Qué mierda dices? —indagó Adam furioso y tiró de su cabello desesperado—. Sabías que, solo era una aventura que, terminaría después de la boda.

—Qué considerado —me burlé de su descaro.

Fui al armario, tomé una maleta y comencé a meter mis cosas.

En teoría esta también era mi casa, había dado la mitad del dinero para la compra, pero lo que menos deseaba era quedarme un segundo más aquí.

No quería llorar, no delante de ellos, pero… Todo esto era demasiado para una sola persona.

—Bebé, por favor, no te vayas. —Adam se acercó a mí y trató de tocarme.

—¡NO ME TOQUES! —grité retrocediendo sintiendo repulsión.

Me limpié la nariz y los ojos, deseando que, todo fuera un puto sueño.

—Nena, te juro que, yo te amo… —Le solté una bofetada con tanta fuerza que la mano me quedó ardiendo.

—¿Me amas y te follas a mi “mejor amiga” en mi casa, en mi cama hasta dejarla embarazada?

—Esta también es mi casa. Además, esto. —Adam se señaló a sí mismo y a Molly—. Es tu culpa, con todas tus condiciones y tu maldita necesitad de llegar virgen al matrimonio.

Cerré los ojos por un segundo, aceptando que, fui una estúpida desde el principio.

—Fui honesta contigo desde el principio —expresé sintiendo las nauseas subir por mi garganta.

Adam pareció ofenderse, pero con todo lo que había pasado, eso era lo que sentía por él, asco, repugnancia, desprecio… La lista era larga.

—Sí, sí, pero hace meses que vivimos juntos —declaró Adam sujetándome por los hombros con demasiada fuerza, me estremeció y gritó—. ¡Por Dios, mujer nos vamos a casar!

Miré a Molly, pero la boba esa no paraba de llorar.

—Nos íbamos a casar, en pasado —le aclaré, mientras las lágrimas seguían cayendo de mis ojos—. ¿Pensaste que, al proponerme matrimonio me iba a abrir de piernas?

—Sí, fue exactamente, lo que pensé que iba a pasar, cuando aceptaste que viviéramos juntos —confirmó el idiota.

Lo empujé y me alejé.

—Entonces, ambos perdimos el tiempo. —Caminé por la habitación, recogí solo las cosas más importantes y las metí a la maleta.

—Me amas, sé que lo haces —pregonó Adam con arrogancia, me miró e indagó—. ¿Por qué dejar que esto nos separe? Te juro que, todo con Molly se terminó.

—¡Adam! —exclamó Molly alterada, mostrando sus verdaderos sentimientos—. ¡Estoy embarazada!

—¡ESTO ERA UNA AVENTURA! —bramó Adam iracundo, ni siquiera volteó a verla—. Siempre supiste que, la amaba a ella.

—Adam, yo te amo —reveló Molly acercándose a él.

—¿Cómo te explico que, no eres importante para mí? ¡Eras solo un pasatiempo!

—Pero… —Molly se acercó a Adam, y este se apartó—. Vamos a tener un hijo.

Adam se volteó a verla y le dijo con desprecio:

—A mí no me vas a amarrar con un embarazo. Solo cuando la prueba de paternidad confirme que, ese niño es mío, me haré cargo de sus gastos, pero no jugaremos a ser una familia, porque no lo somos. —Se volteó a verme—. A la única que amo es a ti.

Todo esto era un desastre.

—Se acabó, Adam. —Tomé mi maleta y me fui.

Al parecer, la maldición de ser Pandora, me había alcanzado.