LNCrawler

Episodio 3: En el lugar indicado

Negociando Con El Diablo 18+ — booknet.com · All chapters

Episodio 3: En el lugar indicado

Pandora.

Salí del edificio donde tenía meses viviendo y me derrumbé en la entrada.

Hoy no solo había perdido a mi prometido, también a mi mejor amiga.

No tenía a dónde ir.

Supongo que, comenzaría por quedarme en un hotel y replantearme la vida.

Estaba de camino al estacionamiento, cuando fui alcanzada por la lluvia; de nuevo.

Fui al maletero y dejé mi equipaje dentro.

De pronto, escuché a Sombra maullar.

Me agaché y vi a Sombra, la pequeña gatita que, tenía un par de semanas alimentando.

—¿Tienes lugar en tu casa? —le pregunté inclinándome sobre ella para taparla de la lluvia.

La gatita de color negro maulló, dejando que yo le hiciera cariño.

Cuando la encontré quedé flechada con su pelaje negro y sus ojos ámbar, pero a su corta edad, había sufrido maltratos y era arisca. Me tomó días y muchas latas de atún ganarme su confianza. Y un día, solo me permitió tocarla.

Como se la pasaba entre las sombras de los arbustos, la llamé Sombra.

Estaba lista para llevarla a casa, pero cuando le dije a Adam para adoptarla, él solo se molestó y dijo que, los animales le daban alergia.

Como era consciente de sus alergias, me abstuve de llevarla a casa, pero venía todos los días a darle comida. Incluso la llevé al veterinario, le pusieron sus vacunas y la esterilizaron.

Adam al ver lo encariñada que, estaba con Sombra, solo refunfuñaba y dejaba en claro que, no estaba de acuerdo con que me acercara a esa gata.

Sin embargo, ese cretino ya no era parte de mi vida.

Tomé a Sombra y la levanté del suelo.

—¿Quieres venir conmigo? —le pregunté al minino y su respuesta fue maullar.

La metí dentro de mi chaqueta.

»No sé donde vamos a vivir, pero estaremos juntas.

Subí al auto y lo puse en marcha.

Venir a la capital a ejercer como diseñadora de interiores, nunca había estado en mis planes, pero mi abuelo, bendito sea, me empujaba a seguir mis metas, me motivaba a soñar en grande; sobre todo, me había enseñado a valorarme como persona.

Sombra me recordaba a mí cuando llegué con mi abuelo, había sufrido tanto maltrato que, temía acercarme a los humanos.

Mi abuelo me arropó con su manto de amor y protección. Desde entonces, no volví a sentir miedo.

Me enseñó que, caerse no era malo, si me enseñaba a como no caer de nuevo.

Irónicamente, nunca le agradó Adam.

Supongo que, con sus años de sabiduría lograba ver algo que, yo no era capaz de ver.

Suspiré dejando varias lágrimas escapar.

Me costaba creer que, en algún momento, había pasado por estas calles como una turista, pero, ahora, conocía muy bien la ciudad.

Sabía dónde quedaban los hoteles elegantes y costosos. Los que, eran económicos y decentes para quedarse y aquellos que, definitivamente, debía ignorar.

No obstante, tenía poco más de 7 meses ahorrando cada centavo para una boda que, no se iba a dar y deseaba pasar la noche en un buen hotel. Saquear el minibar y beberme el guayabo que sentía en el corazón.

Tenía derecho a estar dolida.

Tenía derecho a llorar y sumergirme en la miseria de mi dolor.

Le había abierto las puertas de mi corazón a ese bastardo; había confiado en la ridícula esa y ambos se habían burlado de mí.

En este punto no estaba segura qué me dolía más, si perder a Adam o a Molly.

Pasé frente a uno de los hoteles más prestigioso de la ciudad.

Siempre había querido pasar una noche allí, pero estaba ocupada trabajando duro.

Giré el volante y regresé.

Me detuve en frente y bajé de mi modesto auto. Le di las llaves al parking y entré con Sombra dentro de mi chaqueta.

Atravesé el vestíbulo.

Mis zapatos rechinaban con cada paso que daba, consecuencia de la lluvia. Mi ropa estaba mojada y arrugada, mi cabello parecía un nido de pájaro en llamas y mis ojos hinchados me hacían ver como una prostituta en su peor noche.

Definitivamente, no estaba vestida para la ocasión, pero me daba igual.

Me paré frente a la recepción y le sonreí a la chica detrás del mostrador.

—Quiero una habitación y mucho alcohol.

La chica me miró y sonrió, un par de hoyuelos quedaron expuestos en sus mejillas.

—¿Mala noche? —indagó tecleando en su computadora.

—La peor —confirmé.

—Mi madre solía decir que, lo bueno de tocar fondo era que, luego de allí no queda otra opción que, subir.

—Oh, lamento lo de tu madre.

La chica alzó las cejas y negó con las manos.

—No, mi madre no ha fallecido, solo… Está perdida dentro de su cabeza. —Me miró y se sonrojó—. Esquizofrenia.

No supe qué decir, su realidad, era igual de malo que lo anterior.

»¿Una habitación sencilla? —preguntó la chica cambiando de tema.

—Sí.

—¿Cuántas noches desea quedarse?

Expulsé el aire de mis pulmones.

—Por el momento, solo puedo permitirme una —contesté con honestidad y le di mi tarjeta de crédito.

—Vale, una noche.

La chica terminó de anotar mis datos y me entregó una llave magnética.

—Gracias.

—Vamos, te llevaré a tu habitación.

Asentí y la seguí.

Cuando salió del mostrador me pareció una chica muy guapa.

Era una pelinegra, poco más alta que yo. Su cabello largo llegaba un poco más abajo de sus hombros.

Chichona, culona y caminaba con seguridad.

Estaba segura de que, las personas lo pensaban dos veces antes de meterse con ella.

—He…

—Roma —dijo la chica subiendo al elevador.

—¿Tienen bar?

—Más que eso, tenemos un night-club, hay un show de bartender; una pista de baile, pero es exclusiva para los clientes VIP —concluyó Roma con algo de pena—. Pero, te puedo prestar un pase y me lo devuelves mañana.

—¿De verdad? ¿Eso no te traerá problemas? —indagué entrecerrando los ojos.

—Espero que, no. —Roma sonrió y me estiró el pase.

Bajamos del elevador y caminamos por el pasillo hasta llegar a una habitación.

»Es aquí —anunció Roma y deslizó la tarjeta frente a la cerradura—. Espero que, pases una estupenda noche.

—Lo mismo espero —dije triste.

Entré a la habitación y cerré la puerta.

Era todo lo que había imaginado que sería una habitación aquí.

Fui hasta el baño y saqué a Sombra de mi chaqueta:

—Nena, sigues mojada. —Tomé una toalla, la puse sobre ella y con el secador de cabello, le fui retirando la humedad—. Hoy saldré y me divertiré, así que, pórtate bien.

Dejé a Sombra en la cama y me dispuse a darme una ducha.

Nunca había sido de vestirme sensual o salir de fiestas, pero…

Eso cambiaría esta noche.