Episodio 6: Aquí me quedo
Pandora.Despertar en la lujosa habitación de un desconocido, claramente, no fue mi intención.
Sin embargo, sería una ingrata si niego que, la pasé más que bien y aprendí muchas cosas nuevas.
Me senté en la cama y apreté los dientes.
No pensé que coger fuera así de salvaje, apasionante y te dejaría doliendo la vagina… Bueno, el cuerpo entero.
Pasé la mirada por el lugar y suspiré. Al menos, me había librado de incómodas despedidas.
Como pude me acerqué a la orilla de la cama y busqué mi ropa. Lo mejor era irme antes de que el señor Diablo volviera y me condenara a pasar más tiempo con él en el infierno.
Lo que no era malo, sino todo lo contrario.
Me puse de pie y busqué mi vestido, pero no fui capaz de encontrar nada de ropa, más que una camisa de mi verdugo sexual.
—¡Qué oportuno! —exclamé tomando la prenda y sentándome en la cama.
De pronto, la televisión se encendió y casi muero de un maldito susto.
No por el ruido, tampoco por encenderse de la nada, sino por ver una foto mía y del señor Diablo besándonos apasionadamente, en la puerta de su habitación.
Pegué un brinco cuando mi teléfono comenzó a sonar.
Revisé por todos lados, hasta que, lo hallé debajo de las sábanas.
Miré la pantalla y la ira se apoderó de cada fibra de mi ser. No sabía cómo demonios apagar el cacharro con pantalla gigante empotrado en la pared, así que, me acerqué y le bajé todo el volumen.
No quería contestar la llamada, pero había cosas que debíamos resolver, como la casa y mis cosas.
—¿Qué demonios quieres Adam? —contesté en el tono más venenoso que pude poner a esa hora de la mañana.
—¡¿Qué mierda hace una foto tuya besándote con un tipo en todos los noticiarios?! —gritó el cretino desde el otro lado de la línea.
—Eres un maldito cínico —repliqué sin poder creer su descaro—. En el mismo instante en que decidiste traicionarme, dejaste de tener derechos de pedirme explicaciones.
—Tenía 2 años siendo tu novio y no cogimos por tu estupidez de llegar virgen al matrimonio, pero ¿5 minutos conociendo al imbécil ese y te lo follas? —Para ese punto Adam solo pegaba gritos como si el traicionado fuera él.
Como si la culpable de que la relación se jodiera fuera yo.
—¿Acaso olvidas que, te encontré follándote a mi mejor amiga? ¿Olvidas que la dejaste embarazada? —le recordé odiándome por sentir cómo el dolor quemaba mi pecho.
—Pan Pan…
—Pues, no, yo, pedazo de mierda —lo corté asqueada de hablar con él—. No me busques, no me llames, no menciones mi nombre…
Sentí una mano arrancarme el teléfono, me giré y me topé de lleno con la mirada gélida del señor Diablo.
Casi había imaginado que, era de esos hombres que no existían de día. Pero, allí estaba con toda su imponencia observándome fijamente.
Sin romper el contacto visual, se acercó el teléfono a la oreja y dijo en tono frío:
—No estamos concediendo entrevistas.
Lo normal hubiera sido colgar la puta llamada, pero el cavernícola frente a mí, lanzó mi celular al suelo haciéndolo añicos.
—Pero… —chillé viendo el desastre en el suelo—. ¿Qué haces?
El Diablo me tomó en sus brazos y me regresó a la cama.
—Ya no podrá interrumpirnos.
—¿Interrumpirnos? —cuestioné cruzándome de brazos en la cama.
—¿Tienes algo mejor que hacer? —me interrogó el Diablo subiendo a la cama.
—De hecho. —Suspiré derrotada—. Follar contigo es lo único en la lista, pero…
—Sin peros, cerecita —me interrumpió el Diablo tomando mis tobillos y tirando de ellos, hasta dejarme acostada en la cama.
—En serio, esto fue divertido, pero debo irme —comenté quedando atrapada bajo su cuerpo.
—¿Así que, solo me usaste para ganar fama? —indagó el Diablo y no parecía estar bromeando.
Fruncí el ceño.
—Si existe una persona que lamenta ser una noticia viral, créeme, soy yo. —Puse las manos en su pecho y lo traté de empujar, énfasis en
traté —. Escucha, la pasé muy bien…
—Ah, no. —Su dedo se posó sobre mis labios—. No me darás ese discurso.
—Vale, pero que no lo diga, no cambie el hecho de que debo irme.
—¿Por qué debes irte? —insistió el Diablo.
—Pagué por una noche y no puedo permitirme más. —Fui lo más honesta que pude.
No quiero comenzar mi nueva vida fingiendo ser otra persona.
—Bien, de tu habitación me encargo yo.
—No soy una puta que puedes comprar con…
Los labios del Diablo silenciaron mis palabras.
Su lengua entró con fuerza a mi boca y recorrió cada espacio de mi interior. Después de unos segundos, le puso fin al beso y clavó su mirada en mí:
—No eres mi puta, solo trataba de enseñarte cómo se comporta un caballero.
Asentí, pasé mi lengua por mi labio inferior y luego lo mordí un poco.
Mi vagina palpitaba haciéndome difícil tomar una decisión, sabía que, no debía quedarme, pero la excitación me susurraba hacerlo.
—Lo siento, la respuesta sigue siendo, no —determiné con seguridad.
—¿Ahora qué excusa me das? —preguntó el Diablo y una encantadora sonrisa adornó su cara.
—Debo… —Mi voz se desvaneció cuando mi verdugo sexual acercó su nariz a mi cuello. Al parecer, le gustaba olfatearme y a mí me excitaba que lo hiciera—. Ir por ropa y mis cosas.
Logré decirle, pero mi mente comenzaba a nublarse por el deseo y sentir su erección apretando mi vientre lo empeoraba mil veces.
El Diablo estiró la mano y abrió la primera gaveta de la mesa de noche, rebuscó algo y me puso una tarjeta en la frente:
—Aquí tienes, es mi tarjeta personal, no tiene límites; compra lo que quieras, pero… —Se acercó, besó mis labios y susurró—. Por lo que más quieras, no me abandones, que, tengo planes de cogerte toda la semana.
Tomé una bocanada de aire.
«Mírate, sigues siendo la misma de antes», susurró una vocecita en mi cabeza.
«¿Qué hay de malo en disfrutar de un hombre como Nixon?»»Quédate hasta que, nuestra noticia desaparezca de los medios —propuso el Diablo.
—Bien, me quedaré hasta que, pase el revuelo de las noticias, pero. —Tomé el rostro del Diablo y lo contemplé—. No es necesario conocernos.
—No, Pandora. —Sus labios depositaron un beso en mi hombro—. Tengo pensando conocer cada centímetro de ti.
Sus dedos irrumpieron en mi interior y de mi boca salió un fuerte gemido.
»Prepárate, cerecita, lo de anoche solo fue una pequeña práctica, ahora se viene el curso intensivo.
—¿Cómo? ¿No vamos a comer primero? —indagué temblando de expectación, no deseaba parecer desesperada por coger.
—Comenzaremos con el postre. —El Diablo movió sus dedos en mi interior y perdí toda capacidad de pensar con claridad.
Me aferré a la cama y me preparé para morar un tiempo más en el infierno.