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Episodio 8: Aún no acaba la cita

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Episodio 8: Aún no acaba la cita

Pandora.

Suspiré despertándome en la lujosa habitación del Diablo.

Los rayos del sol se filtraban a través de las cortinas, dejando el cuarto con una claridad armoniosa.

Bostecé estirando mi cuerpo sobre la cama.

Abrí los ojos cuando sentí que, no podía mover mi mano izquierda. Giré la cabeza y vi que, literalmente, estaba esposada a la cama.

—¡¿Pero qué mierda?! —Moví con fuerza mi mano tratando de liberarme, pero todo fue en vano.

Como pude me senté y sacudí la cabeza pensando que todo era un mal sueño.

Por desgracia, en serio, estaba pasando.

—¡Diablo! ¡Hijo de Puta! ¡Quítame las esposas! —chillé tratando de soltarme, pero paré de mover la mano cuando me di cuenta de que eso solo me hacía daño—. ¿Dónde estás?

Miré por todos lados de esta parte de la habitación, aunque, solo comprobé que estaba sola.

Tomé una bocanada de aire.

Mi teléfono estaba destruido, hecho añicos en el suelo cortesía de un Diablillo celoso. Y debido al diseño de la cabecera, la mesa de noche quedaba fuera de mi alcance.

Con mi mano libre tomé la sábana y cubrí mi cuerpo desnudo.

Esto era increíble. ¿Por qué ese hombre me había dejado esposada a la cama?

Estaba por hacer otro berrinche cuando la puerta de la habitación se abrió y el Diablo apareció en la entrada con mi maleta.

—Ah, ya despertaste —dijo como si nada.

Entró y cerró la puerta.

—Es chistoso, pensaba darme una ducha y recibirte fresca, pero cuando traté de levantarme de la cama. —Sacudí mi mano atada—. ¡Me fue imposible salir de la cama! ¿En qué demonios pensabas?

—Primero: Me fascina tu olor, no es necesario que te duches. Aunque, si deseas hacerlo, yo con gusto te acompaño. —El Diablo se sentó en la cama, sacó una llave de su bolsillo y me liberó la mano—. Segundo: Admito que, fue mi culpa, cogerte hasta hacerte perder el conocimiento, pero en mi defensa ya tenías las esposas desde entonces y no quise despertarte.

Fruncí el ceño.

La verdad no recordaba que me atara a la cama, pero estaba tan concentrada en sentir cómo entraba y salía de mí, que poco me importó lo que sucedía con el resto de mi cuerpo.

Me levanté de la cama y pasé la mirada por mi equipaje. Me crucé de brazos al notar que faltaba algo importante.

—¿Dónde está Sombra? —pregunté buscando a mi gatita.

—Sobre eso… —Nixon se acercó a mí, llenó sus pulmones con aire y soltó—. Cuando llegué a tu habitación, vi una bola de pelos correr fuera, pero no me molesté en seguirla.

—¿Perdiste a mi gata? —cuestioné clavando la mirada en él.

—¿Perder? —El Diablo se aclaró la garganta—. No, no está perdida.

Me relajé.

—Vale, ¿dónde está? —indagué camino al baño.

—No sé con exactitud su paradero, pero…

La rabia se mezcló con la impotencia, me volteé y le lancé una mirada furiosa.

—Maldita sea, esa es la definición de perder algo. —Golpeé una de mis manos sobre la obra, mientras observaba con detenimiento al imponente hombre frente a mí, pero no estaba molesta con él, sino conmigo misma por ser tan descuidada.

Yo había dejado a Sombra sola en la habitación, yo no había regresado en toda la noche.

Todo era mi culpa.

Mi respiración se volvió irregular y mi cuerpo empezó a temblar:

»Ella no ha comido, seguro tiene hambre y está en un lugar que no conoce, debe tener miedo y…

Nixon me rodeó con sus brazos y apretó mi cuerpo con algo de fuerza, lo que, sorprendentemente, me calmó.

—La encontraré. —Depositó un beso en mi frente y me hizo verlo—. Tengo a cada empleado de este lugar buscando a tu mascota.

—Me pondré algo y la ayudaré a buscar —dije separándome de él.

Era un poco aterrador lo que pasaba cuando Nixon me tocaba, sentía un escalofrío recorrer mi cuerpo, pero mi corazón solo enloquecía, como si lo conociera desde siempre.

Incluso, era abrumador, porque, con Adam, nunca llegué a sentir una conexión tan profunda.

Aunque, seguro era porque, Nixon era el primer hombre con el que había hecho el amor…

Sacudí la cabeza desechando ese pensamiento.

No, con el primero que follaba. De igual forma, se dice que: el primer hombre con el que tenías relaciones era especial.

—Lo siento, no puedes salir —comentó el Diablo sacándome de mis pensamientos, su mano fue a mi mentón y me hizo verlo—. Todo el hotel está lleno de periodistas esperando tomar la siguiente foto y tener su exclusiva.

—¿Solo me sentaré aquí a esperar? —cuestioné con la impotencia invadiendo cada célula de mi cuerpo.

—Tengo una forma de cómo pasar el tiempo. —El Diablo me miró y todo mi ser se estremeció, incluso, mi vagina se contrajo.

—¿Tu solución es coger? —le reproché mordaz. Aunque, creo que, el reclamo era más para mí, que para él.

—No, pequeña pervertida. —Nixon abrió la puerta y un carrito plateado repleto de comida estaba afuera esperando ser encontrado—. Podemos comer y hablar, pero me gusta que follarte esté en el menú.

Era cierto, yo solo había asumido que quería follarme.

Sentí cómo mis mejillas comenzaban a arder, al tiempo que, una ola de decepción recorría mi cuerpo.

—¿De qué hablaremos? —Mi tono de voz fue pausado como si deseara recordarle que, la condición de quedarme fue no conocernos.

Claro que, él nunca aceptó nada.

—De ti. —Nixon acortó la distancia entre nosotros y mi estúpido corazón saltó en mi pecho. Mis manos temblaron y mis piernas se volvieron de gelatina—. Tengo pensado besar cada peca de tu cuerpo, mientras tú me cuentas tus más oscuros deseos. Quiero conocer tus fantasías y hacerlas realidad.

En un acto de completa valentía lo miré a los ojos, pero fue un error, todas las palabras de mi cabeza fueron borradas con el azul y la intensidad de su mirada.

Rompí el contacto visual y me obligué a mantener la concentración.

—¿Por qué tanto interés en una desconocida? —cuestioné deseando poder controlar mis emociones.

Específicamente, la excitación que se enroscaba dulce y tentadoramente por todo mi ser.

—Al dejar esta habitación ya no serás una desconocida —susurró el Diablo sobre mis labios.

—Cuál es el propósito de conocerme, si cuando pueda irme lo haré y no te buscaré jamás —comenté con toda la honestidad que pude.

Mi intención no era comenzar una relación, no después de cómo había terminado la anterior y siendo algo tan reciente.

—No deberás buscarme porque estaré allí. —Su mano fue a la parte posterior de mi cabeza y llevó su nariz a mi cuello.

—Acabo de romper con mi prometido…

—Espero que sea por mí —me interrumpió él mordiendo mi labio.

—No busco nada serio —jadeé cuando las yemas de sus dedos acariciaron mi piel.

—Perfecto, seré un buen amante. —Nixon pegó mi cuerpo a la pared, pero de alguna forma podía saber que, estaba dudando de que él siguiera en mi vida terminada esta larga cita.

Negué con la cabeza:

—No busco… —Su mano se cerró en mi cuello y sus ojos me observaron.

—Pandora, no me importa si solo necesitas un payaso… No quiero, ni voy a alejarme de ti.

Sus labios se posaron sobre los míos, mi boca se abrió y se entregó por completo a ese momento. Mi lengua salió al encuentro con la suya, ambas bailaron al ritmo de la pasión.

Deseé poder detener el tiempo y quedarme aquí, así con este extraño, pero…

Despegué mis labios de él y lo miré.

Yo tampoco deseaba despedirme de él, pero si no lo hacía sería como estar metida en otra relación, ¿no?

—Creo que, mejor me voy —manifesté luchando con la deliciosa corriente de excitación que atravesaba mi cuerpo.

—Todavía somos tendencia en las noticias. —Nixon movió su pelvis y sentí su erección presionar mi vientre.

Todo lo que impedía que su verga volviera a mi interior, era una costosa sábana de 600 hilos.

Maldita sea.

«¿Cómo un hombre que llevas conociendo unas horas, puede hacerte sentir más cosas que, el hombre que llevabas años conociendo y con el que me iba a casar?», analicé en mi mente.

Mi cabeza me gritaba que me fuera; mi corazón, que lo conociera más, pero mi cuerpo, me suplicaba dejarme follar las veces que ese hombre quisiera.

—Debo irme —susurré con indecisión.

—Pandora, ¿acaso no lo entiendes? —Nixon quitó la sábana que cubría mi cuerpo—. Ahora me perteneces y no, no voy a dejarte ir de mi lado.

Sus palabras vinieron acompañadas de una fuerte penetración.

Al perecer, estaba destinada a abrir cajas y desatar el caos, aunque, esta vez, no me molestaba ser prisionera del Diablo.