5. RECUPERAR LO QUE ME PERTENECE
ElaineSer mesera nunca había sido el trabajo de mis sueños ni tampoco uno para el que tuviera demasiada habilidad. Sin embargo, trabajar junto a mi amiga era liberador y me hacía sentir más cerca de mis objetivos.
Además, la gente de Grayhaven era muy amable, cálida y cercana. A los pocos días, todos se dirigían a mí por mi nombre y yo ya conocía los pedidos habituales de los clientes más frecuentes.
—Tus abuelos se sentirían orgullosos de ti —le comenté a Megan cuando entré a su oficina—. Me encanta la idea que tuviste sobre la barra libre de bebidas.
—A mí también.
Su sonrisa cansada me hizo fruncir el ceño. Me acerqué al escritorio y me senté frente a ella.
—¿Estás bien? —inquirí.
—Mantener este negocio a flote cuesta más de lo que pensé —admitió—. Me siento muy cansada y desorganizada. He hecho malabares espantosos para mantenerme al corriente, pero cada vez surgen más cosas que no sé si podré costear.
—¿Qué necesitas? —pregunté—. Me llevo bien con los locales. Quizá podríamos…
—Es mejor que no te deje involucrarte tanto —me interrumpió—. Presiento que solo estás de paso por este lugar.
—Megan…
—Te conozco —insistió, dejando los papeles sobre el escritorio—. Tú quieres regresar a Boston, ¿no es así?
—No pienso dejarte botada con todo esto. Cuando obtenga todo lo que me pertenece, volveré aquí para ayudarte con lo que necesitas.
—¿Acaso no me dijiste que el matrimonio se disolvió?
—Esas son patrañas que mi madre y el estúpido de mi cuñado se inventaron para que no vaya a buscar a Leon. Es ilógico. No pude haber firmado el divorcio estando en coma —dije sonriendo—. Por ahora, les estoy dejando creer que quiero empezar una vida aquí. Y lo haré, por supuesto que sí, pero cuando obtenga mi dinero y haga que ese infeliz se arrepienta de casarse con mi hermana.
—¿Y qué harás si resulta que él se las arregló para que sí se divorciaran y no dejarte nada?
—Le haré la vida imposible, por supuesto. No los dejaré vivir en paz ni un solo minuto. Lo siento por su hijo, pero…
—Tu sobrino —me recordó.
Mi pecho dolió. Odiaba que me dijera mis verdades a la cara.
—Perdón que te lo diga de este modo, bebé —se disculpó—. Quiero que pienses bien en lo que vas a hacer, ¿de acuerdo? Por desear vengarte, puedes perjudicar a un inocente.
—Tienes razón, para variar —suspiré—. No puedo quitarle un padre a un niño. Aun así, los haré rabiar, amiga. Las cosas no se van a quedar así y al menos voy a exigir una cuantiosa compensación por haberme roto los ovarios mientras estuve en coma. ¿O qué? ¿Pretendes que me quede como una sufrida? ¡Ni loca! Ese par me va a ver, llorarán por mi perdón y les patearé el trasero. Me voy a divorciar, te lo prometo.
—¡Así se habla! —exclamó contenta—. Esa es la Elaine a la que quiero ver. Tú siempre has sido fuerte, no te dejas vencer por nadie y sabes ser justa.
—No será fácil —admití—. Lo que quiero es retorcerles el cuello a ambos. Ahora hasta sospecho que pudieron haberlo planeado para sacarme del camino. Mirna siempre miró a Leon con ojos de deseo, aunque yo era una perra que defendía lo nuestro con uñas y dientes. Pues bien, le regalo mis sobras. Sigo siendo la legítima esposa de Leon De Luca y me corresponden mis beneficios.
—Y yo te apoyaré. Eso sí, tienes que esforzarte por recordar algo del accidente.
—Por más que lo intento, solo consigo recordar los momentos previos y el humo. Sí, también nadé. Después de eso, ya no recuerdo nada más —murmuré—. Es terrible no saber qué me pasó e ignorar si hay culpables.
—¿Crees que Leon y Mirna…?
—Estoy convencida de que sí —asentí—. No tiene sentido que tuviera un accidente cuando él me protegía hasta de su propia respiración. Cuando viajábamos, elegía a los mejores pilotos e incluso llegaba a supervisarlos.
—Entonces…
—Seguro que esa malnacida de Mirna se le metió por los ojos y logró seducirlo. Leon es un hombre listo, pero cuando la pasión lo ciega puede llegar a cometer locuras —continué mientras me levantaba—. Claro, eso explica todo. Ellos quisieron matarme.
—Creo que estás yendo muy lejos con esa historia. Sé que Leon De Luca es un empresario poderoso, pero ¿tiene tanto poder como para matarte?
No respondí su pregunta. Hacerlo habría dejado en evidencia la identidad oscura de ese hombre y mis propios delitos.
—¿Elaine?
—Bueno, no lo sé —gruñí—. Lo que sí es cierto es que se casó con mi hermana, hicieron público que tuvieron un hijo y que este es el heredero de la familia.
—¿Y si no es suyo?
—Tiene que serlo —dije, dolida—. Leon siempre me aseguró que jamás querría a un niño que no fuera de su sangre. Además, él necesitaba tenerlo para acallar las habladurías.
—Lo siento mucho. Tú lo amabas muchísimo, ¿cierto?
—Habría dado mi vida entera por él —afirmé—. Lo amaba con una intensidad que nadie, ni siquiera yo, podría llegar a comprender. Si él me hubiera ordenado matarme, lo habría hecho sin dudarlo. Creía ciegamente en su palabra.
Sacudí la cabeza para salir de aquel apasionado arrebato. Seguir hablando solo me obligaría a confesarlo todo y no estaba dispuesta a poner a mi mejor amiga en peligro.
—Creo que deberías encargarte de ese asunto cuanto antes —soltó sin más mientras sacaba algo de su cajón.
Era su chequera.
—Espera, ¿qué estás haciendo? —pregunté con el ceño fruncido.
—Darte el dinero que necesitas para irte de una buena vez.
—No puedo aceptar que me des esto ahora —contesté, avergonzada—. Es que…
—Tómalo como un préstamo —dijo con dulzura y empezó a llenar el papel—. Cuando consigas exprimir a ese hombre, me lo regresas y ya. No es necesario, pero sé que eso es lo que te hará sentir en paz.
—Te adoro. —Hice un puchero—. Te aseguro que pienso regresar, ¿sí?
—Hay algo que no me queda claro y sería bueno que averiguaras. ¿Por qué no ha hecho nada si tú ya llevas meses despierta? Si se supone que…
—Tal vez no sabe que estoy viva y que los planes de asesinarme le salieron mal. —Me encogí de hombros—. Puede que mi madre y Leonard se lo hayan ocultado.
—Todo esto es muy extraño, ¿no lo crees?
—No importa qué haya sucedido —le aseguré—. Lo único que importa es que se casó con Mirna, tuvo un hijo con ella y se olvidó de mi existencia. Están de más las explicaciones. Solo quiero reclamar lo que me pertenece por derecho y largarme.
—¿Y si él no te deja ir?
—Tendrá que hacerlo —afirmé, luchando contra las lágrimas—. Tiene un hijo y no hay vuelta atrás. Si todavía le quedan sentimientos por mí, tendrá que olvidarse de ellos para hacerse cargo de su familia.
—Bien, entonces toma.
Miré el cheque y de inmediato noté una punzada de culpa. Incluso para alguien que estuvo años rodeada de lujos, aquella cantidad era una exageración.
—Esto es demasiado —susurré.
—Tranquila, tengo dinero de sobra como parte de mi herencia. Cuando dije que no podía costear ciertos gastos, me refería a los planes de expansión que tenían mis abuelos.
—Oh…
—Tienes que vivir de algo mientras resuelves el asunto y contratar a un abogado. Te daré el contacto de mi amiga. Es buenísima en esta clase de casos.
—No —dije con algo de brusquedad.
—¿Qué? Pero si…
—Prefiero no involucrar a nadie que conozcas —expliqué—. Podría ser muy peligroso, ¿no lo crees?
—No te preocupes. Ella sabe lidiar con personas así y te ayudará a hacer justicia por lo que te hicieron —me aseguró—. Confía en ella, Elaine. La abogada Clinton sabrá qué hacer.
Al tomar la tarjeta, sentí como si pesara una tonelada. El nombre brillaba en dorado sobre un fondo negro, como si fuera un presagio del destino que me esperaba.
Recuperaría mi dinero como diera lugar, pero el amor de Leon ya lo había perdido para siempre.
—Me iré mañana mismo —le anuncié con decisión—. En menos de veinticuatro horas, le veré la cara a Leon De Luca de nuevo.