CAPÍTULO 9
Ethan.—¿Quién es ese y por qué lo miras tanto? Su rostro se me hace familiar— Alesha toma un sorbo de la botella de alcohol.
—No es de tu incumbencia.
—Entonces es alguien importante, déjame adivinar— entrecierra los ojos —Es un hombre rubio de ojos azules y un metro noventa de altura, visiblemente entrenado y peligroso para estar en la misma prisión que nosotros. ¿Algún viejo conocido del ejército?
Me paso las manos suavemente por la barbilla mientras me fijo en el guardia que le asignan—Tal vez, pero continúa con el diagnostico, quiero escuchar el veredicto final de la gran arquitecta Alesha Smith.
—Eso lo vería cualquiera a simple vista, pero militar no es, es más joven que tú, pero mayor que yo, diría que por su mirada asustada el pobre no sabe ni dónde está, lo que arroja que de cualquier cargo que lo estén culpando es inocente— sonríe con su análisis.
—Interesante, pero fallaste.
—Entonces ilumíname ex mariscal Roberts, por favor.
—Sigue con tus esperanzas, pero serías la última persona a la que le contaría mis secretos.
—Te sigues repitiendo eso cada vez que nos vemos ¿Tienes miedo de caer en mis encantos y que te traicione como lo hicieron los políticos con el lobo para capturarlo en Dinamarca? — bebe hasta la mitad de la botella —Es una pena— su voz está ronca.
—¿Qué cosa?
—Que después de pisar la gloria por años, el lobo se convirtió en un prisionero más como tú y yo, en la subasta de Hilton & Roe ni siquiera mencionaron su nombre como dueño de su imperio.
La subasta. —¿Quién compró la cadena hotelera?
—Lo último que supe fue que Logan y una mujer, una tal señora Hilton estaban peleando con sus millones, Logan debió ganarle, siempre ha querido ser como su hijo, está fue su oportunidad perfecta.
Mierda. ¿Qué diablos hicieron los conservadores rusos que no siguieron el plan? ¿Meredith quería Hilton & Roe? El hijo del sargento Prescott se acerca a nuestra mesa con el nuevo prisionero y lo hace sentarse frente a nosotros cerca del otro extremo de la banca.
Este debe ser mi maldito día de suerte. —Quiero que lo mantengan vigilado todo el tiempo, cualquier comportamiento indebido y lo llevan a la celda de castigo— le ordena al guardia.
—Señor, sigue en la línea la General del MI6, Rebecca Hilton desde Londres, dice que es urgente que atienda su llamada que quiere darle recomendaciones sobre uno de sus prisioneros.
No puede ser, la demente me encontró. —Agéndala para más tarde, después de la cena de acción de gracias de los presos.
—¿El nuevo prisionero también participará?
El rubio niega y Alesha lo mira de arriba abajo, se fija en su ropa y las pocas quemaduras que trae en el brazo. Se la pasa mirando el cielo y cómo nieva en el jardín. —¿Por qué miras el cielo así? ¿Estás drogado? — se atreve a hablarle, pero el hombre está más cuerdo que yo.
—No— respondemos los dos al mismo tiempo y sus ojos azules se fijan finalmente en mí.
—Miro el cielo porque llevo mucho tiempo encerrado señorita, ya se me había olvidado como es la vida fuera del sótano.
—¿Señorita? ¿Dónde? — miro a mi espalda y a nuestro alrededor y la ex pelirroja trata de golpearme lo mejor que su esposas le permiten —¿Te refieres a ella? — me río —No hay duda que pasaste mucho tiempo encerrado.
—Nuestro invitado va a pensar que no amamos.
Le sonrío tan falso como ella. — Lo siento querida, es la costumbre ¿Me prepararás la cena esta noche?
—Cocinaré tu pavo favorito condimentado con veneno de ratas, imbécil.
—Muero por probarlo.
El prisionero frunce el ceño mirando de ella a mí mientras el guardia voltea los ojos. —¿Quieren irse a la celda de castigo? — advierte —Una pelea más, un grito más o sus enfermizas peleas de pareja y los encierro cuatro días y no estarán presentes en la cena de acción de gracias.
—¿Ustedes quieren son? — el rubio se inclina en la mesa hacia nuestro lado —Es evidente que los guardas no los quieren.
—Estamos encerrados injustamente, una General del gobierno inglés me quiere muerto, dio la orden de que unos policías me ahogaran en un río en el Caribe y sospecho que quiere comunicarse con el hijo del Sargento Prescott para ordenarle mi muerte— explico con confianza.
—No te ves preocupado.
—Se necesita más que una General caprichosa para matarme, sólo yo decido cuando se termina mi vida y faltan meses para eso.
Sonríe de lado y muestra unos dientes podridos — Eres de los míos, hace años que le huyo a la muerte.
—Eso explica los mechones rojizos, ¿Por qué te teñiste?
—Para engañar a un mafioso en Irlanda.
Le extiendo la botella de alcohol, pero la rechaza. — ¿Y lo lograste?
—El maldito es muy inteligente, estoy seguro que me conocía antes de estar encerrado conmigo, me utilizó a su beneficio y hasta trató de asesinarme, me estranguló por quince minutos, sabe utilizar las dagas como la palma de su mano.
—¿De qué color eran sus ojos?
—No lo sé, está ciego, nunca abrió los párpados, ni cuando lo drogaban, le aplicaban grandes inyecciones de alguna droga fuerte porque tuvo una sobre dosís el último día que lo ví y la General lo envió a encerrar a una celda diferente a la mía, nunca más supe de él.
—¿Qué tipo de droga?
—No lo sé, lo querían joder y de la peor forma, en cada paliza y tortura había un turco parado a la esquina de la celda observando como los agentes del MI6 lo golpeaban esposado y drogado, había preferido que me matará a ver como cometían esos crímenes.
—Si un mafioso quisiera matarte, lo habría hecho.
—Eso es lo que me asusta, me dejó vivo por una razón, hizo más cosas que eso... — mira a Alesha fijamente —¿Quién es ella? ¿Es confiable guardando secretos? — semana a la pelinegra.
—Venimos juntos.
—No venimos juntos— se me adelanta ella —Me secuestro y...
—Ella es una traidora y me la voy a llevar a la tumba el día que me jodan la vida, ese va a ser su castigo— la interrumpo y veo los tatuajes de su cuello junto con las cicatrices. —No te hagas la sorprendida Alesha, tú mejor que nadie sabes que la mafia nunca olvida.
—¿Así que estás dentro de la mafia? — el rubio me mira horrorizado.
Me abro los primeros tres botones de mi uniforme de reo tanto como las esposas me lo permiten y dejo al descubierto mi tatuaje del lobo en el pecho, veo la piel del hombre palidecer y retrocede en la banca.
—¿Nos hemos visto antes? Tengo la sensación que ya nos conocíamos— Alesha lo sigue analizando.
—No lo creo señorita.
Frunzo el ceño, el hombre de su celda no pudo ser el lobo. Eso no estaba pactado en el plan C18, además dijo ciego y drogado,
carajo. Los tres nos miramos fijamente los unos a los otros, el guardia no nos pierde de vista en ningún momento.
Algo peor sucedió en Dinamarca después de mi detención con l lobo y mi señora. Llevamos semanas encerrados y llevo el mismo tiempo lamentándome por mis pérdidas, llego el momento de volver a trabajar.
Alzo la botella de alcohol mientras los presos ven la nieve —Dejemos de lado las hipocresías, sé quién eres y también por qué estás aquí, yo apagué durante horas las cámaras de tu celda— susurro con la botella pegada a mis labios y los ojos azules y cansados del hombre se abren de par en par.
—No sé de lo que hablas, la base del MI6 dónde estaba encerrado se quemó, pero yo fui trasladado unos días antes del accidente— se pasa las manos temblorosas por el cabello rubio. Alesha mira entre ambos con sospecha.
—¿Quién es este hombre?
—Nuestra única salida de esta prisión, pero sólo si estás dispuesta a cerrar el pico y cooperar.
Ladea la cabeza no muy convencida. —No tengo otra opción, habla.
— Her er aftalen, hvis vi vil ud af fængslet, må vi arbejde sammen— susurro con la botella pegada a mi boca por si hay algún estúpido que sabe leer labios. —Los tres, tengo interés especial que este rubio sobreviva.
Este es el trato, si queremos salir de la cárcel, tenemos que trabajar juntos.—Estoy dispuesta a ayudarte, pero ¿Cómo hacemos eso? Hay cantidades enormes de guardias por toda la prisión, ni siquiera te podrás comunicar con la mafia.
—Los laboratorios de Jack no estás muy lejos de aquí, ya me había contactado con el personal y estaban dispuestos a recibirme, tendremos que ir a pie por la carretera principal porque rastrearán cualquier que robemos.
Alesha baja la cabeza. —Nuestro guardia tiene llaves de acceso a cuatro puertas del pasillo, podemos con él, pero necesitamos una tarjeta para el escáner de los almacenes que vimos el día que nos encerraron, allí hay una salida de monta cargas.
—El nuevo puede conseguirla.
—No, no van a utilizarme para sus tretas— el rubio se ve asustado.
—Te darán un uniforme nuevo, deja tus pertenencias en la bandeja de plástico al lado del computador, la secretaría siempre poner su tarjeta junto un vaso de café frente a la computadora, tíralo sobre los documentos antes que te esposen.
Alesha mueve su mano por la mesa y le arroja un pañuelo sucio —Si un guardia lo nota, lo apuñalas en el directo en el abdomen con lo que hay dentro.
—Lo hacen ver tan simple.
—No lo es, vas a tener que callar a tu cerebro para actuar— dice la pelinegra.
—Estamos trabajando contra reloj, lo haremos esta misma noche, si la General Hilton logra hablar con el hijo del Sargento Prescott después de la cena de acción de gracias se terminaron nuestras opciones.
—No reuniremos en cuatro horas en la puerta del almacén, quien no llegue, se queda aquí como un mugriento— nos miramos nuevamente y cuando el guardia se acerca me arrebata la botella de alcohol.
—¡Se terminó el tiempo afuera! ¡Regresen a sus celdas! — suenan los silbatos.
Se me tensan los hombros con el frío, nos forman en filas de diez en diez, Alesha es enviada nuevamente a la reja de mujeres y al rubio se lo lleva un nuevo guardia, miro a la ex pelirroja y tira humo por su boca mientras le aprietan las esposas ahora en su espalda.
Le doy una inclinación de cabeza mientras la veo desaparecer.
Seis guardias de pasillo, síes armas que robar. Voy repitiendo en mi mente mientas me obligan a caminar dentro del área varonil. Memorizo cada puerta y cuento los pasos que toma llegar a ellas.
—¡La cena de acción de gracias se servirá en el comedor comunitario a las siete en punto! ¡Ni un minuto más hijos de puta! — azotan mi puerta y veo por la diminuta ventanilla de rejas como colocan dos candados.
—Te dije que nos sentaría bien salir a ver la nevada— mi compañero de celda se sienta sobre su cama con los pies colgando mientras coje el libro viejo que siempre lee —La comida sabe a alimento de perro, pero nos darán doble ración.
Camino de un lado a otro abrumado por las paredes sucias. El reloj ya comenzó a correr, cuatro horas para largarme de aquí. Alzo mi almohada incómoda y saco el anillo que guardo desde hace más de treinta años.
Lo pego a mi pecho y lo guardo en el bolsillo frontal de mi uniforme, el reo alza los ojos de su libro y mira el anillo matrimonial. Las horas en la celda se me hacen eternas, me siento sobe mi cama y rezo por salir ilesos, esto está lleno de policías americanos.
Lo hago, por Maya, por mi señora, por mi nieta, por mi hijo. Esa plegaría se queda pegada en mi cabeza y me aferro al dolor de mis pérdidas para coger valor, dejo que mi alma rota tome la rabia que me hace falta para renacer.
Cierro los ojos y veo a mi nieta corriendo con una sonrisa hacia Maya y hacía mi en el bosque cuando fuimos a cazar zorros. Veo a mi hijo preguntarme por instructivos que él sabía leer, pero quería mi ayuda.
Veo a mi señora con heridas de la explosión en su rostro y brazos sosteniéndole la mirada al sargento Prescott.
Espero que sus primogénitos estén bien. Se oyen el zumbido de la alarma de las puertas.
—¡La cena de acción de gracias está servida! — gritan los guardias y abro los ojos.
El primer paso al pasillo se siente diferente, tengo un nuevo propósito. Nos forman en fila para esposarnos y guiarnos al comedor comunitario. Miro del otro lado de las celdas y veo a Alesha en su propia fila.
El olor a especias está en el aire, avanzo varios lugares en la fila hasta que mi turno con el guardia llega. Extiendo las manos de buena gana, saca las esposas de la cinturilla de uniforme... Reviento mi cabeza en su cráneo.
Su cuerpo se azota ensangrentado en el suelo, tomo su arma y le disparo al guardia a su lado, le arrebato el arma mientras los presos hacen alboroto en el pasillo, algunos corriendo, otros empujando por pasar a las puertas más cercanas.
—¡Apoyo en el pasillo tres! ¡Policías muertos! — los guardias custodios hablan por el comunicador y en segundos empiezan a dispararnos.
Me arrastro detrás de una de las mesas del comedor comunitario protegiéndome y disparo con la metralleta robada al guardia de la escalera. Varios prisioneros muertos caen a mi alrededor mientras vacío el cartucho.
Vuelan desde el segundo piso los cuerpos de guardias a los que alcanzo a perforarles la cabeza. Cuando los presos ven las armas en el suelo corren a hacer motín mejorando nuestra condición de escape.
Alesha sale detrás de una de las encimeras del comedor y dispara directo a las piernas de los guardias para abrirnos paso, rebusco en los uniformes por las llaves de las puertas y tomo las necesarias.
—¡No pierdas el tiempo! — la empujo por el pasillo cuando llegan refuerzos de los guardias.
Corremos por el pasillo disparándole a las cámaras de seguridad. Le arrojo la mitad de la llaves. Forcejeo entre cada puerta probando suerte, poco a poco se abren, las últimas dos y las más difíciles serán las que dan directo al almacén.
Alesha mueve sus manos apresuradamente por las cerraduras mientras cubro nuestras espaldas disparándole a uno que otro guardia que nos haya seguido e intercambiamos roles. Tengo un corto sentimiento de esperanza cuando las últimas dos puertas ceden y a lo lejos veo al hombre rubio sosteniendo la llave electrónica del almacén en alto.
—¡Corre más rápido! — le grito a Alesha sin girarme a mi espalda, toda la adrenalina hace temblar mi cuerpo tiro la armas que no tienen municiones para perder peso.
El rubio frunce el entre cejo cuando lo alcanzo en la puerta. —¡Ábrela! ¡Yo nos cubro! — me giro y me quedó atónito cuando no veo a Alesha a mi espalda.
—¿Dónde está la mujer que venía contigo? — pregunta el rubio pasando temblorosamente la tarjeta por el escáner, se oye el zumbido del alarma y los seguros se abren.
—¡Alesha! ¡Carajo Alesha! ¡Date prisa! — grito por la puerta del pasillo esperando que venga corriendo más lento que yo, pero la desesperación me entra cuando no la veo salir.
—¿Dónde está la mujer? ¡Tenemos que largarnos! ¡Van a sellar las entradas en minutos y ya no podremos largarnos ni por el almacén!
—¡Alesha! — grito más fuerte, pero no obtengo respuesta.
Veo unas botas verdes aparecer en la entrada del pasillo, el hijo del Sargento Prescott sale sosteniendo a Alesha del cuello con un arma en su nuca mirándonos fijamente. Los ojos azules de Alesha apenas y se notan, tiene todo el rostro golpeado y bañado en sangre
Sale a su lados varios de los guardias de las celdas apuntándonos con metralletas, reviso mi cartucho y sólo me quedan dos balas. Maldigo mirando las salidas cercanas, pero no hay más que la de almacén.
—Un paso más y se muere, arrojen la llave del almacén, ahora, están rodeados— nos advierte el niño mimado.
—No hagas ningún movimiento— tomo el brazo del rubio que está pálido.
—Te lo dije, nos van a matar, hay policías en todos los muros.
—Tú no te puedes morir todavía.
El hijo del Sargento sonríe ante mi desventaja. — Se necesita ser más que un ex mariscal del ejército y pertenecer a la mafia para escapar de mi prisión.
Mueve la mano y agacho al rubio protegiéndonos en uno de los contenedores de basura cuando empiezan a dispararnos, me paso la mano por la frente pensando en mis opciones, no se puede morir este hombre, pero sólo tengo dos malditas balas —¡Carajo! — pateo la lata vieja.
Disparo a uno de los guardias que casi nos alcanza y ahí se va mi cartucho, tiro el arma viendo como uno más joven nos atrapa detrás del contenedor, lo pateo en el abdomen y lo azoto contra el asfalto, pero no encuentro su arma.
Su compañero corre contra mi espalda y me dispara, la bala roza mi hombro, antes que lo desarme y le dispare matándolo. —Puta vida— maldigo cuando viene otro con una metralleta directo a nosotros. —¡Abajo! — cubro al rubio.
Cuento las balas de arma el último guardia. Miro la puerta semi abierta del almacén. Empujo al rubio por el conducto del basurero. —¿Tienes todavía la llave electrónica?
—Sí— la saca de su bolsillo.
Asiento y lo guío de rodillas por una parte segura. —¡Voy a distraerlos con las pocas balas que me quedan! — nos ponemos de espaldas.
—¡No podemos escapar los dos!
—¡Lárgate por la puerta del almacén, déjame la llave y la cerraré cuando cruces para darte tiempo!
—¿Por qué no escapas tú?
—La mafia te necesita, ellos te van a encontrar, aléjate de la ciudad una temporada, después busca los laboratorios privados de Jack Roe, diles que me encuentren porque después de esta noche no sé a qué prisión me llevarán.
Me mira con los ojos azules cansados. — Lo haré— promete, me mira confundido y palmea mi hombro —Han pasado muchos años, pero aún tienes el mismo carácter muchacho, como la primera vez que te conocí.
Trago grueso— Ya no soy un muchacho y te recuerdo que soy mayor que tú.
—Gracias por regresarme mi libertad después de tanto tiempo, le diré a tu hijo que te encuentre.
No hay tiempo para sentimentalismos. — ¡Corre!
Se levanta con las piernas temblorosas, cuando cruza al almacén disparo las pocas balas que quedan en mi arma y sello la puerta. Saco un encendedor viejo y quemo la tarjeta. Me quedo de rodillas mientras el fuego la consume.
—¡Manos en la cabeza! — me apuntan más de diez metralletas.
Me doblo cuando una bala impacta en mi abdomen para tumbarme por completo en el suelo, otra va directo a mi pantorrilla. Araño el pavimento mientras me arrastran junto a Alesha, la tumban al suelo conmigo, da pequeños jadeos sosteniéndose las costillas donde tiene la ropa rasgada.
—¡Abran la puerta del almacén! — grita el hijo del Sargento.
Me río como puedo con los restos de la llave electrónica quemada en mi mano mientras las heridas de bala me escuecen. Nos arrastran hasta la celda de castigos en el segundo sótano de la prisión.
La puerta de acero se azota con la alarma encendida. Está a menos cinco grados aquí abajo y en la noche se pondrá peor. Alesha tiembla en el rincón en el que la dejan, estaremos días sin alimento, no sé si nos darán atención médica.
—Maldito, nunca debí confiar en tu plan— los labios se le ponen morados y hasta aquí escucho el castañeo de sus dientes. Trato de hacerme presión sobre las heridas de la pierna y el abdomen, pero necesito un médico urgentemente.
Me desbotono con dificultad el uniforme y se lo arrojo, lo toma cubriéndose los brazos y piernas mirándome confundida. —Te vas... te vas a congelar— apenas y se escucha su voz.
Me encojo de hombros haciendo una mueca de dolor. — Me voy a... a morir por... por los disparos de todas formas.
—Te llevarán a emergencias, sólo quieren darte un escarmiento— se arrastra hasta mí y coloca la chaqueta sobre ambos, veo los golpes que le hicieron en el rostro.
—¿Qué haces?
—Dejémonos de estupideces Ethan, ambos sabemos que, si queremos sobrevivir y volver a escapar de aquí, sólo podemos hacerlo juntos— coloca la cabeza en mi hombro y hace presión sobre la herida para parar la sangre. — ¿Tenemos una trato?
La miro fijamente y con una mueca de dolor asiento.
〘 〙Alexander.—Abran las puertas— ordeno.
—Mi señor— empiezan las voces de mis empleados pasando a mi lado.
—A su servicio de nuevo, señor Roe, comenzaré las revisiones de la seguridad del lobo.
—Buen día, señor Roe tengo las nuevas cámaras de seguridad.
Unos pasos corren a mi espalda y no tengo que girarme. —¿Qué está pasando aquí cabezota? — dice la rubia gritando otra vez como indigente —¿Quiénes son todos ustedes? ¿Qué hacen en mi casa?
—Buenos días, estamos al servicio del lobo— más personas pasa a nuestro lado — Soy Jin Jun ¿Dónde está el área de la cocina? Su chef personal viene en camino, pero mientras tanto, yo lo suplantaré, traigo a mi equipo de asistentes para la supervisión de desinfección completa.
—Ah... ¿Dijo chef personal? La... la cocina queda a la izquierda.
—Gracias, señora Gray— dice amablemente y aplaude en el aire —Boten toda la comida de los gabinetes, no quiero ver esa basura, el resto, reacomoden los nuevos suministros con las nuevas especificaciones del lobo.
—No pueden tirar mi comida ¿Qué te pasa? Yo misma la cociné, mi tía es una chef profesional.
—No como ningún tipo de comida corriente y de dudosa procedencia Coraline, si no es un asiático profesional el que cocina y testa mis alimentos diarios en base a mi dieta, no como— me cruzo de brazos y regreso por el pasillo.
—¡Maldito cabrón! ¡Trajiste a todos estos empleados para humillarme! — grita a mi espalda.
—Te humillo con mi sola presencia, esto no es un derroche de mis billones, estoy cubriendo mis más simples necesidades.
—¡Si no estuviera cargando a mi hijo te habría golpeado! ¿Qué hacen con mis muebles?
—¿Quiénes son todas estas personas Coraline? — se oye la voz apagada de la tía imprudente.
—No lo sé tía, sostén a Aaron. ¿Por qué se están llevando nuestro sofá?
—El lobo ordenó que se cambie la decoración tan... tan rústica que tiene en su Penthouse— responde el empleado —Todos los muebles son de diseño exclusivo del distribuidor personal de la familia Roe.
—¿Qué quiere decir con que mi Penthouse es rústico?
—Barato— respondo por él y me quito los lentes negros.
—No hable tonterías señor Roe, mi sobrino Didi tenía más dinero que usted— susurra la mujer impertinente.
Una risa conocida se oye desde el escritorio donde trabaja el hacker.
Me giro sacando tres fajos grandes de billetes de cien dólares de la bolsa interna de mi saco.
Con media sonrisa abro un encendedor y los prendo, cuando empiezan a consumirse enciendo mi porro con la llama. Dejo salir el humo por mis fosas nasales mientras tamboliero mis dedos sobre la madera con un anillo en mi dedo meñique incrustado con diamantes negros, haciendo juego con mi Rolex.
Caterva se acerca a alimentar la llama de los dólares con más fajos, los arroja despreocupado y enciendo un segundo porro. —Tenga un buen día señora Gray— digo con educación —Descanse porque ya empezó a delirar.
—Espero que un día te quedes sin un centavo, que mendigues en la calle y que pierdas todas tus malditas residencias Alexander Roe.
—Siga soñando, eso es lo que hacen a menudo los pobres, mientras los billonarios vivimos en la mejor puta realidad — le guiño un ojo y retomo mi camino.
Me tambaleo de camino a la habitación, tengo los síntomas del estrés diez veces peor por mi ceguera, pero me niego a tomar las píldoras de siempre, aunque mi cuerpo está resintiendo los estragos.
Piso el porro con la punta de mi bota para apagarlo y controlar el ligero temblor de mis brazos, respiro hondo con el recuerdo de las agujas de anfetamina clavadas en mis brazos. El temblor cada vez se hace peor en mis músculos con el paso de las horas.
Me aferro a los barandales de la terraza de nuestra habitación hasta que pasa la crisis, el aire frío no apaga eso que me quema en las malditas venas.
Saco el celular para que asistente virtual escriba dos mensajes a voz para Logan. —¿En qué puedo ayudarte? Tienes dos nuevos mensajes de voz Emma ¿Quieres reproducirlos? — suena la voz robótica, tomé por error el celular de mi mujer.
Necesito encontrar mi jodido celular. Guardo el dispositivo en mi bolsillo de nuevo y cierro la terraza, si me quedo más tiempo sin contactar a Logan las crisis van a empeorar por la maldita Rebecca.
Emma no lo sabe.
Hay fragmentos de recuerdos en mi cabeza, algunos nítidos, otros borrosos por la anfetamina, perdí la cuenta de las dosis que me inyectó Rebecca.
Sostengo el parche en mi mano frente a un espejo que ni siquiera puedo ver. Hace unos meses cuando Jack sugirió que lo utilizará le atravesé unas pinzas en la mandíbula. Me toco el rostro donde aún tengo golpes y marcas de las torturas en el MI6.
Las palabras de Emma se siguen repitiendo en mi cabeza.
Ulvens ar er smukke for dronningen. Toco el collar barato que me dio hace más de un año en Nueva York, con las inscripción
siempre al reverso.
Siento una especie extraña de cosquilleo en el pecho recordando cuando chocó las camionetas de Logan en la carretera por mí. Paseo mis dedos por el anillo matrimonial que Rebecca y ni ningún agente del MI6 pudo quitarme durante mis días de encierro y los lloriqueos desesperados con los que quería someterme sexualmente sin lograrlo.
Mi polla tiene dueña desde hace tiempo, es la mujer menuda que duerme en mi cama abrazada a esa almohada enorme. Mi pene no se alzó con ningún toqueteo repulsivo de Rebecca.
Alzo a Emma poniéndole su camisón favorito, su cabeza cae en mi hombro de lo cansada que está y coloco las tiras cuidando su brazo roto.
La seda siempre se abraza a sus curvas a la perfección, amaso una de sus tetas desbordada por el escote y gime en mi oído tomando un puñado de mi cabello. Mi otra mano se cierra sobre su culo respingón y gime otra vez.
—Joder Emma— alzo su cabeza y se prende a mi boca soñolienta.
Paseo mis dedos por la suavidad y maldigo por no poder adorar el cuerpo de mi mujer con mi vista, aparto la mano.
Me informaron que pasó días completos sin dormir o comer buscándome. Un pequeño ronquido brota de su garganta y el fantasma de unas risa se atasca en mi boca, pero no alcanza a salir.
Se acurruca contra mi cuerpo buscando calor corporal cerca de mi cuello, esa posición tan personal a la que siempre me sometió desde el acuerdo casual, la acomodo sobre almohada otra vez cuando la deposito en la cama. Necesita varias horas de sueño y ninguno de los hijos de puta de la mafia va a impedirlo.
Me coloco el traje negro como de costumbre, paseo mi loción costosa sobre mi cuello y tomo el maldito parche metiendo mi cabeza entre las tiras de elástico. Cubro mi ojo izquierdo del que nunca podré recuperar la vista ni con cirugías.
Alguno de mis hijos balbucea, pero no distingo cuál de los dos es. —¿Qué sucede cariño? — dice Emma soñolienta mientras uno de nuestros hijos comienza a llorar.
—Todo en orden, duerme.
No se lo digo dos veces y escucho su respiración profunda. La desesperación de no poder ver me llena otra vez, pero antes de perder la cordura respiro hondo aferrándome al sofá y sigo con el plan original.
Cierro los ojos tratando de recordar cada maldita página que leí en los libros de paternidad y cómo actuar ante las situaciones inesperadas. Me acerco a los pequeños objetos de mini humanos en los que duermen la siesta.
Me inclino para quedar a su altura, es mejor que tengamos esta conversación lo antes posible. —Esa mujer que ven dormida ahí— señalo la cama —Es mía y nuestra mayor prioridad.
Unos pies pequeños patean mi brazo. Toco su cabeza y lo levanto en mi brazo con el ceño fruncido como si estuviera armando una de las bombas más peligrosas de la mafia y en realidad no sé qué acto es más peligroso.
—Ya nos conocemos ¿Cuál de los dos eres? — trato de tocar su rostro.
No hablan Alexander, son recién nacidos. Me jalo el cabello exasperado y extiendo el brazo para tomar al otro que llora más fuerte que su hermano ¿Dónde coño está el servicio médico al que le pago para estas situaciones? Los coloco cada uno en mis brazos tatuados sin saber qué nuevo movimiento hacer.
—No es la hora del llanto— trato de conversar con ellos —Tendrán una ceremonia de iniciación en Londres y en el Kript no se permiten escándalos — extiendo la mano buscando ese objeto que la mini humana de Jack usaba cuando tenía hambre.
Podría darles dinero, pero con la hija de Jack aprendí que los mini humanos actúan de forma diferente a los adultos. Encuentro esos objetos de chupetes finalmente.
—Se nota que tienen el carácter Roe, pero no es momento de acojonarse — hablo más alto y de repente los golpes de pies de uno de ellos se detienen y el llanto del otro para. —¿Así que esa es la palabra mágica para dejar de llorar? Roe, Roe, Roe — repito.
Ninguno vuelve a llorar otra vez, es la perfección de saber que pertenecen a la familia más poderosa de la mafia inglesa y danesa, somos la puta perfección, mis primogénitos lo saben.
Siento una mano pequeña aferrada a mi meñique. Siento una calidez nueva dentro de mi pecho. Estoy sosteniendo a mis hijos con Emma, una de las cosas que más trate de obtener desde nuestro acuerdo casual.
—Mierda— se siente tan irreal —. Hej igen— le digo al que toma mi mano y su agarre se intensifica — Puedes romper una mano de más de veinte formas con ese agarre, ya te lo enseñaré cuando crezcas y a ti también — toco la cabeza del otro.
Me mantengo alerta de no escuchar el ruido de la puerta o me encontrarán hablándole a dos mini humanos que ni siquiera pueden entenderme. No puedo dejarlos aquí o despertarán a Emma, pero tengo una reunión con la mafia, mis opciones son limitadas.
—Vendrán conmigo Kiara y Raven, será su primera reunión en la mafia, hablaremos sobre los daños al Kript de Dinamarca que dejó el ataque del Pentágono y el secuestro de mi Raptor en Londres— carraspeo explicándoles y por un segundo me siento absurdo.
Escucho a los lobos y siento su pelaje, pero no sé cuál de todos los que nos rodean es mi lobo carroñero. Me pellizco el puente de la nariz sosteniendo a mis hijos, cada uno en un brazo. No puedo creer que haré esto, resoplo y extiendo la mano.
—Niles— utilizo es ridículo nombre que Emma insiste en llamarlo y que tanto me irrita.
Siento las lamidas de mi lobo carroñero, paseo la mano por el pelaje y la falta de una parte de su oreja es la que me confirma que es mi lobo carroñero favorito. Gruñe olfateando a los bebés.
—Sidde— palpo la correa a las que pocas veces lo someto.
Obedece al instante sentándose sobre la alfombra. Desde hace años este lobo ha sido mi admiración, no sólo por su tamaño, también por la violencia con la que ataca y devora, siempre he ordenado darle la mejor alimentación desde que lo compré, el mejor de mi criadero personal en las jaulas.
Paso la correa por su cuello y dejo abierta la puerta de la habitación. Por primera vez, pondré mi seguridad física en una bestia. Hace años que no lo hacía. Estoy malhumorado por tener que ceder en tantos aspectos de mi vista.
—Espero que hayas disfrutado tu tiempo de lectura en la biblioteca— me giro a Caterva que está apoyado sobre la puerta custodiando la seguridad de mi esposa, apenas y puede mantenerse en pie.
—Ya aprendí la lección mi señor y me disculparé de rodillas con su esposa de ser necesario, pero no debería ser el único conservador castigado, fue una decisión unánime en su ausencia.
—Pronto dejará de existir la opinión de los conservadores en mi mafia cuando se reabra el Kript— le advierto —Gå fremad — ordeno en danés y el lobo comienza a andar.
Me tambaleo sin conocer la dimensión de los pasillos, tomo cada gramo de mi autocontrol dejar a la bestia guiarme y mantener a mis hijos sujetos. El dolor abdominal de la herida aún me escuece y sin la intravenosa con analgésicos que debo tener colocada por días, mis pasos se sienten pesados.
Noto que desde que tome a mis hijos en brazos no han vuelto a llorar. —Mi señor— las voces de mis criados se alzan conforme avanzo a la biblioteca —Viene con sus herederos— dicen con asombro y deben hacer una inclinación de cabeza por su posición.
—Tus conservadores rusos te esperan en la biblioteca— la voz irritante de Dina Makova viene al fondo del pasillo. —¿Esos son tus hijos? ¿Puedo verlos?
—No.
Jadea sorprendida y se quita de mi camino.
—Mi señor— saluda la voz del hermano de Wren cuando cruzo la puerta de la biblioteca —Hemos hecho la compra y pedido que sea traído lo antes posible su perro guía, un Golden Retriever.
—Ya me he hecho cargo del asunto inútil y de todos las bestias que poseo jamás aceptaría a un Golden Retriever, sólo lobos— suelto la correa de mi lobo carroñero y lo hago avanzar al escritorio, escucho como se tumba sobre la alfombra.
Uno de mis criados tiene filetes de carne cruda preparados, los palpo y se los arrojo al suelo oyendo como se atraganta con gruñidos, me limpio la sangre manos con un pañuelo de marca.
—¿Trajo a sus hijos mi señor? — pregunta el más estúpido mientras me siento en la silla suiza de tapices de piel negra, traída esta mañana a esta pocilga que llaman Penthouse, mi baño italiano es más grande que esto y un libro mío es más costoso que esta biblioteca mediocre.
—Dado que todos quedaron ciegos y no sólo yo, sí, traigo a mis herederos conmigo y quién tenga alguna opinión al respecto que se largue ¿Cuántas veces les he dado permiso de opinar?
—Nunca mi señor— responder los conservadores rusos al unisono.
—Entonces quiero los comentarios estúpidos fuera.
—Es tierno como se quedan mirándote fijamente cuando hablas, sé que no puedes verlos, pero son tan adorables que podría comerlos a besos— dice Dina al fondo y la mal miro a dónde deduzco que está parada.
—Señorita Makova — la interrumpe el hermano de Wren de prisa —En las reuniones no se interrumpe al lobo, ni tiene permitido hablar más que nosotros.
—Es que me encantan los niños ¿Puedo cargarlos? Seré cuidadosa, lo prometo— hace amago de acercarse, pero los conservadores se lo impiden. — Entiendo que aún tu mafia me tenga desconfianza, pero Logan ha querido conocerlos desde Dinamarca, su abuelo es el líder de la organización de los treinta y siete, eso es maravilloso.
Me froto las sienes recordando la única razón que me impide matar a la rusa.
—Sus hijos de lejos se ven como si...
—Será mejor que iniciemos con la reunión mi señor, le ofrecemos nuestras disculpas por las interrupciones de la señorita Makova.
—No me trates como una niñata.
—¡Entonces deja de actuar como una, tienes un sólo trabajo deja de entrometerte en mis putos asuntos! — pierdo la paciencia.
—No son necesarios los gritos— escucho las teclas de su ordenador y se sorbe la nariz —Rebecca está buscándote por toda Irlanda, hace unas horas un equipo de búsqueda del MI6 salió directo a siete ciudades diferentes del país.
—Comienza a buscar una residencia de invierno en la ciudad, quiero moverme de esta pocilga lo antes posible, los hoteles Hilton & Roe está al norte de la ciudad, mi familia y yo utilizaremos la suite presidencial, quiero la colección del setenta y cuatro de whisky escocés en el almacén y un cargamento de la mejor cosecha de Chapel Down, mis hoteles no albergan marcas de baja gama, pero ese vino en específico tiene que estar.
—Entendido señor— responde otro conservador —Su jet privado está a su disposición si quiere viajar fuera de Limerick, se han blindado los ventanales del edificio de Coraline para su protección.
—Ninguna de estas simplezas son necesarias en Hilton & Roe— toco mi Rolex y la voz digitalizada me da la hora exacta sobresaltando a ms hijos.
Mientras doy todas las órdenes de mudanza en ningún momento siento a mis hijos moverse, sólo se escuchan sus suaves respiraciones en mi brazo.
—¿Qué es lo último que supieron de Jack?
—Su primo se fue la noche del ataque en Dinamarca a Londres, estuvo en la ciudad un par de días y tomo un tren fuera de la ciudad, buscamos por los sitios de descanso de la zona y cámaras de vigilancia de la ciudad y lo encontramos en una cafetería local unos días después.
—¿Dónde terminó?
—En México, tenemos fotos de él en un bar, pero el último hotel donde se hospedó registro un suicidio en su habitación, no está muerto, sabemos que fue una cuartada para despistar a la policía local y a nosotros también, su primo no quiere que lo encontremos otra vez.
—Mato al vigilante que le asigné.
—Nos advirtió que nos alejáramos de él o nos envenenaría.
—Tenemos que trabajar en recuperarlo, necesito su ubicación exacta.
—El hacker hará todo lo posible por encontrarlo.
—Enviare un equipo de espionaje a sus laboratorios en Nueva York, que están en la avenida principal de Manhattan, tiene que regresar y sobre todo me interesa que el plan C18 lo encuentre.
—¿Qué es el plan C18? — pregunta Dina —Debo estar informada de todo lo que suceda.
—Es un cargamento especial señorita Makova.
—No lo entiendo, explícamelo y tomaré notas para enviárselas a Logan.
—¿Estás demente niñata? — interviene el hermano de Wren.
—¿Por qué todos están tan sorprendidos aquí? Señor Roe en su celular hay una notificación de dos mensajes de voz ¿Los reproduzco? Quiero acercarme, pero su lobo me asusta demasiado.
La ignoro. —Quiero a Erick Jones y a su padre vigilados, quiero un informe diario de cada movimiento legal que hagan con Hilton & Roe desde el día que ganaron la subasta y si el dinero aportado provino de la fortuna de Maya.
—El pordiosero no sería tan estúpido para gastar los millones que heredó con la muerte de su esposa— se ríen — El cargamento de armamento ya llegó a Irlanda.
—Muévanlo directo a Londres, vamos a reabrir el Kript para la ceremonia de iniciación de mis primogénitos, el próximo mes, que nuevo personal regrese a mi residencia, las jaulas y al Score.
—¿Regresamos a Londres mi señor?
Me encargo que Dina esté pendiente de la conversación y cada detalle —Tendremos pequeños cambios en la seguridad, tenemos una nueva alianza con Logan y la organización de los treinta y siete, trabajaremos con una sola mafia.
—Los conservadores rusos estamos en desacuerdo.
—El amo ya tiene lugar con el lobo— dice la rusa muy convencida —La decisión está tomada señores y es momento que su actitud hacía mi cambié, soy la informante principal de Logan Roe y de la organización de los treinta y siete.
—¿Es eso cierto Alexander?
Asiento dejando la sala entera en silencio.
. . .
—No puedes dejar a nuestros hijos sobre Niles, aunque es muy cómodo dormir así — Emma se lleva el razón de ensalada que Jin Jun preparó, conozco la comida de mi equipo asiático personal y también la de Emma, es una tramposa.
—¿Qué dices de mi ensalada? No escuché quejas mientras la comías— bota una linterna en la alfombra.
—He probado mejores— me encojo de hombros y casi me la imagino lanzándome la mirada Roe que adquirió en el embarazo —. Jin jun es casi tan buena como Octavian cocinando.
—¿Quién es Jin jun? — se hace la ofendida.
—Una chef profesional de mi equipo de alimentación y la mujer que te encontraste en la cocina y preparó mi cena para que fingieras que tú la hiciste.
—Eres un maldito sabueso.
—No puedes engañarme Emma, no tengo vista, pero el resto de mis sentidos siguen siendo perfectos— se sienta en mi regazo otra vez y me hace abrazarla frente a los sirvientes que pueden estar viéndonos.
Está es un pocilga, pero las linternas alumbran gran parte del Penthouse hasta que regrese la electricidad. ¿Cómo pueden vivir alguien en estas condiciones?
Paseo mis dedos por su hombro y extiende el brazo sano para que le dedique más caricias, está muy mimada desde su escena de celos con Dina en la biblioteca y no puedo disfrutarlo menos, estaba por destrozar a la rusa.
Se remueve en mi regazo otra vez le quito uno de los tirantes en el hombro, salta en mi entre pierna y pego mi boca a su hombro probando su piel. Lamo desde su cuello hasta su lóbulo.
—Niles está dormido en la chimenea, le gusta estar cerca del fuego, a los otros no.
—Está mejor entrenado que el resto y Emma, es mi lobo carroñero preferido, no puedes ponerle le pongas sobre nombres, es el que se encarga de destrozar y tragarse los cadáveres de los mugrientos a los que asesino.
—Pues para mí es mi pequeña mascota a la que puedo ponerle moños.
—Ni se te ocurra, esto es una mafia— le recuerdo, pero se ríe y entierra su mano en mi cabello gimoteando cuando paso mis mano para atrapar una de sus tetas, este maldito camisón me tiene loco.
Es como ese vestido lila de tirantes que siempre se amolda hasta a la suave curva de su vientre bajo y no puedo despegar mis ojos de ella, es la puta perfección, pero Emma utilizando ese vestido y el camisón siempre son mi puta perdición.
¿A quién engaño? Esta mujer con o sin alguna prenda es mi pecado más perverso... mi maldita tentación de por vida.
—Nuestros hijos pueden despertar— suspira doblando el cuello para besarme.
—Pues que se consigan una niñera, Caterva siempre está disponible.
—¿No te parece absurdo estar celoso de tus propios hijos señor Roe?
Yo no estoy celoso de mis hijos, pero Emma es mía. Sólo mía.
Mis piernas no soportan estar dobladas más en el suelo. La levanto en brazos y nos alejo unos metros de la chimenea sin soportar un minuto más el calor de los leños. Nos siento del lado opuesto de la sala en un sofá individual de mi colección, desde aquí ya no se ven nuestros hijos.
Se sienta de buena gana en mis piernas. Está completamente oscuro, palpo mi botella de whisky escocés, pero no alcanzo a abrirlo porque gira las caderas encajando mi miembro entre sus glúteos.
Siento el tirón de mi erección alzarse. Gruño deteniendo sus caderas y se hace inocente removiéndose otra vez para tomar una mejor posición según ella, se está frotando con descaro con mi verga.
—¿Qué haces? — aprisiono su cintura, pero quita mis manos y rota las caderas. Cierro los ojos en busca de control. —Emma— le advierto derramando por error la botella de whisky con sus distracciones.
—Es demasiado tarde para pedir que no les ponga nombres, señor Roe, somos una familia completa Niles, Chandler, Joey y Sheldon— se carcajea como si no estuviera montándome —Son los nombres de mis personajes favoritos de mis series de comedia preferidas.
—¿Series de comedia? — me pellizco el puente de la nariz, pero cuando se remueve contra mí, la tomo firmemente, si sigue frotándose en mi pene con ese camisón corto, voy a perder la cordura antes del mes indicado por sus médicos, parece que lo hace a propósito.
Salta sobre mis piernas jalando mi barbilla mientras se gira poniendo nuestros rostros a la misma altura, el salto dura más de lo necesario. — ¿Nunca viste una serie de comedia en tu vida?
—No y sé lo que estás haciendo, pequeña seductora— mi voz esta ronca por la masturbación de sus nalgas, atrapo su boca buscando su lengua.
—¿Y por qué no me detienes? — frunce el labio inferior en mi boca y muerde las comisuras de mis labios.
Su boca baja por mi barbilla debajo de las tiras del parche y la baja por mi garganta, mi falta de vista aumenta mis sentidos, me cosquillea la piel cuando chupa mi cuello con ansias antes de succionarlo.
Raspa sus dientes por la vena de mi cuello y va por mi hombro mordiéndolo. Soy un masoquista y sólo está alimentando mi necesidad de tenerla. Vuelve a succionar mi cuello, no sé cuántas marcas quiere dejarme.
Esta malditamente celosa.
—Me encantas con ese parche— su mano baja por mi pecho hasta deshacer el botón de mi pantalón. Mete su mano en mi bóxer apretando mi verga. Comienza a masajearla bajando sus dedos a mi bolas. La combinación de mi ceguera intensifica mis sentidos y aumenta mi maldito libido.
—Joder nena— suelto un gemido grave y sigue lamiendo mi piel sensible jalando mi glande.
Bajo las malditas tiras del camisón y se las desliza el resto del camino arqueando la espalda ofreciéndome mi desayuno, raspo mi barba desde su barbilla hasta encontrar sus tetas, lamo la carne suave a su alrededor y me prendo a ellas mordiendo sus pezones.
—Estas son mis tetas Emma, no vuelvas a dárselas a mis hijos, sólo mías.
—Tengo que alimentarlos.
—No— digo posesivo —Sólo yo te las puedo comer— grita cuando las junto y paseo mi boca de una a otra. Succiono con fuerza esperando mi alimento, el sabor dulce de la leche materna de la que disfruté los último meses de su embarazo se pega a mi lengua y Emma gime muy fuerte mientras trago.
Su gemido me hace perder la cordura unos segundos, miro con advertencia a mi alrededor sin saber si hay imbéciles de mis asesinos mirándonos. Saben que mi tiempo con mi mujer es privado y cualquiera que se atreva a mirarla lo mato.
—Dilo.
—No, eres muy irracional.
Succiono más fuerte y le arranco otro grito de placer. Estoy hambriento y loco por ellas. —Dilo, maldita sea. — se retuerce suplicando que no pare —¡Dilo!
— Mis tetas son sólo tuyas Alexander — pone su mano sana sobre mi hombro y empieza a rotar las caderas rítmicamente, clavo mis dedos en sus nalgas y bebo sin saciarme, cada succión me tiene gruñendo y tiene mi polla a reventar.
Protejo su cabestrillo y me dejo llevar por la masturbación, inclino la cabeza en el sofá mientras mi mujer frota sus nalgas en mi glande, Poco a poco siento la humedad de su coño mojando mi pantalón.
—Sácalo— pide ansiosa jadeando todavía ofreciéndome sus tetas.
Gruño largo, bajo la cremallera de mi pantalón y pongo mi verga fuera de mi maldito bóxer. Mi glande se pega a la seda y a sus fluidos. Se baja de mi regazo con cuidado y se lo traga sin avisarme.
La punta toca el fondo de su garganta y tomo un puñado de su cabello levantando las caderas, sin mi vista todo se siente más sensible, mis bolas ya están sobre cargadas con cada lamida de Emma, si las muerde las va a exprimir.
Hunde las mejillas succionando, le acaricio el labio inferior cuando jadea. — Trágatela entera nena como tanto te gusta— la empujo de nuevo a su boca —Puta vida— suelto una bola de maldiciones cuando toma cada pulgada de mí raspando sus dientes por la piel de la base.
Mierda, su boca es mi perdición. Penetro su garganta duro agarrando su nuca, gimotea masajeando mis bolas con su mano. Aumento el ritmo de mis penetraciones y gruño ruidosamente empujando el primer chorro caliente de mi leche en su lengua.
Escucho como traga y me la sigue jalando para sacar más, los siguientes chorros salen desiguales y abundantes. Le da lamidas cortas a mi miembro para limpiarlo y lo sigue envolviendo con su puño cuando se sube a mis piernas.
—Delicioso— se relame los labios recogiendo con su pulgar las gotas que se escaparon por su barbilla.
El camisón esta arrugado en sus caderas, sus labios hinchados con mi semen sobre ellos y jadea tanto como yo. Con mi apariencia se nota que su deseo sexual por mí creció.
—Te voy a esposar a mi cama si me la sigues jalando.
—Si tu te alimentas de mí, yo también— apoya su cabeza en mi hombro. —¿No hay nadie mirándonos o sí?
—Ya es un poco tarde— mi voz está ronca — Lo preguntas después de tragarte mi semen.
—Si miran los matas, nadie se atrevería a espiar ni en la oscuridad.
—Estás rompiendo la cuarentena, el servicio médico va a castigarte.
—No estoy rompiendo las reglas— se inclina a mí —Pero soy adicta a la polla de mi marido— susurra en mi oído sacándome un gruñido.
〘 〙Bennett.Me siento en un rincón oscuro dándome de golpes en la frente.
Soy un estúpido. Mi pecho aún martillea por la carrera. ¡Besé a Coraline en el pasillo! ¡Se lo prometí a Emma! Esto va a traer consecuencias.
Me palpo los labios con arrepentimiento, ninguna anfetamina se siente como tener a Cora cerca. Con manos temblorosas saco mis píldoras y las trago en seco. Estoy perdiendo la cabeza.
La luz de las velas le da un toque cálido a la casa, han pasado unos pocos minutos desde que inició la nevada, serán horas sin electricidad. Escucho unos pasos por el pasillo por dónde corrí y veo a Cora mirando alrededor buscándome.
—Sé que estás aquí— susurra en la oscuridad y se me desboca el pecho.
¿Me reconoció después de tantos meses? Se sorbe la nariz —No sé cómo entraste, pero quiero que te largues de mi casa.
Se me cae el alma al suelo, me levanto con un dolor en el pecho.
—Ni mi hijo ni yo, queremos verte— habla en la oscuridad.
—Déjame explicarme— digo y suelta un jadeo.
Mi voz la hace tensarse y veo sus ojos azules ponerse brillosos cuando se gira lentamente hacía mí. No traigo puesto el cubre rostro y por la falta de luz apenas y puede ver mi ropa, no hay señales de que yo sea el hacker, sus ojos se abren más.
Tenerla de frente después de tantos meses quiere doblar mis rodillas. Pasea la mirada por mi rostro como si no creyera que estoy frente a ella. Me acerco con cautela temiendo que se eche a correr, pero se queda inmóvil hasta que puedo oler su perfume a rosas.
—Bennett — susurra con el labio inferior temblándole.
Mi nombre en su boca siempre se siente tan correcto. — Cora.
Como el primer día que la conocí capta mi vista completa, sólo ella, ninguna otra, quedé jodido el momento que salió del apartamento de Emma, cuando la vi, cualquier mujer que había tenido mi cariño desapareció.
—Saliste de rehabilitación.
Asiento. —Maya y Jack estuvieron estos meses conmigo.
—Te ves mejor, ganaste peso corporal— extiende una mano a mi rostro, pero no alcanza a tocarme.
—He estado sobrio un tiempo.
Sonríe suavemente — Estoy muy orgullosa de ti.
Sonrío por primera vez en todo este tiempo y con algo de esperanza,
me está sonriendo, joder, joder. — Me acuerdo... de casi todo— dejo la frase en el aire y espero que la entienda. Sus ojos se ponen brillosos y niega cabizbaja. —No estoy mintiendo, Maya logró mi desintoxicación, estos meses tuve buenos avances en mi memoria, hasta lo detalles más importantes, Kieran, mi hermano, Emma, Aaron y tú...
Espero ver una sonrisa o alguna emoción que le alegre que la recuerde, pero simplemente me mira con lágrimas contenidas. La engañé en Dinamarca, la utilicé para liberar a Richard y a Logan. —Tu familia te ama, merecías recuperar tu vida en Londres o Dinamarca
¿Londres? ¿Dinamarca? Ella es mi vida, ella es mi familia. — Necesito explicarte muchas cosas, cuando ataqué a mi hermano en Dinamarca no estaba consciente del todo— no me pasa desapercibida la desesperación en mi voz —Hay tantas cosas que debo contarte, en especial de mi madre, pero el divorcio...
Cierra los ojos como si la sola palabra le doliera en el alma. — Vete, por favor— dice con un hilo de voz.
—¿Qué?
—Vete Bennett — susurra muy bajo sin abrir los párpados.
—Creí que...
—No me malentiendas, estoy muy orgullosa de ti, después de tanto tiempo volviste a ser tú— me sonríe, pero la sonrisa no alcanza sus ojos. —Pero no tienes nada que hacer aquí.
Me arriesgo a tocarle el brazo, tiembla cuando mis dedos se cierran sobre su piel. —¿Te sientes bien?
Se suelta de mi agarre y se limpia las mejillas bruscamente. — ¿Qué si me siento bien? Hasta hace unos minutos lo estaba. ¿Cómo demonios me encontraste?
—Maya— explico, pero caigo en cuenta que no pudo contarle todo sin parecer un loco obsesivo que estuvo meses buscándola como desesperado con la ayuda de Maya y que terminé comprando el apartamento vecino —Quiero decir, mi tía estuvo buscándote por meses y terminé con tu dirección por error— miento.
Sus cejas rubias se fruncen. — No te creo nada— se cruza de brazos.
—Ni mi hermano, ni Emma, saben que estoy aquí, no me delates o me matarán.
—Eso lo decidiré yo ¿Cómo entraste?
—Por la ventana— soy bueno mintiendo.
—¿En el doceavo piso? ¿Eres escalador profesional del Everest? — ladea la cabeza
Mierda. — En realidad... uh... entré a un apartamento vecino y trepé a tu terraza.
—¿Te volviste loco? Sólo un demente obsesivo haría algo así— respira hondo —Esta conversación está terminada.
—No me voy a ir sin que hablemos.
—Estoy a nada de llamar a la policía, pero me portaré con educación, vete y sobre lo que hiciste en el pasillo— sus mejillas se ponen rojas —Ni siquiera voy a decirlo en voz alta— señala la puerta —Fuera.
—Déjame explicarte que hago aquí.
—No quiero tus explicaciones.
—Quisiera ver a mi hijo.
Se ríe, pero no con humor, es una risa con dolor. —Mi hijo está con Mary. Mi hijo — remarca la última frase —Aaron Gray, renunciaste a su custodia hace poco más de siete meses cuando te divorciaste de mí por otra mujer ¿Ya lo olvidaste? ¿Perdiste la memoria otra vez?
—Tenemos que hablar de los acuerdos legales y lo que ocurrió en Dinamarca, las cosas no debieron suceder de ese modo, cuando te dije que había otra mujer...
—No tenemos conversaciones pendientes, te doy un par de minutos para irte o llamaré a la policía o mejor aún, le diré a Alexander y a su mafia que estás aquí, lo que sea peor, tú decides— hace como si yo no hubiera hablado.
—Cuando le dije a Erick que me quería divorciar de ti...
—Se hace tarde, mejor me preparo un té inglés mientras te vas— me da la espalda.
—No me ignores— me pongo frente a ella.
—Tengo que llamar a Oliver para abrir la tienda de arte a primera hora mañana preparar nuevos bocetos para mi mejor clienta— saca su móvil rehuyéndome la mirada.
¿Quién demonios es Oliver? Los celos me invaden hasta que recuerdo que es su empleado. —Sigo aquí— la tomo de la barbilla y se jala.
—No me toques.
—No me ignores.
Pone su celular frente a mi cara, el número de emergencias está en el teclado. —Estoy a un botón de llamar y decirles que un loco psicópata se metió a mi casa.
—¿Vas a odiarme toda la vida sin escucharme?
—La gente sólo existe en mi vida si yo lo permito y hace tiempo que para mí dejaste de existir— dice muy seria y cada palabra es una daga en mi abdomen que me quema.
Me pican los párpados. — Ni tu existes para mi Coraline, si estoy aquí es por mi hijo, es mi única razón— responde mi boca antes que pueda detenerlo.
Se ve dolida. — Mi hijo.
—Nuestro hijo— la corrijo.
—¡Llamaré a la policía o a mi pareja!
Me quedo inmóvil. — ¿Tu pareja?
—Un hombre poderoso, con dinero e influencias, un caballero, un término que no conoces.
—¿Y quién es ese? — trato de no demostrar mis celos, pero estoy a punto de estrellar mi celular contra la pared de nuevo.
—No es de tu incumbencia.
—Lo es— respiro hondo —Por la seguridad de nuestro hijo— aclaro.
—Voy a volverme loca, deja de llamar a Aaron tu hijo. ¿Quién te crees que eres? Apareces de la nada como un loco en un corte eléctrico, me besas y...
Sonrío de lado —Sigues pensando en el beso.
—No— arquea una ceja —Lo pienso porque tengo preocupación de explicarle esto a mi pareja.
— ¿Quién es ese hombre del que hablas?
Sonríe de lado, sabe que me está causando estragos. —¿Por qué quieres saber? ¿La mujer por la que te divorciaste de mí no está esperándote en casa? — está jugando conmigo, no debo caer fácilmente.
Control Bennett. —Me quedo toda la noche si no hablas.
—¿Estás demente? La policía viene en camino.
—Aquí los espero— me recargo en el muro y sus ojos se abren de par en par, los dos podemos jugar este juego —Dile a tu tía que venga a darme un abrazo. ¡Señora Gray! ¡Volvió su persona favorita!
—¿Qué haces? — me tapa la boca rápidamente —No te atrevas— me advierte mientras forcejeo contra ella.
—¡Señora Gray! ¡Aquí por el pasillo!
—Dimitry Aslan— dice de repente dejándome inmóvil.
—¿Qué?
—Mi pareja se llama Dimitry Aslan, estoy segura que has oído hablar del nuevo ministro de Londres, mi pareja, incluso pone a un agente del MI6 a seguirme todos los días por mi seguridad.
Todos los mensajes que llegaron a su celular se reproducen en mi mente y las fotos de su archivo en la mayoría con él en la tienda de arte, busco algún indicio en su mirada, algo que me diga que miente, pero no lo hay.
Emma me dijo que su relación era estrictamente profesional y ha tratado de coquetear con la esposa de mi hermano más de una vez.
—Mi tía lo adora y mi hijo también— me suelta, sonríe de lado con mucha calidez —Es un hombre increíble.
Siento un calor desagradable por mi cuello en la forma que habla de él. —Lo conozco, mejor de lo que crees, en Turquía lo conocí y no es opción confiable— rueda los ojos, ese hombre ayudó a mi madre y a Alicia. —No es quién parece ser en cámaras.
—No lo conoces.
—Mi madre y él son socios.
—¿Tu madre? Dijiste que murió ¿Por qué debería creerte?
—Escucha Coraline, el ministro Aslan...
—Escúchame tú a mi— se alza de puntas hasta que nuestros rostros quedan a la misma altura —Si no te vas, le diré a alguno de los asesinos de tu hermano que te mate, no vuelvas a mi casa, no vuelvas a tocarme ni a buscarnos, y tampoco vuelvas a Irlanda. ¿Entendiste?
Me quedo perdido en sus ojos azules, el perfume a rosas hace que me dé vueltas la cabeza. —Estás molesta gatita.
Su expresión cambia en un segundo y siento la bofetada con la que me aparta. —No vuelvas a llamarme de ese modo— los ojos se le ponen brillosos y me pega de golpes en el pecho —¡Quiero que te vayas!
—Cora.
—¡Largo de mi casa!
—Para, Cora— aprisiono sus muñecas y suelta un sollozo desgarrador.
—¡Me sacaste de tu vida! ¡Trataste de herir a nuestro hijo! ¡Me utilizaste! — se le rompe la voz —Odio los rollitos de canela por tu culpa, odio mis nuevo cuadros, odio ver ese cuadro de Kieran que pintamos juntos, odio mi cabello largo, odio que digan mi nombre en diminutivo.
—Lo siento, lo siento tanto Cora.
Niega con la cabeza —No tienes derecho a volver, te di lo que querías, nos divorciamos, no me lastimes más— me mira con las mejillas empapadas.
—No quiero herirte y no quiero que me odies.
Sonríe triste —No te odio, nunca podría hacerlo, tengo a mi pequeño cupcake gracias a ti, pero alejarme de ti ha sido lo más doloroso que he tenido que hacer en mi vida— confiesa — Preferí que fueras feliz, aunque no conmigo, no arruines nuestra vida ahora, sé que ya no me amas, pero hazlo por Aaron.
Nos miramos fijamente, siento un temblor en mi pecho, cuando se aleja ya no la retengo, me quedo en el rincón oscuro. Si pudiera regresar el tiempo haría todo lo necesario para que mi madre nunca me hubiera llevado.
Camino con los hombros caídos de regreso a mi lugar de trabajo, se escuchan unas risas cortas en la sala de estar cerca de la chimenea. Emma está en el regazo de Alexander, una de las bestias está tumbado frente a la chimenea y mis sobrinos en su lomo acostados.
Emma tiene las manos de mi hermano sobre las suyas haciéndolo abrazarla cuidando el cabestrillo, vuelve a reírse cuando él pone su mano en sus costillas, esa risa sólo la escucho cuando está con Alexander.
Me dejo caer sobre la alfombra llorando en silencio como un cobarde celoso de lo que veo y nunca tendré.
Cierro los ojos con mi espalda sacudiéndose, soy el peor hermano, no debería ser un cabrón egoísta de la vida de mi hermano mayor.
Un dedo se pasea por mi mejilla quitándome una lagrima sobresaltándome. Abro los ojos y veo a Volkan de pie frente a mí con su pijama de dinosaurios.
—¿Tú también le tienes miedo a la oscuridad Borah?
—¿Qué haces aquí pequeño?
Extiende la mano de nuevo y limpia mi otra mejilla. Me limpio con el dorso de la mano avergonzado —Teníamos miedo.
—¿Teníamos? — frunzo el ceño y veo como detrás de él mi bebé gatea con una pijama similar en la alfombra hasta alcanzar mi rodilla con el chupete en la boca y riéndose cuando lo levanto y trepa por mi brazo.
—Cup...cupcake— trata de balbucear a través del chupete.
—Ustedes dos deberían estar dormidos ¿Qué hacen aquí? — beso las mejillas de mi hijo y recuesta la cabeza sobre mi hombro.
—Yo quería ser valiente Borah, pero Aaron estaba asustado sin luz y la niñera no estaba con nosotros— Volkan se encoje de hombros y se sienta en mi pierna pegando el osos de peluche junto a Aaron —Traje su oso de peluche.
—¿Tú no estabas asustado?
—Sólo un poco, pero en la mafia no debemos tener miedo.
Lo abrazo como a Aaron con ternura ante su intento de ser un caballero a su corta edad —Es verdad, pero no hay nada de malo en estar asustados de vez en cuando.
—¿Y si tengo miedo y no hay nadie conmigo?
—Yo voy a estar contigo entonces, lo prometo.
Se ríe de lado —Las promesas son de mala educación cuando no se cumplen.
—¿Quién te dijo eso? — le hago cosquillas y se remueve con mi hijo que suelta una risita tirando el chupete —Yo siempre cumplo mis promesas, soy el monstruo de las promesas.
Aaron se carcajea jalando mi barbilla. Cuando dejan de reírse noto que ambos niños me miran como si yo fuera el centro de su mundo. Carraspeo y me levanto con ellos en brazos — Se terminó el juego, tenemos que regresar a la cama o la niñera se va a volver loca.
—¿Podríamos comer una galleta de chispas de chocolate? Sé que ya pasó la hora de merienda, pero sólo una, lo prometo, Aaron y yo la compartiremos— mi bebé aplaude cuando escucha la palabra galleta, aunque dudo que sepa lo que es.
Hago como que lo pienso y Volkan entorna los ojos con ternura. —Sólo una y a dormir ¿Entendido?
—Entendido Borahbey— dice muy educado como siempre.
—Vamos a la cocina pequeños demonios— los cargo en mis hombros y saltan con risitas mientras los sacudo en el aire —¡Galletas Aaron! ¡Galletas!
Paso a los niños de regreso a su habitación y cuando me aseguro que terminaron la galleta los coloco para dormir. Con Aaron me cuesta más que con Volkan, el pequeño turco es muy educado, pero mi bebé se la pasa pateando sus sonajeros.
Cuando termino de mecerlo, lo coloco de nuevo en su cuna y cierro la puerta lo más silencioso posible colocándome el cubre rostro otra vez.
—Dios— respiro hondo con la cabeza apoyada en la puerta.
—¡Hey tú! Regresa al trabajo, tu ordenador no ha dejado de sonar— dice un conservador ruso a mi espalda.
Asiento y cuando me encamino a su espalda mis pies se tropiezan con un sobre. Levanto los sobre blancos sobre la el mueble del pasillo. Los inspecciono de cerca y me resultan familiares.
—¿Qué mierda es esto? — con una de las linternas los pongo cerca de mi rostro,
anfetamina, llevo años consumiéndola para no reconocerla a primera vista, pero por el color sé que es la anfetamina de David Wall.
Esa anfetamina solo la posee Logan.
El rastro va a la biblioteca, lo sigo levantando otros dos paquetes del suelo. Me acerco con cautela a la puerta semi abierta.
Hay una docena de libros tirados alrededor de la alfombra y dos paquetes pequeños vacíos, en la silla grande veo a Dina llenando el saco de Alexander.
—¿Qué haces aquí? — da un sobresalto a mi voz asustada, en su mano tiene el celular de mi hermano.
—¿Hablaste? No se supone que debas hacerlo, aunque no conozco tu voz— se le ponen las mejillas rojas.
—¿Qué haces aquí? Es un lugar privado— repito perdiendo la paciencia cuando se reproduce un audio con la voz del Borah confirmando el día y hora de una cena con Emma.
La rusa alza las cejas sorprendida —Ya entiendo porque la señora Roe quiere viajar con tanta urgencia a Londres, estoy segura que al lobo le interesará esta información.
¡Hola sexys!¡Los amo tres millones!¡Esta vaina se prendió, llamen a Dios!-Karla.