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CAPÍTULO 13

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CAPÍTULO 13

Rescate.

Erick.

Tengo que ducharme, cada semana que Emma y yo pasamos en Birmingham siento que estoy adoptando el estilo de mi hijastro.

Sólo basta verme la pinta, tengo un gabán largo hasta las rodillas, un pantalón de chándal y unas pantuflas que ni siquiera recuerdo haber comprado, si no me pasara la mayor parte del día ebrio me preocuparía por cortarme el cabello.

—¿Por qué me despiertan tan temprano? ¿Cuál es la emergencia? ¿El gobierno no puede encargarse de eso? ¿Para qué pago impuestos entonces? — me quejo todo el camino hasta el lobby, una empleada muy amable me trae un expreso muy cargado.

—Es más de medio día señor Jones, tiene que trabajar, pero le ofrezco una disculpa.

—No te odio primor por este pequeño error, pero abastece el mini bar de mi habitación, trae todo el alcohol que puedas para mejorar mi noche.

—Los empleados del hotel estamos preocupados por su problema de bebida.

—No soy alcohólico, sólo estoy de vacaciones permanentes. ¿Sabes lo que es heredar millones y millones de libras de la noche a la mañana por la muerte de tu esposa? — me obligo a beber el café.

—No lo sé señor Jones, pero debe ser muy afortunado.

No me siento afortunado, me siento miserable. Cambiaría esos millones por revivir a mi mujer y borrarme el recuerdo de su cadáver siendo enterrado en el bosque del palacio Roe. Cierro los ojos y revivo pequeños trozos de esa maldita noche.

Me toco el anillo matrimonial. Yo te habría dado mis pulmones para que tú vivieras, te juro por Dios y todo lo que creo que habría muerto por ti nena.

—¿Se encuentra bien señor Jones? ¿Necesita un momento a solas? — la empleada me mira confundida.

Me limpio las mejillas bruscamente. Joder, ya quiero volver encerrarme en mi habitación a llorar en un rincón mientras me embriago, ahí el dolor se amortigua hasta que amanece.

—¿Dónde están mis sobrinos? — trato de recomponerme.

—La señora Roe salió de compras por la ciudad en la mañana con los herederos del lobo, pero ahora están tomando el sol en su piscina privada, ordenó no ser molestada a menos que sea una emergencia.

Arreglo mis rizos como puedo mientras me tomo unas píldoras para la resaca y me siento frente a mi laptop con lentes negros puestos, la luz me lastima.

¿Por qué tengo que seguir trabajando si ya soy millonario? Desde que te casaste con Maya eres parte de la mafia idiota.

Envío un correo al dueño del restaurante para confirmar la asistencia de Emma a la cena con el Borah, hace dos días su asistente Selin se comunicó conmigo para darme las instrucciones que Emma debe seguir.

El restaurante completo va a estar rodeado de agentes del MI6 protegiendo al Borah, Emma puede asistir con su seguridad privada, pero sólo un grupo limitado de diez hombres que no altere a los agentes.

Saben que Emma pertenece a la mafia, pero harán una excepción por esa noche por órdenes de Dimitry, me pregunto si el turco es imbécil, ni yo que soy un inexperto en la mafia, sé que a la mujer del mafioso siempre se le protege con la máxima seguridad.

Además, se le olvida que esta mujer es esposa de un mafioso muy peculiar, mi mejor amigo tiene formas extremistas con Emma, si pudiera contarle al mundo todo lo que hizo en Nueva York...

Primero me arrancan las bolas antes que Emma sólo asista con diez guardaespaldas. Cada día que pasa, Caterva y los otros cuarenta conservadores rusos la siguen como perros, no importa que tenga a los hombres de negro de guardaespaldas.

No es que sea comunicativo, pero espié a Caterva el otro día, se la pasa haciendo llamadas telefónicas.

Le doy un sorbo a mi café, los empleados del hotel también me cuentan cosas. En realidad, les pago para que sean mis espías privados, en algo debo gastar mi nueva fortuna.

Dicen que los hombres de negro toman un descanso de media hora al día en el lobby del hotel y curiosamente en cada turno, se meten a la misma oficina de vigilancia donde hacen video llamadas de veinte minutos.

No soy chismoso, soy abogado y necesito conocer todos los hechos, no pueden culparme.

Mi laptop me muestra un nuevo correo electrónico, pero me pierdo en la página de inicio del buscador, aparecen diferentes noticias de política, pero al final muestran el último desfile en Milán, lo mencionan como todo un éxito.

Tengo mala suerte porque cuando abro la página del Daily Star veo a Paulina en la portada, el titular la menciona como la modelo mejor pagada del año.

Hay una lista de los siguientes países donde su agencia la llevará a trabajar, pero no los leo, me siento como si estuviera siéndole infiel a Maya.

El viejo Erick quedó atrás, no puedo ver a una mujer sin pensar en mi esposa muerta.

Abro el correo y me levanto los lentes negros con dramatismo.

—¿Qué le pasa el turco? ¿Esto es un acuerdo de confidencialidad por una noche romántica? — releo el correo del dueño del Grapevine, está marcado como urgente y pide que Emma lo firme de inmediato por órdenes del ministro.

Esto es una maldita broma, son ciento cuarenta páginas con diferentes clausulas. Me pongo los lentes de contacto y abro el documento. «La parte central del restaurante estará cerrada»

«La señora Roe tiene prohibido comunicarse con el personal del restaurante»

«El Grapevine se reserva el derecho de obedecer a Emma Roe cuando inicie su cena con Dimitry Aslan»

«Ningún tipo de armamento está permitido en el lugar»

«La marca de vino Chappel Down y las tostadas de crema batida queda fuera del menú»

Bajo entre tantas paginas sin terminar de leer cada párrafo. ¿Desde cuándo el restaurante es tan exigente? ¿Quieren que esa cena sea horrorosa para ambos? ¿Qué tienen contra el alcohol?

Imprimo el documento completo y subo con mi taza de café a la terraza del hotel.

Los guardaespaldas afroamericanos están alrededor del último piso vigilando a los ventanales continuos. —La señora Roe no quiere visitas hoy— uno me detiene.

—No soy cualquier visita.

Se niega a moverse, pero la voz de Emma le ordena suavemente que me dejen entrar. Niles y los otros lobos están paseándose en el pasto sintético, evito pasar a su lado para que no me arranquen una pierna.

Mis sobrinos están a un lado del camastro dormidos cerca del tragaluces del techo bajo el ligero rayo del sol que tenemos en invierno y Emma está recostada en un camastro al lado de ellos tomando el sol junto a la piscina de la suite presidencial.

No es el mejor clima de Londres para que esté usando bikini, pero hoy no ha nevado.

—¿Cuál es la emergencia Erick? — hay una bandeja de fruta a su lado, el hotel se olvidó del resto de huéspedes, sólo despiertan para servirle a ella y Dios, no los juzgo.

—Tenemos un problema, el Borah se puso exigente— me acerco y me ahogo con mi propia saliva cuando Emma se incorpora quitándose los lentes negros, se los pone en la cabeza y las tiras de la pequeña prenda se mueven por sus caderas y por encima de sus senos casi desbordados.

—Estoy harta de sus exigencias, no voy a ceder en otra más.

Con el poco sol se le han puesto las mejillas rojas y las piernas se le han bronceado o es un tipo de bronceador en crema, huele a coco, el aroma femenino se me sube a la cabeza, subo mis ojos por la piel de su abdomen.

—El secuestro de su hijo no lo deja usar el cerebro y...

La veo comerse una cereza de la bandeja haciendo un sonido de gusto, actúa con tanta naturalidad ¿No es consciente de la belleza que es?

Escucho un gruñido, me obligo a apartar la mirada de inmediato antes que los hombres de negro me den una paliza. Sí, definitivamente el cielo está hecho de cielo.

—Es un documento exagerado de reglas del restaurante, no vas a firmar esta tontería, incluso prohíben tu vino favorito— se lo extiendo sin apartar los ojos del cielo.

Ni siquiera lo lee porque a los segundos escucho como lo rompe. —No quiero más comunicación con él ni con Selin, terminaron con mi paciencia, no va a lastima a Cora sin tener noticias de Volkan.

—Podemos inventarle llamadas falsas con su hijo, le decimos que si ignora este absurdo contrato Volkan lo llamará tres veces por semana.

—¿Y cómo conseguimos que su hijo le llame?

—Tengo la ligera sospecha que Volkan está o estuvo en el Score, había juguetes de dinosaurios por todos lados y un oso viejo en la terraza y el día que fui vi al asiático que tanto quieres podría ser nuestro espía.

—Octavian sigue órdenes directas de Alexander, no van a dejarnos ver a Volkan.

Bajo la mirada y la fijo en sus ojos. Si la miras de más, el diablo (Alexander) te matará. —No va a llamarlo, sólo necesitamos darle al turco un pedazo de esperanza antes de la cena, es muy ingenuo con la debilidad que tiene por ti.

—No quiero jugar con él, si se enoja Cora estará en peligro.

—Debiste traerla contigo, le guste o no, desde que nació Aaron, Cora es parte de la mafia.

—Estaba teniendo una buena vida en Irlanda, consiguió abrir su propia tienda de arte y dar un par de exposiciones muy exitosas por la ciudad, tiene muchos compradores adinerados, aunque hace poco el nuevo dueño de Gallery Art la contactó.

—¿Para qué?

—Quiere que vuelva a Londres y sea socia en la galería y la autora principal de las exposiciones de año nuevo.

¡Lo sabía! ¡Todo tiene sentido en los documentos que firmó el año pasado! — ¿Y por qué no aceptó? Es la oportunidad de su vida, tienes que convencerla.

—Los Pitt ya no son los dueños de la galería y no conoce a este hombre.

—Escúchame Emma— me pongo de cuclillas frente a ella, mala decisión, no mires las pertenencias de Alexander. Trago grueso ignorando el olor a coco de su bronceador. —Cuando la rescatemos del Borah, tienes que convencerla de aceptar la galería.

—Ser socia de Gallery Art— me corrige.

Me rasco la nuca nervioso —Eso dije... nadie mencionó otra cosa— carraspeo —Lo que importa es que Gallery Art es muy valiosa, cuando Hilton & Roe entro a la subasta fue la inversión más valiosa, pero el cuarto lugar lo tenía la galería de los Pitt— me mira confundida —Sólo quiero lo mejor para la carrera de nuestra pintora y su pequeño.

—Lo intentaré, pero la decisión final es suya.

Ya empiezo a entender por qué no estoy muerto todavía, con la muerte de mi esposa creí que soy inservible, pero ya entiendo de todo lo que Maya me habló en nuestros meses juntos, ella lo sabía muy bien su propósito en la familia Roe.

Me toco el anillo matrimonial que me niego a quitarme. No voy a defraudarte nena.

—¿Todos los detalles están terminados? — se muerde el labio nerviosa moviendo ajustando las tiras del cabestrillo.

Hace una semana el equipo médico la puso a prueba, es muy obstinada y no quiere llevar la escayola el día de su cumpleaños. —¿Con quién crees que estás hablando? Hice una lista de los últimos pendientes, mi padre se encargará del resto y de llevar el armamento al restaurante antes que el Borah se apoderé del lugar.

Levanta a Kiara que comienza a llorar, ella y su hermano llevan unas mini playeras con un "Uno" estampado, las compré en línea, hoy están cumpliendo su primer mes de nacidos.

Llevamos dos semanas en Birmingham y Alexander no nos ha encontrado.

—Me parte el corazón verla llorar, cambié su pañal, la alimenté y el médico dice que no está enferma, pero siempre llora a la misma hora.

—¿Será que extraña a la bestia de ojos verdes? — me carcajeo y me siento a su lado tratado de hacer reír a la bebé, pero termina haciendo el llanto del siglo empujando mi mano. El ruido despierta a Raven y por más que Emma trata de controlarlo a ambos, ningún parece querer consuelo.

¿De verdad extrañan al neurótico de Alexander?

¿Él no hecha de menos a sus hijos? Dos semanas en Birmingham y no nos ha encontrado...

Dios escucha mis plegarías porque Emma se coloca una bata cubriendo su bikini. Sube a la suite y veo colgado en uno de los escaparates elegantes una réplica del vestido azul que utilizó en el último cumpleaños de Cora.

La diferencia es que este vestido es completamente de encaje y con dos escotes, uno en la espalda y el otro por el pecho con tiras finas en forma de uve. La abertura de la pierna es la misma, pero convencí a Emma que añada una pequeña joya en la zona.

Sólo se lo he visto dos veces en la prueba de diseñador, se ajusta a todas sus curvas de forma delicada, el material es hipnótico, casi me cuesta la amistad con el lobo, si yo me puse tenso, no me imagino al turco.

Soy un gran amigo, si alguien se va a poner celoso en esa cena, le voy a dar razones de sobra.

—Este vestido tiene la palabra tentación por cada trozo de tela, no puedo esperar a que te lo pongas.

—La joyería entregó mi leg chain anoche.

—El gran día es mañana por la noche, juro que no beberé hasta después de la cena— me pongo una mano en el corazón. —¿Llevarás tus anillos matrimoniales a la cena con el turco?

—No es una cena romántica, no quiero quitármelos, además es imposible quitarme estás joyas desde hace mucho tiempo.

Abre el brazalete de pierna del joyero personal de los Roe. Mi mano vuela a mi boca. La madre que me parió. — ¿Te volviste loca mujer?

Sonríe de lado sacándolo con delicadeza. Le va a dar un infarto a todo el maldito mundo, temo por mi vida. —Hice cambios en el vestido a último minuto, lo verás en la cena de mañana y vas a entender porque el brazalete tiene esta forma.

—Esto me va a costar las bolas, pero siempre estar del lado de la reina — nos miramos con complicidad —Mi padre ya hizo el cambio de libras a dólares, también me envió los datos del nuevo piloto, el vuelo ya está programado.

—Caterva subirá mi equipaje, volaremos después de la siesta de mis bebés, pero vas a tener que ducharte, nos vas a viajar con esa pinta.

Una excitación sube por mi vientre y cosquillea en todo mi cuerpo. — No has visto mi traje, ningún informante de Alexander está al tanto de nuestros últimos movimientos, ni siquiera los conservadores.

—Sólo nosotros tres conocemos la verdad y tu padre no va a delatarnos— su celular vibra y veo el nombre del turco en la pantalla.

Rechaza la llamada y se sienta en un sillón reclinable meciendo a Kiara, el llanto cesa poco a poco y termina durmiéndose.

Siento pena por su brazo con el cabestrillo, aunque hace un esfuerzo para mostrarse fuerte, sé que no se ha recuperado. Tomo a Raven haciendo mi mejor esfuerzo por dormirlo. Por favor, no tengas el carácter de tu padre.

Me siento junto a Emma y nos mece a un ritmo calmado por los mellizos. Su pierna tampoco está bien, le cuesta seguir el ritmo de la mecedora, pongo mi bota en la alfombra y la ayudo.

Se ve tan frágil, pero es más valiente que yo. Emma merece más que nadie el apellido Roe. Poco a poco su cabeza cabecea con la de Kiara y veo con ternura como juntas se quedan dormidas.

—Duerme mi ángel de luz, necesitarás fuerzas para mañana— tomo a mi sobrina y la dejo junto a Raven en el porta bebé doble, antes de cubrir a Emma con una manta.

Sigo meciéndonos, miro al techo resistiendo el impulso de embriagarme, no puedo perder la conciencia antes del vuelo o voy a joder todo el plan. Si todo sale de acuerdo a nuestras predicciones, mañana vamos a recuperar el Raptor que el ministro secuestró.

Y a Cora también.

Cierro las persianas automáticas de la suite y la habitación se queda casi por completo a oscuras.

Emma termina hecha un ovillo sobre los cojines y cierro los ojos unos segundos. Me quedo entre dormido y despierto. Vagamente escucho que los mellizos vuelven a llorar, me obligo a abrir los parpados para pasearlos un poco. La habitación sigue a oscuras.

A los segundos los bebés ya no llorar, incluso balbucean.

Me incorporo de la mecedora confundido y de inmediato me azoto de culo en la alfombra. La sangre abandona mi cuerpo y el miedo me impide gritar. ¡El diablo!

Miro a Alexander en la esquina de la habitación con sus hijos en brazos meciéndolos. Besa la frente de Raven y las mejillas de Kiara.

Con el parche y la poca luz que se filtra con las persianas se ve peor que de costumbre. Sabía que huir de este mafioso es imposible, Emma no puede huir de él, siempre la va a encontrar.

¿Desde cuándo nos encontró? ¿Viene a la misma hora a ver a sus hijos? —¿Qué haces aquí? — quita la sonrisa que puso con sus hijos y se pone serio.

Mueve su dedo índice y me ordena cerrar el pico, me tapo la boca con una mano mientras transpiro. Me suda la espalda cuando camina hacia mí. Raven muerde uno de sus brazos y Kiara balbucea.

—Sal al pasillo pordiosero, tú y yo, vamos a hablar en privado— ordena enojado y mi alma deja mi cuerpo.

〘 〙

Emma.

Algo pasa con Erick, era el más emocionado por nuestro viaje y estamos por aterrizar y no ha dicho una sola palabra durante las nueve horas de vuelo, está pálido y le cuesta caminar, hace muecas de dolor cuando su espalda se remueve en el asiento.

Incluso se negó a dormir en la cama doble del jet. Actúa como si se estuviera castigando por un pecado.

Por la ventanilla del jet explotan las luces de la ciudad, me siento ansiosa por mañana. Será una celebración de cumpleaños diferente, eso mismo pensé cuando Alexander me encontró en el Caribe.

—Abrochen sus cinturones de seguridad, estamos por aterrizar— la voz del piloto suena en el altavoz.

—Ya que se termine el maldito vuelo, siento que es eterno— Erick se queja otra vez — Necesito un analgésico y mucho alcohol, hoy voy a apostar un millón de libras en el Bellagio y me voy a tirar a la primer camarera que me sonría.

—¿Te sientes mejor? ¿Te caíste por las escaleras o algo?

Caterva levanta bruscamente la cabeza de su revista y se queda mirando a Erick con advertencia. —Sí, me tropecé sobre el puño de alguien— susurra muy bajo —Maldito bastardo, ya te haré pagar.

—¿Quieres contarme algo Erick? — miro molesta a Caterva, pero niega diciendo que el viaje lo tiene delirando.

El descenso del avión hace estragos en mi estómago, miro por la ventanillas las luces de la ciudad y siento un cosquilleo de excitación en todo mi cuerpo.

—Bienvenidos a Las Vegas señora Roe y señor Jones— anuncia el piloto —La ciudad del pecado.

—¿Las Vegas señora Roe? Nunca mencionó este destino y el pordiosero tampoco— Caterva me mira confundido dejando su revista.

El semblante de Erick cambia en instantes y le sonríe de lado. —Es un pena que no te informemos de nuestros planes privados.

La mirada de los diez conservadores que vuelan conmigo, es similar a la de Caterva. Alexander tiene control total de nuestra mafia, pero yo controlo la lealtad de mis empleados.

—Cambiaron al piloto, el anterior dijo que estaríamos en el Caribe y hace unas horas Erick juró que estaríamos en el Caribe con el ministro Aslan.

—¿Eso dije? Ofrezco disculpas, seguro estaba ebrio, yo le soy leal a Emma hasta la muerte, la verdad no me la sacan ni a golpes— nos miramos con complicidad.

—Hubo cambio de planes Caterva, el Borah y yo decidimos vernos fuera de Londres, él seleccionó el restaurante y mi hotel, seguiremos todas sus reglas por la seguridad de Cora y Aaron.

—Debió informarnos de su decisión final señora Roe, somos sus conservadores, estamos aquí para aconsejarla, el ministro podría preparar un encierro en América.

—El turco es incapaz de lastimarme, ha tenido muchas oportunidades y aún tenemos a su hijo, ambos iremos a la cena con las debidas precauciones, le ordené traer a Cora a las Vegas para intercambiarla por su hijo.

—El niño ni siquiera está con nosotros.

—Para eso están aquí ustedes— me cruzo de brazos —Esta es la estrategia de mañana, yo ceno con el Borah como distracción mientras los conservadores y Erick rescatan a Cora, los que se quedaron en Londres informarán a Alexander y al hacker y van a liberar juntos el Raptor que secuestró con nuestro cargamento.

Su expresión de asombro se muda a los rostros de mis guardaespaldas.

—Esta no es una cena de celos para mi marido por si lo pensaban— me río —Es una cena a favor de mi mafia y espero su cooperación inmediata.

Caterva traga grueso, mi enojo por Dina no ha disminuido ni un poco, desde que la vi en la galería he fantaseado con diferentes formas para torturarla, mi mente se volvió una descarada, ya no queda nada de Emma publicista.

—¿Cuento contigo Caterva?

Asiente. —No vamos a defraudarla mi señora, trajo a los diez mejores conservadores, el hermano de Wren va a localizar a Cora y a Aaron, en menos de una hora cuando cena comience, la sacaré del hotel y la llevaré a las afueras de Nevada.

—Quiero a Cora a salvo, no me importa que maten a todo el MI6 que viaja con Dimitry o a civiles inocentes y a todos los visitantes del casino.

—¿En qué restaurante será su cena con el ministro?

—No les daré tiempo de informarle a Alexander, lo sabrás mañana por la noche, encárgate de informar sobre nuestro Raptor para que pongan a salvo el cargamento.

—¡Hijo de puta, así trabaja la reina de la organización del lobo para que aprendan inútiles! — Erick sonríe de oreja a oreja, parece que ya no le duele el cuerpo. —Yo sigo en horario de Londres, así que... ¡Felices veintiséis Emma Roe!

Me abraza controlando sus quejidos sobre su costilla.

Las compuertas se abren y las escaleras eléctricas descienden. Una fila de camionetas negras con la insignia de la organización del lobo nos espera, hay Bugatti Noire en el centro.

—Su auto señora Roe cortesía del Borah —me abren la puerta.

No estoy cómoda con el cabestrillo para manejar, pero de todas formas me subo al asiento del piloto.

La luces de la ciudad se alzan conforme salimos del aeropuerto privado, los anuncios de casinos y hotelería se hacen más provocando tráfico a esta hora de la tarde. Conduzco hasta The Strip, la zona más famosa de Las Vegas.

Alrededor de mi auto pasan limosinas lujosas con adornos extravagantes, taxis de todo tipo y autos deportivos. No fuerzo mi brazo derecho al volante, preferí que Raven y Kiara viajen en una de las camionetas con Erick por su seguridad.

La reservación que hizo el Borah es en Skylofts at MGM Grand, en el reglamento que envío su asistente está claro que tengo la habitación principal del hotel.

Alexander está informado que cenaremos en el Grapevine en Londres, pero el plan cambió, quiero saber a detalle que sucedió con Dina Makova.

Estaciono mi auto a unas calles del boulevard y la asistente asiática de Alexander baja la ventanilla de mi camioneta. —Confío en que vas a cuidar a mis hijos con tu vida Jin Jun.

—Los llevaremos a una residencia a las afueras de Nevada y hasta que se reúna con ellos le juro que no me voy a apartar de sus herederos.

Se me hace un nudo en la garganta cuando subo a la camioneta a despedirme de mis pequeños, ambos bebés están despiertos, es la primera vez desde que nacieron que vamos a separarnos, sólo serán veinticuatro horas, no puedo ponerlos en riesgo con el Borah.

—Mami sólo se irá veinticuatro horas— beso sus frentes y Kiara me mira con los ojos muy abiertos como si tuviera miedo —Iré por la tía Cora y regresaré cariño— les prometo.

Siento un dolor en el pecho cuando la puerta se cierra. Debí traer a mis lobos de Londres, me sentiría más segura si Niles viajara con mis bebés. Cuando los veo desaparecer en la carretera siento ganas de vomitar y de llorar.

—Tranquila, Jin Jun es capaz de cuidarlos, además llevan a tus guardaespaldas— Erick me pasa el brazo por los hombros —En cuanto la cena inicie, viajaré a Nevada para estar con ellos hasta que regreses.

—Gracias, me sentiré mejor cuando estés con ellos.

El camino al hotel no me encuentro bien, me queda un sabor amargo en la boca. ¿Y si Kiara llora a mitad de la noche? ¿Y si Raven quiere que lo paseen? Skylofts at MGM Grand es muy extenso, los empleados me llevan entre los casinos hasta el lobby, hay cientos de puertas.

—Su habitación está preparada madame— los empleados me reciben con honores en un bar abierto de todo tipo de bebidas alcohólicas —Dada su condición, le ofrezco una copa de Chapel Down baja en alcohol, cortesía del ministro Aslan, quiere cuidar bien de usted.

Las botellas de vino tienen mi nombre y el del Borah estampado sobre el vidrio. Caterva lee las etiquetas y alza una ceja mirando a los otros conservadores. —¿Cuál es la habitación del honorable ministro?

—Su vuelo aún no ha aterrizado, pero lo hará en un par de horas, se lo haré saber, querrá verla de inmediato, mientras tanto le sugiero que se mantenga dentro del hotel, tiene vigilancia del MI6 por toda la zona— me da una sonrisa maliciosa.

—No planeo salir, pero tampoco soy su maldita prisionera.

—El Borah no quiere incomodarla, pero prefiere que sea acompañada por agentes de la unidad siete si desea visitar la zona del casino— me extiende una caja aterciopelada —Un obsequio de la mafia turca por su cumpleaños.

La caja se ve costosa, puede que incluso esté bañada en oro. La miro con desprecio y lo rechazo junto a su estúpida copa de vino.

—Lo peor no ha comenzado, tienes que relajarte— Erick viene a mi espalda.

—No puedo fingir que me asquea este lugar.

El ruido me abruma, me siento segura con mis conservadores y Erick. Estoy siguiendo todas las reglas que pidió Selin, aunque sólo parece que traigo a diez conservadores mis guardaespaldas afroamericanos están camuflajeados entre los empleados para protegerme de lejos.

El olor a cigarro en el ascensor es molesto, pero está permitido en casi todas las zonas del hotel. Mis sirvientes traen el vestido y las joyas que elegí para la cena.

—Bienvenida estos regalos son cortesía del Borah— una mujer turca deja sabanas limpias.

En el centro de mi habitación hay una caja dorada con mis iniciales. «Feliz cumpleaños Emma Brown » leo la tarjeta y encuentro un antifaz negro dentro, está incrustado de diamantes turcos por el frente y las tiras.

La caja grande tiene un vestido rojo, las costuras están bordadas a mano y también tiene incrustaciones de rubies por los hombros y la cintura, está hecho a mi medida.

La tarjeta indica que esto es lo que debo usar para nuestra cena. —¿Qué es esto? — le pregunto a la empleada.

—Es un bindallı, un traje tradicional turco, se utiliza en ocasiones especiales, como cenas, reuniones y... bodas.

—El turco es atractivo, pero sus gustos dan asco— Erick tira el vestido a la alfombra y se tumba sobre la cama, la mucama casi se infarta en la alfombra.

—No queremos baratijas, gracias por sus servicios— el hermano de Wren la saca junto al vestido.

Mi dolor de cabeza va a empeorar cuando vea al Borah.

—¿Quiere ir a apostar el casino? No quiero asustarte, pero todos los empleados del hotel nos vigilan, ya tienen órdenes del Borah, los espié murmurando en el pasillo— Erick se levanta de la cama —Tenemos que actuar con normalidad.

—No me apetece salir.

—El Borah tiene que creerte o interrumpirá el rescate del Raptor y el intercambio de Cora. Estamos en Las Vegas, vamos a apostar.

Me obligo a fingir, saco uno de los tantos vestidos que compré en Londres, uno plateado y muy corto, que acentúe todas mis curvas, el clima lo amerita. Erick no se queda atrás, saca una camisa similar y la abre sobre su pecho, comienza a beber desde mi habitación mientras me hago un maquillaje bastante cargado.

Me recojo el cabello acentuando mi clavícula. Ser la mujer del mafioso en Las Vegas tienen sus ventajas, nos dejan pasar a la zona VIP del casino, la música está muy fuerte, tratamos de no fijarnos en los empleados que nos vigilan.

Caterva y los conservadores se quedan en los sillones de cuero de la zona alta con cara malhumorada.

—Una ronda de Vodka primor y esto es para ti— Erick coquetea con la mesera, le pone un fajo de dólares en el soporte de la falda sorprendiéndola —Tengo muchos millones para ti, esta noche.

Con mis tacones estoy más alta, miro por la barandilla la multitud, está aquí, veo al grupo de agentes de la unidad siete en la entrada, quitan a los clientes y el turco pasa entre ellos buscándome entre la gente.

Viene con un traje gris similar al color de sus ojos, llama la atención de todos, es el más alto de la puerta. Un mesero se acerca a él y unos segundos después su mirada se dirige a la barandilla donde estoy.

Me sonríe.

Le sonrío de vuelta.

—El Borah llegó, investiguen en qué habitación puso a Cora— el hermano de Wren desaparece de la zona central, Erick está jugando a follar a la mesera sin desnudarse —¿Tan rápido quieres romper el luto Erick? — me pido una bebida sin alcohol tratando de controlar mis nauseas.

—Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, es dicho un clásico Emma, aquí no soy un viudo solitario— se pega a dos bailarinas a las piernas con labial rojo en su boca.

Nos traen alcohol como para todo el hotel, también bar tender privado que nos abastece de cocteles, pido todo sin alcohol y el mesero es tan amable de obedecer. Poco a poco pierdo los nervios por los espías del Borah y me dejo ir por las bebidas evitando a toda costa el alcohol.

—Está es la especialidad de la casa, el Borah se reunirá con usted en un momento señorita Brown— dice el bar tender dándome una bebida rosada.

—Roe— grito eufórica sobre el ruido de la música.

— ¡Sigue preparando bebidas para la señorita Brown! ¡Si está casada ya ni me acuerdo! — Erick lo anima y me acerca otra vez a la barandilla.

—¡Todo el servicio va a la cuenta del Borah para celebrar su cumpleaños!

Erick grita y en un arranque con la mesera tiran una botella de tequila sobre el piso de abajo, la zona central grita atrapando gotas con la lengua. Joder, me encantan Las Vegas, mi cabeza se siente pesada, me siento ligera, podría aventarme desde esta altura y los hombres de abajo van a atraparme.

Mi bebida no tiene alcohol. ¿O sí?

Me encanta la mezcla de la música urbana en los altavoces y las luces neón. Me pierdo bailando en la barandilla con bastante entusiasmo, Erick me anima con gritos eufóricos y se pega a sus nuevas conquistas.

La zona alta se llena de un grupo de hombres rubios, beben en su mesa, pero poco a poco avanzan a nuestro lado. —Estás muy sola preciosa ¿Necesitas compañía?

—Soy una mujer casada— le muestro mis anillos.

—No tengo prejuicios, no me importa compartir.

¿Por qué se acerca tanto? Su colonia es horrorosa, quiero empujarlo, pero tengo el cabestrillo, no puedo quitármelo hasta mañana. —Muévete imbécil— empujo su cuerpo, pero no se quita de mi espacio personal.

—¿Y si no quiero? — se pega a mí —¿Qué vas a hacer?

Erick deja de besar a una de las meseras y se planta a mi lado cuando uno de ellos me toca la espalda para hacerme bailar con él. —Ella viene conmigo— me aleja de él.

—¿Es tu marido? ¿No te estabas besando con la mesera? ¿Es un matrimonio poliamoroso? Estoy intrigado e interesado — el rubio se burla ofreciéndome un trago de tequila, empujo su mano y el vaso se quiebra en mis tacones.

—¿Te estás divirtiendo ángel? Mejor nos vamos— Erick me aleja de él otra vez y me da una risa tonta cuando Caterva empuja al rubio.

—¿Qué parte de lárgate no entiendes cabrón?

—Tranquilo abuelo, me interesa la mujer, una follada en el baño y te la regreso— sus tres amigos se ponen a su lado.

Caterva saca su arma y la clava en su frente. El rubio se pone pálido al instante y retrocede. — Pues la mujer del mafioso no se toca, a menos que tengas los cojones suficientes para pensarlo.

—Puta vida— la voz le tiembla —. Relájate, no sabía que eran de la mafia, mis... mis amigos y yo sólo venimos de vacaciones... la vi de lejos, me gustó, creí que estaba disponible, sólo quería un polvo fácil.

—Sigue hablando para que disfrute más matarte.

Los otros conservadores forman una barrera entre ellos y nosotros, no alcanzo a ver si mata al rubio y a sus amigos y tampoco me importa, la zona alta se llena de más personas. —Que lo mate de una vez, desde que murió Maya ya ni siquiera me asustan las armas— Erick bebe un coctel rosado.

Se escucha un disparo y su copa sale volando por la barandilla. —¡Llamen a la policía! ¡Mataron al rubio! — grita horrorizado obligándome a correr a una parte más alta.

Nos quedamos jadeando por las escaleras pidiendo más bebidas.

— Ya estamos ebrios, vamos a estar jodidos mañana— escucho a Erick, pero no soy consciente, trato de alcanzar mi bolso, pero me tambaleo.

Voy a matar al bar tender, puso alcohol en mis bebidas. Hijo de puta.

—El Borah me hizo la noche, este lugar es magnífico, si te divorcias de Alexander cásate con él.

Erick viene a beber de mi vaso y carcajea ¿Por qué me siento tan mareada?

—¡Felices veintiséis para mí! — la canción está en español, no entiendo la letra, pero suena muy sucia. Erick se pega a mi espalda y me hace mover las caderas a su ritmo.

El Borah entra en la zona privada con algunos agentes del MI6 y pasea su mirada por todo mi cuerpo. —Llegaste como acordamos. ¿Estás disfrutando de tu noche y de tus regalos? — siento los labios del Borah en mi mejilla.

Sus ojos son muy grises, su barba me hace cosquillas en la piel. — ¿Dónde está Cora?

—¿Dónde está mi hijo?

—Primero quiero asegurarme que cumpliste tu parte del trato y después te dejaré ver a Volkan.

Oculta su miedo, pero sus ojos no mienten y su lenguaje corporal tampoco, está ansioso por ver a su hijo, tiene un poco desalineada la ropa, no es el único que la está pasando mal.

—Yo siempre cumplo mi palabra Emma, todo a su tiempo, primero nuestra cena, después nuestra negociación— pasa su mano por mi barbilla.

—Quiero verla y a Aaron también.

—Después, será cuando yo dé la orden, eres una mujer hermosa, pero no cruces mi autoridad, todo esté hotel está bajo mi mando.

—Soy una mujer de la mafia, no me vas a convertir en tu esclava.

—Te quiero convertir en muchas cosas, pero no en mi esclava — barre sus dedos en mi boca sin permiso — Ese vestido es uno de mis favoritos señorita Brown.

—Emma Roe.

—Eres muy obstinada ¿no? — se ríe, tiene los dientes muy perfectos —. Eres perfecta mujer, no cambiaría nada de ti, excepto una cosa.

—¿Cuál?

Sonríe de lado guiñándome un ojo, se le marca un hoyuelo. — Tu apellido por el mío.

Veo a Caterva con el celular en el oído y los ojos muy abiertos. Me aparto de su tacto y Erick se queda con la boca abierta y su tequila a medio camino, avanza un paso y por su altura vuelve a quedar pegado a mí.

Su mano se enreda en mi cabello y su colonia está en todo el aire. — Seni çok seviyorum Emma Brown— dice con voz gruesa y los ojos entornados —¿Podemos hablar en un lugar más privado unos minutos?

—Está bien — dejo que me guíe por una puerta trasera de la zona privada. —Mis guardaespaldas vienen conmigo.

—No, dejaré a los agentes del MI6 afuera, no tienes que preocuparte— entramos en una especie de oficina de vigilancia donde hay ordenadores sobre el escritorio que muestran las cámaras de todo el lugar, el casino y hasta en la piscina.

En uno de las cámaras de los pasillos veo a Cora, la están llevando a una habitación, no me muestro emocionada por verla bien, finjo que no noto la cámara.

—Te dije que no voy a ceder más en tus exigencias, si no quieres que me vaya con Volkan y no lo vuelvas a ver, empieza a cambiar tu carácter.

—Cambia tu tono conmigo— dice calmado abriendo una botella de Chapel Down —No soy un mortal cualquiera, soy el Borah de la mafia turca y me debes respeto incluso en esta maldita ciudad.

Miro de nuevo a Cora, pero desde esta distancia es imposible ver el número de la habitación en donde la encierran, me agarro a la mesa sintiendo mi cabeza muy pesada, rechazo la copa de vino que me ofrece, me siento mareada.

—Necesitas recostarte, te ves un poco enferma— su voz en mi oído no me gusta, lo tengo pegado a mi espalda.

—El bartender tiene la culpa, no sé que tipo de bebidas me dio.

—Si es culpable, lo despediré de inmediato — mueve mi cabello descubriendo mi cuello. —Tu seguridad es mi prioridad Emma, no soy un hombre malo, sólo un padre que quiere ver a su hijo.

—Tu hijo está cuidado, sería incapaz de dañarlo, aunque no lo creas lo aprecio— le aseguro.

—De ti me fío con mi vida, pero no de Alexander Roe, mi única garantía de que mi hijo regrese vivo es Coraline, tampoco quiero dañarla, es una mujer increíble— me gira hasta que quedamos pegados.

—¿Dónde están mis guardaespaldas?

—No lo necesitas, tienes a mi seguridad para ti sola— me alza la barbilla —Eres publicista Emma, sabes leer el lenguaje corporal de las personas. ¿O no?

—Sí.

—Entonces léeme, sabes que no soy el modelo de mafioso que debería ser y la razón es que yo amaba a mi mujer y amo a mi hijo sobre cualquier cosa que la mafia me pida— pone mi mano sobre su corazón —Tú y yo somos iguales, tú harías lo mismo que yo por tus hijos.

Miro mi ropa, mi vestido apenas cubre la parte inferior de mis muslos, me empuja hacia los ordenadores hasta que mis rodillas sienten la madre del escritorio.

Siento sus manos en mi cabello. —No soy un monstruo— repite.

Su mirada queda fija en mi boca, todo me da vueltas, pero no de forma agradable, tengo ganas de vomitar. —¿Dónde está Caterva? Quiero irme — apenas y puedo hablar, siento que voy a ensuciar la alfombra.

—Te deseo Emma Brown, desde la primera vez que te vi en Turquía cuidando a mi hijo, había oído hablar de ti, pero no me imaginé que con sólo verte te quisiera tener— pone sus manos en mis muslos y siento su aliento cerca de mi boca.

—Cállate.

—No, estoy cansado de fingir que todo lo que hago te tiene como propósito, estar cerca de Cora, soportar a su tía, todo lo hice para llegar hasta ti.

—Estás demente.

—No al nivel del lobo, te vi quemar mi base del MI6 en Irlanda, atacaste las camionetas que se los llevaban, mandaste a un Raptor lleno de armamento directo a ustedes por él, si no lo secuestraban mis agentes ibas a destruir Irlanda.

No le respondo, sólo lo miro fijamente.

—Mataste a toda la unidad ocho ¿Sólo por él Emma? ¿Me atacaste sólo por él?

—Me voy— paso a su lado, pero me jala, es mi brazo enfermo, no tiene cuidado ni del cabestrillo.

—No te vas sin responderme.

—¡No soy tu esclava!

—¡Dime si todo lo que haces es sólo por él!

—¡Déjame ir Dimitry! — lo empujo, pero tiene mucha fuerza, me duele el brazo herido.

—¿Me atacaste por él? ¿Me apuñalaste por él en Turquía? — pega su rostro al mío —¡Responde maldita sea!

—¡Sí!

—¿Por qué?

—¡Porque es el hombre al que amo! — grito tan fuerte que me duele la garganta —¡Es el hombre al que voy a amar hasta el último segundo de mi puta vida! ¡El hombre al que no voy a permitir que ni tú ni sus padres dañen! ¡El hombre por el que voy a matar y a quemar el mundo una y otra vez!

Me suelta con la mirada herida, me quedo a mitad de la sala con las manos temblorosas, pasamos varios minutos en silencio, quiero largarme de aquí, pero no puedo recordar dónde está la puerta.

—Lo siento— dice después de mucho tiempo.

—Abre la puerta.

—Acepta mis disculpas Emma, no quería hacerte enfadar— pega sus manos a mi rostro y su pulgar se moja en mi labio inferior, cuando lo tiene húmedo lo lleva a su boca y lo chupa respirando con dificultad.

—Quiero irme.

—No soy un hombre impulsivo Emma, trato de controlarme en mi carácter hasta con el más mínimo sentimiento, pero sacas mi parte más irracional.

—¡Quiero irme maldición!

—Si me aceptas, tú vida y la de tu amiga cambiará, no te quiero utilizar de diversión, quiero ponerte un anillo en el dedo — dice muy serio.

—Ya tengo uno— planto mi mano en sus narices.

Mira mis joyas con recelo. — Te pongo el mundo a tu pies y lo rechazas. ¿Por qué no me dejas darte todos los caprichos que quiero?

Me pega a su cuerpo obligándome a verlo. Deslizo mis manos por su traje y lentamente meto el pequeño rastreador en la bolsa de su saco.

—Sólo necesitas probarme para volverte adicta a mí— baja su boca a la mía.

Cuando sus labios van a tocar los míos aprieto mi estómago y vomito encima de todo su traje. Mis entrañas se revuelven y vomito también sobre sus zapatos. —¡Por Allah mujer! ¿T dije que te veías enferma? — se aparta con una mueca de asco. —¡Selin! ¡Selin! ¡Ven de inmediato!

No puedo controlar las arcadas, vomito sobre mi propia ropa. La cara del Borah palidece, este vomito no es normal.

—¡Selin!

La puerta se abre y su asistente corre a llevarme al baño más cercano para limpiarme. Me lavo la boca y me veo pálida en el espejo. Me aplico otra vez el maquillaje y cuando salgo Caterva está de guardián en la puerta.

—¿Se encuentra bien señora Roe?

No le respondo, quiero quitarme la sensación de incomodidad de la conversación con el Borah, lo único bueno que sucedió en esa oficina es que pude confirmar que trajo a Cora, pero no vi a Aaron.

—¡Volvió la reina de Las Vegas! — Erick deja de enrollarse con otra de las meseras, ya no tiene su camisa puesta y se ve más ebrio de cómo lo dejé. —¡Vamos a beber que esta noche es para celebrar a Maya!

Aun no me encuentro bien, pero trato de mejorar mi acto cuando el Borah aparece de nuevo en la zona VIP con un traje diferente y unas botas. Quiero estar lo más lejos de él hasta la cena.

Se acercó a Cora por mí. ¿Qué tan enfermo está?

El alcohol en mi cabeza me hace seguir bailando con Erick mientras el Borah toma asiento en uno de los sillones de cuero, los meseros corren a servirle vodka.

Los nuevos miembros de la parte alta gritan alentándonos a seguir bailando, seguimos el ritmo de la música, veo al turco a lo lejos, nos mira como hipnotizado, tiene las pupilas dilatadas.

Vuelve a pedir bailar conmigo, pero me escabullo entra la gente, Erick nota las señales y no me suelta, se pega gritando que bebe por Maya.

—Señorita Brown, no puede negarme un baile, es la tercera vez que se lo pido— el Borah se levanta ofreciéndome su mano.

Erick pone una mano en mi cintura y le clava su dedo en el pecho. —Sí puede y tus ojos grises de cachorro triste no la van a convencer.

La expresión del Borah se pone seria, pero antes que le responda un agente del MI6 llama al Borah y sale casi corriendo el privado con el celular en el oído sin despedirse.

La música sigue y siento a Erick pegado a mí de forma que no debería. Creo que el alcohol le está haciendo efecto, los ebrios a nuestro alrededor gritan eufóricos animado nos a seguir, la música me cala los oídos.

—¡Hasta el fondo! — le gritan las meseras y algunas gotas de tequila caen en mi vestido.

Pega su mano fría a mi espalda desnuda y me toma de las caderas riéndose cantando a balbuceos la canción. —¡Vas muy ebrio! — le grito y asiente sacando la lengua para lamer sal de su mano.

Ya no es consciente de lo que hace, ni siquiera recuerda con qué mesera se estaba enrollando antes.

—Después de este baile nos vamos a ir a follar— bromea carcajeándose.

—Sólo si... — casi me caigo al suelo cuando alguien patea a Erick contra la barandilla y lo obligan a despegar las manos de mí, escucho sus quejidos, pero no puedo ayudarlo.

—¿Qué mierda? ¡Llamen a seguridad! — los gritos horrorizados de los clientes invaden toda la zona privada.

Quedan rastros de sangre en la barandilla. Mierda, mierda, mierda. Busco a Caterva entre la gente por ayuda, pero en segundo estoy en el aire. ¿En el aire? Mi estomago se revuelve por todo el alcohol.

Caterva viene detrás, los otros conservadores vienen en una fila alrededor. ¿Quién me está cargando? Empujo mis tacones con mis pies y los tiro al suelo, el que me carga se agacha a recogerlos y me lleva como si no pesara nada.

El piso del pasillo se mueve. —¿Dónde está Erick? — pregunto, pero nadie me responde —Tienen que ayudarlo, está herido.

Veo a una mujer pelirroja a lo lejos, últimamente estoy odiando a todas las pelirrojas que se me cruzan. —¡Dina! — me remuevo y logro que me bajen, corro hasta la mujer y le propino un golpe a puño cerrado.

Se azota en el suelo, con miedo, pero no dice nada, eso me enoja más, me siento violenta. No sé en qué momento me quedé con un mechón de su cabello en mi mano. ¿Estoy sobre ella?

—¡No vuelvas a tocar lo que sólo me pertenece a mí! — grito tan fuerte que algunos huéspedes salen de sus habitaciones para verme.

Me vuelven a tomar de la cintura alejándome de Dina y me alzan en el aire otra vez.

—Nos va a matar, incluso en la videollamada se nota que nos aborrece, con esa expresión le va a dar un paro cardiaco— susurra el hermano de Wren mientras me alejan de la pelirroja, no entiendo de qué habla.

Patean la puerta de mi habitación y los dejan afuera, el vestido del Borah ya no está, mis equipaje tampoco, esta no es mi habitación, lo sé porque todavía puedo escuchar la música del bar y el sonido de las maquinas del casino.

El hombre me desliza por su hombro y paseo mis manos sobre su traje negro. Cada musculo marcado es una delicia.

Es Alexander.

Se me nublan los sentidos. ¿Qué tonterías digo? No es Alexander, Erick jamás me habría delatado.

El olor a menta fresca, el escalofrío que recorre mi espalda. Despierta Emma.

Gruñe algo que no entiendo, está muy enojado, me deja sobre el lavabo, mi vestido diminuto se queda atorado apenas cubriendo mis bragas, con cuidado me quita el collar del lobo, por la poca luz de la rendija veo las tiras del parche.

Mierda.

Mierda.

Es Alexander.

Me agarro a sus hombros para no caerme y se aleja de mi toque. Me planto frente a él y lo obligo a verme. —Eres mío, díselo a esa maldita rusa.

Sus cejas se alzan y de repente la pupila visible se le oscurece. ¿Qué estoy haciendo? Me entra la risa tonta, me doy media vuelta buscando la cama.

—¿Te ríes? — su voz cada vez está más molesta. — ¿Qué puto baile es ese que hiciste con Erick? — me obliga a verlo.

El parche le da un toque oscuro a su cara. ¿Me está mirando directo a los ojos? Un segundo ¿Me está mirando? Trato de aclarar mi cabeza ebria, pero no puedo, sólo sé que tiene las manos en mi cintura y está entre mis piernas.

Abro un poco más los muslos y cuando me grita se pone más cerca en la posición correcta. Suspiro del gusto y me deslizo por el borde del lavabo aferrándome a su espalda. —Este sueño se siente real— estoy sin aliento.

— ¿Te hice una puta pregunta Emma? — me alza la barbilla y nuestros alientos chocan, pero él no lo nota porque me está riñendo por algo que no me importa —Todo el maldito tiempo vas y...

Sigue hablando enojado mientras yo recorro mis ojos por su traje negro, los gemelos de oro en la camisa y el bulto de su garganta que se mueve cada vez que habla. Finjo que me voy a caer del lavamanos y sus manos van directo a mi cintura para protegerme sin dejar de discutir.

—¿Por qué estabas bailando con el pordiosero?

—Estás aquí— estoy jadeando, es la mezcla del alcohol y de verlo después de un par de semanas.

—¡Sí! ¡Estoy aquí! ¡Ahora responde mi maldita pregunta!

Nuestras bocas están a milímetros. ¿Qué pregunta? Lo miro a los ojos y sin poder resistirlo más, lo jalo por las solapas de su traje y pego su boca a la mía, sus cejas se alzas por la sorpresa.

—¿Qué haces Emma? — se aparta todavía enojado.

Lo jalo contra mí otra vez y lamo su labio inferior, gruñe bajo cuando meto con ansias mi lengua en su boca. Sus manos se aprietan en mi cintura y abro me pega a su entrepierna. Entierro mis manos en su nuca y gimo buscando fricción, me restriego contra su miembro sobre la tela de su traje y sube un poco más mi vestido hasta enrollarlo en mi cintura.

Sus dedos juegan con los tirantes de mi vestido y los bajan suavemente librando mis senos, la pupila de su único ojos visible se dilata y traga grueso. De repente el parche cobra sentido en mi cabeza.

Siento la boca de Alexander por todos lados, en mi cuello, mordiendo mi clavícula y sobre mis tetas, besa alrededor hasta lamer mi pezón y succionarlo.

Me retuerzo en el poco espacio que me queda del lavabo. —Estás aquí cariño— gimo en su oído y gruñe apretando mis muslos. —No sabes cómo te extrañé— el alcohol me traiciona y me empotra contra el espejo del baño buscando el borde de mis bragas.

Me deshago bajo sus manos pateo mis bragas al suelo buscando su bragueta. Rompo el cinturón con desesperación sin dejar de besarlo meto mi mano dentro de su bóxer, gime con la cabeza hacia atrás.

Con mis tobillos aprisiono la prenda y hago mi mejor esfuerzo por bajársela. Ya ni siquiera escucho la música del hotel. Mete sus dedos en mi boca y con ellos moja su glande para empezar a pasearlo en mi entre pierna.

—Mierda— pego mi cabeza al vidrio gimiendo de puro placer mientras Alexander sube y baja su polla desde mi clítoris hasta la entrada de mi sexo, mete la punta... lo moja con mis fluidos y... masajea el glande en círculos sobre mi botón de nervios.

Nos miramos jadeando, nuestras caderas unidas y rozándose, el verde de su ojo ya no se distingue, las marcas de su rostro que dejaron la torturas me hacen desearlo más, me excitan de una forma más perversa.

Sigue enojado por mi baile con Erick, tiene la mandíbula apretada y el ceño fruncido. Su mano se cierra en uno de mis senos y aumenta el ritmo de la masturbación. Mi mano golpea lo que parece ser una caja de condones que son cortesía del hotel.

—¿Qué es eso?

—Son condones.

Alexander los mira enojado y los empuja lejos de nosotros, caen a un lado del lavabo y me las arreglo para patearlos lejos. A ninguno nos importa que no me haya empezado a tomar la píldora anticonceptiva.

No soporto más el cabestrillo, desprendo las tiras y lo arrojo al suelo junto a mis bragas, cuido mi brazo, pero termino clavando mis uñas en sus glúteos cuando sin previo aviso me hace enrollar mis piernas en su cintura y me penetra con una embestida dura.

—Mía, carajo.

Me golpeo en el espejo, cierro los ojos y grito muy alto que ni la música del casino puede aplacarlo, todo el piso debe estarnos escuchando.

—Toda mía Emma— gruñe más fuerte.

—¡Sí! ¡Sí! — de inmediato me cubro la boca para que los guardaespaldas afuera no nos escuchen, pero Alexander comienza a penetrarme sin darme tiempo a acoplarme al tamaño de su polla.

Mi abdomen se comprime con temblores. Grito del gusto otra vez y mis manos codiciosas se mueven a desabrocharle la camisa, rompo los malditos botones, estoy muy ansiosa, cuando se la tiro por los hombros de inmediato voy a lamer sus pectorales y voy subiendo hasta su cuello.

Ya no me importa que los otros huéspedes nos escuchen. Alzo su barbilla y lamo su mandíbula haciéndolo temblar. — ¿Por qué te fuiste? — pregunto sin aliento.

—Si no me largaba iba a romper la puta cuarentena— me embiste gruñendo muy fuerte que tengo que besarlo para aplacarlo.

Mis mejillas y mis entrañas queman, nada podría hacer esto mejor, excepto una cosa, siento que estoy envuelta en nuevas perversiones con Alexander y su parche. Nos miramos fijamente, me armo de valor y llevo su mano tatuada sobre mi pecho, apretuja mis tetas, pero antes que siga la subo a mi cuello y lo hago apretarlo.

—Joder nena— tiembla —No.

—Joder nena, sí— cierro sus dedos sobre mi cuello y lo hago apretarlo otra vez.

Sonríe de lado con perversión y me embiste.

Ay Dios.

Embiste más duro empujándonos sobre el lavabo, mi espalda se azota contra el espejo. La temperatura del baño aumenta el doble, las venas de su verga rozan mi clítoris y vuelven a penetrarme lentamente, me arqueo con mi nueva fantasía, la hace realidad justo como me gusta.

Sus dedos se aprietan más en mi cuello y me hace besarlo, su lengua me busca con urgencia. —¿Por qué demonios querías escaparte Emma?

—¿Cómo me...? — jadeo clavando mis uñas en su espalda cuando mueve las caderas en círculos —¿Cómo me encon...? — no puedo hablar, cada palabra se corta con mis gemidos, me siento muy caliente.

Hay una voz en mi cabeza que me dice algo sobre la píldora anticonceptiva, pero se pierde en el fondo de mi cabeza.

—Coño— con una serie de embestidas casi nos resbalo, no puedo sostenerme sin el cabestrillo.

—No fuerces el brazo— me levanta del lavabo, enrollo mis piernas en su cintura para que no se salga y así de pie clava sus manos en mis glúteos y me sube y baja sobre su verga.

Gimo descontrolada, en esta posición la penetración es más profunda, me muerdo el labio inferior viendo como las venas de sus bíceps quedan marcadas. Escondo mi cabeza en su cuello escuchando los sonidos de nuestros fluidos, cada penetración es violenta, me voy a correr.

Me siento tan pequeña en esta posición, su fuerza es impresionante, me levanta como si no pesara nada. —¡Más duro Alexander! Cariño, necesito que te corras dentro de mí — jalo su cabello, estamos descontrolados, sus embestidas se hacen más desesperadas, el golpe de sus testículos contra mi sexo me tiene con los ojos volteados.

—Pon tus tetas en mi boca, nena— ordena y me acerco para alimentarlo, se prende a ellas con hambre, mis pezones comienzan a arder, pero Alexander se niega a sacar mis tetas de su boca.

No puedo más. Sigue subiéndome y bajándome con violencia, mi vestido plateado se agita en mi cintura con cada movimiento. Alexander pone sus manos debajo de mis muslos y me abre más las piernas, acompaña el movimiento de sus manos levantando la cadera.

Veo gotas de sudor caer por su frente mientras mi cabello se pega a mi espalda. No sé si es por el alcohol, pero no puedo controlar mis gemidos y gritos, cada vez que los escucha siento como su verga crece de tamaño en mi coño.

Alexander no ha dejado de amamantarse.

Lo último que veo es mi nombre tatuado en su brazo mientras me corro. —Dámelo todo nena— sus manos aumentan la velocidad. — Baña toda mi verga.

Su maldito lenguaje empeora mi calentura. Me contraigo otra vez y por la fricción suelto más fluidos, quedo toda sudorosa, le beso toda la cara agotada y me quedo como un peso muerto colgando en sus brazos.

—Mojaste mi traje con tu corrida, Emma— gruñe en mi oído.

Bajo la vista a sus pies y confirmo que su traje tiene gotas húmedas por varias partes. Me sigue levantando sobre su polla, muerdo su cuello, me acabo de correr, pero me siento excitada de nuevo.

Lo sabe porque sonríe cada que mezo mi cadera sobre la suya. La píldora anticonceptiva. Suena otra vez en mi cabeza, pero entierro mi mano en la nuca de Alexander, lo obligo a mirarme.

— Lléname cariño— le pido con voz mimada. —Necesito que te corras dentro de mí.

Pone sus manos en mis nalgas y sube la cadera sin control, sí, sí, sí, las penetraciones son una maldita delicia, no quiero parar nunca, aunque estoy de nuevo al borde del orgasmo. Alexander comienza las embestidas y el sudor de nuestros cuerpos facilita los movimientos.

Me carga una ultima ronda mientras su miembro se expande y siento el líquido caliente que me golpea en el fondo de mi coño.

Mi segundo orgasmo me deja muerta sobre él, me suelto de sus hombros y me acurruco sobre su pecho tan relajada y lista para dormir, no puedo regular mi respiración, Alexander tampoco.

No quiero ver el desastre que hicimos en el baño, el olor a sexo llega hasta la habitación, sonrío satisfecha y me pego más a Alexander mientras lo siento llevarme a la cama.

. . .

Despierto con un dolor de cabeza intenso, mi maquillaje está corrido y me duelen las costillas, tengo un dolor entre los muslos muy satisfactorio.

La voz de Caterva al teléfono me despierta. ¿Dónde estoy? Me siento en la cama y encuentro a Erick tirado en la alfombra sin su camisa, con labial de mujer por toda la espalda y con la mitad del cabello teñido de rubio.

Tiene el rostro lleno de golpes, pero ronca como si no le molestaran.

¿Qué pasó anoche?

Escondo mi cabeza en las almohadas, el sol del ventanal hace que la jaqueca empeore. Siento como si hubiera golpeado a alguien.

Sonrío recordando como vomité sobre el Borah. En la pequeña oficina pude colocarle el rastreador.

—Gastaron más de un millón de libras en el bar— dice Caterva en su llamada —Con todas las camareras de club ¡Arrojó sus joyas por la barandilla! Él la convenció de salir, todo es su culpa.

¿Qué? Veo a Erick, ya no tiene su anillo matrimonial, tampoco tiene zapatos. ¿Por qué Caterva tiene un corte de cabello diferente? Me siento sobre las sabanas y por el reflejo de la ventana veo las calles de Las Vegas.

—¿Dónde está Alexander? — le pregunto a Wren que me acerca un vaso de agua mineral, mi voz se escucha ronca.

—¿El señor Roe? — frunce el ceño confundido —Creí que no quería que habláramos con su marido hasta después de su cena con el Borah.

Lo miro con los ojos entrecerrados terminándome el vaso de agua. —Mi marido estuvo aquí anoche. ¿Dónde está?

—¿Se encuentra bien señora Roe? Anoche el bartender le dio bebidas alcohólicas sin su consentimiento, tuvimos que traerla a la habitación cuando Erick desapareció y usted quedó casi inconsciente cuando cayó dormida.

Miro la habitación, no es la misma de anoche, aquí siguen las cajas del Borah, mi vestido azul colgado y no se escucha el ruido del casino. —¿Alexander no estuvo aquí?

—No— me mira con preocupación. —Según lo que nos informaron a sus conservadores, el señor está en Londres, mi hermano me informó que está en Birmingham ¿Cambió de opinión? ¿Quiere comunicarse con él?

¿Alexander no estuvo aquí? Mi estomago se revuelve y siento como si fuera a vomitar. El sexo en el baño. Anoche estaba ebria, pero no tanto. —¿Qué pasó anoche cuando me trajeron a mi habitación?

—La perdimos de vista una hora, entró en una oficina con el Borah, después un agente del MI6 la trajo de vuelta a la zona privada, dijo que la encontraron apostando en el casino, apostó un millón de libras, después de eso la trajimos directo a su alcoba.

—No estoy loca, tampoco estoy alucinando.

—¿Quiere que llamemos a un médico privado del hotel?

Nos miramos fijamente, pero si está fingiendo lo hace de maravilla, veo un ticket en la mesita de noche con mi nombre y la hora que pasé en el casino, tengo unas fotos con Erick en una de las maquinas que no recuerdo haber tomado.

Todavía llevo puesto mi vestido plateado y mi collar de lobo incluso tengo 'puesto el cabestrillo, mi peinado, aunque esta alborotado, aún está hecho. Tengo mis tacones todavía puestos, todo concuerda con la historia de Wren.

¿Todo fue un sueño? Miro las fotos de Erick y yo sonriendo, ya tiene el cabello teñido y yo estoy sosteniendo una bebida roja. Comienzo a creer que sí aposté un millón de libras. —Servicio a la habitación.

Caterva discute con alguien en la puerta mientras yo trato de convencerme que no estoy loca, un par de minutos después Selin pasa con un grupo de mujeres y me cubro con un albornoz. —Feliz cumpleaños señorita Brown, traemos flores blancas cortesía del Borah.

—Estos malditos turcos me tienen harto— Caterva se frota las sienes.

Asiento dándole las gracias y veo canastas inmensas llenar cada rincón de la alcoba, todas tienen mis iniciales, son preciosas, pero viniendo de ese hombre el regalo no me gusta. Las empleadas ven a Erick en el suelo y lo brincan para terminar de vaciar las canastas.

Noto que, aunque tengo el vestido puesto, siento que me duelen los senos.

—El restaurante Ocean Prime, la recibirá a la siete en punto— dice la mujer turca — Recuerde que sólo puede asistir con diez de sus guardaespaldas, el Borah no tendrá a agentes del MI6 cuidándolo, quiere que sea una cena placentera.

—No puedo esperar a reunirme con él.

—Me alegra escuchar eso señorita Brown, aquí tiene un manual que deberán seguir sus guardaespaldas dentro del restaurante, para evitar inconvenientes.

Ni siquiera lo leo, veo que dentro de cada canasta de rosas hay un tipo de carta escrita a mano y sellada con cera en modo antiguo, están marcadas con el nombre del Borah, en total son veintiséis cartas.

—El Borah quiere ver a su hijo antes de la cena.

—Imposible, si yo no veo a Cora, el también tendrá que esperar.

—Pero señorita Brown...

—Esas son mis reglas, dígale que, si las incumple, tomaré al niño y me largaré de aquí.

—No es un trato justo, Borahbey lleva muchas semanas torturándose por su hijo, no duerme, ni come bien, le suplico que al menos lo deje hablar con él.

Me apego al plan de no dejarle saber que ni siquiera sé dónde está su heredero. —No, todo será de la cena.

—Si esa es su última palabra, se lo informaré, su amiga Coraline estará esperándola en la suite residencial en el ala oeste del hotel al finalizar su cena, pero primero deberá entregar a Volkan.

Aprovecho su visita para llevar mi bolsa de viaje privada lejos de los conservadores, antes de llamar a Jin Jun para preguntar por mis hijos me encierro en el baño. Me siento en el diván y sacó mi ordenador privado que sólo Erick ha visto.

Tengo la escena de sexo en el baño muy grabada en mi cabeza a todo detalle, me cuesta caminar, me palpo la cintura por debajo del vestido y aunque tengo las bragas puestas, nada me hará cambiar de opinión.

Abro la pantalla. La flecha verde se mueve sobre un lugar conocido.

Cierro el ordenador con media sonrisa y hago una video llamada a Jin Jun para ver a mis bebés, cuando la asiática pone la cámara sobre Kiara y Raven dormidos, siento un alivió en mi pecho.

. . .

La limusina se estaciona a la entrada del Ocean Prime, tengo el vestido azul puesto, el corte más atractivo que se amolda a mi figura, el espejo no miente, pero la coronación de la noche es la joya que viene en mi pierna.

Dos hombres se mueren esta noche.

—Mi celular te enviará una señal cuando la cena comience, la ubicación del Borah va directo al ordenador del hacker, si se mueve lo emboscan de modo que no interrumpa el rescate— le digo a Caterva retocándome el labial rojo.

—Estaremos esperando, Wren sacará a Cora de inmediato y nos reuniremos con usted en Nevada.

El viento golpea mi espalda desnuda y el escote pronunciado, cada vez que camino la apertura indecente de mi pierna muestra la joya y parte del hueso de mi cadera, no hay necesidad de utilizar bragas con un vestido tan provocativo como este.

Los conservadores rusos apartaron la mirada en cuanto me vieron vestida, este vestido es un arma mortal de doble filo.

Hecho mi cabello hacía atrás para que caiga en pequeñas ondas y sostengo mi bolso cerca de mi pierna mientras avanzo, esta es la primera vez que no tendré el cabestrillo, mi brazo se siente débil.

—Señora Roe, la tenemos a la vista— dicen los guardaespaldas afroamericanos por el comunicador que llevo en el oído —Ya tenemos ubicada su mesa, manténganse en calma, cualquier movimiento en falso y la sacaremos de ahí.

—¿Hay agentes del MI6 en el restaurante?

—Hasta el momento no hemos visto a ninguno, pueden estar vestido como comensales.

El encaje de mi vestido me hace sentir poderosa, acaparo todas las miradas al entrar al restaurante. Mi nombre está tallado en la colección de vino Chapel Down de la entrada. Aunque el restaurante tiene clientes, se siente una atmosfera intima en la zona central que eligió Dimitry.

Cuando me ve acercarme se levanta de la mesa recorriéndome de arriba hacia abajo, casi o se notan sus ojeras, tiene un esmoquin que curiosamente hace juego con mi vestido. —Ese no es el vestido que te envíe.

—Extiendo la mano para que quede a la vista mi tatuaje de la organización del lobo, todos los accesorios que traigo hacen contraste con los adornos turcos que envió a poner, sabía que lo haría así y le estoy demostrando la diferencia de mafias.

—Cambié de opinión.

—Fue una elección muy acertada — mira la abertura de mi pierna, pero no alcanza a ver la joya en esa zona. mueve la silla para besarme la mano. El lugar está lleno de las misma rosas que envío a mi habitación. Me ofrece una como todo un caballero. — Feliz cumpleaños Emma— dice lascivo.

Mi celular envía la señal a Caterva. —Manténganse dentro del restaurante señora Roe, iremos por Coraline y su hijo.

¡Hola sexys!

¡Feliz día de San Valentín! Alexander Roe los ama!

Pónganse los lentes que esto es 4k *Se va corriendo*

¡Los amo tres millones!

-Karla.

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