CAPÍTULO 14
Rescate parte IIEmma.—Ese vestido es… magnifico— el Borah traga grueso respirando en cada abertura, en la tela de encaje que se abraza a mis curvas —Me molesta que no utilizarás mi regalo, pero no voy a protestar por tu elección.
—El Ocean Prime le da la bienvenida señora Roe— los empleados del restaurante montan una fila a la entrada inclinando la cabeza con educación, traen trajes típicos turcos y tienen rasgos orientales —. Esperamos hacer su noche con el ministro Aslan muy placentera.
Los únicos guardaespaldas que traigo inspeccionan el pasillo central, pero los mismos mayordomos que estuvieron en el la fiesta del Topkapi están parados detrás del Borah y no los dejan acercarse al área de cocineros a inspeccionar.
—Jamás pondría en riesgo tu seguridad, estoy como ministro de Londres no como mafioso— el Borah me ofrece el brazo para caminar, me fijo en un anillo muy peculiar en su dedo meñique.
Es un anillo de oro blanco con diamantes verdes alrededor, Erick tiene un anillo similar.
—Tus guardaespaldas pueden en el área de descanso junto a los míos, esto nos tomará varias horas.
—No me fío de tus mayordomos y siendo de la mafia enemiga no voy a quedarme desprotegida.
—Por favor Emma, hasta en medio Oriente se sabe que los Krays de Alexander Roe tienen la mejor puntería de las mafias, un movimiento en falso y uno de tus francotiradores me mataría en segundos desde una distancia considerable.
—¿No vienes también con tus agentes del MI6?
—No con los más peligrosos, Sarah y Dylan siguen de luna de miel, son mis mejores refuerzos.
—Apresuraste su matrimonio ¿Fue por alguna razón en especial?
—Me sorprende que hables del General Gray, sé que no son grandes amigos, pero deberías felicitarlo, es un matrimonio ventajoso para el gobierno inglés.
Trata de alejar a mis guardaespaldas aun balcón lejos de nuestra mesa, muchos de los agentes del MI6 que trae me conocen desde Brent, pero está vez es diferente, no me miran con burla, sino con miedo.
—Dile a tu seguridad que suba con mis agentes.
—Recuerda que Volkan sigue en mi poder, si planeas atacarme, no verás a tu hijo— rechazo su brazo y camino delante suyo acentuando el movimiento de mis caderas.
La abertura cerca de mi pelvis se abre y muestra una porción de piel considerable. Veo cada par de ojos turcos posarse sobre mí y el vestido, pero este no es el acto final de la noche.
Sólo necesito esperar a un poco más.Los ojos de mis guardaespaldas casi se salen de su lugar con lo provocativo de la prenda. Escucho el gruñido ahogado del Borah cuando subimos los escalones detrás del hostess. Finjo que no observo como alguno de mis sirvientes dice algo por su comunicador.
Llevo uno pequeño en el oído izquierdo, todos están enlazados a la gente que me acompaña, pero no llega su orden a mi dispositivo. —¿Todo en orden? — finjo inocencia.
—Sólo comprobábamos su seguridad señora Roe.
Amo conservar mis habilidades de publicista, leo el lenguaje corporal del ministro y de todos los que me mienten desde la mañana, planearon la escena del crimen perfecta, por un segundo me la creí.
Caterva también deberá informarme el desenlace de la situación en Londres con el rescate de nuestro Raptor. Informamos al resto de la mafia en Londres, pedí que recibieran órdenes directas de Alexander y Bennett.
—Es un intercambio de mi hijo por tu amiga Coraline, no estás en posición de ser arrogante, yo también puedo irme si no consigo lo que quiero— Dimitry me corta el paso.
—Entonces comencemos a negociar.
Por primera vez noto que se ve con mejor aspecto, ya casi no tiene ojeras y se fijó el cabello con cera, tiene la misma apariencia que en las fotos de la prensa, atractivo y distante, como cada político de Londres.
La música por fuera sonaba a jazz, pero los músicos desaparecieron, sólo hay una mujer en solitario cantando en tonos bajos y eróticos que erizan la piel de cualquiera. Por el escenario las luces neón son rojizas, no se le ve el rostro.
Detrás de ella hay un escenario preparado cómo si fuera a salir alguna danza turca, unos hombres estás colocando telares rojizos sobre los andenes, colocan cuatro cerca de un par de arneses negros y bajan las lámparas por la tarima.
—¿Planeas dar un concierto privado? — señalo los telares.
—Traje una atracción fascinante, hice negociaciones con un hombre y la tengo para mí esta noche.
—¿Es una bailarina?
—La llamamos Artemisa, experta en danza con telares.
—Nuestra mesa está muy lejos de su espectáculo.
—Es una bailarina exótica, pero muy exigente, su sueño fue muy claro conmigo, tiene vigilantes en su alcoba, no podemos acercarnos a ella, ni siquiera dirigirle, la palabra— explica —Artemisa no habla y tampoco el antifaz.
Miro hacia la puerta tratando de ver a la mujer, pero su espectáculo aún no está listo. — Es una mujer muy misteriosa, si no fueras ministro de Londres pensaría que es una espía infiltrada de tu gobierno.
Sonríe de lado. —¿Una espía bailarina? Existen mejores formas de infiltrarse en la mafia que follando después sus espectáculos.
Me intriga conocerla, quizá porque Cora me habló de la danza de telares en Irlanda, no he podido sacármelo de la cabeza.
Pasamos por el área del casino, las máquinas están encendidas, pero el lugar vacío. Le quitaron todo el encanto al restaurante y al casino, sólo veo una recreación de su Topkapi. En cuanto llegamos a nuestra mesa las luces de todo el restaurante se atenúan como las del escenario improvisado.
—¿Te gusta la decoración del restaurante? — abre mi silla y de inmediato llena mi copa de vino limpiándose las manos con esmero antes de tocar la botella, todos sus modales son idénticos a los de Volkan —La elegí especialmente para ti, Cora me dijo que te fascina lo tropical, si me hubieras dado elección te habría llevado al Caribe.
No dejo de fijarme en las palmeras naturales en las esquinas de las columnas, hay bebidas tropicales en la barra, el aroma a coco me fascina, incluso los meseros traen collarines florales en su uniforme, pero desentona con la mierda turca.
—No está mal para tratarse de ti.
Enarca una ceja fijando sus ojos grises en los míos —No suenas feliz ¿Crees que no tengo el dinero suficiente para darte una cena esplendida y lujosa?
Tomo la copa de vino y paseo mis dedos por ella delicadamente, le sostengo la mirada, no voy a someterme a un hombre como él. — Creo que ni con todo el dinero de la mafia turca sabes cómo tratar a una mujer como yo.
Sonríe mostrando sus hoyuelos y se inclina sobre la mesa hasta que nuestros rostros quedan muy cerca. —Llevo mucho tiempo esperando esta noche contigo, no has visto la mejor parte, pero te va a encantar— raspa sus dedos por su labio inferior al ritmo de la mujer que canta.
Una luz láser verde cruza desde nuestra mesa hasta su garganta. Levantamos la mirada y en uno de los balcones alejados está uno de mis guardaespaldas con una metralleta acomodada sobre los barrotes de metal dispuesto a disparar.
El Borah se ríe otra vez alejándose de mí. — ¿Tus asesinos van a matarme sólo por tocarte?
—No lo sé— ladeo la cabeza —Tócame y averígualo.
—Prefiero no arriesgarme hasta que terminemos juntos— mueve la mano y una fila de cocineros se acerca a nuestra mesa, en su mayoría son mujeres, traen aperitivos de carne cruda y semi cocida, toda de su propia región, las dolmas es lo primero que me ofrecen, pero ningún plato es de mi agrado.
Le traen una botella de vino especial de la que el mesero no me ofrece, dice que el Ocean Prime sólo la envió para el ministro.
Me mantengo con mi copa de vino y por más que el Borah trata de alimentarme, me niego, pero cuando Caterva me dice en el comunicador que dio con la habitación de Cora me obligo a comer.
—
«Señora Roe».—Volkan me habló de su madre hace unas noches ¿Cómo fue que murió? — entablo conversación con el Borah para que ninguno de mis movimientos delate la voz de Caterva en mi comunicador.
—
«Veo a Coraline en su habitación, tiene cámaras de seguridad directas a uno de los mayordomos del Borah que está en su restaurante, es un hombre egipcio de ojos negros cerca de la barra »—Fue por un ataque del MI6 donde interceptaron un cargamento en nuestra aduana — explica el Borah mientras busco con la mirada al hombre egipcio, es el bartender, el mismo que me embriagó con Erick en el casino.
—¿Volkan estaba con ella? En Turquía me dijiste que Sarah la mató
Su sonrisa se desvanece. — Fin de la historia— me obliga a beber de su copa —No soy un hombre de muchas palabras y no me gustan los entrometidos en mi vida personal por más hermosa que seas.
—
«Mátenlo».Mis guardaespaldas en el balcón se mueven por la zona del casino con la orden de Caterva, los pierdo de vista, pero unos minutos más tarde, el bartender desaparece.
Veo al Borah aflojarse el nudo de la corbata, es un clima cálido, pero sus mejillas están rojas. —¿Te encuentras bien?
Asiente, pero abre y cierra los ojos como si no pudiera distinguir a sus mayordomos —Iniciemos con la negociación del intercambio— deja su copa frente a mí con una invitación implícita para beberla, pero no lo hago.
—¿Cuáles son las condiciones?
—Quiero ver a Volkan en cuanto nuestra cena termine, me prometiste que me llamaría y no lo hizo.
No quiere parecer ansioso, pero veo el miedo en sus ojos cuando menciona a su hijo. —No quise ponernos en peligro, estoy arriesgando mucho cenando contigo, si Alexander se entera, interrumpirá el intercambio y se llevará a tu hijo.
—Pero quieres proteger a Cora y a Aaron, no vas a permitir que yo los mate— pega su silla a la mía y me jala a su lado —Exactamente en tres horas nos veremos en el casino del hotel y subirás a mi hijo en uno de los autos del MI6.
—Y tú pondrás en mi habitación a Cora y a Aaron, mi seguridad privada se encargara de informarme si no cumples el intercambio— le extiendo la mano, pero la mira divertido.
—Yo no sello los tratos de la mafia con un apretón de manos Emma— respira cerca de mi cuello —Me gusta ser más lascivo y ese vestido me tiene fantaseando con penetrarte en toda clase de poses obscenas desde que te vi llegar.
—
«Qué hijo de perra» — esa no es la voz de Caterva, viene de un comunicador que no está entre mis guardaespaldas.
Bebo de mi copa de vino relamiéndome las gotas que quedan en mi labio inferior ocultando mi sonrisa
— Dejamos algo pendiente anoche en mi oficina— pasea la punta de sus dedos por el encaje. —Me lo debes, te exijo ese beso.
Me pego a su rostro hasta que su aliento baila en mi barbilla. —No te debo nada, sabías que no bebía alcohol y enviaste a uno de tus mayordomos a alterar mis bebidas y las de Erick.
—Aún así quiero ese beso.
—Quiero ver el espectáculo, jamás he visto un baile en telares— arrastro mi silla fuera de su alcance y arquea una ceja quedándose con las ganas de tocarme.
—Me gusta que seas obstinada, te daré unos minutos más para dármelo tú misma ¡Traigan a Artemisa! — ordena.
Las luces del restaurante se vuelven rojas fosforescentes que rebotan en cada pared, no se distinguen los rostros de nadie, ni siquiera el del Borah, la música cambia a una danza árabe y se abre una puerta cerca del escenario.
Me fijo en la mujer de antifaz negro que sale caminando de puntas, lleva un pequeño maillot a juego con el antifaz, tiene el cabello largo ondulado. Enrolla su mano en uno de los telares y con los arneses la suben hasta que su cabeza casi toca el techo.
Se gira enrollando sus piernas y cintura en la tela, gira al tono de la música dejándose caer en círculos lentos. Sus tobillos quedan en el aire mientras vuela alrededor del escenario.
Dimitry esconde su mano por debajo de la mesa sin despegar los ojos del espectáculo, noto su fascinación por Artemisa, voltea la mirada a mí y se relame los labios moviendo su brazo más a prisa.
Cada movimiento de la mujer es controlado, es una profesional, pero es en uno de los saltos en el que noto en su muñeca un tatuaje conocido. ¡
Imposible! Espero el siguiente giro en el telar y compruebo que lo lleva en su muñeca.
Mi copa se cae al suelo quebrándose y parte del vino se derrama en el platillo de dolmas del Borah.
¡Mierda! ¡Ella es Artemisa!—¿Te encuentras bien? Tu brazo sigue débil, no debiste quitarte el cabestrillo para nuestra cena— el Borah se levanta sacando el pañuelo de su traje para limpiar un par de gotas que cayeron.
—Lo siento, mi brazo sigue débil— miento sin despegar mis ojos de ella.
¿Quién es su jefe? Desde mi asiento trato de averiguar si los hombres que cuidan a la bailarina son Krays, pero con las malditas luces rojas no se distinguen.
El Borah se arrodilla entre mis piernas a la altura de la abertura de mi pelvis, su pantalón se alza a la altura de su erección, se estaba masturbando con el espectáculo, mira a sus mayordomos y la música para, de inmediato le sueltan los arneses a la mujer para que sus pies toquen el suelo.
¿Cómo no la reconocí en cuanto pisó el escenario? Va descalza, pero siempre que camina lleva los talones alzados, no porque sea bailarina, sino porque está acostumbrada a caminar en tacones altos, en específico, botas altas.
Desde el escenario se nos queda mirando fijamente a través de su antifaz. Sonríe de lado acomodando su cabello castaño que seguramente es una peluca y la hacen irse por la puerta trasera.
—¿Te hiciste daño con los vidrios rotos? — el Borah pasa el pañuelo suavemente por mi pierna y sus dedos acarician la piel que deja visible mi vestido.
Finalmente mira la joya de oro en mi pierna. El lobo incrustado en diamantes negros cae en la abertura de mi pierna con tres eslabones negros a su alrededor.
—Traes la joya del lobo — separo un poco más mi muslo —
Ejendom af "The Wolf" — lee el tatuaje temporal en mi muslo encima de la joya.
Es temporal mientras mi tatuador favorito pueda plasmarlo en mi piel permanentemente.
Las cejas del turco se juntan. — Es danés— le explico.
—¿Y qué significa?
—¿Más vino? — grita sin tacto uno de los meseros y empuja su mano lejos de mi pierna poniendo una botella de whisky escocés en nuestra mesa.
La botella casi se derrama sobre el Borah, lo empuja sobre los vidrios de mi copa y una de las palmas de sus manos termina ensangrentada con varios trozos de cristal enterrados.
—¿Qué te pasa imbécil? ¡Nadie interrumpe mi mesa a menos que yo lo pida! — se levanta molesto empujando al hombre manchando su uniforme con su sangre.
—Las copas nunca deben estar vacías ministro Aslan, son políticas de nuestro restaurante.
Deja con mal modo la otra botella y me mira enojado, no lo reconozco, tampoco tiene rasgos turcos como todos los empleados, su uniforme está mal colocado y trae las mangas dobladas.
—¡Llama al maldito gerente! ¡No quiero a más inútiles cómo tú trabajando para mí! — el Borah lo vuelve a empujar sacudiéndose el saco.
—Lamento la interrupción honorable ministro, llamaré enseguida al dueño del restaurante y a una empleada que pueda curar su mano.
—Mira está porquería, odio la suciedad— se limpia una misera gota de whisky en su traje y la sangre en su mano —¿Dónde mierda está el gerente? ¡Por Allah! Estos malditos americanos no pueden hacer una sola cosa bien.
Trato de ayudarlo, pero no se distingue su sangre del vino, sacude la mano del agarre de su asistente y comienza a maldecir en su idioma natal. Más empleados vienen a limpiar los vidrios rotos, pero ninguno es turco…
Miro al Borah que sigue enojado gritándole al pobre cocinero que se sonroja agachando la cabeza avergonzado, casi no nota el nuevo cambio del personal.
Me excuso para ir al tocador de damas y subo respirando aire fresco de la terraza donde estaban mis guardaespaldas, hasta aquí se escuchan los gritos del Borah sobre la música, la mujer de antes están en el escenario cantando, pero todo el ambiente está tenso.
—Dios — me agarro a la barandilla.
No voy a irme hasta que Caterva me diga que Cora está libre, además todo el restaurante está lleno de seguridad del Borah.
Necesito aire fresco, no veo a mis guardaespaldas y tengo que cruzar por el área de descanso donde están los agentes del MI6 para salir al las terrazas del casino. Tomo un coco tropical de la barra de bebidas y subo.
—No los veo desde que mataron al bartender ¿Dónde están? — hablo por el comunicador para encontrarme con los afroamericanos, pero nadie responde.
Camino entre el casino de la entrada bebiendo de mi coco tropical y bailando un poco con la música de las mesas de apuestas para relajarme, me quito los tacones y los recojo en mi mano para seguir bailando.
Hay gente dentro pensé que el restaurante sería completamente nuestro. Es otro tipo de ambiente al restaurante, las maquinas suenan y hay olor a cigarro por la primera planta. Termino en el segundo piso con otro casino de la zona privada donde se ve el restaurante.
—¿Hola? — me quedo parada a mitad del casino del segundo piso con mi coco en la mano.
Las maquinas de antes ya están apagadas, no hay ruido como en el primer piso, no hay nadie en la sala de descanso, ni los agentes del MI6, ni mi seguridad privada, parece como una escena escalofriante.
Camino con cautela a la puerta trasera del casino que da a las terrazas.
Nunca suelto mi coco tropical.
Abro la puerta lentamente y me quedo paralizada al ver a todos los agentes del MI6 descuartizados sobre la alfombra, los mayordomos que acompañaban a Dimitry también están muertos, sus cuerpos están colgados de los arneses que quitaron del espectáculo de Artemisa.
Están estrangulados con marcas de la mafia hechas con dagas en sus brazos.
Cierro la puerta y salgo corriendo por las escaleras, me voy a matar desde esta altura si mi pierna deja de funcionar como lo hace por la mañanas. —¿Le ofrezco una bebida madame? — un mesero pone copas de champaña en mi cara.
Veo su tatuaje del lobo en la esquina de su muñeca. Corro lejos de él y camino entre la gente del casino, abro la puerta del restaurante y veo al cocinero asiático al que el Borah le grita.
Octavian.El hostess del restaurante tiene un traje gris y les da la bienvenida a los nuevos clientes.
Wren.Los músicos de jazz vuelven a aparecer en el escenario y veo al hombre que acomoda sus micrófonos.
Es un conservador ruso.El nuevo bartender agita las bebidas para unas señoras de mediana edad, cuando termina se acomoda los rizos detrás de las orejas.
Caterva.Si él está aquí ¿Quién está a cargo de la libertad de Cora y Aaron?
¿Bennett?Toda la gente con la que me cruzo en los pasillo es familiar, todos me inclinan la cabeza cuando pasan a mi lado. —Mi señora— cada conservador que se cruza en mi camino tiene una mirada enojada.
Llego corriendo hasta el Borah y me quedo paralizada viendo a todos los “empleados” del restaurante, creí que el Borah era poderoso para mantener esta cena privada, pero me equivoque.
Estamos rodeados de la mafia de Alexander Roe. — ¿Dimitry dónde están tus mayordomos? — toco su brazo y me sonríe a pesar de estar enojado.
—Volviste, estaba por ir a buscarte— se gira a su asistente —Selin, encárgate de traer a la seguridad privada de Emma, nos largamos de este restaurante, iremos al casino, estos incompetentes arruinaron mi noche— me ofrece el brazo para irnos, pero se tambalea frotándose las sienes.
—¡Al casino no!
—¿Qué te sucede Emma? — me mira preocupado.
Bajan los reflectores y encienden de nuevo las luces rojas fosforescentes, a mitad de la mesa central del restaurante vemos a un hombre castaño vestido de kray y con un parche en el ojo sentarse con una botella de whisky escocés dándonos la espalda.
—¿Por qué trajeron a los músicos Selin? No di la orden ¿Quién dejó entrar a los clientes? ¿Quién coño crees que eres?
—De aquí nadie se larga vivo ministro Aslan— susurra el hombre y el Borah se tensa reconociendo la voz de mi marido.
De inmediato me suelta el brazo y me mira horrorizado. —Rompiste nuestro acuerdo, me tendiste una trampa. Por eso me siento aturdido ¿Qué diablos tenía mi bebida?
—¿Por qué iba a arriesgar la seguridad de Cora y Aaron? ¿Seguí todas tus malditas reglas!
Mi mira buscando la verdad en mi rostro, pone su mano en mi espalda y me señala el segundo piso. —Corre detrás de los telares donde bailó Artemisa, yo te protegeré de Alexander hasta que me entregues a mi hijo.
—¿Te volviste loco estamos rodeados de mi mafia?
—Si no vas con Selin, Coraline y su hijo se mueren, no voy a arriesgarme a perder a Volkan— advierte —No puede ver, tenemos una ventaja sobre él.
Recuerdo mi noche con Alexander en el baño y de mala gana sigo a Selin por los telares del segundo piso.
〘 〙Alexander.—Sabía que lo harías hijo— Logan mira el maletín en la videollamada —Fuiste muy sádico, pero así es nuestro trabajo, sin resentimientos.
—Te informaré cuando distribuyan el armamento para tus jaulas— termino la llamada.
Quito el gotero de las botellas de vino y las sello para que Octavian las ingrese al restaurante, me quito el olor a químicos y los guantes de látex guardándolos en un maletín.
Miro fijamente las cámaras de este hotel barato donde se aloja mi mujer. Tengo cuatro pantallas que muestras diferentes ángulos de la entrada, cada cámara me enseña una parte del maldito vestido azul oscuro de encaje, la tela es casi negra.
Anoche tuve mis manos, mi pene y mi boca en cada curva pronunciada de su culo, sus tetas y esas nuevas caderas que me están volviendo loco, las nuevas curvas que adquirió después del parto de nuestros hijos me tienen fantaseando con poseerla peor que antes.
Soy consciente de que mis ganas por Emma aumentaron.
Observo el escote de la espalda con admiración y enojo al mismo tiempo, pero casi me atraganto cuando avanza a la limusina y se abre la abertura cerca de su pelvis donde es imposible que Emma lleve ropa interior o se vería en el hueso de su cadera, con un aire ligero cualquiera verá su sexo.
—No ví el vestido en Londres, dijo que era especial para esta noche, pero por la cara de demonio que estás poniendo deber ser una pieza única— Erick está atado a una silla en la esquina de la habitación.
—Ciérrale la boca con cinta de nuevo.
—¡No ya no! — pide a gritos cuando Caterva abre el maletín con el que lo secuestramos —¿Por qué soy maltratado? Me golpeaste y torturaste en Londres y te di toda la información de la cena de Emma con el Borah en Las Vegas y lo que planeaba hacer con el Raptor y Coraline.
—No debiste ser parte de plan maldito criado.
—Ella me convenció, no podía dejarla venir sola con el turco, si supieras todo lo que le dijo anoche en el bar… — alza las cejas y cruzas sus piernas como puede —No es que sea comunicativo, pero dijo que se acercó a Cora por ella y que le quiere poner su apellido.
Saco la cinta y le envuelvo la cabeza completa, el maldito sabe como sacarme de mis cabales. Sus ojos se abren de par en par cuando nota la precisión de mis movimientos y cómo lo miro fijamente con el ojo que no tiene el parche… se pone pálido.
—El Borah acaba de ingresar al restaurante, mi señor, lo acompañan sus mayordomos de la mafia turca ellos están a cargo de revisar la zona del casino y las afueras del restaurante, también lleva a la unidad ocho del MI6, son quince agentes que estarán vigilándolo desde el área de descanso del casino en el segundo piso del Ocean Prime— Wren me muestra la estructura del restaurante en un mapa.
—Muestras me todas las entrada de esa pocilga y revisa de quién es el equipaje que está en la pequeña oficina detrás del escenario de músicos.
—Están colocando telares cerca del andén y cuelgan cuatro arneses, tendrán una presentación de danza aérea por una bailarina que viene con el ministro Aslan.
—¿Quién es la mujer que la va a realizar?
—No hay información sobre ella, sólo su nombre, se llama Artemisa.
Artemisa, la misma mujer irlandesa que divierte a Logan, dos de mis sospechas se aclaran sobre la organización de los treinta y siete.
—Es importante que se comunique con la organización en Londres para el rescate del armamento y del Raptor, las unidades del país están en descanso, Dylan y Sarah Gray tienen un descanso temporal de un mes que les cedió el parlamento por su reciente matrimonio.
Como Bennett se mantendrá en la búsqueda de la rubia y su hijo tengo que hacerme cargo de enlazar los ordenadores con los de mis conservadores. En quince minutos tengo en videollamada al último amigo de Tyler.
Con la revisión que hice antes de viajar a América, tenemos los datos de dónde almacenaron mi cargamento, está a las afueras de Reino Unido por una de las bases del MI6 que fue clausurada hace cinco años por Richard y ahora la utilizan como bodega especial.
Ahí guardaron la anfetamina de David Wall antes que Sarah se la entregará a Meredith para el adicto.
El puto turco aún no cumple un año en el puesto de ministro, quedan muchos cambios por hacer en las bases del MI6 alrededor del país, Desarrollé dos llaves electrónicas clonando las antiguas contraseñas de Richard Madden que no han sido cambiadas.
—Seguimos tus instrucciones lobo, tenemos camiones de carga resguardando el cargamento, pero la señal que encontramos de nuestro Raptor nos envió a una bodega de laboratorios vacía.
—Quiero a setenta francotiradores en la base de Brent, es la más grande que hay en la zona de esos laboratorios — ordeno ampliando la pantalla compartida del modelo a escala que realizamos del Raptor en otoño —Cerca del difusor de admisión del avión instalé un detonador inactivo que se rastrea con el dispositivo en la turbina cada vez que el Raptor enciende el sistema de propulsión.
—Necesito una copia digital con señalamientos para que el piloto y el ingeniero trabajen.
—Como cada conservador ruso tienes una clave única de acceso a los archivos. El cargamento ruso que sea enviado al Palacio en Dinamarca y que inicie su distribución inmediata, que incluyan a Logan con un bien porcentaje.
—Entendido, mi señor.
—Su esposa ya llegó al restaurante— Caterva nos interrumpe y termino la llamada de inmediato.
—No quiero errores con la botella de vino del turco.
—Los guardaespaldas afroamericanos van con ella, tiene un comunicador que da directo al mío, pero desactivé la línea que cruza con la suya, sus órdenes no las puede escuchar.
Planea cenar con ese puto turco, trato de controlar los nudos en mis hombros, pero los celos no me dejan pensar con claridad.
—Dame tu comunicador, hablarás sólo lo que yo te ordene.
—Ella cree que estoy en camino a buscar a Coraline y no Bennett, debemos darle órdenes al menos cada media hora o sospechará, todas las cámaras del casino y de la zona de descanso encendidas, puede verlo en su pantalla, mi señor— Caterva abre mi dispositivo de rastreo.
—Bennett está a cargo de rescatar a Coraline y a su hijo, no quiso interrupciones y no tengo interés en el intercambio del Borah porque su hijo ya está muerto— sonrío de lado y los ojos de Erick se abren con horror.
—En el maletín traemos el regalo del Borah.
—Súbelo a mi auto.
Nunca dije que soy una persona misericordiosa, yo elimino a los estorbos.
Bajo a la entrada del hotel conduciendo mi Aston Martin hasta el Ocean Prime, en la bolsa interna de mi traje de kray tengo el anillo verde de Emma. Es una obstinada, me envío su joya familiar a Irlanda, si sus anillos matrimoniales no tuvieran un rastreador estaría jugando con mi paciencia.
—¿La cabaña dónde están mis hijos ya está preparada?
—Jin Jun está terminando la lista que le envió, los regalos ya fueron envíados.
El trayecto al maldito restaurante me toma casi una hora por la vida de Las Vegas, pero mis criados cierran las avenidas principales con mis camionetas negras para evitarme el tráfico nocturno.
—Señor lamento informarle que el restaurante está alquilado por un ministro del gobierno inglés para una velada especial, puedo recomendarle otro restaurante por la zona hotelera — nos detiene un hostess a la entrada.
Le disparo directo a la cabeza sin perder mi tiempo con un simple criado y Caterva corre a recorrer su cadáver, uno de mis conservadores rusos toma la entrada y da acceso a todos los clientes que quieren ingresar.
—A trabajar ratas inmundas — me limpio con un pañuelo su sangre y entro.
Mis sirvientes se distribuyen por el restaurante como lo planeé desde nuestra llegada. Wren, Caterva y Octavian pasan de largo directo al restaurante junto con los conservadores rusos.
Hay dos plantas después del casino de la entrada, hicieron el intento de convertir esto en una zona tropical, subo hasta la dichosa área de descanso y encuentro a los guardaespaldas de mi mujer apuntando al primer piso.
Las luces me ponen borrosa la poca vista que tengo del ojo derecho, me jode que se distorsionen las cosas como manchas, pero el medicamento ha sido efectivo, incluso cuando en mi ojo izquierdo no haya solución.
Pierdo la vista unos minutos mientras mis criados atenúan las luces blancas de la terraza.
—Bienvenido mi señor, lo estábamos esperando, el Ocean Prime le ofrece disculpas por la interrupción del hostess.
Abren el cristal de la terraza, anoche lo remplazamos por cristal traslucidos, desde aquí no nos ve mi mujer, pero yo sí a ella y al maldito turco.
Me siento en un sofá de cuero con una laptop abierta sobre mis piernas viendo cada cámara que muestra a Emma, tiene platillos por toda la mesa y come con desagrado, por el comunicador de Caterva puedo escuchar toda la maldita conversación.
Bennett no se ha comunicado, dudo que haya encontrado a Coraline, en la última revisión que hicimos del hotel, no encontramos evidencia de la mujer más que un montaje de una rubia en la habitación doscientos cincuenta y ocho.
Mis criados me traen una botella de mi whisky escocés, ni siquiera le doy atención a la maldita bailarina de Logan que sale, me fijo en Emma y cómo el Borah se acerca a ella, la luz verde del comunicador se enciende.
— Me gusta ser más lascivo y ese vestido me tiene fantaseando con penetrarte en toda clase de poses obscenas desde que te vi llegar— le dice a mi mujer el maldito turco.
Me quedo con mi vaso a medio camino y con el ojo muy abierto viendo la cámara. —¡Skidespræller! ¡Fuck din mor! ¿Hvordan vover du at tænke på min kone? ¡Jeg slår dig ihjel! — quiebro el vaso con mis dedos y los guardaespaldas de Emma retroceden.
¡Mierda! ¡Que se joda tu madre! ¿Cómo te atreves a pensar en mi esposa? ¡Te voy a matarSiento el calor recorrerme las venas y rompo la maldita botella cuando se pone cerca de la abertura de la pierna y Emma no hace nada para detenerlo de ver lo que me pertenece. Se arrodilla con su pañuelo tocando su muslo.
Un zumbido pasa por mis oídos y al segundo veo la ventana de descanso a la unidad del MI6 y a los mayordomos de la mafia turca encargados de su seguridad. Saco mi metralleta y reviento el vidrio que da a ellos.
Retroceden por los cristales y me disparan cuando empujo la puerta matando a cada puto agente, me pego a los mayordomos turcos y a dos de ellos los aviento por el gancho del arnés que da al escenario hasta clavar sus cuellos con él.
Jalo las tiras hasta que quedan colgados del techo desangrándose. Con la punta de mi daga hago un agujero en los brazos de los agentes del MI6 moribundos y los estrangulo con las cuerdas sobrantes.
Sus cuerpos se retuercen en mi agarre y los someto uno por uno hasta que la sala de descanso queda salpicada con cadáveres por toda la alfombra, me limpio la sangre de mi traje de kray y bajo los peldaños con la vista fija en el turco.
Me siento una de las mesas centrales, algunos clientes notan la sangre en mis botas, reduzco las luces a esas putas luces rojas con las que bailó Artemisa. —¿Por qué trajeron a los músicos Selin? No di la orden ¿Quién dejó entrar a los clientes? ¿Quién coño crees que eres?
Aprieto las corneas de uno de sus agentes y las deshago en el piso con mis botas. — De aquí nadie se larga vivo ministro Aslan— bebo lentamente mi whisky y de reojo veo como su asistente se lleva a Emma por el pasillo trasero del escenario a las escaleras que dan al segundo piso.
—Sellen la entrada, no dejen pasar a ningún cliente más, que los agentes del MI6 salgan de la sala de descanso— tose sobre una de las palmeras y lo veo vomitar —No puedes verlo, pero tengo a mis mayordomos vigilando todo el restaurante y a tu esposa con Selin, un paso en falso y mi asistente va a matar a Coraline.
—A mi no me importa esa rubia.
—Pero a Emma sí.
Controlo el enojo cada que menciona a mi mujer. — Estoy pensando en cada maldita razón que tengo para joder tu puto gobierno, pero la que encabeza la lista es que pusiste tus putas manos sobre mi mujer, aunque te lo advertí en Turquía.
—Ella vino voluntariamente a la cena.
Veo a los turcos que se mezclan entre los clientes y escucho su gatillo apuntándome. Sus pasos suenan en las baldosas, soy un ciego indefenso. —Sabría qué vendrías si Emma volaba conmigo, viniste exactamente a dónde yo quería.
—¿Todo esto era una trampa? — me burlo.
—Sabía que Coraline no te importa, pero gracias a su amistad tengo a tu mujer en mis manos, si no sueltas a Volkan y me lo entregas, Selin tiene ordenes de matarla en la puerta detrás del escenario, Emma está débil, tiene un brazo roto, puedo romperle también el otro.
El mayordomo que lo cubre pasa corriendo a mi asiento y le disparo en la pierna.
Empujo el brazo del Borah contra una de las palmeras y me levanto pateando su rodilla con mi bota, muele su hombro contra una de las sillas y la avienta a mi mesa. Pateo su arma y le rompo el cuello una y otra vez con el cargador.
—¡Maldito hijo de perra! ¡Puedes ver! — se limpia el sudor de la frente y me empuja contra los cristales rotos.
—¿Crees que llevo el parche de adorno?
Todos sus puñetazos van a mi abdomen. Mi espalda se arrastra entre el vidrio y me estrangula azotando mi cabeza cerca de la reserva de vino. Enredo mis tobillos en su muslo y lo giro sobre su estómago.
Azoto mi cabeza contra la suya y lo tumbo contra la barra. Mancha mi traje de kray con su maldita sangre y vomita sobre las bebidas. Lo tomo del cuello y lo levanto sobre el mármol con una mano.
Con la otra recargo mis brazos y le reviento mis puños en toda la cara, hago mierda sus pómulos y su mandíbula, patea mis bolas y mi miembro, pero no lo suelto. Con las luces rojas fosforescentes la escena es macabra.
Siento un corte en mi hombro y lo veo clavarme uno de sus cuchillos suizos, me arranco el metal del hombro y aprovecha para arremeter contra mis costillas. —¿Quieres pelear con dagas maldito cobarde? — me río escupiendo sangre.
Saco mi daga Roe y la giro entre mis dedos. La clavo en su hombro y rasgo su piel junto con su traje hasta buscar la punta de su hueso.
Clavas, retuerces y jalas. La técnica más divertida de apuñalar a alguien.
Grita cuando el filo de mi daga encuentra el nervio de su músculo. Lo corto poco a poco, sus mayordomos corren a auxiliarlo y le hago señas a Caterva que no los maten, soy tan egoísta que quiero ver su expresión cuando abra el maletín.
—No gastes armamento, te hará falta para encontrarme— le doy el maletín a Caterva y lo patea hasta él. —Ábrelo para tu líder.
El olor de la sangre lo hace vomitar otra vez, le ponen el maletín en las rodillas y saca el cráneo de su único heredero. Disfruto ver como sus brazos tiemblan como los lloriqueos de dolor físico se transforman en gritos agonizantes.
Alzo la mirada del patético turco y veo a Emma en el segundo piso mirando todo horrorizada. No despego mis ojos de ella mientras subo la escalera, me amarro una cinta de gimnasio alrededor del brazo donde me apuñaló.
Se mete en las puertas traseras de la terraza, cierro la puerta detrás de mí, casi no la veo por tantos telares. El techo es de espejo, me ayuda a encontrarla fácilmente. Le corto el paso antes que se esconda.
Paso al lado de una silla negra en el centro de la habitación mientras Emma retrocede entre los telares para esconderse con cada paso que avanzó. Saco el anillo verde de mi bolsillo y lo pongo en su cara. —¿Por qué mierda mandaste tu anillo a Irlanda?
—Lo sabía desde Irlanda, aún puedes ver por el ojo derecho, no cómo antes, pero tienes un poco de visión — su voz está temblorosa como la del Borah.
—¿Creíste que puedes escapar de mí y mi mafia? ¿Pensaste que no te iba a encontrar en Las Vegas?
Sonríe de lado. ¿Por qué sonríe? Esconde sus dedos en su espalda y juega con unas tiras de su vestido de encaje, la maldita abertura es más obscena de lo que se veía en las cámaras.
— ¿Y tú creíste que Erick te contó mi plan obligado por tus torturas? — se pega a mi cuerpo sosteniéndome la mirada —¿Creíste que no sabía que estuviste en el Score? ¿Pensabas que me iba a tragar tu historia de anoche? Ya sabía que estabas en Las Vegas.
—¿Qué?
Me empuja a la silla subiéndose a mi regazo y más de dos pares de manos masculinas me agarran detrás tratando de someterme.
Me quedo confundido y cuando noto que me esposan las manos detrás de la silla comienzo a retorcerme, pero Emma pone sus muslos a los lados de mi cintura y me obliga a no moverme, puedo tumbarla con mis muslos, pero pone su brazo sin el cabestrillo en mis ojos.
Me está recordando que si me libro de su agarre la puedo lastimar. Sabe que no lo haré.
—¿Qué coño estás haciendo? — trato de ver a los hijos de puta que me están esposando, pero no les veo la cara.
Amarran mis pies a la silla también. Emma no deja de sonreír con mis maldiciones, por más que me empujo en la silla me tienen muy bien atado. Emma termina de esposar mis tobillos al retenedor de la silla.
—Pueden irse.
Si son de mis criados, están muertos. Se sube en mi regazo otra vez. Jalo mis brazos con fuerza y la esposas se clavan en mi carne. —Erick no te trajo aquí, fui yo, no vine para un intercambio, Bennett y yo hicimos un trato, sé que va a rescatar a Cora— confiesa y me quedo acojonado.
—El adicto me engaño.
—Yo se lo ordené— besa mi mejilla y me jalo de nuevo contra ella, pero se aparta riéndose, entierra sus dedos en mi cabello y me obliga a verla, está enojada —Te traje aquí para hacerte pagar por dejarme en Irlanda Alexander Roe.
—Quítame estas malditas esposas Emma— gruño.
—Estamos en la segunda terraza, todos los conservadores hicieron entrar a los clientes en el casino y el restaurante— se levanta soltando las tiras de su vestido.
Me atraganto cuando cae la primera capa, debajo del encaje queda sólo una tira de tela negra que cruza tapando sus por sus pezones, alrededor de su cintura y por encima de pelvis hasta terminar enrollada en una de sus piernas.
Jalo de nuevo las esposas para liberarme, pero me escuece la herida del hombro. Deja el resto del vestido en el suelo y se apoya en la pared como una diosa.
—¿Te gusta mi nueva joya? — pone su tacón en mi pene sin empujarlo, subo por toda su piel hasta una pieza de diamante que deslumbra en el espejo del techo, mis ojos se clavan en el lobo diseñado en diamantes alrededor de su pierna izquierda.
No es la joya lo que quiere que vea, es el tatuaje temporal que trae en la cara interna de sus muslos.
Ejendom af "The Wolf"Propiedad del lobo.—¿Te gusta cariño? — baja la voz a un tono más suave.
Mi verga da un tirón mientras me sonríe, soba con la punta mi erección con sus tacón y se sienta en mis piernas. Saca su anillo verde de mi bolsillo y se lo ponen el dedo anular antes de besar mi mejilla.
No puedo dejar de pensar en su tatuaje. Por el espejo del techo puedo ver su culo respingón, veo como se retuerce sobre mi verga, como botan sus tetas. Quiero besarla, pero se aparta sonriendo, baja a besar mi barbilla, mi mandíbula y mi cuello, pero nunca prueba mis labios.
—No juegues conmigo Emma— le advierto jalándome más fuerte.
Se aparta y pasa las puntas de sus dedos por mi parpado. —Puedes ver— lo besa y sin aviso me venda los ojos, la seda se arrastra hasta el nudo en mi cabeza, no le importa ponérmelo sobre el parche.
— ¿Quieres saber cuál va a ser tu castigo? — me alza la cabeza lamiendo mi cuello, lo besa, lame, muerde y gime en mi maldito oído succionando mi lóbulo.
Me duele la verga, cada vez se restriega más fuerte sobre mí. Deshace el botón de mi pantalón y mete su mano en mi bóxer sin quitarme la porquería de los ojos. Jala mi verga con su puño varias veces.
No puedo ver, ni moverme, sólo gimo alzando las caderas para encontrarme con los tirones de su mano. —Me voy a soltar de estás malditas esposas en cualquier momento— le advierto, el enojo me nubla la vista.
—Eso ya lo sé— me quita la chaqueta del traje de kray y la camisa, pasa sus dedos por las venas de mis bíceps, baja a lamerlos gustosa, siento su lengua en mi abdomen, en mis pectorales, en mi ombligo y...
—Mierda Emma— jalo mis brazos cuando mi verga toca el fondo de su garganta.
Escucho como se atraganta con mis bolas, me cosquillea la espalda y mi puto abdomen se contrae mientras raspa sus dientes en mi glande y lo muerde suavemente. Se vuelve a atragantar subiendo y bajando su boca, siento la parte rasposa de su paladar, todos mis gruñidos hacen eco en la sala, Emma aumenta el movimiento de su boca intercalando masajes a mis bolas.
Me quiere exprimir la verga.
No veo nada, todo se siente más intenso. Lame la base una y otra vez, su pulgar se dedica a hacer círculos sobre la punta, se me tensan las piernas y tenso mis glúteos. Para cuando estoy a punto de vaciarme en su garganta.
Me quita la venda de los ojos y tardo en aclarar mi vista, ya no me está tocando, está pegada a la pared con los dedos dentro de su coño mirando mi verga todavía erecta. Me queda un dolor de bolas, sólo me excitó.
Gime aumentando el ritmo de sus dedos. —Móntate en mi verga nena— le ordeno, pero no se mueve. —Emma— ya no oculto el enojo en mi voz, dejo los movimientos controlados y jalo las esposas con toda mi fuerza.
—Vas a romper las esposas— gime sin dejar de masturbarse.
—Y te voy a follar duro.
Cierra los ojos. —Lo sé, pero va a ser muy tarde porque en unos minutos cada persona del casino va a ver a tu esposa bailar desde esta terraza con este traje diminuto que no deja nada a la imaginación.
Casi se me salen los ojos y jalo los brazos contra el metal de la silla. —¡De ninguna puta manera Emma!
Deja de tocarse, se reacomoda el cabello y camina al ventanal abriendo una parte donde sólo se ve ella. La música de afuera ya no es Jazz es la misma mujer que cantaba en notas graves. Emma extiende los brazos y un reflector blanco se posa en la terraza, todos los malditos clientes que veo desde aquí giran la vista arriba.
—¡Emma! — jalo las esposas mientras le sonríe al público.
Las venas de mi cuello casi se revientan, el metal de la silla tintinea. Se oyen aplausos, Emma mueve la cintura de un lado a otro levantando gritos masculinos y silbidos. Cuando se gira deja sus glúteos casi a la vista de todos ellos.
Empujo mis hombros contra mis codos haciendo una palanca contra la cadena. Me llega el olor de mi propia sangre, maldito pateando otra vez. El primer eslabón de las esposas se rompe mientras Emma se mece de un lado a otro.
Cada aplauso y gritos animándola a seguir se quedan clavados en mis oídos. Mis músculos rompen las malditas esposas baratas y sin subirme la bragueta recojo mi metralleta y le disparo a cada maldito cerdo que se atrevió a ver a mi mujer. Abro por completo el ventanal y armo una masacre en todo el casino.
La gente corre a gritos, pero no me detengo hasta que todos los hombres queden muertos. Desde mi comunicador doy la orden y por el lado contrario de la terraza mis criados, junto a Caterva y Wren, también disparan.
Los empleados corren a auxiliar a los muertos por el tiroteo. Cierro el maldito ventanal y Emma se pega a la pared con los ojos muy abiertos y jadeando. —Mataste a todos los hombres del casino.
—Nadie mira lo que es mío— recargo la maldita metralleta y la hecho sobre mi hombro para que no haga otra tontería más.
En el piso de la recepción nos esperan mis criados, pasamos lejos de la sangre de las alfombras, apartan la mirada de mi mujer mientras la subo a mi Aston Martin, le coloco enojado el cinturón de seguridad.
Jadea con las pupilas dilatadas mientras se lo abrocho, paso muy cerca de su rostro sin tocarla.
—Nos vamos a Nevada por mis hijos, informen a Jin Jun— ordeno por el comunicador cuando me subo al asiento del piloto, me acomodo la verga para que no roce con la tela de mis pantalones.
Estoy enojado, pero con la masturbación de Emma sigo con un dolor en mis testículos.
—Lo seguimos de cerca mi señor.
Paramos en un semáforo cumpliendo la ley como si no acabara de matar a cientos de personas. Emma me mira con los ojos entornados, odio conocer sus expresiones, porque no puedo evitar mirarla. —No me mires, no tienes permitido ni siquiera hablar.
Frunce los labios y sus ojos se hacen más grandes. Aprieto la mandíbula maldiciendo en mi mente. Sabe perfectamente lo que me causan esos malditos ojos, no coy a ceder, sigo con los celos a tope, primero por su cena con el turco y después por su maldito baile en la terraza.
—¿Estás molesto?
Ruedo los ojos, no es posible que haga una pregunta tan absurda.
¿En qué mierda estaba pensando Bennett en obedecerla? Sé que fueron nuestros criados los que me esposaron en la silla, sólo necesito revisar las cámaras del Ocean Prime para azotar y torturar a los idiotas que se atrevieron a obedecer en esto a mi mujer.
Emma me busca la mirada de nuevo. — ¿Qué quieres?
Pasa sus dedos por mi mano en la palanca de cambios a mi pierna lentamente. Me tenso, no va a excitarme de nuevo en la carretera. —Es mi cumpleaños y quiero tostadas de crema batida— dice inocente.
—¿Crees que voy a cumplir tus caprichos después de esta noche?
Acelero y me niego a verla por el rabillo del ojo. Se cruza de brazos indignada, el enojado soy yo no ella.
—Con Alexander…— dice algo ilegible y espera que le pregunte o que le ordene que lo repita, como finjo estar concentrado en la carretera habla más fuerte —Quiero tostadas de crema batida de Alexander.
Mi maldita verga que no ha dejado de estar erecta desde que me la chupó se tensa otra vez. En cada luz del trafico no dejo de imaginármela comiendo esas malditas tostadas.
Yo mismo comiendo tostadas de Emma.Controlo mis impulsos y me aferro a mi enojo, Emma se rinde y con el viaje se duerme sobre su hombro. Llegamos a la cabaña donde están mis hijos, en la entrada veo a Jin Jun que sale a recibirnos.
No quiero despertar a Emma todavía, pero a va a querer ver a nuestros hijos. Desacelero en la entrada con el resto de mi camionetas y la saco en brazos, en esa posición se va a ocultar mi erección.
La cabaña es el doble de grande que nuestro chalet en Turquía, tiene dos plantas bajas que son separadas por un estrecho pasillo entre ambas partes de la cabaña. Los ruidos de la parte oeste de la cabaña no se oyen desde la parte sur.
Hago a Emma entrar a la parte oeste.
Caterva y Wren son los primeros en notar la apariencia de la cabaña. —Cumplí con todas las especificaciones señor Roe— la asiática se inclina cuando entramos.
Parece una estupidez tanto trabajo para Emma ni siquiera está despierta para verlo. Finjo que la remuevo mientras subimos los escalones del patio trasero y poco a poco se despierta pegándose a mi pecho.
—¿Ya llegamos? ¿Dónde estás nuestros hijos? — primero ve las luces del jardín y después… la otra cosa.
Su mirada se ilumina,
le gustó , su sonrisa se hace más grande cuando nuestra seguridad se queda fuera de la cabaña, sólo Jin Jun entra con nosotros, dejo mis armas en el sofá de la habitación principal de la parte oeste donde regresaremos en unos minutos…
Seguimos a la asiática por pasillo estrecho a la parte sur para llevarnos a la habitación de nuestros hijos. Yo conozco el camino, visité la cabaña antes de llegar a Las Vegas, pase unas horas con ellos antes de encontrar a Emma con Erick en el club.
Emma casi salta corriendo a ellos en cuanto los ve, no los levanta del porta bebé doble porque están dormidos, pero los llena de besos con un brillo en sus ojos.
Cada día mis hijos se parecen más físicamente a mí. Si tan sólo Emma supiera que los visité cada día a la misma hora en Birmingham.
Salgo un momento de la habitación y camino de regreso al área oeste, hay una cocina entre la habitación y la sala, camino abriendo los gabinetes, no reconozco ninguna de esas marcas baratas de indigentes, pero consigo el paquete de pan.
Enciendo el tostador y espero a que Emma regrese para que inicie nuestra noche.
Le toma veinte minutos volver, sigo de pie frente a la encimera de la cocina. Me subo la bragueta untando los restos en las tostadas. Trae un camisón lila hasta la mitad de sus muslos y el maquillaje retocado.
Sabe muy bien lo que hay afuera. —¿Dónde están todos nuestros sirvientes?
—Nadie va a entrar a este lado de la cabaña— digo con voz ronca.
Mira con codicia las tostadas sobre uno de los platos y después mira mi bragueta semi abierta, se relame los labios. —¿Por qué?
—Porque vas a darme una razón para no follarte toda la noche por cenar con ese hombre.
〘 〙Cora.Las horas se me hacen eternas.
No entiendo por qué me tratan como una criminal, soy una pintora, pero, aun así, estoy en una habitación lujosa de un hotel en Las Vegas y tengo a toda una unidad del MI6 con sus armas a la vista apuntando dentro de mi habitación.
No me tiene miedo a mí, se lo tienen a Emma. Le dieron reglas para el intercambio y aunque aparentemente las siguió Dimitry tiene miedo de una Roe. Me alegraría que alguno de sus asesinos entrara en este instante y armara una masacre con todos estos agentes que me han torturado día y noche para sacarme información de la mafia.
Soy la amenaza por la que se llevaron al hijo del Borah.
Mis manos están lastimadas, me someten a interrogatorios con golpes, no reconozco a los que me dejan inconsciente y cuando entran prefiero pensar que mi hermano no está presenciando lo que me hacen.
Ni siquiera toco mi plato, ya no quiero llorar, pero desde que me prohíben ver a Aaron siento como si arrancaran una parte de mi alma. No sé si lo trajeron a Las Vegas o se quedó resguardado en Londres por mi tía.
Estoy incomunicada desde que me atraparon en Irlanda, no reconozco a la mujer que veo en el espejo.
¿Es viernes o jueves? ¿Por qué los agentes del MI6 no le tiene respeto a la placa de mis padres muertos y me liberan?
Vi a mi hermano con Sarah, Dylan no hizo nada para que el ministro me retuviera, lo vi llevarse a mi bebé sin remordimientos.
¿Cómo llegamos a esto? Me arropaba cuando tenía miedo por las tormentas, dejaba que Emma y yo jugáramos a fiestas de té en el parque, que rompiéramos sus revistas de autos.
Mi hermano era el hombre que me protegía, nunca pensé que se convertiría en mi verdugo.
—Coraline debes alimentarte— la agente que me cuida ha tratado de sacarme adelante, no recuerdo su nombre, pero la conozco desde hace años —No vas a ablandar al ministro con una huelga de hambre. ¿Quieres morirte?
¿Quiero si morirme? Desde el primer día que me encerraron en el sótano del Parlamento. Con este viaje pude respirar aire fresco por primera vez en semanas, el Borah es un maldito hijo de perra.
— Desde hace tiempo.
—Esa no es la actitud de la hija de dos placas doradas.
—¡No es la actitud correcta! ¿Y cuál es? ¡Porque he intentado todo y nunca fue suficiente para nadie! ¡Me quedo callada y me obligan a hablar! ¡Dejo al hombre que amo y debo irme del país! ¡Obedezco a mi hermano y pierdo lo que quiero!
—Tranquilízate Cora.
La tomo por el uniforme, sus cejas se alzan, pero estoy a un paso de convertirme en asesina. —Coraline— la corrijo —¡Soy Coraline! No Cora, la estúpida hermana del General Gray a la que todo el maldito mundo le ordeno que hacer toda su vida. ¡Quiero ver a mi hijo! ¡Quiero ver a mi hijo!
—Sé que extrañas a Aaron, pero no te van a dejar verlo hasta que Emma intercambie a Volkan y si algo sale mal entonces tu hermano lo tendrá otro mes.
No me arrepiento de abofetearla no una, ni dos veces, quizá son cuatro o ya no son bofetadas porque siento mis puños en su cara y veo su sangre en mis nudillos, puede que incluso este por matarla porque corren los otros agentes del MI6 a alejarme de ella.
No veo con claridad, sólo un punto rojo que me vuelve violenta, ellos pueden quitarme todo lo que tengo en la vida, menos a mi hijo. —¡Por Dios Coraline! Nunca había sido tan violenta con nadie desde que te conocí, ni cuando la están torturando en el sótano— un hombre me tiene retenida de los hombros.
Hace bien porque si me libero no sólo mato a la agente que habló de quitarme a Aaron, sino a toda la unidad completa. — ¡Sácala de aquí!
—El ministro dijo que no saliera de su habitación.
—¡El ministro Aslan no está aquí! Su cena con Emma Roe le llevará bastantes horas, ya nos habrían informado, lleva encerrada desde que la secuestramos en Irlanda, el encierro en el sótano la tiene estresada.
—¿Estresada? — pateo al agente en el miembro, pero estoy débil por la falta de comida, hay días en lo que ni siquiera me dejan beber un sorbo de agua, pasamos frente al espejo y me veo más delgada que la última vez —¿Así llaman a las torturas que hace la justicia?
—¡Silencio Coraline!
—Está fuera de sí, voy a llevar a nuestra compañera a emergencias, tiene el ojo hinchado por los golpes.
—¿Qué hacemos con ella?
—Déjame pensar, mierda— se pasea de un lado a otro mientras su compañera no deja de llamarme
perra. —Enciérrenla en una habitación sin ventilación, sin agua y sin comida, estará ahí las horas que sean necesarias.
—¡Son unos cobardes hijos de puta! ¿Saben por qué no me llevan afuera? Porque le tienen miedo a Emma, hasta el maldito ministro, retienen a mi hijo en Londres porque es la única garantía para ver a Volkan otra vez.
—¡Enciérrala ya! Va a alterar a los demás huéspedes con sus gritos.
—¡No van a encerrarme de nuevo! ¡Quiero ver a mi hijo! — uno de los agentes me da un puñetazo en el estómago que me azota en el suelo, me quedo sin aire en mis pulmones y me arrastro tratando de recuperar el equilibrio.
Me arrastran por la alfombra y me meten dentro del baño oscuro. Llevo días o semanas en oscuridad, le tengo pánico, es un viejo trauma de niña que Dylan me ayudó a vencer, cuando me secuestraron les habló de él.
Lo están utilizando en mi contra. —¡No! — suplico cuando quitan la bombilla y me empujan en la tina sucia —¡No por favor! — trato de levantarme, pero cierran a puerta y quedo a oscuras.
No importa cuanto golpee la puerta o les suplique a gritos, nadie abre, no paro de pedir que alguno de ellos tenga una pizca de piedad por mí. No sé cuanto tiempo llevo gritando, pero la puerta se abre de golpe y un agente entra enojado. —¡Ya cállate perra! — me patea de nuevo y cierro los ojos para soportar el dolor.
Siento como si me fuera a desmayar, me quedo aferrada a la tina sin fuerzas para sollozar.
. . .
Despierto todavía en la oscuridad, no me gusta esta pesadilla, me da escalofríos el hombre que entra por la rendija de la ventilación. Viene vestido de negro hasta con el rostro cubierto.
No es una pesadilla, estoy despierta. Ese es el traje que utilizan los agentes del MI6 cuando vienen a interrogarme. Me hago un ovillo esperando por el primer golpe. Se pega a mí y aguanto el dolor que nunca llega.
Mi cuerpo entero tiembla cuando me alza la cara, pero tengo miedo de abrir los ojos. No me gusta verlos cuando me golpean, menos al ministro, es peor que todos. — Cora, abre los ojos, soy yo.
Sollozo negando con la cabeza. —No es cierto— aprieto mis parpados para bloquear la voz de Bennett.
—Mírame.
Lentamente abro mis pestañas y veo como se quita el cubre rostro negro. No hay luz, pero lleva mis manos por su rostro para que toque sus facciones, bajo mis dedos por su nuca buscando los rizos.
—Vine a sacarte de aquí.
Enciende la pequeña luz de su celular tapando la mitad con su dedo para que el reflejo no dé a la habitación.
Es él.Me pego a su cuerpo sollozando más fuerte en su hombro, sus manos palpan todo mi cuerpo, sintiendo cada golpe, su mirada se pone enojada al ver mi labio partido y los moretones en mi rodilla.
—¿Quién te hizo esto?
—No vamos a poder salir, el MI6 está en todo el hotel, el Borah le mintió a Emma, vienen con seis unidades de agentes más sus mayordomos.
Ignora lo que dije y alza mi brazo con dos moretones. — ¿Quién te hizo eso? — ese tono de voz jamás lo había escuchado, me da un escalofrío por todo el cuerpo.
—El MI6 y el Borah.
Se levanta bruscamente enojado sacando una metralleta de su espalda, cambia el cargador y la carga empujando el seguro del baño, sólo lo golpea una vez para que la madera se reviente, patea la puerta con su bota sin ponerse el cubre rostro y escucho los primeros disparos tapándome los oídos.
—¡¿Quién fue el primero que se atrevió a tocarla hijos de puta?!
Me arrastro hasta la puerta rota y veo como mata de dos en dos a la unidad completa, a todos les da directo en la cabeza, nunca había visto a Bennett matar, jamás lo había visto actuar con tanta violencia como un Roe.
—¡Unidad dos! ¡Tenemos una emergencia en la habitación de Coraline Gray! — el hombre que me encerró habla por su radio por refuerzos.
—¡Tenemos un infiltrado en la habitación que suba de inmediato la seguridad privada del ministro Aslan! — otra mujer pide más refuerzos desde la terraza.
Bennett no deja de matarlos, tiene una precisión a larga distancia, rompe el cristal de la terraza y mata a los francotiradores que apuntaban al centro de mi habitación, el olor a plomo es muy fuerte y a sangre también.
La maldita unidad dos debió subir por el ascensor porque no tarda en llegar. No deja de recargar su metralleta, he visto a Alexander asesinar, pero de una forma enfermiza casi disfrutándolo, pero su hermano es distinto.
La realidad me golpea.
Bennett en realidad es un francotirador.
Un agente corre por la pequeña sala de estar contra él, tiene que recargar la metralleta, pero de su bota saca un daga y se la clava en el cuello dos veces.
¿Todos los Roes tienen una daga?—¡Por el lado de afuera! ¡Maten a cada maldito agente! — toca un botón en su oído y le ordena a alguien que no veo.
Bennett está muy enojado.
Me siento muy aturdida, no reconozco a los hombres que entran, pero si les reconozco la ropa de kray y el tatuaje en sus brazos. Es la organización del lobo. Recarga la metralleta y nos cubrimos de nuevo en el baño y me coloca con cuidado mis deportivas.
Sus movimientos son más suaves que como lo vi matando. — ¿Puedes caminar?
Asiento. — Podemos correr todo lo que quieras, pero no vamos a salir del hotel, tiene a su mafia aquí, no confiaba en Emma, sabía que la organización del lobo no la dejaría venir desprotegida.
—Vamos— me ayuda a levantarme.
¿No escuchó lo que le dije? —Nos van a matar.
—Sobre mi cadáver te vuelven a lastimar, voy a joder a cada maldito hijo de perra que te torturó— me toma de la mano y me hace caminar junto a él.
Salimos de la habitación, pero no estamos a salvo, cada ciertos pasos tenemos que agacharnos por los disparos, me abruman las luces de los casinos después de estar tanto tiempo encerrada.
Siempre me coloca detrás de él, no me pasa desapercibida su mirada en mis cosquillas delgadas. —¿Te prohibían la comida?
Asiento y lo veo apretar la mandíbula, cuando ve que me cuesta caminar aminora el paso y le informa a los de la organización que nos cubran porque iremos lento. Se quita su chaqueta y me la pone sobre los hombros. — Vamos a cruzar por el casino, si los mayordomos del Borah nos interceptan comenzamos el tiroteo.
—¿Vamos a mezclarnos entre la gente?
—El casino de este hotel es uno de los más grandes de la ciudad, no te apartes mí— saca su celular y me lo coloca en el bolsillo de la chaqueta —Si por alguna razón nos perdemos, yo te encuentro.
La música está muy alta, hay mujeres y hombres apostando, bebiendo y bailando, me siento mareada por el olor a cigarro y a hierba. Bennett no me suelta la mano. Miro a mi espalda, pero ya no puedo ver a los miembros de la organización.
Hay un hombre del lado contrario del balcón que no aparta la vista de nosotros.
Es el casino más grande que he visto, peor que los pocos que visitamos en el Caribe. Tienen varios pisos, no sé si estamos cerca del lobby o en la segunda planta. —Vamos a detenernos un poco, acercaran las camionetas a la entrada para evitar a la seguridad del hotel— nos detenemos en un balcón.
Tomo su brazo respirando hondo, me pego a su oído para que me escuche sobre la música y el ruido de las máquinas. —No puedo irme, se llevaron a Aaron.
—Los voy a matar a todos— dice con voz grave mirando con odio a la gente —Sé dónde está, tengo vigiladas las cámaras del Parlamento y todos los dispositivos electrónicos del Borah, en Turquía copié todos sus archivos a mis ordenadores, sé dónde está nuestro hijo.
Asiento un poco más aliviada, noto al hombre del balcón otra vez, pero esta vez hay dos con el mismo uniforme. —Ese hombre nos está vigilando, tiene chaqueta gris y una copa de martini.
Bennett se rasca la nuca y con precaución mira a la dirección que le señalo sin llamar la atención. —Estoy seguro que son parte de la seguridad del hotel.
—¿Saben del tiroteo de los agentes del MI6?
—No, desactivé las cámaras que dan a tu habitación, pero nos vieron entrar armados al casino por las cámaras del lobby.
Me remuevo nerviosa, con el corazón acelerado. —¿Qué hacemos?
—Actúa con normalidad, mucha gente viene armada a Las Vegas, sólo fingiremos que no somos de la mafia— me sonrie tomando una copa de una mesa, me entrega una Bloody Mary —Van a seguirnos hasta que salgamos de esta zona.
El alcohol quema mi garganta, pero calma mi sed. —No te ves nervioso.
Se ríe, el bulto de su garganta se mueve y me gusta que se vea más atractivo. —Estoy vigilando a dos mayordomos del Borah que vienen detrás de nosotros por la máquina del pasillo de abajo y estoy pensando en la mejor forma de matarlos o nos tendrán rodeados.
Se me revuelve el estomago cuando miro a los turcos por las escaleras.
—Tenemos que deshacernos de la seguridad del hotel y salir por ese pasillo.
Los de seguridad no se irán fácilmente, estamos actuando muy sospechoso, incluso si Bennett se ríe y bebe de su copa sus movimientos están tensos, no deja de mirar a los turcos.
Me quito la chaqueta, no estoy deslumbrante con un vestido de noche, pero el que traigo es más que suficiente, es una pieza que se pega a mis curvas, pero las deportivas arruinan que se vea caliente y con los golpes es lo último que quiero.
Tomo a Bennett del brazo y lo jalo lejos de la mesa para que bailemos con la música, es un ritmo sensual de Isabel Larosa, me duele mover las piernas, pero actúo mejor que él. Pego nuestras caderas.
—¿Qué haces? — pone sus manos en mi cintura.
—Creando una distracción, nadie viene al bar solo por un par de tragos, la seguridad no va a creernos.
Asiente sin apartar sus ojos de los míos, mueve su cadera muy lento mientras enredo mis manos en su cuello, me tenso, pero no por el dolor, extrañaba el olor a su colonia masculina.
No me doy cuenta que estoy aspirando sobre su cuello como una loca hasta que siento sus manos apretarse en mi cintura y cómo traga grueso. Sube mi barbilla a la suya y pega nuestras frentes, me relamo los labios mirando su labio inferior, todavía recuerdo lo placentero que es morderlo, chuparlo…
Casi me gana la tentación de besarlo.
¿Qué estoy haciendo? Me despego de su cuerpo y me aferro a la barandilla.
Piensa con claridad Cora. Lo siento venir a mi espalda y se me escapa un jadeo cuando se pega a mí.
Aparta mi cabello con su nariz y raspa su nariz por mi cuello mientras mueve nuestras caderas juntas, cierro los ojos perdida en la música y su manos, por un instante me olvido de todo y me dejo llevar por las luces y el alcohol.
Bennett se remueve detrás de mí acariciando mi vientre suavemente con las yemas de sus dedos sobre la tela de mi vestido.
Hecho mis caderas hacia atrás.
Gime en mi oído cuando su miembro queda entre mis glúteos, con sus manos me detiene pensando que fue un mal movimiento del baile y no intencional, pero no puedo evitar mover mi cintura en círculos demostrándole que lo hice consciente.
—Cora yo no…— me froto contra él jadeando y gruñe muy alto.
No hay una sola voz coherente en mi cabeza, ni una alarma, sólo siento que la humedad en mi entrepierna no me deja restregarme contra el pene de Bennett y no quiero parar porque tampoco me está deteniendo.
—Estás muy duro— jadeo y hace un sonido ahogado en su garganta. —¿Puedo ponerlo en mi boca?
—Gatita— me empuja contra el barandal y esta vez es él el que me clava su erección.
No puedo más, me giro con mi mano alrededor de su cuello y pego su boca a la mía, ambos gemimos cuando nuestros labios se tocan, ha pasado muchos meses, no me importa respirar, en cuanto su boca se abre meto mi lengua para buscar la suya.
Sus manos bajan a mis glúteos y los aprietan con tanta fuerza que me duelen, bajo mi mano entre nuestros cuerpos y sobo su pene con el dorso de mi mano, Bennett gruñe y pega su cadera a mi mano, el beso se vuelve más agresivo.
Me sube a una de las mesas junto a nuestras bebidas sin importarle que hay personas bailando a nuestro alrededor, abro las piernas y lo pego más a mí. Sus manos suben por mis piernas con ansias.
—Bennett — alguien habla a nuestra espalda o eso me parece, porque ni él ni yo nos separamos.
Chupo su labio en mi boca y lo muerdo suavemente como más le gusta.
—¡Bennett! — se aparta con las pupilas dilatadas y mi labial por toda su boca.
Me quejo jadeando con las manos sobre su cuello mientras un conservador ruso se acerca a nosotros. Nos mira con una ceja arqueada, no es el único que nos está mirando, la mayoría de personas tienen la boca abierta.
Siento que me queman las mejillas. Acabamos de montar un verdadero espectáculo.
—No quería interrumpirte, pero la camioneta ya está lista, debemos irnos.
¡Feliz aniversario de "Tentación" sexys!¡Tendremos "Tentación tomo II" en físico este Mayo! ¡Griten conmigo!¡Los amo tres millones!-Karla.