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CAPÍTULO 15

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CAPÍTULO 15

Emma.

Releo dos veces el mensaje de texto de Bennett, Cora y él acaban de salir del hotel y vienen de camino a la cabaña, pero les tomará tres horas llegar por la carretera principal, el peso que sentí en mis hombros durante las últimas semanas finalmente desaparece.

Mi amiga está a salvo, sería capaz de ir a esa cena con el Borah las veces necesarias para rescatarla.

Y también le confiaría una y otra vez la vida de Cora y Aaron a Bennett sin dudarlo, desde última rehabilitación sé que es el mismo hombre que conocí en Hilton & Roe. Dicen que había mayordomos del Borah vigilando el lugar, pero salieron sin ser vistos.

Lo que no entiendo es la última línea. «Cora y yo tuvimos que hacer lo necesario para distraerlos, tus sirvientes ya te lo explicarán mañana»

Jin Jun se queda cuidando de mis bebés, duermen como ángeles sobre la cama y Niles está sobre los cojines, ya encontraron a su cuidador, jamás me imaginé que una bestia pudiera cuidar de ellos.

—Volveré en un par de horas, mantén el comunicador encendido, estaré supervisando las cámaras.

—Sus hijos están muy bien cuidados señora Roe, sería incapaz de desobedecer sus órdenes y las del lobo.

No conozco mucho a la asiática, pero al igual que Octavian me inspira confianza, espero que no me decepcione. Camino de regreso a la parte oeste de la cabaña, me siento como una niña pequeña cuando espío al patio trasero por los ventanales, están llenos de rosas rojas con luces en el centro.

Son cientos de ellas tanto que Alexander tuvo que caminar entre los pétalos cuando me trajo, pero hay una caja que está en el centro de las rosas y me siento ansiosa por poder abrirla, es enorme y está a mi nombre. ¿Y si hecho un vistazo?

Tengo nervios de jugar a la espía y encontrar algo que no debo, no vi lo que Alexander le entregó al Borah en ese maletín, pero si vi cómo palideció y me dieron escalofríos sus gritos horrorizados.

¿Dónde está Volkan? ¿Alexander no…? Sacudo la cabeza, estoy sobre pensando otra vez, Bennet sería incapaz de permitir que dañaran al hijo del ministro.

Espío por todos lados y como no encuentro a nadie vigilándome abro la puerta que da al patio de la piscina y salgo corriendo descalza hacia la caja. Alexander no me dijo que podía abrirla, pero es mi cumpleaños.

Fingiré sorpresa cuando me la entregue más tarde, si no lo hago las ansias no me dejarán dormir.

Puede ser cualquier cosa y no me importa el valor, el mejor regalo lo recibí fue anoche en el baño del hotel cuando descubrí que Alexander poder ver con uno de sus ojos. La impotencia que sentí en Dinamarca cuando le inyectaron anfetamina y quedó ciego me provoca todavía pesadillas.

Sé que la vista de su ojo no es completa y no sé a qué grado desaparece en algunos momentos.

Me escondo detrás de un camastro cuando veo a Caterva correr al estacionamiento y sigo en cuclillas hasta la caja, mi brazo se siente muy débil. La luz de la cocina está encendida, aunque las ventanas están polarizadas por fuera, se ve la silueta de Alexander en nuestra parte de la cabaña.

¡Un metro más! ¡Corre Emma! Golpeo una rama seca y Alexander asoma la cabeza cuando se cae a la piscina salpicando agua por todo el jardín. Me quedo escondida entre los camastros. Espía Emma Brown en acción.

— ¿Caterva? — sale sin miedo a revisar todo el patio y se me acelera el corazón del miedo a que me descubra.

Pasa a centímetros de mi escondite y dejo de respirar mientras enciende la luz de la piscina, pero no voltea.

Termina de revisar y cuando cierra la puerta vuelvo a respirar con normalidad, estuvo cerca, salto hasta la caja y la abro encontrando una hoja de papel. —¿Este es mi regalo? — me siento con decepción sobre los pétalos buscando un poco de luz para leerlo.

Little Pipe Cay. Leo con el ceño fruncido y bajo entre las cláusulas hasta que veo la firma de Alexander al final, mi nombre está entre los últimos párrafos. — Little Pipe Cay Isla privada en las Bahamas— me levanto con la mano sobre la boca —¡Propiedad de Emma Roe!

¡Alexander me compró una Isla en el Caribe!

¡Una isla en el Caribe para mí!

—¡Una isla! — grito y la Alexander saca la cabeza por la puerta.

Me azoto en el piso cubriéndome la boca con ambas manos y me parece escuchar una pequeña risa, pero por el latido de mi corazón no puedo confirmar que sea él. Cuando cierra me levanto y doy varios saltos sobre el césped gritando en silencio.

Por error golpeo la caja de regalo, se cae sobre los pétalos y un libro sale volando a mis pies, me agacho a recogerlo, es una edición nueva de pasta dura, pero reconozco la portada roja.

Este libro…

Es mi libro de literatura erótica, que jamás volví a ver desde que comencé a trabajar en Hilton & Roe. Miro hacia la cocina donde todavía puedo ver su silueta moviéndose, abro la primera página y tiene una nota escrita a mano, reconozco su perfecta letra.

—Ya no necesitas leer fantasías, yo puedo cumplirlas todas cada vez que lo desees, nena.

Alexander D. Roe.

Me muerdo el labio inferior ocultando mi sonrisa, escondo mis regalos en la caja otra vez y me escabullo dentro de la cabaña para tomarle la palabra. Veo a Caterva entrando al estacionamiento y por la ventana veo una de nuestras camionetas irse.

Si algo malo sucedió con Cora y Bennett ya me lo habrían informado. ¿O no? Entro a nuestra habitación y veo mi maleta abierta y la ropa botada por toda la cama.

—¿Quién entró aquí? — solo es con mi ropa, la de Alexander está perfectamente acomodada en el armario pequeño.

Saco la prenda de diseñador que compré en Londres especialmente para esta noche en La Vegas, es un camisón de seda color lila con corsé integrado que tiene acceso erótico a través de tiras por debajo de mis glúteos.

Me ato cada tira hasta que marca mi silueta y busco alguna de las tangas que van a juego, pero, no hay ni siquiera un solo para mí, eso es lo que buscaban en mi equipaje … todas mis bragas.

Nadie más tiene acceso a esta parte de la cabaña, puedo caminar con este conjunto diminuto por todo el pasillo. ¿Dónde está Alexander?

Unos quejidos en la cocina me llaman la atención, voy caminando muy cautelosamente casi sin respirar, encuentro el rastro de mis bragas sobre la encimera de forma desordenada como una escena del crimen, lo primero que veo es el tostador encendido junto a una lata de crema batida y lo segundo que veo me deja sin respiración.

Alexander está sentado en uno de los taburetes de la encimera sin camisa y con la bragueta abierta, su puño lo tiene alrededor de su pene, se está masturbando con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados.

En su otra mano tiene una de mis bragas de encaje y las huele gruñendo con ansias cada vez que se jala el mimbro. — Mierda Emma— gime con voz grave aumentando el ritmo de su mano y masajeando la piel de su glande —Qué maldita delicia, nena— aspira con más fuerza.

Me quedo observándolo desde la oscuridad con las mejillas ardiendo, mi marido se está autocomplaciendo con mi ropa interior, los gemidos masculinos y las perversidades que gruñe me hacen apretar las piernas muy fuerte.

Quiero ir a ayudarlo, pero es muy placentero verlo masturbarse. Trago grueso y cruzo las piernas sin perderme un segundo de la imagen que tengo delante. Las venas de su cuello sobre salen cada vez que aumenta la velocidad y los quejidos se vuelven más perversos.

Murmura como quiere abrirme las piernas y enterrar la cara en mi sexo, cómo lo quiere chupar… como quiere ponerme entre sus piernas y atragantarme con su miembro…

No puedo más, deslizo mis manos por debajo de mi camisón y las meto en mis bragas para aliviar el ardor de mi sexo, me muerdo los labios para que Alexander no escuche mis gemidos y hago círculos por toda mi humedad.

Además de las perversiones que dice, también murmura lo perfecta que soy, me quedo inmóvil cuando habla de mi cuerpo, de mi voz, de mis ojos. El sentimiento me abruma demasiado, Alexander está haciendo la combinación perfecta entre lo sexual con lo romántico.

—Emma— gruñe dos veces y sus movimientos se hacen descontrolados.

Saca el pan del tostador sin disminuir el ritmo de su mano, gruñe bajo y largo derramando la mitad de su esencia sobre las tostadas y la otra mitad sobre mis bragas, se aferra a la encimera apretando sus puños mientras su orgasmo aminora.

Las venas de su cuello saltan mientras disminuye la velocidad de su mano y cuando respira hondo se guarda el miembro y se sube la bragueta como si el espectáculo ya hubiera terminado.

Dejo de tocarme y me abanico con las manos antes de entrar, maldición, fue la mejor fantasía que he visto en mi vida, necesito urgentemente un vaso de agua helada derramada sobre mi camisón de inmediato, mis rodillas se sienten muy débiles y mis malditas bragas ya están empapadas.

Entro a la cocina mientras unta la esencia sobre las tostadas como si hace unos minutos no estuviera gimiendo mi nombre —Te estaba buscando —mi voz suena ronca y Alexander sonríe de lado como si supiera que estuve viendo el espectáculo. — ¿Dónde están todos nuestros sirvientes? Si querías un bocadillo Octavian pudo prepararlo.

—Nadie va a entrar a este lado de la cabaña, lo tienen prohibido.

No puedo apartar mis ojos de las tostadas, sigue untándolas, lo está haciendo a propósito, ni siquiera se muestra culpable por tener mis bragas sobre la encimera, levanto un par y me mira con una ceja arqueada retándome a preguntarle qué hacía hace unos minutos.

No tengo que hacerlo, lo vi en primera fila, me relamo los labios. —¿Por qué tienen prohibido entrar?

Desliza el plato de tostadas hacia mí y después camina lentamente hasta mi lado de la encimera, recorre con la vista el camisón y me alza como si no pesara nada, hasta que mis glúteos tocan el mármol frío.

— Porque vas a darme una razón para no follarte toda la noche por cenar con el turco.

Lo miro con los ojos entornados fingiendo inocencia, no hay respuestas correctas, sigue enojado por lo que sucedió en el casino. — ¿Cuántas oportunidades tengo para responderte?

—Dos y te recuerdo que soy un hombre muy exigente, así que piensa muy bien en tus respuestas.

—Son muy pocas, dame cinco oportunidades

—Dos.

Me cruzo de brazos, enojada y trato de negociar con él. — Tres.

—Una.

—¡Dijiste dos!

—Cambie de opinión, te escucho.

Acerco el plato de las tostadas y sin apartar la mirada de la suya me llevo una a la boca, el pan cruje entre mis dientes y lamo con mi lengua el líquido espeso que gotea, gimo del gusto.

—Están deliciosas, este es mi nuevo sabor favorito, tostadas de Alexander — entrecierra el ojo y fija su vista en mi boca cuando le doy otro mordisco —Combinaste mis dos alimentos preferidos, ya entiendo tu obsesión.

—¿Qué obsesión?

—La que tienes por desayunar mis senos— miro su boca y respira hondo pegándose involuntariamente a mi cuerpo —. Creo después de la primera probada, me volví adicta a las tostadas de Alexander ¿Puedes dármelo de desayuno todas las mañanas?

—Sigo esperando tu respuesta— sigue serio, pero su voz ya se puso ronca y veo como baja su mano a reacomodarse el miembro cuidando que ninguna parte de mi cuerpo lo toque.

—¿Seguimos con eso? — me chupo los dedos tomándome mi tiempo para no desperdiciar nada de mi tostada y me acerco la segunda —Quería rescatar el Raptor y el cargamento que el Borah tomo en la aduana inglesa.

—Respuesta inválida y acabas de añadir un castigo para los sirvientes que te aconsejaron, ya estaba establecido un plan para el Raptor.

—Nadie me lo informó.

—Eso añade latigazos extra para los criados que me ataron en el casino.

— No sabes quienes son, estabas vendado de ojos.

—Voy a revisar las cámaras de seguridad.

—Tengo otra razón— levanto las manos en forma de tregua, pero me lo pone difícil cuando se cruza de brazos y tengo sus musculosos y tatuados brazos a la altura de mi boca, basta un pequeño rote de mi cabeza y podría darle una mordida a ese manjar.

Concéntrate Emma.

— Teníamos un plan perfecto, hablé con Bennett cuando me informaron de la desaparición de Cora, Erick y yo volamos a Las Vegas porque quería negociar su resca…

—Respuesta inválida— ni siquiera me deja terminar.

Dejo mi tostada después de lamer la cremosidad que dejó. —Se me acabaron las razones, supongo que tendrás que follarme— paseo mis dedos por su pecho desnudo y por cada músculo de su abdomen.

—Eso te gustaría ¿no? — me arrebata la tostada y pega su boca a mi oído —Te gustaría que te suba el camisón y te abra las piernas y empiece a masajearte el coño húmedo, tus bragas deben estar empapadas después de verme masturbarme.

¿Qué? — Yo no vi nada, aunque habría gastado toda mi fortuna por verte. ¿Alguna vez bailarás para mí como lo hice para ti en el club?

Se ríe ronco, sabe que miento, ni con poca vista se le puede mentir. —Vi cómo me espiabas mientras me la jalaba con tu tanga, vi cómo cruzaste las piernas antes de tocarte con la imagen de tu marido dándose placer.

Me queman las mejillas, pero me detiene de la barbilla para que no deje de verlo, el parche le da un toque más oscuro, como si me exigiera la verdad. —¡Eso es mentira! Sólo hablas de las fantasías que tienes conmigo.

—Eres tan mentirosa Emma, cuando hablas con la prensa puedes inventar cualquier cosa, pero ¿Sabías que sólo te sonrojas cada vez que me mientes a mí? — ladea la cabeza.

Imposible, soy una buena publicista, tengo una especialidad en construir buenas mentiras.

—Y ni aun así pudiste descubrir que te traje a Las Vegas con toda la intención— toco su orgullo y su sonrisa se desvanece.

—Tienes algunos momentos de suerte, pero lo que dije es cierto, te vi espiarme y por más que lo niegues, lo podemos comprobar.

—¿Cómo? ¿Tienes cámaras de vigilancia también aquí?

Ruego porque diga que no, o voy a fingir demencia incluso si pone un video mío de hace unos minutos.

—Hay un método más rápido, te voy a tocar y comprobarlo yo mismo, pero no te excites, no te voy a follar, ni hoy, ni en una buena temporada.

—¿Por qué?

—Para que aprendas tu lección, no te van a quedar ganas de atarme otra vez, ni de bailar frente a millones de mugrientos, ya viste la masacre que armé en el casino, pero eso no te asustó, parece que te encantó.

—¿A ti te encantó mi tatuaje?

Cierra los ojos y se pasa la mano por ellos, respirando hondo, sé que tiene la imagen mental de mi entrepierna. Aprovecho su momento de debilidad para chupar su cuello, una de las cosas que más amo, es que después de tanto tiempo siga llevando ese collar barato que le compré en nueva York.

Lo giro en mis dedos y veo la inscripción “siempre” . Este collar es tan significativo como mi anillo Roe.

Y lo son por la misma razón.

Esa es la forma por la que lo encontré, sé que de todas las joyas de lujo que usa regularmente, mi collar nunca se lo quitará. —Voy a probarte que mientes y estuviste como una pervertida espiándome desde el pasillo mientras te preparaba la cena.

—¡No vas a comprobar nada! — pego nuestros rostros y trato de escaparme.

Me bajo de un salto de la encimera y me echó a correr por la cocina riéndome, pero le toma pocos segundos alcanzarme y alzarme sobre su hombro hasta regresarme al mismo lugar, en un movimiento rápido me desliza su mano debajo de mi camisón y la mete entre mis piernas encontrando la humedad de antes.

Su toque corta mis risas y gimo con las caricias de sus dedos sin importarme que confirme que lo estuve espiando. Me agarro a sus hombros, entierro mi mano en su cabello y gimo más fuerte en su oído.

—Estás muy empapada Emma — mueve mis bragas a un lado y me penetra con dos dedos, me agarro a su cuello y muevo mis caderas en círculos buscando su mano —Tan húmeda, nena— gruñe y entierra la cabeza en mi cuello.

El ritmo de sus dedos me descontrola, pero los saca antes que pueda seguir disfrutándolo, sube su mano por mi pierna desnuda hasta mi cadera y lentamente a mis senos, lo masajea con ansias buscando el punto débil de mi cuello —Tienes los pezones duros, te excita verme gemir tu nombre.

—Sí— confirmo con ansias de que me siga tocando, pero me levanta de la encimera y me pone en el suelo.

—Es noche, vamos a dormir.

Me trago el grito de frustración que quiero soltar, tengo que ser inteligente y tengo dos opciones, enojarme y demostrarle que su castigo está funcionando o dejar salir a la pequeña seductora.

—¿Por qué? ¿Esa maldita pelirroja rusa te estropeó? — no puedo evitar que los celos me invadan, nadie toca a mi hombre.

Nadie.

—La próxima vez que ataques a un pelirrojo por celos asegúrate que no sea Caterva.

La vergüenza me recorre la cara completa. ¿Era Caterva? Estaba segura que era Dina, pero los tragos que me dieron por órdenes del Borah me tenían aturdida. No puede ser, le arranqué parte de su cabello, eso lo recuerdo.

Caterva apareció al día siguiente con un corte nuevo.

—Estás mintiendo para torturarme.

—¿Querías dejarlo calvo?

No, no, no ¿Cómo voy a mirar a la cara a mi guardaespaldas después de esto? —Me voy a dormir.

—Yo también me voy a dormir, no me apetece follar esta noche— se gira tan rápido que su cuello puede torcerse.

—Yo soy el que está diciendo que no, tú estás preparada para montarme en cualquier momento como en el casino.

—No estés tan seguro, esa cena me dejó agotada— me apoyo en la encimera jugando con mi cabello —Hoy no tengo ganas de probarte, me duele la cabeza.

Se ríe sin perder su expresión de enojo. —Sé lo que estás haciendo y no va a funcionar tu juego mental nena, no metas tus dotes de publicista, vamos a dormir en lugares separados hasta que regresemos a Londres, elige la habitación que quieras, yo duermo en el sofá de todas formas— se va por el pasillo.

—¿No sería mejor dormir en habitaciones separadas? Es ridículo que duermas en un sofá ¿Por qué tienes que dormir en el mismo lugar que yo? ¿Tanto me extrañaste en Londres?

—Si quieres habitaciones separadas entonces las tendremos, sólo te estaba facilitando las cosas para que no te pongas toda sentimental por mi ausencia.

No caigas en su juego Emma. —No importa si me llevas a dormir, a mitad del anoche vas a escabullirte a mi habitación, no puedes vivir sin mi contacto.

—¿Quieres apostar? Estoy enojado Emma, a un nivel que te debería asustar, estás son las reglas— se planta frente a mí hasta que nuestras narices se rozan —Tú en tu habitación y yo en la mía hasta que aprendas tu lección.

—Tenemos experiencia con romper las normas a las pocas horas de establecerlas— me acaricio la barbilla y le planto un beso casto en la barbilla.

Se ríe de nuevo. —No puedes atar al líder de la organización del lobo y bailar frente a unos malditos cerdos en lencería y recibir un premio, eso no va a suceder ni en tus fantasías, enojaste a tu marido y te va a costar semanas incluso meses volver a poner mi miembro dentro de ti.

—Te estás comportando como un maldito, todavía es mi cumpleaños.

Mira su Rolex —Es casi media noche, el efecto de la tregua se termina en unos minutos.

Aprieto los puños, se está burlando de mí ¿Quieres jugar Alexander? Le doy otro beso en la comisura de su boca y asiento. —Tienes razón— sus cejas se alzan con sorpresa — Debo aprender mi lección.

—Buenas noches— se va por el pasillo.

Dejo que avance unos metros antes de hablar en voz alta para que no quepa duda que me escuche.

— Utilizaré mi vibrador para complacerme, pero después de mi cena en el casino, dudo que seas el hombre que tenga en mente cuando me corra— suelto la bomba.

Siento que se me desboca el pulso cuando escucho las pisadas de sus botas regresar a la cocina. El enojo en su rostro está a otro nivel, tengo la vena Roe saltando en su frente por la fuerza con la que aprieta la mandíbula.

No es momento para acobardarme. Sé que lo dejé con una erección en el casino y que le dolió hasta que se tuvo que masturbar con mis bragas, puede que incluso haya cruzado la línea con mi comentario, pero no puede dejarme con las ganas.

— El pasillo tiene eco, repite lo que dijiste.

Me encojo de hombros. Es como si apretar el gatillo de un arma y me cosquillea el vientre cuando avanza lentamente haciéndome retroceder a la puerta polarizada. — No creo que soportes escucharlo otra vez, cariño.

Sonrío con anticipación mientras me gira de cara contra el cristal polarizado y rápidamente busca los nudos de las tiras del corsé. —¿De quién eres mujer?

Felices veintiséis para mí.

Coloca uno de sus brazos alrededor de mi cintura para amortiguar el peso de mi cuerpo. —Dame el brazo herido, vas a lastimarte— lo pone a nuestro lado con cuidado y con su ayuda pego mis manos y senos sobre el cristal mientras siento como alza la tela sobre mis caderas.

La prenda queda arremolinada sobre mi cintura quedo con las tetas desnudas, el contraste de temperatura fría del cristal contra mi piel me hace temblar.

Me sorprende la delicadeza con la que Alexander trata el brazo dónde debería estar utilizando el cabestrillo y la rudeza con la que me separa las piernas con sus hombros cuando se inclina detrás de mí. El vidrio se empaña con mi respiración pesada, siento su aliento en mi cadera y después en uno de mis glúteos.

Finalmente pega su boca a mi sexo haciéndome gritar y si no fuera por su brazo alrededor de mi vientre ya me habría golpeado contra el cristal, lame mis glúteos mordiendo la montura y mueve su lengua de regreso a mi clítoris.

Con su mano libre separa mis nalgas, me retuerzo perdida en las lamidas de su lengua que van de un lado a otro, estoy agradecida que no esté prohibido el acceso a esta aérea de la cabaña porque mis gemidos son tan ruidosos que apenas se escuchan los sonidos húmedos mientras lo chupa.

El sudor me resbala por la espalda, mi cara tiene empañado el cristal, Alexander se mantiene de rodillas entre mis piernas, no se cansa, come como desesperado, lame como si su vida dependiera de provocarme un orgasmo.

Como puedo muevo mi mano sana hacía atrás hasta encontrar su cabeza, entierro mis dedos en su cabello y lo retengo en el lugar que más placer me da, siento el roce del parche entre mis glúteos. Su lengua no se detiene, de vez en cuando suma sus dientes a mi piel sensible succionando mi clítoris y ya no siento las piernas.

—Alexander… Alexander… Alexander— jalo su cabello haciéndolo gruñir mientras mi cuerpo se contrae cuando el orgasmo me toma desprevenida.

Escucho como traga mis fluidos con ansias, baja un poco los dedos que tiene en mi vientre y llega a mi clítoris para masajearlo y sacar más fluidos —Derrámate más en mi boca Emma— sus gruñidos son tan obscenos.

Mi cuerpo sigue su orden y me derramo otra vez con los ojos volteados, suelto mi cuerpo y su agarre en mi vientre se encarga de cargar todo mi peso, porque yo ya no puedo ni hablar, todo lo que hago es gemir su nombre, sin soltar la cabeza de Alexander.

No parece tener intención de dejar de comer mi coño, sigue lamiendo hasta que vuelve calentarme y poco a poco se levanta lamiendo la piel de mi espalda, mi cuello y mi nuca. Nuestras respiraciones se juntan sobre el vidrio.

Me gira lentamente y me agarro a su cuello para no caerme, me carga en sus brazos y pasa sus dedos por la cara interna de mi muslo, ve el tatuaje otra vez y pega de forma descarada su erección sobre él.

—Voy a hacerte ese tatuaje permanentemente— pega su boca la mía, pruebo mi propio saber con la cabeza dándome vueltas, el beso es duro, me hormiguean los labios cuando me deja tomar miseras bocanadas de aire.

—Admite que te encantó— jadeo entre beso y beso.

No es necesario que me responda, su reacción se me quedó grabada en la cabeza, se quita el parche arrojándolo a su espalda y tengo sus ojos verdes fijos en los míos. Dios. Cómo lo he extrañado.

Son los ojos que más amo en mi vida.

Mis glúteos se tensan con el frío del cristal cada vez muele su erección contra mis bragas, con tan sólo imaginarme cómo se ven nuestras siluetas follando hace que lo bese con más ganas.

Alexander no se queda atrás, tengo su boca en todas partes, en mis mejillas, en mi clavícula, en mi cuello, lo lame y raspa sus dientes por él, suavemente succiona mi piel sensible marcándome y me retuerzo cuando lame la el mordisco que dejan sus labios.

Yo también quiero marcarlo, por todos lados, pero no tengo oportunidad de llegar hasta su cuello, ya tiene la cabeza metida entre mis tetas, las junta y muerde de un pezón a otro lamiendo con ansias las areolas de arriba abajo, me golpeo la cabeza contra el cristal conteniendo mi grito que se escuchará hasta el otro lado de la cabaña.

Escucho como baja su bragueta lentamente, pega sus caderas a las mías metiendo su mano entre nuestros cuerpos hasta llenarse las manos con una de mis tetas y con la punta de su polla hace a un lado mis bragas.

—¿Vas a ser suave? — mi voz apenas y se escucha entre nuestras respiraciones pesadas.

—Voy a encargarme que durante las siguientes horas sólo repitas que eres la mujer del lobo— siento como su glande recorre el hueso de mi cintura — Mujer del líder de la mafia más grande de Europa y el asesino más peligroso buscado por el MI6 y el Pentágono.

Lo dice en un tono tan sexual que no puedo evitar temblar en sus brazos.

—La única imagen mental que tienes permitido usar para correrte soy yo, sólo yo.

Prenso mi mano en su nuca y lo obligo a verme. — Es la única que he utilizado desde que te conocí, incluso antes que me hablaras del acuerdo casual— confieso mientras siento como entierra su polla centímetro a centímetro en mi coño.

Mi vagina lo succiona hacia adentro y me alza de arriba hacia abajo con las primeras penetraciones, me muerdo el labio inferior, es tan exquisito, no va embistiéndome como habitualmente lo haría, lo hace lento, pero muy profundo en esta posición.

Me deslizo de arriba abajo por el cristal mientras clavo mis uñas en su espalda cuando me llena por completo hasta que siento el golpe de sus testículos. Nos miramos fijamente unos segundos. —Me escabullí y abrí la caja, gracias por la isla.

Sonríe de lado como toda una maldita tentación. Alza mi muslo con su mano enredándolo por encima de sus omoplatos y contengo la respiración porque sé que es lo que viene. —Aguanta nena.

Toma aire y me embiste.

—¡Joder Alexander! — no alcanzo a taparme la boca, Alcanzo un nuevo nivel de sadismo porque siento la sangre de la espalda de Alexander cuando mis uñas rasgan todos sus músculos, lanza un gruñido demasiado bajo empotrándome rítmicamente, al mafioso le excita el dolor.

—¿Quieres despertar a toda la casa Emma? — se ríe ronco, pero su risa se corta con un jadeo.

Me da igual mientras no nos interrumpan, me agarro a una de mis rodillas soportando las estocadas, se me seca la boca y ningún pensamiento coherente cruza por mi cabeza. Me avergonzaría de estar gritando a mitad de la cocina, pero no hay nada más caliente que Alexander gimiendo cada vez que me penetra.

El sudor pega su cabello castaño en su frente y en la mía, pero hace que nuestros cuerpos se deslicen con más facilidad y empeora la rudeza de sus penetraciones, mis pulmones se quedan sin aire, todo me da vueltas con los roces de las venas de su polla en mi clítoris y como me vuelve a embestir sin piedad.

Muerdo la palma de mi mano conteniendo el grito que quiere desgarrar mi garganta, pero no lo logro. Alexander está decidido, los movimientos de su cuerpo ya no son controlados, son secos y duros.

Alza mi muslo y se encarga de inclinar la cabeza sin salirse de mí, su boca llega por encima de mi rodilla y muerde la cara interna de mi pelvis dónde está el tatuaje. Mis ojos se voltean por detrás de mi cabeza.

No sé si me hace su pregunta posesiva de siempre, pero ya no puedo resistirlo más, tengo que dejarlo salir a gritos.

— Soy la mujer de Alexander Roe— digo sin aliento — ¡Soy la mujer de Alexander Roe! — empuja más profundo.

Aumenta el ritmo, estoy a punto de correrme, si sigue follándome así, mi silueta va a quedar marcada en el cristal, ni siquiera me importa. Él también es muy ruidoso está noche, pero desde que me embarazó sus gemidos son más altos.

Le pongo una mano en la boca para amortiguarlos, tenemos que callarnos, si alguien escucha los golpes sobre está puerta o nuestros gemidos obscenos, sabrá que no estamos cocinando.

—¡Más! ¡Más!

El tamaño de su polla aumenta en mi interior o así lo siento, Dios, me voy a quedar afónica,

—Recuerda que entre más grites, más dura se pone mi polla por ti Emma— hecha la cabeza hacia atrás, pero no puedo sostenerle la mirada por mucho tiempo. Deslizo mis manos por su espalda para ya no dejarle arañazos y clavo mis dedos en sus perfectos glúteos. —No fuerces el brazo que tienes débil.

—Pero te quiero más profundo— lo miro con los ojos entornados y gruñe asintiendo, empuja embestidas secas hasta que sus bolas se golpean con mi culo cada vez que entra.

Para cuando estoy a punto de correrme y me quejo cuando camina conmigo en brazos sin salirse de mi coño, saca un taburete de la encimera y se sienta como antes cuando se estaba masturbándose.

—¿Por qué paraste?

Tiene las pupilas dilatadas y su respiración es muy pesada. —Móntame como en el casino — me relamo los labios mientras me acomoda sobre su regazo y clava sus dedos en mis nalgas —. Móntame muy duro Emma, tienes toda está verga para manejar.

—¿Es toda mía? — bajo mi mano para masturbarlo con una cuantos tirones.

Traga duro y asiente. — Sólo tuya, nena.

Le sonrío antes de besarlo mientras que con mi mano sana acomodo su glande a mi entrada, en ningún momento cortamos nuestras miradas, alzo mis caderas y me deslizo abajo hasta que su punta toca fondo.

Sus manos van de inmediato a mi cintura, comienzo lento, el ritmo perfecto para reanimar mi orgasmo y el suyo, muevo mis caderas en círculos, de adelante hacia atrás. Disminuyo la velocidad hasta que me detengo por completo.

—Déjate de juegos Emma.

— Creí que está noche sólo íbamos a dormir— va a responder algo borde, pero me le adelanto y salto sobre él con un golpe seco.

Sus uñas se clavan en mis nalgas otra vez, me agarro a sus hombros y me dejo de juegos, empiezo a montarlo duro. Entierra su mano en mi cabello mientras su boca se prende a mis tetas que botan de un lado a otro en su cara.

—¿Con quién te corres? — gruñe en mi oído —¿Quién es el único hombre que hace que te masturbes?

—Sólo tú.

Arqueo la espalda dándole su manjar preferido. Mi cara queda hacia el techo donde hay material plateado que hace reflejo del piso de la cocina, veo la imagen de nosotros sentados en el taburete, veo en el reflejo como Alexander saca la lengua por mis pezones y se alimenta, escucho como traga.

Veo como rebotan mis nalgas en su polla, como su pene entra y sale mojando de mis fluidos. La imagen me desconcentra y ya no puedo más, me dejo ir en sentones desiguales persiguiendo mi orgasmo. —¿De quién es tu coño, tu culo y tus tetas?

Su tono posesivo me da escalofríos placenteros. —Tuyos— gimoteo cuando alza las caderas y las penetraciones se incrementan —Soy la mujer… de Alexander Roe— me aprieto los senos perdida en un trance —Soy la mujer del lobo.

Las manos de Alexander me ayudan a ir más rápido, doy un balanceo más de caderas y siento como se expande dentro de mi vagina.

Voy más rápido y me corro sobre su polla, sus manos aprisionan mi cintura y me alza varias veces más mientras mi orgasmo todavía tiene mi vientre contrayéndose, el liquido caliente de su semen se derrama en mi coño.

—¡Mierda! ¡Móntame duro Emma! ¡Hazme todo tuyo! — gruñe con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados mientras me llena con penetraciones desiguales.

Con todo el cuerpo ardiendo vuelvo a mirar el espejo del techo, mis tetas rebotan sobre la cara de Alexander y ese liquido espeso se desborda desde mi vagina hasta mis muslos mientras nuestras respiraciones se regulan.

El olor a sexo está en toda la cocina, me quedo dormitando en su hombro mientras me mueve en círculos para ordeñarlo por completo, le saco hasta la última gota, siento que estoy muerta.

Es un contraste romántico después de todas las perversidades que acabamos de hacer en la cocina. Levanto la cabeza para verlo y beso su nariz antes de ir por su boca, lo beso de forma tierna, lenta y muy suave, lamo su labio inferior en donde lo mordí y lo chupo con cuidado.

Los besos lentos con Alexander son adictivos. Baja a oler mi cuello, raspa su nariz por la curva hasta que encuentra mi nariz, disfruto la caricia con un suspiro largo y satisfecho, en momentos como este las palabras no son necesarias.

Somos una tentación junta, un deseo inevitable y pecado constante, pero siento su necesidad por mí en la forma en la que me abraza, lo sé porque me siento de la misma forma necesitada por él.

Beso sus parpados y presto especial atención al ojo que tiene ciego. Beso todo su rostro, cada herida que le dejaron las torturas, las que van desapareciendo conforme pasan las semanas y las que se quedaran por una temporada.

Vuelvo a su boca con más ansias que antes, suspiro enterrando mi cabeza en su cuello mientras masajea mi espalda, no quiero voltear a ver la puerta donde me empotró, mi silueta debe estar marcada.

Mete sus manos entre mis piernas masajeando mi clítoris y lo moja con su leche, abro la boca a su pulgar que y limpio todo el semen que me da. Amo que me lleve en brazos porque ya no siento las piernas.

Entra a la habitación que nos asignaron y me deposita en la cama, me gira de cara al colchón y me pone en cuatro sobre las sábanas, me aferro al borde con anticipación, busca una de las almohadas de seda y la desliza por debajo de mi pelvis.

Ninguno de los dos dice nada, se coloca otra vez entre mis piernas y comienza a pasear la punta de polla sobre la entrada de mi culo. Dios.

—Feliz cumpleaños Emma— gruñe ronco antes de follarme otra vez.

〘 〙

Alexander.

Ese zumbido no es de ningún comunicador, ni de mi dispositivo de rastreo, es algo más suave y molesto, abro los ojos y aunque no quiero despego mi cara de las tetas de Emma. ¿Qué porquería es esa?

Busco con la mirada por toda la habitación, veo la tanga de Emma junto a mi pantalón, mi bóxer tirado en la alfombra y el camisón lila con parte de mi corrida sobre toda la tela. Tengo una imagen de Emma mordiendo ese camisón mientras follaba su culo.

El zumbido corta mi pensamiento y sigo el rastro hasta un monitor blanco en nuestro mueble de noche, tiene una luz roja encendida, nunca vi una cosa como estás en la mafia. —¿Señora Roe? — la voz de Jin Jun viene de esa cosa.

Lo tomo y muevo el botón que lo enciende. —¿Qué quieres?

—Señor Roe— su actitud cambia —Disculpe molestarlo tan temprano, pero su esposa no regreso anoche como me lo dijo y… sus mellizos ya despertaron, ella tiene que alimentarlos.

El sueño se evapora con esa última frase. —Yo me encargaré de ellos.

—Gracias, señor Roe.

Apago de nuevo el monitor y Emma se pega a mi pecho desnudo. —¿Qué pasa? ¿Era Jin Jun? — tiene la voz un poco apagada por sus gritos nocturnos.

La pongo entre mis brazos y hace un sonido de gusto besando mis bíceps sin abrir los ojos, tiene el cabello desordenado sobre la almohada y la boca semi abierta, ni siquiera me río de su postura, está completamente agotada, me froto los parpados y estiro mi mano para ver la hora en mi Rolex.

El orgullo y mi ego se levantan con todo el olor a sexo que hay en nuestra habitación, hace apenas un par de horas que la dejé descansar. —Era Caterva, me informó de un problema sin importancia, duerme más— miento y está tan cansada que no protesta.

Las sabanas apenas cubren su culo respingón, le don un mordisco en cada deliciosa nalga y se remueve escondiendo la cara en las almohadas, tiene mi corrida por todo su cuerpo, por su garganta y entre sus tetas.

El que la haya follado hasta hace un par de horas no evita que mi verga se tense viendo a mi mujer agotada. — ¿Puedes pedirme el desayuno cariño?

Beso su cuello aspirando, sonrío como un hijo de perra, Emma huele a mí, toda mía, carajo, sólo mía. — Te follé toda la noche, lo menos que puedo hacer es alimentarte.

—No siento las piernas, tráeme el desayuno a la cama— pide como una reina de la mafia, suspira y se duerme casi de inmediato.

Ni siquiera puede abrir los ojos, sonrío y me levanto buscando un maldito par de pantalones de felpa, me los ato en las caderas y no puedo dejar de ver a Emma, la veo de rodillas anoche tragándose mi polla, la veo besándome lento en la cocina, bailándome en el casino… tengo que redirigir mis pensamientos a otro lado o tendré una erección.

Bajo la mirada a mis pantalones y veo el bulto que está alzado casi señalando a Emma dormida en mi lado de la cama.

—Maldita sea, arréglalo Roe.

Me meto en una ducha rápida y fría, tengo marcas de Emma en mis pectorales por toda atención que les dio anoche. El agua cala mi espalda y me miro al espejo cuando salgo, tengo arañazos por toda la espalda, la señora Roe estuvo muy bien atendida anoche.

Salgo a la otra parte de la cabaña apenas colocándome una camiseta negra sin mangas sobre los pantalones de felpa grises, mis músculos y mis tatuajes quedan a la vista. Veo los dos jeep verdes en el estacionamiento de la pequeña cabaña.

Jin Jun abre la puerta de inmediato con una expresión de miedo en su rostro.

—Disculpe la interrupción señor Roe, la señora Emma dijo que volvería en un par de horas y no lo hizo durante la noche.

Veo un monitor similar al que hay en nuestra habitación, es un monitor de bebés. —¿Tuviste algún inconveniente con mis hijos?

—Ninguno, aunque quería informarle a su esposa como ella pidió, pero su monitor estaba apagado.

—Yo me encargaré de ellos.

—Si necesita mi ayuda estaré en…

La dejo con la palabra en la boca, tomo en brazos a mis hijos, uno en cada lado y camino descalzo a la cocina para prepare el desayuno a Emma. Kiara no despega sus ojos de los míos y Raven está más entretenido en los juguetes colgantes del cinturón de seguridad de su silla.

Uno de los lobos de Emma me sigue por todo el pasillo y entra a nuestro lado de la cabaña sentándose frente a la puerta deslizable de la cocina. —Despertamos a la misma hora— hablo con mis hijos —El mejor horario para estar ejercitándose es las cinco de la mañana, pero cuando su mamá está agotada deben dejarla dormir.

Ambos me miran con adoración.

—Vamos a alimentar a mi esposa, necesita fuerzas, son siete de la mañana, eso significa que puedo prepararle un desayuno balanceado no como esas barras de chocolate que acostumbra a comer.

Dejo un cartón de huevo abierto junto a la leche y tomo uno de esos trastos baratos y lo coloco en el fogón. Parece que un millonario no sabría hacer estas cosas, pero antes de crear mi imperio con Hilton & Roe o tener acceso a la fortuna Roe que me tocaba por nacimiento, aprendí a ser el padre que Bennett necesitaba.

—¡Señor Roe! ¡Debió llamarme de inmediato! — la puerta deslizable se abre y Octavian entra corriendo atándose el delantal —Ordene su desayuno.

—¿Por qué llegas tan tarde?

—Anoche cuando salimos del casino con Bennett y Coraline una camioneta del Borah nos embistió a mitad de la carretera y estuvimos varados por varias horas.

—¿Dónde están?

—Como no repusieron la camioneta de inmediato, ellos durmieron en un pequeño hotel no muy lejos de aquí— explica y saca mis vegetales frescos mirando de ves en cuando a mis hijos sin hacer preguntas de por qué los tengo yo —Habitaciones separadas por su puesto.

—Eso me da igual. ¿Qué más hizo el turco?

—La situación se complicó, su sobrino no estaba con Coraline, el MI6 tiene a Aaron de rehén, lo último que Bennett no informó antes de irse a dormir, es que Dylan y su tía Mary tienen la custodia del niño.

Le ordeno el cambio de desayuno balanceado, el platillo preferido de Emma siempre llevar salmón, tiene algún tipo de obsesión por él.

—Dile a Caterva que me comunique con Bennett lo antes posible, le entregué el maletín con el cráneo al turco, necesita movilizarse a Londres antes que el cojo se enteré de la desaparición de Volkan.

Superviso la cocción exacta del salmón se nota en el pequeño ahumado al aire, coloca también una especias sobre el plato de forma decorativa. Es un platillo digno de un restaurante de alta gama.

Lo corro de inmediato una vez que termina para quedarme con los créditos del desayuno de mi mujer.

Lo levanto para que mis hijos lo vean, Raven se ríe cuando lo paso por su rostro y Kiara no tiene interés en la comida, sólo en mirarme. — ¿Qué les parece? Si alguien pregunta Octavian nunca estuvo aquí, pasé de arquitecto a cocinero estrella, resulta que puedo tener la profesión que quiera, su padre es perfecto en todas.

A uno de mis mellizos no le interesa mi perfección y me ofende, es Raven, y también es el primero que comienza a llorar de hambre, el viejo Alexander llamaría corriendo a sus criados para no escuchar los quejidos de un mini humano, pero resulta que ellos no son cualquier mini humanos, son mis herederos.

—Necesitas entrenamiento Roe, vamos a comenzar poco a poco— lo tomo en brazos y suelta otro llanto peor —En Birmingham hablamos de que las tetas de mamá son de papá entonces busquemos la formula láctea del tío Jack.

Abro los gabinetes de uno en uno hasta dar con la bendita formula láctea que preparó Jack durante el embarazo de mi esposa. Leo las instrucciones y preparo un biberón lo suficientemente grande para que Raven nunca llore otra vez.

—Somos un gran equipo, Emma se pondrá celosa cuando lo sepa, pero los tres estamos siempre un paso delante de cualquiera, menos de ella.

Me recargo sobre la encimera y pongo a prueba el examen más difícil de mis veintinueve años, alimentar a mis hijos. Lo acuesto en mi brazo mientras toma el biberón y lo meso suavemente de un lado a otro como indica el libro de paternidad.

No creo que lo esté haciendo de forma correcta, esto es más difícil de lo que se ve. Kiara se remueve en su porta bebé y espero que no comience a llorar, no tengo experiencia en alimentarlos al mismo tiempo.

Su iniciación en la mafia debe ser pronto, debió ser a los pocos días de nacidos, ya vamos retrasados. La cabaña está muy en silencio, tomo el control y enciendo desde mi celular el equipo de sonido digital con una canción heavy metal de Rammstein.

Elegir “ Sonne” para su primera canción no parece adecuado porque Kiara se sobresalta con las notas gruesas de la guitarra electrónica y Raven se remueve en mi brazo, bajo el volumen, pero conforme la canción avanza ninguno llora.

Mi hija busca el lugar de dónde viene la música y Raven comienza a bostezar en medio de su biberón. Sonrío orgulloso. — Les gusta— me siento complacido de que sacarán mis gustos musicales.

Kiara comienza a bostezar y a los pocos minutos de la canción ya está dormida, está será su nueva música para dormir.

Raven pasa sus dedos por los tatuajes de mi mano con la que sujeto su biberón, trato de peinar el poco cabello que tiene. Puedo hacer algo mejor, entro a mi baño privado y saco un poco de mi propia cera, con mis dedos peino a una línea de lado y lo dejo tan apuesto como su padre.

Lo alzo en el espejo y nos miro juntos, ambos con los ojos verdes y el peinado perfecto. Regreso a la cocina y tomo a Kiara, se despierta al instante, le sonrío y la llevo también con nosotros.

—Tú, como la pequeña de papá veremos qué podemos hacer por tu cabello.

¿La pequeña de papá? ¿De dónde coño salió eso Roe? Dejo a Raven con su biberón acostado y a ella la levanto sobre mi pecho adormilada, trato de tomar mi peine, pero son tan pequeños, yo jamás he hecho esto.

—Esto parece como algo que haría el demente de Jack, ni siquiera sé lo que estoy haciendo— me rindo con el peine confundido.

Mi hija me mira con los ojos entornados y por un segundo se roba mi alma. La alzo como a Raven y miro mis ojos en ella también, en lo pequeños que son y lo parecidos a mí, pero incluso con la perfección de los genes Roe noto los rasgos de Emma en ellos, en sus narices y el brillo y ternura de su mirada.

Son la combinación perfecta de nosotros.

Miro a mis hijos a través del reflejo del espejo y un orgullo diferente se posa en lo profundo de mi pecho. Una pequeña y ligera sonrisa se pone en el rostro de Kiara y la miro confundido, son demasiado pequeños para reírse todavía.

El libro de paternidad lo dice.

Regresamos a la cocina y juego con ellos un poco tratando de estimular sus movimientos, noto que Raven es el que más mueve los pies y Kiara vuelve a sonreír otra vez casi una hora después, debo investigar esa reacción.

Es extraño el contraste que hace mi piel tatuada con la suya, pero me divierte ver cómo ni sus manos alcanzan el tamaño de mi meñique. Menos más aquí no está ninguno de mis sirvientes o me verían con esta sonrisa de hijo de puta con mis hijos.

Raven termina su biberón y sonríe como su hermana. Ambos me sonríen a mí, al mafioso más temido de Londres. —¿Por qué hacen eso? — frunzo el ceño serio y levanto la mirada.

Me quedo inmóvil mirando a Emma con los brazos cruzados mirándome fijamente desde la entrada con una sonrisa similar a la de nuestros hijos, a un lado de ella está el pordiosero de Erick con la boca abierta.

Carraspeo y me levanto abriendo la nevera para abrir una botella de agua. Emma entra caminando con dificultad y no puedo evitar sonreír posesivo de hacer bien mi trabajo marital.

El vestido amarillo floreado acentúa sus ojos castaños. Está disfrutando antes que regresemos a las nevadas de Londres. —¿Estabas hablando con tus hijos? — Erick se entromete como siempre.

—Estaba acomodando el cinturón de seguridad de esta cuna.

Emma sonríe más, pero Erick entra corriendo a abrazar a mis hijos como si fuera su niñero personal. —¿Dónde están mis demonios favoritos? ¡Llegó su tío preferido! ¡Cómo los extrañé! La próxima vez no vuelvo a ayudar a ninguno de los dementes de sus padres.

—¿Y este qué coño hace aquí? Heredó una fortuna con la muerte de Maya, que se pague unas vacaciones a la mier…

—Erick vino con Octavian y el resto de la organización y no deberías utilizar palabrotas frente a nuestros hijos—Emma se acerca y me besa de una forma que dispersa mi enojo en segundos.

La tomo de las caderas y la levanto unos centímetros de suelo, enreda sus manos en mi cuello y suspira, me encanta que ni siquiera con la evidente ducha que tomo desaparezca mi esencia, sigue teniendo impregnado el olor de todo el sexo nocturno.

—Los mellizos y yo no estamos aquí ni nada por el estilo, sigan— Erick finge toser.

Emma prueba otra vez mi boca para evitar que lo saque a rastras de mi presencia y la dejo hacerlo, me gusta su vestido floreado corto, es muy accesible, lo único que me tiene enojado es que no se haya colocado el cabestrillo de nuevo, su brazo nunca se va a recuperar si sigue siendo irresponsable.

— Jin Jun me dijo que fuiste por ellos hace una hora, debiste llamarme para alimentarlos.

—Ya me hice cargo, aman la formula láctea que creó Jack y puedo manejar dos situaciones a la vez, te preparé el desayuno.

—¿Qué es esa música de heavy metal que se escuchaba desde afuera? — toma el plato y me mira de forma acusadora.

—Seguramente quiere convertirlos en una copia exacta a él, detenlo Emma o en pocos meses será demasiado tarde y tendremos que practicarles un exorcismo como a él— Erick mece a Raven y que mi hijo le sonría también a él no me gusta nada.

—A nuestros hijos les gusta, Kiara se durmió con la canción— señalo a nuestra hija y a Raven con su biberón —Y él ni siquiera ha llorado, tiene buen gusto musical.

Erick se arrodilla con mi hijo en brazos y mira al techo con una mueca dramática alzando su brazo libre —¡Dios! ¡Si aún me tienes misericordia te pido que ninguno de mis sobrinos se parezca al neurótico de mi mejor amigo!

Emma se ríe y ese sonido sublime es lo único que evita que golpee a Erick hasta matarlo. ¿Por qué mis hijos no lloran con él o le vomitan encima?

— Niles, trágatelo— el lobo se levanta con el sonido de mi voz y corre a mi lado, Erick se paraliza en el suelo y palidece cuando el lobo pasa entre sus pies.

—¡No! — lloriquea —¡No quiero morir así! Tengo a tu hijo en brazos, no dejarías que me maten.

—Niles no dañará a Raven.

—¡Hermano, te lo suplico!

—¡Erick! — Emma me lanza una mirada asesina y le quita a Raven de los brazos —Los lobos de Alexander sólo entienden danés.

El lobo pasa despreocupado de Erick hasta mí y menea la cola como si fuera una mascota ¿Qué son esos moños alrededor de su cuello? — Sidde— acaricio su pelaje y le doy un filete grande de la nevera como premio.

Emma se cubre la boca cortando su risa y finge que está enojada conmigo por asustar a Erick. —Te casaste con un demonio— Erick se sacude la ropa —Ya sabía que era actuado, sólo le seguí la corriente.

Arqueo una ceja. — Niles, angreb— mi lobo deja su filete y se levanta gruñéndole a Erick con los colmillos de fuera.

—¡Hijo de puta! Está bien ya entendí, este salió igual de enfermo que su padre, no sé ni por qué me hice su amigo— se toca el pecho y se deja caer sobre una silla abriendo la botella de alcohol.

Emma ya no oculta sus carcajadas y me pego a su espaldas para disfrutarlas mejor. Levanta la barbilla y me besa desde abajo. —¿Tienes hambre? — pongo mis manos debajo de las suyas para que el peso de Raven no afecte su brazo débil.

—El desayuno se ve delicioso.

—Yo lo preparé— miento.

—No quiero aumentar tu ego, pero eres un excelente cocinero.

—Tuve que aprender después de que tus últimas pastas casi me envenenan.

Golpea mi abdomen con su hombro. —No critiques mi comida, eres muy exigente, estoy en proceso de aprendizaje.

—La comida de prisión es mejor— digo y vuelve a pegarme sacándome una risa ronca. Joder, esa es mi mujer.

—Ustedes sigan con su vida de mafia feliz como si yo no importara, aquí no paso nada —Erick nos mal mira —Desayunen y bésense como si no me hubiera tratado de asesinar con esa bestia.

Pongo a Emma en mis piernas ignorando al indigente y la hago comer su desayuno saludable, el plato es lo suficientemente grande para ambos, pero me encargo que coma la mejor porción de todo, necesita recobrar fuerzas después de nuestra noche.

—Anoche después de abrir mi regalo escuché mucho alboroto con Caterva, unos minutos después las camionetas salieron a la carretera ¿Cora y Bennett están bien? — abre la boca y le meto el tenedor con una ración extra de vegetales.

—El turco embistió una de mis camionetas, tuvieron que dormir en un hotel barato de la zona.

—Bennett habló conmigo por teléfono a primera hora en la mañana, quiere que preparé una apelación contra Dylan en la corte de Inglaterra— Erick busca meter su mano en nuestro desayuno y casi le clavo mi tenedor.

—No toques la comida de mi esposa.

—¿Qué tiene que ver Dylan con Bennett?

Debo decírselo antes que Coraline lo haga. —Dylan y su tía se quedaron con Aaron desde que secuestraron a Coraline, el turco jamás tuvo intención de traerlo con ella, era su boleto para asegurar el rescate de Volkan y que tu amiga cooperara.

—No puede ser.

—Después de lo que hizo tu marido anoche, ten por seguro que ya no tendremos intercambio de nada y tendrán que pelear la custodia del niño, le entregó un maletín con un cráneo dentro al Borah.

Emma se tensa en mis brazos y me mira con los ojos muy abiertos. —¿Dónde dejaste a Volkan?

—¿Por qué no piensas que lo maté?

Gira la cara sobre su hombro y me exige la verdad. —¿Dónde está? — inquiere otra vez.

Ruedo los ojos. —Se quedó en el Score — respondo y sus hombros se relajan, vuelve a comer —No voy a soltar mi arma contra el turco tan fácilmente, está vigilado las veinticuatro horas, resulta que tiene Bennett lo quiere desde que lo conoció en Turquía.

—Lo sabía, cuando fui vi juguetes por todos lados, te dije que el hijo del Borah estaba con ellos.

Raven se queda dormido en nuestros brazos, se lo quito a Emma y lo dejo recostado en mi pecho, de un lado tengo a Emma y del otro a él.

—Volkan es un niño muy educado y tranquilo.

—Mis hijos son mejores— señalo a nuestras pequeñas versiones.

—Sí Bruce Wayne ya sabemos que eres el número uno en todo y matas al que lo pongo en duda, hay cosas más importantes por averiguar— Erick es un entrometido, debí matarlo a los pocos días de conocerlo —¿Cuál fue tu regalo de cumpleaños? ¿Alguna joya costosa que puedas prestarme en reuniones familiares?

Emma baja la cabeza y veo el ligero rubor que sube de su cuello hasta sus mejillas. —Una isla en el Caribe.

Erick casi se cae de espaldas. —¿Una isla? — su boca se queda abierta y mi esposa asiente —Dios, heredé una fortuna de mi esposa muerta, pero nunca antes me sentí más pobre que ahora mismo.

Elegí la isla en el Caribe porque es el lugar del que más me ha hablado desde que la conocí, tiene una fascinación por sus playas y recuerdo muy bien que fue el primer lugar donde dijo que iría de vacaciones antes que la llevara a Nueva York por primera vez.

—¿Quieres visitarla? — le susurro a Emma en el oído y se estremece en mis brazos.

—¿Tenemos tiempo de ir antes de volver a Londres?

—No, pero las ventajas de ser la mujer del Alexander Roe es que puedo obligar a toda la mafia a hacer tiempo para ti.

—Lamento interrumpir el momento maravilloso de vacaciones familiares— es la última vez que dejo a Erick estar en mi presencia —Pero la situación de Aaron es sería, además aprovechando que estamos en América deberíamos buscar a Ethan.

—Si vamos a negociar por la custodia de Aaron, necesitamos la influencia de un mariscal del ejercito ante la corte.

—Los registros de su ubicación se perdieron en la última prisión que visitó, Rebecca eliminó todos los rastros— la voz de Emma tiene un toque triste —Bennett dijo que lo iba a localizar, pero Aaron es su prioridad.

—¿Por qué no matas a todos como habitualmente lo harías y nos lo llevamos?

—Si el cojo lo tiene, está resguardado bajo la protección absoluta del parlamento y el MI6, más la protección del ministro Aslan, van a utilizarlo de contra ataque y eso afectará al niño, además Coraline no tiene ningún cargo criminal contra ella, es la forma más sensata de recuperarlo.

—¿Cómo encontramos a Ethan?

Me quedo perdido en mis pensamientos. —La última vez que estuve en la prisión del MI6, encontré a un hombre que iba a ser trasladado a Manhattan a la prisión de máxima seguridad del hijo del Sargento Prescott, a los pocos días se anunció que el prisionero se escapó.

—¿Qué tiene que ver eso con tu guardaespaldas?

—Ese prisionero no estaba en condiciones físicas para largarse, además que es un hombre que Ethan conoce desde hace tiempo.

—Entonces él lo ayudó a escapar ¿Seguirá en la misma prisión?

—Ethan es un ex militar, si por casualidad él y el prisionero terminaron en la misma celda, uno de los dos dejó un rastro para mí y hay una forma de averiguarlo— tomo mi celular y llamo a Bennett.

. . .

Han pasado más de tres horas desde que Bennett me envió las grabaciones de las únicas dos cámaras de seguridad de la prisión en Manhattan, no voy a decirle a Emma que la persona que respondió su teléfono fue Coraline.

La razón principal por la que creo que Ethan está encerrado ahí es porque los laboratorios de Jack quedan a una hora de camino de ahí. Si ayudó a escapar al plan C18, en una de las cámaras de seguridad dejó alguna clave, lo más mínimo me sirve.

—Señor Roe, ya no puede más tiempo frente a su laptop.

Llevo horas viendo grabación por grabación haciendo cortes y pausas, pero tengo un ardor en el ojo y ya veo borroso. Cierro mi ordenador y de repente las luces se disipan en mi vista hasta que sólo percibo siluetas y sombras.

—Dame el medicamento de la vista.

—Buscamos al médico que realizará su operación en Rusia y aprobó el medicamento que está tomando, pero descartó por completo salvar su ojo izquierdo.

Aprieto mi parpado y espero a que el medicamento haga efecto para que vuelva al trabajo. El sirviente sigue aquí, siento las ansias de abrir el maletín negro en la mesa de la cabaña y sacar la dosis de anfetamina que Logan me dio en Londres.

Actúa de la misma forma que lo hizo con Bennett, deja los paquetes de anfetamina a mi alcance para que sucumba y también sé que por las inyecciones de altas dosis que me dieron en la prisión del MI6 tengo altas posibilidades de convertirme en un adicto.

Ya empecé a presentar los mismos síntomas que Bennett tuvo durante años y los desarrolle más temprano porque a mi me inyectaron la anfetamina de David Wall, es de las más potentes que ha tenido mi cuerpo.

Nunca fueron de mi agrado tanto como el whisky, me desagradaba terminar como Bennett, estoy a un paso de caer en el mismo error si abro ese cajón. —Dame el maletín— le ordeno al sirviente y corre a abrirlo mientras la vista se me aclara.

No hay nada mejor que un Roe contra otro Roe.

Y ni muerta va a dejar de joder a su hermano.

Me coloco los guantes de látex y abro uno de los tubos empaquetados de Dinamarca con las iniciales de Maya y la fecha en el sello. —Señor Roe, le recuerdo que su tía no tuvo oportunidad de probar las inyecciones ni siquiera con Bennett, murió antes de las pruebas finales.

—Caterva mira como sale un poco de sangre con el filo de la aguja. —Esas cosas podrían tener efectos secundarios que sólo podemos investigar en el laboratorio de Jack y probándolo en otras personas.

Me ato la liga al brazo y busco mi vena. Nunca he confiado por completo en algún miembro de mi familia, todos estamos retorcidos a nuestra manera. La última vez que Maya me lo mostró sabía que tenía un propósito.

— Voy a correr el riesgo.

Espero que sepas lo que hacías tía, si no, iré al infierno por ti y te haré arreglar esta mierda. Me clavo la aguja y aprieto el liquido en ella, por la cantidad de cada dosis indicada en la base de datos médica de Maya, sé que está porquería van a doler al ingresar en mi cuerpo.

Se tensan los músculos de mi brazo y aguanto a que el dolor pase por mi artería. Me quema el pecho cada vez que respiro. Cuando la vista me regresa a un cincuenta por ciento, leo la etiqueta de los complementos.

Emma asoma la cabeza desde nuestra habitación justo cuando el efecto ya desapareció. —Erick y yo encontramos la última grabación de una cámara de seguridad que se corta cuando encienden las sirenas de emergencia en el comedor comunitario y alguien grita que el militar se escapa.

—¿Qué día exactamente? — corre con su laptop y se dienta en mis piernas mostrándome la pantalla.

En el video se ve a los presos corriendo por todo el comedor y a los guardias jalándolos de regreso a sus celdas.

—Fue el día de acción de gracias, hay un corte por uno de los guardias que apaga antes que suenen los disparos, pero no podemos acceder a las otras cámaras porque piden una clave de acceso única por día.

—Buen trabajo, nena— digo con orgullo y la beso antes de poner mi mano sobre la suya para a abrir el sistema de la prisión.

Comienzo a programar un código que abra las primeras cámaras de las vallas donde hay bancas, Emma mira símbolo por símbolo hasta que tenemos dos cámaras más de ese día.

Muevo el cursor hasta un contenedor de basura en la puerta eléctrica de los empleados. Amplio la imagen, se ve a dos hombres, pero ninguna cámara logra enfocar sus rostros por el maldito contenedor.

—Corta la imagen justo aquí— señalo el pasillo doce.

Emma hace lo que le pido y me la muestra con mejor iluminación. Hay presos, pero ninguno con rostro familiar. —Voy a probar en el pasillo trece y los últimos cuatro que hay disponibles— hace lo mismo que en anterior mientras con el cursor sigo a los hombres detrás del contenedor y busco algún tipo de audio de la última cámara.

—¿Reconoces el cuerpo detrás del contenedor?

—Está muy delgado para ser Ethan.

—Es rubio, mira las motas en la punta de su cabeza.

—Puede ser el prisionero que conociste en la prisión del MI6.

Asiento y busco las cámaras de la salida del jardín, pero esas también fueron apagadas, esto fue una cuartada, tantas cámaras apagadas en tan poco tiempo, tiene que haber al menos tres presos involucrados.

Escucho el llanto de Kiara y me levanto a tomarla en brazos, Emma le coloca un chupete que la hace adormilarse en mi hombro y ambos seguimos trabajando.

Esto nos puede tomar toda la tarde, envié a Emma a descansar, pero se negó. Encuentro un cámara encendida en el patio trasero y corto el video unos minutos atrás, pruebo a coordinarla con la cámara del pasillo, el video inicia con dos guardias golpeando a una mujer de cabello negro, la arrastran hasta la salida de los contenedores apuntándole en la cabeza.

—Aquí está, la del pasillo catorce sigue la grabación tres minutos más que todas— Emma me muestra una imagen antes del video que muestra a la pelinegra.

Intercambiamos una mirada cuando la cámara enfoca el rostro de la mujer, tiene tatuajes alrededor del cuello y va sangrando por la nariz con todos los golpes. Esta no puede ser la señal que Ethan dejó en la prisión.

La mujer mira dos segundos directo a la cámara con esos ojos azules confirmando que es la señal que dejó Ethan en caso de que lo buscáramos.

Emma mira a Caterva en el sillón delantero, utilizo el código que sólo ella y yo conocemos y de inmediato cierra todos los ordenadores de todos nuestros sirvientes incluido el de Erick mientras yo elimino la imagen de Alesha de todas las grabaciones antes que su padre las vea.

—Señora Roe, aún no hemos terminado de trabajar.

—No me importa, tienen la tarde libre a excepción de nuestros guardaespaldas, Alexander prometió llevarme al casino— es una cuartada excelente y como saben que a mi mujer no se le niega nada se levantan de sus asientos dejando la cabaña libre.

—Que tengan mi auto listo, saldremos por la ciudad esta noche, que Jin Jun se prepare para cuidar a mis hijos.

—Entendido, señor Roe.

Erick no se ve convencido, es un chismoso que debió ver la imagen antes que los demás, pero hasta que no sepa que hace Alesha en Manhattan, la información confidencial se queda con Emma y conmigo. —¿Desconfías de Caterva? — pregunta Emma una vez que todos salen por la puerta.

—Desconfío de Alesha, pero jamás le habría dado el puesto de conservador ruso a su padre si no me fuera leal.

—No suenas convencido.

—Creí con ellos en la organización de los treinta y siete y conozco a Caterva, siempre tendrá una debilidad por cuidar a su hija así le cueste la puta vida, desde que Dina me informó que se escapó de Londres le seguí el rastro, pero se escondió antes que los kray la encontrarán— rueda los ojos cuando menciono a la rusa.

—¿Cómo encontró a Ethan? ¿Y por qué no la mató?

Dejo a Kiara sobre los cojines y abro mi laptop para buscar más información, pero Emma la cierra en mis narices y se trepa en mi regazo. —¿Qué haces?

—Nada de trabajo, ya fue suficiente por hoy, vas a llevarme por la ciudad, iremos a un club y vas a bailar conmigo toda la noche en el bar más caro y lujoso de Las Vegas— me besa hasta que me quita el ordenador de las manos —Vas a pagar la zona más exclusiva y el mejor servicio para tu pequeña seductora.

—¿Y si no quiero?

—Vas a complacerme.

—Estás muy segura, pero no me gusta bailar.

—Cuando veas mi vestido de la noche vas a cambiar de opinión, llamaré a Bennett para que él y Cora nos encuentren en el club— me guiña un ojo y corre a nuestra habitación a arreglarse.

—Todavía no he dicho que sí.

—Voy a convencerte, vas a elegir tu vestido favorito.

¿Mi favorito? Cruzo mi pie sobre mi rodilla y me sirvo un vaso de whisky escocés reclinándome en el sofá, si va a modelarme no me voy a oponer. Muevo a mis hijos lejos de la puerta, este espectáculo podría no ser apto para todo público.

—No creo que el primer modelo me impresione Emma— la molesto para que desista, pero cuando sale me trago mis propias palabras.

No me puedo rendir a la primera opción, pero joder, tiene el cuerpo más delicioso y perfecto del maldito mundo, es un simple vestido negro pegado que se abraza a cada curva desde la de sus senos hasta la de su vientre.

Ni siquiera detengo mi mirada perversa en su escote. Se gira mostrándome la espalda desnuda y se suelta le cabello en ondas. Mis ojos se quedan en sus nalgas deliciosas, se gira otra vez para mostrarme cada corte, prácticamente me está bailando.

No puedo caer con la primera opción. —¿Tienes algo mejor? — ladeo la cabeza fingiendo que no estoy impresionado.

Sonríe de lado. —No debiste decir eso cariño— entra de nuevo a nuestra habitación y me recoloco el miembro en mis jodidos pantalones esperando que Jin Jun aparezca para llevarse a mis hijos.

El siguiente modelo de Emma podría ser mortal.

Dejo que el alcohol baje por mi garganta y saboreo el sabor amargo. Emma se demora más en salir, incluso dudo que tenga otro modelo, Jin Jun aparece para llevarse a mis hijos y me quedo bebiendo el resto de la hora que le toma salir de nuevo.

Mierda santa.

Detengo mi mano de salir disparada a mi celular para pagar por el club nocturno más caro de Las Vegas.

Es un vestido rojo más corto que el anterior y más ceñido a sus caderas, ni siquiera tiene tirantes, sólo escote sobre mis tetas que me hace agua la boca, lleva tacones que acentúan el movimiento de sus caderas y también se puso labial a tono como si supiera que este será mi perdición.

—¿Qué opinas? — se gira y barre sus caderas prácticamente en mi cara, mi boca queda a la altura de su vientre.

Saco mi móvil sin despegar los ojos de su cuerpo, es la perfección hecha mujer, mi mujer coño. Al carajo todo, me pongo el móvil en el oído y me reacomodo la verga para que no se me endurezca con la mirada seductora de Emma.

—Caterva, paga por la zona exclusiva del Hakkasan y un bar tender privado.

Me levanto rindiéndome ante la tentación, Emma entrelaza su mano con la mía y me arrastra fuera de la cabaña a mi Aston Martin con una sonrisa triunfante. No me resisto a pasar mi palma sobre una de sus nalgas hasta apretarla.

—Compórtate— me riñe riéndose, pero no hace nada por alejarse de mi toque.

—Soy sordo— me pego con descaro a su culo.

—Entonces te gustó el vestido.

Le pego mi erección haciéndola gemir. —Siénteme y respóndete tú sola.

—¿Eso significa que me veo caliente? — muele sus caderas con la mía y la detengo antes que siga y provoque que no la lleve a ningún bar.

—Eso significa que te voy a hacer la dueña de esa marca de vestidos, sólo para ti nena.

Lleva el cabello recogido en una cola alta, me quiere provocar un infarto, ni siquiera utilizó maquillaje para cubrirse las marcas que le dejé anoche.

Esos lugares llenos de ruido me ponen de mal humor, pero sé lo que me espera en el bar, está mujer puede sacar el infierno cada vez que baila. Me desabotono los primeros botones de la camisa negra y me rocío su loción favorita cuando subimos camino al club.

Aprieta el botón del capote y el techo de mi auto desaparece. Las camionetas negras salen detrás de nosotros en caso de que el turco siga por la ciudad lloriqueando por su hijo muerto.

Cuando llegamos al club mi seguridad se encarga de abrir al menos dos metros de ancho para cruzar, todos vienen vestidos de negro para que ningún imbécil tenga dudas que viene la mujer del mafioso.

Si cruzan miradas conmigo las apartan de inmediato. Erick y Emma van gritando eufóricos desde que cruzamos al guardia de la entrada. —Bienvenidos señores Roe — saluda el duelo del club.

La música me cala los oídos cuando entramos y las luces neón que salen del escenario ciegan mi vista por segundos, cada clientes tiene pintura fosforescente por todos lados. EN la entrada una mujer nos la ofrece.

Yo le grito, pero Emma acepta que le ponga un poco en el cuello.

—No veo a Bennett y Cora no responde mis llamadas— tomo la mano de Emma y la hago caminar de la zona barata hasta la zona alta que tiene a nuestros guardaespaldas con una cadera en las escaleras para denegar el acceso a los pobres.

Veo con desagrado a todos los ebrios a nuestro alrededor. El DJ enciende fuegos artificiales en esquina y los gritos de la gente ensordecen.

—Deben estar por la zona privada que compró el neurótico— grita Erick tomando una copa de una mesa que no es suya.

No me gusta que Erick entre al bar con nosotros, anoche cuando estaba bailando pegando a Emma casi le reviento la cabeza sobre los barrotes, pero se mezcla en la gente de la planta baja con pintura fosforescente por todo su cuerpo.

Busco a Bennett entre la gente y veo sus rizos por el tercer piso, señala la cabeza uno de las mesas que nos quedan a la vista de una terraza continua.

—Baila conmigo— Emma me arrastra por las escaleras mientras Caterva se cruza de brazos en las escaleras cortando el paso a los ebrios desubicados.

Nuestro bar tender privado se encarga de las bebidas, mis sirvientes le entregan las botellas de mi licor de marca, no tomo cualquier porquería ni, aunque sea un lugar exclusivo de Estados Unidos.

Emma se recarga en la barandilla con el vestido rojo captando mi atención, esta tortura vale la pena por esto, deslizo mis manos por el material y dejo que guíe el movimiento de nuestras caderas.

Los gritos de Erick se escuchan hasta el segundo piso. Si no hubiera llamado a Bennett de camino aquí y acordado con él que seguiríamos a uno de los mayordomos del Borah para secuestrarlo y sacarle información sobre Aaron no estaría por más de una hora en este sitio, prefiero tener a Emma para mí solo.

Muevo mis caderas con las de ella y me hace beber de su Bloody Mary, es exquisito tenerla conmigo, grita para Erick y unos momentos después la cabellera rubia de su amiga se asoma al lado de Bennett. —Alza la vista— muevo su barbilla y sus ojos se entornan.

—¡Es Cora! — se abalanza sobre mis brazos —¡Erick es Cora!

El vagabundo sube corriendo las escaleras con ella gritando sin soltar su margarita. A regañadientes la aparto de mi cuerpo y le señalo el otro tramo de escaleras. —Ven con tu amiga.

—¡Eres el mejor! ¡No sabes cuanto te amo! — se prende a mi cuello y me besa con intensidad.

Cada día estoy más convencido que soy un buen marido. Bennett hace lo que acordamos y espera a que ellos suban para bajar por el otro lado, lo encuentro en la terraza de antes y me señala la mesa más alejada.

—Ese es el mayordomo de mayor confianza de Dmitry, incluso Volkan habla de él con demasiado respeto— señala al hombre con rasgos orientales.

—Vamos por él, antes que decida escaparse como una rata — ambos caminamos hacia él cada uno con el arma en nuestras manos.

〘 〙

Dylan.

—Camaleón, ya están instalados los sistemas de vigilancia en el antiguo departamento de Emma Roe, en caso de que vuele a Londres.

—Lo hará — miro complacido mi celular —Mi hermana es el gancho perfecto para Emma, desde siempre y mientras yo tenga a su hijo Coraline está en mis manos.

Sarah se levanta finalmente de su silla, su mal humor no se debe que cancelamos nuestra luna de miel a mitad del viaje por ordenes del ministro Aslan es algo más, pero todavía no quiere contármelo. —¿No te parece excesivo que vigiles ese asqueroso apartamento? Con todo el dinero que tiene Emma no va a volver ahí.

—Tenemos que agotar todos nuestros recursos Sarah, fueron ordenes directas del ministro Aslan.

Se cruza de brazos y pone su mano sobre mi celular. —¿Desde cuándo te volviste tan insensible? ¿Te parece justo alejar a tu sobrino de su madre? No soy admiradora de tu hermana, pero ¿sabes la agonía que ha de estar pasando esa mujer alejada de su bebé?

—Nunca cuestiones lo que hago por mi familia— azoto mi celular en el piso, si pudiera me pondría de pie, pero estoy en una maldita silla por culpa de esa mafia, por culpa de Alexander Roe —¡Mira como terminé! ¡Si Coraline hubiera sido una mujer decente podría estar con su hijo ahora mismo! ¡Pero se involucró de nuevo con ellos, eso de irse a vivir a Irlanda fue una gran mentira!

—¿Y tener a su hijo en nuestra casa es el acto más honorable del agente Gray?

—La tía Mary esta cuidando muy bien de él, le daré una educación digna de nuestro apellido, si con mi hermana las cosas no funcionaron, me encargaré de que mi sobrino siga los pasos de mis padres como yo.

—Estás cometiendo un error.

—¿Y desde cuando luchas por la justicia? ¿No fuiste tú la que mató a toda una unidad incluyendo a tu mejor amiga por entregar a Jack?

Cierra los ojos y asiente. —Cometí muchos errores en mi vida, pero el mayor y del que nunca voy a reponerme es perder a mi hija, si aún te queda un poco de amor por Cora, regrésale a su hijo antes que sea demasiado tarde, te lo suplico.

—Pides demasiado, nunca dejaré a mi sobrino ser parte de la mafia.

—Que poco sabes de ellos Dylan, pero no importa que lo tenga bajo mil candados en la base del MI6, eso hice yo con Millie y fue en vano— pega su rostro al mío —Porque si llevan la sangre Roe, tarde o temprano van ser parte de la mafia.

—Primero muerto— juro por la placa de mis padres.

—¿Crees que eres inmortal? ¿Cuántas veces no hemos estado al borde de morir por el parlamento?

—Esta vez es diferente, cuento con el apoyo absoluto del ministro Aslan, estoy por convertirme el segundo a bordo si Rebecca no sienta cabeza, todos aquí lo saben, se fue de viaje y yo estoy a cargo.

—Ruega porque Bennett no te encuentre.

Me río moviendo el mando de mi silla a la izquierda para salir de mi oficina. —¿Crees que le tengo miedo a un adicto que se revolcaba en su propio vomito?

—Tal vez no— abre la puerta y me mira sobre mi hombro —Pero en los años que estuve casada con Jack aprendí que el peor peligro de un agente del MI6 es un Roe enojado y tú— me señala —Tú ya los jodiste demasiado.

—No necesito tus sermones Sarah, no me case contigo para esto.

—Yo también comienzo a creer que nuestro matrimonio fue un maldito error— azota la puerta y me quedo enojado el cuadro de nuestra boda que cuelga sobre la pared de mi oficina.

Toco el botón de la primera línea y mi cabo responde. —Haz entrar a Rebecca y que nadie interrumpa nuestra reunión.

—Enseguida General Gray.

Paseo mis dedos por el anillo matrimonial y me quejo del dolor que me dejan mis constantes discusiones con Sarah. Esta de peor humor desde que regresamos de nuestra luna de miel.

—¿Tienes problemas en el paraíso General Gray? La teniente Wall se fue echando humo por el pasillo — Rebecca se sienta sin pedirme permiso —Pensaba que Sarah estaba perdidamente enamorada de ti, pero parece que el encanto se acabo después de la primera follada.

No estoy de humor para su sarcasmo. —¿Qué sabes de los Roe?

—Dejaron Irlanda hace un mes.

—¿Y qué más? No te pago por decir la misma estupidez en cada reunión.

—Sé cosas mejores, pero las guardo para soltarlas cuando me convenga — pasea sus dedos por mi escritorio —Tu ex novia y el cabrón que te dejó parapléjico tienen dos hijos.

—¿Qué?

—El Raptor que interceptamos en la aduana tiene la inscripción de “Dorian Maximus Roe Brown” — explica —Y entre el papeleo encontré en la cabina están los datos de un Fairchild que lleva el nombre de “Raven Dominic Roe Brown”.

—¿Los buscaste en el registro de vuelos del país?

Asiente. — Ambos aviones hicieron su primer vuelo en Dinamarca durante noviembre, sumado por los apellidos significa que Dorian y Raven son los herederos de Alexander Roe— sonríe con malicia.

La rabia que me recorre no se la demuestro. ¡Emma no pudo hacer esto! ¡Maldita sea! Me quedo en silencio si no soltaré alguna palabrota por imaginar a Emma con esa familia, con esos malditos… engendros.

—Falta la mejor parte General Gray, sé que te jode en el orgullo después de todo lo que los Roe te hicieron, pero te tengo buenas noticias.

—¿Cuáles?

Se inclina en mi escritorio —Conozco a un hombre que daría lo que sea para conocer a sus nietos.

¡Hola sexys!

Estos dos juntos, son muy peligrosos...

¡Los amo tres millones!

-Karla.

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