CAPÍTULO 16
Alexander.Caterva y otros dos guardaespaldas caminan alrededor de la zona exclusiva del balcón con el arma en mano protegiendo a mi esposa, aunque ella no les presta atención, sólo se dedica a beber y gritonearse con euforia con la rubia como si hubieran pasado años enteros sin verse.
El bartender que le contraté tiene órdenes de no poner alcohol en sus bebidas como lo hizo el otro idiota al que maté por intoxicarla hace dos noches. —Su bebida de siempre mi señor— la mesera del club nocturno se cotonea entre mis otros guardaespaldas —¿Desea algo más?
—Que los técnicos le den a mi seguridad el control del sistema de cámaras vigilancia del Hakkasan mientras estamos dentro.
—Acompáñeme, la oficina está en el cuarto piso.
—Envía la señal directamente a mi celular y al de Bennett, tienes menos de diez minutos para hacerlo — envío a Wren con ellos y no pierdo de vista al mayordomo del turco, ni siquiera bebe, sólo está sentado en un taburete con una cámara en la mano.
Me quedo sentado en la zona baja del club viendo a Emma de lejos, me reacomodo el traje mirando ese vestido rojo que me tiene fantaseando, siempre sabe cómo traerme a dónde me quiere, ella sabe que odio esos lugares y si Erick no le quita las manos sobre sus caderas voy a subir y lo voy a arrojar por las malditas escaleras.
—Denles cerveza gratis a los nuevos clientes y carguen todo a mi cuenta, debemos celebrar que el arquitecto Alexander Roe está en mi club nocturno, esto debe ser una aparición divina — un afroamericano pasa entre mis guardaespaldas con una botella de whisky escocés en la mano.
—Soy la única aparición que vas a ver en tu jodida vida.
Se ríe ofreciéndome la botella. — Hace dos años que no estabas aquí, pensé que no ya querías ver el club que tú mismo construiste, ya ni siquiera respondes mis llamadas, no esperaba una tarjeta de años nuevo.
—Me gustó rediseñar el Hakkasan, pero ya sabes que siempre me ha fastidiado el ruido y el olor de Las Vegas, y no respondí tus llamadas porque no me rodeo de indigentes americanos por mucho tiempo— acepto el regalo.
—Maldito británico, eres tan arrogante como siempre, sé que si estás en la ciudad es porque buscas alguno de tus negocios en la mafia, no creo que alguien haya obligado a venir—
si supiera.—Al menos tienes cerebro.
—¿El parche es para que te veas más maldito de lo que eres? Porque funciona a la perfección, tengo las bolas temblando— se ríe —Dime ¿Qué hace el criminal más buscado por el Pentágono en mi humilde y excéntrico club? Te estás arriesgando mucho, tu ficha de búsqueda sigue vigente por todo el país.
—No soy el tipo de hombre que hace negocios y se los cuenta al primer idiota que pregunta.
—Sólo contéstame una cosa ¿Vienes como mafioso o como arquitecto? Para saber cómo tratarte frente a mis clientes, que idiota soy, ya ni siquiera eres dueño de la firma Hilton & Roe, vi la subasta por televisión.
—Lo que importa no es el nombre, sino el cerebro detrás de ello.
—¿Eso significa que te retiraste oficialmente de la arquitectura?
—Tal vez, o quizá estoy esperando el momento correcto para que la próxima vez que todos me vean cómo arquitecto sea en algo mejor que el Hakkasan y que las mejores creaciones que tuvo mi última cadena hotelera.
—Suena cómo una anécdota absurda, eres billonario, pero ni así puedes volver a la vida pública después de tu ficha de búsqueda criminal, eres un hombre inteligente sabes que sería un proceso imposible.
—No conozco el significado de esa palabra.
—No juegues al tonto Alexander, si por milagro borráramos todos los cargos que tienes en Europa, todavía te queda el asesinato del Sargento Prescott en una base del Pentágono y tengo mis sospechas de que la muerte de Richard Madden también fue obra tuya.
—Te equivocas, sólo maté a su esposa.
—¿Y lo dices con calma? — se frota las sienes — La única forma posible que se me viene a la mente para que volvieras a ser arquitecto, y según las leyes londinenses y americanas, primero tendrías que convertirte en...— detiene su copa a medio camino.
—¿Convertirme exactamente en qué? — le pregunto con media sonrisa, ambos sabemos la respuesta, pero su reacción lo hace más divertido.
—No serías capaz.
—¿De qué?
—No, no, no ¿Ese es tu plan? ¿Por eso estás aquí?
—Habla claro, no puedo leer mentes.
—¿Las torturas te afectaron la cabeza? Nunca habías hecho algo así en todos los años que llevo de conocerte y son más de diez, siempre has estado demente, pero esto va a otro nivel idiota— baja la voz espiando a nuestras espaldas.
—Bebe vodka Mark, te ves un poco nervioso y no te está funcionando la cabeza.
Empuja el vaso que le ofrezco y casi me río,
casi, yo nunca me río. —Ese no es tu plan de ninguna maldita manera, ser aliado de Richard Madden te dio poder, pero si piensas hacer lo que creo...— se pasa la mano por la cara —No conozco la mafia de forma interna, pero cabrón, no soy tan inepto para saber que no te lo van a permitir.
—Deja de inventarte planes ficticios que nada tienen que ver conmigo— dejo los juegos de lado —¿Has visto a Jack por aquí? Llevo tiempo buscándolo en Nueva York, hace poco lo tuve, pero se escapó.
—Lo único que sé sobre él es que sus laboratorios han estado cerrados por más de un mes, sus empleados cerraron la comunicación completa con los clientes, él no ha viajado a Nevada o me habría contactado.
—Ninguno de sus viajes tiene un patrón a seguir, una semana lo encuentran en México y la siguiente en Colombia, quiere que le pierda el rastro.
—Tu primo siempre me pareció cuerdo, jamás había cerrado sus laboratorios, ni siquiera cuando David Wall murió ¿Qué le sucedió en Dinamarca?
Bebo mi whisky antes de responder, los eventos de esa noche siguen frescos — La organización de los treinta y siete asesinó a su hija.
—¿Su hija con la teniente? — sus cejas se alzan cuando asiento —. Ya entiendo porque Meredith estuvo aquí.
Me incorporo en el asiento. —¿La adicta te visitó?
—La próxima vez que tu madre esté viva debes decírmelo, casi me acojono del susto, la reconocí porque es la versión madura de Bennett, fue aproximadamente hace tres semanas, no vino al Hakkasan, pero si a mi casa, ella y unos veinte legaes cerraron todo mi edificio durante la noche y saquearon mi apartamento, tambien venía buscando a Jack.
—¿Tienes las grabaciones de esa fecha?
—No, se llevaron todo y no dejaron rastro, ya sabes cómo trabajan, ella... me habló de ti.
No me interesa hablar de la adicta, pero siento curiosidad. —¿Encontró a Jack?
—No, pero me dejó en muy en claro que no lo quería capturar, dijo que... te lo quería entregar.
No evito la risa sin humor que suelto. —¿Y le creíste?
Agacha la cabeza. —No la conozco, pero se veía arrepentida... dijo que tenía una deuda con Bennett, que quería verte y hablar.
—Eso es lo que hacen los adictos, juegan con tu mente hasta su siguiente porro, la perra quería que le dieras información de mi primo a como dé lugar y como amenazarte y golpearte no funcionó, utilizó otro de sus métodos.
—Si estaba fingiendo lo hace muy bien, no quería ponerte de mal humor ¿Quieres que inicie el espectáculo con las bailarinas? Están preparadas desde que te vieron entrar.
Miro a su espalda a un grupo de mujeres en bañador que saltan entre los clientes. Siempre que visito el Hakkasan el dueño prepara un espectáculo femenino exclusivo para mí y mis asesinos, esta vez es diferente porque mi mujer está observándome desde el balcón.
Baja las escaleras en dirección a nosotros, Caterva la ayuda a bajar los peldaños.
—No— giro mi argolla matrimonial en mi dedo anular para que la vea mientras le sonrío a Emma. Soy un mafioso casado.
Esa mierda suena bien.—¿Todo está bien? — siento su mano en mi hombro y después en un movimiento controlado se sienta entre mis piernas con ese vestido rojo apretado pegado a mi vientre y su perfume revoloteando en mi espacio personal —¿Estás haciendo negocios en nuestra noche libre?
No detengo mis manos de acariciar sus curvas entre la tela que me tiene loco.
Mark reconoce el cambio de actitud de mis guardaespaldas y se levanta de su silla. —Tú debes ser la señora Roe, tu boda fue comentada en todos los medios, bienvenida al Hakkasan, yo soy el dueño Mark, ustedes son invitados especiales del club, Alexander y yo somos viejos socios.
Mi celular vibra, en segundos tengo acceso a las cámaras en miniatura. —Rediseñé su club hace unos años, te va a gustar el lugar— el explico, pero Emma no responde, me quita el celular de las manos y la miro con una ceja arqueada.
—No vas a trabajar esta noche.
—Disculpe mi atrevimiento, pero el lobo no está aquí por placer señora Roe, estamos trabajando— responde uno de los conservadores.
—Alexander tiene la noche libre hoy, que los otros se encarguen del trabajo, el tal Mark puede ayudarlos, ya que se conocen muy bien.
Voy a replicar, pero me jala y me obliga a levantarme, no tiene la fuerza suficiente para el peso de mi cuerpo, pero lo hago por educación. —Ya te dije que no puedes hacer estas cosas frente a mis criados Emma, Bennett y yo estamos buscando a...
Me pone la mano en el cuello y pega su boca a la mía frente a Mark, pego mis manos a su cintura con el ceño fruncido mientras se pega a mí moviendo las caderas al ritmo de la música con demasiado entusiasmo.
— Tienes media hora para atrapar, matar o torturar a quién sea que estás buscando, después, serás todo mío— me advierte lamiendo mi labio inferior una última vez.
—Vine a trabajar— la aparto de mi cuerpo.
—Y yo a relajarte — se pega de nuevo como una caprichosa, va a besarme otra vez, pero subo mi cabeza y sólo logra atrapar mi mandíbula poniéndose de puntillas.
—No, sube con Coraline y pasa la noche con ellos hasta que termine el trabajo.
Me mal mira, pero asiente. —Un placer conocerte Mark— le guiña un ojo con media sonrisa.
¿Le guiñó un ojo? ¿Le sonrío? Carraspeo desconcentrado en lo que debo hacer, está jugando conmigo justo como ayer en el casino, esta vez no voy a ceder a su juego de seductora.
Mark le ondea la mano entusiasmado y la baja de inmediato cuando lo mato con la mirada, a este paso me quedaré sin amigos, malditos prostitutos. —Aquí está su otro celular mi señor, Wren ya le envió la señal a este también— un criado me entrega el dispositivo ya que Emma se llevó el otro.
Vuelvo a mi tarea interior. Saco las cámaras de vigilancia y busco las imágenes desde que llegamos sin dejar de ver de reojo a mi esposa en el balcón.
— Tenemos a dos mayordomos en el balcón vigilando a los clientes del casino y hay dos meseros de zona en los ventanales van camuflajeados— le hablo a Bennett por el comunicador en mi oído que se conecta al suyo y sube corriendo las escaleras dónde está mi esposa con Coraline y Erick.
—Los tengo a la vista, dame tres minutos para acercarte al hombre que buscamos, anoche vigilamos el casino y hay más de cuarenta y siete cámaras de seguridad en diferentes ángulos.
—El único punto ciego es el balcón.
Le guiña un ojo a Coraline cuando pasa junto a ellos y la rubia se sonroja. —No tenemos tiempo para tus romanticismos baratos, apúrate.
—Lo dice el que se la pasa cumpliendo los caprichos de su mujer y se enoja con el que no lo hace, deja de juzgarme por pasar tiempo con mi...— la conexión del comunicador falla en la última palabra y me impide escucharlo.
Busca un sitio más apartado y cuando lo elige saca el bípode para darle soporte a su metralleta desde esa distancia, mira dos veces a los mayordomos mientras se coloca sus guantes tácticos cortos.
Coloca el silenciador y se arrodilla entre el barandal del balcón hasta quedar tendido en el suelo apuntándole a los vigilantes del ventanal, es un hijo de puta tan egocéntrico que se acomoda los rizos antes de dispararles a buena distancia.
Camino para interceptar al turco antes que note a su seguridad muerta. Mis asesinos le cierran el campo de visión y trata de escapar de la mesa. Pongo mi daga Roe en su piel y se tensa azotando la cámara de antes. —Necesito refuerzos, estoy rodeado.
—Llegó tu criminal preferido, tu seguridad está muerta, desconecta tu celular de la llamada y entrégame el comunicador que tienes dentro de tu saco antes que te clave mi daga en la columna— paso el filo por su cuello.
Hace lo que le pido más lento de lo que mi paciencia requiere. —Ya está, quita el arma.
—Yo decido cuando hacerlo. ¿Hace cuanto se fue el maldito Borah?
—Hace seis horas, el avión diplomático británico despegó a las cinco en punto porque el parlamento se lo exigió.
—¿Cuántos mayordomos se quedaron en Las Vegas?
—Más de veinte, el Borah ordenó que los encontramos a usted y a su hermano y los asesináramos por matar a su hijo, anoche chocamos unas de sus camionetas donde iba Coraline Gray también la quiere muerta— comienza a sudar —Pero les perdimos el rastro en un pequeño hotel barato.
—¿Va a ir por Aaron?
—No lo sé— su voz tiembla.
—¿Dónde está el niño?
—No está con nosotros, el MI6 se quedó con él desde el primer día.
—Está mintiendo— Bennett se abre paso entre Wren.
—El adicto llegó, tu madre nunca te debió llevar a Turquía, mal nacido.
Lo ignora y toma asiento frente a él con los brazos cruzados. —Los dos sabemos que MI6 no toma rehenes antes que la policía local los interrogue, hay un lapso de al menos seis horas antes de la detención oficial.
—¿Tratas de engañarnos pedazo de mierda? — barro el filo por su clavícula cerca de su yugular.
—De ninguna manera, pero el Borah dio la orden de que unos agentes del MI6 se quedaran con el niño mientras nosotros nos llevábamos a Coraline de Irlanda.
—Coraline dijo que la separaron de su hijo hasta llegar a Londres— encuentro la falla en su patética historia.
—Eso fue lo que me informaron a mí, yo no estaba presente, volé a Las Vegas antes que todos para reservar el hotel y preparar la cena con su esposa— me hierve la sangre con sólo recordar esa puta noche —Pueden matarme si quieren, pero les juro por mi vida y en el nombre de Allah que ningún mayordomo del Borah sabe dónde está Aaron.
— Su historia no tiene coherencia, si el Borah no sabe dónde está Aaron no habría tratado de matar a Cora anoche, sabe que iré por mi hijo a como dé lugar— Bennett y yo nos miramos fijamente, los dos negamos al mismo tiempo. Azoto su celular en la mesa mientras mi hermano saca su propia daga y toma mi lugar en su espalda.
—¡Llámalo!
—Pero señor.
—Vas a decirle que la misión fue un éxito, que encontraste el hotel donde se quedaron, hubo pérdidas y más de la mitad de los mayordomos están muertos, pero Coraline Gray y Bennett Roe también están muertos, el único sobreviviente fue uno de mis asesinos y no pudiste identificarlo.
—Va a necesitar pruebas y testimonios.
Sonrío de lado. —Ya tengo encerrados a los otros mayordomos que se quedaron en la ciudad, confirmarán tu versión.
Ordeños que mis criados hagan arrodillarse a los otros mayordomos que quitamos del ventanal, sus rostros están irreconocibles por las golpizas.
Sus dedos tiemblan cuando marca por el celular y esperamos hasta que la voz de la asistente del turco contesta, le plantea la misma versión que le ordeno sin titubear, sé que alguna de sus frases hay alguna clave para que sepan que lo tengo.
—Dije cada palabra que ordenaste lobo— arrastra el móvil sobre la mesa —¿Ya puedo irme?
—No hasta que uses el arma que llevas oculta en los tobillos.
No me decepciona, saca una revolver de baja calidad y me apunta directo al pecho haciendo que mis guardaespaldas le apunten, es una misión suicida y lo sabe, pero quiere tener cinco segundos de victoria.
—Utilicé la frase clave, el Borah sabrá que buscan al niño y si me vas a matar al menos voy a tener el maldito placer de atravesarte el pecho.
Bennett suelta su daga, levanta su metralleta y le apunta en el cuello. —Nadie le dispara a mi hermano.
—Mira como lo hago adicto.
El láser rojo de Bennett se enciende y mueve el arma directo a su cabeza. —No voy a repetirlo, lo tocas y te volaré los jodidos sesos antes que puedas jalar el gatillo — le advierte. —¿Entendiste?
El turco nos mira a ambos y baja su arma lentamente mirando a sus amigos arrodillados. Anticipo el movimiento del otro cuando levanta el arma sobre el hombro de Bennett. Antes que saque una de mis dagas y lo mate alguien se me adelanta y le pone un revolver en las sienes de la cabeza.
Erick nos mira con una bebida en su mano y el arma en la otro. —¿Erick? — Bennett no baja la metralleta.
—¿Qué estás haciendo indigente? — ya debe estar ebrio porque me sorprende que su mano no tiemble como de costumbre.
—Desde el balcón vi que necesitaban refuerzos con esta basura turca.
—Entras en la categoría de bufón, un mesero de ochenta años me sirve más que uno que ni un chaleco antibalas se sabe poner.
Suelta el popote de su margarita y ladea la cabeza con la lengua pintada de roja—Lo dice el mafioso experimentado al que su enamorada le atravesó el abdomen y lloro por tres meses en Nueva York por ella.
—Vas muy ebrio Erick, aléjate de los turcos— Bennett trata de calmarlo, pero no es necesario, lo voy a matar aquí mismo.
—No me mires con esos ojos Alexander, estoy aquí para trabajar ¿Qué sigue? — se rasca la nuca —Disparo, apunto, chaleco, fuego... — balbucea —¡Ya recuerdo! Levanto, apunto... ¡Fuego!
—¿Qué clase de circo este? — el mayordomo escupe en el suelo —Todos saben que eras el manso de una mujer millonaria, quita tu maldita arma de mi cabeza.
—Aquí es dónde digo mi línea épica ¿verdad? — mira Wren y deja su vaso en la mesa sin mover el arma —¿Qué te parece esta? Jódete idiota— le dispara en seco en la cabeza manchando el piso de sangre.
Bennett y yo compartimos miradas mientras Erick nos sonríe pálido, su cuerpo tiembla y si el maldito no se desmaya va a ser un milagro, pone la punta de su arma y sopla como mala película de acción.
—¡Aplausos para ese tiro! — aplaude emocionado — ¡No vomité como otras veces! ¡Lo maté yo solo Alexander! ¡Y sólo me tomé dos botellas de vodka y cuatro Bloody Mary!
—Creo que estoy alucinando de nuevo ¿Qué acaba de hacer? — Bennett sigue con la boca abierta.
Sonrío de lado. —El maldito encontró sus pantalones y se lo puso finalmente— pongo mi mano en su hombro y Erick me sonríe con la mirada desenfocada, está tan abrió que apenas se puede mantener en pie.
—¿A cuántos más... ma... más mato de todos estos arrodillados?
—Empieza por el calvo— sonrío malicioso, pero Bennett le arrebata el arma cuando le apunta a los otros mayordomos.
—Más lento James Bond, tu cerebro no va a aguantar tantos traumas seguidos.
—Déjalo en paz, lo estoy educando, es mi nueva creación.
— ¡Soy su creación! ¿Oíste? ¿Quién es un pordiosero ahora?
— Tú, pero con un poco más de clase indigente, vamos a embriagarte para que no llores como púber cuando te des cuenta de lo que acabas de hacer — sonríe con entusiasmo y toma su botella de vodka siguiéndome.
Casi lo hago correr por las escaleras.
—No importa cuánto alcohol le des, se va a volver loco mañana cuando reaccione.
—¿Me vas a llevar a misiones importantes a partir de ahora?
—Ni loco, pero en cinco años puede que me sirvas, limpien el desastre y encierren al resto después de torturarlos un poco más, también rastreen cada llamada y mensaje de cada celular que encuentren en sus habitaciones— ordeno a mis criados.
—Menos mal estaba con ustedes, estábamos preocupadas buscándolo por todos lados, anoche cuando se fue regreso sin dinero, sin ropa y con el cabello pintado ¿Por qué viene saltando? ¿Lo drogaron? — Erick se hecha sobre ella antes que lo empuje con mi hombro.
—¡Maté al Borah! — grita cayéndose al piso.
—¿Qué hizo qué?
—¡Lo maté Emma! ¡Ya no se preocupen! Llegué a salvar el día de la mafia.
—¿El Borah está muerto? — la rubia trata de levantarlo, pero Erick actúa irracional y le grita que lo deje en el piso, lo pateo con mi bota para buscar mi asiento de cuero de antes y sentar a mi mujer como la quería antes.
Me toma del brazo y gira mi muñeca para ver mi Rolex, sonríe satisfecha. —Buen chico.
—No soy un perro.
Se ríe pegando mi mano a su vientre y besando mi mejilla, la observo extrañado
¿Se le pasó tan rápido el enojo? Miro mi propio reloj.
Sólo pasaron veintisiete minutos.Fue una casualidad, no lo hice consiente, ni apresuré el trabajo, yo no obedezco ordenes de nadie. — Era un mayordomo turco, no el Borah, sigo sin creer que de verdad lo mató, está tan ebrio que no sabe ni lo que hizo— Bennett le explica a la rubia y se sienta junto a ella, ojala pudiera correrlos de mi vista, me molesta verlos cerca desde que él casi se suicida por su culpa.
—Tenemos rastreadas las llamadas que le hacen al turco hasta que regresemos a Londres, va a mover la ubicación de Aaron por la supuesta muerte de Volkan.
—Estoy segura que lo tiene Dylan— no dejo que Emma ayude a Erick a incorporarse—Aunque él y Sarah deben estar en su luna de miel, la única que puede tener contacto directo con Aaron es Mary Gray.
—Bennett tenía la ubicación directa del cojo, pero uno de los camaleones del Mi6 la remueve cada veinticuatro horas para evitar intromisión.
—Necesito saber que mi bebé está bien— le pide la rubia con los ojos entornados al adicto.
—Vamos a trabajar a primera hora del día, en cuanto regresemos a Londres.
—¿Nuestro vuelo privado sale mañana?
—Primero viajará Bennett con Caterva, el resto lo haremos por la noche, quiero visitar la prisión de Manhattan para establecer comunicación con Ethan le informo—antes de confirmar que Alesha está dentro tenemos que poner continentes de por medio con su padre.
—¿Jin Jun se va con Bennett?
—Nuestros hijos y nosotros viajamos juntos nena— la tranquilizo.
Suspira relajando los hombros. — ¿Investigaste sobre los laboratorios de Jack?
—Permanecen cerrados, ningún cliente lo ha visto, ni siquiera Mark.
—¿Los hoteles
"Emma Roe" están cerca de los laboratorios?
—A una hora de viaje. ¿Por qué?
—No estuve presente en la inauguración, quiero conocerlos y también puede que estemos buscando a tu primo en el lugar equivocado.
Mis dolores de cabeza por el estrés han empeorado por la falta de vista, me punzan las sienes con la música alta del bar. Algún DJ reconocido está dando un espectáculo de luces neón en el piso de abajo.
—Si está es nuestra última noche en Las Vegas quiero que bailes conmigo— susurra en mi oído.
—Yo no bailo— le recuerdo, pero jala mi mano y me hace seguirla hasta el barandal del balcón, las luces neón aumentan mis ceguera, pero cuando la veo bailar es como si nada más existiera, las voces de dos mujeres y un hombre cambian radicalmente en la música, Emma me hace colocar mis manos en sus caderas y se menea a un ritmo lento.
La letra es erótica y el baile es peor. Emma está en modo seductora, se coloca unas gotas de whisky en el cuello y me insta a quitárselo con mi lengua, no me contengo de saborear el sabor amargo de la curva.
Lamo todo lo que quiero y marco mis dientes más de una vez mientras respira agitadamente en mi oído. Cuando termino se relame los labios y pega su barbilla en mi cuello hasta que deja un rastro de besos y lamidas suaves similares a las mías.
Succiona mi piel marcándome a su antojo y baja por el rastro de mi barba hasta la el bulto en mi garganta.
— I just wanna look good for you. I just wanna be one of your girls tonight — canta en mi oído con voz ronca —Let me show you how proud I am to be yours, leave this dress a mess on the floor. Still look good for you, good for you.
Sólo quiero lucir perfecta para ti, quiero ser una de tus mujeres está noche... Déjame mostrarte lo orgullosa que estoy de ser tuya... Dejemos este vestido en el suelo...—Hands on my neck while you push it out, and I'm screaming out.
Pon tus manos en mi cuello mientras lo empujas hacia afuera y grito.—Jodida letra perversa— gruño.
Entre más canta más menea las caderas y más se ralentiza mi respiración, me besa lento, muy lento y se gira para que sigamos bailando a un ritmo controlado, la combinación del vestido rojo, el baile y la música me tienen malditamente embriagado.
No me importa prestarles atención ni al ebrio de Erick tambaleándose a la barra mientras mi mujer pone su boca en la mía, saboreo sus labios antes de meter mi lengua en su boca, jadea girándola de vuelta a mí.
—Emma ¿Crees que podemos...? — parece que alguien habla.
Muevo mi mano a los guardaespaldas y entienden la orden de inmediato, hacen un semi circulo entre nosotros y Coraline, Bennett y Erick. Para que ninguno nos interrumpa otra vez. —Anticipamos la llamada que realizaron, si Aaron está con el MI6, planeamos que...— ellos siguen discutiendo a nuestras espaldas, hasta que se giran los guardaespaldas a ellos dándonos privacidad a mi mujer y a mí.
Emma pone mi mano alrededor de su pequeño cuello y me mira con intensidad. — Force me and choke me until I pass out.
Oblígame y estrangúlame hasta que me desmaye.Dejo de escuchar la música molesta de los alta voces mientras Emma se centra en morder mi labio con ganas, no me ando con juegos, todas las luces que hay en el club dejan varios espacios oscuros y el nuestro es uno de esos, poso mi mano en sus glúteos y los magreo.
Gimotea en mi boca y me busca con más ansias pegando su espalda al barandal, apenas y me deja respirar, la siento con ganas de provocarme para llevarla a uno de esos baños que del primer piso y follarla hasta que debamos regresar con nuestros hijos.
El vestido rojo me tiene loco, mi otra mano sube a una de sus tetas y la sobo a mi antojo. Su mano codiciosa va por mi abdomen y sé a dónde va a terminar. Sonrío de lado cuando siento la humedad que moja la tela de mi pantalón debajo de sus muslos mientras empieza a masajear mi erección.
Sus dedos raspan por toda la tela abarcando todo el grosor, parece que ya no es consciente de que no estamos solos en el balcón, a pesar de la privacidad que crea nuestra línea de guardaespaldas.
El baile sigue igual de perverso, entierro mis dedos en su cintura y la levanto sobre mí con un solo brazo. —Me encanta que tengas músculos, me cargas como si no pesara nada, voy a obligarte a llevarme en brazos como una reina.
—Eso ya lo hago desde siempre — se ríe sobre mi boca y deja que camine fuera del círculo de seguridad para largarnos de este maldito lugar.
—¿Se retiran tan pronto? ¿Puedo prepararlos más bebidas señora Roe? No quiero hacer mal mi trabajo y ser despedido— el bartender asiático se acerca a nosotros y Emma se aleja con las mejillas sonrojadas, las pupilas dilatadas y la respiración acelerada.
—Si quieres que te folle pídelo sin público, estabas dando un espectáculo pequeña seductora— le susurro al oído y se estremece mientras la regreso al suelo.
—¿Qué? — su voz suena temblorosa y discretamente trata tapar el área de sus muslos para que no vean la humedad de su vestido, sin darse cuenta también está cubriendo la maldita erección que me acaba de provocar.
—Está ofreciendo bebidas, pero no creo que lo hayas oído, ni siquiera escuchaste lo que te pregunté sobre Londres— responde la rubia.
Emma se remueve entre mis piernas y la cabeza de mi pene comienza a doler con esos restriegues accidentales de sus glúteos. — ¿Londres? Lo siento, estaba distraída, nosotros estábamos... estábamos tan cerca porque le estaba preguntando a Alexander si... — me mira suplicando por ayuda.
— Si podemos procrear otro hijo, pero con palabras más sugestivas y calientes, también hubo manos involucradas en ciertas áreas y evidentemente dije que sí— respondo por ella y su cara enrojece más.
—¡Alexander! — esconde su cara en mi hombro y ahogo mi risa.
Erick se carcajea el suelo aplaudiendo que será tío de nuevo y Bennett agacha la cabeza carraspeando.
—Dime que no dijiste eso.
—Di una versión menos detallada de nuestro baile y si contamos que no has empezado a tomarte la pastilla anticonceptiva, técnicamente no estoy mintiendo nena.
—Ya tengo la cita agendada con la doctora Kriss así que borra esa sonrisa de tu rostro.
— Finjamos que no escuchamos esa conversación, aunque no sé por qué nos sorprendemos si tienen dos hijos— tose Bennett y Emma se vuelve a esconder en mi pecho.
—Dios, me quiero morir.
—¿Puedes traerme vodka? — la rubia entra al rescate de mi mujer —Necesito alcohol o me volveré loca, también estoy cansada. ¿Puedes llevarme al hotel?
—Cuando desees preciosa, sólo que hoy no tendremos sexo, tengo un día largo mañana— responde Erick ganándose una mirada de odio de Bennett
Emma la imita abanicándose, pero es incapaz de mirar a nadie a los ojos. — Yo quiero una copa de vino.
—Bloody Mary Red Snapper con un toque de tequila, sin hielo, no beberé mucho llevaré a Cora a descansar y a primera hora del día volaremos a Londres— me sé de memoria la petición de Bennett.
—Dalmore 62 Single Highland Malt Scotch solo — pido a la par del adicto y mi mujer y su amiga nos miran de la misma forma.
—¿Qué?
—¿Qué te parece eso Emma? Sólo los Roe pueden hacer sonar una bebida alcohólica tan pretenciosa y cara— trata de sonreír, pero me mira fijamente por primera vez desde que llegamos —¿Cuál es el plan de rescate señor Roe?
— Ese pídeselo a Bennett.
—No dudo que él vaya a traerme a mi bebé de vuelta, pero necesito una garantía de lo que lo haga sano y salvo.
—Si espera una invitación abierta a la mafia pierda las esperanzas, eso no va a suceder ni muerto, jamás confiaría en un miembro de la familia Gray, tuviste tu oportunidad muchas veces y la desaprovechaste, paga las consecuencias de tus actos.
—Escúchala— dice el adicto.
Emma se remueve entre mis brazos. — Alexander, Cora trata de...
—Sé quieren ayudarme, pero necesito que todo lo que diga sea suficiente para él, una conversación de dos— pide ella levantándose y se acerca a nosotros. —Sé que la última vez fue por Bennett y por su supuesta muerte.
Me levanto. — No quiero escucharte, Caterva, llévense a Erick, Emma y yo nos vamos.
—Entendido mi señor, preparen las camionetas y el Aston Martin, el señor y la señora Roe se van del Hakkasan.
Tomo a Emma de la mano, pero la rubia se me interpone en el camino. —Sentiste que te arrebaté la vida de tu hermano y cuando regresó provocó todo lo malo que nos sucedió en Dinamarca y también sé que no me odias por el Bennett que está parado frente a nosotros, si no el Bennett que fue lo suficientemente fuerte para destruirse a sí mismo por mí.
—¿Fuerte? — me río —No tienes idea de lo que pasó todos estos años para terminar como lo dejaste.
—Lo siento tanto.
—¿Crees que una maldita disculpa tuya borra todo lo que vi? Tu enredo con James cuando su muerte estaba fresca, su última recaída, si esa fue tu forma de amarlo, me das asco.
—Ya basta Alexander— él se pone a mi lado, pero si querían que hablara lo haré.
—Escúchame bien Coraline, abandonar a mi hermano no fue lo que me hizo odiarte, fue el hecho de que te lo convencieras que lo amabas, él pudo entrar a rehabilitación como las veces anteriores, pero no funcionó porque en su estúpida cabeza seguía creyendo esa mentira y si voy a ayudar al rescate de tu hijo es por planes personales, no te sientas relevante.
—No vamos a cambiar el pasado, si esas son las condiciones del juego, estaré dispuesta a seguir tus reglas y a ayudarte en todo lo que pidas con tal de ver a mi hijo de nuevo y después regreso a Irlanda sola con él sin causar más conflictos en la mafia, te doy mi palabra— extiende su mano.
Bennett hace una mueca de dolor con la promesa de ella, Coraline no miente, no vacila en su lenguaje corporal, ya no es la misma niñata inmadura que conocí antes, el divorcio o algo más la cambió.
—¿Seguirás todas mis reglas e instrucciones y luego te largas?
—Sólo si juras ayudar a Bennett a regresarme a mi hijo y que ambos regresen a salvo.
Todavía le importa demasiado el adicto, algo que me va a favorecer en el futuro. Las piezas del plan C18 se van acomodando poco a poco a mi favor.
—¿Entonces? ¿Aceptas?
— Trato hecho— tomo su mano y sella su pacto con el demonio. —Caterva, diles a los criados que preparen habitaciones extra en el Score, tendremos casa llena por una temporada.
. . .
Me coloco los lentes negros, hoy no llevo el parche y no porque no quiera, hoy es uno de esos días únicos de sol de invierno de Nueva York y hay más gente en las calles corriendo por la celebración del maldito año nuevo.
Me siento como hace un año, esos tres meses que viví aquí fueron los peores de mi existencia y he tenido peores viviendas que un Penthouse de lujo en la zona alta de Central Park.
Uno de mis criados está cargando a Raven con una mochilas portabebés que Emma compró en la última tienda, Kiara duerme más que su hermano, está dentro de la camioneta durmiendo en su porta bebé junto a Niles.
Raven está muy despierto viendo a la gente ir y venir por las avenidas principales, tiene las mejillas rojas y acentúan el color de sus ojos. Tiene unas guantes hechos a medida idénticos a los míos.
Alza la cabeza y mira los copos de nieve con desagrado. —Te entiendo hijo, la nieve de esta ciudad es asquerosa no como en Dinamarca— no habla, pero parece estar de acuerdo conmigo.
Mis hijos tendrán mi carácter, ya lo veo venir.
Todas las tiendas están a reventar, más de un idiota se topa contra mí y se disculpan corriendo con bolsas de regalo en las manos, mi plan principal es visitar los laboratorios de Jack, pero sí dejó vigilando a sus trabajadores, alguno le informará que estoy en la ciudad, tengo a Wren haciendo esa búsqueda por mí. Va a estar camuflajeado y actuará como un cliente más.
Me quito los guantes de cuero negros para fumar mi tercer porro del día y me abro los primeros botones del abrigo soltando el humo por la nariz. Emma está eufórica haciendo paradas cada cinco minutos llenándose de compras en cada tienda que visita.
Me sacudo la nieve de las botas y del abrigo mientras entro a la tienda de lujo buscando un lugar donde fumar sentado.
— Estás son las compras de la señora Roe en Prada, me sorprende que nos haya dejado el almacén vacío— la dependienta llena a mis guardaespaldas de cientos de bolsas y hacen más de tres viajes para subirlas a las camionetas.
Emma viene detrás de ella con un catálogo en las manos, tiene las mejillas y la nariz rojas por el frío, se ve idéntica a Raven a excepción del color de ojos. La obligué a ponerse de nuevo el cabestrillo y me voy a asegurar que no se lo quite hasta que su brazo está recuperado al cien por ciento.
— ¿Todo esto en una sola tienda?
—Son compras necesarias, no lo entenderías— se encoje de hombros.
—Tenemos un pequeño problema — la dependienta se ríe nerviosa —Le expliqué a su esposa que, debido a la situación política de importación, el precio de la última colección de abrigos que seleccionó se triplicó, sé que son británicos, pero eso sumado a los impuestos del país es más del treinta por ciento por prenda... sin contar los costos extra por ser época vacacional.
—No entiendo el problema.
Se remueve nerviosa envolviendo las últimas prendas. —No estamos hablando de miles de dólares, con la compras excesivas de su esposa, hace una suma de seis cifras.
Emma oculta una risa y se pone a mi lado
¿Los americanos son retrasados mentales? No vio mi Aston Martin estacionado en la calle o a mis guardaespaldas cargando los caprichos de Emma. — ¿Y dónde está el problema? Si le gusta la jodida tienda se la compro no sólo sus baratijas a las que llaman abrigos.
—Pensé que el dinero era un problema.
—Para los pobres como tú.
Se sonroja sin atreverse a mirarme a los ojos. — ¿Pagará con efectivo o tarjeta caballero?
Saco mi Black Card y añado un porcentaje exagerado de IVA a su tienda de porquería para que no se le ocurra sugerir otra estupidez como la anterior. Emma toma su bolso de diseñador y saca un fajo de dólares para el hombre que abre la puerta.
Se lo deja en la solapa del traje y le da dos palmadas en el hombro antes que sus botas desaparezcan por la puerta.
—No más tiendas, si no visitaremos la prisión de Manhattan hasta el próximo mes— le digo a Emma cuando nos subimos a mi Aston Martin.
—Me volví loca con las tiendas, pero no has visto lo que compré para los mellizos, me muero por llegar a casa para probárselos— lo dice con un brillo en sus ojos, y cruza las piernas casi cegándome con sus botas de diamantes.
Este viaje se siente familiar.
Me siento con un deje de incomodidad, jamás he hecho nada de esto, pero a Emma se le da todo tan natural. —Wren está en los laboratorios de Jack, necesitamos apresurarnos.
—¿Crees que Caterva no sospeche sobre Alesha? Me preocupa que sea un problema si sacamos a Ethan de prisión, pero ni loca pienso dejar a esa maldita libre.
—Nuestro objetivo es Ethan, a Alesha la puedes matar si se te da la gana.
Mi celular que va conectado al altavoz del auto comienza a vibrar con el nombre de Wren en la pantalla. Emma responde para que no aleja las manos del volante, entre el alboroto por las fiestas, hay ebrios en todas las carreteras.
Dos de mis camionetas fueron embestidas por idiotas al llegar.
—¿Encontraste a Jack?
—No hay ni un solo rastro de su primo por sus laboratorios, no sólo están cerrados, están sellados por la policía local.
—Imposible, ¿Cómo descubrieron su ubicación?
—Investigué en la comisaría y fue su primo el que entregó la propia evidencia y los laboratorios fueron clausurados.
Emma ahoga un jadeo y me mira confundida, estoy igual que ella.
¿Qué diablos estás haciendo Jack? Entregó todo lo que construyó durante su vida —Estoy en camino al complejo de detención de Manhattan ¿Hay algo más?
—Sí, revisé las últimas cámaras de vigilancia que quedaron del edificio, son de hace tres semanas y aunque para ese entonces ya estaba vacío el edificio, se ve a un hombre rubio que lo visitó durante casi una semana antes de desaparecer.
— ¿Lo conozco?
—Sí, es el hombre del plan C18, mi señor.
〘 〙Complejo de Detención de Manhattan.Ethan.—¡Camina imbécil! No has terminado tu jornada de limpieza ¿Vas a limpiar los inodoros o quieres lamer el lodo de mis botas con tu lengua otra vez? — me patean en la espalda y apenas puedo caminar.
Llevamos más de cuatro semanas sin comer lo justo por órdenes del hijo del sargento Prescott, nos sacaron de la celda de castigo dos semanas después que ayudé a escapar al plan C18, desde entonces a Alesha y a mí nos han forzado a hacer labores de limpieza a base de golpizas diarias.
El gobierno corrupto no es diferente a la mafia, al menos en la organización del lobo sabes lo que encontrarás. —Necesito un maldito vaso de agua, ya no puedo trabajar así— ya no resisto la garganta seca.
—Trágate la del inodoro— me sumerge la cabeza dentro. Me aferro a los bordes para aguantar la respiración. Lo repite varias veces hasta que se cansa del juego, pero cuando termina ya tengo las heridas de la cara escociéndome.
Apoyo mis manos en los azulejos y toso descontrolado, pero me obligo a no vomitar en el suelo o tendremos que limpiarlo todo otra vez. Alesha me mira ojerosa desde la esquina de los baños.
Nuestras celdas no están tan alejadas, seguimos en la línea roja, cualquier mínimo conflicto y nos encierran en la zona de castigo. —¿Ya dejaste de quejarte como marica? Porque lo siguiente que te vas a tragar va a ser mi semen si te sigues quejando. ¡Cepilla los bordes de las paredes! — me ordena el oficial estampando mi cara en la suciedad de los desechos de los otros presos.
—No se le va a dificultar chupártela, según los registros de su expediente hace poco estuvo encerrado una mafia dónde lo trataron como esclavo sexual, entre hombres y mujeres, seguro le gustó— se burlan como lo hacen todos los días, mi expediente es el tema de cotilleo de la prisión durante todo el mes.
El hijo del Sargento Prescott mira desde la ventana, pero no dice ni hace nada. Es un corrupto más de América o me sigue odiando por casi matar a su padre.
Me escuecen los pulmones y odio los temblores de mis manos, necesito una comida sana al menos una vez a la semana. Puedo resistir cuatro meses más, pero la ex pelirroja no va soportar otro mes, la miro a lo lejos tallando los pisos con menos fuerzas que yo.
—¿Estás bien? — susurra a lo lejos, si cuando la conocí su delgadez era notoria, ahora sólo es un costal de huesos.
—Estos dos ya me tienen harta, a la primera oportunidad que tenga los voy a matar.
—Le harías un favor al mundo.
—¡Dejen de hablar! ¡Más rápido inútiles! ¡La supervisión de limpieza empieza en menos de una hora! — le tumban el balde de agua limpia sobre las rodillas.
—¡Jódete! ¡Si quieres tus malditos pisos limpios hazlo con tus putas manos! — le arroja la esponja a la cara.
Le dije que se callara, que soportara los golpes en silencio o se pondrán peor, pero no entiende. El policía regresa con ella pateando la esponja y la tumba al suelo de una bofetada a puño cerrado. —¡Te vas a la celda de castigo estúpida! — la jala del cabello.
Ruedo los ojos, con dificultad me levanto y me pongo entre él y ella porque si la falta de comida me tiene débil, a Alesha la tiene casi muerta. Ni siquiera patalea cuando la arrastra del cabello.
Después de varias semanas los dos nos hemos olvidado de cómo se siente la vida sin golpes, malditos cerdos sexuales y trato de animales, si yo soy un objeto sexual, ella lo, es más, por las noches nos dormimos entre quejidos. — No son necesarios los golpes, estamos limpiando lo más rápido que podemos.
—No te pedí tu ayuda—
la ayudo y sigue tratándome como un anciano irritante, esa maldita nunca cambia.La ignoro y me cruzo de brazos frente al oficial. —Déjala.
—No te quejes, eres un ex militar, tienes resistencia, pero a esta idiota le voy a enseñar a respetarme.
Pierdo la paciencia después de la mierda reciente, si el rubio no encontró a mi hijo entiendo que siga encerrado en esta porquería, pero si encontró a Jack y le dijo que estoy aquí y aún así no vino se terminó mi tiempo en Nueva York.
Me aferro a los hombros de policía y con una patada en su pantorrilla lo tumbo al suelo junto a los baldes obligándolo a soltar a Alesha. —¡Apenas nos arrojan estofado de carne mohosa una vez a la semana y de la porquería a la que llaman pan prefiero ni tocarla! — lo pateo en las costillas y no pienso parar hasta rompérselas — ¿Dé dónde coño vamos a sacra fuerzas para limpiar tus malditas instalaciones?
No termino hasta queda muerto en el suelo, me tumbo junto a Alesha jadeando, después de varias semanas finalmente me siento viejo.
—Gracias— susurra ella y algo en mis entrañas se revuelve.
Recuerdo como cuidó de mí en la celda de castigo cuando me dispararon, como nos hemos ayudado hombro a hombro en cada mierda que nos han hecho pasar. —No lo hice por ti — le digo frío.
—¿Te duele? — me toca la herida de la cara y asiento.
Cierro los ojos, necesito dormir un poco más. Siento un paño húmedo en mi cara y veo que me está quitando la suciedad de la herida para que no se me infecte. Nos miramos fijamente mientras termina.
No sé que decir y tampoco si debería decir algo, estás semanas han sido extrañas... demasiado para tener una explicación lógica, pero ni aún así olvido que es una traidora de la mafia.
¿Somos aliados?—Ustedes dos— entra un oficial y nos incorporamos de inmediato, mira al oficial muerto niega con decepción —No pueden pasar una semana sin ser puestos en la celda de castigo ¿Qué no aprenden?
—No.
—No tenemos tiempo para lidiar con esto, tú, militar— me señala —Tienes visitas.
—No conozco a nadie aquí, además el hijo del Sargento Prescott no dejaría que nadie me visite.
—Pues tuviste suerte, es alguien poderoso que debió sobornarlo.
—¿Cómo se llama?
—No dijo su nombre de pila, sólo su apellido, dice que es el señor Hilton.
¡Hola sexys!Deberíamos tener miedo de Alexander... ¿o de Bennett?¡Feliz día del libro!¡Los amo tres millones!-Karla.