CAPÍTULO 17
Cora.Estoy de espaldas en una cama grande en el Score, hace poco que aterrizamos y debería dormir, pero me pasa lo mismo que en el pequeño hotel de Las Vegas donde no pude cerrar los ojos ni siquiera una hora.
Tengo una de las camisetas de Bennett, es prestada y sólo para dormir esta noche o las siguientes si es que puedo ir a comprar un poco de ropa. Lo único que tengo es lo que traigo puesto.
Bennett se quedó despierto conmigo toda la noche, sólo viendo la ventana. Los mayordomos del Borah estuvieron a punto de atraparnos en el casino, tuve tanto miedo de que los agentes del MI6 me volvieran a encerrar.
Bennett está dormido a mi lado, no fue opcional, me dijeron que el score ha estado cerrado por meses y esta es la única habitación disponible. No voy a hacerlo dormir en el suelo, ambos ya somos adultos para hacer una escena de esas.
Vi a Volkan en cuanto llegamos, cenamos con él, le puse la pijama y lo mandé a dormir a una habitación en el piso de arriba, soy incapaz de ser cruel con él por culpa de su padre.
Miro el reloj de nuevo, las ocho de la noche, cinco minutos han pasado desde que vi la hora, la noche se me hace eterna, Caterva dice que el vuelo privado de Emma y Alexander ya viene en camino, no sé qué hicieron en Nueva York, sólo Bennett lo sabe.
Debería cerrar los ojos, pero durante estas semanas apenas he podido conciliar el sueño, pienso en mi bebé a cada momento del día, cada maldito segundo me mata. A Aaron no le gustan los lugares ruidosos, ni la gente desconocida, tampoco las zanahorias cocidas, no duerme sin el unicornio de Millie y su pijama de dinosaurios.
Dios, te ruego que sean buenos con él.—¿Cora? — siento la mano de Bennett en mi hombro y su respiración en mi nuca. —¿Te duelen los golpes? Dime lo que necesitas, traeré al médico de inmediato— dice girándome hacia él, tiene una mirada abatida y con dolor.
—Estoy bien.
Si tengo que suplicarle de rodillas a mi hermano para que me regrese a mi bebé juró que lo haré.
—No llores, por favor— sólo hasta que me limpia las mejillas me doy cuenta que lo estoy haciendo.
No puedo evitar pegarme a él, necesito ese abrazo más de lo que necesito respirar. Sus brazos me envuelven de inmediato y me avergüenzo de manchar su playera con mis lágrimas.
Después de todo lo que sucedió hace meses jamás pensé volver a tocarlo.
Él ya no es tu Bennett. Ese pensamiento me quema, pero necesitaba un momento de consuelo. — Lo siento, estoy… yo… sólo quiero encontrar a Aaron— me aparto limpiándome la nariz con el dorso de la mano.
—Lo vamos a encontrar muy pronto, te lo juro.
Le creo, no le confío la vida de mi hijo a nadie más que a él y a Emma. Nos quedamos mirando fijamente en silencio, pasa sus manos por mi cabello, por mi nariz y de nuevo por mis mejillas. —Voy a limpiarme las mejillas— trato de levantarme, pero me detiene.
—Lo siento tanto… todo lo que pasó en Dinamarca, el divorcio… el ataque… cuando casi le disparo a nuestro hijo — susurra y cierro los ojos porque si lo veo será imposible pensar con claridad.
No es el mejor momento para mantener esta conversación. Ningún día que estuve en Irlanda me permití recordar nuestro divorcio. —Sólo te acepto la disculpa por Aaron, sé que no estabas consciente en ese momento, pero de lo demás no te disculpes, los dos cometimos errores, desde el inicio esto estaba claro que no debía suceder, pero nos aferramos.
—Estuve con Alicia en Irlanda, pero estaba aturdido, ni siquiera recordaba mi nombre, yo… hacía lo que mi madre me pedía.
Levanto mi mano y lo detengo, no creo soportar escuchar que la ama. Ya no debería dolerme después de tantos meses, pero lo hace. Me siento en la cama y hace lo mismo, nos miramos con muchas que decir y a la vez ninguna palabra sale.
Lo mejor que podemos hacer es mantener las cosas simples. —Hay una escuela de artes en Irlanda, tengo planeado que cuando Aaron crezca pueda ingresar— cambio de tema por algo que me hace feliz —Sé puede pasar horas y horas en mi estudio lleno de pintura deberías verlo, le encanta— sonrío con tristeza y veo como su expresión se ensombrece.
—¿Entonces si vas a volver a Irlanda? Sé que se lo prometiste a Alexander, pero Erick me dijo que te ofrecieron un trabajo en Londres, en la antigua galería de los Pitt, Gallery Art.
— No puedo aceptar ese empleo, tengo una vida feliz en Irlanda, con gente nueva y un empleo maravilloso, en la tienda de arte hay muchos clientes, la gente de la cuadra llama a Aaron el pequeño rubio— sollozo recordando lo feliz que mi bebé es en casa.
Me limpia las mejillas y respiro para controlarme.
—Por primera vez siento que pertenezco a un lugar y es en Irlanda— susurro y asiente con la cabeza baja.
—¿Podre ver a mi hijo? — pregunta con voz rota.
—Te adora, no podría apartarlos jamás, yo no soy como mi hermano.
Sonríe triste y ese simple gesto me quiebra un poco el corazón, no sé por qué lo hago, pero me acerco para abrazarlo de nuevo, me aprieta contra sí y nos quedamos juntos unos minutos en silencio en la habitación.
Siento como aspira mi perfume, recuerdo lo mucho que le gusta, sin detenerme entierro mi mano en sus rizos y juego con ellos hasta que nuestras respiraciones se estabilizan. —No sabes cuanto te he extrañado Cora— susurra en mi oído raspando su nariz en mi cuello y me tenso.
Esto no está bien. No debemos revivir viejos demonios bajo ninguna circunstancia, lo suelto muevo mi rostro a un lado para apartarme, pero él hace lo mismo y por un segundo nuestros rostros quedan demasiado juntos.
—¿Escuchaste lo que dije?
—No hagas esto.
—El que no lo diga no lo hace menos real Cora.
—Coraline— le recuerdo.
—Que los demás te llamen como quieran para mí siempre serás Cora, aunque me odies — se encoje de hombros.
—Ya basta Bennett.
—Vete de la habitación si quieres porque no me voy a callar, estoy harto de tener que fingir que estoy bien con esto, que estoy bien con que el maldito cojo se haya llevado a nuestro hijo, que estoy bien con todo el mundo metiendo las putas narices en algo que sólo es nuestro asunto, que me tienen cansado que hablen de nosotros— me mira con demasiada intensidad.
—No hay un nosotros.
—Entonces ¿Por qué me besaste en el casino? — me levanta la barbilla y me obliga a verlo. Abro la boca para responder, pero no encuentro una respuesta apropiada. —Dímelo Cora— pega su rostro al mío hasta que nuestras narices se tocan.
Bajo mi mirada a su boca, suave y busco otra respuesta coherente.
Tengo que apartarme. Su mirada baja a mi boca y siento un revuelo en mi estómago recordando el beso en Las Vegas, eso no puede ocurrir de nuevo.
Me relamo los labios y lo miro fijamente a los ojos —Esto no nos va a llevar a ningún lado, es mejor que me vaya a dormir a la sala.
—Vete como siempre, ya lo sabía— dice dolido y me evita la mirada.
—¿Qué cosa?
—Que lo nuestro fue tan insignificante para ti que no me no me pensaste ni un solo segundo en Irlanda.
—¿Qué? — lo miro enojada —No tienes idea de nada de lo que dices Bennett Roe— susurro enojada y me muevo para irme, pero ya me está alzando la barbilla y pegando su boca la mía.
O tal vez soy yo la que lo beso primero… porque, soy yo la que lo tiene sujeto de la nuca y soy yo la que está lamiendo su labio inferior y también soy yo la que se está subiendo a su regazo con su ayuda.
—No tienes idea de nada de lo que sentí en Irlanda— lo miro todavía enojada.
—Entonces dímelo, maldita sea— respira entrecortadamente y no hace mucho por solarse, me ayuda con sus manos en mi cintura a sentarme sobre él y gruñe mientras busca mi lengua. Espero que haya una intervención inoportuna, que alguno de los conservadores rusos entre, que Volkan grite por ayuda o que haya un ataque a la mafia de los que hubo en Dinamarca, lo que sea que corte eso que no debería ocurrir.
Nada lo interrumpe.
—No debemos— susurro con el poco de mi control.
—No— concuerda.
Bennett me tiene sujeta de las mejillas y casi no me deja tomar aire, siento como me hormiguean los labios por el beso, cuando abre la boca para mí busco su lengua con ansias, gime en mi boca y posa sus manos en mis muslos por debajo de la camiseta que me prestó.
Todavía tengo dolor en el cuerpo por los golpes del MI6, pero eso no evita que muela mis caderas sobre su bragueta, la tela de su pantalón de pijama es fina y siento cada musculo. Mis bragas comienzan a mojarse con la dureza de la erección que comienzo a provocarle.
—Por Dios Cora— gime muy alto —No te frotes así— gruñe con voz temblorosa — O no voy a controlarme.
Su voz ronca hace que me hormiguee el sexo. Apoyo mis manos sobre sus hombros y me restriego con más fuerza con la cabeza hacía atrás. Escucho como maldice y al segundo clava sus dedos en mis glúteos ayudándome a frotarme.
—Llevo meses en abstinencia y… y si sigue montándome vas hacer que me corra en mis malditos pantalones como un puto adolescente caliente— muevo la cadera en círculos arrancándole otro gruñido largo y grueso — Joder gatita.
Ese sobrenombre sucio me tiene más húmeda que las frotaciones, ya no me resisto más, es inevitable. —Bennett— muerdo su hombro rompiendo en gemidos largos, ya no soy yo la que se frota, es él.
No puedo objetar cuando me quita su camiseta y me deja con los senos al aire… es suya, me tumba sobre la cama y cuando cae parecemos un par de obsesos, ya no nos besamos con coordinación sólo con desesperación.
Sus manos masajean mis senos con ganas y después es su boca la que ocupa ese lugar. Me tengo que obligar a no gritar cuando chupa mi pezón y lo lame succionándolo. —Saben muy dulces— jadea con sorpresa cuando sale el líquido lechoso —Es… ¿Tú? ¿Todavía estás amamantando? — dice con sorpresa cuando lo escucho tragar.
—Sí.
Gruñe posesivo. —Es mío esta noche Coraline, yo te embaracé, tengo derecho a tomarme el alimento de mi hijo ¿lo entiendes?
Asiento temblorosa y me mira con satisfacción mientas pasa de un seno a otro, lamiendo… mordiendo… comiendo todo lo que puede mientras lamo dos de los dedos de su mano derecha y la deslizo por mi cuerpo hasta que encuentra el borde de mis bragas.
Me mira acalorado y mete los dedos bajo la tela encontrando mi coño mojado —Mierda, tengo que mojarte más, mi polla no va a entrar con tan poca lubricación gatita— pasea las yemas por todo mi sexo masajeándolo suavemente.
—Hazlo.
Sonríe y me abre más las piernas, con dos dedos comienza a penetrarme, los sonidos húmedos de mi coño me hacen cerrar los ojos por el placer, apenas lo comienzo a disfrutar cuando se detiene dejándome húmeda, excitada y sudorosa sobre nuestra cama. Se aparta un poco pasándose la mano por la cara jadeando.
—¿Qué pasa?
—Tenemos que parar.
—¿No quieres?
Toma mi mano y la pone en su pene, la erección está dura bajo mis dedos. —Mira cómo me tienes, no digas tonterías— traga grueso mientras lo masajeo sobre la tela del pantalón — Tenemos que parar poque no tengo nada.
—¿Nada? — lo miro confundida.
—Condones Cora, no tengo ningún maldito condón aquí.
Ese es un maldito problema. —Carajo, yo no tomo anticonceptivos desde que nació Aaron.
—Puedo hacer una compra rápida en una tienda local— mira la hora en su celular, pero el ardor de entre mis muslos nos escucha razones y termino tomándolo de la nuca besándolo.
—Eso toma más de media hora, el Score está en una zona lujosa— digo con frustración y me besa de nuevo.
—No hay otra opción.
—¿Y si lo sacas? No corremos riesgo— le quito la playera casi con desesperación y con manos temblorosas busco el cordón de su pantalón de felpa — O a lo mejor ya estoy harta de todo y me vale una mierda el riesgo — sus cejas se alzas mientras deshago el nudo con algo de torpeza y meto mi mano dentro de su bóxer buscando su pene.
—A mí también me importa un carajo — Bennett me abre las piernas y baja mis bragas mientras lo masturbo.
—Coraline— unos golpecitos suaves suenan en la puerta y reconozco la voz de Volkan.
Empujo a Bennett con toda mi fuerza y él se levanta corriendo de la cama. Brinco de un salto acomodándome las bragas y busco rápidamente la camiseta o algo con lo que cubrirme.
—¿Coraline? ¿Borah? ¿Puedo pasar? — gracias a Dios es un niño muy educado que toca la puerta.
Bennett se abrocha rápidamente los pantalones y corre a darme una camiseta con las mejillas sonrojadas. Nos comportamos como dos adolescentes pillados infraganti, estamos tan nerviosos que apenas y puedo caminar a la puerta. — Un segundo cielo— trato de que mi voz suene normal.
Bennett acomoda la cama y los cojines con movimientos automáticos, cuando termina me mira con culpa en su mirada. —No debimos, esta mal.
Siento un escozor en el pecho, pero me obligo a asentir. —Pediré una habitación diferente para que no haya más incidentes así.
—Es lo mejor Cora.
Otra vez confirmo que ya no siente nada por mí.
Respiro hondo ocultando mi tristeza y abro la puerta, Volkan está frotándose los ojos con sueño. —¿Dónde está el Borah? — me pregunta.
—¿Qué pasa amigo? ¿Hay algo malo con tu habitación? — Bennett se pone a mi lado y se pone en cuclillas para estar a su altura.
—Tuve una pesadilla— confiesa el pequeño abrazando su peluche y nos mira nervioso.
—¿Quieres contármela?
—No, pero ya no puedo dormir.
—¿Quieres que te lea un cuento? — me sorprende la ternura con la que Bennett lo trata.
— No.
—Dime que quieres entonces.
—Sé que soy un niño grande como dicen mis cuidadoras y mi papi, pero ¿Puedo dormir con ustedes?
Se me rompe el corazón de ver a un niño de cuatro años ser obligado a actuar como un adulto, me inclino junto a Bennett y le abro los brazos. —Siempre que quieras cielo.
—Nunca tienes que preguntar— responder Bennett al mismo tiempo que yo.
Sus ojos se iluminan y corre a abrazarnos a los dos. Lo tomo en brazos añorando poder abrazar también a mi bebé pronto y lo cargo hasta la cama y salta entre los cojines con felicidad. — ¿No vienes Borah?
Bennett nos mira desde la puerta con ambas manos sobre la parte delantera de sus pantalones. — Voy por uno de tus cuentos amigo.
—No quiero ningún cuento.
—De todas formas, vuelvo en unos minutos, necesito ir al piso de arriba para arreglar algo.
—¿Qué cosa? — nos mira a ambos.
—Va a buscar a Caterva— digo torpemente —Es que le duele.
—¿Qué le duele? ¿La cabeza?
Bennett se pone rojo y mira para otro lado. — Algo así amiguito, te lo explicaré cuando crezcas— dice con vergüenza y cierra la puerta.
Siento que me quema la cara, yo estaba en lo cierto, esto está mal y lo que sea que está pasando con Bennett lo debo cortar de raíz.
〘 〙Ethan.Mis cejas se alzan—¿El señor Hilton está en la ciudad?
—Eso es imposible, el MI6 lo tiene preso.
—Desde Dinamarca— concuerdo, recuerdo las últimas noticias que vi.
—Quizá es alguno de sus conocidos, pero si es alguien importante no le digan que yo estoy encerrada en esta prisión con Ethan— la mirada de Alesha se ensombrece y trata de incorporarse bruscamente del suelo sucio.
—¿Y tú que te crees? — el policía la mira de arriba hacia abajo —. No estás ni siquiera en la lista de los criminales más buscados del país, nadie quiere verte a ti, sólo al militar.
—¿Puedo regresar a mi celda? Ya limpiaré más tarde el baño, necesito que me regresen a mi celda de inmediato.
—¿Y a esta lunática que te pasa? — los policías se miran confundidos —Ya le afectó el hambre ¿A qué le tienes miedo?
La mafia vino por mí antes que fueran por el lobo, esto puede ser una trampa del MI6, hasta Alesha lo sabe, tiene la mirada tan perdida como yo. Si es Rebecca yo mismo la mato en la sala de visitas, aunque eso me añada otros cien años de condena.
—Tú y yo no nos hemos visto Ethan— Alesha me mira con los ojos azules entornados, el miedo que le tiene a Alexander es peor que antes, vio los noticieros cuando lo apresaron, sabe lo que ocasionó la organización del lobo, ella lo conoce desde niños.
—Han pasado tantas cosas estos años que a la persona a la que más debes temerle no es al lobo, pero tienes suerte es imposible que mi señora esté en la ciudad.
—No puede ser él, sigue encerrado, si es su mujer, mejor para ti, además yo fui criada en la mafia ¿por qué mierda le tendría miedo a una simple publicista?
—Pregúntaselo a la cara y deja que ella te dé una demostración.
—Eres un ingenuo.
—No más que tú, pero si crees que ella no es suficiente para ti, yo puedo romperte el cráneo si me lo ordena.
—Eres un cerdo malagradecido, después de todo lo que hice por ti ¿así me pagas? — me empuja con sus puños —Te ayudé en todo lo que me pediste desde que nos encerraron ¡Si estás vivo es gracias a mí!
Suelto una carcajada larga que me alivia el dolor en los pulmones, si el lobo está aquí este infierno se terminó para mí. Dejo que me golpee el pecho unos segundos más, cuando termina me inclino junto a ella y la sujeto de las muñecas hasta pegarla a mí, le paso los dedos por la barbilla para que me vea.
Sus ojos bajan lentamente de mis cejas hasta mi nariz y más abajo. — ¿Pensabas que por unas semanas encerrados yo iba a traicionar a mi señora por ti?
—Después de lo que me hizo Logan ya no espero nada de nadie, pero si me tienes un poco de compasión omite que estoy encerrada contigo, no le cuentes cómo me encontraste, no te estoy pidiendo mi libertas, yo me las arreglaré sola aquí.
Es tan orgullosa, sin mí ya habría muerto hace semanas,
—Ya basta de charlas patéticas, el señor Hilton te espera — mis cejas se alzan mientras dos policías me colocan los brazos en la espalda obligándome a soltarla y me esposan para llevarme a la habitación de visitas.
—No voy a mentirle a mis superiores, no te debo nada, ni siquiera un misero favor por cuidarme cuando me dispararon.
Alza la barbilla, espero ver sus ojos llenos de rabia y que empiece con sus clásicos gritos irritantes de sus rabietas, pero veo algo más pasar por su mirada y me deja más confundido que antes.
¿Es dolor? ¿Decepción? ¿Por qué carajo se le llenan los ojos de lágrimas? No le creo esas emociones, está jugando conmigo.
—Di lo que quieras, pero de haber querido matarme lo habrías hecho desde que me encontraste en el gimnasio y no uses que estabas perdido por la muerte de Maya como excusa— le tiembla la voz.
—Cállate, nos encerraron por tu culpa horas después.
—Como sea, me dejaste vivir y eso te convierte en un traidor para ellos. ¿Cómo se lo vas a explicar? — señala entre ambos.
—Asumiré las consecuencias de mis actos.
—Si fuera la misma persona de antes jamás te habría ayudado a sacar al hombre rubio que transfirieron de Irlanda, me debes un favor, es de ley en la mafia.
—Hiciste una buena acción, pero eso no es suficiente para que abogue por ti.
—¡Carajo! ¡Entiende que no quiero que me consigas un lugar con ellos, pero si te sacan hoy de prisión, no te olvides de mí! — me grita Alesha en cuanto me sacan.
La miro sobre mi hombro tirada en el piso y de nuevo mis entrañas se revuelven… Tengo la cabeza hecha un maldito lío y no es sólo por los golpes, odio el cristal del baño porque la sigo viendo hasta que cruzamos a la sala.
Levanta la mirada del suelo y vuelve a tomar el balde sucio para limpiar de nuevo.
El frío me cala hasta los huesos, ya olvidé como se siente utilizar zapatos, mis plantas se queman con la nieve del piso, el camino se me hace eterno.
Las puertas de la sala de visitas se abren, hay cuatro hombres sentados en el sillón de cuero junto al hijo del sargento Prescott, pero no reconozco a ninguno, son jóvenes de unos treinta años y con rasgos turcos, ninguno tiene pinta de ser de la mafia.
Me empujan dentro y mi cuerpo tintinea del frío, trato de frotar mis muslos juntos para que se caliente mi piel.
—Queremos privacidad— dice el hijo del sargento obligando a los policías a salir y me quedo parado en medio de todos analizando sus rostros, si esto es emboscado debo buscar la manera más eficiente de deshacerme de las esposas.
—¿Por qué estoy aquí? ¿Quiénes son ustedes? — me mantengo cauteloso.
—Como pueden ver, este es el militar que trasfirió el MI6 desde de Londres, es el mismo de la foto que me mostraron— el hijo del sargento me ignora.
Uno de los hombres me mira y trata de buscar algún rastro, algún lunar o cicatriz, pero es imposible, no los conozco, se le marca el acento turco cuando habla inglés —¿Por qué Ethan Roberts sigue en prisión y no ha ido a juicio?
—Tiene inmunidad en varios países, incluido los Estados Unidos, estoy tratando de mantenerlo aquí hasta que la General Hilton o el ministro Aslan reciban mi petición, pero el parlamento británico aún no se ha comunicado conmigo.
—Ya entiendo, es un jodido militar con suerte porque fue ex mariscal del ejército británico en los noventa.
—Si pudiera matarlo ya lo habría hecho en su último operativo en Dinamarca, pero mi moral no me deja además él tiene un expediente bastante poderoso, es casi intocable por los gobiernos.
—¿Con quién trabajaste en el pasado para que te dieran tanto poder? — me pregunta uno de los idiotas.
—Con tu puta madre— gruño y se le atora una risa.
—No es muy educado, pero estamos aquí para resolver el conflicto oficial Prescott, tenemos entendido que la General Hilton tiene otras prioridades en este momento, como encontrar a Alexander Roe, además el General Gray y su esposa volvieron a sus cargos en el MI6 hace unas semanas, Sarah Gray está de nuevo como teniente.
¿Sarah se casó con Dylan? —¿Cómo van a ayudarme exactamente?
—Somos asesinos a sueldo contratados por un alto mandatario, nos llevaremos al militar a medio oriente y nos desharemos del cuerpo y de los registros en esta prisión, nadie se verá involucrado, siempre hacemos un trabajo impecable.
La rabia me domina en segundos. — ¿Quién los contrató hijos de perra?
—Eres bastante agresivo, pero con esa actitud no vas a conseguir nada, nuestro jefe prefiere mantener su identidad oculta hasta que se realice el trabajo.
—Si vas a matarme al menos tengo derecho de saber el nombre del cobarde para el que trabajas y que no tuvo los cojones suficientes para matarme el mismo.
—Lo único que puedo decirte es que es un alto mandatario británico.
—¿Es el maldito ministro Aslan o Rebecca Hilton? ¡Habla de una puta vez! — les grito en toda la cara, estoy acojonado de que actúen tan tranquilos como si aquí no estuviera sucediendo gran cosa —¡Habla maldición o te saco el nombre a golpes!
—Se está alterando, cúbranle la cabeza y súbanlo a la camioneta antes que alerte a los otros policías, el vuelo ya está preparado.
—Primero muerto me sacan de aquí, me voy a resistir hasta que me disparen otra vez, no me van a matar como un cobarde insignificante, si no lo lograron hace años en el ejército, menos lo harán un par de asalariados del gobierno— les advierto mientas respiro con dificultad jalando las esposas todo lo que puedo, esos malditos me las apretaron de más me voy a fracturar el hueso si es necesario para liberarme.
—Con eso será suficiente— dice el otro turco y los demás se levantan también —Gracias por su colaboración oficial Prescott, ya pueden cortar la grabación de las cámaras, archívenlas y envíenlas al celular de mi señor.
—¿Qué? ¿De qué grabación hablan? — nadie responde ni siquiera el hijo del sargento, su maldita cara está pálida como si todo lo que habló fueran palabras ensayadas. Me impaciento ya me tienen harto con su conversación estúpida, no me voy a quedar de brazos cruzados esperando a que me metan un disparo en el cráneo. —Me trajeron aquí engañado, así que vamos directo al punto ¿Quién de todos ustedes es el señor Hilton?
—El mismo hombre que te contrató hace años para ser su guardaespaldas — dice una voz femenina a mi espalda y me giro lentamente hasta una mujer de botas de diamante apoyada en una columna de la sala, trae un abrigo largo y un cabestrillo en uno de sus brazos.
Se me comprime el pecho al ver a mi señora frente a mí sana y salva, no golpeada como la última noche que la vi en Dinamarca. —¡Señora Roe!
—Por Dios, ya quítenle las esposas, no quiero que se lastime más de lo que ya está— su voz tiembla y camina hacia mí.
Los policías de antes entran y me quitan las esposas apretadas, no entiendo nada, me da vueltas la cabeza y sólo miro a gente que no reconozco, me siento mareado. Observo como sientan en una esquina al hijo del sargento y se queda un policía haciendo guardia frente a él con el arma en la mano para que no se mueva.
—¿Quiénes son estos turcos?
—Te explicaré más tarde.
Me froto las muñecas un poco enrojecida mientras Emma pasea sus guantes finos por mi cara sucia. —No estoy aseado desde hace semanas, mi señora— doy un paso atrás con vergüenza.
Se ríe como si fuera lo más absurdo que he dicho en mi vida —Como si me importara grandote — me envuelve con sus brazos sin importarle mi jodido olor asqueroso y dudo unos segundos.
—Por favor, deje que me asee primero, no quiero incomodarla.
Le da igual lo que diga, me aprieta tan fuerte con afecto paternal que siempre nos hemos demostrado y ya no me resisto a devolverle el abrazo, tuve tanto miedo cuando la camioneta explotó y cuando se la llevaron, tuve tanto miedo de perderla.
—Dios mío, se encuentra bien, casi me volví loco cuando me llevaron preso, pero sabía que la mafia la iba a encontrar en pocas horas— le palpo las mejillas sintiendo un poco de humedad en mi rostro —¿Qué sucedió cuando se la llevaron? ¿Cuántas horas tardaron en encontrarla? — trata de hablar, pero me doy cuenta de su vientre plano… sigue mi mirada y sonríe de lado.
—¿Qué pasa Ethan?
Señalo su vientre con las manos temblorosas — ¿Ellos ya…?
Sonríe con la mirada brillosa. — Sí, mis bebés nacieron en Dinamarca esa misma noche.
Me quedo inmóvil y en segundos siento como la sonrisa rompe en mi maldita cara golpeada. Siento un orgullo en el pecho por ella, por lo valiente que debió ser en esa maldita noche.
—¿Están bien? Quiero decir… ¿Están sanos? ¿Los cuidan bien? ¿Ellos no…? — antes de seguir con mi emoción y euforia me detengo cuando me doy cuenta de su error —. No debió arriesgarse, debe irse de la ciudad de inmediato, el pentágono tiene la zona vigilada, que la mafia la saque segura con Dorian y Raven.
—No seas tonto, tu vienes conmigo, el hijo del sargento acepto voluntariamente — dice con sarcasmo —Y cómo pequeña corrección, el hombre que mató a su padre no fue mi guardaespaldas, fue mi marido, oficial Prescott.
El policía agacha la cabeza apretando la mandíbula.
—Tiene que irse segura del país, vaya a Dinamarca, la van a proteger ahí, los conservadores tienen que encontrar al lobo, hay una prisión del MI6 en Irlanda, no voy a arriesgarme a que usted y sus hijos terminen como…— se me hace un nudo en el pecho y en la garganta no puedo mencionar el nombre de mi ex mujer y de mi nieta, la herida sigue fresca —Tiene que irse.
—Oíste lo que dijo mi mujer, vienes con ella por las buenas o te llevaré obligado— la voz del lobo tensa mi espalda.
—¡Mi señor! — mis cejas se alzan, no sé a qué emoción darle paso, a la confusión de verlo con lentes negros y claras heridas en el rostro, a la sorpresa de que ya lo hayan rescatado de prisión o al miedo de tenerlo frente a frente.
Trago en seco con los labios partidos, sólo el lobo tiene los cojones suficientes para estar en la prisión de máxima seguridad de Nueva York cuando es el criminal más buscado por la DEA, el MI6 y el maldito pentágono, ya entiendo por qué el hijo del sargento está pálido como si hubiera visto un jodido fantasma.
—Sigues con vida, en verdad tienes más vidas que un maldito gato sarnoso, por eso te contraté— me ofrece un abrigo mientras le inclino la cabeza con respeto.
—Por poco y se me agotan lobo, no procedió mi juicio en Londres y Rebecca hizo hasta lo imposible porque sus agentes del MI6 me asesinaran lejos de la mirada de los altos mandatarios, el Borah ordenó mi traslado a Estados Unidos y cuando iban a matarme me escapé.
—Te subestimaron, tú desactivaste las cámaras de vigilancia de mi celda.
Sonrío de lado. —Que ironía que el lobo terminara en la misma prisión que Greg, parece que la General Hilton y el ministro Aslan no son tan listos juntos.
—¿Y dónde está Alesha? — pregunta Emma a mi espalda mientras me termino de abotonar el abrigo y me toma por sorpresa —. Ya vimos las grabaciones de las cámaras de seguridad de la prisión desde que te encerraron, enviamos a Caterva a Londres para que no la vea.
No puedo mentirles. —Hicieron bien en llevárselo, no le conviene verla como está, está muy diferente.
—Un nuevo corte y diferente color de cabello no la hace otra— voltea los ojos enojada.
—Está haciendo servicio sanitario, pero compartimos la celda de castigo casi todos los días, la encontré el mismo día que me escapé, estaba de incógnita en un barrio pobre de Manhattan, dice que vino huyendo de Logan y no ha cambiado su versión estas semanas que estuvo encerrada conmigo— explico mientras le quitan las botas al hijo del sargento y me las entregan.
Mis pies agradecen el gesto, tengo el cuerpo molido, apenas y me puedo mantener en una sola pieza. El lobo toma la silla junto a mí, trae la mirada seria como cada vez que hablamos de negocios, pero esta vez extiende el brazo hacia Emma y la sienta en su regazo con sumo cuidado.
—La rusa dice que la engaño para poderse escapar— el lobo no se quita los lentes
¿Por qué?—Sí, la utilizó por meses y Dina nunca sospechó.
— ¿Por qué no la mataste?
—Lo iba a hacer, pero esa misma noche unos policías nos sorprendieron y nos encerraron y hay algo más…
—Habla.
—Planeaba largarme en la cena de acción de gracias, pero transfirieron a Greg aquí, el oficial Prescott nos tenía vigilados las veinticuatros horas, tuve que unirme a ella para armar un plan, pero se complico y tuvimos que elegir entre él o nosotros.
—¿Qué estás diciendo? ¿Alesha te ayudó a liberar al plan C18?
Asiento por más surrealista que suene. —No le expliqué nada del plan, pero la convencí, lo hizo por conveniencia, ella también quería largarse, pero cuando Greg logró salir los policías me dispararon— siento un nudo en el estómago —. Ella pudo largarse Alexander, pero se quedó...
Ninguno de los dos muestra sorpresa o agradecimiento. —Tráiganla, quiero verla— ordena Emma con el ceño fruncido.
—Enseguida mi señora.
—Todo está listo lobo, el hacker ya apagó las cámaras e hizo las modificaciones que ordenó en todos los servidores de la prisión— Wren entra sacudiéndose la nieve de los hombros, me mira con media sonrisa — Con más vidas que el mismo demonio, Caterva se muere porque retomes su puesto, ha sido sirviente mil usos en tu ausencia.
—Él quería ser uno de los conservadores, yo no, ahora que se aguante— carraspeo sin saber que pregunta hacer de todas las que tengo, el lobo se me adelanta y es directo como siempre.
—¿Sabes lo de Maya?
Asiento —Vi en televisión el memorial que hicieron en la BBC y Alesha me dijo lo de… mi nieta— se me quiebra la voz y me quedo con la mirada perdida, siento la mano de Emma en la mía con ternura, su voz es suave cuando me hace mirarla.
—Lo siento tanto Ethan, intervine porque no iba a permitir que la dejaran como una simple criminal en los medios.
—Hizo bien, Maya era muy caprichosa para eso— se me quiebra la voz, carraspeo antes de quebrarme, tengo que recomponerme frente a todos —Le di a Greg la dirección de los laboratorios de Jack, pero mi hijo nunca vino a verme lobo y dadas las circunstancias necesito encontrarlo, debe estar destrozado.
—Encontré a Jack y lo encerré en el Score, pero se escapó, se larga de ciudad en ciudad para que no lo encontremos, Greg si fue a buscarlo, pero sus laboratorios ya están clausurados, él mismo los denunció y corrió a todo el personal.
Me agacho aferrándome a mi asiento con los nudillos, me quema el pecho escuchar sobre mi hijo.
Te voy a encontrar, te voy a hacer vivir de nuevo, te lo juro. El ruido de la puerta me distrae de mis pensamientos y veo el miedo en los ojos de Alesha cuando la empujan dentro.
〘 〙Emma.Alexander me levanta de la silla y suelto la mano de Ethan mientras me hace caminar al otro extremo de la pequeña oficina, lejos de mi guardaespaldas que sigue agachado moviendo los labios en silencio. —Sé qué quieres estar con él, pero lo conozco de hace años y necesita unos minutos para procesarlo.
Asiento con tristeza y dejo que me siente un sofá de cuero, reviso mi celular por mensajes de Jin Jun, pero todo sigue en orden con nuestros mellizos, los únicos mensajes que tengo son de Erick y son más de veinte y en todos se nota su desesperación.
«Alexander ordenó que me fastidien el día ¿verdad?»«Dime que tus guardaespaldas me están jugando una broma y que no asesiné a nadie»«¡Contesta las llamadas Emma! ¡Te lo suplico!»«¿Dónde están todos? ¿Por qué me dejaron solo en Las Vegas con Mark?»Nos mantenemos en silencio y trato de responderle, pero la mano de Alexander se dedica a pasearse suavemente sobre mi vientre distrayéndome, desde ayer hace eso y espero que no tenga otra vez esos pensamientos como los de hace nueve meses.
Amo a mis bebés, pero que ni siquiera piense el señor Roe que va a poder tenerme como hace meses en Dinamarca. —¿Qué estás haciendo? — lo miro sobre mi hombro y señalo su mano.
—¿No puedo tocar a mi mujer? — arquea una ceja.
—Sabes que eso no es a lo que me refiero— susurro y se le escapa una sonrisa torcida muy perversa.
—Vas a tener que decírmelo porque no leo mentes Emma — se hace el inocente, como si no tuviéramos a sus mini versiones en una de nuestras camionetas esperando a un hora de aquí.
Besa mi cuello y con su otra mano también busca mi vientre imitando lo que hacia cuando estaba embarazada y me cargaba el vientre en la habitación de nuestros mellizos mientras veíamos nevar en Dinamarca.
—Basta— susurro para que nadie nos mire y malinterprete las cosas como en el club, ya tengo suficiente con las miradas que hace Bennett cada vez que Alexander y yo entramos a cualquier lugar juntos, trato de quítame sus manos de ahí, pero no las mueve, incluso se ríe con suficiencia. —¿Por qué sonríes?
—Porque sé de algo muy divertido que dura nueve meses nena.
¡Dios dame fuerzas! Aprieto la mandíbula conteniendo las ganas de estrangularlo frente a todos y le regreso la sonrisa. — Pues yo sé de algo más divertido.
Abro mi bolso y saco la compra que hice hoy por la mañana en la ciudad. Se levanta los lentes negros mientras le enseño la caja de mis pastillas anticonceptivas y el espacio blanco de la primera que me tomé hoy tal y como me lo indicó la doctora Kriss por videollamada.
Su sonrisa se desvanece.
En ese momento la puerta se abre y de inmediato me incorporo viendo como Wren obliga a entrar a una pelinegra desalineada, sucia y tatuada por todo el cuello y parte de los brazos, la pelirroja de marcas caras quedó en el pasado, la traen esposada y viene igual de descalza que Ethan.
Alesha primero busca con la mirada preocupada o asustada a mi guardaespaldas y después sus ojos azules se posan en los míos. Me barre con la mirada de arriba hacia abajo lentamente, fija la vista en dos cosas en específico, el collar del lobo y mi anillo matrimonial. — Así que la publi…
—No hables si no te lo ordeno— la corto.
Arquea una ceja y suelta una risa aguda. —¿Tú ordenarme? ¿Quién eres? Una simple y jodida publicista que sólo le abrió las piernas a… — antes que termine la frase uno de mis sirvientes le golpea la parte trasera del muslo y Wren ya la empuja de rodillas contra el suelo, le levantan la barbilla para que me mire.
Otro asesino le sujeta el cuello bruscamente y le aprieta las mandíbula y tengo un recuerdo similar en el Kript con Tyler —Alexander— dice con sorpresa y sus ojos se abren con horror cuando mi marido se levanta enojado de su asiento con la daga Roe en su mano mientras Wren y el otro le abren la boca y le sacan la lengua.
Alexander la toma del cabello y le pone el filo de la daga en el nervio, el primer rastro de sangre comienza a caer por su barbilla, pero todavía no la ha cortado profundamente. — Du er en skide tæve— veo como el cuerpo de ella tiembla y los ojos se le ponen llorosos. —¿Hvad fanden sagde du om min kone?
Eres una maldita perra ¿Qué carajo dijiste sobre mi esposa?El oficial Prescott está pálido con la mano en su garganta. Camino a Alexander y le paso mi mano por su brazo. —Todavía no, quiero hablar con ella antes, cariño — pido y Alexander aprieta la mandíbula muy enojado.
—Du beder min kone på dine knæ om at tilgive dig, ellers mister du din tunge, og jeg vil partere dig i live— le advierte.
Le ruegas de rodillas a mi esposa que te perdone o te quedas sin lengua y te desmembraré viva.Alesha asiente repetidas veces, la suelta y se inclina en el suelo jadeando como desesperada sollozando de dolor por la ligera cortada que le dejó, me mira con los ojos entornados, parece traumatizada, pero no pierde la rabia con la que me mira.
Se postra frente a mí y agacha la cabeza dos veces con la mandíbula apretada —Perdóname Emma, te lo ruego— suplica con los dientes apretados mirándome con odio, se limpia la sangre de la barbilla bruscamente.
—Antes de atacarme te recuerdo que los roles cambiaron, no estás frente a la publicista a la que tanto le jodiste la vida en Hilton & Roe o en las jaulas de la organización de los treinta y siete, estás frente a la reina de la organización del lobo y si no me respetas te voy a torturar de tal forma que lo que Logan te hizo te va a parecer el puto cielo.
Respira con dificultad mirándome con miedo por primera vez, tomo mi bolso y me coloco los lentes negros y los guantes otra vez.
—Además ¿Por qué estás tan obsesionada conmigo después de tanto tiempo?
—¿Obsesionada yo? — escucho como aprieta los dientes y como sorbe por la nariz.
—Te entiendo perfectamente, pero la envidia no es un sentimiento con clase, creí ya lo sabías.
—¿Qué quieres de mí?
—Todavía no lo decido, ¿Qué te parece ser mi nuevo adorno en las jaulas?
Se tensa y niega repetidas veces. — No, eso no.
—No estabas pidiendo tu opinión.
—Yo ya no pertenezco a la mafia, escapé de la organización de los treinta y siete y me largué de Londres de incógnita con el poco dinero que me quedaba. ¡No planeo regresar nunca! Incluso ayudé a Ethan a rescatar a un hombre, díselos— lo voltea ver, pero él se queda en silencio — Sólo quiero una vida normal.
—Qué historia tan conmovedora, pero nada creíble, te olvidas que soy publicista, sé reconocer a un mentiroso a kilómetros de distancia, además eres un traidora de mi mafia y todavía no has pagado lo que hiciste en Brent con los hoteles de Hilton & Roe ¿Ya lo olvidaste? ¿También olvidaste todo lo que me hiciste con Katherine y cómo te mofaste de lo que me hizo Seth?
Si pudiera, la rabia y odio en su mirada podrían pulverizarme, tengo recuerdos vivos de lo que le hizo a la indefensa Emma Brown, de cómo me encerró, de todo… Pego mi rostro al suyo con satisfacción.
—Nos la llevamos y encárguense de que Caterva no se entere— ordeno y la incorporan todavía esposada.
Me giro y veo a Alexander con…
¿media sonrisa? Tiene una expresión de orgullo que no sé cómo interpretar porque desaparece casi al instante.
—¡No! ¡Maldita sea! ¡Suéltenme! ¡Mi padre lo sabrá maldita! ¡Te lo juro por el demonio que cuando lo sepa arderá el infierno— Wren la saca jalones de la sala con dificultad porque va pataleando y gritando con desesperación —¡Eres un malagradecido Ethan! ¡Yo te salvé de suicidarte! ¡Debí dejar que te murieras esa noche maldito!
¿Qué? Miro a Ethan por respuestas, pero él sólo se abrocha el abrigo. —¿Nos vamos mi señor?
Alexander asiente todavía enojado y me toma de la mano suavemente para conducirme afuera. — Lleven a ese estorbo a la celda preferida de mi esposa— se gira todavía en la puerta —Oficial Prescott, tenemos una alianza, espero que no lo olvide.
. . .
Lo primero que hago cuando aterrizamos en Londres por la noche después de siete horas largas es ordenar al equipo médico la revisión de Ethan, tiene varios golpes, pero las heridas que más me preocupan son las de su espalda y sus costillas.
Aunque es un hombre orgulloso y no quiso volar en el mismo jet que Alexander y que yo porque no iba aseado Wren me informó que durante su vuelo noto que se quejaba en silencio.
Quería que conociera a Raven y Kiara en cuanto salimos de la prisión, pero por la búsqueda criminal excesiva de Alexander que tiene el pentágono en todas las ciudades, no pudimos quedarnos en Estados unidos más tiempo.
Llegamos a Londres aproximadamente a las tres de la madrugada, Cora y Bennett ni siquiera nos recibieron despiertos, me tranquiliza que mi rubia favorita esté durmiendo después de la pesadilla del Borah.
Me siento muy nostálgica de estar en el Score, todo sigue tal cual lo recuerdo, cada mueble, cada color. Aun tenemos nuestra residencia en Londres, la que quedaba en conjunta con la de Richard Madden, pero es preferible mantener un perfil bajo con nuestro regreso al país.
Además, el Score me gusta más que cualquier otro lugar, aunque no más que el palacio Roe.
Lo último que recuerdo es estar desempacando con Jin Jun mientras Alexander tenía una reunión nocturna con los conservadores, no sé en qué momento caí rendida en la cama, ni siquiera recuerdo haberme colocado la pijama.
Ni siquiera sé que hora es, pero necesito estirar las piernas, siento un peso enorme sobre mi abdomen, es como una cabeza, también siento que tengo hambre, sí, hambre a mitad de la noche.
Cuando estaba embarazada de los mellizos solía escabullirme de nuestra habitación hasta la alacena del palacio, siempre había todo tipo de postres y galletas y… mi estomago ruge demasiado fuerte.
Abro un ojo soñolienta, la habitación todavía está a oscuras, más que de costumbre, a Alexander siempre le gustaron los tonos oscuros en sus cosas, había olvidado que esta habitación era así incluso en las cortinas eléctricas y las sábanas.
No veo a mis bebés, pero el monitor está encendido sobre mi mesita de noche, Jin Jun es muy eficiente, me siento culpable de dormirme. Una respiración pesada golpea mi abdomen y me doy cuenta que tengo uno de mis camisones rojos puesto y estoy enredada entre el cuerpo semi desnudo de Alexander.
Tiene la cabeza en mi abdomen y se abraza a mí como una enredadera, mi estomago ruge de nuevo y puede que sea solo sed.
Me remuevo para tomar un poco de agua, pero su agarre se aprieta, se remueve hacia arriba metiendo su cabeza en mi cuello, me quedo sin moverme durante quince minutos para no despertarlo. Cuando creo que ya está dormido de nuevo porque su respiración se hace más pesada, trato de mover su brazo musculoso.
—No— me pega de nuevo a su cuerpo —No te vas, quiero seguir durmiendo contigo.
—Es sólo un momento.
—No, sabes que sin ti no duermo— dice con la voz ronca por el sueño sin abrir los ojos y entrelaza nuestras piernas bajando los tirantes para meter su cabeza entre mis senos como acostumbra.
—Sólo quiero agua— susurro pasándole los dedos entre el cabello, suspira con satisfacción, pero no me suelta, a tientas estira el brazo y me entra una botella de agua que no había visto — ¿Dónde están nuestros hijos? — mi voz también suena adormilada.
—En su habitación.
—No tienen una habitación aquí, sólo en el palacio.
—Le ordené a los sirvientes que preparan la habitación al final del pasillo para que sea de ellos, Jin Jun se los llevó.
—¿Por qué?
—El Score es de mis mejores creaciones, pero es algo pequeño.
—Tiene demasiadas habitaciones, es un Penthouse.
—Como sea, sabes que no pueden dormir aquí Emma.
—¿Por qué no?
—Quiero tener privacidad en nuestra habitación si follo a mi esposa a mitad de la noche o cuando despertemos o si mi esposa me la chupa en la ducha, somos demasiado activos para tener a nuestros hijos aquí— explica lo que yo ya sé —Además necesitamos toda la privacidad que podamos hasta que se todos estos indigentes sin oficio se larguen de nuestra casa.
Entrecierro los ojos sin creerle del todo. — Voy a pensar que es por eso y no porque eres un irracional que no quiere compartirme ni con tus propios hijos— me río, pero abre los ojos poco a poco y me clava la mirada verde penetrante.
Tiene que estar bromeando.—¿Por qué te ríes?
Lo coloco encima de mí y beso su mandíbula para que la destense, el sueño me está reclamando otra vez. —Porque estar celoso de nuestros hijos es irracional señor Roe— toma mi brazo izquierdo y me señala el tatuaje que está debajo de la marca del lobo.
—¿Qué dice aquí? — señala lo que él mismo me tatuó en el Kript en mi iniciación.
—
MIN — leo las letras en danés.
—Exacto,
mía , y de nadie más señora Roe.
—Pero…
—Fin de la discusión— cierra los ojos y se gira a su lado de la cama y me lleva con él sobre su torso, voy a discutir, pero entierra la mano en mi cabello y besa antes de pegar nuestras frentes volviéndose a dormir.
Me quedo mirándolo fijamente por si despierta.
No lo hace, ni lo hará si no me muevo, sé que soy su lugar seguro.
Lo beso suavemente, antes de raspar su nariz con la mía, respira hondo. —Te amo bestia de ojos verdes— susurro a mitad del beso y su pecho se alza otra vez, si esta mitad dormido y mitad despierto su cuerpo reacciona a mis palabras.
Pego mi mejilla a su pecho escuchando como su pulso está acelerado y lo beso en esos músculos antes de dormirme también, él también es mi lugar seguro.
—Te amo pequeña seductora— escucho a mitad de mi sueño.
Sonrío de lado a lado con el estómago revoloteándome, pero el vacío me recuerda que todavía tengo… hambre, trato de dormir, pero abro un ojo esperando que Alexander este profundamente dormido y me quito su brazo con movimientos ilegales, camino suavemente a la puerta y ruego porque la madera no haga ningún sonido.
Tengo tanto sueño, pero también hambre y aunque camine a traspiés logro llegar a la cocina, casi tiro un plato sobre la encimera, pero logro atraparlo en el último momento, de prisa abro los gabinetes y para mi sorpresa la mayoría están vacíos, en los pocos que encuentro hay sólo cubiertos.
En el último encuentro una caja de galletas de coco, la abro con gusto, pero me voy de espaldas cuando sólo encuentro una. ¡Una sola galleta!
—¿Y toda la comida? — susurro demasiado fuerte muy desilusionada.
—Nadie vivió en el Score durante estos meses, tendremos que reabastecerlo— Alexander me da un susto de muerte, está de pie en la cocina con los brazos cruzados y descalzo.
—¿Te despertaste?
—Te fuiste.
—Tenía hambre— digo con vergüenza y levanto mi galleta de coco — Esto es todo lo que encontré, ni siquiera hay helado en la nevera o crema batida en la alacena, sólo pasta y comida regular— le abro ambas puertas para que lo vea por el mismo.
Mira sobre mi hombro con el ceño fruncido como si fuera el problemas más grande del mundo y veo como las comisuras de su boca se mueven, pero las controla, que no se atreva a reírse de mí.
—Emma— me levanta la barbilla —Son las tres de la madrugada.
Le entorno los ojos y resopla en segundos negando con la cabeza.
Escucho como llama a Octavian mientras me como mi solitaria galleta de coco, el asiático entra corriendo a la cocina con el cabello desordenado y un pijama de cuadros arrugado. —¿Me llamó señor Roe? ¿Cuál es la emergencia?
—Mi esposa tiene hambre.
—¿Hambre? — nos mira confundido, no sé si sigue dormido o piensa que es un sueño.
—No es hambre de comida, quisiera un postre— le explico.
Alexander se inclina conmigo en la encimera, me sienta sobre ella y me quita los restos de coco de mis labios con su pulgar antes de chuparlo. —¿Qué quieres comer nena?
Lo miro con ojos golosos. — Tarta de frutas.
—Tarta de frutas Octavian— ordena sin dejar de mirarme.
El asiático arrastra los pies con los hombros caídos hasta la alacena y saca una bola de harina.
. . .
La próxima vez que despierto ya amaneció y no voy a negar que esa tarta estuvo deliciosa, incluso Alexander la comió conmigo a pesar de ser tan exigente en su dieta, me siento culpable de tener a Octavian horneando a mitad de la noche.
Voy a buscar a mis bebés a su
“nueva habitación” y apenas y se puede caminar entre todas las cajas que hay por el Score, parece como si nos acabáramos de mudar.
—El señor Roe no pidió esto, llévatelo o nos va a gritar otra vez. ¿Quién tiene la caja de licores finos?
—¡Aquí está!
—La caja de botes de helado y galletas que vaya directo a la cocina con Octavian — Caterva pasa cargando una cafetera y me sonríe inclinando la cabeza, no sería tan amable y leal conmigo si supiera que acabo de meter a las jaulas a su hija.
Bennett baja las escaleras con su ordenador en las manos, me mira con media sonrisa tensa.
¿Qué le pasa? —¿Qué loco dejó que todo el almacén de lujo descargara sus camiones aquí?
—¿Y todavía lo preguntas? Tu propio hermano.
—Escuche los gritos desde la mañana, sé que nos ve como indigentes que estamos viviendo en su casa e invadiendo su espacio personal y por eso está cambiando todos los muebles, porque le damos asco.
—Jamás diría algo como eso, es sólo que el Score es más pequeño que nuestra residencia de antes— miento con las mejillas quemándome de vergüenza, pero él lo conoce muy bien.
—Cora sigue en su habitación no quiero despertarla últimamente no ha dormido bien por la preocupación— suspira —Dile que voy a salir todo el día, el vuelo de Erick llega hoy, tenemos que ir a la corte por la solicitud de Aaron y quiero tranquilizarlo antes que le dé otro ataque como el de ayer, me llamó llorando porque no recuerda lo que hizo en el club.
—Encárgate de que no quede traumatizado, Erick es… diferente y cuando puedas dile que Ethan ya regresó.
—No es sano que se vean todavía, Erick es muy imprudente y aunque Ethan es maduro, la muerte de mi tía le jodió duro como a todos.
—No hemos hablado al respecto desde Nueva York, pero no creo que tenga algo contra Erick, si quiere verlo ve con él no quiero que Ethan tenga un disgusto en el servicio médico, tiene que recuperarse.
—Está bien— me da un beso en la mejilla con una sonrisa ladeada, hoy sus rizos van desordenados, lleva una camisa blanca doblada por los codos y unos jeans desgastados —¿Por qué me miras así?
—Porque te ves como siempre fuiste.
—La esquizofrenia no dura para siempre— se encoje de hombros antes de irse.
Piso varios juguetes de dinosaurios que están regados por el suelo por casi toda la sala.
Hay sirvientes por todos lados limpiando muebles nuevos, sacando tapices y haciendo mil cosas más. Mis pobres lobos no saben para donde ir, a dónde sea que se recuesten alguien los mueve para reacomodar las alfombras.
Llamo a Niles y a los otros tres y los llevo a la terraza que se abre por el ventanal, los cuatro estiran las patas cuando están finalmente al aire libre, recuerdo la primera vez que Alexander me la mostró y me sentí como ellos.
Encuentro los restos de la tarta de frutas y veo que casi nos la terminamos completa.
—Menos mal que la encuentro con todo este alboroto, alguien está desesperado por ver a su madre desde muy temprano— Jin Jun entra a la sala con Raven en brazos esquivando una caja trae el chupete y juega con un peluche que no recuerdo haberle comprado.
—¡Mi mini bestia de ojos verdes! Te extrañe tanto cariño— lo tomo en brazos con ternura y lleno sus mejillas y su frente de besos, raspo nuestras narices juntas y sus ojitos se iluminan cuando le hago muescas para que se ría, pero es muy pronto todavía —¿Dónde está mi hija?
—Bueno, Raven estaba desesperado por ver a su madre, pero Kiara despertó primero y después de tomar su biberón estaba desesperada por ver a alguien más, además el señor Roe fue el primero en ir a verlos esta mañana— señala el fondo del pasillo cerca de las escaleras.
Alexander está ordenando algo a los criados que mueven las cajas directo a su oficina en el segundo piso. Tiene a nuestra hija en brazos con un chupete similar al de su hermano, está trabajando, pero la sigue cargando con cuidado y sin quitarle la mano a la que se aferra ella, tiene sus pequeños dedos alrededor del meñique de Alexander.
Su mano tatuada hace contraste con la ternura de nuestra bebé.
—Señora Roe, si no me necesita de momento, estaré en la cocina ayudando a mi hermano a desempacar la vajilla fina— Jin Jun me distrae.
—¿Tu hermano?
—Octavian, su chef personal, quiero ayudarlo porque al parecer no paso buena noche, se ve cansado.
—No sé qué habrá hecho tan tarde, debería dormir mejor— le sonrío mientras se va a la cocina.
—Para que Octavian duerma mejor deberías de no escabullirte en la cocina a mitad de la noche— dice Alexander a mi espalda y me mira con ojos juzgadores.
Beso la cabeza de mi pequeña y le recomido el chupete—No te quejaste mientras te comías esa tarta— lo señalo con el dedo y Raven estira la mano también, atrapa la mano de su padre y la jala. Kiara se siente desplazada y también jala de su lado.
—Lo hice para no hacerte sentir mal— mueve su mano cuando Kiara quiere jugar con su anillo matrimonial, Kiara suelta el chupete y comienza a llorar porque le quitaron la atención. —¿Qué le pasa?
—Quiere jugar con tu anillo.
—No— le dice serio —Los objetos pequeños pueden atragantarte y esta argolla en especial no es un juguete para nadie.
Kiara comienza a llorar más fuerte y por más que intenta hacerla tomar el chupete ella no quiere, llora sin lágrimas, sólo quejidos, si no fueran bebes diría que es la primera rabieta de nuestra hija.
—Para Kiara— trata de tranquilizarla, pero el llanto empeora y me mira por ayuda.
—Todo esta bien mi cariño— le doy a Raven y la tomo en brazos, la mezo suavemente hasta que el llanto y se entretiene a jugar con las tiras de mi cabestrillo. Miro a Alexander con los ojos entrecerrados. —No sólo haces trabajar a Octavian de noche, también haces llorar a nuestra bebé.
—¿Ya estamos con la tarta otra vez? — Kiara escucha su voz y lo mira fijamente casi con adoración y curiosidad como si la hubiera hecho llorar hace unos minutos.
—Hacías ruidos de gusto con cada probada.
—Era para que comieras de prisa y volviéramos a dormir.
—No voy a cargar con la culpa sola— Raven también suelta la mano de Alexander y hace lo mismo que su hermana, pasando sus ojos de uno a otro. Abre la boca para decir algo, pero me adelanto y lo tomo de la nuca para besarlo, se deja besar todo lo que quiero.
Cuando me separo se relame los labios, rueda los ojos y se va con nuestro hijo esta ocasión, Raven se pega a su pecho como si estuviera del lado de Alexander. Miro como Kiara los ve irse. — Vamos a buscar a la tía Cora, esta mañana será sólo de chicas.
Vamos camino a las escaleras, pero vuelvo a pisar esas piezas de dinosaurios en el piso. Me agacho a recogerla y veo a un niño escondido al lado de las escaleras que me espía con los ojos entornados.
—Volkan.
Sonríe con los ojos brillantes y se hecha a correr hacia mí —¡Mami!
—Señora Roe— Caterva me interrumpe antes que el niño me abrace —Mi señor ordeno que se preparen.
—¿Para qué?
Respira hondo. —Esta noche viene Logan a cenar al Score.
¡Hola sexys!Roguemos porque Caterva no entre a las jaulas...¡Los amo tres millones!-Karla.