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CAPÍTULO 1

Pecado 18+ — booknet.com · All chapters

CAPÍTULO 1

Emma.

Me quito las botas sucias, me duele la cabeza y la escayola del brazo me pica. Se escucha el sonido de mi ritmo cardiaco monitoreado por la pequeña máquina médica manual, no abro los ojos, pero siento dolor en todo el cuerpo.

Estoy respirando, puedo respirar. ¿Entonces por qué me queman los pulmones? ¿Por qué no siento mis extremidades? ¿Por qué tiemblo?

—Buenos días Londres habla su presentadora matutina Betty, hoy es una de las más importantes del año en curso para el país, la gran subasta de inversionistas ingleses tiene lugar esta hoy frente al palacio de Windsor con el nuevo rostro de la política, el primer ministro de Londres, Dimitry Aslan Çelik.

—Oye— siento una mano masculina en mi hombro y siento que me arden los parpados.

Treinta seis horas... treinta y seis horas... treinta y seis horas en el infierno.

Aún puedo escuchar el llanto de los bebés en mi cabeza, todavía puedo sentir sus manitas sobre mi brazo.

—Y no sólo eso Betty, el nuevo ministro de Londres será ovacionado durante nueve minutos por la aprensión más esperada del año— el periodista habla distrayéndome —Esta noticia está siendo transmitida a varios medios simultáneamente, nosotros estamos transmitiendo directo desde la asamblea de Estados Unidos a todos nuestros televidentes londinenses.

No siento mis rodillas, mi muñecas arden y las palmas de mis manos también, tengo cortaduras por ellas. ¿Qué fue lo último que sucedió? Ya lo recuerdo, se repiten las últimas horas en mi cabeza una y otra vez.

—Cuéntanos un poco de lo que está sucediendo del otro lado del mundo.

—Hace veinte siete horas, a las cuatro de la mañana con tres minutos, en Copenhague Dinamarca fue apresado el criminal y narcotraficante de armamento y droga más buscado de Europa y Estados Unidos, con veinte nueve años de edad el ex empresario hotelero Alexander Dominic Roe Hilton ha sido llevado juicio por el Pentágono americano. Muchos periodistas de diferentes regiones dan la noticias en sus idiomas.

Recuerdo la últimas horas, la razón por la que me arden las muñecas, el turco... el turco lo hizo.

—No— dice la voz masculina, parece que hablé en voz alta —Tú lo hiciste, tú lo provocaste— siento un escalofrío recorrerme la espalda.

—¿Tenemos ya un dictamen a la sentencia?

—Así es Betty, hoy al medio día, la suprema corte de justicia de los Estados Unidos ha dictado cadena perpetua al criminal— respira hondo el reportero — En unos minutos seremos todos los medios internacionales testigos de su traslado a la prisión de máxima seguridad en Colorado.

Me tiemblan las manos y el cuerpo completo, las lágrimas se han secado con el aire.

—Ya volveremos contigo, en este momento tenemos en Londres la llegada del mandatario seguido de los representantes del MI6 y el Parlamento británico, un nuevo rostro se presenta ante la Política y es un rostro turco con descendencia inglesa, podemos ver las camionetas con las banderas del gobierno inglés llegar al lugar, nos enlazamos en directo.

—Tú lo provocaste— repite la voz en mi oído.

Tiene razón, yo lo hice.

Abro los ojos lentamente.

Tengo en mi mente mi imagen corriendo hacia la camioneta del Borah y como estrellé mi mano en su ventanilla reclamando el favor que me debe, yo sola me provoqué estas heridas en las manos.

Pero... si existe sólo una oportunidad para adquirir un favor de un mandatario político ¿Cuál es la mejor decisión? ¿Se puede tomar ese riesgo en una crisis nerviosa?

Los gritos se hacen presentes en la pantalla, el turco baja los cristales de las camionetas dejando ver la risa atractiva que posee, de poco más de treinta años con una barba recortada acentuando su mandíbula marcada.

Un grupo de doce guardaespaldas se pone frente a su puerta esperando que baje en un traje negro y corbata del mismo tono. Sale con una elegancia propia de uno de clase alta y ondea la mano para las masas que gritan su nombre y enloquecen al verlo ondeando las banderas de Londres en sus manos.

Mide casi dos metros y es tan robusto como sus propios guardaespaldas. La cónsul del parlamento lo recibe unos metros adelante y posan para la prensa que se arremolina alrededor de ellos.

Impactantes imágenes Betty, ese es el nuevo rostro de la justicia en Londres— dice una periodista— Con treinta y tres años, el mandatario Dimitry Aslan Çelik se presenta por primera vez ante las cámaras después de que el MI6 tuviera su rostro oculto por más de tres meses por razones de seguridad.

—¡Retrocedan! — sus guardaespaldas apartan a las masas que tratan de tomarse fotos con él —¡No lo toquen!

—Dejen a la gente estar cerca de mi— pide el turco y enloquecen.

—Es impresionante la reacción de los londinenses, es una reacción que no se había visto con el anterior ministro Madden, descanse en paz.

—Parece ser que ese aire de juventud del mandatario turco es una ventaja muy grande en el país, las reacciones en las redes sociales no se harán esperar.

El turco mira directo a la cámara y sonríe ladeado quitándose los lentes negros dejando ver esos ojos azul grisáceo dejando a las masas enloquecidas como si se tratará de una celebridad del momento.

—En esta subasta veremos grandes adquisiciones, en donde la galería de arte más prestigiosa de la familia Pitt, Gallery Art.

—Así es Betty, la subasta tiene a más de setecientos asistentes inversionistas de las mejores empresas de Europa en directo, esperando dar comienzo a la cadena hotelera más grande internacionalmente, Hilton & Roe, cuyo anterior dueño no será mencionado por el nuevo orden político.

—Hilton & Roe, el imperio hotelero, finalmente tendrá un nuevo dueño hoy, después de ser retenido por el gobierno inglés por ocho meses en la persecución de su anterior dueño— la presentadora se detiene al ver las cámaras —Nuestro resumen de la cadena hotelera será detenido porque el ministro Aslan ya está en el micrófono, nos enlazamos en directo.

—Ciudadanos, ha sido un año difícil para Londres, un año en el que la muerte nos asechó, la muerte de la honorable familia Madden, un placa dorada como el teniente Wall y la más reciente muerte de la hija de Sarah Wall y el General Tyler Hilton en la misión de rescate de la teniente Sarah y el agente Gray.

La cámara enfoca a varios de los asistentes que lloran mirando a Sarah parada detrás del nuevo ministro con la cabeza gacha y el cuerpo huesudo, Dylan no se ve.

Las jaulas de Alexander Roe son la entrada al infierno, pero con Sarah se empeñaron parece un cadáver andante y sin cabello, los pómulos los tiene sumidos, tiene ojeras purpuras e incluso hay un equipo médico a su lado por si se desvanece.

Cada media hora le colocan un respirador de oxígeno, la teniente pasó más de cinco meses encerrada en calabozos subterráneos donde solo se filtraba humedad y sus pulmones fueron afectados, pero quiere seguir de pie.

— La General Rebecca Hilton ha sido la estrella de esa misión, ha matado a una de las miembros de la mafia más peligrosa de Europa. Maya Roe y capturado al líder de dicha organización criminal y lo ha puesto en la prisión de máxima seguridad de los Estados Unidos.

Los aplausos no se hacen esperar, miro al hombre en el asiento a mi lado y niega con la cabeza.

—Sin duda la armada americana ha alabado su obra y nosotros queremos darle una medalla a su uniforme, pido una ovación para la General Hilton.

Rebecca sale de atrás radiante, su triunfo le han sentado de maravilla, el cabello lo trae arreglado y maquillaje perfecto, mejor condición que Sarah, cuando pasa a ponerse ante los presentes se deleita con los plausos mientras le colocan una medalla militar.

La persona a mi lado de da una calada más profunda a su puro y susurra que ama fumar hierba fresca, no puedo dejar de temblar.

—Quiero agradecer a la armada americana y al servicio de defensa del MI6 por el honor— se coloca en el micrófono eufórica y saca dos lágrimas —La muerte de mi tío no ha sido en vano, yo... nosotros... esa noche fue la más difícil de mi vida...

Se le corta la voz y el ministro le ofrece un pañuelo mientras la cónsul la alienta a seguir.

—La muerte de mi tío no fue en vano, hoy me pongo frente a mi país como la líder absoluta de la captura de uno de los criminales más peligrosos del mundo, no se mencionará su nombre porque en la celda donde se pudrirá nadie lo recordará, sólo yo he sido puesta como su guardia custodia y lo mantendré allí por años.

Los aplausos se dejan ver y levanta la barbilla con orgullo, mis manos tiemblan más tanto que el hombre debe soltar su puro y sostenérmelas. —Debes tranquilizarte, lo hemos hablado, haz un esfuerzo.

—Estoy tratando, pero no puedo.

—Entonces cortaré la transmisión y no verás lo que sucede en Londres.

—No te atrevas.

—¡Espero que le dejen pedir la eutanasia a él y a todos los miembros dispersados de su organización criminal que quedan porque las muertes provocadas tendrán que pagarlas en vida! — Rebecca se signa el pecho —La pasada madrugada, a las cuatrocientas, hora militar, la organización criminal de Alexander Roe cayó a manos de la justicia y el destino para su "esposa" es el mismo, la muerte.

El mandatario turco parece tensarse con la última frase, pero se recompone fingiendo que toma agua.

—No sé dónde estés Emma Roe — dice la General Hilton rompiendo el protocolo de respeto —¡Pero yo haré cenizas a tu descendencia, ojo por ojo! — suena más a amenaza de una ex miembro de la mafia que a una General —Y lo haremos en memoria de la hija de la teniente Wall.

Suenan los disparos de la armada en honor a los muertos y es Sarah la que peor se pone al escucharlos, el dolor en su cuerpo huesudo es visible, su cabeza calva se sacude con cada sollozo, la gente fuera de las vallas llora con ella.

—Mi bebé— jadea sosteniéndose de los médicos.

Pienso en Jack y en lo hipócrita que se ve Sarah.

Rebecca como buena samaritana va a su lado a abrazarla y consolarse mutuamente por la muerte de sus familiares. El ministro pasa entre los mandatarios a darle sus condolencias, pero el rostro de Sarah está como fuera de sí.

Muevo mi mano a la manija del auto y me detienen de nuevo. —Todo a su tiempo— el hombre enciende su puro otra vez.

Hay un tiempo de espera en el siguiente discurso de al menos media hora dónde Sarah sale de cámaras porque el servicio médico se la lleva, pasado el tiempo el ministro vuelve al micrófono.

—Anteriormente se había anunciado que en la subasta estaría Gallery Art, la más grande entidad de arte del país, pero dicha marca fue adquirida por un comprador anónimo— sonríe —Adquirida con un valor de doce millones de libras inglesas que serán donadas a la entidad de salud de los ciudadanos londinenses.

Desata una ovación de aplausos entre los participantes y los presentadores de televisión.

—Por lo tanto, la siguiente adquisición que se pone en subasta es la más prestigiosa cadena hotelera de fama internacional Hilton & Roe, valorada en billones, en más de cuarenta países, con sus innovaciones en hoteles ecológicos diseñados por su anterior dueño que no mencionaré porque no merece el respeto de nadie.

Miro a mi espalda y veo otros ojos en desacuerdo con los míos.

—La subasta de caridad comienza con tres millones de libras, lo más caro que se merece la cadena hotelera de un asesino.

Es una burla para el lobo, vender su imperio en migajas. Una mano se alza entre el público. — Tres millones de libras.

—Tres millones ofrecidos por el primer comprador.

—Yo represento al General Dylan Gray y en su nombre ofrezco la cantidad más alta de esta subasta — dice un hombre mayor —Cinco millones de libras.

—Yo ofrezco siete— otro empresario le gana dejándolo en ridículo.

—¡Yo quince!

—¡Treinta y siete millones! — se oye una voz lejos del micrófono y la cámara enfoca a un maduro.

—Una oferta extremadamente generosa por una propiedad desprestigiada.

—Quizá, quiero volver a poner en alto esos hoteles.

—Está apostando por un rango grande ¿Cuál es su nombre caballero?

—Mi nombre es Logan.

—Creo que es la oferta del día, al parecer también será la más alta.

Veo una melena negra caminar entre el pasillo, va entubada en un vestido naranja abierto por los pechos—Yo aumentaré las apuestas ministro Aslan.

—Tenemos a una dama interesada. ¿Cuál es su nombre y su oferta madame? — pregunta su nombre aun cuando es evidente en su mirada que la conoce.

—Mi nombre es Meredith y ofrezco el triple del caballero.

Asiento a la persona detrás de mí camioneta, boto los seguros y bajamos.

—Ofrezco cuarenta millones de libras— Logan reanuda su oferta y ella se ríe provocándolo.

—Eres malo para las matemáticas, pero juguemos, ofrezco setenta millones de libras.

—Ochenta millones de libras por Hilton & Roe y saquen a esta mujer de la subasta— se levanta él enojado. —¡No tiene ningún interés hotelero, sólo está aquí para joderme la maldita perra, no tiene tanto dinero para negociar!

—Caballero le pedimos que conserve la calma y trata con respeto a la dama o nos veremos obligados a...— el ministro trata de mediar entre ellos.

—¿De verdad quieres perder todo tu capital sólo para pelear conmigo amorcito? — la mujer lo interrumpe

—Forbandet tæve!

—Qué gran argumento mi cielo, pero llamarme perra no te hará verte más pobre ¿Qué? ¿También vas a vender la ropa que traes puesta para ganarme en la subasta?

—Yo ofrezco...— un anciano se pone de pie.

—Tú ni ofrezcas pobre— la mujer se ríe alzando la mano de nuevo —Te lo voy a poner fácil amorcito y así te evito la vergüenza pública. Doy cien millones de libras por Hilton &Roe, ministro Aslan.

Los gritos eufóricos de los inversionistas y de la gente fuera de las vallas de seguridad rompe en gozo. —¡Te mataré adicta!

—¡Caballero deténgase!

—No puedes mejorar mi apuesta amorcito, eres pobre a mi lado.

—¡Te mataré aquí mismo!

—Mi ex marido sigue amándome, se nota, el público lo sabe.

—¡Sin duda es la oferta es la mejor para la subasta! ¡Cien millones de libras por Hilton & Roe a la una! — el ministro se apresura a dar por terminada la subasta antes que la pareja se termine por matar frente a cámaras —A las dos...

—Hagan caminar al hombre — escucho en mi pantalla.

Veo la imagen de lejos,

— Yo hago una mejor oferta— el muchacho alza la mano captando la atención del ministro.

—Lo escucho ¿Cuál es su nombre?

—Christopher Jones.

Logan y Meredith se miran entre sí.

—Mi oferta será más alta que la de estos dos.

Muchas risas se unen a las de Logan y Meredith, el señor Jones nunca ha tenido una apariencia cara, pero especialmente hoy. El mismo ministro hace una mueca que no termina en risa para no perder su imagen profesional.

—¿Cuál es su oferta caballero?

—Ofrezco... novecientos setenta y siete millones de libras por Hilton &Roe y si eso no es suficiente triplico cualquier oferta mayor.

Las risas se cortan, las mismas cejas del ministro Aslan se alzan como la de todo el público. No sé porque pierden su tiempo imaginando la cantidad, ninguno de ellos ha visto tanto dinero junto en sus vidas.

El ministro mira a la cónsul que mantiene la boca abierta, carraspea retomando la compostura. —No es un oferta valida Christopher— Rebecca toma el micrófono. —No se permite a ningún miembro de la familia Roe comprar.

—Su argumento es absurdo, yo no soy un Roe señorita Hilton.

—General Hilton—lo corrige. —Esta regla aplica también para cualquier persona que haya trabajado con ese hombre.

—En las leyes no lo dice.

—Lo digo yo.

—¿Entonces se está poniendo por encima de la monarquía inglesa? — ladea la cabeza dejándola sin habla.

—De ninguna manera, pero no espere que creamos que posee esa cantidad un simple publicista retirado.

—Esa es una cantidad totalmente extravagante caballero — interviene el ministro —¿Quién es su representante legal que dará la validación?

Un hombre más joven avanza de entre las filas traseras a él, tiene los hombros caídos y no ha dormido, ni un maldito segundo, entra en la valla de acceso privado junto al resto de inversionistas, se ha aseado, pero tiene apariencia de mugriento.

—Yo soy su abogado, Erick Jones, su hijo y hemos estudiado el caso con un grupo selecto de los mejores abogados de la unión europea, entre ellos Blake— señala al abogado más prestigioso de Hilton & Roe —No hacen falta las presentaciones, el argumento de Rebecca Hilton es inválido y ordeno que se dé pasó a la subasta.

—¡Tú no eres nadie para ejecutar ordenes! ¡Esta es una cuartada inválida! ¡No tendrán Hilton & Roe ni tú, ni tu padre!

—Mientras haya dinero, hay compra señorita Hilton— el señor Jones se mantiene firme.

—General Hilton.

—Como sea, mi grupo legal me respalda.

Rebecca se pone roja de la rabia y fuera del micrófono se le ve discutir con la cónsul. —¡Se cierra esta subasta!

—¿Cuántas faltas legales le permitirá a la General Hilton ministro? He contado más de doce.

—¡Imposible! — Logan se ríe enojado mirando a Meredith como si no estuvieran tratando de matarse hace un segundo. —¿El manso de la muerta? — empieza el demonio y la amargura que ha abordado al muchacho toda la noche se hace presente

—Pobre chico— Meredith lo mira de arriba hacia abajo, su ropa ha tenido mejores momentos, parecen harapos —Tan joven y tan estúpido, está es una subasta seria, no me hagas perder el tiempo, llórale a tu muerta en casa.

—Novecientos setenta y siete millones a la una, a las dos...

—Ese dinero no es más que de lavado de contrabando de armamento— Rebecca casi se arranca la nueva placa, se ve tan molesta como Logan, pero Meredith no se ve disgustada.

—Hasta que no se demuestre lo contrario, sigue siendo dinero de inversiones Rebecca— Erick la mira con ganas de estrangularla.

—No pierdas la compostura, ya lloriquearás cuando te largues de ahí— le ordena el pelirrojo desde la pantalla y asiente.

—¡Vendida! ¡La cadena hotelera internacional Hilton & Roe queda vendida a Christopher Jones! — dice el ministro desatando una ola de aplausos entre el público y el adorable anciano sonríe ante las cámaras levantando su certificado sellado por la cónsul y el ministro.

Caterva apaga el dispositivo y suelta el humo de su puro respirando aliviado y mi cabeza vuelve a palpitar. —Hijo de puta, estás situaciones de estrés me van a terminar matando un día de estos y no habrá porros que lo eviten.

—Enciende la pantalla de nuevo.

—Sí, mi señora, usted se acaba de convertir en la máxima autoridad de la organización del lobo yo no tengo ni voz ni voto en sus decisiones— enciende el dispositivo.

—Quiero que dejen de decir eso, mi marido va a volver, esa es la razón por la cual estamos aquí— le advierto escuchando unos piecitos patear en el asiento trasero.

Me muevo cuidando mi brazo roto y veo a Raven despierto moviendo los piecitos sin abrir los ojos. Me coloco a su lado tomándolo en mi brazo sano y se remueve abriendo sus ojitos poco a poco.

Bosteza provocándome ternura y esos ojos verdes apenas me miran un segundo antes de cerrarse y buscar su alimento en mi pecho, lo ayudo mientras beso su frente con adoración y cuento los dedos de sus manos mientras termina. —Mi pequeñito— le acaricio las cejas con adoración, no termino de creer que tengo a una parte mía y de Alexander en mis brazos.

Es tan sublime, no he dejado de llorar en silencio cada vez que los tengo en mis brazos. Miro a nuestra hija dormida con cobijas calientitas a un lado, este porta bebés es doble, siempre dormirán cerca el uno del otro.

Es uno de los vuelos más riesgosos que he hecho a América, no sólo por mi condición actual, sino porque mis hijos están recién nacidos, apenas hace tres días, pero tengo al equipo médico viajando conmigo.

No voy a separarme de ellos, ni de Alexander, los medios londinenses mienten, esto es una pantalla preparada, Caterva logró detonar la bomba de Dorian contra el MI6, Rebecca fue de las pocas sobrevivientes y todo lo que ha dicho en su campaña es una vil mentira.

Todo el gobierno inglés está alabando la caída de la organización del lobo, pero sólo se basan en la captura de mi marido y la muerte de Maya para decirlo. Salí corriendo del hospital de la armada americana y tenía al Raptor y al Fairchild esperando por mí y por nuestros herederos para salir ilesos.

Tres días después estamos rodeando la prisión de colorado donde la suprema corte americana enviará a Alexander, las treinta y seis horas de infierno que debo esperar para poder verlo de nuevo y sacarlo de ese infierno.

Los conservadores rusos me recomendaron no viajar con ellos, pero cada petición se ha transformado en orden para cualquiera.

Me inclino a besarle la frente a ella y ni se mueve. Siempre es Raven el primero en llorar por su comida, son tan frágiles, no he dudado ni un segundo en traer a toda la seguridad del mundo por ellos y también sé que no puedo tenerlo aquí todo el día, no sé cuánto más retendrán a mi marido antes de su traslado.

Doy la orden de que ninguno de nuestros asesinos se aleje de la suprema corte en Washington y Caterva me lleva directo a las cabañas donde nos estamos quedando.

Las camionetas negras que nos siguen alteran el orden del tránsito, pero se abren paso evitando el embotellamiento de la hora laboral en la ciudad.

El equipo médico toma a mi hija en su porta bebé y la dejan en mi habitación junto a Raven, es el primer día en esta cabaña y mandé a traer a mis lobos, temía que hubieran muerto en el enfrentamiento, pero nunca salieron del palacio.

La maldita de Alicia los bajó de mi camioneta, debo agradecerle, no hubieran sobrevivido a la explosión. Desde la explosión me cuesta caminar, Caterva me carga a todos lados. Al llegar frente a mi habitación veo a mis lobos en el fondo con la cabeza dentro de sus tazones de comida metálicos.

Tomo a mis hijos y veo como se acercan viéndome entrar, apenas uno olfatea lo que traigo en el porta bebé doble y retrocede como si no reconociera el olor. Otro se acerca a olfatear y ambos regresan a los tazones sin lograr descubrir que tengo a dos mini Alexander recién nacidos.

—Encenderé la chimenea mi señora— Caterva pasa unos leños al fondo de la habitación.

Me siento en la cama y extiendo la mano a mi lobo favorito, pero no se acerca como de costumbre. Vuelvo a insistir y de nuevo regresa a su comida, sólo falta que mis lobos estén celosos de mis bebés.

—Quiero que regreses a la corte, no pierdas de vista cuando salga mi marido.

—Entiendo, la seguridad está cuidando la cabaña, no se preocupe, la estaré informando cada hora de la salida del lobo.

Sabe que estoy reacia a abandonar a mi Alexander, pero no he descansado en las últimas setenta y dos horas, ni siquiera me he recompuesto del parto y la explosión y alimentar a mis bebés requiere toda mi energía.

Han pasado tantas cosas en pocos días, Alexander fue herido, la muerte de Maya, Jack huyó, y no sé a dónde se llevaron a Ethan, ahora soy líder absoluta de la organización del lobo por orden de los conservadores rusos.

Cuando Caterva sale después de encender la chimenea dejo caer mi rostro entre mi mano sana llorando en silencio con esos temblores prolongados que he tenido en todo el cuerpo desde el parto, no quiero darles nombre, deben ser por la tensión a la que estoy sometida y tampoco le he dicho a los médicos que los tengo.

El Borah me ofreció un favor, uno sólo y yo lo pedí.

La libertad de Alexander.

Sé que la mafia del lobo trabajará en sacarlo y lo logrará, pero así sea con un día de diferencia lo quiero fuera lo más pronto posible y es algo que el Borah cumplirá, la corte no lo enjuiciará.

Tres días completos sin dormir y pueden ser meses enteros por encontrarlo, Caterva está continua a la mía y lo tendré cerca cuando regrese, por más que Bennett quería convertirse en el hacker del caso no se lo permití, los conservadores rusos tampoco lo aceptarán a pesar de que sea su hermano.

Sigo divagando en mi mente cuando mi hija comienza a llorar. Me limpio las mejillas y la tomo en brazos. —Tranquila princesa ¿Tienes hambre? Mami va a cuidarte como a tu hermanito ¿Cuándo le dejarás a mami ver tus ojitos? — me coloco en uno de los sofás comenzando a cantarle suavemente.

Estoy apostando que mis bebés tienen ambos el color de ojos de Alexander. Creo que mi pequeña se ha dormido, pero al poco rato vuelve a llorar y es tan fuerte su llanto que Raven se despierta y empieza a llorar también sobresaltándome.

Mis lobos que antes estaban dormidos en la alfombra levantan la cabeza.

¿Qué hago? Siento un nudo en el estomago y trato de mecerlo, pero no funciona, las horas de sueño son incontroladas con los recién nacidos, pero mis bebés llevan los tres días llorando así. Con esfuerzo logro sacar a Raven y apoyarlo sobre mi hombro con el cabestrillo, pero me duele el brazo.

Maldito sea el Pentágono que por su culpa no puedo cargar a mis bebés juntos.

—Tranquilo mi amor, también puedo cuidarte a ti— los trato de mecer y lloran más, canto y Raven se pone rojo del llanto.

Dos de los lobos se pasean de un lado a otro como desesperados. Comienzo a llorar sintiéndome inútil por no poder controlar mi situación, ni siquiera apodo cargar a ambos. Soy una mala madre, me duele el corazón, quisiera que no estuvieran sufriendo por mi culpa, nunca seré como Kate.

Les cambió el pañal uno a uno y siguen en llanto, pongo a mi pequeña a comer y no quiere, creo que voy a entrar en crisis, ese temblor en mis muslos aparece y por miedo a tirarlos los pongo en su porta bebé doble.

Cierro los ojos respirando hondo para tranquilizarme y comienzo a mecerlos de nuevo. —Todo va a estar bien, ustedes y yo nunca nos vamos a separar, nunca— digo en voz suave procurando acercarme lo suficiente para que me escuchen.

Tomo a Raven y lo meso suavemente pegándolo al latido de mi corazón y poco a poco el llanto se va calmando o ambos se han cansado de llorar, cuando se duerme tomo a mi pequeña y la pongo a comer con sumo cuidado mientras paseo mis dedos por sus mejillas borrando sus lagrimitas.

Cuento sus dedos y sus ojos no se abren como los de su hermanito, siempre están cerrados, creo que empiezo a entender esto, mis brazos no son el cojín que los recibió cuando nacieron.

Alexander fue el primero que los arrulló y si desde mi vientre amaban su voz, al nacer lo reconocieron, saben que mi brazo delgado no es el de su padre. Esto es absurdo ¿Cómo pueden saber eso si son tan pequeños?

—Mami lo va a controlar y los cuidará día y noche.

Hemos pasado esto cada noche y cada madrugada, puede que mi teoría sea cierta porque los mini Alexander lloran a la misma hora, es decir, lloramos los tres, pero esta crisis la pasamos con éxito.

—¿Necesita ayuda mi señora? — entra una mujer del equipo médico.

Mis bebés llevan pocos días de nacidos y ya tienen más juguetes que una ciudad entera, entra la doctora Kriss y comienza a revisar que todo esté en orden, pero mami lo controló y quiero sonreír.

Pero quiero compartir esta felicidad con Alexander, no sola.

Cuando los dejan en su cuna, quedan Raven junto a su hermanita con sus manos juntas, sonrío ante la imagen me armo de valor para llamar a los conservadores rusos para una reunión privada, pero Caterva vuelve casi media hora después de haberse ido a la corte y me insta a regresar a dormir.

Como si pudiera hacer eso, aquí algo sucede y no es sólo mi paranoia por mi falta de sueño. Me dejan un té tranquilizante en la mesita de noche y cuando los leños de la chimenea casi se apagan salgo de la habitación dejando a mis hijos cuidados por el equipo médico.

La cabaña no es muy grande, apenas tiene cuatro habitaciones, los demás asesinos cuidan las entradas y los alrededores a pesar del frío. Veo a uno de los conservadores rusos entrara a la habitación de Caterva y lo sigo apoyándome de un sirviente encontrando al menos a diez dentro.

—Mi señora— se levantan todos cuando cruzo el lumbral.

—¿Qué sucede? — se miran entre sí y mi pulso comienza a desbocarse. No pueden mentirme, soy la máxima autoridad de la organización del lobo. —¿Qué pasa con mi marido? — es el miedo en sus ojos por mi reacción lo que me hace alterarme —¡Hablen!

—Primero tome asiento mi señora, es una conversación larga.

Cierro los ojos respirando entre cortadamente. —Escúchame Caterva, estoy al borde de mi paciencia, no tolero pensar que alguien esté dañando a Alexander y si eso le sumas la muerte de la tía Maya y la huida de Jack, significa que me voy a volver loca y mandaré a matarte.

Traga grueso y asiente quitándome las manos de encima. Se quita los guantes de cuero y siento que me fallan las fuerzas cuando me mira. —El lobo no está en Estados Unidos.

—¿Qué diablos dices?

—Entre por una de las salas alternas del jurado seleccionado, sobornando a más de veintisiete policías conseguí el acceso cinco minutos en la sala del juicio— explica, pero estoy al borde de perder los nervios —El Borah miente señora Roe, el hombre que está enjuiciando la corte del Pentágono no es Alexander Roe.

Siento que se mueve el piso bajo mis pies.

—Hemos reanudado la búsqueda, creemos que Dylan Gray está detrás de su desaparición, los datos oficiales de mi señor han desaparecido, se borró el acta de su captura en Dinamarca y los documentos oficiales de su traslado nunca fueron sellados, la base de datos del Pentágono está cerrada permanentemente, han alegado un robo masivo de información falso para desaparecer al lobo.

Me agarro a su brazo para mantener el equilibrio.

—Retomaremos la búsqueda mañana a primera hora— dice uno de los conservadores.

—¡Cierren la maldita boca todos! — mi grito sale rasgado de mi garganta —¡Llama al hacker!

—¿James?

—¡No! ¡Me importan muy poco sus prejuicios de traiciones y venganza! ¡Hoy mismo aprobarán la entrada al Palacio Roe del único hacker que sirvió a Alexander por años y el único en el que confiaré para encontrar a mi marido!

—Señora Roe sabe lo que implica traer de vuelta a...

—¡No digas su nombre! — lo corto —¡Desde el segundo que empiece a trabajar en la mafia olviden su nombre y su rostro! ¡Que quede claro porque no lo repetiré otra vez! ¡Esta misma noche él vuelve a ser nuestro camaleón y ustedes lo aprobarán!

Asienten y hacer un vuelo repentino no es sano para mis hijos, es mejor que él venga al país. Las comunicaciones a su localización empiezan a prologarse durante la hora siguiente y logran mandar un jet privado en su búsqueda.

Estas horas que tarde en llegar serán eternas, recuerdo como rompí la ventana del Borah y meses atrás como lo apuñalé por herir a mi marido, nunca olvidaré su traición. Me la paso mirando la hora en mi Rolex, una hora, dos, tres, cada una corre más lento que la anterior.

En mi habitación sólo se escucha la respiración de mis bebés, los alimentó la hora siguiente y la espera se hace peor. Me quedo rescatada en uno de los sofás dormitando porque mi cuerpo no puede más y el equipo médico casi me suplica de rodillas que lo haga y cuando me lo piden por el bien de los mini Alexander acepto, pero despierto sobre saltada cada cinco minutos.

Los primeros rayos de luz se filtran por la ventana, beso a mis bebés estirándome a sus cunas, veo a uno de mis lobos alzar la cabeza al gesto.

Noto que no los he acariciado a ellos desde que tengo a mis bebés, me quito las mantas cuando veo a las camionetas negras aparcar fuera de la cabaña. Ya son cuatro días, pero el dolor que me impide caminar es peor hoy.

Me quedo sentada en el sofá ordenando que lo traigan hasta aquí. Parece que revivo una escena de hace un año. Viene seguido de varios asesinos, con el rostro cubierto de tela negra hasta en los dedos de sus manos, su apariencia delgada es el toque que siempre recordaré.

Se lo que implica que se cubra el rostro a pesar de que lo conozco, ha empezado a trabajar para la organización del lobo y el día que nuestros enemigos descubran su cara se muere.

Se ve tan diferente a su apariencia normal, verlo en su modo hacker siempre me da escalofríos. Me extiende la mano y la tomo sin vacilar bajo la mirada de los conservadores rusos sellando el trato.

—El Pentágono ha eliminado todos los datos del traslado de Alexander, no hay actas selladas de su captura en Dinamarca, encuentra a mi marido.

Me da una inclinación de cabeza y camina a una esquina apartada de la habitación.

Cuando pasa cerca de mis bebés lo escucho respirar hondo, pero claro está que no puedo ver su expresión, sólo como los mira por un par de minutos antes de abrir el ordenador con el que carga.

—Todos fuera— dice con voz grave. —Sólo la señora Roe y Caterva se quedan dentro.

〘 〙

Alexander.

Escucho la reja de mi celda, estoy sumido en la oscuridad y sólo se escucha la gotera que provoca el puto olor a humedad. Muevo la mano tratando de encontrar a la persona que entró, pero en mi condición es complicado.

La primera vez que creí estar ciego fue a los cinco años después de una golpiza que me propinaron en las jaulas. Las señales son contradictorias al inicio, primero la desorientación, tu cuerpo no responde a dónde el oído indica.

—¿Me extrañabas amor? — esa maldita voz irritante. —Habría venido antes, pero las celebraciones del gobierno son más frecuentes, me dieron una medalla en mi uniforme, todos los medios tienen mi nombre y me hacen entrevistas diarias, es agotador, pero satisfactorio.

Ojalá me hubieran dejado sordo también.

—Tu esposa está en la cima finalmente, deseaba llegar y meterme a la cama contigo y follarnos por horas, odio las cámaras, no sabes el horrible día que tuve, nunca dejaré ser una chica de la mafia y quedé en evidencia hoy por un desliz en una subasta, pero sabes tengo que fingir con esos imbéciles ¿Me das un beso? — huelo su maldito perfume.

—Aparte de idiota eres enferma mental — mi voz se escucha grave.

—¿Por qué preguntas eso?

—No es una pregunta, es una afirmación.

—Odio que te comportes así en nuestro juego mi amor, volé muchas horas para llegar a verte hoy— siento su boca sobre la mía y si mis manos estuvieran libres la estrangularía. —Nada que unos besos no puedan resolver, en cuanto tu divorcio esté terminado lo legal dejará de ser un problema para nosotros —dice entre beso y beso. —¿O quieres terminar drogado otra vez? Sabes que entre más anfetamina te administro más posibilidades tienes de tener una sobre dosis. ¿Tengo una duda? ¿Por qué no te volviste adicto como tu hermano?

Practico romperle la nariz de nuevo con un cabezazo, pero soy cuidadoso de que no me provoque una sobredosis como planea. Resuenan golpes en la puerta. —Rebecca el ministro quiere verte.

—¡Estoy ocupada con mi pareja, no quiero que nadie me interrumpa! — se sienta en mi regazo y siento su falta de ropa. —Entre Logan y el ministro me estoy volviendo loca, ya no sé ni para quién me conviene trabajar.

—¿Dónde coño estamos?

—No puedo decírtelo amor, todo el mundo cree que estás en la corte de Estados Unidos, eres mi secreto— suena ansiosa —Hasta hay prensa rodeando la suprema corte, pero el Pentágono me dejó conservarte por la victoria de hace unas noches, nadie sospecha, pero basta de charla y más acción.

Siento su mano en mis bíceps y su boca en mi cuello, le aviento un cabezazo, pero lo esquiva riéndose.

—Llevas tres días aquí y sigues sin cooperar.

—Me han drogado tres días y ni inconsciente se me olvida que tengo esposa y se llama Emma Roe.

—La polla no conoce de matrimonios— la masajea por encima de mi pantalón.

—Mi polla reconoce sólo a mi mujer, incluso antes de casarme con ella.

Siento el golpe de su rodilla en mi barbilla. —Piensa en una mejor respuesta que esa.

—¡Rebecca el ministro quiere verte coño! ¡La prensa sigue rodeando su residencia y quieren entrevistarte! — gritan afuera de lo que creo que es una puerta doble y sale enojada maldiciendolo.

Deduzco que llevaba más de siete horas inconsciente cuando ella me inyectó la última dosis, dice que tuvo reunión de prensa, pero si el puto turco está aquí estamos cerca de Londres o Irlanda.

—No hay un whisky escocés cosecha del noventa y cinco, sólo del noventa y seis— dice la voz del guardia que apenas reconozco veinte minutos después.

—Esta cosa sabe porquería ¿Por qué bebes esto? Creo que la prostituta que viene a visitarte debería enviarte mejores cosas.

—Se llama whisky, pero el americano siempre ha sido una porquería, prefiero el escocés.

—Para mí sabe a alcohol amargo— escucho la voz del que está a mi lado, pero no le conozco la cara, pero si reconozco su puto acento irlandés otro punto para entender que estoy cerca de Irlanda o Londres —Soy nuevo en esto ¿Por qué te traen alcohol a una celda de la prisión de máxima seguridad?

—Porque soy billonario y soborné al director de la cárcel.

—Que hijo de puta, no te creo, estos policías no se sobornan con nada, la prisión tiene una reputación que seguir, si fuera tan fácil yo no estaría encerrado contigo— se oye la duda en su voz — ¿Y cuánto dinero tienes?

—Más del que alguna vez tu presidente verá junto en su miserable vida.

—¿Tienes una fortuna o qué?

—Tengo tres.

—¿De cuánto dinero estamos hablando?

—Si supieras leer no terminarías de contar los ceros— pruebo el whisky y es una porquería.

—Si es tan fácil sobornar a la policía ¿Qué haces todavía encerrado en este agujero olvidado por Dios? Tan mafioso que eres te deberían estar buscando por cielo y tierra.

Escucho la celda cerrarse y espero diez minutos antes de responder. —¿Cómo es el uniforme del guardia?

—Azul marino, con letras grande en su chaleco anti balas.

—¿Es de la marina?

—No, el MI6 o ejercito de Irlanda, lo sabría si supiera leer las letras que traen bordadas.

Cuento los minutos en los que dejo de oír los pasos del guardia, si hay cámaras no es un piso subterráneo. Si soy un criminal especializado en narcotráfico estoy en una celda aislada por la planta dos o el primer sótano.

Los mandatarios deben estar en el ala norte de la prisión y los ex mariscales al sur...

—¿Sabes que si me preguntan por lo que hablas diré todo? Me importas una mierda, me importa más mi pellejo que el de un ciego, además hay cámaras por todos lados, te están monitoreando.

—No te preocupes, te asesinaré antes que te interroguen.

〘 〙

Coraline.

—Puedo hacer la misma pieza, pero con un paisaje diferente como hojas de otoño— ofrezco amablemente a la mujer de pendientes de diamante que me entiende su tarjeta de crédito negra —Algunos de los pintores que quiero incluir en mi tienda tienen piezas de arte excepcionales.

—Me gusta la idea de un paisaje diferente, pero lo quiero más colorido y quiero que tú seas la artista, no desconfío de ellos, pero llevo meses enamorada de tu trabajo Coraline.

Siento que se me hincha el pecho con orgullo y después de todo este tiempo todavía me queman las mejillas ante los halagos. —Entonces lo haré yo señora Wilson, me pondré en contacto con usted en cuanto el cuadro esté terminado— le entrego su tarjeta de crédito.

—Sigue radiante como siempre, eres le mejor pintora de la ciudad sin duda.

Las campañitas de la puerta suenan cuando sale a su auto de lujo, suspiro por la mejor venta del día y cuento el dinero de la caja registradora dando las gracias por un día productivo de ventas.

La señora Wilson es mi mejor clienta, sin ella el negocio no saldría a flote por eso quiero incluir más artistas en la tienda, no es pequeña es muy grande, pero no me doy abasto yo sola, y no quiero descuidar a Aaron.

Llevo la mayor parte de la tarde pensado en ver a mi bebito, no tan pequeño ahora, me apresuro con los últimos cálculos y tomo mi bolso y mi abrigo. —Me voy a casa Oliver ¿Puedes cerrar la tienda?

—Con gusto jefa, buenas noches, saludos al pequeño pintor— dice Oliver el señor de edad mediana que trabaja para mí y su mujer me saluda de lejos terminado de guardar los cuadros en cajas mandando besos a Aaron también.

Sonrío saliendo de mi tienda de arte en Irlanda.

Al inicio fue difícil acostumbrarme a la gente, pero llegué hace casi un año aquí y se ha convertido en mi hogar, dicen que la distancia y el tiempo cura los corazones rotos, pero no siento que el mío se haya curado, creo que quemó y renació por el amor a mi hijo.

—Buenas noches Coraline— me saluda un tendero de la avenida principal —Mañana sin falta tendrás tus rosas frescas en tu puerta.

—Gracias Bob, disfruta la noche.

—Es un gusto ser el repartidor de la mejor pintora de la ciudad.

Siento que me sonrojo de nuevo y me meto el cabello corto detrás de las orejas, después de todo este tiempo opté por un corte pequeño perdiendo mis rizos. Suelo caminar a casa la mayoría de días, me gusta tomar un respiro de horas laborales y encontrar algo que llevarle adorable a mi hijo cada noche.

A veces una golosina y otras veces algún juguete de la tienda local. Kilkenny Irlanda no es una ciudad muy grande, es perfecta para la vida tranquila. Por las mañanas cuido a mi pequeño mientras mis trabajadores abren la galería y por las tardes cumplo una jornada laboral por el bien del negocio.

—Buenas noches Coraline ¿Te pongo lo de siempre?

—Dos más por favor, entre más crece Aaron más comida quiere— saco un par de billetes para la tendera que pone pequeños rollitos de canela recién horneados en una bolsa de papel.

—Quisiera ponerte más, pero un caballero pasó más temprano y se llevó la mayoría.

Arrugo la nariz. —Creí que yo era la única clienta que ama tus rollitos de canela.

—Se nota que es turista, ni siquiera conoce las calles, se veía muy interesado en tu exposición de arte, debe ser un comprador de esos adinerados que te buscan todo el tiempo— dice muy cotilla.

—No me visitó en la tienda. ¿Le diste la dirección de la galería o mi número de local?

—Por supuesto, ya sabes que eres la que mejor demanda tiene, pero se fue sin decir más y no me dejó su tarjeta de contacto.

—Ya me encontrará.

—Lo hará cielo y si no a ti te sobran los compradores de arte— me da un guiño —Trae al pequeño pintor a la tienda cuando puedas y le obsequiaré un panecillo a esa bolita rubia y tierna.

—Lo haré.

—¡Suerte con la exposición, todos los boletos se han agotado, suertuda! — grita a mi espalda mientras corro a la luz del tráfico y corro por el parque antes que me atrape el tráfico nocturno.

Miro uno de los letreros eléctricos de la acera donde anuncian mi exposición de arte en la galería principal. Coraline Anne Gray. Me quedo observándolo por mucho tiempo emocionada de todo el trabajo que he recibido estos meses.

Es difícil de creer que no queda mucho de la jovencita que dejó Dinamarca, pude quedarme en Londres con la tía Mary y llorar por todo lo que había perdido, pero siempre que miro a Aaron me recuerdo que mis sentimientos han pasado a segundo término, dejé de llorar y me dediqué a darle una vida digna a mi bebito.

Emma me ayudó a desaparecer del radar de cualquier persona que me conociera y me ayudó a encontrar un hogar mejor, no me alcanzará la vida para pagárselo.

Esta es mi rutina de casi todas las noches, me detengo en una banca subiendo mi bufanda para evitar el frío. Mi celular vuelve a vibrar en mis pantalones y reviso, es un mensaje de él...

«¿Cómo quitó la pintura verde de un traje elegante en un avión? ¡Necesito tu ayuda urgentemente o me volveré loco con las azafatas ayudándome!»

Logra sacarme una pequeña sonrisa cuando abro la foto adjunta y lo veo cubierto de pintura hasta por el cabello y la nariz. «¿Cómo demonios terminaste así? ¿Todos los pasajeros te están mirando?»

«No preguntes rubiecita, son problemas de padres solteros»

«Los conozco a la perfección, Aaron estuvo jugando con mis pinceles otra vez y arruinó todos mis vestidos»

«Nuestra vida es más complicada que la del resto, no olvides nuestra cena, aprovechemos a la niñera o no tendremos otra oportunidad si despiertan»

Le escribo mis mejores consejos para limpiarlo y cuando me pone un corazón en el texto me encuentro sonriendo, pero cuando siento un escalofrío en mi espalda que borra mi sonrisa, siento que me observan.

Miro sobre mi hombro y veo entre la gente a un hombre vestido de negro, con abrigo abrochado hasta el cuello y lentes oscuros mirando a mi dirección.

En esta ciudad no abunda mucho la inseguridad, pero nunca está de más prevenir. Me levanto bruscamente y camino directo al edificio de apartamentos de la avenida principal.

Me sigue.

—No corras— pide y su voz me da escalofríos.

Hago lo opuesto y corro. — ¿Hay algún problema Coraline? — pregunta un agente del MI6 que me asignó el gobierno desde que me mudé a Irlanda por ser hija de un placa dorada.

—El sujeto de atrás me sigue hace dos calles.

—Yo me encargo, tú sube tranquila a casa y salúdame al pequeño pintor.

Me he sentido así por ya varias semanas y no quiero darle nombre a esta sensación, me fui de Dinamarca y no regresé a Londres para no volver a sentirme así. ¿Y si está aquí? Imposible. Nadie puede encontrarme, no hay huellas en ningún lado sobre mi paradero.

Abro la puerta de mi apartamento y de inmediato tengo a una bolita con pijama de gatitos gateando a medias del sofá a mis brazos, baja del regazo de su niñera y gatea más rápido hacia mí para que lo atrape y de camino tira su chupete alzando las manos para mí.

—¡Mi bebito! — lo alzo en el aire sacándole risas y le lleno de besos las mejillas mientras se pega para oler mi perfume. —Te amo Aaron.

Este es el momento que hace valer mi vida. Pegamos la narices y la mueve riéndose con los pocos dientecitos que tiene, su cabello parecía ser rubio, pero con el paso de los meses se está poniendo castaño... cada día se parece más a su padre.

—Te traje rollitos de canela.

Sonríe tirando bombas de baba por todo mi abrigo para darme besitos en la mejilla.

—Buenas noches señora Coraline, iré a ordenar su cuna— la niñera me entrega la manta de mi bebé.

—Menos mal que llegas, no he podido dormirlo, le doy comida en su silla y la tira y otra vez lo encontré en el balcón sosteniendo al gato del vecino, si no fuera porque hay barandales por todos lados me habría dado un infarto— mi tía Mary sale de la cocina.

—¿El gato de nuevo? ¿Quieres que te compre un gato? — cargo a mi bebé enseñándole la ventana y señala a la ventana del vecino sonriendo, le encantan los animales. — Gato.

—Cupcake.

—Gato.

—Cupcake— frunce el ceño tirando de un mechón de mi cabello.

—Di gato, Aaron. G-A-T-O.

—Cupcake— se abraza a mi cuello.

Sacudo la cabeza y alzo nuestro pez dorado. —Pez.

Sus ojos castaños me miran entornados y ladea la cabeza —¿Cupcake?

Está por cumplir un año y se niega a decir otra cosa que no sea eso, es mi culpa, en varios meses no dejé de lloriquear diciendo la misma palabra.

—Te lo dije Coraline, me cuesta seguirlo por toda la casa, además sabes que está aprendiendo a caminar, cuando no está rompiendo los utensilios de la cocina, se la pasa con ese gato o el perro del otro vecino y cuando no está haciendo eso está haciendo rayones en las paredes, yo no estoy para limpiar todo el desastre que...

Dejo de escuchar mi tía y meso a mi bebé conmigo cantándole, estoy meses con ella han sido una tortura, creí que las cosas mejorarían entre nosotras cuando abrí mi tienda de arte en este país, pero empeoraron, no hay noche que no reciba al menos una hora de quejas y regaños.

—No pude tener mi reunión semanal con mis amigas porque tu hijo no dejaba de gatear hacia esas mascotas.

Le coloco el chupete a Aaron y se pega a mi pecho buscando su lugar seguro.

—Te lo dije — sigue mi tía —Te dije que te dedicarás a algo de provecho y tendríamos una residencia y una mejor niñera.

—Estamos en el mejor edificio de la ciudad, la mejor planta ¿Aún te quejas tía?

—El dinero que nos da el Mi6 es poco para mis salidas con mis amigas y tú no me das dinero semanal suficiente. Creí que ganabas mejor.

—Pues deberías regresar a tu empleo de chef.

—Yo deje mi trabajo por venir a vivir contigo— empieza la discusión de siempre.

Dios. ¿Cuándo se terminará?

—Mira a dónde nos ha traído tu maldito arte, pero nunca me oíste, ahora estás viendo las consecuencias y ni hablar de tu hermano porque empiezas a llorar como colegiala como si no tuvieras la culpa de lo que le sucedió a mi pobre Didi, si él estuviera con nosotras tendríamos como salir a flote.

La cabeza comienza a dolerme—Tía ¿Puedo primero pasar tiempo con mi hijo y después hablar de los problemas? Para mí siempre es prioridad Aaron.

Se cruza de brazos negándose a detener. —Aquí viene el tema del niño, ¿Qué harás cuando sea mayor si no puedes controlarlo?

—Es un bebé— no alzo la voz para no asustarlo —Está por cumplir un año.

—Esas son excusas para que sea un perdido igual a ti o se vuelva adicto como ese con el que te metiste.

Me levanto bruscamente sosteniendo a mi hijo en brazos y con la mirada fiera. —Si te gusta vivir cómodamente y que yo te mantenga nunca vuelvas a llamar a mi hijo de esa forma— la amenazo y se calla retrocediendo.

—Pero sobrina somos familia no puedes tratarme así.

—Después de todo este tiempo, me importa una mierda ser una Gray— digo sin una pizca de vergüenza —Grábate en la cabeza que mi hijo es la única razón por la que te tolero tía, pero si le haces daño no dudaré en echarte a la calle.

—Sabes que lo amo— dice avergonzada —Y a ti también.

—Te quiero tía, pero amo más a Aaron y nadie está por encima de mi bebé, nadie y quién está en mi casa lo ama o se larga.

—Lo sé y me disculpó.

Llora, pero le doy la espalda, no sé porque sigue haciendo ese teatro si sabe que ya no caigo en él.

Llevamos una vida digna, pero ella quiere los mismos lujos de antes, este es un apartamento de más de tres habitaciones, pero ella quiere un Penthouse, tenemos un vecindario de adinerados, pero ella quiere una residencia.

Tengo la tienda de arte más grande de la ciudad y ella quiere que yo sea la maldita dueña de cada negocio, ninguno de los lujos que le doy es suficiente, la llevo de vacaciones a la mejor playa y se pone pesada.

Se rinde cuando ve que la ignoro y meso a mi hijo en mis brazos hasta que se duerme sosteniendo un mechón de mi cabello. Me quedo medio dormida con él abrazándolo, está es nuestra rutina, somos una familia de dos.

Se cae una de las plantas de la terraza y Aaron se sobre salta, lo cargo en brazos y miro por el jardín artificial. Aaron suelta el chupete y extiende las manitas hacia adelante. —Cupcake.

Frunzo el ceño y miro hacia afuera, no hay nadie, estoy desvariando, me quedo la sensación del hombre que me seguía, estoy cansada, es sólo eso.

El timbre suena y la niñera corre a la puerta, pero yo la mando a poner a mi bebito en su habitación y salgo encontrando una caja elegante y costosa de rollitos de canela abierta frente a mí.

—Recuérdame comprare un reloj porque siempre apareces una hora antes de lo acordado— la tomo sin mirar al hombre que me la extiende con una mano porque en la otra hay un niño pequeño de cuatro años, durmiendo sobre su hombro.

—Volkan estaba ansioso por jugar con Aaron, pero el viaje lo agotó.

—¿Cómo fue el vuelo de Londres hasta aquí?

—Se me hizo eterno deseando verte— veo la emoción en sus ojos y cuando extiende la cabeza besa mi frente, antes de bajar por mis pómulos, mis mejillas.

Nadie pensaría que cuando lo conocí, alguien como él aún sufriera por la muerte de su esposa, se veía derrotado justo como yo me sentía en ese momento, coincidimos en un vuelo esa primera vez.

—Volkan te extrañó rubiecita.

—Pasa Borah.

—Esta vez mi hijo se quedará contigo cuatro días más, tengo una situación alto riesgo y voy a tener que viajar a Turquía.

No pregunto, nunca debo hacerlo, lo conocí antes que Emma, pero cuando me habló que tiene tratos con ella, le tengo más confianza, si Emma confía en él también lo hago yo.

—Tiene la habitación preparada junto a la de Aaron.

—Volkan se remueve en su hombro y alza la cabeza al escuchar mi voz —¡Coraline! — salta a mis brazos con un oso de peluche.

—Mira que grande estás.

—¿Dónde está Aaron? Traje más juguetes en el auto de papá. ¿Podemos sacarlos ya papi?

El turco se inclina para quedar a la altura de su hijo y asiente. —Ya los están bajando de la camioneta— le revuelve el cabello —Espero que tengas espacio porque los guardaespaldas traen una montaña— me río dejándolos entrar y de inmediato el pequeño se remueve para que lo deje correr a la habitación de Aaron.

—¡Llegué Aaron! ¡Vamos a jugar! — grita emocionado corriendo con el unicornio de peluche que tomo prestado de los juguetes de Aaron.

—Te noto callada Coraline y un poco pálida ¿Te encuentras bien? — el Borah se quita el abrigo mirándome confundido, casi me río de las manchas de pintura por todo su traje.

—Estoy casi segura de que alguien me vigila hace unas semanas.

—Olvidas que soy ministro, pondré al MI6 a buscarlo— dice y asiento un poco más tranquila, cuando deja su abrigo en mi sofá saca una botella de vino y camina hasta la cocina en otro pasillo, lo sigo mientras saca dos copas —Enviado desde mis viñedos personales en Mardin, espero que te guste— me ofrece una copa.

— Ya lo juzgaré yo misma y no me importa que seas ministro, hundiré tu ego si no me gusta— se la arrebato llevándomela a la boca. Es la maldita delicia —No es el mejor que he probado, pero te doy un punto.

—Mejor puntuación que la última vez— mira la bolsa de postres que traje del trabajo —¿Te gustan los rollitos de canela?

—Ya no— digo con nostalgia —Sólo a mi hijo.

Alarga su mano y pasa sus dedos fríos por mi mejilla. — ¿Cenas conmigo?

—Siempre.

¡Hola sexys!

Extrañaba tanto estos saludos, bienvenidos a Pecado.

"Cae en tentación, desea con fuerza y ruega por tus pecados"

¡Los amo tres millones!

- Karla .

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