EXTRA ROE - GRAY
Bennett.—¿Dónde diablos estás? Tu hermano dijo que llegarías antes— la voz de Erick se escucha apagada y en cada respiración suelta un quejido de dolor.
—Me estoy emborrachando con el hermano de Wren y los demás.
—¿Y no me invitaste? — suena indignado. —¿No estabas herido?
—Sí, pero primero necesito encontrar valor para regresar al Score, se lo diré hoy, voy a confesarle todo a Cora— decirlo en voz alta hace que mis nervios regresen.
—Te va a matar.
—Ya lo sé, pero necesita saberlo, Erick.
—Voy a beber desde aquí y te acompañaré cuando la veas, voy a ser tu apoyo moral amigo— no suena convencido —. Esto no será como cuando la llamaste ebrio desde Nueva York ¿O sí?
Termino la llamada sin responderle, tengo la cabeza hecha un revoltijo y la maldita herida me está matando, los arañazos de los rosales donde Alexander me arrojó me queman en la espalda. Mi camisa está pegada a mi piel por la sangre seca, va a doler como la mierda cuando me la quiten.
Mientras elimino las llamadas de Erick de mi historial veo el número telefónico que me ha estado llamando desde hace días, seguí el registro desde la primera llamada y comprobé que es Paulina.
Ella está de regreso en Milán para el desfile de año nuevo, pero me sigue causando conflicto saber cómo consiguió mi número privado. La última vez que hablamos fue hace siete meses en Dinamarca antes que Maya me internara para mi rehabilitación.
—Dos botellas de vodka, guapo— me guiña un ojo la camarera de falda corta que me ha estado coqueteando desde que llegamos —. Si necesitas algo más tienes mi teléfono anotado en una servilleta.
Tomo el papel por educación con media sonrisa y asiento sin ganas mientras me lo guardo en el bolsillo. —Te llamaré— miento porque ella es tan amable y no quiero avergonzarla frente a los hombres de la mesa.
—Mi turno termina en media hora por si quieres esperarme— roza su mano en mi hombro herido y me trago el grito de dolor. —¿Te sientes bien?
—Evidentemente no, tiene una herida de bala en el brazo, casi se muere hace una hora y tú le estás coqueteando como necesitada— dice uno de los asesinos que está en mi mesa y ella suelta una risa adorable.
—Lo siento, no lo sabía— sus mejillas se sonrojan y casi corre lejos de nuestra mesa.
—Las órdenes del lobo fueron claras, no deberíamos estar en este bar bebiendo, deberíamos estar sacándote la bala del hombro en el Score— Theodore vacía la mitad de la botella de vodka mientras la camarera nos acerca frutos secos.
Necesito tiempo antes de que Cora me vea, ellos deben estar llegando a casa, el hermano de Wren mencionó que Alesha se escapó o algo que no me importa, yo tengo un problema más grande que esa loca suelta.
Vi cuando le dispararon al hombre al que le coloqué el pañuelo y oí al Borah hablando de mi hijo. Necesito regresar al Score para encender las cámaras que tengo en el parlamento, mi hijo sigue en la residencia Gray.
Me llevó unos días encontrarlo, Dylan y el resto de camaleones del MI6 han estado bloqueando todos los accesos digitales a su casa y al celular de Sarah, sabe que no me quedaré de brazos cruzados.
—Ya me hizo una primera intervención uno de los criados.
—No es suficiente, sólo te pararon la hemorragia, pero ya te está sangrando el brazo inútil.
—Estamos recobrando fuerzas, el alcohol el bueno para el dolor, ya me ocuparé de quejarme después— me termino el tercer vaso.
La herida me duele como la mierda y cada cierto tiempo siento que me voy a desmayar otra vez, él me tuvo que cargar dentro del bar porque yo no puedo ni sostenerme. Los otros cinco que vienen con nosotros comen como animales.
—Tu historia no se ve creíble, primero se corta el micrófono y después te escondes en el ático más alejado de la residencia para que no te encontráramos fácilmente— entrecierra los ojos justo como su hermano lo hace —. ¿Crees que somos idiotas?
—Sólo sigue mi plan Theodore y los demás hagan lo mismo, para todos ustedes yo estaba muerto— estamos bebiendo porque necesito valor para lo que voy a hacer a continuación, no sé si sacar este secreto sea sensato en este momento
¿Y si la fastidió? ¿Y sí Erick abrió la boca en estos meses? Él nunca sabe guardar un secreto, necesito solucionarlo de inmediato.
—Menos mal la rubia no sabe de armas o heridas, si no te mataría en cuanto vea que le mentiste.
¿Por qué todo el mundo se mete en mis jodidos asuntos?
Nunca había estado tan nervioso en mi vida, a excepción de vez que me casé con Cora, esperaba que no viera el papel que estaba firmando y tuve suerte, pero después de tanta mierda en la mafia, se me agotan las reservas.
¿Y si escuché mal en el comunicador? ¿Y si ella no está interesada en mí? Tomo vodka directamente de la botella, para el dolor del brazo y para el del corazón. Cuando pensé en mi plan de fingirme muerto por una horas en realidad no tenía la esperanza de que Cora reaccionara como lo hizo.
— ¿Entonces lo que todos debemos hacer cuando entremos al Score es actuar como si vinieras herido de muerte? — Theodore me mira confundido atascándose la boca de nueces sin ningún tipo de modales y asiento encogiéndome de hombros.
—Todos venimos al bar para que escuchen mi plan y no lo fastidien cuando lleguemos al Score y Cora nos vea— miro a todos los sirvientes que vinieron en la camioneta con nosotros, el alcohol me está haciendo efecto, me siento mareado.
—¿Por qué mierda estás tan nervioso? No estabas casado con ella hace ocho meses hasta que te abandonó y se llevó a tu hijo.
Me froto las manos para quitarme la humedad de la lluvia, Alexander me subió a la camioneta empapado y ni siquiera me dio una maldita manta para secarme. Me muerdo los labios con mi tic nervioso de siempre. — Ese es el problema, ella no lo sabe.
—¿Qué no sabe? ¿Que probablemente tendrás un hijo con la mujer que mató a tu sobrina o que Maya se murió antes de darte alta en tu rehabilitación? ¡Ya sé! No sabe que tu dejaste ciego a tu propio hermano.
Todas las acusaciones son ciertas, pero la primera es la que me pone nervioso, no puedo hacer una tontería como está sin confirmar que Alicia está embarazada, los últimos que estuvieron en Dinamarca dijeron que los médicos informaron que ya comenzó su primer trimestre.
Tengo que viajar a Dinamarca en cuanto rescate a mi hijo, debo solucionar dos problemas ahí que me impiden seguir con mi vida, el principal es ese maldito de James, el segundo es Alicia y todo lo que hicimos en Turquía.
Ella no está libre en el palacio, es prisionera, pero si es verdad que está embarazada de mi segundo hijo, no pueden matarla todavía. Eso es lo único que evitó que Alexander la quemara viva después de la noche del ataque del pentágono.
No he querido tener comunicación directa con ella, prefiero que nos veamos cara a cara, la vi mentir junto con mi madre en el Topkapi, esta vez no soy un adicto al que puede manipular, y si espera a mi hijo, haré lo que mi padre nunca hizo con mi hermano y conmigo, le daré una vida digna junto a Aaron.
Si Cora me acepta.
Soy un imbécil, si Alicia está embarazada, lo nuestro o la posibilidad de arreglar nuestro problemas ya no tendrá solución.
—¿Ya te estás desmayando idiota? — Theodore chasquea los dedos frente a mí.
— Tenemos que irnos.
—Ya estás ebrio.
—Dije que nos larguemos.
—No tan rápido adicto, todavía te falta explicarnos algo. ¿Cómo lograste subir al ático con un brazo herido? El MI6 llevaba como veinte agentes por cada puerta de la casa de Logan y tú no pudiste escalar para escaparte.
Cruzo mis manos bajo mi barbilla. —Había una mujer rubia en cerca de la puerta del jardín fumando y tomando el aire bajo la lluvia en una silla, llevaba la cara cubierta con un antifaz y no habló cuando nos vio entrar, pero en cuanto me hirieron me llevó por el pasillo que utilizaba Caterva para escapar.
—¿La bailarina de Irlanda? ¿La tal Artemisa? ¿Ella te ayudó?
Asiento, yo también quedé sorprendido de que me mostrara la salida. —No sé quién es, pero la tuve a menos de un metro cerca, parece enferma porque no caminó conmigo y estuvo tosiendo cuando fumaba, tiene un olor muy particular.
—¿Por qué la bailarina no le es leal a Logan? ¿Fuiste al único al que ayudó?
—No lo sé, los otros y yo nos separamos al entrar en la residencia, tampoco creo que la mujer me haya reconocido, llevaba el rostro cubierto y no me he vuelto a tatuar al lobo en el brazo desde que me fui a Turquía, debió pensar que era un kray.
Cuando la vi en Las Vegas me pareció una bailarina más y no sabía que era de Logan, el Borah nunca lo mencionó. Si no conociera a la escoria que trabaja para la organización de los treinta y siete diría que esa mujer no pertenece ahí.
—En todas las reuniones que ha tenido el lobo con Logan ella está presente, se ha vuelto en una de las atracciones preferidas de tu padre, no interviene porque no habla, debe ser muda como Tyler y él le tiene la confianza suficiente para hablar de asuntos confidenciales frente a ella.
¿Por qué Logan le da tantas consideraciones? Hay algo en ella que me resulta extraño, y tengo buena memoria, fuma una marca muy particular de cigarrillos que no venden en Londres.
—Quizá, o tiene una enfermedad que no la permite hablar y a Logan no le molesta— me ayudan a levantarme, van a tener que cargarme en sus espaldas a la camioneta porque ya no puedo ni respirar. —¿Qué hacía mi madre en la casa de los treinta y siete? Desde el ático, vi a sus legaes cruzar varios pasillos.
Se ven reacios a responderme, pero igual lo hacen. —La señora Roe la envío.
—¿Cómo?
—Toda la información respecto a la reina de la mafia es confidencial, puedes preguntárselo cuando la veas.
—¿Erick tuvo éxito en la misión de London Bridge?
—Vino un poco herido, tampoco es que se haya puesto al frente, iba en el último lugar de las camionetas, pero lo consiguieron trajeron el último cargamento del veneno de Jack al Score, al parecer la muerte de Maya le sirvió al pordiosero para comenzar a actuar como un verdadero hombre— dice antes de cerrar la puerta de la camioneta.
. . .
En cuanto llegamos al estacionamiento subterráneo del Score, veo los autos de mi hermano y los de Emma aparcados, pero nadie menciona dónde están las camionetas donde venían. Theodore me carga en su espalda como un animal bruto y baja al sótano dónde una improvisada sala médica que no es ni la mitad de grande que hay en el Palacio Roe.
—¿Dónde está mi hermano?
—Si no te llevara en mi espalda lo averiguaría. ¿Desde cuándo pesas tanto?
Tomo eso como un halago, pasé de ser un saco de huesos por las adicciones a tener un cuerpo musculoso y muy bien dotado. Me gusta cuando Cora no puede apartar los ojos de mí.
Cuando me quemó en Irlanda, estaba en servicio como hacker, tenía el rostro cubierto y ella no sabía que era yo, pero mientras me limpiaba en su baño, casi babeaba encima de mi torso.
—Informen que Bennett Roe está vivo y que lo traemos de emergencia a la sala médica— el hermano de Wren sigue el plan que armamos en el bar.
El olor a humedad de la sala no me desagrada, he vivido en peores condiciones, pero no sabía que habían tenido cerrado el Score por muchos meses cuando nos fuimos al palacio, el único que solía venir era Jack.
La vida me ha tratado mal, pero no soy el único, los Roe estamos destinados a sufrir un infierno por el resto de nuestras vidas, estamos malditos.
—¿Bennett esta vivo? ¡Tengo que verlo! — se escuchan los gritos de Erick afuera de la sala médica, el también está actuando conforme el plan y se escucha igual de ebrio que yo —¡Llamen a Cora de inmediato! ¡También al lobo y a su esposa!
—El señor Roe y su esposa tienen la línea de comunicación desactivada, no han hecho contacto con ninguno de los sirvientes.
¿No dijo Theodore que mi hermano había llegado al Score?—Theodore, sube, los conservadores vamos a reunirnos en la biblioteca, perdimos contacto con la camioneta del lobo y las de sus guardaespaldas hace siete minutos, localicen al hacker— tocan la puerta.
¿Cómo van a localizarme si estoy herido? ¿Qué le pasó a la camioneta de mi hermano? Trato de alcanzar mi celular, pero la médico se adelanta. — Muévanlo con cuidado, voy a anestesiarlo, el brazo tiene una hemorragia, necito una dosis doble de esto— la médico abre un bote de algo que no alcanzo a leer.
—Tiene una bala en el brazo izquierdo, la hemorragia la detuvimos hace casi una hora, pero el muy idiota quiso ir a beber antes de la intervención y se jodió— el hermano de Wren le informa a la médico que me resulta familiar antes de irse con el resto de conservadores.
—¿Dónde está mi hermano?
—Vamos a enlazar los comunicadores de su camioneta, el hacker no responde— me ignora porque alguien le está hablando por el dispositivo en su oído. —Entendido. ¿Dónde la encontraron? Envía su ubicación a todos los dispositivos.
Estoy por decirle a la mujer que debo localizar la camioneta de Alexander, pero me clava la aguja de anestesia antes que pueda abrir la boca, si tengo suerte el efecto no durará más que una hora.
—Me pegunto qué es lo que hice para terminar trabajando para la mafia, cuando conocí a Emma pensé que era una mujer tan normal como yo, pero no, resultó que era la mujer del mafioso más peligroso de Londres— murmura poniéndose unos guantes de látex mientras me acomodan en una camilla y me obligan a cambiarme la ropa por una bata que apenas me cubre lo decente.
—¿Cuál es su nombre?
—Soy la doctora Kriss, solía ser médico de Emma, es decir… todavía lo soy, pero no de forma profesional.
—¿Por qué murmura?
—Si hablo en voz alta, me van a atravesar la cabeza con una bala y a diferencia de ti no planeo morir pronto.
—Bienvenida a la mafia señora, sáqueme esta porquería del brazo, que siento que me muero.
—Todo lo que nos informaron por el comunicador fue que venía herido de gravedad, casi muerto, pero la herida es menor a lo que me explicaron— me mira confundida y otros dos enfermeros se acercan a la camilla.
—¿Puede decirle a cualquier persona que estoy casi muerto? En especial a la mujer rubia que vive aquí, la mejor amiga de la señora Roe.
—¿A Cora?
Asiento y comienzo a sentir los efectos de la anestesia.
Por un momento mi vista se vuelve borrosa, veo varias cosas, los rosales, la lluvia, Alexander cargándome. Hay mucha sangre en mi cama, la doctora Kriss corta parte de mi piel con precisión.
Mi cabeza se cae a un lado y veo el cuerpo de Ethan en una cama alejada de la sala médica, está dormido o bajo anestesia porque no abre los ojos.
¿Cuándo lo trajeron del hospital?—Tío Bennett— susurra una vocecita en mi oído mientras estoy en la inconsciencia —. No abras los ojos hasta que el Borah mate a tu hijo.
〘 〙Cora.—Los conservadores siguen reunidos, algo pasa y no nos dan noticias, voy a buscar al hermano de Wren— Erick se pasea de un lado a otro.
Trajeron a alguien a la sala médica hace un par de horas, pregunté si es uno de los que fueron a la misión del laboratorio, pero dice que no es relevante.
Han pasado casi tres horas desde que el Borah amenazó con matar a mi hijo y por más que he tratado de dar con la ubicación de mi hermano no puedo, el maldito hacker no responde, lo han llamado cientos de veces.
Me quedo hecha un ovillo en la sala del Score, todo el lugar está en silencio desde que Emma y Alexander se fueron. No he dejado de llorar desde hace horas, me pesan los parpados y me duele la cabeza.
Me aferro a la camisa de Bennett con un dolor que nunca abandonará mi pecho, la primera vez que lo creí muerto casi me mata, mi bebé fue lo único que me hizo soportar el dolor cuando Meredith se lo llevó a Turquía.
Esta noche no tengo a Aaron y acabo de perder a Bennett, mis sollozos hacen eco en la sala, siento que el alma se me desgarra cada vez que respiro. —Señora Gray, haremos todo para comunicarnos con el hacker, pero tiene que levantarse de ahí— Octavian es tan amable que todavía se preocupa por mí.
—No quiero— susurro con la voz rota.
—Se lo suplico — se agacha hasta que su rostro queda a la misma altura que el mío.
—No importa que me levanten de aquí Octavian, no me queda nada, se llevaron a mi bebé de mis brazos hace semanas— sollozo —. A veces sueño que lo tengo sobre mis brazos otra vez, pero son sólo eso, sueños y ahora Bennett se fue, el Borah amenazó con matar a mi hijo ¿Cómo me pides levantarme?
—Sé que no puedo quitarle ese dolor que veo en sus ojos, pero puede tomar mi mano para ayudarse.
—No puedo Octavian, Emma es la fuerte, yo no.
—La fuerza no mide en cuantas personas mata señora Gray, la fuerza más importante está en el alma, mi señora primero enfrentó sus miedos internos y los venció antes de convertirse en la reina de la mafia y usted también puede hacerlo.
Apoyo mi cabeza en el sofá completamente agotada. — Ya perdí todo.
—A veces necesitamos perder todo para encontrarnos a nosotros mismos— me mira serio —Y no voy a mentirle, va a doler mucho, por días, semanas e incluso meses, a veces el dolor no se va a ir, pero el mundo no se ha detenido, no se detiene y nunca se detendrá por una persona que sufre.
—¿Y cómo sobrevivo?
—Vi su acto en la biblioteca, quería matar a uno de los conservadores rusos para entrar en la mafia, eso la va a condenar, voy a enseñarle exactamente lo que debe hacer — mira a ambos lados y baja la voz.
—¿Quiere recuperar a su hijo y hacer qué paguen por la muerte de Bennett? — dice y asiento, de su espalda saca un arma, me la pone en las manos con media sonrisa.
—¿Qué voy a hacer con esto?
—Maté a su hermano o a un miembro de la familia Gray.
Miro el arma y después al asiático.
—Soy un simple chef, pero no un estúpido, no pensará que me tragaré el cuento de que la hija de dos placas doradas del MI6 no sabe cómo matar a un hombre. La vigilamos en Brent cuando mi señora descansó tres meses en la base del MI6, usted fue practicante de la unidad de Sarah, aunque no se unió al MI6.
—¿Cómo voy a dar con la ubicación a mi hermano?
Sonríe cuando no me niego, pero mi moral se esfumó cuando me arrebataron a mi bebé en Irlanda. — Para eso tenemos al indicado, él ya llegó y la espera en una de las camionetas.
Me incorporo con las manos temblado. —¿El hacker llegó?
—Viene un poco herido, no podrá estar cerca del rescate, pero accedió a llevarla.
—¡Necesitamos irnos de inmediato! — tomo lo primero que encuentro para cubrirme del frio y corro al ascensor seguida de Octavian.
—Hay reglas que debe seguir señora Gray, la primera es que no puede mantener ningún tipo de contacto con él, el hacker no habla por su seguridad, tampoco se descubrirá el rostro durante el trayecto, pero la guiará hasta la ubicación dónde tienen a su hijo.
Los pisos se me hacen eternos, casi salgo corriendo cuando las puertas se abren, me limpio las lagrimas mientras entro a la camioneta, el ambiente se siente tenso en el segundo que me deslizo cerca del hombre alto en el asiento delantero. —Sigan la ruta indicada, los seguiremos de cerca— no conozco a los hombres que conducen la camioneta, pero tampoco me importa mientras me ayuden.
Llevamos más de cuatro camionetas siguiéndonos, no es por mí es para proteger al hacker.
Le doy una mirada de reojo, no se mueve. Va vestido completamente de negro con el rostro cubierto y guantes de cuero, tiene el brazo izquierdo doblado sobre su abdomen y lo único que se escucha es su respiración.
Gira su cabeza lentamente a mí y me recorre un escalofrío. —¿Tienes el brazo herido? — susurro y me arrepiento al instante porque sé que no habla.
Estira su mano a una caja de tercio pelo negra, hay una variedad de balas dentro, saca un par y las juega entre sus dedos. Un segundo después me las entrega, no soy idiota, entiendo que debo cargar mi arma con ellas por alguna razón.
Extiendo el brazo tratando de recordar esos meses en Brent, practico varias veces para o dispararme a mí misma cuando lleguemos. Vuelve a girar la cabeza a mí y me atrapa ensayando. —Lo siento, no tengo buena puntería— explico.
Se escucha como resopla con fastidio y extiende su mano, con su guante me golpea el dorso de la mano par que la levante a una altura mejor, parece que no lo hago bien porque vuelve a golpearme con el guante.
—La ubicación que tenemos está a menos de dos horas por la carretera estatal— habla el chófer y agradezco que me salve de mi vergüenza.
Ya no interactúo con el hacker en todo el camino y el tampoco vuelve a pegarme con su guante, se dedica a poner algo en su ordenador, quizá es la ubicación o algo más confidencial.
Tiene algo en el brazo porque cada cierto tiempo respira hondo y se toca el hombro. Además, el brazo izquierdo no lo mueve.
Entramos en una zona residencial que reconozco, estamos cerca de la antigua residencia del teniente Wall, ahora es propiedad de Sarah, mi hermano se atrevió a traer a mi bebé a su nuevo hogar.
¿Qué clase de enfermo mental es?—Váyase preparando señora Gray, su hermano tiene muchos agentes del MI6 cuidando su casa.
—¡Unidad siete, tenemos una intervención en la entrada, tienen la insignia de la mafia del lobo, informen de inmediato a la teniente Gray y al General! — veo a varios agentes que crecieron conmigo interceptarnos antes de llegar cerca de la residencia.
Bajo corriendo de la camioneta, mi única ventaja es que conozco la zona y la casa de Sarah como la palma de mi mano. Me agacho cuando comienzan los disparos y me cubro los oídos tragándome mi grito horrorizado.
—¡La vi! ¡Esa mujer rubia escondida detrás de las camionetas es Coraline Gray, la hermana del General!
—¡No los dejen entrar! — escucho la voz de mi hermano por uno de los radios.
Se me cae el arma de las manos por el miedo.
No puedo hacer esto.Unas botas entran en mi campo de visión y levanto la mirada lentamente, el hacker esta frente a mí con la mano extendida.
La tomo con miedo y de inmediato me jala lejos de la camioneta.
Un agente del MI6 se pone frente a nosotros.
El hacker le dispara directo a la cabeza.
Gira el arma en su mano y me la entrega, es mi señal de que yo debo ser la siguiente en disparar.
No tengas miedo Cora. El hacker nota mi nerviosismo y se coloca en mi espalda, pone su mano sana debajo de la mía y me ayuda a levantar la mano temblorosa, él es que coloca el arma a la altura perfecta.
Aprieto el gatillo dándole a una mujer en el abdomen. —¡Por Dios! — me quedo con la boca abierta y él sostiene mientras mi cuerpo se azota contra su pecho.
Disparo otra vez con los ojos muy abiertos, cada vez es más asombrosa que la siguiente, siento una adrenalina recorrer mi cuerpo entero. Disparamos juntos a los agentes que nos bloquean el paso a la residencia Wall.
Después de tumbar a los tres agentes que nos echamos a correr por una reja sin cámaras en la entrada trasera, en ningún momento me suelta la mano. —¡Lo hice! ¿Me viste? ¡Lo hice! — la euforia me recorre y sin pensarlo salto por su cuerpo hasta envolver mis brazos en su cuello.
Su cuerpo se queda tenso, pero poco a poco uno de sus brazos me envuelve.
Me siento cómoda de una forma muy familiar, de repente escucho como aspira cerca de mi cabello. —¿Qué haces? — lo miro confundida.
Su olor es muy peculiar… Me despego de su cuerpo y me disculpo por mis actos. —La entrada está cerca, debemos romper el candado y entrar por la puerta de servicio, pero debemos ser cuidadosos la residencia Wall está llena de cámaras de vigilancia.
Asiente y me sigue de cerca, ya no me toma de la mano. Pasamos la reja, el candado lo rompe él. Corremos por el jardín trasero a la primera puerta que vemos. El primer flash salta cuando ponemos la mano en la manija.
Debí cubrirme el rostro, ahora mi rostro está en todas las cámaras de la residencia Wall. Empujo la puerta y caminamos dentro. — Hay muchas habitaciones. ¿Cómo vamos a dar con la de Aaron?
Saca su celular y abre su galería, hay un mapa de la residencia, me muestra el tercer piso, señala la cuarta habitación, cerca de la oficina del teniente Wall.
¿Ahí está Aaron? Asiente como si me leyera la mente, después sube su dedo por su boca haciéndome una señal de silencio.
Se escucha la voz de Sarah por el pasillo, nos escabullimos ne la cocina, cada vez que se agacha suelta un quejido de dolor, pero continua detrás de mí. Mis piernas se sienten como gelatina cuando subimos las escaleras.
Cada puerta se me hace conocida, pero no me detengo hasta que llegamos al tercer piso. Busco con la mirada la cuarta puerta. La abro, pero la habitación está vacía, ni siquiera hay muebles. —La sobrina perdida vuelve a casa como una criminal, disparándole a los agentes que alguna vez trabajaron para sus padres— aplauden a mi espalda.
La tía Mary está detrás de nosotros con los brazos cruzados al lado de un agente del MI6 que nos apunta con una metralleta al hacker y a mí. —¿Dónde está mi hijo?
—Tus padres deben estarse revolcando en sus tumbas al ver a su hija convertida en una maldita criminal.
—No me hagas preguntártelo de nuevo tía, vine por Aaron y no me voy sin él.
—Me das asco, desde que te embarazaste de ese adicto supe que serías un maldito dolor de cabeza para Dylan y para mí, no te bastó con serle infiel al pobre de Luke, te portaste como una ramera en el Caribe y aquí están las consecuencias— me mira de arriba hacia abajo.
Escucho respirar hondo al hacker.
—¡Cierra la maldita boca tía! ¡Voy a matarte si no me entregas ahora mismo a mi bebé! — alzo mi arma contra ella y el agente a su lado apunta la luz roja a mi pecho.
—No te atrevas a amenazarme, ya te vimos disparando por las cámaras de vigilancia, pero estos agentes son de los mejores que tiene el MI6, el niño ni siquiera está aquí, sería una vergüenza tener a un bastardo viviendo en la residencia del teniente Wall.
—No hables de mi bebé de esa forma, Aaron es lo único bueno que le queda a los Gray y mis padres lo habrían amado, porque es hijo del único hombre por el que moriría y el único amor de mi vida— aprieto los dientes.
Por el rabillo de mi ojo veo al hacker girar la cabeza hacía mí.
—No seas patética, no es ningún orgullo ser hijo de un adicto como Bennett Roe.
—No hables de él, no eres digna de mencionarlo— me pican los parpados.
—¿El ministro Aslan no te dijo que lo mató? Le hizo un favor al mundo, una escoria menos.
Siento las lagrimas correr por mis mejillas, siento la rabia que me inunda, mi mano dispara el arma muy cerca de una planta sobresaltándola.
—¡Tire el arma o voy a dispararle! — me advierte el agente.
—¿Qué estás haciendo Cora? No te atrevas a dispararme o te juro que no verás a Aaron.
—¡Van a morirse! — grito con la garganta seca —. ¡Dimitry Aslan se va a arrepentir de haber lastimado a Bennett! ¡Te juro por Dios que el MI6 se va a arrepentir de llevarse a mi hijo y de matar a su padre tía! — disparo de nuevo.
—¡Última advertencia Coraline! — la luz roja de la metralleta se centra en mi cabeza.
Veo el rostro pálido de mi tía frente a mí. —Dispárale ya, está fuera de sí, quiere herirme.
—Todavía no puedo su hermano ordenó que no la lastimáramos, a menos que fuera necesario, ella no va a lastimarla señora Gray, no tiene buen tiro, jamás terminó su acreditación en la unidad de Sarah.
Mi tía respira hondo y sonríe de lado, viendo que mi mano tiembla. —El agente tiene razón, Dylan aún te quiere y yo también.
—Pueden joderse todos.
—Hacemos esto por tu bien, eres como mi hija, tienes un corazón tan noble que te impide atacarnos, el niño se quedará con nosotros y lo criaremos para ser un agente del MI6 honorable como tu padre, tu madre y tu hermano.
No bajo mi arma, pero siento las lágrimas correr por mis ojos. —No, voy a llevarme a mi hijo así tenga que matarte.
Suelta una risa burlona. — Ambas sabemos que no vas a dispararme sobrina.
Saco todo lo que me atormenta, todo el dolor de la noche. La miro fijamente, todos mis recuerdos mas tristes y más felices se centran en ella, Emma y mi hermano.
—Me quitaron a mi hijo y a Bennett, así que vete a mierda, tía— la disparo en el pecho.
Vuelvo a mover el arma y le disparo en la cabeza, al instante el agente sube su metralleta y me preparo para que me mate.
El cuerpo del hacker se pone frente a mí.
Le dispara al agente en el pie con una precisión impresionante, su cuerpo cae junto al de mi tía, me quedo petrificada mientras le arrebata la metralleta y descarga todo el cartucho sobre ambos rematándolos. El suelo se mancha con su sangre, pero el hacker no se detiene, los deja mutilados sobre el suelo.
No siento lastima por mi tía, ni miedo de haber cometido mi primer asesinato.
—Gracias— jadeo asustada.
—Teniente Gray ¿Cuál es su ubicación? — el radio suena a nuestra espalda y el hacker de inmediato me pone a su espalda apuntándole a Sarah.
Tiene una pijama puesta y un arma en su mano izquierda, mira los cadáveres en la alfombra, pero ni siquiera se asusta con el arma del hacker. — ¿Dónde está mi hijo?
—Bajen las armas, no voy a dispararle a ninguno— tira su arma al suelo y levanta sus manos en forma de rendición —. Aaron está en la habitación principal, puedes llevártelo, daré la orden para que los dejen irse.
—¿Por qué? — no dejo de apuntarle, puede ser una de sus estrategias.
—Lo hago por la memoria de Millie, así que tú y el hacker tomen a tu hijo y váyanse de mi casa— se da media vuelta con la mirada vidriosa.
La veo irse el pasillo arriesgándose a que le dispare en la espalda o el hacker la ataque.
No tengo tiempo de hacerlo corro por la habitación principal justo por donde señalo, corro con el pecho desbocado y casi caigo de rodillas cuando abro la puerta en la que era la antigua habitación de Millie.
Está llena de unicornios de peluche, mi bebé está entre ellos, alza la cabeza de la alfombra cuando entro y de inmediato me reconoce. —Mamá— levanta los ojos castaños y gatea hacia mí.
Sonrío con la vista nublada por las lágrimas. —Mami llegó por ti bebito— me agacho a su lado llenando su rostro de besos, lo abrazo conmigo como si la vida se me fuera a escapar, siento que la mayoría de mis dolores desaparecen en cuanto mi hijo envuelve sus brazos en mi cuello.
Raspo nuestras narices juntas, con su olor a bebé. Pega su mejilla a la mía buscando que lo abrace más, mi corazón se encoje.
—Te extrañé tanto mi amor.
—Cupcake, cupcake— balbucea alzando los brazos al hacker.
El hombre no se le acerca a mi hijo, solo lo mira fijamente, Aaron le extiende los brazos, pero él da un paso hacia atrás y nos señala la salida con su cabeza. No podemos quedarnos más tiempo, tomo una manta y su chupete y salgo corriendo con mi bebé escaleras abajo, jamás me separaré de él.
Justo como lo prometió Sarah la salida está abierta y libre de agentes del MI6, corremos de regreso a la reja, tenemos que escalar porque el candado está roto. El hacker se pone a mi espalda y extiende los brazos para tomar a mi bebé.
Lo dejo hacerlo para cruzar primero, me aferro a los barrotes y paso mi cuerpo por encima. Salto al césped y me levanto, voy a decirle que me entregue a Aaron para que cruce él, pero me quedo inmóvil.
Aaron tiene la cabeza apoyada en el pecho de ese hombre y él lo está meciendo con demasiada delicadeza. —Te toca cruzar— susurro y me entrega a mi bebé.
Corremos el resto del camino a las camionetas de la mafia. Los asesinos de Alexander nos ven desde lejos. —¡Tienen al niño! ¡Nos largamos! — me hacen subir de prisa junto al hacker.
En cuanto cierran la puerta me siento aliviada, pero me sentiré mejor cuando lleguemos al Score y estemos completamente a salvo. Varias veces noto que mira al hacker, quizá le llama la atención que lleve el rostro cubierto. —Vamos a casa con la tía Emma y sus mellizos— le susurro con cariño. Aaron va con su chupete en mi regazo jugando con mi cabello, no dejo de acariciarlo.
El trayecto es largo y a mitad de camino se queda dormido, no dejo de dar gracias en mi cabeza de poder tenerlo de nuevo en mis brazos, quedaré en deuda con el hacker de por vida por ayudarme.
Incluso herido fue capaz de entrar conmigo a la residencia Wall. EL chofer va hablando en danés por el comunicador y no sé si lo regañan porque habla demasiado rápido para entenderlo.
—Señora Gray— me mira por el retrovisor — Me informaron que la señora Roe ha preparado un lugar para su hijo en la habitación de los mellizos.
—Gracias, hermano de Wren.
Me mira con una ceja arqueada. — Se lo acabo de informar, mi señora— vuelve a responder por su comunicador —. Bennett está en la sala médica, la doctora Kriss lo atendió hace unas horas y está en recuperación, la herida no era profunda como dijo el lobo, incluso nos llevó a beber a un bar antes de regresar al Score.
—¡¿Qué dijiste?! — me incorporo en mi asiento tratando de no despertar a Aaron.
El hacker también se incorpora en su asiento ya iba dormido, pero con mi grito no puede continuar, debe odiarme, pero no puedo creer lo que acabo de escuchar.
—Dije que repitas lo que dijiste.
—Carajo, el idiota se va a enojar, pero yo no soy empleado suyo.
—¿Bennett está vivo?
—Sí, el hombre de las cámaras no era él, sólo le hirieron el brazo, pero no fue nada serio.
—¿Qué?
—Su comunicador se desactivó misteriosamente, pero nunca estuvo a punto de morir, sólo se desmayó, cuando lo llevamos al Score.
—¿Todos ustedes sabían que estaba vivo?
—Nos prohibió decírselo, al parecer el francotirador estaba jugando un poco con usted, hace unas horas estábamos emborrachándonos en un bar también, él quiso ir.
Aprieto los dientes todo lo que puedo.
Lo mato. Voy a matar a Bennett. Me detengo de gritarle al hermano del tal Wren o de llamarlo y gritarle por teléfono. ¿Cómo se atreve a jugar con algo tan serio? ¡Me engañó! —Acelera— le pido.
—No es por hablar de más, pero también estaba coqueteando con la camarera del bar.
Me quedo con la boca abierta. Que los Roe preparen la tumba familiar porque voy a cometer mi segundo asesinato de la noche, Bennett se emborrachó mientras yo me quedé llorando en el suelo del Score.
El hacker me da la espalda y escucho que teclea algo, a los segundo suena un celular en los asientos delanteros. — Si de algo sirve— habla el chofer —. Bennett ayudó al hacker a dar con la ubicación de su hijo, en realidad, él hizo todo el trabajo y envío al hacker en su lugar porque no podía… ¿Qué dice? Envío al hacker porque no podía caminar.
Lo miro confundida. — ¿Estás leyendo un mensaje de texto?
—No, sólo creí que debería saberlo.
Sólo un punto a su favor, pero voy a matarlo de todas formas.
Como no puedo desquitar mi enojo me la paso imaginando formas de matar a Bennett mientras llegamos al Score. El estacionamiento subterráneo se abre y veo las camionetas negras donde venía Emma estacionadas junto a la colección de Aston Martin.
El hacker no sale de la camioneta, dicen que lo deben llevar a su casa con la máxima seguridad, de camino al ascensor veo el pasillo al sótano dónde dice el hermano de Wren que está la sala médica donde está Bennett.
Que lleve a mi hijo en brazos es lo único que me impide bajar las escaleras y abofetear a su padre. Paso por mi habitación a cambiarme la ropa manchada de sangre, lo único que encuentro es un pequeño vestido floreado de tirantes.
Jin Jun asoma la cabeza después de tocar la puerta. —Señora Gray, sígame, le mostraré la habitación de los mellizos.
—¿Dónde está Emma?
—Asuntos confidenciales, pero vendrá a ver a Aaron en cuanto pueda, yo estaré a cargo del cuidado de su hijo esta noche.
—¿Por qué?
—Estoy al cuidado de los hijos del lobo, pero mi señor y ella se los llevaron, no he tenido una noche libre desde hace catorce años y no tengo nada más que hacer, a menos que no quiera mis servicios.
Entramos al último piso del Score dónde está la habitación de Emma y Alexander, la más lujosa, al fondo del pasillo hay otras escaleras que yo nunca había visto, no voy a negar que la mitad de las cosas que ha comprado Emma para mis sobrinos fueron muy extravagantes, pero en cuanto Jin Jun abre la puerta de la habitación de Raven y Kiara me quedo con la boca abierta.
—El maldito los hará una copia exacta suya— miro cada mueble costoso con la firma de diseñador en las esquinas, es una replica casi exacta a las habitaciones del palacio Roe.
—¿Dijo algo?
—No, pondré a Aaron a dormir, necesita que lo…— la puerta se abre y veo a Bennett con una bata de hospital puesta y la cara llena de arañazos junto con los brazos.
Me debato entre ir corriendo a abrazarlo de la alegría de verlo vivo a arrojarle uno de los muebles de los mellizos a la cabeza. —¿Cómo está nuestro bebé? — entra caminando con dificultad con el brazo izquierdo vendado.
Me muerdo la lengua para no gritarle a la cara o hacerle algo peor, dejo que se acerque a nuestro hijo, le besa las mejillas con adoración y por un micro segundo me olvido de mi enojo por la forma en la que respira aliviado de verlo.
Aaron lo huele incluso dormido porque gira su cuerpecito en dirección a Bennett, no se lo pongo en brazos porque tiene uno herido.
—Bennett y yo necesitamos hablar en privado.
—¿De qué? — me mira con las cejas juntas y casi lo abofeteo.
—Yo cuidaré de su hijo señora Gray, si surge algo la llamaré de inmediato— asiente Jin Jun.
Dejo a mi bebé sobre su nueva y cómoda cama dormido en la habitación de sus primos. Lo lleno de besos cuidando de no despertarlo y me limpio las lágrimas de las mejillas para que Jin Jun no me vea llorar de nuevo. —Mami te ama Aaron.
—Papá también te ama cupcake— él se inclina a mi lado y lo mal miro.
—Ven— le señalo la salida, voy a darle la golpiza de su vida.
—Necesito regresar a la sala médica, no estoy en condiciones de estar de pie por mucho tiempo— va muy lento haciendo voy de enfermo. —¿Podemos hablar ahí?
Asiento, con muchos médicos a su alrededor podrán curarle la paliza que le voy a propinar, caminamos en silencio de regreso a la sala médica donde nadie nos escuchará discutir. — ¿Estás molesta? — trata de hacer conversación y aprieto los puños.
Cuento los malditos pasos hasta la dichosa sala médica, veo a la doctora Kriss y a dos enfermeros que no conozco al momento de bajar los últimos peldaños, en la habitación al lado está Ethan con otro grupo de médicos.
Entro a la habitación que señala Erick, un médico tiene a Erick sentado en una silla curándole los golpes del rostro. Ni siquiera les pido que salgan de la habitación porque ya no puedo contenerme más, encaro a Bennett tan rápido como puedo.
—¡Estás vivo! — lo golpeo en el pecho con los puños cerrados y se queja de dolor.
—Tuve un accidente muy serio en la misión.
—¡Deja de mentir escuché todo lo que hiciste, el hermano de Wren me lo dijo!
—¡Me dispararon Coraline!
—¿Y aún así te fuiste a emborrachar y a coquetear con la camarera? — lo empujo más fuerte.
—Para ya Coraline.
—¡No! ¿Cómo te atreves a jugar con algo tan serio? — lo obligo a verme —. No sabes todo lo que sentí cuando vi que Rebecca te estaba disparando, casi me muero cuando el Borah me llamó para burlarse de tu muerte.
—Estaba distraído, el comunicador se me cayó y no pude encontrarlo.
—¡Mentira! Querías provocarme un infarto, que te gritara lo mucho que te amo, querías hacerte el interesante.
—¡Sí! ¡Maldición! Sí lo hice.
—¡Eres un completo idiota! ¿Por qué me lastimaste así?
Pega su rostro al mío enojado y me toma de las muñecas obligándome a sostenerle la mirada. — ¡Lo hice porque sólo gritas lo que sientes cuando estás bajo presión!
—¡Me tuviste sufriendo por horas!
—¿Y crees que yo no sufro por ti cada maldito segundo del día? ¿Crees que no me quema estar lejos de ti y de mi hijo por el resto de mi vida?
—Caballeros, pueden curarme esto más tarde, es momento de irnos— Erick se levanta de la silla y cierra las persianas eléctricas.
En cuanto la puerta se cierra cierro los ojos agotada —Tú y yo tenemos que hablar de una puta vez, sin rodeos y sin juegos estúpidos.
—¿Hablar de qué?
—De lo que me dijiste por el comunicador.
Le volteo el rostro, siento vergüenza de lo que dije. — Eso fue una tontería, lo dije porque estaba asustada.
—Mentirosa.
—Déjame ya— me jaloneo, pero, aunque está herido todavía es muy fuerte.
—No Coraline, está vez vas a escuchar todo lo que tengo que decirte y no vas a huir como una cobarde como siempre— su aliento golpea mi cara y me niego a verlo, también a escucharlo, me comporto como una niñata y me trato de tapar los oídos.
—Puedes retenerme, pero no voy a escucharte.
—No seas una maldita inmadura, dije que vas a oírme, maldición.
Aprieto los dientes viendo que pierde la paciencia, pero yo también estoy enojada y no me importan las consecuencias. — Oblígame.
—Ya verás— me advierte con voz baja y por alguna razón siento un escalofrío recorrerme la espalda.
Zafo mi brazo de su agarre y me hecho a correr a la puerta. Toco la manija, pero él es más rápido, se levanta de un salto de la cama y me atrapa con facilidad, —¡Suéltame! — me retuerzo, pero gana y me carga en su hombro y no le importa que la herida le sangre.
—Dije que vamos a hablar.
—¡Ya deja de herirme! — se me escapa un sollozo.
—¡Te amo maldita sea! ¡¿Qué no puedes verlo?!
—¡¿Y qué no puedes ver que yo también te amo?! — le grito también a la cara —¡Me mató que te separarás de mi en Dinamarca! ¡Te alejaste de nosotros por ocho meses! ¡Me rompiste el corazón y aún así estoy aquí porque todavía te amo Bennett Roe!
Me dejo caer sobre el suelo de la habitación, estoy tan cansada de fingir lo contrario, estoy harta de vivir bajo los sueños de alguien más y los prejuicios de mi familia y de no ir por lo que siempre he querido.
—¿Todavía me amas? — susurra tan bajo que no puedo oírlo.
Me sorbo la nariz y asiento. —Ya no quiero ocultarlo, aunque no sirva de nada, ya te habías enamorado de otra en Dinamarca, por eso te divorciaste de mí— le recuerdo con un escozor en el pecho al recordarlo.
Hace un quejido al tratar de sentarse junto a mí. Me niego a que me tenga lástima, no quiero me mienta para no herirme. Agacho la cabeza incapaz de verlo.
—No puedo obligarte a quererme de nuevo, sé que me equivoqué muchas veces y tenías derecho a amar a otra.
Resopla como si fuera lo más tonto que ha oído en su vida. —Mírame Cora.
Sacudo la cabeza. —No tienes que decir nada, le prometí a tu hermano que me iría en cuanto tuviera a mi bebé conmigo y lo voy cumplir, además no…— me toma el rostro y me obliga a verlo.
Con sus dedos quita las lágrimas de mis ojos, no sé qué me duele más, tenerlo cerca o el dolor que veo en su mirada, ha pasado tanto tiempo, no somos los mismos que nos conocimos en el apartamento de Emma.
—¿Por qué firmaste el divorcio?
—Porque no puedo obligarte a amarme después de todo.
—Te amo de todas formas y me importa una maldita mierda lo que digan los demás.
—Pero dijiste que te habías enamorado de otra y que…
—Mentí.
—¿Qué?
—No quería que cargaras con mi adicción— confiesa —Ni siquiera sabía si iba a funcionar mi rehabilitación con Maya, sabía que si te pedía que te fueras no lo ibas a hacer, entonces yo… le dije a Erick que… — traga ruidosamente —Yo no… Cora, yo…— no puede terminar ninguna frase.
—¿Tu qué?
—En la mafia no… no hay…
—¿No hay qué?
Respira hondo y me mira fijamente. —No existen los divorcios en la mafia, sólo con la muerte.
Me quedo inmóvil con los ojos muy abiertos. Busco alguna señal de que miente, pero esta muy serio. Abro la boca para decir algo, pero las palabras no salen.
—Le dije a Erick que te hiciera firmar un divorcio falso para que te fueras del palacio y después del ataque del Pentágono, estuve satisfecho de mi decisión, aunque ahora me odies— se remueve nervioso mirándome fijamente. —Di algo, por favor.
—¿Qué hay de la mujer?
—Mentí.
Lo miro fijamente y recapitulo los últimos meses de mi vida. —Eres tú ¿no? Eres el hombre que compra mis cuadros más costosos en Irlanda.
Aparta la mirada. —No sé de que hablas.
—Claro que sí, nunca te conocí sólo por tu dichoso asistente, pero eras tú.
—Enserio Cora, no tengo la menos idea de lo que dices.
—Mírame— ordeno, pero no lo hace, sin pensarlo me subo a su regazo, la bata apenas le cubre la mitad de la piernas, mi vestido también se sube, pero me las arreglo para tomarle el rostro. Se jala hasta que casi nos caemos sobre el suelo, pone su mano en mi cintura atrapándome antes que nos deslicemos. —Estuviste en Irlanda.
—No— miente.
—También fuiste tú el extraño que me besó en el apagón de mi edificio.
—No— miente otra vez.
—Entonces ¿Por qué el extraño me besó así? — bajo mi boca la suya suavemente, barro mis labios por los suyos unos segundos —. ¿Por qué ese desconocido sabía que podía deslizar su lengua por las comisuras de mi boca para que la abriera? — paso la punta de mi lengua por esa zona y respira hondo abriendo la boca. —¿Cómo sabía que podía tenerme jadeando si me lamía así? — susurro antes de deslizar mi lengua en su boca.
Sus manos se clavan en mi cintura y su lengua ataca la mía sin consideraciones profundizando el beso. Enredo mis manos en sus rizos y alzo su cabeza a mi boca, no dejo que se aparte ni siquiera para tomar aire.
—Si no fuiste tú, entonces un extraño me hizo jadear como tú lo hacías.
Pesca el anzuelo y se pone serio. —Eso nunca, Cora, nadie va a besar a mi esposa como yo.
No necesita decir más para confirmar mis sospechas, ataca mi boca con ansias, siento la misma desesperación que él, es el sufrimiento previo de la últimas horas al no saber de él, combinado con todo lo que me acaba de confesar.
Cuando gruñe, por accidente mezo mis caderas sobre las suyas rozando mis glúteos sobre su miembro, la tela de la bata es demasiado delgada y casi inexistente que siento todo, el contacto directo de mis bragas con su falta de ropa interior. Una de sus manos sube a sobar mis senos lascivamente.
Bennett no me detiene y me excita más cuando pone su mano sana en mi cintura y me ayuda a molerme contra su polla. Gimo en su boca prendiéndome otra vez a su lengua, mis bragas comienzan a mojarse y la humedad traspasa hasta la tela de la bata. — Dios, Cora— clava sus dedos en mis glúteos alzando la cadera.
No debería estar haciendo esto, él está herido de un brazo. — Lo siento— lo miro con las mejillas ardiendo por la indecencia que estoy haciendo.
—No gatita, frótate todo lo que quieras, úsame para satisfacerte.
Continuo meciéndome contra su erección, su polla ya se puso dura y es una delicia que se roce entre mi sexo. Bajo mi boca por su cuello mordiendo la piel sensible mientras nos masturbamos y los movimientos de Bennett se descontrolan cuando lo chupo.
Obliga a mis caderas a frotarse con más fuerza. Rápidamente deshago los nudos de la bata en su espalda.
—Levántate— tiene la voz muy ronca. Se incorpora lentamente y con dificultad, pero yo me dejo en el suelo. —Ven— me extiende la mano.
—No— me pongo de rodillas y gateo hasta sus piernas, su respiración se corta mientras muevo la abertura de la bata y envuelvo su miembro con mi mano. Le doy dos tirones y comienzo a masturbarlo con la boca hecha agua por las ansias de probarlo.
—Cora— traga grueso.
Extiende su mano por su uniforme de Kray tirado en la cama, arroja la camisa y va directo por el pantalón, no dejo de masturbarlo en ningún momento, entiendo lo que va a hacer cuando saca el cinturón.
Siento una punzada en mi vientre y en mi coño. — ¿Puedo ponerlo en mi boca? — pregunto dándole besitos a la punta mientras pasa las tiras de su cinturón sobre mi cuello.
—No me pidas eso.
—Quiero chupártela un poco. ¿Puedo? — lo miro inocente todavía de rodillas y pasea el glande sobre mi boca lentamente cediendo a la tentación.
—Me tienes muy excitado, mira la erección que me dejaste frotando tus bonitas nalgas sobre mí.
—Déjame ayudarte.
—Joder, no voy a dejarte hacerlo sola— se enrolla el resto del cinturón en su puño izquierdo y lo usa para controlarme la correa —. Yo voy a decidir como chupas y cuanto semen puedes tragarte.
—Voy a ser una buena chica Bennett.
—Demuéstramelo, pon tus manos en mis glúteos y abre bien la boca.
Hago lo que me pide y al instante desliza cada trozo de carne caliente entre mis labios muy lentamente. Lo saca mojado y vuelve a meterlo hasta la mitad, mi estomago se contrae cuando su miembro toca el fondo de mi garganta.
—Comienza a lamerlo, preciosa.
No espero más y muevo mi lengua por todo el grosor mientras está en mi boca, raspo entre cada vena que salta y sobre todo en el glande cuando lo saca. Nos miramos fijamente,
ya va a comenzar. Me preparo para lo que se viene, veo su sonrisa de satisfacción mientras aprieta la correa.
Se me corta la respiración al instante, jadeo por un poco de aire y en ese instante comienza a penetrar mi boca. Este es el juego del dominio que tenemos, va más allá del sexo habitual y me encanta tanto como la primera vez.
Aprieta la correa en mi cuello y lo jala controlando la velocidad en la que me penetra la boca, cada vez que estoy a punto de quedarme sin aire la suelta un poco y empuja su glande hasta el fondo de mi garganta.
Me arden los pulmones y la garganta, pero noto lo húmedas que tengo las bragas, lo excitada que me pone su parte dominante. Las venas de su miembro raspan en mis labios cada que lo saca y lo introduce.
La saliva corre por mi barbilla, en ningún momento apartamos la mirada, con él siempre debe haber contacto visual. —Buena chica— me limpia las lágrimas con su pulgar y con su puño aprieta la correa —. No dejes de tragarte mi verga Coraline, quiero que me saques hasta la última gota de semen que me queda.
Mi boca sigue trabajando sobre su pene como más me gusta. Me encargo de satisfacerlo, necesito probarlo, necesito que llene mi garganta de liquido caliente, lamo de arriba abajo la base y voy succionando sus bolas de una en una.
Las masajeo, lamo la piel rigurosa entre ellas y vuelvo comérmelas. —Mierda, más despacio Cora— gime en alto atragantándome con ellas, pero yo no disminuyo la velocidad, clavo más mis manos en sus glúteos y siento como se tensan bajo mis uñas.
Lamo a mayor velocidad, sé que está a punto de correrse. Vuelve a jalar la correa para llenarme la boca, el glande choca una y otra vez bruscamente contra mi garganta, las penetraciones se hacen irregulares, suelta el cinturón y toma un puñado de mi cabello empujando más de prisa.
—Gatita— gruñe muy fuerte y su semen golpea el fondo de mi garganta.
Me da embestidas bruscas terminando de vaciarse, me concentro en tragar todo lo que puedo para poder respirar porque no lo saca de mi boca hasta que termina de correrse. Me quedo jadeando con la boca llena de sus fluidos.
—Arriba— me toma de los brazos para alzarme.
Apoya mi espalda contra la pared y se ayuda de ella para agacharse a la altura de mi vientre, poco a poco sube la tela de mi vestido con su frente y se coloca entre mis piernas, yo todavía no puedo hablar, me dejó la garganta doliendo.
—Estás muy húmeda— aspira —Necesito probarte.
—Bennett— gimo tratando de poner su boca en mi coño, estoy demasiado caliente, necesito que me toque.
— No puedes correrte hasta que me canse de comerte el coño— lo mira con hambre y se relame los labios —Necesito días enteros para esto, toda una vida contigo.
—Por favor— pido con vergüenza. Sonríe de lado, pero no dice nada, con una mano empuja mis bragas a un lado y con la otra abre mis labios vaginales para meter su lengua los más dentro que pueda de mi sexo.
Me muerdo la mano para evitar gritar de placer, el primer contacto de su lengua me hace retorcerme contra la pared y golpear mi cabeza en ella.
Bennett apoya una mano sobre la pared lamiendo por debajo de mi vestido, retengo su cabeza enterrando mi mano entre sus rizos mientras su lengua no deja de comerme y lamerme. Parece desesperado, gime cosas sin sentido como que me va a reventar todos los agujeros durante la noche… cómo va a llenarme… cómo vamos a tener un segundo…
No escucho la última cosa que murmura porque sube dos dedos y comienza a penetrarme a la par que su boca sigue lamiendo mi sexo. Alza sus dedos rasposos por toda mi entrada de forma rítmica.
Toda la presión se me acumula entre las piernas, trato de cerrarlas, pero Bennett me tiene bien sujeta. Me froto los senos excitada y ansiosa de que me haga venirme, no puedo controlar mis gemidos y menos los suyos, entierra su frente en mi pelvis mientras su lengua lame de arriba abajo cada zona hasta que da con mi punto más sensible.
—Ahí… justo ahí— gimo y lame con ansias, escucho como se atraganta con todos los fluidos que logra sacarme, la combinación de sus dedos y su boca hace que pierda la cordura y me olvide de todo.
—Todavía no.
—Bennett, ya no puedo— gimo con voz temblorosa a punto de correrme.
—Contrólate Coraline, todavía no puedes correrte, necesito comértelo más— ordena con voz ronca mientras raspa sus dientes por mi clítoris antes de succionarlo mientras aumenta la velocidad de sus dedos.
Dios, no puedo resistirlo.Mi vientre se contrae en temblores y mi orgasmo me toma desprevenida, grito jalando sus rizos vaciándome por completo en su boca. Sus movimientos se hacen descontrolados, no quiere que ni una gota caiga al suelo, me lame por completo. Traga todo lo que saco, su cara completa se moja con mis fluidos, pero ni aun así se detiene.
—Gatita— gime todavía probándome.
Me quedo sin aire en los pulmones completamente saciada sobre la pared y muy sudorosa, las lamidas se ralentizan y besa entre mis muslos, poco a poco sube la boca por mi vientre y entre mis senos, baja los tirantes y pone su boca entre ellos, lame uno y el otro con satisfacción.
Espero que nadie pueda escuchar lo que estamos haciendo, no puedo controlar mis gemidos y a él no parece que le importen que escuchen los suyos. No puedo detenerme, necesito más de esto, lo necesito dentro de mí.
Bajo mi mano entre su bata médica y noto que la erección no le ha disminuido ni siquiera después de correrse en mi boca. Lo masturbo mientras ataca mi boca compartiéndome el sabor de mi corrida. Baja su mano y la pone sobre la mía ayudándome a ir más rápido, juntos lo masturbamos. —Ya estás duro de nuevo.
—Necesitas arreglarlo.
—Pero no siento las piernas.
—Ni las sentirás por el resto de la noche.
—¿Por qué?
—Estás muy mojada y yo muy duro gatita, si no te meto la polla ahora mismo me van a reventar, tengo que vaciarme en tu coño— se masturba con más ansias y mis mejillas se encienden cuando lleva mi mano a sus testículos, le doy tirones largos que lo hacen gemir en mi boca.
—Hazlo.
Cierra los ojos pasándose la mano por la cara. —Aquí no podemos, estás paredes son demasiado delgadas.
—Ya lo hemos hecho en paredes como estas, como en la galería —le recuerdo.
—Hoy estás siendo muy ruidosa Cora, cualquiera puede escucharnos y venir a interrumpirnos— baja la voz.
—Voy a ser silenciosa, pero fóllame— pido y le toma dos tirones quitarme el vestido.
Me carga y me apoya de espaldas en su pequeña cama médica, Guía su pene a mi entrada, pero me detiene, alarga el brazo hasta encontrar mis bragas, las hace una bola y me las mete en la boca con cuidado. —Voy a darte lo que quieres, pero estamos en una área concurrida, por lo tanto, necesitamos ser silenciosos. ¿Entendido?
Asiento y muerdo la tela para amortiguar mis gemidos, no voy a controlarme, han pasado más de ocho meses desde la última vez que tuve sexo y Bennett está paseando el glande mojado sobre mi clítoris, hace círculos que me voltean los ojos hacia atrás.
—¿Estás necesitada de mi verga gatita? — sonríe lamiendo mi cuello y escucho mis propias suplicas inaudibles amortiguadas por mis bragas. —No sabes cuantas veces me masturbe durante estos ochos meses imaginándome tu boca en mi pene, en todo el semen que quería meter en tu pequeña vagina.
Joder, es tan obsceno. Si supiera que me corría en Irlanda pensando en él. —¿Te tocabas pensando en mí? — pregunta como si me hubiera leído la mente. Aparto la cabeza con vergüenza, pero me pone la boca en el oído. —Si no me respondes no te voy a follar— trago grueso y lo miro fijamente a los ojos. Asiento lentamente, gruñe con satisfacción. —¿Cada cuanto lo hacías?
Levanto la mano con cinco dedos arriba. Sus pupilas se dilatan cuando cuenta y a mí me queman las mejillas.
—¿Cinco veces a la semana? — su voz está ronca.
Vuelvo a asentir.
—¿Pensabas en mi polla mientras te masturbabas?
Todas las noches, a veces en la ducha.Asiento.
—Mierda Cora, me estás matando— de inmediato se mete entre mis piernas y con su mano libre se aferra a los barrotes de la cama. —Debí estar ahí para follarte cada vez que lo quisieras — clavo mis uñas en su espalda mientras me penetra con una sola estocada.
Grito muy fuerte que ni mis bragas amortiguan el sonido, rápidamente me cubre la boca con su palma encima para que no se escuchen mis gemidos, pero no va a funcionar, tengo que morderme la lengua para no gritar de placer.
Mierda… había olvidado lo grande que es.—Dios, estás tan apretada, incluso después de tener a mi hijo— su vientre se comprime y hecha la cabeza hacia atrás gruñendo muy alto.
Mi mano vuela a su boca y lo obligo a callarse, a pesar del placer no se me olvida que estamos en una habitación médica en la que cualquiera de la mafia tiene acceso.
Sus rizos se sacuden en mi cara mientras él se ayuda de los barrotes para penetrarme rítmicamente con fuerza, cada penetración empuja la cama sobre la pared y ruego porque no haya nadie en la otra habitación que escuche el golpeteo o los ruidos obscenos que hacen nuestros cuerpos con las embestidas.
Las venas de su miembro se rozan con mi pequeña vagina cada vez que sale y hace que me tiemble todo el cuerpo. Me mira con la frente sudorosa gruñendo, agradezco que me haya metido mis bragas en la boca porque me dejo ir en gemidos largos que no se apagan ni con su mano.
Son meses de separación, de dolor, y aun así nunca sería lo mismo con alguien más que con él. —Esto tiene que ser rápido Cora, el equipo médico viene la guardia nocturna — aumenta el ritmo de sus penetraciones aferrado a los barrotes de la cama.
No sé si sus gruñidos son de placer o del dolor que le provocan mis uñas en su espalda, siento el rastro de sangre que le estoy dejando, pero no tengo otra forma de dejar salir todo el placer que siento.
Paso mirando la puerta esperando que ningún empleado nos interrumpa, ya Emma nos encontró una vez así en el Caribe. Bennett también está al pendiente de la puerta, dijo que sería rápido, pero miente, cada vez es más fácil que nuestros cuerpos se deslicen el uno con el otro por el sudor.
—Estás siendo muy ruidosa Cora.
Ya no puedo evitarlo, ya no me puedo controlar.
—Mierda, vamos a terminar juntos gatita— jura y me aferro a las sábanas mientras levanta mi pierna contra su espalda y comienza las embestidas finales.
Ninguno de los dos controla los gemidos, pierdo la decencia en cada embestida.
—¡Te necesito Cora, no puedes dejarme otra vez! — gime casi gritando desesperación y mi orgasmo comienza justo cuando siento el líquido caliente de su corrida en mi interior.
Se deja caer sobre mi jadeando, me quito las bragas de la boca y doy bocanadas largas mientras nuestros cuerpos se contraen juntos. Paseo mis manos de arriba hacia abajo en su espalda lentamente mientras recobro la conciencia.
Mi cuerpo se siente lánguido, me siento adormilada y muy saciada. —Maldición— dice en mi cuello y levanta la cabeza con las cejas fruncidas.
—¿Qué pasa? — pregunto adormilada y raspo mi nariz por su mejilla buscando un beso corto, lo alarga unos momentos.
—Lo olvidé, no tomas anticonceptivos y no me puse un maldito condón, ni siquiera sé si hay aquí — ralentiza sus movimientos todavía provocando estragos de nuestro último orgasmo.
Me río de la situación, esto fue lo mismo que nos hizo tener a Aaron.
—Compraré la píldora mañana— lo tranquilizo.
—Y yo una caja de condones.
—Tengo que irme— lo beso de nuevo, no quiero dejarlo, quiero quedarme dormida aquí mismo, pero no podemos, esta es un área concurrida. Cuando sale de mi interior todavía siento las piernas temblorosas.
—Ve a mi habitación, es nuestra desde hoy— busca la bata para colocársela.
—¿Y si nos descubren durmiendo juntos?
Arquea una ceja y me entrega mi vestido —Tenemos una hijo juntos y a juzgar que los médicos no han entrado aquí por más de una hora, es evidente que saben y oyeron lo que hacíamos.
Escondo la cara entra las almohadas, siento que me quema la cara.
No fuimos tan ruidosos, nadie nos escuchó. —No quiero que los de la mafia lo sepan todavía.
—Después de esto, todos lo saben— me acaricia los glúteos.
—Entonces… nosotros estamos juntos de nuevo ¿no?
—Es inevitable gatita— se encoje de hombros. —Te advertí que terminaríamos juntos de una u otra forma desde que te canté en Nueva York.
No puedo controlar la sonrisa tonta que se me pone en el rostro. — Voy a salir a escondidas— bajo la voz y me visto lo más rápido que puedo, pero si no nos descubrieron por los gemidos, lo descubrirán por mi ropa.
Tiene salpicaduras de la corrida de Bennett por el pecho.
Me acomodo el cabello lo mejor que puedo, Bennett acomoda la cama como estaba antes y se tumba sobre ella, noto que la venda del brazo le sangre. —Vendré mañana— lo beso una última vez.
—Trae a nuestro hijo.
Asiento y me voy hasta la salida caminando de puntitas, llevo mis zapatos en una mano y me escondo detrás de los muebles cada vez que veo a alguien caminar a nuestro lado. Consigo salir del área médica sin ser vista.
Subo las escaleras corriendo.
Nadie nos vio, nadie nos escuchó.—Cora— me tocan la espalda y casi me caigo del susto.
Erick está detrás de mí con media sonrisa. —¿Qué pasa?
—¿Dónde estabas?
—Olvidé mi celular en la camioneta.
—¿Y la camioneta está el área médica?
—Sí.
Suelta una risa larga. —Vete, no te preocupes, yo les guardaré el secreto.
¡Hola sexys!Pasó lo inevitable... ¡Corannett volvió!¡Los amo tres millones!-Karla.