CAPÍTULO 20
Emma.Bennett ya fue ingresado en el are médica desde hace una hora, lo sedaron para intervenirlo y está en recuperación, el hermano de Wren nos mantiene informados y Octavian me llamó para decirme que Cora está histérica sobre el peligro que corre Aaron por la amenaza que el Borah lanzó en la casa de los treinta y siete.
Me pongo la chaqueta de Alexander sobre su camisa rápidamente en cuando las camionetas se estacionan a la entrada del estacionamiento subterráneo del Score. Erick nos recibe con el hermano de Wren, trae varios golpes en el rostro, pero está bebiendo directamente de una botella de vodka muy animado.
—¡Llegaron!
— Alesha no puedo escapar del Score con toda la seguridad vigilando— lo miro.
—Conoce la zona del sótano como la palma de su mano, pero si sale por la calle principal alguno de nuestros francotiradores pudo verla y dispararle al instante, debe estar en las bodegas, ya están revisando de arriba abajo el edificio— dice Alexander apagando el motor—. Sabe que no tiene mucho tiempo para escaparse, sin auto y sin dinero, va a pie y por la lluvia no puede ir más lejos de la zona residencial, Theodore, diles que cubran las primeras siete calles que rodean el Score.
—Quiero que uno de los trabajadores del hacker revise las cámaras que dan al estacionamiento subterráneo, trataré de robarse alguna de nuestras camionetas o tu Aston Martin— llamo a Jin Jun porque tengo un mal presentimiento en el pecho.
Uno de los sirvientes nos trae ropa seca y limpia y nos cambiamos dentro de la camioneta lo más rápido que podemos, no me gusta tener los pies húmedos.
No dejo de pensar en la forma en la que Alesha le gritó a Ethan en Nueva York puede que trate de bajar a la zona médica para vengarse por su encierro. Escucho en uno de los comunicadores el grito enojado de Cora en el primer piso del Score y cierro los ojos un momento, me duele la cabeza, se está volviendo un síntoma cotidiano.
—¿Estás lista? — siento la mirada de Alexander clavada en mí, pero niego a abrir los ojos, tuvimos una noche esplendida, la misión salió con éxito, el problema con Alesha se resolverá, tenemos el veneno de Jack y a Bennett vivo, y aun así tengo unas inmensas ganas de llorar.
Me siento patética.
Siempre hay un problema detrás de otro y ya no puedo soportarlo.
—Señora Roe, su amiga ha pedido que venga el hacker para ayudarla a rescatar a Aaron— el hermano de Wren habla en el comunicador de Alexander conectado en el altavoz de a camioneta, pero no respondo. —¿Señora Roe? ¿Está ahí? Jin Jun también está en la línea.
—¿Dónde están mis hijos? — hablo con la niñera de mis bebés sin abrir los ojos.
—Los mellizos están dormidos en la alcoba principal del lobo, como los dejó, Kiara es la única que ha despertado llorando buscando a su madre, pero Raven estuvo jugueteando con sus lobos, es decir…— se corrige —Con Sheldon y Joey, como los llama usted.
—Estaré ahí en cuanto encontremos a Alesha.
—La pequeña Kiara se durmió llorando.
Se me encoje el corazón, soy una madre terrible, mis bebés lloran y yo no estoy ahí. Se me acumulan todas las emociones de la noche y no puedo aguantarlo más, le doy la espalda a Alexander y dejo que las lágrimas corran libres por mi rostro mientras bajamos de la camioneta.
Los criados corren para colocarle su abrigo negro a Alexander y los guantes de cuero, aún no me acostumbro que me vistan en cuanto toco el piso del Score, pero ponen uno de mis abrigos de piel en mis hombros.
—Emma llegó Octavian, díselo a todos— Erick viene conmigo y me mira confundido por las lágrimas. — ¿Te encuentras bien?
—Tengo el rostro húmedo por la lluvia— miento.
—Bennett me contó la mitad de lo que pasó en su rescate, está en la sala médica sedado o eso me dijeron, la energía del Score abrió las puertas por siete minutos, le dio tiempo suficiente Alesha de escabullirse.
—La encontraremos, no ha salido del Score.
—¿Te enteraste sobre Dina?
—¿Está muerta?
Suelta una risita. —No te emociones tanto, le quedó una herida profunda de cinco centímetros, uno de los trozos del jarrón casi le llegó al cráneo, la doctora Kriss dice que el médico estuvo por darla por muerta, pero lograron ponerla en coma, estado vegetal, estado inútil, como quieras llamarlo.
—¿Hay alguna razón para mantenerla con vida?
—Quisiera complacerte, pero desafortunadamente es uno de los camaleones en servicio del lobo, tiene trabajo que hacer para nosotros antes de morirse, si es que despierta, de buena fuente oí que Jack va a entregarle las patentes de su laboratorio a Alexander sólo si la rusa lo acompaña.
—¿Por qué Jack quiere verla?
—Mi hijastro es un enamoradizo sin remedio.
—¡Emma! ¡Déjenme hablar con Emma! — escucho los gritos desesperados de Cora en su radio.
—Dámelo— se lo quito. —Cora, te estoy escuchando, estamos reubicando al equipo de London Bridge y después saldrán veinte hombres hacia la ubicación de Aaron que tiene el hacker, en este momento estamos buscando a Alesha.
—¿Eso cuánto tiempo te va a tomar?
—Al menos una hora.
—¿No entiendes la situación Emma?
Erick se acerca a mi espalda. — Emma no miente, tienes que…
—¡Mi hijo está en peligro Erick! ¡Maldición! — no nos deja terminar —¿Por qué todos aquí actúan con tanta naturalidad? Ya sé que no les importa, pero tenía un trato con Alexander, el me prometió regresarme a mi hijo.
—Escúchame, el Borah no hará nada en contra de Aaron porque aún tenemos a Volkan en nuestra manos y…
—¡No! ¡Ya tuve suficiente de todos ustedes por hoy! ¡Primero la muerte de Bennett y ahora irán por mi hijo!
—Cora, necesitas tranquilizarte— Erick trata de calmar o ánimos.
—Eres una mala amiga Emma, no quiero tu ayuda, yo me ocuparé de resolverlo sola como siempre.
—Enviaré al hermano de Wren contigo para…
—¡Dije que ya no quiero tu ayuda! Si mi hijo quedó en esa situación fue por ti, todo lo que hice con el Borah fue por ayudarte a ti, yo sólo quería una vida tranquila en Irlanda, tú elegiste esta vida y yo tengo que pagar las consecuencias— corta la comunicación y me quedo parada a mitad del estacionamiento con el zumbido del comunicador en mi oído.
Erick se queda con la boca abierta y las cejas alzadas. Esa última frase es más dolorosa que cualquier cosa que he pasado por la mafia. Me pican los parpados otra vez. —Eres una amiga excelente, ella no tiene idea de lo que dice, está muy confundida por todo lo que sucedió— Erick me quita el radio. —Voy a despertar a Bennett a golpes para que la acompañe.
—Soy una persona horrible, pero ayúdala, quiero que al menos veinte hombres la acompañen por Aaron.
—No llores mi ángel de luz, me parte el alma verte así.
—¿Qué sucede? — la voz de Alexander viene a nuestras espaldas y me limpio la cara con las mangas de la chaqueta antes que no me vea en esta condición, pero es demasiado tarde, su ceño se frunce al verme llorar.
—Empecemos a buscarla por el sótano, no puede correr bajo la lluvia— digo tratando de desviar la atención al asunto de Alesha, pero escucho mi voz temblorosa.
—¿Qué te dijo esa mujer? Te quedaste callada — su tono de voz se vuelve grave y mira a Erick.
—Eso no es importante, debemos buscar a Alesha para…
Su mano sube a mi mejilla y quita con su pulgar una de las lágrimas que se me escapa. Me sostiene la mirada y escucho como aprieta la mandíbula. —Maldita ramera, voy a matarla— me suelta y camina con zancadas rápidas al ascensor.
—No— trato de detenerlo —. Está desesperada por encontrar a su bebé y voy a enviar al hermano de Wren con ella.
Se gira encarándome con la cara llena de rabia. — Ningún maldito ser humano tiene el puto derecho de hacer llorar a mi mujer o hablar sobre ella— me mira fijamente —Voy a pisotear el cuello de cualquiera que te dañe hasta romperlo y esa maldita rubia no es la excepción.
—Cora está desesperada, no sabe que Bennett está vivo, nadie se lo ha dicho— le pido cuando aprieta los botones y saca su arma.
—Me importa una mierda, te la traeré arrastrando hasta aquí y de rodillas te suplicará perdón antes de que la encierre en las jaulas por el resto de su miserable vida.
Ya no puedo detenerlo, se sube al ascensor y corro detrás de él tratando de evitarlo, me cuesta seguirle el paso, a su lado soy como un duende corriendo. Las puertas del elevador van a cerrarse, pero de inmediato Alexander me hace agacharme.
Un disparo da en la puerta, me protege con su cuerpo, saca su arma y dispara en dirección a dónde vino la bala. Los vidrios de la cabina de vigilancia del Score explotan con los disparos de Alexander.
Mis guardaespaldas corren a cubrirme mientras Alexander se mantiene con la vista fija en el lugar donde vino el disparo. —¡La tenemos en la vista mi señor!
—¡Alesha está en las escaleras de la cabina de vigilancia del estacionamiento, está detrás de uno de los pilares de las construcción!
—Lamento intervenir tu línea de comunicación— puedo escuchar su voz en el comunicador de Alexander, suena agitada —Sin resentimientos lobo, no tengo muchas opciones de salir viva del Score y está maldita pistola que robé tiene pocas balas, pero no envíes a tus criados por mí, ven tú mismo, un enfrentamiento uno a uno, a menos que tengas miedo.
Me quedo agachada escuchando.
—Diles que no me disparen todavía. ¿Acaso ya no puedes matar a una mugrienta tú sólo? ¿Perdiste tus bolas cuando preñaste a esa publicista o cuando te quedaste ciego? — se escucha el sonido del seguro de su arma —. Ven por mí, lobo.
Alexander no despega su vista de la cabina de vigilancia, le da una inclinación de cabeza al hermano de Wren, los francotiradores dejan de apuntarle a Alesha mientras el ruso corre a entregarle su metralleta y mis guardaespaldas corren a protegerme mientras mi marido sube los peldaños de dos en dos.
En una mano lleva la metralleta y en la otra un cartucho.
Desde está ángulo veo a Alesha agachada, pero Alexander no puede verla desde esa distancia y lo peor ocurre cuando apagan las luces de esa zona. Todo lo que quedan son sombras, ni Alexander ni Alesha pueden verse y nosotros apenas y los distinguimos.
—¿Qué diablos hacen? ¿Tratan de ayudar a Alesha? — encaro a uno de los criados golpeando el pecho del primero que veo, Alexander tiene un problema de vista en uno de sus ojos y lo primero que hacen es cortarle la energía. —¿Quieres que lastimen a mi marido?
—No se enoje señora Roe— habla rápido con miedo en su mirada.
—¡Te voy a matar! ¡Enciendan la luz!
—El lobo siempre prefiere atacar en áreas oscuras, es su especialidad.
Erick me toma de los hombros y me hace alejarme del sirviente. —Confía en ellos, el cabrón de tu marido tiene más vidas que un gato.
Me quedo sin respiración cuando Alexander llega a la cabina, no sabe en qué miro está escondida Alesha, tampoco dispara, veo la sombra de la mujer moverse por el piso y casi doy la orden de que los francotiradores le disparen, pero Alexander me sorprende.
No sabe dónde está ella, pero es tan astuto que lanza el cartucho que lleva por el lado opuesto del muro asustándola, Alesha cae en la trampa y se gira disparando en una dirección errónea, pero él no está ahí, en cuanto se gira Alexander sale y pone la punta de la metralleta en su frente, patea su mano con su bota obligándola a tirar su arma.
— Siempre atrapo a las ratas demasiado fácil Alesha.
Las luces de la cabina se encienden, Alesha se queda inmóvil, el sudor le recorre el cuello y las mejillas y su pecho también sube y baja de forma desigual.
—La próxima vez ponme algo que al menos valga la pena atrapar.
—No vas a dispar querido, tú y yo…
—Cierra la boca, perra, nadie le intenta disparar a mi esposa— le dispara en el abdomen.
El grito de dolor de Alesha hace eco en las cuatro paredes cuando su cuerpo se azota, se hace un ovillo sobre el suelo agarrando con manos temblorosas su abdomen. Grita otra vez mientras la sangre se filtra entre sus dedos.
Alexander la mira sin ninguna emoción en sus ojos. —Emma, sube— habla con voz grave.
Me quedo inmóvil antes de acatar su petición. Subo las escaleras acompañada de uno de mis guardaespaldas y detrás de mí vienen los conservadores rusos, Alexander parece aburrido de los quejidos de Alesha. En cuanto me acerco saca de la bolsa interna de su abrigo una caja negra de terciopelo, la abre y me extiende su daga familiar, yo tengo la mía y sé que la daga de Alexander no puede ser utilizada más que por el mismo.
Los conservadores rusos miran con atención cómo la tomo con firmeza. La daga de Alexander es más pesada que la mía y que la de Maya, apenas puedo sostenerla, tiene incrustaciones de diamantes por la empañadura y una tira de oro blanco entre el mango y el cuchillo, también hay un lobo tallado a mano en la tira de oro junto a sus iniciales, es evidente que la punta es afilada con frecuencia.
—Tenemos a una traidora de nuestra mafia frente a nosotros— Alexander habla de nuevo —¿Qué se supone que debemos hacer?
—Ponerle la marca de los traidores en la cara— respondo y me mira complacido.
—Adelante, hazlo.
—¿Lo hará con la daga del lobo? — pregunta el hermano de Wren hablando más fuerte para que no los quejidos de Alesha no lo silencien.
—Desde ahora quedará establecido en la organización del lobo que mi esposa tiene el derecho de utilizar su daga familiar y la mía cada vez que lo desee— ordena sin despegar su mirada de mí y me quedó con la boca abierta.
No se ven contentos con su decisión, pero son incapaces de intervenir en sus órdenes. —Como ordene mi señor, la nueva regla será archivada por nosotros en el Kript, mañana mismo.
Alexander me da una inclinación de cabeza animándome a continuar, me agacho contra Alesha y le levanto la cabeza. — ¡No! ¡Maldita sea! ¡No te atrevas puta barata! — grita y patalea a pesar de su herida.
—Así me suplicaba tu mejor amiga Katherine y también la maté.
—Mi padre va a matarte, yo… soy la hija… de Caterva Smith, no soy… no soy como ella— jadea.
—¿Caterva? — ladeo la cabeza —Es uno de mis asesinos preferidos, otro empleado en mi lista.
La miro directo a los ojos azules, está herida, a punto de ser marcada de por vida como Emilia cuando me entregó en las jaulas. Veo la sangre en su mano, también el miedo en sus ojos y sin saber por qué siento como una sonrisa ladeada se pone en mi rostro mientras siento una enorme emoción en mi pecho.
¿Esto es lo que dice Alexander que siente cuando tortura?
Clavo la daga de Alexander en su mejilla derecha, el grito raspa por su garganta mientras hago el corte en diagonal por todo el largo de su mejilla, saco el filo y su sangre mancha mi mano mientras limpio la daga en su ropa, con la profundidad del corte le quedará la cicatriz de los traidores.
Poco a poco me levanto viendo cómo se retuerce sobre el suelo.
Extiendo las manos y de inmediato Alexander saca un pañuelo de su abrigo negro y me limpia las manos con delicadeza.
Cuando termina me quita su daga y la regresa a su estuche. Erick está parado detrás de los conservadores viendo sin emoción a Alesha. —Recojan esa porquería de mi piso— se acomoda el parche y entrelaza su mano con la mía llevándome lejos de ahí.
—Enseguida mi señor— los conservadores corren directo a Alesha. —¿La llevamos al mismo lugar dónde está Dina?
Bajamos los escalones tomados de la mano, me tiemblan los brazos y no sé si es de la emoción o por los nervios de lo que hice. Alexander me mira de reojo sin decir una sola palabra. De lejos vemos a Octavian, está frente a nuestra camioneta con las manos detrás de su espalda.
—Mi señora— se agacha primero a mí —Mi señor, Erick pidió que despertarán a Bennett, todavía está aturdido por la anestesia y el equipo médico le dijo que no está en condiciones de ir por su hijo, pero quiere salir del área médica, está como demente, además hace unos minutos el hacker envió un mensaje diciendo que irá con Coraline al rescate.
Alexander levanta la mano para silenciarlo y me lleva con él sin responderle nada. Sé lo que hará a Cora, todavía veo el enojo en toda su cara, vas a ser difícil convencerlo de no matarla.
—Llévame en brazos, estoy agotada— le pido mientras me lleva al ascensor.
Por suerte no tengo que pedirlo dos veces, se inclina y me levanta del suelo, escondo mi cabeza en su cuello y escucho como las puertas se cierran. Me aprieta como él y me hago un ovillo tapándome con su abrigo. —¿Te duele el brazo? — toca el cabestrillo aflojando las tiras.
—Mucho, la pierna también.
—El equipo médico dijo que ya no vas a utilizarlo.
Mete su mano en el bolsillo de su pantalón y saca el frasco de las píldoras para el dolor.
¿Siempre las lleva con él? Me mete una a la boca y la trago con dificultad sin agua. —Gracias— le beso la mejilla tratando de bajar su enojo, pero no lo logro, sé que en cuanto lleguemos al último piso matará a Cora. Beso su mandíbula lentamente abrazada con su calor corporal.
Paso mis manos por su cabello y le quito el parche, con cuidado beso sobre el párpado de su ojo ciego.
— No quiero estar en el Score.
—¿Por qué?
Me remuevo en sus brazos y lo hago mirarme. — No me importa nada más, quiero ir a la villa que compraste, subamos por nuestros bebés y vámonos de aquí, juntos. ¿No merezco un premio por concluir con éxito la misión hasta el último momento?
—Sé lo que estás haciendo— entrecierra los ojos.
Utilizo mi arma más poderosa, una con la que nunca me ha negado nada.
Entorno los ojos con ternura y de inmediato su pecho se alza con una respiración profunda, su mandíbula se destensa de inmediato. Algo como un zumbido ahogado se oye, es su reloj, pero está dañado por la lluvia.
Se queda callado, pero no necesita decir nada, con la respiración irregular y la forma en la que me aprieta la cintura sé que la pequeña seductora ganó. Escondo mi cara en su cuello para ocultar mi sonrisa.
Antes de irnos debemos desactivar las cámaras que instaló Bennett en a casa de los treinta y siete y guardar los últimos reportes de la misión, Alexander debe tener una reunión con sus conservadores rusos en este momento para también que el cargamento de London Bridge haya sido guardado en las bodegas a las afueras de Reino Unido.
—Debo tener la reunión con los conservadores, pero no celulares, no interrupciones estúpidas de los indigentes que viven de nuestra caridad, sólo nosotros y nuestros hijos— habla cuando llegamos a la biblioteca donde todavía siguen los ordenadores que estuve supervisando durante la reunión —Ese es el trato para ir a la villa.
Acepto su mano y sonríe complacido. Miro las cámaras de vigilancia, mientras el relee el reporte de London Bridge, se ve muy complacido del trabajo de la mafia. Los guarda en los documentos confidenciales después de que los conservadores rusos lo aprueben.
Logan ya no posee el veneno que Jack creó para él, ahora es propiedad de la organización del lobo, primero uno de los nuevos biólogos va a revisar cada muestra empaquetada que hizo la organización de los treinta y siete y después tomaran la decisión de comenzar a distribuirlo por Londres.
Jin Jun trae a mis hijos y hago el equipaje, lista para irme, pero la reunión con los conservadores dura varias horas, tantas que incluso me quedo dormida en el sofá de la biblioteca.
No sé qué hora es cuando Alexander me levanta para irnos, todavía es de noche. Erick tiene la mirada cansada, está firmando documento tras documento, todas las personas trabajando en la biblioteca parecen muy presionados incluido Alexander. —¿Qué sucede? ¿Comenzarán la distribución inmediata del veneno?
—Todavía necesitamos encontrar a un biólogo que sepa testear las primeras muestras que empaquetó Jack, vienen selladas sin ninguna información en los envases, Logan sabía que podría fallar la misión de London Bridge y pidió que fueran empaquetadas así en caso de que el MI6 las encontrara.
—Podemos secuestrar a uno de los biólogos de los laboratorios clandestinos que tenía Logan.
—Los maté a todos para que no pudieran replicar alguna copia pirata de la sustancia.
—Quizá encontremos en Nueva York— digo, pero niega con la cabeza y regresa a su escritorio sacando una caja roja de uno de los gabinetes.
—Imposible, Jack denuncio sus propios laboratorios, los biólogos de esa ciudad van a estar inactivos por mucho tiempo hasta que la policía se olvide de buscarlos— Erick se frota los ojos visiblemente cansado.
—¿Qué sugieren los conservadores? — miro a los rusos que se dedican a revisar el papeleo que Erick está sellando.
—Tenemos varias opciones señora Roe— el hermano de Wren me enseña una lista con nombres, algunos marcados con rojo y otros en verde —El lobo conoce a un biólogo que nos puede ser útil, el problema es que ese biólogo nunca sale de su país y tendríamos que llevarle un buen cargamento del veneno hasta su casa para que lo revise ¿usted qué opina? — dice el hermano de Wren.
—Que trabajemos con él, aquí dice que ha trabajado para la mafia antes.
—Revisar el veneno y su fórmula le tomará meses y con el tiempo de la distribución hemos calculado alrededor de año y medio trabajando con él y nosotros— Alexander señala entre él y yo —junto a los conservadores tenemos que supervisarlo para que no se atreva a venderlo al gobierno —explica.
—¿Dónde lo conociste?
—En Rusia, durante todos los años que viví ahí hice amistad con él.
—¿Dónde vive exactamente?
—En Moscú, y ese hombre esa es la única razón por la que deje viva a Dina Makova cuando me alié con Logan— se cruza de brazos —El biólogo que conozco es otro de sus hermanos, Dimitry Makov, el calvo al que trabajaba para Logan y al que matamos, era el mayor, el biólogo es el mediano y ella la menor de la familia.
Proceso toda la información y si Alexander tiene una lista grande de biólogos y lo tiene en la mira es porque ese ruso es el único apto para el trabajo, pero siento como si quisieran decirme de nuevo que Alexander se va a separar de nosotros.
—¿Es significa que te vas? — miro a Alexander con miedo de la respuesta y Erick pasea la mirada entre él y yo con nerviosismo.
—Lamento la interrupción señora Roe, pero irse a Rusia para trabajar con el biólogo en el veneno de Jack no es la única ventaja que tendrían, nosotros mismos pertenecemos a ese país y le habíamos sugerido al lobo que su revisión médica sea en Moscú antes que la ceguera avance a la córnea y sea irremediable— el ex amigo de Tyler apaga su porro con la suela de su bota.
—Así es— habla otro al que le dicen manco. —El médico personal de los Roe, está en Rusia, es un colega que tenía la gacela.
—La decisión está tomada— dice Alexander muy serio y me quedo con un vacío en el estómago.
—Con el último ataque del MI6 a la organización de los treinta y siete la distancia nos servirá para que el General Gray deje de buscar a los herederos del lobo— responde el amigo de Tyler tomándome por sorpresa.
—Las muestras del veneno van fermentarse si no se abren en las próximas semanas— dice Alexander —. Tendremos que retrasar la iniciación de Raven y Kiara— me toma de la mano y me sienta en su regazo, no entiendo nada —Mi familia y yo tendremos que irnos la próxima semana a Moscú.
Lo miro fijamente y sonríe de lado.
—¿Qué pasa nena? ¿Pensaste que me iba sin ti y sin mis hijos?
—Ya lo teníamos previsto, entendimos desde la última vez que la reina de la mafia no se separa ti, ni tus hijos o eres capaz de matar a tus treinta y cinco conservadores rusos— dicen los conservadores casi al unisono.
—Como Logan lo dijo en las cartas que recibió del MI6, la General Rebecca Hilton y Dylan Gray saben de sus hijos y por la protección de ellos es mejor que nos vayamos lo antes posible.
—Tendremos que mandar a traer urgentemente a Caterva y a mi hermano para que los conservadores volemos juntos un día después que ustedes lo hagan, también debe dejar establecida la distribución de los empleados que se quedarán en Londres y los que regresarán a Dinamarca, mi señor, no es un viaje corto, en el mejor de los casos, serán dos años en Rusia— dice el hermano de Wren.
Esa frase se me queda en la mente.
Dos años en Rusia.
—Ethan viajará con nosotros— Alexander me tranquiliza. —El hacker se quedará en Londres.
—¿Y yo? — Erick se levanta de su silla apresuradamente.
—Tú también te quedas.
Lo mira indignado. — Primero no me llevas a Nueva York cuando cerraste los contratos y ahora no me llevas Rusia, claro, déjame en la ciudad donde el demente de tu padre quiere matarnos y donde tu maldito cojo quiere encerrarnos y donde el ministro Aslan quiere quemarnos como tú lo hiciste con su Topkapi.
—Acabo de decidir qué te quedarás a Volkan.
—¿Estás loco? Yo no quiero ser el niñero del niño turco.
—Te servirá tener a un hijo postizo para que dejes de joderme la vida, ya que tu hijastro desapareció de la faz de la tierra y más te vale no cambiarle a mi empresa el nombre o me convertiré en tu peor pesadilla incluso desde Rusia mandaré a matar a tu padre.
—Tendremos está reunión unos días antes de irnos— nos levanta de su silla.
—¿Ya se va mi señor?
—Sí.
—Pero todavía necesitamos...
—Toda la comunicación conmigo y mi mujer queda prohibida durante dos días, así se mueran todos ustedes no me molesten, mis hijos se van conmigo, preparen mi Aston Martin y suban el equipaje, Erick se encargará de preparar los vuelos privados y la documentación necesaria de la próxima semana.
—No puedo creer que no veré a mis demonios favoritos por dos años y yo que tenía planeado hacerles una fiesta sorpresa en su cumpleaños para gastar alguno de mis millones— sorbe la nariz falsamente y me entran ganas de reírme. —¿Y Emma? ¿Qué voy a hacer sin mi ángel de luz?
—Erick, nos vamos a Rusia, no al exilio, puedes ir a visitarnos— detengo mi risa.
—No lo hagas— dice Alexander al mismo tiempo que yo —. Si nos visitas en Rusia te disparo en la pierna al igual que el cojo.
Lo deja quejándose en la biblioteca, sé que nada le impedirá a Erick visitarnos, mis lobos suben a las camionetas antes que suba a los mellizos y se acomodan en los asientos, es poco equipaje, pero lo suficiente para salir del infierno unos momentos.
. . .
Escucho unas leves respiraciones en mi brazo cuando despierto, el sol me da directamente en la cara, me estiro un poco y hay una respiración más grande detrás de mí oreja, poco a poco abro los ojos con ayuda de la luz que entra por los ventanales.
Tengo a la vista todos los árboles y flores de diferentes colores de la villa con el rocío de la lluvia nocturna, está por nevar, el sol es poco y ya hay una leve brisa de nieve impactando contra nuestras ventanas.
El paisaje es alucinante, anoche cuando llegamos no pude admirarlo, pero tenemos la mejor vista de la villa. La habitación también es un lujo, con tapicería vina hasta para los muebles más pequeños, cuando Alexander dijo una villa, creí que hablaba de una pequeña cabaña humilde, pero los Roe no conocen esa palabra.
Estoy con la cabeza apoyada en el brazo de Alexander mientras que Kiara y Raven duermen pegados a mi pecho y el señor Roe nos mantiene a los tres abrazados con su brazo libre, Raven tiene su mano apretada en mi dedo. Quisiera poder tomar una foto de esta escena. Un mafioso tatuado y peligroso abrazando a su familia al dormir.
Nuestros celulares están apagados y los guardaespaldas tienen la orden de no molestarnos durante todo el día ni, aunque se queme el Score o se desate otro ataque contra el Palacio Roe.
Nunca había visto a Alexander dormido tan tarde, siempre es el primero en despertar, tiene un reloj interno impresionante. Con nuestros hijos no puede dormir entre mis tetas, pero aun así gran parte de la noche su mano estuvo dentro de mi camisón apretando uno de mis senos y se negó a que los mellizos durmieran entre nosotros.
Las respiraciones de nuestros hijos están al mismo ritmo que la suya, los tres dormidos profundamente.
Los mellizos se remueven en mi brazo y Kiara es la primera en abrir los ojos, sus pestañas revolotean y comienza a llorar, sus ojos verdes se abren quedan clavados en mi rostro, voy a levantarla, pero cuando me ve junto a ella al instante el llanto se detiene.
—Buenos días, princesa— extiende sus manos hacia mí.
Me estiro quitando las mantas y me levanto con ella, con dificultad porque Alexander aprieta su brazo en mi cintura y Raven su agarre en mi mano, ambos como si no quisieran soltarme.
—No— gruñe Alexander entre sueños.
—Sólo será un momento.
No me deja fácil escabullirme de la cama, pero al final lo logro. Aún no me acostumbro a ya no llevar el cabestrillo, pero mantengo a Kiara en brazos y coloco a Raven junto a Alexander, entre sueños el señor Roe se mueve junto a nuestro hijo y coloco la manta sobre ellos.
Le pongo uno de los abrigos que compré en Nueva York a Kiara y salgo a la sala de estar junto a la chimenea y una silla reclinable junto al ventanal mientras la alimento. Niles sale detrás de nosotros estirando las patas sobre la alfombra y le abro las puertas de la terraza para que salga al jardín.
La puerta de la habitación se abre unos minutos después, pero no es Alexander, otra de mis bestias camina fuera, el del moño amarillo, es Chandler, pasa a beber agua antes de acercarse a Kiara, acaricio su pelaje y detrás de sus orejas como si fueran mis mascotas, beso su cabeza y deja que le dé mimos hasta que se hecha frente a la chimenea mordiendo un hueso de alguno de los mugrientos que hay en las jaulas, sus colmillos se manchan de sangre seca.
Los otros lobos salen con Niles al jardín y sus pelajes se llenan de nieve. Kiara se dedica a pasar su mano sobre el lobo que come el hueso y en la hora que nos mantenemos junto a la chimenea comienza a nevar peor que en la mañana.
En la madrugada Erick me informó del rescate de Aaron, Bennett se atrevió a ir como el hacker aún herido y traer a su hijo al Score, desde anoche no he hablado con Cora, anoche hubo una grieta en nuestra amistad que hace que me duela el pecho con recordarlo.
Erick se va a quedar con el cuidado de Volkan mientras Alexander y yo disfrutamos de la villa, y también durante un tiempo. Anoche se tomó la decisión en la mafia de que nos iremos a Rusia por los dos años que Alexander se someterá a la revisión de su pérdida de vista y trabajará con el biólogo hermano de Dina.
Espero que Dina no muera todavía y que salga pronto de coma o su hermano no querrá trabajar para la mafia.
Juro que ese florero se me resbaló de las manos.
Son dos años que viviremos en Moscú, Erick se quedará a cargo de Volkan durante ese tiempo y Bennett no viajará con nosotros, no puedo alejarlo de su hijo. Pensar en Rusia me hace recordar el ataque en el Palacio Roe.
Kiara ve los copos que impactan sobre nuestra ventana. —Nieve— le señalo el ventanal —¿Quieres jugar con ella?
Mira la ventana sin ninguna emoción, no le gusta la nieve, solo quiere jugar con los lobos.
Mi estómago gruñe, necesito comida urgentemente. Sólo basta un mensaje de texto a uno de mis guardaespaldas para que Octavian suba corriendo a la sala de estar de la villa con el delantal puesto un montón de fruta en una cesta.
—¡Estaba despierto señora Roe! ¡Lo juro! ¿Desayuno para dos en la terraza? ¿Le apetece un poco de tocino o quiere que prepare
Schi para que comience a acostumbrarse a la gastronomía rusa? — levanta un sartén y se acerca a la pequeña cocina corriendo y sacando ingredientes de todos los gabinetes.
Los lobos regresan del jardín y Octavian saca paquetes de carnes congeladas del frigorífico de dudosa procedencia y se las arroja a la alfombra. —¡Pizza!
—¿Pizza? ¿A estás horas? — asiento —Déjeme adivinar, con extra queso debajo de la salsa de tomate.
—Sí. ¿Cómo lo sabes?
—Es lo que más me pedía cuando estaba emabara… cuando… digo… cuando estábamos en Dinamarca.
—No estoy embarazada Octavian, prepara el desayuno equilibrado de Alexander y yo quiero pizza— asiente encendiendo el horno — ¿Puedes preparar el desayuno y fingir que yo lo hice?
Sus cejas se alzan, ambos sabemos que nadie creería esa historia, todas las personas que me han visto cocinar saben que soy un desastre. —Está bien, lo haremos a su modo y le explicaré los ingredientes que lleva cada platillo para que el lobo le crea.
— ¿Es necesario saber cada ingrediente?
—El lobo siempre pregunta lo que lleva su comida.
Prepara toda un banquete para Alexander y para mí con todo tipo de frutas exóticas. Ka mesa del desayuno en lugar de taburetes tiene cojines alrededor para sentarse que dan directo al ventanal donde se ve la cascada artificial de la villa.
Octavian pone bebidas calientes sobre la mesa del desayuno y adorna el pan francés con azúcar. Tomo un poco de azúcar y se la pongo a Kiara en la nariz para hacerla reír, pero se queda igual de seria que su padre.
—Sólo es azúcar cariño— me pongo yo en la nariz y hago que Octavian también.
Mi hija se queda mirando a nuestro chef seria.
—¿Dónde está el servicio de desayuno? Esos inútiles no sirven para lo que les pago— la puerta de la habitación se abre y Alexander sale con nada más que unos pantalones de chándal sobre sus caderas, trae a Raven en brazos y mi marido luce tan caliente son el cuerpo tatuado desnudo y una expresión soñolienta en su rostro.
Raven trae puesto el chupete, pero viene muy apuesto con el cabello peinado a la perfección al igual que el de Alexander, primero mira a su hermana, después a Octavian. Alexander también nos mira a los tres con azúcar glaseada en la nariz. Ni siquiera nos da tiempo a decir que yo preparé el desayuno, Octavian y yo nos sacudimos el azúcar al mismo tiempo.
—Su desayuno está servido, mi señor— el asiático se quita a toda prisa el delantal —Quedo a sus órdenes— sale corriendo por la puerta.
Alexander mira la mesa del desayuno con una ceja arqueada. —¿Pizza para el desayuno?
—Tenía hambre— me encojo de hombro y veo como sonríe de lado.
—¿No te apetece también una barra de chocolate nena?
Arrugo la nariz con asco, odio el chocolate. —No me gusta el chocolate.
Su sonrisa se desvanece.
—Entonces… — Alexander se acerca con Raven en brazos y se sienta en uno de los cojines conmigo y me mira fijamente —Primero le pones moños a mis bestias y después le pones azúcar en la nariz a mi chef.
—Estábamos cocinando.
—Emma, Emma, Emma— niega con la cabeza —Has convertido a mi mafia en tu diversión favorita.
Me encojo de hombros y jalo entierro mi mano en su cabello para besarlo, deja que lo bese lento. —Y ninguna vez me has negado alguno de mis caprichos.
Se atiborra la boca de comida para no contestar. Pone a Raven en su regazo y yo pongo a Kiara en el mío, no me doy cuenta que Kiara se acerca poco a poco a su hermano y le quita el chupete para llevárselo ella a la boca. Raven trata de recuperarlo, pero ella se acuesta en mi brazo, hasta que Alexander tiene que ir por el otro para nuestro hijo.
—¿Raven no ha llorado?
—No, él despertó y bebió la fórmula láctea que creó Jack para él y su hermana, la ama y nuestra hija también.
Pincho todo los platillos, la fruta, los panes, el tocino, todo está delicioso y me muero de hambre como si no hubiera comido en semanas. No me doy cuenta que me terminé mi ración hasta que Alexander desliza su plato a mi lado y me doy el lote con su comida también.
—¿Comiendo por dos otra vez señora Roe? — se burla y casi se me atora el tocino. —Ni embarazada de los mellizos comías así. ¿Ahora son tres?
—Para con eso— lo mal miro, pero no lo hace y el muy cabrón me sigue pinchando durante todo el desayuno recordando cuando me encontró comiendo galletas en la alacena de palacio Roe.
No me importan sus burlas, me como la pizza que me preparó Octavian sin culpa alguna y bajo su mirada juzgadora.
—¿Nunca había visto los paquetes de carne que le arrojan a mis lobos? Octavian los sacó del frigorífico grande— veo al de la chimenea todavía peleando con el hueso. —¿Qué tipo de carne es?
—Humana, cada uno se come al menos a dos mugrientos por día, el más grande se come cuatro.
Entonces Alesha terminará en una de las cenas de Niles.
Y la cena de los otros será Rebecca, podremos irnos a Rusia por un tiempo, pero cuando regresemos le haré una visita a mi antiguo lugar de trabajo.
El MI6.
Es evidente que la villa es para vacacionar en verano, la nieve cubre las mejores atracciones incluido el camino a la cascada artificial, pero eso no impide que llevemos a los mellizos ala chimenea comunitaria que hay entre la zona de otras villas.
La están encendiendo con leños verdes y aunque no arden tanto como los otros hacen las flamas tienen unas motas de color en el fuego, esa es la atracción principal de la zona. Nos mantenemos alejados de las otras familias porque Alexander odia a la gente y porque la gente se asusta de los hombres de negro que nos siguen a todos lados.
—¿Qué están haciendo esos niños? — pregunta Alexander mirándolos con desprecio llevando a Kiara en brazos.
Su vestimenta no es la más adecuada, las personas aquí llevan suéteres tejidos de lana y el un abrigo de diseñador negro, lo peor de todo es que a nuestros hijos tienen uno similar, incluidos los guantes de cuero iguales a los suyos.
—Según lo que dijo el guía, están arrojando leños al fuego y deben decir algo por lo que están agradecidos este año.
—¿Y por qué nosotros estamos en la línea?
—Porque quiero que nuestros hijos lancen un leñó.
Me mira como si estuviera demente mientras un pequeño de no más de cinco años se acerca con una rama a la chimenea, los cuidadores lo ayudan a no quemarse mientras lo arroja, no se escucha lo que dice, pero salta emocionado a sus padres cuando termina.
Nosotros somos los siguientes en la fila y uno de mis guardaespaldas me acerca el leño que voy a lanzar, tengo a Raven en los brazos, sus mejillas se ponen rojas con el calor del fuego.
Lo lanzo y pienso en lo que estoy agradecida.
Beso la cabeza de mi bebé y miro a Alexander. —Es tu turno.
—De ninguna manera.
—Sólo es un leño, no tienes que decir en voz alta nada.
De mala gana le quita el leño a nuestro guardaespaldas y lo arroja. Me muero de curiosidad de saber lo que pidió o de qué está agradecido, pero me resisto a preguntarle. Salimos de la fogata comunitaria, la fila afuera excede a las cuarenta personas.
—¿De qué estás agradecida? — finge que no le importa mientras caminamos entre la nieve.
—De muchas cosas, pero pedí un deseo.
—¿Cuál?
—No voy a decírtelo, si lo hago no se hará realidad.
Carga a Kiara más arriba, ella va agitando las manos como si saludara a la gente, la personas se nos queda mirando no sólo por Kiara, también porque caminamos rodeados de guardaespaldas. —¿No vas a decírmelo?
—No, a menos que me digas lo que pediste.
—No pedí, es una tradición estúpida.
—Entonces no te diré el mío.
—Te doy cincuenta mil dólares para que me lo digas.
—No.
—Un collar de perlas.
—No.
—Un jet privado.
—Ya tengo uno.
—Más lobos.
—No.
—Eres una negociadora terrible Emma, el mundo empresarial no es lo tuyo— finge enojo, pero ni aún así le hablo de mi deseo.
. . .
Los mellizos están dormidos en el piso de arriba custodiados por Octavian en cuanto regresamos del paseo en la nieve, la villa sólo tiene dos pisos, el de nuestra habitación y el lobby bajo que cuenta con un área de spa con ventanal al igual que el primer piso.
Alexander está dentro del jacuzzi burbujeante con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, hay una botella de whisky escocés abierta a su lado, ajusto las tiras de mi bañador y entro al agua caliente que alivia mis músculos por el frío, no ha dejado de nevar.
Cuando llego y me atrapa por los glúteos y me alza buscando mi boca, pruebo el sabor amargo del whisky en su lengua. Nos besamos por un rato dejando que el agua caliente haga flotar nuestros cuerpos. —¿Ya me vas a decir tu deseo?
Me río atacando el plato de fruta que tiene cerca del whisky. —No— lo beso otra vez compartiendo una de las ciruelas maduras.
Cuando abre los ojos me recorre lentamente. — Esto es nuevo— pasa su dedo por las tiras de mi bikini amarillo terminándose su vaso de alcohol.
—¿Te gusta?
—Me gusta más cuando te lo quitas— susurra ronco deshaciendo las tiras del sostén, me lo quita, lo arroja fuera del jacuzzi y me deja las tetas al aire. Me mira con hambre. — Mucho mejor— las masajea suavemente con una sola mano.
Suspiro pegándome a su toque del gusto. — Necesitaba privacidad.
—Tenemos privacidad en el Score.
—¿Es por eso qué nuestra habitación es la única que está en el segundo piso?
—Era necesario.
—Mientes— cierro los ojos mientras retuerce mis pezones entre sus pulgares —Sólo quieres tener nuestra habitación en el piso de arriba para mostrarles a todos que no te mezclas con empleados o con la gente que vive con nosotros.
Me aprieta las nalgas y alza mi cuerpo al suyo hasta que mis tetas mojadas quedan a la altura de su boca, las lame de una en una. — Lo hice de ese modo porque tener huéspedes en habitaciones continuas a las nuestras hace que queden traumatizados— sonríe de lado —Eres bastante ruidosa cuando te follo.
Abro la boca indignada alejando su boca de mis senos. —Soy la mujer más silenciosa del mundo. Se ríe ronco volviendo a poner mis tetas en su boca, las come con ansias, quiero gemir, pero todavía me siento indignada. —Hablo enserio— se las saco de nuevo y se vuelve a pegar como niño pequeño. —Dije que hablo enserio— me las cubro con las manos.
Me mal mira por estarlo privando de su alimento. —Eres incapaz de estar callada.
—Nunca me has puesto a prueba.
Sus ojos brillan con diversión mientras extiende su mano a la fruta de la charola cerca de su whisky. —¿Quieres apostar?
—¿Qué tipo de apuesta?
—La del silencio— dice e inclina la cabeza a mi oído para susurrar —. Eres incapaz de mantenerte en silencio mientras te cojo, nena.
Toca mi orgullo. — Pruébame.
—Pondré huéspedes en las habitaciones continuas a la nuestra, entonces.
—Perfecto, dime las condiciones.
El brillo burlón no desaparece de su mirada. —Si ganas pide lo que quieras, pero si emites un sonido, un gemido largo o un grito de mi nombre mientras te follo, vas a tener que tatuarte permanentemente el tatuaje que llevabas en el muslo en Las Vegas. El que decía “Propiedad de lobo”.
—Acepto— no lo dudo.
—Píenselo bien Emma.
—Dije que acepto y ya se lo que quiero— enrollo mis manos en su cuello y pego mis senos mojados a su pecho desnudo —Si yo gano, tú vas a tatuarte unos centímetros arriba del área pélvica “Propiedad de Emma Roe”.
Se ríe de nuevo con la cabeza hacía atrás. —Me gusta la idea, iré preparando la tinta para ti.
El maldito cree que va a ganar. —No es necesario esperar hasta el Score, hagámoslo aquí, en lugar de tener huéspedes en las habitaciones pongamos a los guardaespaldas detrás de la puerta.
Gruñe buscando las tiras de mis bragas, las deshace y las lanza junto al resto de mi bikini, él se metió al agua desnudo, tengo su polla pegada a mi vientre. —¿Me tienes ganas? — alza la cadera y mi sexo se roza con el suyo. —Te ves muy segura nena, ni siquiera parece que estabas tragando mi verga y mi semen anoche a mitad de la carretera.
Joder . Trago duro y dejo que me meza sobre su polla, busco su boca, pero la aparta y detiene mi cintura con sus manos. Me suelta y sale desnudo del jacuzzi, su polla está semi alzada, se la cubre con una toalla alrededor de su cintura.
Nado hasta la orilla del enorme jacuzzi y me pongo cerca suyo mientras se seca el cuerpo. Soy codiciosa, barro mis ojos por cada músculo mojado que queda a la vista, el lobo es comestible, demasiado apetecible para mis hormonas.
Se quita la toalla y se da la media vuelta dejándome su culo perfecto y bien moldeado a la vista, lo hace a propósito porque para salir se la vuelve a colocar.
—Iré por los guardaespaldas y más te vale ganar la apuesta o de lo contrario tendré que matar a lo que escuchen a mi esposa gemir.
Sale por la puerta y me mentalizo para poder ganar, Alexander no me lo va aponer fácil, pero tengo una fuerza mental impresionante.
Puedo hacer esto, lo que tengo que hacer es que él se corra antes que yo y después fingiré que estoy cansada, así ganaré con trampas.
Repasemos, no tengo que correrme, tengo que hacer que él se venga y fingir cansancio.
Sí, eso suena como un buen plan
.Me sobresalto cuando una música lenta comienza no sé de dónde.
No puede ser. No es cualquier música, es un música erótica, con una letra demasiado sucia que me hace recordar la forma en la que Alexander me habla.
Me pica la nuca, pero me concentro en repetir mi plan mientras escucho voces afuera. Nado hasta la llave del agua del jacuzzi al mismo tiempo que Alexander entra. —Está todo listo, los guardaespaldas están del otro lado de la puerta— tiene las manos en su espalda, trae algo, pero no veo lo que es.
—Menos mal, ya comienzo a aburrirme, casi me quedo dormida— comienzo con mi plan tratando de ignorar la música.
La diversión está marcada en todo su rostro, se quita la toalla y entra en el jacuzzi conmigo, todavía tiene algo en la mano, pero no me muestra que es, es como un depredador nadando hacia mí finjo que no me afecta en nada cuando su rostro toca el mío.
Por la música creo que va a ir lento, pero de inmediato mete su mano libre entre mis piernas y comienza a masajear mi sexo. —No me importa que los guardaespaldas estén afuera, no van a escuchar ni un solo ruido.
—Estás muy segura de que ganarás la apuesta— tiene la voz muy ronca, apenas y me puedo concentrar con la música, es demasiado perversa y el ritmo de sus dedos combinado con la mirada lasciva de mi marido hace que apriete las piernas.
Ni siquiera ha comenzado, apenas quiere mojarme.
—Tengo mucho autocontrol.
Sonríe de lado. —No debiste retarme nena— cruza mis manos sobre mi cabeza antes de enseñarme lo que trae.
Mierda.
Es una correa negra, la pasa entre mis muñecas, las aprisiona y las sube sobre la llave que llena el jacuzzi, la ata con varios nudos aprisionándome, mi cuerpo se tensa con el tirón y mis tetas quedan alzadas y ofrecidas para su boca.
Tiene una cosa más, pero no me la enseña, la deja al lado del whisky y como estoy aprisionada ya no veo lo que es.
La correa está atada, pero suelta lo suficientemente por si quiero liberarme y sé que lo hace por mi brazo, me está dando la oportunidad de liberarme en cuanto lo quiera. —¿Ya me vas a decir tu deseo?
—No.
Aprieta las correas alzando más mis senos a su disposición.
—¿Atada? ¿No tienes mejores ideas? Te estás volviendo viejo señor Roe — finjo aburrimiento.
—Sólo es el comienzo.
Respira en mi cuello sin besarme, se me seca la garganta, la música no me deja concentrarme, baja sus dedos entre mis tetas y con su pulgar masajea mis pezones sin despegar los ojos de los míos.
En todo ese tiempo su otra mano no ha dejado de frotar mi coño, ya estoy muy húmeda. El ritmo se incrementa el ritmo de ambas manos se incrementa al ritmo de la música.
—¿Quieres que te los chupe?
Respiro hondo, no puedo perder, acabamos de comenzar. — No.
—Lástima porque estás tetas son mías y las puedo chupar y follar cada vez que quiera— baja su lengua a mis senos, lame alrededor de mi pezón y los junta metiendo su cabeza entre ellos.
Me trago un gemido y dejo que me coma los senos todo lo que quiera, sé que no lo voy a tener fácil, pero tengo mi plan de antes… mi plan va a funcionar… mi plan va a… Se aparta de mis tetas lamiéndolas una última vez y se aleja de mi unos centímetros.
—¿Eso es todo? — ladeo la cabeza.
Me ignora y sale del jacuzzi, no se va, camina al lado de mi cabeza a dónde tengo atadas las manos y las aprieta más, siempre dejando la abertura de mi brazo débil, pero con el cambio de posición mis tetas se alzan más que antes. —Así está mejor, está vista me encanta, me estás ofreciendo el mejor de los manjares— gruñe tocándose la polla.
Se inclina a su lado de mi cara y se envuelve el miembro con la mano con media sonrisa. Aprieto las piernas.
Dios, va a masturbarse frente a mi cara, me preparo mentalmente mientras comienza a subir el puño de arriba hacia abajo, a veces masajeando con su pulgar el glande.
Me quema la sangre con cada gemido que lanza mirando mis tetas. Cambia de posición, me alza de la cintura acercándose más a mí, me sube sobre el jacuzzi y me sienta en la orilla hasta que sólo mis pies quedan dentro del Jacuzzi, me quedo sin respiración te la polla entre mis tetas.
—Carajo, sí— gime retomando la masturbación.
Su mandíbula se aprieta con un gruñido mientras pasea su polla entre mis tetas, comienza a follarlas sin piedad, sus bolas se golpean con mi piel cada vez que entra en ellas, la habitación se llena de sus gruñidos mientras me quedo sin respiración por la fricción.
—Benditas tetas Emma—gime bajo en su garganta con la cabeza hacia atrás.
Baja su puño por su vientre y comienza a masajearse las bolas mientras aumenta el ritmo pegando su frente sudorosa en la pared. Me tengo que morder los labios para no gemir la visión de Alexander follando mis senos se me queda grabada en la cabeza.
Su vientre se contrae, sus penetraciones se hacen desiguales y gruñe mientras se vacía sobre mis tetas. Su semen se derrama sobre mis pezones y gran parte de mi cuello. Mis pezones se quedan erectos mientras Alexander las penetra hasta que se vacía la última gota. Mi respiración está alterada.
Respira hondo y con el glande esparce todo el líquido caliente por mis tetas hasta que quedó hecha un desastre. Me quedo sudorosa y jadeando aún sin poder mover las manos. Estira la mano a su ropa atrapando su celular, el flash me da varias veces mientras fotografía su pene entre mis tetas llenas de su corrida.
—Con estás fotos me la podré jalar en el trabajo— dice con voz ronca.
Joder.—Mi celular tiene una clavé única y nadie las verá más que yo o se muere en el instante.
—¿Eso es todo? — mi voz ronca delata mi excitación, pero me niego a perder.
Se ríe de lado todavía agitado, se suelta el miembro y avanza sobre mi cuerpo, saca un tela similar a la de mis correas. — Ya viste demasiado.
—¿Qué vas a hacer?
No me responde, sólo ata la tela sobre mí cabeza y la baja por mis ojos, al instante me quedo inmóvil, no veo nada y mis sentidos se quedan muy alerta, escucho el agua burbujeante del jacuzzi. Siento una caricia en mis labios y lo rasposo de una piel venosa que se pasea de un lado a otro. —Abre la boca pequeña seductora, pon mi polla dura de nuevo.
Abro los labios y al instante desliza su miembro en mi boca lentamente, el sabor salado se queda en mi lengua y en mi paladar. Aprieto las mejillas mientras me llena, no se detiene hasta que la punta se golpea con el fondo de mi garganta.
—Cómete la verga de tu marido, Emma— ordena penetrándome.
Mi coño está muy húmedo, la música, le venda, la boca sucia de Alexander, subo y bajo mi boca con hambre, aunque no lo puedo ver. Trato de recordar mi plan mientras se la chupo, pero no recuerdo el paso dos ni el paso tres.
Mi plan era…
Me lagrimean los ojos, pero Alexander no me da tregua tiene sujeta mi cabeza para que siga a un ritmo constante, su miembro comienza a endurecerse en mi boca y Alexander gruñe del gusto. Cada parte venosa raspa con la comisura de mi boca cada vez que sale y la punta toca la campanilla de mi garganta cuando la empuja.
Mis pies es lo único que entra en el agua y me duele la espalda en esta posición, pero estoy disfrutando esto tanto como él y no he perdido la apuesta, el único que ha gemido y gruñido en voz alta es él.
—Eso es— gruñe y la saca completamente erecta de mi boca.
Mi cuerpo se alza y de nuevo me sumergen en el agua caliente, mis manos quedan alzadas de nuevo, atadas a la llave. También entra porque siento como me pega a su cuerpo y me masajea la espalda.
—¿Ya terminaste? Pensé que sería más intenso — todavía puedo ganar, aunque los temblores de mi cuerpo y mi respiración me delaten.
Me abre las piernas y siento el glande masajeando mi clítoris, lo hace una y otra vez de forma que recorra un escalofrío en la espalda, ni siquiera siento dolor en las manos, estoy a punto de echarme a llorar por no poder gemir, me encanta que nos masturbe así.
Se me escapa un quejido agudo con la boca cerrada, pero lo detengo antes que se convierta en un gemido. — ¿Qué te pasa nena? — besa mi cuello y tiemblo de nuevo. —¿Te pone caliente la música o que te masturbe?
—Yo no… yo no…— ni siquiera puedo hablar o voy a gemir a gritos.
—Yo sé que eres fuerte, pero, yo siempre gano— lentamente se hunde en mi coño y me tengo que morder los labios para no gemir.
—Apenas y te siento— miento con la voz temblorosa y logro soltar una risa que de inmediato se corta cuando vuelve a entrar —Vas demasiado lento, se siente cómo si el lobo quisiera ser romántico hoy.
Me aprieta la cintura y se hunde hasta el fondo, comienza penetrarme muy lento, demasiado lento, es exquisito, la fricción, el agua caliente, las burbujas, las caricias, me estoy muriendo lentamente.
— Entonces tienes demasiada suerte de ser la única mujer que sepa como hace el amor Alexander Roe— susurra en mi oído y continua a ese ritmo.
La música tiene mis sentidos embriagados, el ritmo lento, la voz suave de la mujer y el hombre y sobre todo las penetraciones lentas de Alexander.
Suspiro del gusto levantando las caderas a las suyas, quisiera verlo a los ojos, pero la venda me lo impide. Que me está follando lentamente no detiene los temblores de mi cuerpo, lo hace lento, pero con fuerza cuando lo saca y se hunde de nuevo.
Su boca sube por mi mandíbula hasta la comisura de mis labios, los lame con suavidad antes de morderlo, incluso este beso es tierno y suave, su boca me come con ansias. Jamás creí vivir para ver al lobo de este modo.
Con este ritmo voy a ganar fácilmente. —Gané— digo con una sonrisa.
—Suficiente— para y al instante la música se detiene —. Ya tuviste mucho tiempo al lobo romántico— gime en mi oído —Voy a partirte hasta que grites y pagues tu apuesta.
Me relamo los labios y me preparo mentalmente cuando me abre las piernas otra vez, pero ni siquiera se sale por completo, comienzan las verdaderas penetraciones, las que más me gustan. Mi cuerpo se tensa en la pared del jacuzzi y jadeo desesperada por gritar de placer.
Me embiste una vez y me corta la respiración.
Mierda, mierda, mierda. Embiste otra vez empujándome contra la pared, pega su cara en mi cuello para apaciguar sus gemidos, con una mano se aferra a mis piernas para que no suelte su cintura y con la otra aprieta una de mis tetas.
Mi plan perfecto se va a la mierda, ya no puedo controlarlo, mis uñas se clavan en mis palmas y me jalo de las correas que están atadas en la llave con los temblores en mi vientre recorriéndome todo el cuerpo. Alexander aprisiona mi cintura y mueve en círculos su cadera empeorando la fricción. Me resisto lo que más puedo, pero es casi imposible, las penetraciones son demasiadas.
Los gruñidos de Alexander en mi oído y los sonidos húmedos de nuestros fluidos me provocan escalofríos, casa vez que nuestros cuerpos chocan salpica agua al piso.
Me muerdo el labio inferior con fuerza para controlar mis gritos y gemidos, pero Alexander aumenta el ritmo poniendo mis piernas sobre su espalda. Es la combinación de estar atada y vendada la que ya no me deja continuar con la apuesta.
Tiene que correr a los guardaespaldas.
—No puedo más— mi voz suena estrangulada y siento como me lagrimean los ojos y mojan la tela que los cubre.
—Aguanta.
—No puedo.
—Sí puedes, sólo tú puedes manejar toda esta verga Emma— se agarra a mi pierna abriéndola más y me penetra otra vez.
Con sus palabras y sus penetraciones pierdo la apuesta. —¡Así! ¡Alexander! — rompo la regla y me deshago en gemidos ruidosos persiguiendo mi orgasmo.
Ni siquiera me regaña por romper la regla del silencio, él ya sabía que no iba a poder controlarme, siempre tiene razón. Me quema la cara de vergüenza, nunca debí aceptar que pusiera a los guardaespaldas, quiero que los corra, voy a perdérselo, pero no salen ideas coherentes de mi boca.
—Joder— gimo sin control. —¡Más! ¡Más!
Aumenta la velocidad, hasta que sus bolas chocan en mi sexo. Mi cuerpo entero se contrae y me corro mientras Alexander se vacía en mi interior. Zafo una de mis manos de la correa y clavo mis uñas en su hombro.
Nuestras respiraciones se relajan mientras las burbujas del jacuzzi disminuyen, entierro mi mano en su cabello mientras su cabeza queda caída en mi hombro. —Yo siempre gano Emma— dice sudoroso, me quito la venda de los ojos, pero no puedo soltar mi otra mano.
—Debiste correr a los guardaespaldas.
Levanta la cabeza, tiene los ojos verdes llenos de satisfacción. —Los guardaespaldas nunca estuvieron afuera— confiesa y me siento aliviada y atrapada al mismo tiempo.
—Eres un tramposo.
—Nunca establecimos una regla que lo impidiera.
—No juegas limpio.
—No me importa, vas atener mi tatuaje en tu muslo de por vida— me desata y masajea mi piel para que la circulación regrese a ellos.
—Como si los que tuviera no fueran suficientes— señalo los dos que tengo en el antebrazo.
Además, nunca establecimos que él no se puede tatuar el mío, yo también puedo ser una tramposa como él. Un tatuaje más no afectará su colección su cuerpo está bañado en tinta por la mayoría de sus músculos y aunque tiene mis ojos tatuados en el brazo, quiero más, marcarlo como mío.
Joder, me he vuelto una posesiva igual a él.
Me besa lentamente cargando todo mi peso, aprovecho su pequeño momento de debilidad y nos hago girar en el agua una vez más. Su boca baja a mis senos y lo dejo comerlos todo lo que quiere, voy a necesitar que esté distraída.
Poco a poco lo acerco a la llave del Jacuzzi, sus manos pesan una tonelada, pero logro subirlas, está tan distraída con mis senos que no se da cuenta que paso la correa por su muñeca.
Lo ato en la misma posición en la que yo estaba.
Alza su rostro y se ríe otra vez, hoy el señor Roe se ha reído más veces de las que lo he escuchado reírse desde que lo conocí. —Rompí un cinturón en el caribe, estás tiras no son nada para mí, Emma.
—No puedes mover las manos a menos que yo te lo diga.
—¿Y si las muevo?
—Voy a cortarte el miembro.
—Eres una pervertida.
Oculta una sonrisa y se queda como mi esclavo atado. No me resisto a mi festín bajo mi boca a sus pectorales y lamo cada gota de agua que tiene encima, bajo por donde se me antoja, muerdo su pecho y chupo su cuello todo cuando quiero.
Meto mi mano en el agua y la guío hasta su polla, lo masturbo sin dejar de morder su cuerpo, su respiración se agita y se pega a mi toque, cuando lo tengo erecto busco su celular y nado hasta él de nuevo —Es mi turno de tener fotos calientes tuyas.
Abre las piernas en que yo se lo pida. —Toma todas las que quieras, esta verga es tuya Emma, para cogerte sola o para masturbarte cuando esté en alguna reunión.
Le tomo la palabra y lleno su galería de fotos perversas de ambos que nunca deben salir de este celular.
. . .
Me parece un sueño los días que pasamos en la villa, lejos de la mafia, lejos de cualquier maldita comunicación que nos arruine la vida antes de irnos a Rusia, Alexander se comporta completamente relajado ese par de días.
Sin perder la maldita soberbia Roe, no podemos visitar los alrededores naturales de la villa porque las nevadas continúan y los mellizos no soportarán tanto frío. Mis mañanas favoritas se han convertido en las que despertamos los cuatro juntos.
Ni siquiera recuerdo porque me sentía triste para irnos del Score. Al tercer día con el equipaje dentro de su Aston Martin y Raven y Kiara en las sillas portátiles es la primera vez que encendemos los celulares.
Más de cien notificaciones entran en el de Alexander, me siento abrumada, estos días en la villa me sirvieron para relajarme y aunque no me quiera ir, sé que Ethan despertó y quiero que conozca a nuestros bebés.
—Cuándo trabajaba para el señor Jones respondía más de cien emails cada dos horas, pero esto es peor— las reviso una a una mientras el conduce. —La mayoría son de Erick.
—Ojala pudiera eliminarlo, pero el pordiosero me es útil.
—Mientras estemos en Rusia volveré a trabajar como publicista para revisar la situación de imagen en la que quedó Hilton & Roe después de la subasta.
—Te hablaré del plan C18 en cuanto lleguemos a Moscú.
—¿Llegaremos a alguna residencia?
—Nena, te olvidas de que una residencia para la mafia es poco, vas a sentirte como en casa cuando pises por primera vez una de mis creaciones, los planos de ese lugar los diseñé a los dieciséis años mientras los rusos me entrenaban.
—¿Por qué Logan te envío con los rusos tan pequeño?
—Porque en el fondo quería que me matarán, el karma más grande de mis primogenitores es que después de tantas torturas yo siga vivo— su mirada se pierde en la carretera. —En especial para la adicta que sólo quería tener un hijo.
Nunca voy a entender la mentalidad de Meredith, Logan está podrido, pero ella ama a Bennett ¿Por qué no pudo amar a Alexander de la misma forma? Ambos son hijos de Logan, a menos que… uno de ellos no lo sea.
—Esa mujer fue útil la noche de la misión, pero hay algo sobre ella que debes saber.
—¿Qué cosa?
—En Las Vegas, mientras Artemisa bailaba, me fijé en ella por mucho tiempo, las botas, la forma de caminar, el movimiento que hace con la mano cuando saluda, puede ser una fractura de años que nunca sanó— lo miro desde mi asiento.
—Continua.
—Creo que Artemisa, es Meredith.
Alexander se queda serio y sé que suena como una estupidez, pero yo la conocí antes de saber que era su madre, en la organización benéfica de los camaleones para la que trabaja el MI6.
—Es imposible, Logan ya no puede tener sexo con ella, pero la ha tenido desnuda más de una vez, Meredith tiene una cicatriz en el pecho, desde la clavícula hasta la mitad de su abdomen, además Artemisa está enferma, debe ser una fumadora compulsiva porque tiene una tos mal tratada o alguna enfermedad en los pulmones.
—Problemas respiratorios.
—Fíjate en su aspecto, no se le ve gran parte de su rostro por e antifaz, pero es evidente que, para practicar la danza aérea, Artemisa es joven, tendrá alrededor de treinta años.
Treinta años, rubia, bailarina con una posible lesión en la muñeca.
—No soy experta en el tema, pero por la forma en la que camina debe ser bailarina desde niña o modelo de pasarela— enciendo mi celular y veo varias llamadas perdidas y mensajes de Cora —. No importa, creí que era ella, pero no presté a los destalles.
—Todos los detalles que encuentres son importantes Emma, te recuerdo que cuando alguien quiere ocultarse no utiliza a una sola persona, si no a todo un maldito equipo especializado.
Me quedo pensando en todos lo s detalles que vi en Las Vegas, pero no encuentro nada relevante en mi memoria sólo el rastreador que coloqué en uno de los sacos del Borah par que Bennett pudiera rastrear a su hijo.
Por alguna razón no dejo de pensar en Artemisa.
En cuanto regresamos al Score los conservadores rusos abordan a Alexander, sé que la reunión será larga y no me apetece estar dentro, ni siquiera Erick con lo chismoso que es se queda en la biblioteca, prefiero ir a ver a Ethan.
Unos ojos castaños se clavan en mí en cuanto entro a la habitación de los mellizos, Aaron me sonríe y gatea hasta mí con ansias. —¡Cariño! — me agacho a levantarlo mientras me llena la cara de besos. —La tía Emma te extrañó tanto, tanto, tanto.
Sus mejillas regordetas se alzan y extiende su cabeza para ver a los mellizos dormidos en los porta bebé que trae Jin Jun.
—Le dije a la señora Gray lo que usted ordenó y desde ayer el hijo de Bennett durmió aquí con Volkan, ellos son muy unidos, parecen hermanos, pero no le hablé de su viaje a Rusia como pidió, ella salió a la cocina a prepárale el desayuno al hijo del Borah.
—Ya se lo diré yo, por ahora necesito bajar a la sala médica— dejo a Aaron con todos los juguetes de mis hijos y se ríe viendo la cantidad de pelotas que lo rodean.
No me imagino la felicidad de Cora y de Bennett de tener otra vez a su bebé en brazos. Dylan y la tía Mary por su parte pueden joderse.
Me encargo de poner elegantes a mis bebés para que conozcan al que es casi mi padre, el padre que siempre quise tener, no la escoria que era Sawyer. Cuando entro a la sala médica veo que le están aplicando una inyección.
—Mi señora.
—Te ves mucho mejor grandote.
—Esos médicos no me han dejado volver a mi trabajo, me quieren tener enterrado hasta que me convierta en un inútil, siento que me voy a volver loco o voy a matar a uno de estos enfermeros que me ponen inyecciones todos los días— gruñe y me río de su rabieta, la bata médica apenas y le queda, es un militar enorme.
Acomodo las almohadas en su cama y paso mi mano suavemente por los golpes de su brazo. —Sólo quiero que tengas los mejores cuidados de los que tuviste en prisión.
—Ya no me duelen los golpes— quiere que no me preocupe, aunque cada vez que se acomoda en la camilla gruñe de dolor. —Quiero irme de aquí y volver a mi trabajo.
—Haremos los que pides y vendrás con nosotros, no nos quedaremos en Londres, por mucho tiempo, pero primero hay alguien que quiere verte.
—¿Es algún miembro de la mafia? Pensé que Caterva se había ido a Dinamarca con Wren y el lobo me dijo que no saldré de aquí hasta que usted de la orden.
Sonrío de lado. —Son dos miembros de la mafia para ser exactos y es la primera vez que van a reunirse contigo, han estado esperando más de un mes para esto.
Su ceño se frunce. — ¿Quiénes son?
No espero más y le hago una señal a Jin Jun para que entre, trae a Raven y a Kiara, cada uno en un brazo. La boca de Ethan se abre con sorpresa cuando a ver a mis bebés entrar a la sala médica envueltos en la ropa cara que les compramos en Nueva York. El traje de bebé de Kiara es negro y el de su hermano también con el nombre de la banda alemana
Rammstein estampado en el centro.
Alexander insistió en utilizar este color cuando salimos de la villa y si nuestros mellizos ya se parecen por completo a él con el color de ojos, el que los vistamos de negro hacen que relacen sus genes Roe. —Sus hijos estaban desesperados por entrar, ni siquiera quisieron sus chupetes— dice Jin Jun con una sonrisa.
—¿Dónde están los pequeños de mamá? — me agacho un poco para quedar a su altura y de inmediato ambos extienden los brazos hacia mí.
—No puede ser— Ethan respira hondo completamente en shock mientras los ojos de Raven se pasean por todas las lámparas del techo y los de Kiara van directo al hombre que está en la camilla con vendas por todo el cuerpo.
Las cejas de Ethan siguen alzadas mirándolos a ambos, de uno en uno de arriba abajo sin dar crédito de la escena, cuando Jin Jun me los pone en los brazos Raven revolotea contento hasta que lo acuno en mi hombro y Kiara se prende a uno de mis dedos con su pequeña mano sin dejar de mirar a Ethan.
Me acerco poco a poco a la camilla con una sonrisa de lado a lado. Jamás creí que un militar de más de un metro noventa se quedaría sin palabras al ver a dos bebés. —Ethan— le sonrío —Ellos son, Raven Dominic y Kiara Camille Roe Brown, nuestros hijos.
—Dominic como el lobo, Camille como Millie— repite en voz baja.
No dice nada, incluso se queda inmóvil por unos segundos hasta que de repente se incorpora de inmediato de la camilla jalando los tubos que tiene conectados, la enfermera corre a ayudarlo, pero no lo recuesta en su lugar, lo ayuda a arrodillarse en el suelo de la sala médica del Score.
—¿Qué estás haciendo? ¡Estás herido! — trato de detenerlo porque una de las vendas de sus costillas comienza a mancharse de sangre —¡Basta! — ordeno, pero nada impide que mi guardaespaldas se arrodille ante mis hijos con la cabeza inclinada hacia el suelo.
—Rindo mi lealtad absoluta al cuidado de los herederos del lobo y la reina de la mafia hasta el día en que muera, juro por el demonio al que sirvo que primero tendrán que arrancarme la piel antes de ponerles un dedo encima, que el Dios eterno me haga así y aún me añada si algún día permito que hijos del lobo sean lastimados de alguna forma— recita en voz alta —. Mi vida entera queda ligada a la reina de la mafia y a la de sus hijos.
Se inclina tres veces sobre el suelo antes de besar el collar del ejercito que algún día me regaló. Lo esconde de nuevo en su cuello mientras tres enfermeros lo ayudan a levantarse, me quedo sin palabras por ese juramento.
He leído las normas de la organización del lobo varias veces, demasiadas entes de casarme con Alexander, sé que ese juramento lo recitarán todos los miembros en la iniciación de mis hijos en Dinamarca.
—Es una niña— parpadea incorporándose y se pasa el dorso de la mano por la cara para quitarse la humedad. —Dorian resultó ser una niña— se ríe con los ojos brillosos y mis bebés no dejan de mirarlo fijamente con los ojos muy abiertos, reconocen su voz.
—La doctora Kriss se equivocó.
—Un niño y una niña— sonríe por primera vez desde que lo encontramos en la prisión de Nueva York. —Ni siquiera tengo que preguntar quién eligió esa ropa para ellos, es evidente que el mismo hombre que escucha heavy metal mientras arma bombas.
Se acerca un poco más y Kiara un poco indecisa extiende su mano hacia él con ganas de tocarlo.
—Fue Alexander.
Asiente. —Sus ojos son iguales a los de él— sonríe de nuevo extendiendo la mano hacia la de mi hija. —Hace mucho tiempo, el lobo me preguntó cuáles eran las posibilidades de que sus hijos tuvieran sus ojos, ya planeaba que los genes Roe ganarán esta batalla.
—¿Quieres cargarlos? — pregunto con la voz temblorosa.
Asiente lentamente. —Si quiero, pero antes… solicito permiso para romper el protocolo de la mafia, señora Roe.
—Permiso concedido.
Se acerca un paso más soltando la mano de Kiara y con sus brazos grandes nos envuelve a los tres con mucho cuidado y de inmediato me siento más protegida que con todos los francotiradores de Alexander. —Mi valiente chica, lo lograste— susurra en mi oído —. Estoy muy orgulloso de ti.
No evito que se me escapen un par de lágrimas traicioneras, en todos los meses de Dinamarca, Ethan fue una de las personas que escuchó mis miedos sobre convertirme en madre.
Este abrazo es mucho más que un gesto, es un alivio para lo que todos vivimos en Dinamarca la noche del ataque, todo el miedo, el dolor y las lágrimas de nuestras pérdidas. Me quedo envuelta en su abrazo por mucho tiempo hasta que Raven vuelve con su técnica de mover los piecitos sobre su brazo, es una especie de empuje diminuto para el músculo de Ethan para que me suelte.
Me besa la frente y se aparta agachando la cabeza para mirar a Raven. —Algo tenías que heredar de tu padre— le toma la mano y mi hijo se lo queda mirando fijamente con los ojos verdes entornados. —Va a ser un placer ser su guardaespaldas joven Roe, ya tengo experiencia lidiando con su padre.
Kiara estira la mano a la de Ethan como si llamara su atención, es la segunda vez que hace eso, la primera vez que lo noté fue con Alexander y me pareció absurdo que un bebé sepa que quiere la atención de las personas que hablan con su hermano.
Estoy imaginando cosas.—Lamento haberla ignorado unos segundos señorita Roe, espero pueda perdonarme— se gira a ella y por primera vez la toma en brazos con sumo cuidado Kiara abre muy bien los ojos en cuanto cambian de altura.
Ethan se queda en silencio unos segundos sosteniéndola, no sé qué estará pasando en su mente para que vea lágrimas sin derramar en sus parpados, debe estar recordando a sus propios hijos, quizá cuando sostuvo por primera vez a Jack y a Emilia. —Con el carácter de su madre también he lidiado señorita Roe, pero me asusta trabajar con dos personas pequeñas que tengan el carácter del lobo y de su reina combinado.
Me río y lo ayudo a sostener en su otro brazo a Raven, los mira con la misma adoración paternal con la que me mira siempre. Se dedica a pasearlos suavemente, están demasiado tranquilos con él, deben sentir la misma seguridad y cariño que yo sentí con su abrazo.
Hasta que Raven estira la mano para la de Ethan como hizo su hermana y me doy cuenta que por unos segundos parece que pelean por la atención de mi guardaespaldas. Me gustaría tomar una foto de los tres y guardarla como un recuerdo permanente.
—Ella lo habría amado desde el primer segundo — susurra para sí mismo —. Me dijo las inmensas ganas que tenía de conocerlos, Maya los amaba aún sin conocerlos.
—No dejaré que mis hijos olviden, siempre tendrán presente a la tía Maya y a… Millie. Ellos te llamarán abuelo, Ethan y como tal te tratarán.
Al instante me arrepiento de mis palabras cuando su mirada se ensombrece por el evidente recuerdo de Millie. —Es un honor que no merezco señora Roe—vuelve a los formalismos —Prefiero que sus herederos me consideren lo que soy, otro súbdito de su mafia a cargo de su protección y nada más.
—No eres un empleado más, todavía eres el padre de Jack.
—Cuando ayudé a escapar al plan C19 de la prisión le dije que lo buscará, mi hijo no me buscó ni un solo día en Nueva York, entiendo los silencios, sé que estamos de vuelta al punto inicial donde él es hijo de Beckham y yo sólo un guardaespaldas del lobo, sin parentesco alguno.
—Jack necesita tiempo, se fue.
—No se fue, el lobo lo dejó irse.
—¿Qué dices?
—Jack tuvo su iniciación, fue marcado por la mafia del lobo, pertenece aquí, lo desee o no, de la mafia no puede huir, ni salir a menos que estés muerto, lo que quiero de decir mi señora, es que la organización el lobo sabe perfectamente dónde está Jack y si no lo han capturado es por órdenes del lobo.
Esa idea ya había cruzado por mi mente estas semanas y más con la información de las últimas reuniones con los conservadores rusos —Alexander lo dejó ir porque quiere algún veneficio de él. ¿No es así?
—Sí, desde hace mucho mi señor quiere las patentes de todos los experimentos que su primo creó con David Wall durante todos los años que trabajaron en los laboratorios, tenemos la sospecha de David trabajó en la anfetamina mucho antes de que Logan lo secuestrará.
—Ya acordaron un día de entrega, Jack accedió a dárselos por una cantidad de dinero.
—Mi hijo es un ingenuo, piensa que con eso está afuera de la mafia, pero en cuanto lo entregue volverá al infierno.
Yo tampoco me fío de ese intercambio, puede que Jack ni siquiera aparezca porque sospecha de la mafia la última vez que se le vio en público, fue en el parlamento, en la boda de Dylan y Sarah.
Una leve respiración nos interrumpe y ambos vemos como mis bebés se quedaron profundamente dormidos en los brazos de mi guardaespaldas en cuestión de minutos. Ethan los mira con una sonrisa enorme. — Justo como su padre cuando era niño.
—¿Dónde están mis demonios favoritos? Tres días sin ellos han sido una tortura, no sé cómo resistiré dos años — Erick entra a la sala médica casi gritando.
Ethan se tensa en el instante que lo ve y retrocede con mis hijos en sus brazos. —¿Qué te pasa Ethan? — su sonrisa se desvanece —Déjame cargar a mis sobrinos.
MI guardaespaldas no le quita la mirada de encima, su cuerpo tiembla de enojo. —Señora Roe, jamás le he pedido nada en mi tiempo de servicio con usted, pero esta vez lo haré.
—Pide lo que quieras.
—Dígale a Erick que se vaya antes que le quiebre el cráneo.
—No puedes correrme, yo también trabajo para el lobo.
Ethan da un paso adelante y me acerco para evitar el enfrentamiento, pero es tarde, se las arregla para sostener a los mellizos y jalar a Erick de la solapa de su chaqueta. —Lárgate antes que te mate, sé todo lo que ocurrió en Dinamarca.
—Ya estoy muerto por dentro, no puedes lastimarme, yo también perdí a mi esposa esa noche del ataque.
—¡Dije que te calles hijo de perra! — grita casi despertando a los mellizos, baja la voz al notarlo, pero no suelta a Erick. —Voy a arrancarte la piel centímetro a centímetro, me alejé de ella por ti y tú único trabajo era protegerla y no tuviste los cojones para hacerlo.
Bennett sale de la habitación continua a la de Ethan y corre a tratar de separarlos. —Ethan, suéltalo— trata de apartarlo, pero aún está débil, además él es militar y no deja ir a Erick.
—Lo protegí, pero fue demasiado tarde.
—No me importan tus excusas maldito, escúchame bien, los dos años que viviremos en Rusia es lo único que me impedirá matarte, pero no te prometo que al volver corras con la misma suerte— saca su collar militar y así como juro por mis hijos, besa el metal mirando a Erick.
¡Hola sexys!Que comience el drama... ¡Llamen al padre Roe!¡Feliz cumpleaños a los sexys que nacieron en Agosto!¡Los amo tres millones!-Karla.