LNCrawler

EXTRA FAMILIA ROE

Pecado 18+ — booknet.com · All chapters

EXTRA FAMILIA ROE

Palacio Roe antes del ataque del Pentágono y la DEA.

Maya.

—Se llaman “La organización camaleones”, son más de veinte mujeres que hacen obras caritativas por Londres y Dinamarca, Meredith la lidera como apoyo al MI6 desde hace más de diez años, el nombre de las otras mujeres no se reconoce en ningún documento oficial— le explico a Alexander a través de la llamada sin dejar de pisar el acelerador.

—¿Por qué tuviste que viajar exactamente hoy?

—No le doy explicaciones ni siquiera a mi marido, así que resuélvelo tu sólo y no me molestes, tienes a Erick contigo, utilízalo en mi ausencia— cuelgo la llamada y escucho la risa de Jack en el asiento trasero.

—Cuando sepa lo que estamos haciendo nos matará madre.

—A menos que abras la boca, tenemos cuartadas para todo este viaje.

—¿Vamos a mentirle al tío Alexander? — Millie me mira por el reflejo del retrovisor.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque las mentiras están bien cuando son para protegernos, princesa— le explica Jack. Mi hijo baja el tono de voz y comprueba que Bennett siga dormido en el asiento del copiloto. —La amiga de Emma está enferma, la vi vomitando en el baño otra vez.

—¿Por qué habría de importarme una secretaria de Hilton & Roe?

—La he visto entrar a la habitación de Bennett por varias noches.

Me río. —¿Qué insinúas Jack? Es a la única a la que no agrede cuando entra, necesita contacto humano, pero mi sobrino jamás caería tan bajo como para procrear dependencia con una bailarina nocturna, a esa chica le faltan dos neuronas, no es tan inteligente como se ve.

—A veces lo más estúpidos, son los más peligrosos, madre.

—Eso díselo a las cámaras de vigilancia que la han visto entrar y salir de la habitación de James y de uno que otro sirviente, si Alicia fuera inteligente y quisiera poder, se metería en las sábanas de un Roe con exclusividad.

—Sigo sin confiar en ella, algo no me cuadra en su historia.

—Papi, cierra los ojos— Millie le susurra a Jack poniéndole las manos sobre el rostro.

—¿Por qué?

—Porque mi vestido está manchado de chocolate, lo siento, quería dulces.

—Déjame ver— los miro por el retrovisor, mi nieta agacha la cabeza con los ojos entornados esperando que la regañe, tiene caramelo por el cabello, en la ropa y en la nariz con chipas de chocolate en la frente.

—Lo siento mucho, papi.

—¡Pareces un pastel! — Jack se pone una mano en la boca y suelta un jadeo, después niega con la cabeza aguantando la risa.

—¿Estás enojado?

—No— se encoge de hombros — Ya te compraré otro vestido mejor que ese, ven aquí, yo también quiero ser un pastel— le abre los brazos y mi nieta salta del asiento a él abrazándolo.

Le llena la ropa y el cabello de caramelo también, pero Jack le besa las mejillas haciéndolo reír. Ignoro el hecho de que están ensuciando mis finos asientos de piel, mi hijo nunca había sido tan feliz como estos meses que ha tenido la custodia total de mi nieta.

Los ojos de Jack tienen un brillo que no se va nunca.

Millie le besa la nariz y él se ríe, pocas veces he visto a mi hijo reírse.

Bennett abre los ojos finalmente y respira hondo mientras los mira por el espejo. es el único de mi familia que no tiene a su hijo cerca. Miro con alivio el edificio que marcaba el mapa que trazó el inútil de James.

— ¡Llegamos! — me estaciono en el edificio barato en la avenida principal de la ciudad. Miro con desagrado a los irlandeses que se pasean por la calle. Me coloco los guantes para no tocar el pelaje blanco. —Cariño, trae al gato, el tío Bennett lo necesita.

Mi nieta se impacienta por la emoción y carga a la mascota. —¡Llegamos con Aaron! ¡Glaseado! ¡Ven aquí! ¡Corre con la abuela, ella te necesita!

Le doy una sonrisa, aunque por dentro juzgo los nombres que les pone a sus mascotas nuevas. Es la princesa de la familia, la hemos complacido en todo, aunque no ha salido con el lado Roe de tener querer tener de mascota a un animal salvaje.

Me pregunto si alguno de mis nietos tendrá el carácter imponente que tenemos la primera y segunda generación de los Roe.

Bennett toma al gato blanco para subirlo a su nuevo apartamento. — No me siento bien, siento que me voy a desmayar— se quita los lentes negros y se limpia el sudor de la frente.

—¿Cómo vas a sentirte bien? ¿Sabes la cantidad de medicamentos que te administramos para que caminaras por voluntad propia fuera del Palacio Roe y que no nos descubrieran a mi madre y a mí? — Jack mira como paranoico por las ventanillas del auto — Sigo pensando que esto es un error, si algún miembro de la mafia nos siguió hasta Irlanda, tú y yo estamos muertos.

—¿Desde cuando eres un cobarde? Tengo tanto poder como el lobo, además sólo estaremos cuarenta y ocho horas en la ciudad y nos largaremos como si este viaje nunca hubiera sucedido.

—¡Vamos a ver a la tía Cora y a mi primo Aaron! — Millie salta con entusiasmo en los sillones de mi Cadillac con los zapatos caros que le compré en la última tienda.

—Por favor princesa, no repitas eso, recuerda que esto es un secreto y que nosotros no podremos acercarnos, sólo el tío Bennett— Jack trata de sentarla, pero viene dando vueltas en su vestido de flores muy emocionada de ver a su primo después de tantos meses lejos. —¿Entendido?

—¿Por qué el tío Bennett no vive con la tía Cora?

—Ellos están separados por un tiempo.

—¿Por qué?

—Porque la tía Cora necesita pintar sus cuadros.

—Pero somos ricos, trabajar es de pobres.

El ceño de Jack se frunce y la sienta colocándole el cinturón de seguridad. —Ya no pasarás tanto tiempo con el tío Alexander, te estás pareciendo a él.

—Es hora Bennett, recuerda que el apartamento continuo al de tu esposa está alquilado, hay una terraza grande compartida, comienza con algo ligero, deja que Aaron al gato primero y después lo demás.

—¿Y si mi hijo no me reconoce?

—Hemos hecho esto dos veces en los últimos cinco meses.

Salgo de mi Cadillac con el abrigo hasta el cuello y el gato blanco en sus manos. Pongo el reloj en cuanta regresiva para cuando deba salir del edificio de Coraline. Millie sigue insistiendo en querer ver a Aaron, pero el riesgo de que nos reconozcan los empleados es más alto que el de Bennett.

—¿Abuela? ¿Quién es esa mujer y por qué nos mira? — Millie señala a alguien del otro lado de la acera. —No me gusta su mirada, me asusta.

Es una mujer rubia y esbelta, trae una bolsa de compra en la mano, me quito los lentes negro con las cejas alzadas, parece que vigila el edificio de Coraline y lo confirmo cuando sigue a Bennett con la mirada hasta que entra, después fija su vista en la terraza que comparte el apartamento de mi sobrino con el de Cora.

Miro a Jack que la observa detenidamente. Salgo enojada de mi auto mientras el viento me vuela los rizos dorados. Sonríe de lado cuando me acerco. —¿Quién coño eres? ¿Estás espiando a mi sobrina? — no me habla, sólo extiende una tarjeta pequeña para mí con una dirección escrita. —¿Qué es esto?

—Se acercan tiempos muy oscuros para tú familia y muy pronto el legado de tu padre se va a terminar contigo.

—No creo en supersticiones de charlatanes.

—No soy adivina, ni practico brujería, lo que te dije es porque tenemos información.

—¿De qué estás hablando?

—Reúnete con nosotros, lo más pronto posible, el tiempo se les acabó y tu familia nos va a necesitar— se levanta la manda y me deja ver su tatuaje de cruz invertida en el dorso de su muñeca, el símbolo de la mafia danesa.

—No digas estupideces, yo no caigo en juegos callejeros.

—Piensa lo que quieras Maya Roe, pero sé que vas a morirte en menos de cuatro meses a manos de un hombre turco y eso tampoco es una superstición.

—¿De qué me sirve esto? — alzo la tarjeta.

—Ven lo antes posible y lo sabrás— dice y se pierde entre la gente de Irlanda.

. . .

—¿Madre? Has estado callada toda la semana y muy pensativa desde que volvimos de Irlanda— la voz de Jack hace eco en mi cabeza mientas miro la nieve por el ventanal. Estamos esperando a que la dosis diaria de Bennett quede lista.

—Llama a Blake.

—¿Al abogado de Alexander? ¿Para qué?

—Quiero cambiar mi testamento.

Se quita los guantes de látex. — ¿Tu testamento? ¿Vas a invertir más dinero en el cargamento a Rusia?

—Algo así.

—Quiero incluir a Raven y a Dorian.

—Los herederos de Alexander no necesitan más dinero del que van a heredar de la mafia, son los sucesores de sus padres.

—No es dinero lo que planeo dejarles, es algo más valioso— parpadeo saliendo de mi transe —También quiero incluir a Erick, todo mi dinero para él.

—¿Hay alguna razón por la que estés decidiendo esto?

—Nuestro estilo de vida es impredecible hijo, siempre debemos estar preparados para lo peor.

—Tu problema pulmonar se complicó, pero está mejorando.

Más que tener cansado el cuerpo, tengo el cansada el alma.

—No hagas más preguntas Jack, sólo haz lo que te pido y programa una reunión con Blake — tomo la charola y bajo al sótano.

Abro la puerta pesadamente.

—No quiero la dosís de hoy, me provoca vómito— Bennett se retuerce en su camilla mientras preparo las inyecciones.

—Jack y yo hemos trabajado duro con esta nueva fórmula, los efectos van a desaparecer en unas semanas, tienes que resistir.

Remueve su cabeza en la almohada sucia y se limpia el sudor de la frente. —No puedo, mi cuerpo ya no resiste, por favor, no me obligues a continuar con la desintoxicación, soy un caso perdido.

Desde que volvimos de Irlanda se ha puesto peor, la separación de Coraline y su hijo lo está afectando peor que antes.

Jack lo mira desde la única ventana de la habitación. Está encerrado en los sótanos porque se ha vuelto violento por la falta de anfetamina. Miro a mi hijo y le hago una señal para que se vaya, cuando Bennett tiene momentos de lucidez me pide que no lo avergüence con nadie más.

Me acerco con las inyecciones preparadas en una charola y me siento en la cama moviendo su cuerpo. Le quito los mechones húmedos de la frente con cuidado y sus ojos me buscan, pero no pueden enfocarme. — Tía, me duele— solloza con la voz rota tocándose el pecho. —Me duele mucho.

No habla de las inyecciones.

—No me quería ir de Irlanda, quería quedarme con ellos.

—No puedes, si quieres ver a tu hijo, primero sal del infierno.

—Estoy perdido en la oscuridad sin nadie que me pueda salvar.

Lo miro como ese niño pequeño en mis brazos y hago algo impropio de mi apellido, lo arrastro entre mis brazos, su cuerpo delgado se remueve hasta que queda protegido por mí, se aferra a abrazarme llorando en mi pecho.

—Te equivocas, yo estoy en el infierno y voy a pelear con el maldito demonio hasta sacarte de aquí.

—Soy muy débil — susurra mientras sus ojos se llenan de lágrimas —. Perdóname tía, perdóname por lo que me he convertido, por inyectar a mi hermano, por liberar a Logan y al ministro, por tratar de dispararle a Aaron, debes de avergonzarte de mí como todos.

—Jamás, a mí me importa una mierda la reputación y no eres débil Bennett, eres mi pequeño valiente— acaricio su cabeza. —Recuérdalo siempre, te lo dije cuando eras niño y cuando Emilia recayó contigo— lo obligo a mirarme. —Tú siempre serás mi pequeño valiente.

Su cuerpo se relaja con ese abrazo y aprovecho para inyectarle la dosís de medicamento diaria. Lo sostengo por mucho tiempo cuando termino hasta que se queda dormido. Mientras lo recuesto en la cama pienso en la forma de sacarlo del palacio otra vez.

No puedo arriesgarme a que me vean, pero tiene que ver a Coraline y a su hijo al menos un par de veces más. Dejo la habitación de Bennett y subo por el palacio Roe que está a oscuras, sólo se ven las sombras de los guardias nocturnos, me sofoco con las pocas escaleras que quedan.

Me siento en la sala y lejos de todos.

Necesito tomar mi terapia cada vez que se me dificulta la respiración, las situaciones de mis pulmones han empeorado. Dejo mi espirómetro en el sofá y toso un par de veces haciendo un esfuerzo sobrehumano.

Cierro unos ojos un momento escuchando ruidos extraños en la cocina y la voz de Emma tratando de susurrar, también las risitas de mi nieta y los ladridos de su perro. —¡El pastel debe llevar más glaseado tía Emma! — se escucha el grito de Millie. —¿Puedo ponerle chispas de chocolate? Abuelo Ethan ¿me acercas la lata?

¿Están horneando a estas horas?

Quiero espiar lo que hacen allá, pero el inhalador me agota. Dejo que la oscuridad esconda mi pequeño secreto nocturno, abro un paquete lujoso de cigarros treasurer luxury.

En menos de cuatro meses vas a morir a manos de un hombre turco.

Estiro mi mano al mando a distancia y el sonido reproduce “ Can't take my eyes off you ”. La canción Frankie Valli que jamás dejaré de escuchar ni, aunque pasen los años y es que hay algo en esa canción que la volvió un maldito recuerdo permanente.

Enciendo mi cigarrillo y comienzo a fumar mientras el hombre canta, con los ojos cerrados me transporto a un baile de beneficencia donde una pareja bailo por primera vez ante la mafia.

—Fumar mientras estás en recuperación no es la idea más brillante que has tenido como médico— la voz de Ethan me hace abrir los ojos, tiene harina en la frente y las mangas de la camisa dobladas con restos de chocolate, también tiene salpicaduras de lo que parece ser masa para pasteles.

Suelto el humo dándole otra calada. —Si voy a morirme que sea siendo una hija de puta adinerada fumando el tabaco más caro del mundo.

—¿Te morirás con lujo?

En menos de cuatro meses vas a morir a manos de un hombre turco.

—Ni la muerte va a ser capaz de ver a Maya Roe desalineada, sin sus guantes de seda y el maquillaje bien puesto, quiero que gasten millones en un tumba digna y no me entierren en un misero pedazo de bosque— le ofrezco de mi tabaco y toma dos de la caja.

—Estás loca, eres como un roble, asistirás a mi funeral antes de morirte.

—Lo notas treinta años más tarde querido, a Erick sólo le tomo dos meses de matrimonio enterarse— le enciendo su cigarrillo ignorando la mueca que hace cuando menciono a mi marido y trata de sentarse junto a mí, pero su ropa está demasiado sucia para tocar nuestra tapicería fina. —No te acerques dañas lo caro.

Se sienta en el suelo con las manos sobre sus muslos. —Lo caro está sobrevalorado.

Ese pensamiento es sólo de pobres. — ¿Por qué pareces indigente? Tienes toda la ropa sucia— le pregunto mientras fumamos con la música de fondo.

—La señora Roe está horneando en la cocina, Millie y Octavian la ayudan porque se cansa muy rápido por el embarazo, volveré con ella, sólo necesito un descanso.

¿Un Roe horneando? Emma está demente, sus últimas obras no han sido agradables probarlas. — ¿Por qué no le deja todo el trabajo a Octavia o a otro chef de los que hay aquí?

—Lo quiere hacer ella misma, dice que es una ocasión especial, aunque no sé qué tiene de especial un jueves de septiembre cualquiera.

—Lo que mi sobrina quiere es intoxicarnos como con su pasta de hace unas noches, para mi suerte estoy muy enferma para bajar a cenar con la familia desde hace semanas. ¿Erick sigue coqueteando con Polet durante sus visitas? No es que me importe sigo teniendo mansos, pero Erick parecía fiel.

—No quiero ser maleducado, pero hablar de tu marido y de las mujeres con las que coquetea en tu ausencia no es de mi incumbencia.

Me río y suelto el aire al mismo tiempo que él. —No seas un anticuado Ethan, ya supera nuestro matrimonio, fue hace treinta años y estuve casada tres veces después de ti, Beckham, Joe, Tyler y ahora Erick.

—Ninguno de tus matrimonios me sorprendió, sólo el último— carraspea — ¿Quieres a Erick?

—Yo siempre quiero a mis mansos, ya lo sabes.

—Esa no fue mi pregunta.

No respondo, sólo le doy una última calada a mi cigarro y me levanto con dificultad a mitad de un ataque de tos. Se levanta al instante golpeando mi espalda con cuidado hasta que pasa. —¿Bailas?

—¿Está canción?

—Es nuestra canción. ¿Lo recuerdas?

—¿Qué te sucede? Regresaste diferente de tu viaje.

—¡Abuelo ven! ¡Vamos a meter el pastel del tío Alexander al horno! — grita Millie interrumpiéndonos.

¿El pastel de Alexander? Le extiendo la mano a Ethan, pero no la toma, sólo fija su mirada en mi argolla matrimonial. Se sacude la ropa y apaga el cigarro. —Lamento desilusionarla, pero estoy en horario laboral, mi señora y mi nieta me esperan en la cocina.

—¿Te atreves a rechazar a una Roe?

—Debo irme.

—Como quieras.

Hace bien en irse, se escucha que Emma está tirando sartenes por todos lados. Lo veo irse, pero antes de que desaparezca en la oscuridad de la sala se gira a verme una última vez. —Tú también deberías superarlo, han pasado muchos años, ya no escuches esta canción.

Sonrío triste y me coloco mi bata de seda sobre mi camisón. Me escuecen los ojos, pero me niego a que cualquiera me vea llorar. —Tú no me dices que hacer, eres un simple empleado.

—¿Un empleado? Ni si quiera sabes lo que…— se interrumpe negando con la cabeza y sorbe por la nariz.

—¿Qué cosa?

—Olvídalo.

—Habla— ordeno.

—No.

—Cobarde— me río.

—Más cobarde que tú no lo creo— se encoje de hombros —. La única justificación que tienes para no estar conmigo fue que era un simple empleado.

Arqueo una ceja indignada y camino lentamente a él. —Tengo muchas otras, pasaría horas nombrándolas, pero prefiero pasar la noche cogiendo a mi joven marido que enlistarte todos tus malditos defectos.

—Utilizas a Erick de excusa, lo dicho eres una cobarde— ladea la cabeza.

—No me llames cobarde, empleado.

—Cobarde.

—Idiota.

—Bruja.

Se me saltan las lágrimas. — Maldito militar, por eso te dejé.

—Yo te dejé a ti primero— se encoje otra vez de hombros, aunque sus ojos se ponen brillosos y mi mano vuela a su maldita mejilla, mi manicura perfecta se mancha con la harina de su cara y el otro polvo de dudosa procedencia.

Me toma de la mano y me jala a su lado.

—Voy a mandarte a azotar que te vas a retorcer de dolor por días.

—No necesitas llamar a tus criados, azótame— pega su rostro al mío. —¿O la señora Maya Roe es una mujer débil frente un militar? — me provoca.

—Maya Roe nunca será menos que tú— empujo su brazo y lo doblo por su espalda.

Empujo más fuerte, pero con su brazo me aprisiona del abdomen y me jala hacia atrás. Ni siquiera trata de empujarme o detenerme. Me queman los parpados y me veo débil llorando frente a un empleado.

Su mirada se ensombrece y me quedo petrificada cuando en lugar de lanzar un golpe, posa sus labios en mi boca. —En la biblioteca— señala con la cabeza limpiándose el rostro y me quedo otra vez petrificada, pero lo sigo.

Estoy enojada, pero ¿por qué se ve muy tranquilo? Cierra la puerta detrás de nosotros, su mano se clava en la pared mientras nos empuja juntos besándome. Entierro mis manos en su cabello y lo jalo hacia mí.

Siento sus lágrimas y siento las mías propias, odio ser vulnerable, odio que esos sentimientos nunca se perdieron con los años. Se siente la urgencia, pero con un toque de tristeza que me quema el pecho.

Busco su bragueta y él el nudo de mi bata. En mi mente se repiten escenas que llevaban años empolvadas, la primera vez que lo vi, la boda, el baile… la separación.

Ethan gime cuando su miembro entra en mí, sube su mano por mi muslo desnudo y jala mis glúteos hacia arriba para acompasar las penetraciones. Gimo en su boca y alzo las caderas para recibirlo, la maldita harina que trae en la frente ensucia mi cabello y la masa ensucia mi camisón.

Mis senos rebotan en su pecho con cada embestida, clavo mis manos en su culo y gruñe reventándome contra la mesa. —A la distinguida Maya Roe todavía le gusta cogerse al militar— se ríe ronco penetrándome.

Los gemidos cortan mi respuesta.

Lo beso como nunca, pero esta vez tambien lo acaricio, su rostro, sus facciones, hay dos palabras que tratan de salir de mi boca, dos palabras que no he dicho en años, pero decirlas ahora sería estúpido.

En menos de cuatro meses vas a morir.

—Tengo un secreto para ti— le susurro en el oído mientras me sigue penetrando.

—¿Cuál? — gime probando mis senos.

Trago grueso con la voz temblorosa. — Todavía te amo.

Las penetraciones se detienen bruscamente. Su rostro se levanta de golpe con los ojos muy abiertos. —¿Qué?

—Se que ya es tarde para nosotros, pero después de tantos años… todavía te amo Ethan— repito con un hilo de voz. La mujer que mis padres y mi hermano criaron y la que la vida hizo la gacela regresa por un minuto a ser la jovencita que se casó con él. —Maldigo que la vida te haya alejado de mí, que la mafia nos pudriera y que los putos años mataran nuestras almas.

—Ya es tarde para nosotros— concuerda con los ojos llenos de dolor —Pero el corazón de este militar siempre te pertenecerá, incluso después de mi muerte.

—Bésame— pido y me da un último beso que corta el dolor de años.

—¿Qué está mal? — pregunta, pero niego con la cabeza.

——Júrame que vas a proteger a Raven y a Dorian con tu vida.

—Te lo juro.

Se reanudan las penetraciones cortándome la respiración, nos miramos fijamente perdidos en el placer y lo que siempre habrá entre nosotros.

—¡Por Dios! ¡Mis ojos! ¡Mis ojos! — el grito de Jack detiene las penetraciones de Ethan — ¡Voy a quedar traumatizado de por vida! — se cubre los ojos mientras Ethan saca su pene de mi interior y trata de subirse la bragueta.

— ¡Maldición! — Ethan me sube rápidamente los tirantes del camisón.

—¿Qué haces aquí Jack? — busco mi bata rápidamente.

—Oficialmente estoy traumatizado de por vida, vi a mis padres teniendo sexo— se agarra el abdomen y suelta varias arcadas—. Necesito vomitar. ¡Emma! ¡Emma! ¡Ven pronto!

Corro a su lado y le cubro la boca. —¿Qué estás haciendo? ¿Quieres despertar a todo el palacio?

—Estoy haciendo lo correcto. Estás casada con Erick, pero… ¡Te estás acostando con mi padre!

—¡Silencio!

—Esto fue un error, nosotros no lo pensamos— dice Ethan.

—¡Si y jamás volverá a pasar! — concuerdo.

—Jamás— Ethan se cruza de brazos.

—¿Jamás? — arqueo una ceja. —La que lo niega soy yo, tú deberías estar agradecido de que te voltee a ver.

—¿Quieres que Jack comience a hablar?

—No.

Nuestro hijo nos mira con los ojos muy abiertos. —¡Ya basta! Voy a pensar que fue un error, una noche de debilidad o algo, así que no diré nada y este secreto será algo que sólo los tres nos llevaremos a la tumba.

—De acuerdo— respondemos al unisono.

Me arreglo el cabello y Ethan se sube la bragueta. Me arden las mejillas, me siento como si fuéramos dos adolescentes pillados infraganti. Los tres salimos de la biblioteca con un silencio muy incómodo.

—Tenemos suerte de que haya sido Jack— le susurro a Ethan.

—¡Por Dios! ¿Ustedes dos en la biblioteca otra vez? — Emma está en la entrada de la biblioteca con un mandil sobre su vientre abultado donde crecen mis sobrinos y harina por toda la cara, tiene una cuchara en la mano y nos mira a los tres con horror.

—¡No es lo que parece! — respondemos los tres al mismo tiempo, pero Emma no deja de mirarnos con horror.

—¿Por qué todos están asustados? — llega Millie corriendo con una galleta en la mano. —¡El pastel del tío Alexander se cayó al suelo! ¡Abuelo!¡Ayúdame a recogerlo!

—Al parecer no tenemos tanta suerte— Ethan agacha la cabeza y se ríe siguiendo a nuestra nieta.

—¿El pastel de Alexander?

Emma carraspea todavía aturdida y asiente. —Tenemos menos de doce horas y ya vamos retrasados.

—¿Doce horas para sobrevivir?

—No Jack, doce horas para el cumpleaños de Alexander, la mafia lo celebrara y todos los Roe también, tendremos una cena familiar muy elegante para mi marido.

Mi mandíbula casi llega al suelo. ¿Desde cuando los cumpleaños se celebran? Ya quiero verla obligarme a asistir a ese evento medieval. —Suerte con eso, tengo planes que no incluyen celebraciones estu...

—Lo pondré de este modo tía Maya— me señala con su espátula interrumpiéndome y recuerdo que Emma embarazada se ha vuelto en una versión Roe bastante mandona—Mi silencio tiene un precio, todos ustedes estarán en la cena o soltaré la bomba sin que me importen las consecuencias.

Se va con mi nieta dejándonos fríos a los tres.

—No lo haría.

—Por supuesto que no— concuerda Jack.

—Se les olvida que a señora Roe embarazada tiene el carácter más fuerte que el mismo Logan, corrió a todas las mujeres de tu boda porque no quería ver a Paulina, obligó al lobo a tomar clases de parto con ella, así que prepárense para la cena de mañana.

〘 〙

Emma.

—Yo vigilo el pasillo, nuestra palabra secreta será “Bert” — Erick mira a todos lados susurrando.

—¿Bert?

—Sí, y si la digo significa que abortemos la misión y que nos larguemos por lugares distintos, es obvio que Alexander te atrapará a ti primero porque estás embarazada y no puedes correr tan rápido, así que de antemano me disculpo por abandonarte con las manos en el crimen.

—Eso es injusto.

—La vida es injusta Emma, repasemos el plan, si algo sale mal, decimos Bert y abortamos la misión, Bert, también puede servirnos de palabra clave por si estamos en peligro.

Jack y yo lo miramos como si le hubieran salido dos cabezas. —Ya saben, si están en peligro en lugar de auxilio sólo griten “Bert”

—¿Y yo por qué tengo que participar en esto? — Jack carga la tarta de frutas. —Me odia desde que mi hija y yo rayamos sus muebles caros.

—¿Te recuerdo por qué tienes que hacerlo? — lo señalo con mi dedo y niega rápidamente y le indico en qué entrada debe esconderse.

El plan es simple, dejaremos la tarta de cumpleaños en el escritorio de Alexander, pero primero quiero hacer algo simbólico.

Me meto a escondidas en la biblioteca del Palacio y con la llave que robé, abro el cajón debajo de las armas, hay un libro enorme de color café justo como me dijo Ethan. Lo tomo y me siento en la alfombre junto a Niles.

Desde que mi vientre ha comenzó a crecer, todos mis lobos me siguen a todos lados sin excepciones. Dejo mi propio el más pequeño de Londres y el que casi nunca me permito ver. — Vamos a ver al pequeño Alexander— acaricio su pelaje. —Estoy segura que papá tiene alguna foto de sus cumpleaños de niño— acaricio mi vientre donde crecen mis bebés.

Abro el álbum familiar más grande y más pesado que hay entre las pertenencias de los Roe. En las fotos hay muchas de edificios con fechas cercanas a la edad de Maya, incluso hay una de ella montando un caballo junto al castillo de Londres, debajo ponen castillo de Windsor 1990.

No es que no quiera ver fotos de los Roe, pero entre más paginas paso, no encuentro ni una sola foto de Alexander. La siguiente página está con cuatro fotografías de Bennett y están marcadas como día de cacería, en la foto aparecen, Bennett y Emilia con Jack sosteniendo a un animal salvaje disecado.

Estoy casi llegando al final del álbum y en ninguna aparece Alexander. Hay varias fotos de los Roe, incluida una de Logan joven muy similar a la de Maya en el caballo. Incluso noto que, en casi todas las fotos de Bennett, Emilia sale con él tomados de la mano desde que son niños hasta que son adolescentes.

—¿Qué haces aquí a mitad de la noche?

Me sobre salto mientras Alexander entra a la biblioteca con los pantalones de felpa sobre sus caderas. —No podía dormir, quise ver el álbum familiar.

—¿El qué?

—Fotografías familiares, traje las mías también— explico levantando las únicas cinco fotografías que tengo. —¿Quieres verlas?

—No— se resiste, pero lo jalo y termina sentado detrás de mí junto a Niles dormido.

—Sólo son cinco, en tres de ellas aparece mi madre— se las muestro, la primera es mía con Cora en el parque ocal de Trafford con suéteres de colores que nos regalaron los señores Gray por navidad.

—Te veías como un obstinada desde entonces— me repasa con la mirada —Tu amiga se ve insoportable.

—Ella era mi madre, Kate— le paso mi pertenencia más valiosa de la hermosa mujer de ojos castaños y una sonrisa como de ángel. La toma con cuidado sin soltar comentarios sarcásticos. —Era una mujer preciosa, olía como a rosas todo el tiempo.

—Tienes sus ojos.

Nota que se me ponen brillosos los ojos por las hormonas y suelta un comentario sarcástico para detener mi llanto. —Por supuesto que ella no era tan obstinada como tú.

Logra su objetivo, me río. — Quería poner mis fotos junto a las tuyas.

—No hay fotos mías ahí.

—¿Ni siquiera de tus cumpleaños? — niega —¿Por qué?

—Yo nunca tuve un cumpleaños— se encoje de hombros —No sabía cuál era mi fecha de nacimiento hasta los catorce años y pasaba más tiempo encerrado en las jaulas que en el mundo normal real.

—Hay fotografías de Bennett, Jack y Emilia de niños junto a Maya. ¿Dónde estabas tú?

—En Rusia, cargando armamento para el mercado negro, trabajando en la mina, o haciendo alguna otra cosa que me forjara carácter— frunce el ceño cerrando el álbum —. No me mires así Emma, la vida no era tan miserable para mí en ese país como piensas, a veces comíamos tres veces a la semana y si terminaba mi cargamento antes que los otros no me daban latigazos.

Lo dice con tanta naturalidad, pero a mí se me encoge el corazón, me imagino a un niño de ojos verdes con el rostro sucio, con hambre y herido. No puedo hablar sin ponerme a llorar, lo único que hago es subirme a su regazo y abrazarlo.

Ojala pudiera quitarle todas las cicatrices que le dejó la vida.

—¿Qué te pasa? Ya te dije que yo no lo val…

—Lo vales para mí— susurro en su cuello cortándolo. —Siempre lo valdrás para nosotros tres— pongo su mano sobre mi vientre. —Lo siento tanto.

Frunce el ceño otra vez. —No estoy herido Emma, mi pasado es jodido, pero si la recompensa de toda esa mierda siempre serás tú, entonces volvería a pasar por todo, una y otra vez.

—Te tengo buenas noticias, estás atrapado conmigo de por vida— le muestro mi argolla matrimonial.

Se ríe ronco en su garganta. —Ya estabas atada a mí mucho antes de hacerte mi esposa.

—¿Así? ¿Desde cuándo?

—Cuando firmaste tu contrato con Hilton & Roe, fue como firmar tu contrato de vida conmigo, sólo que tú no lo sabías en ese momento.

—Eres un engreído.

—Y lo peor de todo es que así me amas, aun así, soy tu marido nena— sonríe de lado con autosuficiencia. —Soy el hombre que te embarazó y el hombre al que le gimes todas las noches.

Lo beso despacio disfrutando del sabor a chocolate amargo en su boca, sé que cuando bebé whisky después come una barra de chocolate para no tentarme con el sabor a alcohol en su lengua.

La puerta se abre bruscamente y Erick trae un cartel rosado con las manos de Millie estampadas con pintura por todo el cartel. Se lee en letras grandes Tillykke med fødselsdagen Alexander Roe.

Feliz cumpleaños Alexander Roe.

La pequeña Roe entra dando saltos detrás de Erick. —¡Sorpresa tío Alexander!

Le hago señas para que lo esconda, pero Erick se asusta cuando ve al lobo. — ¡Hay Dios!¡Bert! ¡Bert! ¡Corre lejos de la bestia Millie! — grita Erick y Jack sale desde la otra entrada y corre con la tarta en sus manos.

—¿Eso es una tarta de cumpleaños? — Alexander se queda confundido mirando la tarta de Jack, también jala el cartel y su mirada se horroriza— ¿A quién de los tres se le ocurrió esta idea tan estúpida? — la mira bien y su mandíbula se aprieta, como puedo me levanto.

Salgo de la biblioteca con la cara llena de vergüenza siguiendo a Jack, pero Erick se nos adelanta llevando en brazos a Millie y corre escaleras abajo abandonándome. La pequeña me ondea la mano dejándome atrás. —Adiós tía Emma.

Su profecía se cumple y con dos bebes dentro de mi vientre no llego más lejos de la mitad de la escalera cuando Alexander ya me atrapó.

—¡Bert! — grito asustada, pero nadie sale a ayudarme, ni siquiera Niles o mis otros lobos — ¡Bert!

—¿Quién es Bert?

—Yo sólo quería hacerte una tarta de cumpleaños— mi labio tiembla — ¡Por qué dices que celebrar tu cumpleaños es una idea estúpida! ¡Nunca valoras mi labor de chef! — paso de la tristeza al enojo en un segundo. —¿Te gustó el cartel de Millie? — sonrío y Alexander se queda petrificado mirándome con la boca abierta.

Se pasa la mano por el cabello varias veces. —Más despacio Emma.

—¿No te gustó? — me tiembla el labio inferior otra vez y estoy al borde del llanto. —¿Por qué no te no te gustó nuestra sorpresa? — me cruzo de brazos.

Su mandíbula está por llegar al suelo, está lidiando con los cambios de humor de su esposa embarazada. La tensión se rompe cuando suelta una carcajada ronca echando la cabeza hacia atrás.

Sus mejillas se arrugan y el bulto de su garganta se mueve con la risa. Estoy entre preguntarle por qué se burla de mí y admirar las escasas risas naturales que poco se disfrutan del lobo.

—¿Qué te causa tanta risa?

Su espalda se sacude una última vez y me mira con los ojos brillosos. — De todas tus facetas, la Emma embarazada siempre va a ser mi favorita, pero deja de correr en las escaleras, estás muy embarazada para hacerlo.

—¿Qué?

Me besa dos veces, pero lo aparto indignada. — Si esto son los cumpleaños, estoy feliz de nunca haber pasado por algo tan horripilante.

—Nunca más voy a celebrar tu cumpleaños— le advierto.

—¡Qué alivio! — ahoga una risa y se va por el corredor muy relajado. —Ven a la cama o te llevo en brazos.

—Búrlate todo lo que quieras, hoy duermes en el sofá con Niles— susurro muy bajo y me siento en uno de los escalones desilusionada y me comienzo a comer la tarta que preparamos en la oscuridad.

Voy por la mitad de la tarta cuando escucho a alguien vomitar en uno de los baños del primer piso. No me acerco a ver porque la crema batida no me permite detenerme de mi postre. —¿Puedo acompanarte? — Alicia aparece en el pasillo con su pijama.

—Quisiera compartirte, pero es tarta nutricional.

—Sólo te haré compañía, no me siento muy bien.

—Te ves pálida.

—Es un malestar pasajero, debí comer algo en mal estado mientras estuve fuera de la ciudad.

Recuerdo que salió por más de cuatro semanas hace poco. —¿Dónde estuviste?

—Ya te lo dije, en Londres.

—No me gusta el olor que traes en tus abrigos, odio el olor a clavo y pino.

—Se impregno en mi ropa durante el viaje, pero ya desaparecerá con los días.

〘 〙

Dos años en el olvido.

Los Angeles California, tiempo actual.

Jack.

—Sonríe.

Las comisuras de mi boca se alzan para la foto, relajo la pose para no delatar mi incomodidad como cada vez que llego al trabajo. El flash me ciega momentáneamente, pero veo la satisfacción del fotógrafo.

—Perfecto como siempre, la revista las va a amar, voy a entregar esto al área de marketing, te veo el próximo lunes.

Lo veo desaparecer y de inmediato me ato los cordones de los zapatos y me arreglo la camisa mientras el sastre me coloca el traje otra vez, no tengo ni un segundo de descanso entre sesión y sesión. —¿Cuánto tardarás? Tengo otra reunión al otro lado de la ciudad.

—Si ganaras un poco de peso no tendríamos que modificar tu ropa tan seguido.

—¿No es el sueño de todo el mundo del modelaje ser esbeltos? Las revistas nos aman, las agencias nos eligen, me llegan campañas nuevas todos los días— mi asistente de maquillaje corre a retocar el iluminador en mis pómulos y los rizos en mi frente.

—Deja de regañarlo Will, tenemos menos de cinco minutos para hacerlo entrar en esa pasarela, Dolce & Gabbana es la campaña mejor pagada que ha tenido este año.

—No seas tan discreta linda, me suplicaron de rodillas que trabaje para ellos— me miro en el espejo, un hombre vacío y materialista, se notan los huesos en mi clavícula, en mi mentón, en mis brazos y ni se diga en mi abdomen.

El año pasado un programa amarillista puso mi nombre en la lista de celebridades con trastornos alimenticios. —Las mangas siguen flojas de los antebrazos, pero la arreglaremos en el siguiente descanso.

—Está bien, Jack— me mira con decepción.

—¿Qué te pasa? ¿Ya no quieres trabajar para mí?

—Este no es tu mundo.

—¿No soy el mejor modelo que hay en la temporada? Deja los sentimentalismos, Paulina me está esperando, debemos desfilar juntos, sabes lo importante que es esta campaña y los clientes me exigieron más que a nadie.

—Tú eres biólogo, dejaste tus laboratorios en abandono, entregaste tus patentes a la mafia, pero no necesitas el dinero que te pagan por humillarte y someterte a ellos, tú eres...

—Un modelo neoyorquino, el mejor de la temporada y en mi agencia me enseñaron a apagar mi cerebro cuando tengo que trabajar, si no quieres ser mi sastre puedes renunciar, te daré una buena liquidación por tus servicios.

Salgo detrás de escena y los reflectores apuntan directo a mí junto con la música, veo a Paulina en la entrada con un vestido azul turquesa a media rodilla con piedras preciosas por el hombro y la espalda. Le ofrezco el brazo para que caminemos entre los clientes.

—Te tardaste, los clientes no están contentos con los retrasos.

—Tuvieron que ajustar mi traje otra vez y tuve que soportar los regaños del sastre, no soporta ver un par de costillas.

—No debe entrometerse en tu carrera, pero sabes que estás muy por debajo del peso ideal del modelaje.

—No tengo cabeza para otro regaño más Paulina— sonreímos falsamente caminando con elegancia en la tarima, la tomo de la mano y gira mostrando la espalda descubierta, abro, el saco y muestro las costuras de alta gama de mi ropa, el diseñador se pone de pie junto y los clientes lo ovacionan.

Justo como le dije al sastre, apago mi cerebro, trabajo en el mundo más superficial que existe, un mundo que siempre aborrecí, pero sonrío con falsedad, uso mi rostro para conseguir nuevas campañas y mi cuerpo para que los clientes más potenciales se queden con mi agencia.

El banquete es simbólico ninguno de nosotros toca algún bocadillo. Como la revista people está aquí, me encargo de besar a Paulina una par de veces para las fotos.

La relación ha sido el gancho perfecto para la agencia, tenemos trabajo de sobra incluso para el siguiente año. —Los quiero más cerca que nunca, la gente no ha dejado de hablar de ustedes por las redes sociales durante toda la transmisión.

—Estoy muy cansada.

—Todavía tienes que pasar la noche en mi casa, ese estúpido paparazzi nos sigue a todos lados— la pongo una uva en la boca y la muerde dejándomela a la mitad.

—Odio esta temporada del año, me voy a cambiar para irnos a casa.

—Me voy contigo.

—¡Jack! ¡Todavía no puedes irte! — mi agente me alcanza cuando estoy por escabullirme por la puerta trasera —. Hay unos clientes de Dior que quiero que conozcas.

—Estaba por irme con mi novia y sabes que no me gusta dejarla.

—No importa cielo, se ve que es importante, pediré un taxi, te veo en casa— Paulina me besa la mejilla frente a nuestro jefe. —Te amo.

—Yo te amo más— hago lo propio y sigo a mi representante.

Una mujer rubia se me acerca sin esperar a que Paulina se vaya y me extiende la mano mientras pasea vulgarmente sus dedos por mi muñeca. —Soy la gerente de modelaje de Dior, Jack Roberts, no es un nombre familiar muy reconocido. ¿Es apellido de tu madre?

—De mi padre.

—Es un placer, finalmente te conozco, no eres un modelo joven, nos dijeron que tienes treinta y cinco años, pero hemos visto tu rostro en las mejores campañas de alta gama y estamos fascinados.

—Los clientes quieren hablarte del evento benéfico de cada año, para recaudación de fondos— mi jefe me trae una copa de champaña, es mejor firmar contratos si estoy ebrio.

—No me importa el trabajo mientras haya buena paga y no sea en Europa.

—Siento mucha curiosidad, desde que despegó tu carrera en el modelaje hace dos años, no se te ha visto en ninguna pasarela fuera de América.

—Son preferencias personales.

—Pero la semana de la moda en Londres amaría tener tu rostro.

—Londres, Dinamarca, e Irlanda, están especialmente vetados de mi lista laboral. Si no quiere trabajar con mi rostro lo entiendo.

—Espera— me toma del hombro coqueta —E>res el hombre que morimos por tener en Dior, ven mañana a la compañía y te leeremos el contrato que te ofrecemos, estamos dispuestos a negociar tus preferencias y el precio más alto— mueve sus dedos a mi hombro y después a mi pecho, mi agente no reacciona, este asqueroso comportamiento es normal en el mundo del modelaje.

Ofreces tu cuerpo a cambio de trabajo, incluso al cliente más repulsivo y es evidente que esta mujer no quiere trabajar conmigo sin meterme en su cama.

—¿Es un evento grande?

—Sí, tenemos que promocionarlo para abrir la recaudación, es la asociación de niños con cáncer, los modelos que participen en la pasarela tienen que hacer una sesión de fotos en las instalaciones médicas junto a los niños.

Me quedo inmóvil.

—Jack estará encantando de participar, vamos a…

—Cancela la reunión, no quiero firmar ningún contrato, no voy a participar— lo interrumpo y la mano de la mujer deja de apretar mi hombro.

—¿Por qué? Vamos a pagarte la cantidad que desees, es la asociación médica más grande del país. De verdad te queremos en el evento.

—Dije que no.

—No acepto esa respuesta vacía.

—Pues se tendrá conformar, no trabajo con niños.

—Es la asociación médica contra el cáncer.

—Pues me importa una mierda, mi respuesta sigue siendo no.

—¡Jack! ¡Espera! — mi jefe corre detrás de mí, pero no me detengo.

Ni siquiera regreso con el sastre para que me quite esta ropa, tomo las escaleras al estacionamiento privado y me subo en mi lujoso Tesla. Siento esa adrenalina cosquilleando en mi cuello y como me queman los ojos.

—Tengo que comprar comida, agendar una cita con el nuevo instructor de gimnasio, visitar a mi padre y llamar a la compañía de limpieza— enumero mis pendientes para distraer a mi cabeza —Necesito también una nueva aspiradora.

Papi.

—Mi asistente no me agendó el vuelo a Michigan, tengo que reservarlo esta noche.

Te amo papi.

—Debo recoger mis trajes de la tintorería y comprar pan vegano— mi voz se quiebra.

¿Siempre vamos a estar juntos papi?

—Paulina vendrá a cenar, tengo que… que comprar vino tinto y cocinar su pasta… y…

Princesa Millie.

Me salto la luz roja del semáforo tratando de huir de mi cabeza, aún conduciendo a toda velocidad logro sacar de la gaveta mi medicamento, me meto tres píldoras y las trago en seco. —Ingrese nombre de entrada— dice la voz robótica de mi lujosa casa.

—Jack Ro… Jack Roberts.

La puerta se abre, mi pecho está desbocado, me apoyo en el volante recobrando la respiración sin perder los estribos, han pasado dos años desde el ataque a Dinamarca, dos largos años que me han parecido una eternidad.

Todos mienten, te dicen que tiempo sana las heridas y alivia el dolor, pero a mi me sigue quemando el pecho como si hubiera sido ayer. Como si anoche hubiera sostenido a mi hija en mis brazos, como si mi madre me hubiera pedido llamar a Blake hace unas horas.

La última vez que estuve en Londres fue en la boda de Sarah, si necesitaba un último golpe que me sepultara, ese fue. Ni siquiera fui capaz de reunirme con la mafia para entregarle mis patentes, envíe a un empleado a hacerlo.

Y desde entonces, desde hace poco más dos años, el biólogo se murió y ahora soy un hombre vacío como cualquier otro. Jack Roe se quedo enterrado en la misma cabaña que mi hija, mi apellido murió la misma noche que mi madre.

El medicamento finalmente hace efecto y me regula la respiración. —¿Señor? — el vigilante me toca la ventanilla. —¿Se siente bien?

Asiento y me bajo con el maletín, el auto de Paulina ya está en el estacionamiento y en cuanto entro la veo cocinando pasta en nuestra cocina. —Tenías razón, ese paparazzi me siguió hasta aquí, las denuncias nunca funcionan.

—Lo único que argumentan es que es su maldito trabajo— abro el vino y nos sirvo una copa.

Parece un mundo pequeño y confuso, cualquiera de mi pasado se preguntaría como terminé con Paulina, pero la respuesta es corta, ella estaba en el lugar indicado en el momento indicado, lo demás es historia.

Y si dejar tu vida entera enterrada es difícil, al menos tengo una cara familiar que ver todos los malditos días que me quedan a de vida. Me siento con ella en la mesa y la veo cocinar, está es nuestra rutina diaria después de trabajo.

No es que hayamos vivido en castidad estos dos años, pero tampoco que soy el novio perfecto de una mujer enamorada, ella no me ama, aún piensa en mi primo, pero si yo fuera mujer tampoco no me acostaría conmigo mismo, mis expresiones no se mueven de esta mueca seria que veo en el espejo todos los días.

Cenamos en silencio, tenemos un poco de intimidad a media tarde y cuando dejo la cama limpio la vajilla y aseo mi ropa de deporte mientras ella lee en silencio en la sala con el rostro satisfecho.

Esa es una de las razones por las que me quedé con ella, Paulina sabe respetar y vivir en mi silencio.

Mi jefe espera que nos comprometamos antes del verano, pero nuestra relación es tan falsa como mi sonrisa en cada fotografía, aun así, sé que eventualmente vamos a terminar casándonos.

—Ya me voy, volveré a la misma hora de siempre— tomo mi mochila vieja y asiente sin despegar los ojos del libro.

Este evento diario es el único que hace que mi vida no sea tan miserable, camino a pie hasta la playa de Santa Mónica con la mochila vieja, hay una ladera donde casi no hay turistas y es ahí donde día con día me siento a ver la apuesta del sol.

Me siento en la arena en silencio y espero paciente a que el sol se meta. Tarda varios minutos en hacerlo, pero el mar me llena de serenidad la cabeza. Cuando el cielo comienza a oscurecerse finalmente abro la mochila vieja y saco algo más viejo.

Un pequeño peluche de unicornio rosa. —Buenas noches, princesa— digo mirando el cielo.

Desde hace dos años vengo a la playa, es el único lugar en los Angeles en el que se puede ver el cielo por completo y cada noche me despido de la estrella más grande que ilumina, alguna veces está nublado, pero sé que hay algo más allá.

Me arde el pecho como cada noche, pero antes que me ataque la agonía saco el medicamento y vuelvo a someterme a que calme mi ansiedad.

Este hombre que soy ahora depende de estás pastillas para vivir.

Guardo el peluche de nuevo en la mochila vieja y vuelvo a ser Jack Roberts cuando me levanto de la arena.

Me subo la capucha de la sudadera para que no me reconozcan en la calle y camino de vuelta a mi casa, compro una bolsa de pan vegano para Paulina y también una rosas porque sé que ese estúpido paparazzi me sigue a donde vaya.

Han pasado dos años, pero puede pasar una vida entera y yo siempre seré un hombre roto.

—Me llevaré las flores rojas, son para mi novia— me paro en una tienda grande.

—Le va a encantar, les pondré un moño.

—Yo me llevaré las blancas— dice una voz femenina a mi espalda con un acento diferente.

—Enseguida jovencita. Eres turista ¿verdad? — le pregunta la vendedora. —Lo digo porque tú y tu acompañen ante se ven extranjeros, además de tu acento.

—Lo siento, hace poco regresé de Rusia, aún no estoy acostumbrada.

—Deja las compras, te dije que Mark nos vería en el restaurante Providence a las nueve, vino desde Las Vegas solo por nosotros, pero si nos retrasamos se va a ir y tú y yo estaremos en problemas con la señora — dice un hombre que viene con ella mientras pago mis rosas.

—Sólo quiero un ramo de flores, huelen delicioso.

—Dile a ese novio tuyo que te compre más, es millonario, nada le va a costar complacerte.

—Él siempre me llena de regalos.

—Ser pareja de hombres mayores es lo tuyo, hasta tiene un hijo.

—¿Y? Es un niño muy educado y adorable y creo que me quiere.

—No estoy para romanticismos, te espero en el auto.

Ruedo los ojos con ese idiota, pero su mala actitud no la desanima de comprarse lo que quiere y eso me alegra. —Tu amigo es un idiota.

—No es mi amigo, es mi hermano, pero tengo que trabajar con él, aunque no quiera.

—Se ve que no le gusta tu novio.

—Celos de hermano, es algo sobreprotector — de reojo la veo aspirar los arreglos que hay en la vitrina.

—Las rojas son las del perfume, las blancas no sirven de mucho— le doy el consejo por cortesía y cuando me giro la veo.

—Gracias, señor—me sonríe la mujer pelirroja de al menos veintiún años, sin verme al rostro porque está distraída pagando sus rosas.

Sonríe otra vez con sus rosas y las huele con las mejillas sonrosadas. La veo irse con una sonrisa de lado a lado y subirse a un auto negro, veo la insignia conforma de lobo que tienen en el auto y siento un escalofrío recorrerme.

Me quedo inmóvil.

Es Dina Makova.

¡Hola sexys!

Este fue un capítulo lleno de emociones y sobre todo lleno de spoilers...

¡Oficialmente ingresamos a la segunda recta de Pecado!

Recuerden que pueden ver las ilustraciones +18 de Alexander y Emma en mi Twitter.

¡Los amo tres millones!

-Karla.

520ac596d78265014a4bce54b74a82ad.jpg