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CAPÍTULO 22

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CAPÍTULO 22

Dos años y medio en la fortaleza .

Londres.

Erick.

—Busco a dos hombres rubios con pinta de extranjeros.

—Lo siento, esta sala está reservada por un político importante, no puede pasar, sólo con invitación— me detiene el guardia de la entrada.

—No planeo quedarme en la fiesta, mi hijo me espera en el auto, nosotros estábamos cenando en el restaurante del hotel, pero esos dos rubios trataron de…

—Señor, ya le dije que sólo se entra con invitación, es una fiesta privada del ministro Dimitry Aslan.

Me intriga saber por qué no dejan pasar a nadie y porque una fiesta en un hotel tan lujoso como el Luxus tiene tanta seguridad en la puerta. Tengo que saber que hay detrás de la puerta, saco un fajo de libras de mi chaqueta y se las pongo al simio de la entrada.

Me da acceso de inmediato. ¡Cómo amo ser millonario!

Esta parte del hotel está casi a oscuras, hay muchas personas dentro, pero en su mayoría son hombres, hay mujeres bailando en el escenario con nada más que pendientes sobre su cuerpo.

—¿Qué carajo? — me cubro los ojos.

Puede que mi vida amorosa se haya terminado cuando murió Maya y sí, en dos años y medio no he salido con ninguna mujer y tampoco he tenido sexo casual ni siquiera por una noche, no es abstinencia.

Simplemente no quiero placer barato como antes, quiero placer que conecte con mis emociones otra vez.

—Una noche más, la diversión de este lugar es patrocinada por el honorable ministro Aslan para quien pido una fuerte ovación.

Los aplausos llenan el lugar y el político turco se levanta de su asiento en la primera fila, agradeciendo con un gesto de mano y una corta inclinación.

Toma su asiento junto a un hombre maduro de ojos azules que parece estar en sus cincuenta años. Viste un traje verde y tiene un arma en la mesa donde beben.

El diablo está aquí, mejor me largo a buscar a los rubios que me jodieron la cena.

—¡Es casi media noche en Londres! — grita el hombre en el micrófono y las luces disparan directo a los telares rojos que cuelgan del techo —. ¡Y ya es hora de que salga de las jaulas la mujer que llena este lugar cada primer día del mes!

La audiencia masculina se enciende en gritos, silbidos y halagos animando a la bailarina nocturna a salir. —¡Caballeros!¡Honorable ministro Aslan! ¡Políticos y empresarios reconocidos de Londres! ¡Quiero sus gritos para la diosa griega Artemisa!

La mujer rubia con antifaz dorado sale caminando descalza y de puntas con una elegancia digna de la realeza, sus caderas se mecen al ritmo de la música sensual que suena en los altavoces.

Semidesnuda hace que todas las miradas queden fijas en ella mientras las luces se tornan rojas casi al color de los telares.

Sus muslos definidos y piel suave hacen que la mirada de cualquier hombre se gire a ella, corre los pocos pasos que le faltan y salta sobre el primer telar enredando su brazo en él mientras los arneses suben y despegan sus pies del suelo.

Poco a poco enreda cada una de sus piernas en los telares, su vientre es la única parte que queda descubierta cuando el arnés la sube casi hasta el techo. Extiende las manos de un extremo a otro y sin el más mínimo cuidado se deja caer sobre las telas haciendo un espectáculo que corta la respiración.

Antes que su cabeza toque el suelo sus muslos se aferran a la tela y el arnés la sube dando giros por todo el escenario.

El grupo de mujeres bailarinas que continúan el show salen con bastones adornados, salgo de la sala perversa sin querer quedarme al espectáculo u orgía que se organiza ahí, estas fiestas son igual de perversas que las que organizaba Katherine.

Por suerte veo a los rubios cuando salgo de esa sala y los sigo hasta el estacionamiento, los malditos se pierden entre los autos, pero corro rápido a mi Jeep y los sigo carretera abajo.

—¿Quiénes son exactamente? — pregunta Bennett en el teléfono mientras conduzco.

—Si lo supiera no te haría llamado, pero llevan una camioneta blanca y algo vieja, con los vidrios sucios, es sólo una fachada porque las armas que traen son de buena calidad.

—Déjame revisar las cámaras y si noto que…

—¡Papi, la cena está lista! — la voz de Aaron nos interrumpe —. ¡Mami hizo rollos de canela como postre!

—Enseguida voy cupcake, tengo al tío Erick al teléfono.

—¿Él y mi primo van venir a cenar con nosotros?

—Otro día, mañana viajan a Rusia y no pueden desvelarse.

—Pero Volkan y yo íbamos a cocinar palomitas en la sala de juegos con Kieran.

—Te prometo que cuando regresemos de Rusia lo primero que haré es llevarlo contigo— interrumpo a padre e hijo.

—Gracias tío.

—Deséale al tío Erick y a tu primo un buen viaje y después ve con mamá, pon los platos en la mesa y dile que iré enseguida.

—Buen viaje tío Erick, voy a echarte de menos.

—Te compraré un juguete caro en el viaje— le prometo.

Se ríe emocionado. Amo a mi sobrino, después de todo es un niño rubio muy adorable que le gusta hacer pinturas como su madre y jugar con animales todo el tiempo, él y Volkan son algo así como mejores amigos, casi hermanos.

—Ahora sí idiota, ponte a trabajar— digo en cuanto ya no escucho al niño.

—No me grites, mi mujer cocino mi platillo favorito y yo tengo que estar aquí y rastrear a dos tipos que quisieron matarte.

—Cora va a entender que esto es de vida o muerte, trataron de dispararle a Volkan.

La familia de Bennett es lo que mi amigo siempre quiso, tienen un Golden retriever muy similar a Kieran, incluso le pusieron ese nombre al perro.

Cora es increíble, la mejor de todas, sigue trabajando a larga distancia en la galería de Irlanda y Bennett trabaja en sus propios asuntos confidenciales, a veces me siento celoso de ellos.

Amo a la familia Roe Gray, pero la persecución en autos no es algo que acostumbro a hacer, en mis noches libres. —Por cierto, en el lugar en el que estábamos estaba también la escoría turca— trato de no dar nombres porque el niño va despierto en el asiento trasero.

—¿Los vio? ¿Vio a su hijo?

—No, lo saqué tan rápido como pude y él estaba muy ocupado en una or… en una… en una fiesta con amiguitas— cuido mis palabras.

—Que no te sorprenda.

—Ya nada me sorprende en la mafia. ¡Apúrate!

—Dije que no me grites.

Como cada jueves hoy tocaba salir a cenar con mi hijastro a su restaurante favorito en el hotel Luxus y pasar por los videojuegos del centro comercial, todo iba bien hasta que estos dos idiotas arremetieron en el restaurante y trataron de dispararnos.

Veo a Volkan en el asiento trasero con el cinturón de seguridad bien puesto, me aseguro de que no se asuste mientras giro el volante a la izquierda derrapándome por el pavimento para cortarle el paso a la camioneta que persigo, las llantas chirrían y mi cuerpo se golpea en el asiento, el otro hombre trata de frenar para no chocar conmigo y se estrella contra un árbol a mitad de la carretera.

Freno también y lo veo salir corriendo a él y a su amigo por la autopista.

Yo no estoy tan preocupado como ellos, voy más en calma ahora que decidieron que la persecución sea a pie. —Volveré en seguida hijo, no salgas del auto— le recuerdo al niño de seis años que ha estado bajo mi cuidado los últimos dos años y pongo los seguros de protección porque sé que no siempre me obedece.

—¿Vas a perseguirlos y asesinarlos?

—Sólo charlaré con ellos y les diré que los jueves son nuestro día libre y que no deben asustarte como lo hicieron.

—Ten cuidado.

Le giño un ojo y silbo una canción rap mientras abro la cajuela de mi Jeep blanco, saco tres cosas; Un hacha, una bolsa y unos guantes.

Comienzo a perseguir a esos idiotas.

Para ser hombres de armas no corren tan rápido, apenas llevamos un kilometro y los alcanzo cuando quiere desviarse a una de las calles más cercanas. Son dos rubios con cara de idiotas.

Cuando se ven atrapados entre la calle y yo se detienen. —Pensé que era alguien de la mafia cuando vi la insignia del lobo en su camioneta, pero sólo es este abogado de Hilton & Roe— respira con alivio el más alto.

Ignoro el comentario y noto que me conocen bien. —¿Cuál es el maldito problema de la gente con que salga a gastar mi maldito dinero con mi hijastro? — tiro las cosas que traigo y pongo mis manos en mi cintura.

—Vimos la insignia de tu camioneta, buscamos encontrarnos con Alexander Roe.

Los ignoro de nuevo. — Mi hijastro estaba comiendo una hamburguesa de queso con papas fritas y ustedes aparecen en el maldito restaurante, disparan al camarero del hotel y luego le apuntan a él.

—¿Qué?

—Asustaron a mi hijo par de imbéciles.

—¿No escuchaste lo que dijimos? Estamos buscando a Alexander Roe, somos los…

—No me importa si son los hijos de la reina, los hermanos perdidos del ministro de Londres o la pareja sentimental de Beyoncé, lo único que me importa es que asustaron a mi hijo.

—Escúchame cabrón— el más alto saca su arma y me apunta —Somos una pandilla reconocida en el barrio, te conocemos desde hace años, eres el abogado que sólida tener Hilton & Roe, no nos hagas perder nuestro maldito tiempo y comunícanos con el lobo, se nos está agotando la paciencia.

Miro su arma con una ceja arqueada, si quiere presumir armas los dos podemos hacerlo. Saco mi arma de la cinturilla de mi pantalón. —Yo también tengo una y mejor que la tuya, soy viudo y rico, puedo comprar las armas que se me antojen.

Se miran entre los dos y se ríen. —Guarda tu arma de juguete y no nos agotes la paciencia.

—Ten cuidado o te vas a disparar tú mismo— dice el otro.

—¿Creen que es de juguete? — la muevo a mi costado y disparo en el suelo dos veces, como son una simple pandilla de niñatos se sobresaltan. —Voy a decir esto un última vez— me acerco a ellos.

—No te acerques o te mueres.

—Ustedes me ven muy normal, pero en realidad estoy muy loco— alzo las manos sobre mi cabeza.

—Dispárale en el abdomen o directo a la cabeza. ¡Ya!

—Nadie, asusta a mi maldito hijo.

Dejo que la noche cubra lo que sucede en esa calle solitaria a la que pocos se atreven a pasar, admito que con los años comienzo a entender el gusto de Alexander en ciertas cosas, aunque de vez en cuando todavía vomito por el olor nauseabundo de ciertos fluidos rojos.

Regreso a la camioneta con la bolsa llena, subo el bulto a la cajuela y regreso con Volkan. —Te tardaste.

—Los hombres querían hablar y me dijeron que los disculparas por asustarte en el restaurante.

Enciendo mi camioneta y veo la mancha de sangre en mis nudillos, me la limpio con un pañuelo de seda y nos conduzco de regreso al Score. —¿Se fueron sin causar problemas?

—Sí, les dije que la próxima vez estarían en problemas y se arrepintieron. ¿Estás emocionado por nuestro viaje?

—El lobo me asusta.

—Pero veremos a Emma también, y ella te agrada mucho.

—La quiero porque es buena conmigo como Cora y se parece a mi mamá— mira triste por la ventana.

Ya no es un niño al que fácilmente se le pueda engañar, con casi siete años ya sabe mucho, sabe que no es mi hijo y sabe que lo tenemos lejos del Borah. Quisiera decir que he seguido las instrucciones del lobo al pie de la letra los últimos dos años, pero no.

De vez en cuando el niño está triste y ni mis millones y los juguetes que puedo comprarle pueden alegrarlo, hago que hable con su padre, si alguien se entera me mataría, pero el niño lo extraña y Bennett me ayuda a que nadie pueda rastrear las llamadas para encontrarlo.

Después de todo sigo teniendo corazón. —También vas a conocer a Raven y a Kiara, son casi de la edad de Aaron.

—Sólo los vi cuando eran bebés, no sé cómo son ahora— los silencios cada vez son más recurrentes, desde que comenzó a tener pesadillas hace un mes, nunca me dicen de que son.

Estos dos años muchas cosas han cambiado, conozco a Raven y a Kiara por video llamadas y fotos, pero jamás me habían permitido viajar a Rusia hasta ahora.

—Erick— susurra Volkan.

—¿Sí?

—¿Era mi padre el que estaba en el hotel? Oí que se lo dijiste a Bennett.

—No debes escuchar conversaciones ajenas amiguito.

—Era él ¿verdad? — asiento — ¿Algún día podré volver con papá?

Trago grueso. —No lo sé.

—No eres una mala persona, juegas conmigo, salimos a comer hamburguesas y me llevas con Aaron cuando me siento triste, pero quiero ir con papá, lo hecho mucho de menos, cuando hablamos sé que papá llora, lo escucho, dice que mueve cielo y tierra por encontrarme, pero nunca lo logra, quiero verlo Erick, por favor.

Desde hace dos años siempre me pide lo mismo.

—Yo no puedo decidir eso Volkan.

—¿Soy una mala persona?

—No digas eso.

—Coraline dice que las malas personas sufren, entonces yo debo ser una mala persona.

—Lo que sucede es cosa de adultos, no tiene que ver nada contigo.

Asiente, aunque dudo que lo entienda. — ¿De qué son tus pesadillas? Sé que las tienes porque cuando despierto tú tienes los ojos abiertos y miras al techo— no respondo, no sabía que él notaría mi comportamiento —. Las mías son sobre papá, sueño que estoy con él, que lo abrazo y volvemos a Turquía con mis nonas, sueño que soy feliz de nuevo.

Se me encoje el pecho. —Mis pesadillas no son diferentes a las tuyas, amiguito— digo acelerando la camioneta.

. . .

—¿Qué me ves? — pregunta Alesha mientras le acerco su plato de comida.

Una de las cosas que mejora mi animo después de la noche horrible que tuve es que no tendré que venir a alimentarla todos los días, cada día encuentra un nuevo insulto para mí y trata de escupirme.

La fea cicatriz de su mejilla es una marca permanente de traición en la mafia. No sé cómo consigue cortarse el cabello hasta los hombros cada mes, no pierde ese corte con toque masculino que adquirió en Nueva York, pero nada es para siempre.

Puede cortar su cabello con algún trozo de navaja, pero su color natural de cabello volvió a salir con el tiempo.

—Deja de ver mi cabello, en cuanto salga de este calabozo lo primero que haré es volver a teñírmelo de negro.

—¿Qué tanto conociste Nueva York?

—Que te importa.

—Si fueras más educada te habría dejado salir a tomar aire un día a la semana, llevo dos años a cargo de lo que sucede en el Score.

—Pregúntame si me importa— me da la espalda y sigue comiendo.

—Nunca te he preguntado que te pasó en el cuello, te hiciste esos tatuajes encima para cubrir cicatrices de estrangulamiento. ¿Quién te las hizo?

—Un hijo de puta al que le haré pagar muy caro en cuanto salga de aquí.

—Sigues diciendo eso, pero la única vez que trataste de escapar terminaste con la marca de los traidores y con disparo en el abdomen.

—¿No tienes a alguien más que molestar? — sigue sin darme la cara.

Suspiro y me siento en el suelo sucio del sótano del Score. —Sí, pero tuve una noche muy estresante, políticos en orgías, unos pandilleros tratando de dispararme y pesadillas— cierro lo ojos —Y para terminar estoy aquí hablando con una prisionera vulgar como cada noche.

Lo admito, siempre que le traigo la cena me quedo a conversar escuchando sus reclamos, por alguna razón se volvió un habito en mí estos dos años.

—¿De qué te serviría saber lo que vi en Nueva York cuando me escapé de la organización de los treinta y siete? — se mete un trozo de carne a la boca sin modales.

—Nada, pero soy comunicativo por naturaleza, no puedo creer que en todos los años que llevas encerrada no sientas la necesidad de hablar con alguien.

Deja de masticar y me mira por primera vez. —A veces— admite en voz baja.

—Jack se fue, Maya se fue, Alexander y Emma se fueron, siento que todo cambió de un día a otro.

—Jack no se fue, reside en Los Ángeles con un grupo de… ¿Modelaje? ¿Publicidad? No lo recuerdo— muerde su carne embarrando sus mejillas de salsa inglesa.

—¿Qué dijiste? — me levanto del suelo mirándola.

—Lo que oíste, el plan de Jack para perder a la mafia fue convertirse en todo lo que siempre odio, nadie lo va a buscar en ese mundo— sonríe de lado.

—¿Cómo diablos sabes eso?

—Cuando me escapé a Nueva York busqué sus laboratorios por ayuda, el fue el único Roe que nunca siguió las reglas de la mafia y el único que en realidad nunca quiso pertenecer aquí.

—¿Hablaste con él?

—Un par de veces, pero estaba fuera de sí por la muerte de su hija, me hice amiga de uno de sus empleados y en una noche de copas me contó lo que Jack planeaba hacer con los laboratorios y con las patentes de sus medicamentos.

¿Los laboratorios que clausuró y las patentes que le vendió al lobo? — ¿Y cuál era el plan?

—No voy a decírtelo, piensas que soy estúpida Erick, pero te equivocas, sólo he estado esperando el momento oportuno para trabajar— se limpia las mejillas.

—No tienes información real.

Se ríe de nuevo. —Llevo encerrada aquí dos años, pero sé que Jack “les vendió” las patentes de sus medicamentos y que aparentemente “clausuró” sus laboratorios.

—¿Qué quieres decir con aparentemente?

—Que tal vez, todos ustedes han sido los títeres del mejor biólogo de la mafia sin saberlo— se agarra a sus barrotes —Pero si quieres conocer el resto de la historia, vas a tener que sacarme de este infierno primero.

—Estás loca Alesha.

—¿Tan loca como para decir que la madre de Alexander visitó a Jack antes que el “clausurara” sus laboratorios? ¿O tan loca para recordar al hombre al que Ethan y yo liberamos de la cárcel en Manhattan?

—No sé de qué hombre hablas.

—He pensado mucho en ese hombre rubio, no lo reconocí el primer día, pero después recordé su rostro, su voz y a su familia, y sé que el lobo no querrá que nadie sepa que ese hombre que alguna vez perteneció al MI6 aún vive.

Los gritos de Volkan en el piso de arriba nos interrumpen, dejo a Alesha en su celda y corro a la habitación de mi hijastro, esta en un rincón de su habitación meciéndose apretando el dinosaurio de peluche con el que todavía duerme.

Me acerco con cautela a levantarlo. —Tranquilo, sólo fue una pesadilla.

—No fue una pesadilla de mi padre— señala la ventana del Score.

—Había un hombre aquí, tenía barba, ropa verde y ojos azules, olía como a madera y pino, estaba buscando algo en el armario, salió corriendo en cuanto grité.

Corro al ventanal sellado y como siempre compruebo que nadie puede trepar al último piso del Score. El niño está paranoico por nuestro viaje a Rusia, tengo que tranquilizarlo. —No hay ningún hombre, todo en orden.

—¿Lo juras?

—Lo juro, vamos, te leeré un cuento.

〘 〙

Moscú Rusia.

Emma.

El lugar esta repleto de un olor repulsivo a alcohol barato y humo de cigarro, no es el mejor bar para reunirse con un nuevo cliente, pero el líder del mercado filipino accedió a venir a Rusia para concretar la compra.

—El hombre dijo que estaría aquí a tiempo— dice Dina a mi espalda.

—Vigila mi auto, yo me reuniré con él.

—Como desee señora Roe.

Su actitud cambió radicalmente hace tiempo, no es para menos, estuvo en coma durante casi ocho meses por un pequeño accidente en el Score y como soy una buena persona, decidí que trabaje exclusivamente para mí.

Dina se ha convertido en mi asistente personal y hasta ahora hace bien su trabajo, creo que nuestro pequeño incidente en Londres le provocó un miedo perpetuo hacia mí que en secreto disfruto.

—Emma Roe— dice el filipino dejando de lado su cigarrillo y señalando la silla delante de su mesa. —Pensé que nunca llegarías.

—No suelo dejar a los clientes esperando mucho, me dijeron que quieres comprarnos armamento y debes llamarme señora Roe cada vez que te dirijas a mí.

—Entiendo señora Roe y para ser sincero el mercado negro no me ofrece nada de lo que quiero y si tengo a una mafia fuerte surtiendo mis bodegas una vez al año la voy a tomar, las ventas han estado bajas, pero espero que con su contribución podamos llegar a un buen arreglo.

—¿Cómo quieres que te llame?

—Ed.

—Escucha Ed, no suelo reunirme con clientes de tu clase, pero la oferta que ofreces es demasiado generosa para venir del dueño del mercado negro filipino, no dudo que tengas otras intenciones con la mafia.

—Soy un hombre al que le gusta el dinero fácil, no es la primera vez que busco a mafiosos para alianzas.

—¿Cómo supiste de nosotros?

—Son los criminales más buscados de Europa y hace unos años un ex amigo me habló de ustedes.

—¿Quién?

—Dimitry Aslan, el ministro de Londres, sé que ha tratado de capturar a tu marido por más de dos años.

—¿Cómo demonios lo conociste?

—Conozco a la mafia turca, ellos y los filipinos han tenido alianzas desde siempre, incluso fui a la fiesta del Topkapi en Turquía cuando se quemó, pero hace un año él y el estúpido MI6 estuvieron detrás de nosotros, quemaron mis bodegas, decomisaron mis productos, me dejaron en la ruina y si fuera poco casi encerraron a todos mis discípulos en la cárcel, hace tres meses los enjuiciaron por contrabando.

Un joven con rasgos occidentales de no más de veinte años se acerca a nosotros con un par de copas. Trae un turbante en la cabeza y un uniforme de servicio, pero juraría que lo he visto antes. —¿Les ofrezco una bebida?

—Ahora no James.

¿James?

—¿Te conozco? — le pregunto directamente.

—No creo que usted acostumbre a visitar estos lugares madame— me da la espalda de inmediato.

Su reacción me confirma que sí lo conozco, incluso su voz hace eco en el fondo de mi cabeza, el chico sirve en otras mesas, pero de vez en cuando se gira a verme, regreso mi atención al filipino.

—¿Quieres el armamento para vengarte del ministro?

—Quiero recuperar economía primero, todo el capital que me queda lo usaré para hacer negocios con ustedes, después ya me encargaré del MI6, en específico de Dylan Gray y de su esposa.

—¿Sarah?

—No, Rebecca Hilton, la mujer de cabello castaño que sale con él en las entrevistas.

—Rebecca no es su esposa, la teniente rubia lo es.

Se ríe en voz baja. — Entonces el general tiene una amante frente a las narices de todo el mundo y no es muy cuidadoso, la última vez que lo encontramos estaba en una situación demasiado comprometedora con la General Hilton.

Me asqueo con sólo pensarlo.

—Ya te expliqué mis razones, hace poco viste el dinero y las bodegas en fotos ¿tenemos un trato señora Roe?

La oferta es tentadora, pero hay algo en el filipino que me causa desconfianza, de todos los clientes que he visitados en los últimos dos años, él es el único que parece de fácil acceso, incluso las investigaciones que hemos hecho de él arrojan que no es más que un patético dueño del mercado negro filipino.

—Lo tenemos— estrecho su mano, sellando el trato. —El pago es por adelantado y después ya decidiremos dónde serán las entregas, tendremos cuatro reuniones donde te llevaremos personalmente el armamento en cada una.

—Eso exactamente lo que quiero señora Roe— dice en voz baja y sonríe de lado.

—Tengo que irme, nos veremos pronto.

Mis guardaespaldas abren las puertas del estacionamiento, subo a mi Bugatti y dejo que Dina se vaya como bulto de carga con los demás. Manejo por la ciudad hasta la reserva natural donde suelo cazar, el tiempo se me está agotando entre reuniones y cacería, el avión de Erick llega esta misma tarde.

Es la primera vez que tenemos visitas desde Londres en dos años. Mi celular vibra en mi bolso, con una mano lo saco sin dejar de manejar. «Ya despertaron de su siesta» Leo el mensaje de Ethan y me apresuro.

«Estaré ahí en media hora y nada de galletas antes de la cena» Tecleo rápido y entro con nerviosismo en la calle más transitada de Moscú.

Me detengo mirando a ambos lados de la carretera, cruzar en mi auto deportivo es casi imposible, pero no tengo que preocuparme porque delante de mí Bugatti blanco pasan dos enormes camionetas negras y le cortan el paso a todo el tráfico bruscamente.

Paso delante de las camionetas de la mafia y le ondeo una mano en forma de despedía a los autos que silban enojados.

Paso mi tarjeta de miembro en el láser cuando llego a la reserva y me dejan entrar de inmediato, no pierdo el tiempo con formalismos, voy directo al área restringida. —Vamos apresurarnos— digo al asiento trasero abriendo las puertas para que bajen.

—Вы заблудились, мадам? — pregunta un hombre mayor cargando su camioneta, pero lo ignoro siguiendo mi camino.

¿Se encuentra pérdida señora?

Estoy muy lejos del área de caza autorizada en Moscú, mis pertenencias se quedaron en mi auto lo único que llevo es mi traje verde y una metralleta cargada en mis brazos, nadie me sigue, no tengo un guía ni un vigilante conmigo.

—¿Puedo ayudarla? — ofrece de nuevo, pero al momento que nota lo que viene detrás de mí retrocede y se encierra en su camioneta subiendo las ventanillas con miedo.

Mis pasos se entierran en la nieve y si comienza una tormenta podría morir congelada sin que encontrarán mi cuerpo.

Detrás de mis pasos se entierran cuatro pares de patas de bestias que jalo con mis cadenas, paso lejos del último letrero de advertencia del bosque y sigo mi camino con la mirada perdida.

Dos años en Rusia le cambian la vida a cualquiera.

Para bien o para desgracia.

Mi celular vibra otra vez. «Su padre está trabajando en los laboratorios y si no les ofrezco una galleta irán corriendo con él».

«Nada de galletas» no cedo, aunque sé que esos ojos verdes son su debilidad y cuando regrese seguramente se habrán terminado la caja entera.

—Pronto les daré comida— suelto las cadenas de mis cuatro lobos y los dejo sentados a unos metros del pino más cercano mientras de lejos veo de lejos a un ciervo siberiano caminando entre el bosque buscando algo de comida.

Se oyen risas masculinas no muy lejos y música en alguna camioneta. Ellos están cerca. Sigo al animal con la mirada muy atenta a sus movimientos. Me preparo para disparar, pero un hombre me toma del brazo sobresaltándome. Es un hombre alrededor de los cuarenta años y calvo, con uniforme del guardabosque.

— Disculpe madame, está muy lejos del área de cacería, esta zona es muy peligrosa, me temo que se perdió. ¿Puedo ayudarla a regresar?

Miro su mano en mi brazo. —Estoy justo donde quiero estar— trato de soltarme, pero me agarra fuerte.

—Es muy peligroso estar solo en una zona grande como esta, la regresaré con el grupo— me mira de arriba abajo deteniéndose por más tiempo en mi pecho. —En esta zona no se oyen los gritos de ayuda, créame, nunca deben alejarse del lugar seguro— su voz se vuelve ronca.

—Отпусти— le advierto.

Suéltame.

—Ya veo que no quieres irte…

—Dije que me sueltes.

—Mi cabaña está muy cerca de aquí, te pondré algo caliente en la boca para que entres en calor, camina de buena gana, no me gustaría obligarte como a las demás— su mano pasa de mi brazo a mis glúteos.

De inmediato empujo mi codo contra su mandíbula y mis puños en sus corneas, me lo quito de encima con facilidad azotando su obeso cuerpo en la nieve. Pateo su abdomen con mis botas dos veces para quitarle el aire y después bajo el golpe a su miembro para que se doble de dolor.

Tose tratando de levantarse, pero me río en voz baja ladeando la cabeza. —¿De verdad crees que soy una mujer indefensa a la que puedes toquetear cerdo asqueroso? — me agacho para verlo a la cara.

—Yo quería… yo…— le cuesta hablar y más cuando le clavo mi bota en el cuello.

—Lo que querías te va costar la muerte más dolorosa que hayas imaginado en tu puta vida— le pongo la punta de mi metralleta en la frente y levanta sus manos tratando de apartarla, pero mis movimientos son firmes.

Mis dos años en Rusia no fueron precisamente un descanso, fueron mi entrenamiento final en la mafia.

—No me… no me mates.

—Te enseñaría una lección para que aprendas a respetar a la mujeres, pero la escoria como tú no merece redención— toco su frente sudorosa y le silbo a Niles.

Mi lobo arrastra la cadena entre la nieve acercándose a nosotros, el ruso trata de levantarse, pero ni corriendo huirá de mis bestias.

—No te preocupes, aquí nadie te oirá gritar y si lo hacen, mis sirvientes pueden limpiar. — le doy una palmada en la cara y me levanto para buscar al ciervo que viene a cazar.

El animal ya se alejó, pero puedo dispararle todavía.

Parpadeo apenas un segundo y apunto a dónde marca la luz roja, disparo mi metralleta a su cabeza. El mugriento que vine a perseguir cae muerto detrás del ciervo, sus amigos no saben de donde viene el disparo, pero antes de que lo averigüen los mato también.

Dos de los francotiradores que estaban ocultos salen a recoger el cadaver.

El ruso grita de horror con los hombres que asesino, me giro a él cargando de nuevo mi metralleta. —Como comprenderás no puedo dejar testigos— le disparo primero al miembro desatando sus gritos de dolor y después a la cabeza, cuando deja de retorcerse acaricio la cabeza de mi lobo — Niles, slug det.

Niles, trágatelo.

Dina mira a mi lobo comer, la dejo a cargo, en cuanto Niles terminé ella debe asearlo y cepillar su pelaje.

—Recojan el desastre, me voy a casa.

—Entendido, señora Roe.

—Deja a Niles con mis guardaespaldas, nos vamos.

Dina corre detrás de mí. —Sí señora Roe.

—No siempre tienes que parecer un ratón asustado conmigo, comienza a fastidiarme.

—Le tengo mucho respeto.

—¿Por qué casi te mató? — asiente suavemente y me trago una risa. —Espero que hayas aprendido la lección.

—Lo hice.

Mi celular vuelve a vibrar, pero esta vez el nombre de Erick es el que aparece en la pantalla, mi pecho da un vuelco y veo más de diez mensajes diciendo que está perdido en la ciudad, que no encuentra a Caterva ni a Wren, ellos dos tenían que ir por él y Volkan en cuanto el vuelo privado aterrizara, pero Alexander no los envío.

Cambio el rumbo de mi auto y me dirijo a ellos. —Erick llegó, Caterva debió estar aquí.

—El lobo los puso a trabajar a él y a los otros conservadores desde muy temprano.

—Sabía que no quería que Erick viniera.

Asiente otra vez y poco a poco vemos los señalamientos que dirigen al aeropuerto. —Trató de cancelar el vuelo con el piloto, pero usted lo descubrió.

—Alza bien la cabeza, el aeropuerto está lleno a estas horas y Erick quiso venir en un vuelo privado local para gastar dinero.

Bajamos del auto y entramos a un mar de gente de diferentes países algunos llegando a la ciudad y otros tomando vuelos de partida. Lo único que me alivia es que mis guardaespaldas me abran el camino entre la multitud.

Dina va de puntillas mirando por todos lados, yo hago lo mismo, pero entre tanta gente es difícil de encontrarlos. —Tal vez deberíamos separarnos señora Roe, yo puedo buscar en las aerolíneas internacionales y usted…

—¡Emma! ¡Emma! — el grito de Erick viene de lejos y me giro bruscamente.

Está con una maleta en la mano y la mano de Volkan en la otra.

El niño ondea feliz su mano hacia mí antes que Erick lo tome en brazos y se heche a correr hacia nosotros, salgo a su encuentro con una sonrisa de lado a lado, chocamos nuestros cuerpos en un abrazo grande que me alivia un poco el alma por los años separados. —Erick— siento que me pican los parpados, lo extrañe un mundo entero.

—No sabes cuanto te extrañé mi ángel de luz— me aprieta contra su pecho besando mi frente.

Las manos de Volkan se deslizan entre nosotros y me mira con los ojos brillantes. —Yo también te extrañe— dice con su vocecita.

—¡Volkan! — sonrío con calidez abrazándolo. —Mírate, lo alto que estás.

—Ya tengo casi siete años— alza sus dedos con la cantidad.

—Y come como un adulto casi la misma ración que yo— Erick se aparta limpiándose las mejillas bruscamente. —Me prometí no llorar, no quiero que tus asesinos me vean como un marica.

—Dios, te ves increíble, has gastado mucho dinero en ropa de marca— señalo su abrigo de diseñador.

—Ya sabes lo que dicen, ser Roe no es una etapa, es una estilo de vida— bromea y me toma de la mano haciéndome girar —Joder Emma… Dios… — me mira de arriba abajo con la boca abierta —Si digo lo que pienso tus guardaespaldas van a dispararme directo a la cabeza, te ves… muy…

Mis guardaespaldas lo miran con los ojos entrecerrados.

Sé que mi apariencia ha cambiado, tengo veintiocho años, he entrenado más, mi estilo de vida cambió, pero que otros noten mi aspecto no es nuevo para mí teniendo a Alexander, veo como su mirada me sigue en nuestra casa, la forma en la que se le dilatan las pupilas cuando me tiene cerca.

La obsesión de mi marido sigue ahí y más intensa que antes.

Pero no es nada comparado con Alexander, ni siquiera puedo describir sus cambios estos dos años sin sentir un cosquilleo en mi espalda, el cabello semi largo y el nudo en el que se lo ata detrás de la cabeza se ha vuelto mi fantasía favorita.

Y los músculos que ha trabajado toda la temporada… coño… los bíceps marcados deben tener marcas de mis dientes de anoche.

—Te ves perfecta, demasiado perfecta— susurra Erick pasando se una mano por la nuca con su rostro rubricándose y me río de su expresión, me ve como si fuera una divinidad.

—Es bueno verte de nuevo Erick, te ves diferente desde la última vez que nos vimos— Dina nos interrumpe.

Erick alza la mirada y parpadea a la chica de veintiún años, se queda como anonadado unos segundos mirándola —¿Dina? Despertaste.

—Por suerte, ahora soy la asistente de la señora Roe y sólo trabajo exclusivamente para ella y nadie más en la mafia— le sonríe.

—Te ves… increíble, pero ¿dónde están mis modales? — se cerca abrazarla y huele su cabello y le besa ambas mejillas, Dina se tensa y se pone roja resaltando sus pecas, contengo la risa porque Erick nunca va a perder sus dotes de mujeriego.

—Dejemos las bienvenidas por ahora, hay dos personitas que despertaron de su siesta y están desesperados por verme, vamos a casa— señalo las camionetas y Erick ahoga un jadeo mirando a Volkan.

—No puede ser. ¡Traigan mi equipaje! ¡Rápido! ¡Corran! ¡Ya quiero verlos! ¡Mis pequeños demonios el tío Erick llegó!

〘 〙

Alexander.

—Ya estamos en el laboratorio, mi señor.

Tomo los mechones sueltos de mi cabellera visiblemente más larga que de costumbre y me los ato en un nudo por mi nuca, tener el cabello semi largo me da una apariencia más hostil desde hace dos años.

—Abran las puertas.

Hace dos años comencé una serie de cirugías para mi vista con los mejores médicos del país, el riego de quedar ciego era alto y unos meses después me dijeron que la anfetamina dañó la córnea al cien por ciento.

Me quito los lentes negros y palpo la mesa donde dejan el material médico.

Después de dos años entrené y me adapté por completo a mi nuevo estilo de vida.

No me quito los lentes negros, pero si me coloco la mascarilla antes de entrar al laboratorio porque Andrei, el hermano de Dina, está probando la nueva fórmula de la anfetamina que distribuimos cada año en Londres y por Rusia.

La venta del veneno de este año nos ha traído ganancias favorables, hemos estado en el mercado negro vendiendo armamento a Filipinas los últimos dos años y mi mafia ya es el distribuidor más grande.

Hace poco conocimos al hombre que opera en el mercado negro filipino.

La maquinaria esparce la formula en los embaces y los trabajadores colocan la etiqueta final con el equipo de protección necesario. Andrei no es un mal biólogo, pero ha tenido muchos errores tratando de seguir las instrucciones de las patentes de Jack.

El año pasado perdimos una carga de más de seiscientos mil paquetes de un medicamento alterado por su maldita culpa, pero es lo más cercano a la mente mi primo. —No lo vi entrar señor— escucho como se quita los lentes protectores y los guantes quirúrgicos.

—¿Cómo va la maquetación de hoy?

—Revisé la formula desde hace dos semanas y seguí el orden de químicos que un tal David Wall que vienen en los archivos.

—No quiero errores.

—Su primo y su amigo trabajaban de una forma distinta mi señor, David Wall era el que se encargaba de las patentes, de escribir instrucciones y cantidades, pero Jack era la mente maestra, no importa si David decía cien gramos de cianuro, Jack podía alterar la formula a su conveniencia sin avisarle, es por eso que muchas de las fórmulas que le vendió su primo, salen dañadas, no son las cantidades finales.

Me paso la mano por la nuca, a mis treinta y un años sigo estresado, ni siquiera las operaciones médicas para recuperar la vista fueron tan estresantes como las fórmulas de Jack.

—Tenemos a un cliente importante en Estados Unidos, quiere ver las fórmulas del medicamento que le alteramos el año pasado, así que no me importa qué coño hagas con las instrucciones, quiero la muestra perfecta para la venta.

—Lo intento, mi señor, día y noche estudio la formula, pero llevamos seis meses trabajando en ese medicamento y no puedo encontrar la dosis correcta que busca el médico.

—Haz más muestras o lo que sea, quiero ese medicamento terminado a final de mes— le arrojo la mascarilla y salgo del laboratorio enojado.

El médico es mi mejor cliente del año y aceptó reunirse con nosotros en Estados Unidos en unas semanas.

Sigo el camino por dónde entramos, siento el vapor de la maquinaria en mi cara y boto la mascarilla a la basura en cuanto escucho que cierran las puertas.

El olor a químicos desaparece en cuanto subo las escaleras de nuestra residencia, la ampliamos para tener el laboratorio en los sótanos con toda la maquinaria pesada en el las bodegas subterráneas del jardín.

El sol me da en la cara a pesar de la maldita nieve que siempre he odiado, los inviernos en Moscú son los peores.

Me quito los lentes negros.

Un médico no puede arreglar la vista de un hombre, pero siete médicos, hacen maravillas. Hace un año y dos meses que recuperé la vista total de mis dos ojos.

—Los conservadores lo esperan, señor Roe.

La residencia Roe en Rusia es lujosa, no tanto como el palacio Roe en Dinamarca, pero casi con la mitad de lujo, las murallas con dos lobos tallados en mármol y bañados en oro tardaron siete meses en construirse.

No estuve a cargo del diseño de ninguna de las reparaciones de la residencia, no he tocado un plano en años, estoy guardado mi regreso como arquitecto para un proyecto mayor a este.

Sonrío de lado.

Los dos jardines que dan a nuestro lago privado están repletos de flores de la región y hay una persona que los usa de estacionamiento para su Bugatti negro, hay espacio junto a mi colección de Aston Martin y se niega a compartir el estacionamiento conmigo.

El Kript ha estado cerrado durante dos años, pero la iniciación de mis hijos ocurrirá más pronto de lo previsto, con el bióloga fallando en todas las pruebas.

—Andrei está terminando la formula del medicamento, pero quiero que visité a Mark en Estados Unidos antes que nos reunamos con el médico, Mark ya ha trabajado con él antes.

—Si no logramos modificar la fórmula para el fin de mes, la compra no se va a concretar, el biólogo lleva meses sin encontrar la dosis correcta— Theodore me entrega la lista de pruebas que se han hecho en el medicamento adulterado.

Apoyo mis manos en el escritorio. — Los planes van a cambiar, sólo hay una persona capaz de modificar la dosis de la forma en la que necesitamos para el médico.

—Jack— concuerdan Wren y su hermano.

—Señor, sabemos que Jack sigue siendo miembro de la mafia, pero obligarlo a trabajar con nosotros otra vez lo veo imposible, va a preferir morirse antes que volver.

—Hace años que su primo se fue, los últimos reportes lo vieron asentado en Los Angeles en un vecindario reconocido, se cambió el nombre y se hasta ahora mantenido escondido de nuestros radares lo que más ha podido— Caterva tiene un punto.

—No dejé que Jack se fuera para empezar una nueva vida, lo dejé ir para que aceptara su nueva realidad, la muerte de su hija, la de Maya y todo lo que ocurrió en Dinamarca y es momento de que vuelva al trabajo.

—¿Cómo lo haremos?

—Comunícame con Mark, tendremos que idear un plan.

—Enseguida.

—Quiero un reporte detallado de la nueva vida de mi primo, sus horarios y sus ingresos, además de los nombres de su nuevo circulo social. — Tecleo un correo electrónico para otro de mis viejos amigos en Las Vegas.

—Hay muchas cosas que te van a sorprender de Jack, lobo, podemos comenzar con que la ex pareja de tu hermano ahora vive con él.

—¿Paulina?

—Así es.

—También le recuerdo que Erick llegara hoy a la ciudad y se suponía que alguien debía esperarlo en el aeropuerto.

—Ese no es mi problema Caterva, el pordiosero se las puede arreglar sólo.

—Base militar, habla el cuervo negro desde las escaleras, cambio y fuera— se oye una interferencia en mi radio interrumpiéndonos, lo saco de mi bolsillo con el ceño fruncido.

—¿Qué carajo? ¿Quién metió un canal de interferencia a mi comunicador? — pregunto, pero nadie responde.

—Aquí la reina blanca, desde la sala, estoy escondida detrás del sofá, cambio y fuera— responde otra voz por otra línea.

Subo el volumen de la comunicación. Caterva, Wren, Theodore y el resto de conservadores levantan sus ojos de los documentos y miran el radio en mi escritorio.

—Aquí el mariscal del ejército — una voz madura habla en otra línea conectada —Reina blanca y Cuervo negro, tenemos que correr.

—¡Abuelo! ¡No dijiste cambio y fuera!

—Lo siento reina blanca, cambio y fuera.

Cierro los ojos y me froto las sienes.

—No veo a mamá por ningún lado de la residencia. ¿Tú la ves cuervo negro?

—Negativo, reina blanca.

—Yo la tengo en la mira soldados, ella llegará pronto, su auto se está escalonando en el jardín, Niles, Sheldon y Chandler siguen a la señora Roe, tendremos el lugar para nosotros antes de que entre, preparen el ataque a la cuenta de tres. ¿Están listos?

—Uno — dice una voz diminuta.

—Dos— responde su hermano.

—¡Tres!

Se oyen ruidos, gritos y risas por los pasillos de la casa y los aullidos de mis lobos. Caterva sonríe de lado regresando su atención a los reportes. Dejo el papeleo de lado y salgo de la biblioteca siguiendo el rastro de huellas diminutas de nieve por mi piso caro.

En el suelo hay dos pares de botas de nieve azules arrojadas sin cuidado en mis muebles. Mis ojos casi se salen de mi cara cuando entro a la cocina.

Hay glaseado por todo el suelo, galletas esparcidas por la encimera, los lobos de Emma tienen harina en el pelaje y se remueven tratando de quitar los restos de ellos, también hay cajas de caramelos regadas por todos lados.

Al final de la escena del crimen hay dos mini humanos de dos años y de ojos verdes saltando dentro de la alacena con las mejillas llenas de azúcar. Ethan está en el suelo abriéndoles un nuevo paquete de galletas a mis hijos.

Las notas de la canción Du Hast de Rammstein suenan en los altavoces de la cocina.

—Y quiero un pastel de frutas con crema batida encima Octavian— Kiara alza un cucharon al chef privado bailando al ritmo de la canción y lo usa de micrófono.

—Enseguida señorita Roe.

—Yo quiero una bolsa de zanahorias para ir a alimentar a mis caballos— pide Raven a uno de los sirvientes.

—Enseguida joven Roe.

Mis hijos quisieron un establo lleno de caballos y los complací, suelen alimentarlos con zanahorias frescas todos los días.

—Du, du hast, du hast mich— canta mi hija con el cucharon imitando la voz gruesa del vocalista, aunque tiene un vestido rosado de princesa.

—Willst du bis der. Tod euch scheidet, treu ihr sein für alle Tage? — su hermano se une a ella.

Octavian los mira preocupado y retrocede.

—Nein!

—Nein!

Apago el sonido de audio, aunque me siento orgulloso del gusto musical de mis primogénitos. — ¿Qué coño sucedió aquí? — interrumpo sus órdenes a la servidumbre.

Los mellizos se giran de inmediato al oírme. —¡Papi! — Kiara es la primera en lanzarse corriendo a mí con el vestido rosado esponjado lleno de lazos rosas, se abraza a mi pierna entre risas llenando mi traje de Kray de dulce y caramelo de dudosa procedencia.

Ver a una niña con mis ojos, pero los mismos rasgos que Emma y míos combinados es digno de admirar. Aunque mis genes en nuestros hijos son más visibles que los de mi mujer.

—¿Cuándo despertaron de la siesta?

—Hace media hora y tenían hambre, los sirvientes les están preparando un bocadillo— responde Ethan en el suelo.

—¿Terminaste el trabajo de la mafia? Quiero ir a la nieve con Niles. ¿Me llevas? ¡El abuelo nos dio caramelos en forma de bastón y galletas! — mi hija casi me grita al oído todo lo que quiere, desde siempre supe que el azúcar y los niños son incompatibles.

—¡Papi! ¡Llegaste! — Raven corre también hacia mí con el pantalón lleno de chocolate y roto por las rodillas otra vez, mi hijo al igual que su hermana tiene poco rasgos de Emma, la dupla es la versión pequeña de mis genes.

Nos podemos ver los tres al espejo como copias casi exactas.

Mi ropa queda sucia por las manos de mis hijos. Me inclino a ellos que saltan con tanta azúcar en su sistema, Ethan no debió darles caramelos antes de la cena. —¿Qué dijimos sobre comer porquerías nada saludables? — me pongo serio.

—¡Qué son deliciosas! Octavian nos va a preparar pastel— Kiara salta a mi cuello abrazándose a mí y pasa los dedos por mis tatuajes llenándome los brazos de chocolate.

—¡Dijo que no se comen antes de la cena! — la regaña su hermano y me alza los brazos también. —Yo le dije que no abriera los caramelos papi, pero ella no hace caso.

—¡Mentira! Raven estaba espiando que mamá no regresara de cacería para que nos escondiéramos en la alacena y usamos los radios que nos compraste, el abuelo los enlazó al tuyo ¿Nos escuchaste papi? — Kiara se defiende.

—Sí, los escuché, interrumpieron mi reunión.

La sonrisa de Kiara se desvanece y me suelta. — ¿Te enoja escucharnos en tu radio?

—¿Estás enojado con nosotros papi? — pregunta Raven soltándose también y frunzo el ceño serio, mi hijo se aleja un poco con miedo en sus ojos.

—No.

Mi hijo sonríe de inmediato y se abraza a mi cuello al igual que su hermana. Las medallas de oro blanco con el dije de diamantes de lobo cuelgas de sus cuellos.

— Yo fui el de la idea de…

—Yo hice el plan.

—Hold kæft Kiara— Raven frunce el cejo como yo hablando perfecto danés.

Cállate Kiara.

— Sig ikke jeg skal holde kæft .

No me digas que me calle.

—¡Te voy a mandar a las jaulas!

—¡Yo te voy a encerrar en la Cripta porque soy la reina blanca!

—¡Pues yo soy el mejor guerrero de la mafia!

Los cargo a ambos escuchando las quejas del uno a otro, podrán ser mi versión físicamente, pero en el carácter Kiara es exactamente como su madre, tan obstinada cuando no consigue lo que quiere.

Están creciendo demasiado rápido. Kiara es más rebelde que Raven, él es más serio, trata de jugar a ser el hermano mayor y protector todo el tiempo y dar órdenes como yo lo hago, pero sigue siendo pequeño.

—¿Por qué los dejaste comer estás porquerías Ethan? — los tres se miran cómplices.

—Mis nietos me convencieron, no me pude resistir— se encoje de hombros cerrando las cajas.

—Mami dijo que si terminábamos las clases de danés podíamos comer una galleta después de la siesta— Raven levanta un dedo frente a mi cara.

—Es verdad, yo la escuche, dijo que nos merecíamos una galleta por recitar de memoria el juramento de la mafia para nuestra iniciación— Kiara lo secunda como si no se estuvieran peleando hace unos segundos.

Escucho una risa en mi espalda y la piel se me eriza. — Dije que no podían comer galletas antes de la cena— dice mi esposa y me giro de inmediato con nuestros hijos en brazos.

Emma tiene un abrigo negro con nieve en los hombros, se lo quita mostrando el traje de kray que trae y suelta las correas de Niles. Las mejillas las tiene rojas por el frio, pero salió de cacería como acostumbra a matar mugrientos en Rusia y a reunirse con el comprador filipino.

Mi mujer y un arma es un peligro.

Sacude su cabello ondulado y se lo suelta sobre los hombros. Esta mujer siempre me deja sin respiración cada vez que entra a una habitación. —¡Mami! ¡Volviste! — Raven se remueve salvajemente corriendo hacia ella.

—Mi mini bestia de ojos verdes, quería volver antes que despertaran de la siesta— Emma se agacha a recibir en brazos a nuestro hijo y lo carga con beso.

—¡Mami! ¡Mami! — Kiara vuelve a la pelea de atención —. Papi, llévame con ella.

—Ve caminando.

Sus cejas se fruncen y se niega a que la baje al suelo, salta a mi pierna y pone sus pies encima de mi bota. —Las reinas no van caminando, tú siempre llevas a mami en brazos.

—Eso es diferente, mamá es mi esposa, mi mujer y mi...

—Yo soy la reina blanca, merezco que me lleves en brazos— me interrumpe.

—Ella es la reina de la mafia.

—¿Y yo qué soy en la mafia?

—Heredera como tu hermano.

—¿Puedo correr a Raven de la mafia cuando sea grande? No me agrada a veces.

—No.

—¿Por qué?

—Porque es tu hermano.

—¿Puedo hacerle un tatuaje como los tuyos?

—No.

—¿Por qué? Tú tienes el cuerpo lleno de tatuajes y el otro día dijiste que mamá tiene tres— ladea la cabeza —¿Por qué no te cortas el cabello papi?

Cierro los ojos, mi hija está en la etapa de preguntar el porqué de todo lo que hacemos o decimos. Elijo la vía más simple para callarla y camino a Emma, salta de mis brazos a los de mi esposa y le llena el cabello con caramelo. —Princesa, te extrañé tanto.

—Quería verte cuando desperté mami.

—Tienes azúcar por todas las mejillas. ¿Qué sucedió aquí? Parece que hubo una guerra de galletas en la cocina— le besa la nariz.

No se despegan del cuello de Emma. Raven tiene su cabeza apoyada en su hombro y deja que lo meza de un lado a otro. — El abuelo Ethan nos dio un caramelo cuando despertamos y los sirvientes van a llevarnos a alimentar a nuestros caballos con zanahorias.

—Está bien, pero tienen que ponerse el abrigo y los guantes.

—¿Por qué?

—No quiero que ni tú ni tu hermano se enfermen.

Espero pacientemente dos segundos y después remuevo a mis hijos de los brazos de mi mujer. Emma me mira con una ceja arqueada, pero no estoy siendo irracional con los mellizos, ya fue suficiente, yo tampoco la he visto en toda la mañana.

Alejo a los pequeños demonios de sus brazos y paso directo a su boca. Huele a pino y madera del bosque cerca de nuestra casa, sus labios están helados, pero hace un sonido de gusto en cuanto pruebo su boca.

Algo se trepa a mi pierna cuando comienzo a disfrutar del beso y trata de alejarme de Emma, es Raven.

Soy un adulto que no puede pelear con su propio hijo de dos años.

Sacudo mi pierna para quitármelo de encima y sigo besando a Emma, pero Raven no se detiene. —Quiero mimos de mami.

—Es mi tiempo con mi esposa— la alejo de él.

—Alexander— Emma me mal mira y se inclina a levantar a nuestro hijo. —Además, Erick está aquí, estuvo horas esperando en el aeropuerto por Caterva y nunca llegó.

Así que no pude librarme del pordiosero, voy a idear un plan para hacer que el mismo se vaya de Rusia en un par de días. —Lo castigaré por su irresponsabilidad, recuerdo que le ordené ir por él.

—Sé lo que hiciste, está arriba guardando su equipaje— me clava el dedo en el pecho.

—Su bolsa de zanahorias para sus caballos joven Roe— la empleada le extiende un saco grande a mi hijo.

—Llévalas a mi alcoba, me colocaré el abrigo como dijo mi mami.

Crecer siendo los herederos de la mafia, billonarios, con sirvientes para todo ha hecho de mis hijos una versión pequeña de un Roe adulto. —¡Yo quiero mi abrigo blanco Jin Jun el rosa no combina con este vestido!

—Lo traeré enseguida señorita Roe.

—Nada de ir a alimentar no sé que animales, yo quiero verlos— escucho a Erick en mi espalda y me punza la cabeza, otra vez este pordiosero.

Raven y Kiara abren mucho los ojos, a pesar de que han hablado por llamadas con él, no lo conocen en persona. Raven se pone detrás de Emma y Kiara detrás de mí. —¿Desde cuando la servidumbre come en nuestra cocina? — me apoyo en la encimera comiendo una manzana.

—Yo también te extrañe neurótico— entra con una bolsa negra en la mano y abre los brazos. —Ven aquí y dame un abrazo hermano.

Lo miro de arriba abajo, se ve igual que siempre sólo que con ropa cara. — Ni muerto.

Se ríe agachándose, Kiara se esconde a mi espalda. —¿Acaso veo unos ojitos verdes detrás de sus padres?

—¿Quién es él mami? — Raven toma la mano de Kiara.

—¿No reconocen al tío Erick mis pequeños demonios?

Ese sobrenombre es el que hace a mis hijos sonreír. Erick les abre los brazos y ellos corren emocionados a él. —¡Tío Erick! — corren tomados de la mano a él.

—¡Traje regalos muy caros para ustedes!

—¿Regalos en esta bolsa? — Kiara asoma su cabeza dentro del paquete.

—No se preocupen, el tío Erick es rico.

—Mamá y papá son billonarios y nosotros también— responde Raven y me río orgullos.

Haría bromas clasistas sobre que no toquen a la servidumbre, pero mis hijos se encargan de hacerlas y como soltaron a mi esposa a provecho para quedarme con ella. La pego a mí, pero se resiste. — Me dijeron que asesinaste a un sirviente por no saber hablar danés.

—¿Y el problema? — ladeo la cabeza.

—Eres incorregible— rueda los ojos —Nuestra hija tiene razón, deberías cortarte el cabello.

La jalo con más fuerza hasta que la tengo entre mis brazos. Tiene veintiochos años y con la edad se ha vuelto mi maldita perdición, el cuerpo, las tetas, los rasgos maduros en su rostro con el paso de tiempo.

Puede que esté un poco obsesionado con mi esposa.

Pego mi boca a su cuello y después a su oído para susurrarle. — Anoche no te quejaste cuando me tenías entre tus piernas nena, tenías de dónde jalar y empujar mi cabeza mientras gemías que penetrara.

Sus ojos se abren y el rubor le quema las mejillas.

—Y hoy casi llego tarde a mi reunión con el biólogo porque te metiste en mi ducha.

—Basta— trata de alejar mi boca de su oído, pero yo disfruto ver como el rubor le cubre la cara.

Sonrío de lado y le acaricio el labio suavemente. — Después te pusiste de rodillas y le mamaste la verga a tu marido hasta que te lleno la garganta.

Sus respiración se agita y trata de apartarse de mí, pero la aprisiono. —Deja de susurrarme perversidades.

—¿Prefieres que te las haga?

Niega y me empuja sonrojada. —Tenemos que hablar del cliente filipino y de las cuatro entregas de armamento que vamos a realizar.

Frunzo el ceño. —Hay un problema con el médico americano, el hermano de Dina no encuentra la dosis correcta en la fórmula.

—¿Qué vamos a hacer?

—Hablaré con Mark para que…

—¿Quién es él papi? Es un niño muy extraño— Kiara nos interrumpe.

—¿Qué niño? — me giro y mi malhumor aumenta cuando veo al malcriado turco con una bolsa de regalo en sus manos. Me mira con medo sin acercarse. —¿Qué hace aquí el turco?

—Señor Roe— Volkan inclina la cabeza.

¡Hola sexys!

¡Volvimos! El drama comienza... ahora. ¿Están listos?

¡Feliz cumpleaños a los sexys que nacieron en Octubre!

¡Los amo tres millones!

- Karla .

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