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CAPÍTULO 23

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CAPÍTULO 23

Emma.

—¿Trajiste el maletín? — Alexander pasa enojado a la biblioteca, la vivista de Volkan no le gusta nada.

Dina se queda afuera como en cada reunión, al ser mi asistente perdió todos los derechos de intervenir en asuntos confidenciales, incluso aparta la mirada cuando Alexander pasa ignorándola.

Erick le sonríe y ella se sonroja de nuevo. —¿No vienes?

Niega torpemente. — No estoy autorizada por la señora Roe.

—Es una pena, te veré en la cena supongo.

—Tampoco como en la mesa de la señora Roe.

Sheldon y Chandler mastican un hueso mientras caminan delante de mí como si fuera su responsabilidad estar presente en cada reunión de la mafia, ese era el puesto de Niles antes de que mis hijos lo convirtieran en su mascota personal.

—Sabemos que esta no es una visita familiar por mucho que los extrañe y por más que ame a mis sobrinos, esta mierda se está haciendo grande en Londres como les informó el hacker— Erick cierra la puerta tras nuestras espaldas y abre el maletín que trajo consigo durante el viaje.

—¿Qué tenemos aquí? — me cruzo de brazos junto a Alexander.

—Es de lo que les hablé en mis llamadas, Bennett se encontró con un comprador muy reconocido en la ciudad que solía distribuirle droga en sus días de adicto.

—No es veneno, parece la anfetamina David Wall— Alexander la examina de cerca, abre la bolsa y el olor desagradable se impregna en mi ropa. Le pasa un paquete al hermano de Dina—Analízala.

—Es una muestra diferente a lo que trabajo, mi señor, los resultados estarán disponibles de cuatro a seis horas.

El problema con el nuevo biólogo es que es demasiado lento en todo, y falla en casi todas las pruebas que realiza. —Al parecer tendré que pasar la noche aquí— Erick sonríe, pero Alexander no. —Bennett me dijo que esto está siendo distribuido por todo Londres en las mismas zonas en las que vendemos el veneno de Jack, pero lo mejor, es que el MI6 le está permitiendo trabajar al vendedor sin operativos.

—Sólo hay dos opciones, Meredith o Logan, nadie más tiene acceso a la fórmula de David— miro a Alexander, pero él sigue mirando los paquetes.

—Como sea, el gobierno inglés protege a ese vendedor Emma, y tiene una alianza muy grande con ellos, desde que Meredith se enteró de la muerte de Bennett no ha aparecido de forma pública con el Borah, Bennett dice que el hacker descubrió que cortó las alianzas que tenía con la mafia turca.

—Entonces sólo queda Logan— acaricio el pelaje de mis lobos.

—Los vi juntos en una fiesta en un hotel, con Artemisa, la bailarina de tu padre, se veían muy cercanos.

—Hace poco atacaron al mercado negro filipino y llevaron a juicio a todos los involucrados, pero al mismo tiempo dejan que Logan distribuya droga en el país— me quedo pensativa —¿Qué piensas? — miro a Alexander que tiene los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—Hay un punto negro en la historia.

—¿A qué te refieres?

—A simple vista parece que uno de los dos lados miente, los filipinos que nos contrataron o el MI6 con la distribución de la droga— cierra el maletín.

—El hacker confirmo que la venta de la droga es real, también confirmo el juicio de los filipinos hace unas semanas.

—Caterva, prepara una reunión con los filipinos, esta vez seré yo quien se reúna con ellos, no mi esposa.

—Enseguida lobo.

—No lo sé, yo no veo relación entre los filipinos con el MI6— Erick se apoya en el escritorio.

—Claro que no lo entiendes pordiosero, Wren, llama a Bennett que se vuelva a reunir con el viejo vendedor de droga y trate de averiguar el punto de venta más grande en Londres, que visite la zona en cubierto y nos envíe fotos de todo el lugar.

—No quiero interrumpir, pero el rastreo de estos nuevos vendedores de droga va a retrasar el envío de medicamento que tenemos que mostrarle a médico americano, ya sabes que este biólogo no logra la dosis correcta de nada— Caterva nos recuerda como si el hermano de Dina no estuviera frente a nosotros. —El tiempo se nos agota y es mejor que mi señora lo sepa antes de que enviemos al equipo a Nueva York.

—¿Saber qué?

—Siéntate— Alexander me señala su propia silla y no me gusta la mirada que trae. —El contrato con el médico americano no se va a cumplir con un inútil como él— señala al biólogo —Enviaré por Jack a Estados Unidos, volverá a trabajar para la mafia.

Me quedo inmóvil, Erick se queda de piedra también con la boca abierta.

—Jack nunca va a querer regresar.

—Nunca dije que lo traería de buena gana, lleva la marca de nuestra mafia en su brazo, es de nuestra maldita propiedad hasta el día que muera, le guste o no.

—Por Dios bendito, las cosas se van a poner feas otra vez— Erick se pasa una mano por la cara.

—¿Cómo lo vamos a encontrar? Cambió su nombre y borró sus registros de todos lados.

—Sabes muy bien que Ethan mantiene comunicación con él, aunque le hayas guardado el secreto todo este tiempo.

—Yo no…

—Me ocultaste información valiosa Emma, pero sea como sea Ethan va a tener que entregar a su hijo de vuelta a la mafia.

Me tenso de pies a cabeza, ya sabía que no podíamos mantener ese secreto oculto de Alexander, ni siquiera voy preguntarle desde cuando lo sabe, pedirle a Ethan que entregue a Jack es inhumano, Jack y los mellizos es lo único que lo mantiene vivo a mi guardaespaldas desde que murieron Maya y Millie, pero noto que Alexander está decidido.

—Nosotros no…

—No pienso ceder, pero te daré la opción de que se lo digas tú o lo haré yo.

Miro a Erick, pero tiene el ceño fruncido y está mirando a la nada, trato de pensar en una salida razonable, pero el biólogo que tenemos no nos sirve de mucho, ni él ni su hermana son demasiado inteligentes.

—No lo hagas.

Ethan va a enloquecer, lo único que ha hecho estos dos últimos años es proteger a Jack y tratar de sanar las heridas que le dejó el ataque en Dinamarca.

—La decisión está tomada Emma.

No puedo traicionar a Ethan así y menos ahora que mis contactos me informaron que Dylan y Sarah tienen un interés en común… cuando Jack sepa sobre el hijo de Sarah se pondrá peor de lo que me ha contado Ethan sobre él.

Pareciera como su ex esposa se hubiera olvidado de Millie con el paso de los años. —¿Podemos discutir esto más tarde y en privado? — busco una tregua, pero Alexander no cede.

—No.

El ambiente en la biblioteca se pone tenso, incluso los conservadores lo notan porque se concentran en llevarse al biólogo a los laboratorios.

—Hay algo que debo decirles, es sobre Jack— Erick nos interrumpe. —Estaba en el Score y tuve una charla nocturna en el sótano con… — los ojos de todos los conservadores se vuelven hacia él, incluidos los de Caterva. Mira al pelirrojo varias veces y niega con la cabeza. —Es… es una tontería, no tiene relevancia.

—¿Estás seguro? — Alexander se cruza de brazos.

Erick mira otra vez a Caterva. —Sí, es algo que probablemente ya saben, Sarah y Dylan tuvieron un hijo hace dos meses, es un varón, ella pasó el embarazo en la clínica de rehabilitación mental, sigue siendo teniente, pero no tiene autoridad y ahora está de baja por maternidad en la base del MI6 de Brent.

Dylan es un patán imbécil, quiere a su esposa lejos para seguir de amante con Rebecca, los filipinos me lo dijeron.

—Ya sabíamos que Sarah estuvo más de un año internada en la clínica mental del MI6, pero ¿estás seguro de que te sientes bien Erick? Te ves nervioso — Caterva le toca el hombro y él se limita a asentir.

Ya entiendo lo que le pasa, no quería hablar de Dylan, estaba por decir algo relacionado a Alesha y por la forma en la que me mira presiento que no me va a gustar lo que le dijo esa mujer. ¿Qué tiene que ver ella con Jack?

—Mi señor, su reunión con los filipinos quedó agendada para la próxima semana, pero descubrimos tendrán una venta de tráfico en los Bosques vírgenes de Komi dentro de tres días para atraer nueva clientela, lo estarán realizando en países cercanos por las bajas que tuvieron desde el cierre del mercado negro— dice el hermano de Wren.

—Podríamos acampar en la zona durante un par de días y mezclarnos con los compradores para vigilarlos antes que me reúna con ellos— ni siquiera me mira.

—Es una idea excelente mi señor, necesitamos recopilar información sobre ellos lo más pronto posible. ¿Le parecen bien cincuenta hombres más sus guardaespaldas?

—No, será un equipo pequeño, sólo veinte conservadores y doce francotiradores que serán guardaespaldas de mi mujer, no queremos llamar la atención, vamos a ser simples compradores del narcotráfico, y tú vienes con nosotros— señala a Erick.

—Tres días acampando en el bosque, durmiendo en el suelo frio en una maldita tienda de campaña, rodeado de un montón de filipinos y traficantes que podrían matarme, no suenan a vacaciones, no gracias.

Yo tampoco quiero acampar en el bosque, es de las pocas cosas que no me gustan de este país, hace demasiado frio.

—No viniste de vacaciones, vas a ir.

—Si no tengo opción, traje también los documentos de Hilton & Roe, mi padre ya firmó todo que pediste ¿Quieres que los revisemos hoy mismo o quieres que los revisemos en el bosque?

—No tengo cabeza para eso, me los muestras por la noche y cómo vas a quedarte más tiempo del que quiero, mantén alejado a Volkan de mi vista y de mis hijos.

—¿Cuál es tú problema con él? Es una niño educado, tiene mejores modales que yo y es...

—Cuando tengas los resultados de las muestras disponibles me las envías de inmediato a mi habitación— le ordena al biólogo antes de dejar a Erick con la palabra en la boca y sin dirigirme la palabra.

Le toco la espalda a Erick para que deje de mirar la puerta con la boca abierta. —No llevo ni una hora aquí y ya quiere matarme, ese cabrón neurótico nació enojado, Emma.

Me río en voz baja, pero los conservadores nos miran molestos. A veces pienso que son los defensores secretos de Alexander. —Es su forma de decir que te extrañó.

—¿Esa cosa tiene sentimientos? Si no fuera por ti creería que nació sin corazón.

Me río de nuevo, aún no ha visto la faceta de Alexander como padre, va a quedar boquiabierto cuando descubra que mi marido puede ser adorable. Un mafioso que sabe ser un padre complaciente.

— La cena estará lista pronto, te veré en el comedor, les prometí a los mellizos que los llevaría a alimentar a sus caballos y tengo que buscar la forma de hablar con Ethan.

—No va a cambiar de opinión, díselo antes de que él lo haga.

—Tengo el presentimiento que va a advertir a Jack y si trata de huir será para él.

—Lo será, lo cazaremos hasta el fin del mundo y no lo traeremos como visitante si no como prisionero— susurra Caterva a nuestras espaldas, pero en cuanto lo miro cierra la boca de inmediato, aunque no se equivoca.

Es mejor que Jack venga por las buenas.

—Iré por los mellizos.

—Quisiera ir, pero creo que si pongo un pie junto a ellos me van a disparar desde alguna de las ventanas.

—Puedes venir Erick, sé cómo controlar a la bestia.

Mis lobos se levantan de la alfombra y Erick retrocede sobresaltado. En el pasillo se aleja de ellos lo más que puede. —No sé a qué bestia te refieres, pero aún no supero mi miedo a tus mascotas. ¿Por qué llevan moños alrededor del cuello?

—Kiara juega con ellos todo el tiempo, les pone moños y Raven juega a la cacería con los jardines mientras lo persiguen, mis bebés aman a mis lobos casi tanto como a sus caballos, incluso duermen sobre su pelaje cada vez que quieren.

—No me sorprende que los hijos de Alexander tengan mascotas tan peculiares.

Se va a sorprender de lo parecidos que son los mellizos a Alexander, me siento celosa de que tengas pocas mías, pero es evidente que heredaron todo el carácter Roe, no me equivoqué en llamarlos mini Alexander cuando eran bebés.

—¡Mami estoy listo! ¡El abuelo también! — Raven nos mira desde las escaleras tomado de la mano de mi guardaespaldas.

Subo corriendo hasta que lo tengo de frente, me inclino a levantarlo en brazos y acomodo su gorro y su bufanda, durante el invierno es un poco enfermizo, más que su hermana. Soy incapaz de mirar a los ojosa mi guardaespaldas.

— Consigue las zanahorias con el abuelo, iré por mi abrigo.

Se abraza a mi cuello antes de saltar a los brazos de su abuelo — ¡Sí! ¡Vamos abuelo!

— ¿Cuantas zanahorias quieres pequeño? — Ethan baja los escalones empujando a Erick por error.

—Volkan y yo vamos a desempacar, se nota que Ethan no me quiere cerca.

—Ya pasaron dos años Erick, algunas heridas ya sanaron con el tiempo.

Han sido dos años de la muerte de Maya y Millie, pero el tiempo en Rusia parece que se detuvo.

—Es mejor mantener la distancia con él por ahora, no quiero causar problemas, te veré en la cena mi ángel de luz— besa mis mejillas dos veces y de nuevo me siento rodeada de sus brazos.

Yo no me quedo atrás, lo eche de menos tanto como el a mí, espero que pronto podamos ver a todos lo que se quedaron en Londres, Bennett, Aaron y sobre todo mi rubia favorita.

Lo veo alejarse y me preparo para enfrentarme a la bestia de ojos verdes que salió malhumorado de la biblioteca. No lo veo en nuestra habitación, pero si escucho la ducha abierta.

Busco mi abrigo en el vestidor y veo su traje de kray listo con su cajón de armas abierto sobre uno de los sillones de piso. Faltan dos de las metralletas que tomé esta mañana para ir de cacería. Son exactamente las dos armas que dijo que no podía utilizar.

—¿Dónde están mis armas? — su voz me sobresalta. Alexander viene enojado atorando una toalla en su cintura con el pecho tatuado y mojado, sé por su tono de voz que viene en modo pelea.

La toalla apenas cubre el tatuaje que tiene sobre su área pélvica donde comienza el área venosa de su miembro. Ese tatuaje es mi perdición desde que se lo hizo .

—Las tome para mi cacería.

—Es un nuevo cargamento de armamento, aún no está terminado y ya te advertí que son de un calibre extremadamente peligroso para ti.

—Las utilizo todo el tiempo y no he tenido inconvenientes.

—Son mis armas.

—Es el cargamento de nuestra mafia y lo puedo utilizar cuantas veces quiera.

Su ceño se frunces más y se pone de mala gana loción sobre el pecho musculoso, aparto la mirada cuando deshace el nudo de la toalla y queda desnudo. —No quiero basura turca en nuestra casa, dile a Erick que lo envíe a Londres con algún sirviente.

—Es un niño.

—Hijo del Borah.

—Lleva dos años viviendo con Erick en el Score.

Entra a la segunda puerta de nuestro vestidor ignorándome, no quiero discutir, pero esta va a ser una pelea larga, por Ethan, Jack y ahora Volkan. —No vas a ir al bosque, no estás preparada para acampar ahí.

Respiro hondo si respondo comenzaremos una discusión grande. Saco mis anticonceptivos bajo su mirada atenta y busco un poco de agua. —No pedí tu autorización, conozco más a los filipinos que tú, hasta ahora tú te has encargado del médico y yo de ellos, ese era el trato.

Sigue la caja con la mirada hasta que las guardo en el tercer cajón del vestidor.

Se siente raro ya no depender de tanto medicamento como hace unos meses. Unas semanas después de llegar a Rusia el equipo médico me diagnosticó con depresión post parto y una lesión nerviosa en mi pierna que la debilitaba.

Mi condición física mejoró, mi brazo rotó se recuperó, pero recuerdos esos días con tristeza, lloraba en silencio hasta que Alexander lo descubrió y unas horas después nuestra casa parecía un hospital tratando de cuidarme día y noche.

—Cambié de opinión, trabajaras con él médico, no creo que tengas inconveniente con sus reuniones, tienes experiencia en ocultar información importante para la mafia.

Aprieto los puños y me muerdo la lengua. Paciencia Emma.

Le molesta más mi silencio que si le hubiera gritado. Se viste de inmediato, abre la puerta y llama al sirviente más cerca no que se acerca corriendo con miedo. —Tú, como te llames, no me importa, ven aquí.

—Diga mi señor, ordene lo que sea.

—Dile al inútil del biólogo que se apresure con los análisis de las muestras y corre la orden que les di en la cocina a todos los sirvientes.

El sirviente sale corriendo mientras me cierro bruscamente el abrigo y él no explica que órdenes dio.

—¿Cuándo vas a hablar con Ethan sobre Jack? Si no lo haces tú, lo hago yo.

—Estoy agotada, no pienso discutir, ni siquiera voy a explicarte la situación con Ethan porque no vas a entender.

—¿Eso te decías todos los días para no sentirte culpable mientras ocultabas el registro de sus llamadas?

—No pienso discutir y voy a ir a acampar al bosque filipino con el resto de los conservadores.

—Trata de hacerlo si puedes.

Le sostengo la mirada, quiere provocarme, quiere que grite, pero no lo hago. — Voy llevar a mis hijos alimentar a sus caballos.

—Nuestros hijos— corrige.

Esta vez soy yo la que lo deja con la palabra en la boca mordiéndome la lengua para no gritar, ayer tuvimos un día maravilloso y esta mañana fue incluso mejor, pero desde que vio a Volkan está de pésimo humor.

Mi buen humor ya se esfumó por completo, ahora tengo el cuerpo entero tensó, pensando en Jack, el nuevo vendedor en Londres y Alesha.

Unas manos pequeñas se cierran sobre mis botas y Kiara trepa por mi pierna con su abrigo rosado y un gorro más grande que su cabeza, la bufanda es de otro color diferente e incluso sus botas son de deferente color, una blanca y una negra. —Estoy lista mami— me río de su combinación de ropa y la cargo llenándole la cara de besos.

Los mini Alexander hacen que todo sea mejor en cuanto aparecen.

—Vamos princesa.

Esta es mi parte favorita del día, desde la primera vez que escuché las risas de los mellizos cuando eran bebés supe que serían uno de mis sonidos favoritos en el mundo. Las caballerizas están en la parte trasera de la residencia del lado contrario del jardín lleno de rosales.

Estaciono mi auto ahí solo para molestar a Alexander y porque amo recordar que la primera vez me regalo esa marca llena de rosas costosas.

Ethan ya está con Raven viendo como los sirvientes sacan a los caballos a los establos para dejarlos cerca de mis hijos.

—¡Mis zanahorias! ¡Mis zanahorias! — Kiara se remueve en mis brazos para que la baje y de inmediato se hecha a correr hacia los siete grandes caballos frisón negros que sacan la cabeza en el enorme establo.

Raven también salta de los brazos de Ethan y corre junto a su hermana hacia el saco de zanahorias que dejan los sirvientes, proporcionándoles a cada uno dos zanahorias, sus manos son muy pequeñas para tomar más.

—Una más Jin Jun— pide Raven escondiendo una zanahoria en su bolsillo, en cuanto terminen de recargar provisiones los cargábamos para que alcancen la cabeza de sus caballos.

—¿Cómo han crecido tanto estos dos pequeños Roe? Cada día se parecen más a su padre, los genes Roe siempre dominan en todo, incluso en mi hijo, tengo que llamarlo mañana a la misma hora de siempre— Ethan los mira de lejos y me tenso cuando menciona a Jack.

Soy una cobarde, sólo asiento, pero no me atrevo a decirle la decisión de la mafia. Cargo a Raven hacia el primer caballo y le ofrece sus zanahorias sin miedo a que el caballo lo muerda.

Cuando el animal come de su mano mi hijo se ríe alzando otra zanahoria, hace poco perdió el miedo a alimentarlos. —Spis venligst— su danés todavía no es muy bueno, pero le acaricia el pelaje negro, le ayudo para que pierda el miedo de tocarlos, con Raven las cosas siempre son un paso a la vez.

Come, por favor.

—No van a hacerte daño cariño, si no le tienes miedo a mis lobos, tampoco a los caballos— lo animo.

—Me asusta mami.

—No hay peligro, yo te protejo— seguimos acariciándolo juntos y poco a poco Raven los acaricia solo, pero en cuanto el caballo patea la puerta del establo se asusta y se esconde entre mis brazos.

—Mami está aquí cariño— lo abrazo tranquilizándolo y poco a poco saca la cabeza mirando a los animales de lejos. —¿Quieres que nos acerquemos? — pregunto, pero niega con la cabeza.

—¡Yo si quiero mami! — Kiara salta a mi alrededor jalando la punta de mi abrigo con sus zanahorias en mano.

—Ven aquí, princesa.

Me inclino para levantarla, pero alguien más alto se me adelanta la sube antes que yo a la altura de los caballos. Es Alexander, viene cambiado con el abrigo y los guantes de cuero, trae el cabello atado en un nudo como acostumbra, viene serio y no cruzamos palabras, pero acerca a nuestra hija hasta los caballos y ella a diferencia de su hermano los acaricia sin reparos incluso pasas sus dedos por las hebras largas de su pelaje.

—Aliméntalo— le dice a Kiara sin mirarme y ella de inmediato lo obedece emocionada.

—¡Al otro papi! — le señala al último caballo y Alexander la lleva en brazos.

Raven los mira de lejos acostado en mi pecho, no quiere acercarse más a los caballos por hoy.

Alexander lleva a Kiara con el resto de caballos hasta que los animales terminar con todas las zanahorias del costal. Nos quedamos en el área hasta que Kiara decide que ya es suficiente de sus animales y los sirvientes mueven a los caballos dentro para protegerlos del frío.

—Ven aquí— Alexander se acerca, pero no por mí, le arregla el gorro a Raven y le suba más la bufanda, después lo toma en brazos y los mantiene a ambos supervisando que sus animales sean tratados con sumo cuidado.

Les enseña a darles ordenes a los criados de lo que deben o no hacer con los caballos de esa raza. Kiara hace lo que su padre dice abraza a su cuello y Raven les ondea un adiós a los animales como le enseñó Ethan.

Los sirvientes notan que ni Alexander ni yo cruzamos palabras desde que los mellizos estaban alimentando a los caballos.

A veces lo miro de reojo, pero el tiene la mirada puesta en los caballos y en nuestros hijos, me está ignorando por completo a propósito. Me acerco a ellos, pero no los suelta cuando le extiendo los brazos.

—Tienen que tomar un baño antes de la cena, tienen restos de chocolate por toda la cara.

De mala gana suelta a los mellizos.

Una tos nos hace girarnos, es Octavian, el asiático tiene las manos detrás de su espalda. —Señores Roe, la cena está lista y los huéspedes los esperan en el comedor.

—Quiero pollo frito después del baño— Kiara mira a Alexander.

. . .

Maya una vez dijo que las cenas con los Roe y otros invitados nunca eran agradables y no mintió.

Está sentado en el lado opuesto del gran comedor elegante de nuestra residencia rusa, a metros de Volkan y mira al niño con una expresión molesta. Volkan sostiene sus cubiertos con nerviosismo evitándole la mirada.

Estamos sentados juntos, pero ni siquiera cruzamos una palabra. Tomo una copa de mi vino, pro prefiero tomarla más noche en la tina burbujeante, en el invierno quisiera vivir dentro de esa deliciosa tina.

No tengo apetito, apenas y he tocado mi plato.

—¡Hola! — Kiara ondea su mano a Volkan otra vez, lo hace desde que se conocieron hace dos horas.

—Hola— responde Volkan tímido.

—No hables con la servidumbre Kiara— Alexander la riñe y el niño agacha la cabeza.

—Lo siento señor.

Erick deja sus cubiertos y mira molesto a mi marido. — No tienes que disculparte por hablar hijo, Volkan no es de la servidumbre, así que cuida tus palabras cuando te dirijas a él.

Alexander tose con su copa de vino y los ojos casi se le salen del rostro. —¿Cómo llamaste al turco?

—Mi hijo— repite — Acostúmbrate.

—¿Ese niño es tu hijo tío Erick?

—Así, Raven.

— ¿Es nuestro primo? — Kiara mira a Alexander.

—¡No!

—Sí— respondo yo al mismo tiempo que él y casi se ahoga otra vez.

Ethan está del lado izquierdo frente a Erick y lo mira de la misma forma enojada, la tensión se siente en el comedor. Noto que incluso los sirvientes tratan de forma indiferente a Erick y a Volkan por órdenes de Alexander o Ethan.

Si la escena del establo fue tensa esto es mil veces peor.

—Mis herederos nunca serán primos de un maldito tur…

—Ya es sufi…

—Te reto a que termines esa frase en mi maldita cara— Erick se levanta y me interrumpe.

—Yo la puedo terminar por el señor Roe, te advertí que no vinieras a Rusia— Ethan interviene.

—Traje el maletín, no podía enviarlo con alguien más.

—Caterva pudo ir por él a Londres.

—¿Caterva? ¿Quieres que vea a cierta mujer que tenemos en el Score? Están locos y no me importa estar aquí. ¡Quería ver a Emma! ¡La echaba de menos! ¿Cuál es el maldito problema con eso?

Cierro los ojos un segundo, mi paciencia se agota.

—Det er nok— una mirada mía basta para silenciar a los tres, ni siquiera me molesto en gritar frente a mis hijos, miro a todos en la mesa e incluso Ethan deje de mal mirar a Erick.

Ya es suficiente.

Los sirvientes se quedan en silencio interrumpiendo sus tareas. Los mellizos están en sus sillas altas especiales, todavía son muy pequeños para alcanzar la altura de una silla normal, pero ellos también detienen su comida.

—Jeg havde en ret anstrengende dag, min jagt var lang, så alle opfører sig ordentligt, og vi får en hyggelig familiebiddag. Og hvis nogen tjenere bliver ved med at opføre sig ligegyldigt over for vores gæster… — sonrío sin humor — Vil jeg låse dem alle inde i burerne.

Tuve un día bastante agotador, mi cacería fue larga, así que todos se van a comportar y tendremos una cena familiar agradable, y si algún sirviente sigue comportándose indiferente con nuestros invitados… Los voy a encerrar a todos en las jaulas.

Los rostros de la servidumbre palidecen y rápidamente se excusan. —Fueron órdenes de mi señor.

—Las ordenes cambiaron ¿entendido?

—Sí, mi señora.

Le sonrío a los niños para que no se alteren con las peleas de los adultos. — Volkan, cielo, eres libre de hablar cuanto quieras.

Los tres hombres se miran en silencio.

—Hazle caso a Emma, ella sabe controlar a las bestias, hijo— Erick le guiña un ojo —¿Puedo tener más de esta comida cara? Soy rico, pero si puedo comer gratis lo haré y no me importa que Alexander me mire como un indigente— alza su plato y Octavian corre hacia él.

La tensión no desaparece del ambiente y siguen mirándose con odio entre todos a excepción de los niños, pero al menos ya no discuten.

—Más vegetales, por favor— Raven le pide educadamente a la servidumbre sentado lo más cerca que puede de su padre.

—Enseguida, joven Roe.

Trata de imitar a Alexander en su dieta, e inconscientemente nuestro hijo a adoptado los modales de Alexander en casi todo lo que hace, pero hay un problema en la comida. Observa que Alexander no lo vea y muerde una de las tostadas de mi plato, le quedan restos de crema batida en la barbilla.

Miro un segundo a Kiara en la silla a mi lado y veo que come los vegetales que dice que no le gustan, se limpia las comisuras de la boca y los come de nuevo con demasiado entusiasmo.

—Espero que la cene esté deliciosa— dice Octavian sirviendo el segundo platillo, Caviar negro de beluga, pero nadie le responde.

—A mí me gusta mi comida— Raven le sonríe.

—¿Te gusta el pollo Octavian? — pregunta Kiara saltando en su lugar tratando de alcanzar torpemente sus cubiertos para pinchar su pollo frito como Raven.

—Está deliciosa, señor— responde Volkan casi al mismo tiempo que ella y mi hija deja su tenedor en el plato mirándolo con curiosidad.

—Hablamos iguales— se ríe, pero el niño le rehúye la mirada. —¿Nos oíste abuelo?

—Sí, cariño, hablaron al mismo tiempo— la cara de Ethan cambia de inmediato y suelta una risa que relaja un poco el ambiente.

—¿Cortas mi pollo? — extiende su plato por la mesa junto a Alexander.

Alexander mal mira a los sirvientes que están contratados exclusivamente para las necesidades de los mellizos en la mesa. Corren de inmediato tomando los cubiertos de nuestra hija.

—Accedí a que tú y tu hermano comieran pollo frito, pero no has tocado los vegetales.

—Las zanahorias son comida de caballos.

Rueda los ojos. — Ya oyeron, corten el pollo a mi hija, porciones pequeñas y bien definidas— les ordena a los sirvientes.

—Sí, señor— corren, pero Kiara niega rápidamente y aleja su plato de ellos.

—Quiero que mi papi lo haga.

—Los sirvientes están aquí para eso, deja que corten tu comida.

Estoy tan feliz de que ella sepa entornar los ojos como yo cuando mira a su padre con cara tierna, Alexander me mira por apoyo, pero sólo le sonrío porque sigo enojada con él y no pienso ceder. — Él puede hacerlo princesa. ¿o no Alexander?

Cierra los ojos un momento, susurra algo en danés y procede a cortar el pollo de nuestra hija mal mirándome. —En forma de estrellitas, papi— ella se levanta en la silla para asegurarse que Alexander hace lo que le dice.

Erick se cubre la boca con una mano y finge una tos mientras yo contengo mi risa mientras compartimos una mirada cómplice. —Dios mío, no sé por qué no viví aquí estos dos años, me perdí de un gran espectáculo del lobo en modo padre, los noticieros londinenses pagarían una fortuna por fotos y videos de esta familia y del lobo en modo padre.

—Cierra la boca pordiosero— gruñe Alexander de lejos.

—Lenguaje— le advierto.

—Mierd…— se interrumpe, mira a los mellizos y vuelve a respirar hondo.

—Pordiosero— repite Raven mientras mete su pequeña mano en mi plato robando una de mis tostadas de crema batida.

—No digas esa palabra cariño, es… es la forma en la que papá y el tío Erick se dicen de cariño— sé que no me comprendió porque su ceño se frunce, pero sigue comiendo. — Tardaste mucho en venir a visitarnos Erick, te echaba mucho de menos— comienzo con la conversación antes que Alexander mate a alguien en el comedor.

Mira mi plato con toda la comida llena y trato de llevarme un bocado a la boca, pero simplemente no puedo comerlo.

—Las cosas por Londres no han estado especialmente tranquilas, además quería que Volkan tomara clases privadas de algún arte marcial, pero mi hijo eligió pintura para pasar más tiempo con Aaron.

—Compré el último cuadro de Cora, es precioso, no sé por qué no los pone en exhibición.

—Lleva un tiempo trabajando de forma independiente para sus antiguos clientes, pero se niega a trabajar para Gallery Art, iban a firmar un contrato hace meses, pero todavía no se fía del nuevo dueño, aunque ni siquiera debería preocuparse— suelta una risa corta como si supiera algo que ella no.

—Los extraño demasiado.

—Y ellos a ustedes, Aaron habla todo el tiempo de los mellizos.

—¿Quién es Aaron?

Trato siempre de mantener comunicación con Cora para que los mellizos no olviden a su primo como Millie lo hizo por un tiempo. —El hijo del tío Bennett y la tía Cora.

Los mellizos se miran. —Mami, ¿Podemos enseñarle a Volkan los cuentos que nos compraste a mi hermano y a mí?

—Por su puesto cariño.

—Están en ruso. ¿Tu hablas ruso? — Raven mira el niño junto a Erick.

—No.

—Yo hablo danés.

—Yo no.

—Se nota.

Las comisuras de Alexander se alzan.

—Pero puedo enseñarte.

La sonrisa de Alexander desaparece.

—¡Sí! Tenemos muchos juguetes en nuestro piso de juegos, papi lo hizo y nos dejó ayudarlo con sus dibujos.

—Se llaman planos— la corrige Raven. —Yo le ayudé a dibujar.

—¡Y yo también! — Kiara alza la mano para no quedarse atrás. —¿Qué es eso que tienes?

Volkan alza el peluche que lleva consigo y los ojos de Kiara se iluminan. —Es mi dinosaurio.

—¿Me lo prestas?

—Sí.

—¿Quieres ver nuestra habitación?

—¡Sí quiero! — los ojos de Volkan se iluminan — ¿Puedo ir con ellos? — se gira a Erick.

—Yo… ¿sí?… es decir, cuando termines tu cena.

—Como órdenes— Volkan se apresura con su plato y los mellizos como son más pequeños que él se apresura también con su comida. Estoy asombrada de la faceta de padre de Erick, se nota más maduro, pero a la vez sorprendido de que Volkan le pida permiso.

Disfruto la cara de enojo de Alexander al ver a nuestros hijos tan entusiasmados con la visita de Volkan y Erick tiene la misma expresión que yo, incluso Ethan, aunque está molesto con la visita de Erick sonríe con la cabeza abajo.

El karma más grande de Alexander son nuestros hijos.

—Estuve revisando la mejor zona de acampada de los Bosques vírgenes de Komi, pero sugiero que elijan algo más alejado de los vendedores para no llamar la atención— dice Ethan en cuanto los niños dejan la mesa seguidos de la niñera.

Van demasiado emocionados con su nuevo amigo y sólo lo han conocido por pocas horas.

—Vamos a elegir una zona despejada Ethan, algo barato y nos vamos a mezclar entre los compradores más ordinarios, mis guardaespaldas estarán en la zona, pero en tiendas de campaña diferentes a las nuestras.

—El bosque va a estar lleno señora Roe, apenas y se podrá caminar, yo estoy acostumbrado a ese tipo de sitios, pero no creo que sea lugar para usted.

Erick mira a Volkan irse con un brillo en sus ojos, una parte de mi esta feliz de que le haya tomado cariño al niño y la otra se preocupa porque tarde o temprano volverá con su padre y no quiero que mi amigo sufra.

—No te entusiasmes demasiado, no es tu hijo y la mafia tiene planes para él— Alexander lo corta y su mirada se apaga.

—Ya lo sé.

—Y no te preocupes por la seguridad de Emma, Ethan, ella no irá y desde hoy dejó de trabajar para los filipinos. ¿Hay algo más que quieras infórmale a Ethan o quieres que yo lo haga? — me mira.

Dejo mis cubiertos bruscamente sobre mi plato y Erick se queda a mitad de bocado, miro a Alexander con todo el enojo que contuve desde la discusión en la biblioteca. —Iré con los filipinos, te guste o no y si no te parece se cancelaré el contrato con ellos, así de simple, disfruten la cena.

—Ni siquiera tocaste tu plato.

—Perdí el apetito— dejo la mesa, pero no quiero arruinarle la cena a Erick también, voy hasta él y le entrego la clave de acceso de mi auto —Jin Jun cuidará de Volkan toda la noche y Dina te llevara por la ciudad en una hora, ya se lo ordené, estoy cansada, pero te prometo que mañana te mostraré mis lugares favoritos.

—No te esfuerces mi ángel de luz, descansa que no me gustan esas ojeras en tus ojos— besa mi mano —Además Dina es buena compañía, creo que lo voy a disfrutar.

Es el mejor de todos. La rusa está afuera del comedor esperando por él, ella nació y vivió en Moscú antes de que Logan se la llevara a Londres, así que conoce la ciudad mejor que nadie, me inclina la cabeza cuando paso a su lado.

—Cuida de Erick.

—Lo haré señora Roe.

Subo por la habitación e los mellizos y los veo sacando las enormes e interminables cajas de juguetes que poseen. Volkan está encantado con ellos. Cada noche subo a leerles antes de dormir, pero aún me queda un par de horas libres, los dejaré jugar un poco más.

Tres de mis lobos están el piso de juegos tumbados sobre los sillones, pasan gran parte del día junto a los mellizos.

Mi mente va en blanco que ni siquiera noto que evito entrar a mi habitación, paso directo a una de las habitaciones de huéspedes, Niles ni siquiera entra, solamente está acostumbrado a dormir en la habitación de los mellizos como los demás lobos.

Preparo en silencio la tina e inconscientemente mientras se llena de agua saco mantas limpias y almohadas cómodas para mí. Voy a dormir aquí. Ni siquiera quiero ver a Alexander en este momento.

Por la ventana veo mi auto salir de la residencia, espero que Erick tenga un respiro al menos por esta noche. Me quito mi joyería, mi anillo matrimonial es el único que no puedo quitarme desde hace años.

Dejo el collar del lobo junto a lo demás y me desnudo para entrar a la tina haciendo un ruido de alivio cuando el agua caliente cubre mis músculos. Dormito por un rato largo tratando de dejar mi mente en blanco, pero no puedo dejar de oír las discusiones en mi cabeza.

Ni siquiera noto cuando me duermo, hasta que veo a mi madre entre sueños y respiro agitada. Obligándome a despertar —¿Otra vez ese sueño? — recargo mi cabeza en mis rodillas.

Llevo un par de meses soñando con mamá, desde que Kate murió jamás me había ocurrido, ni siquiera en Trafford. Reviso mi celular llevo más de una hora en la tina y ya es hora de que los mellizos duerman.

Me pongo una de las bastas simples y no me preocupo en secarme en cabello. La casa está en silencio, solo están los sirvientes que vigilan, sin hacer ruidos ni siquiera al respirar. —Señora Roe— Jin jun levanta la cabeza cuando entro al piso de juegos. —Lleve a Volkan a su habitación hace poco, los tres se quedaron dormidos, pero ellos dos…— señala en los sillones.

Raven y Kiara están dormidos sobre el pelaje de Niles como cuando eran bebés.

La imagen es demasiado adorable, están por cumplir tres años dentro de muy poco, pero siguen siendo tan pequeños. Kiara tiene el dinosaurio de Volkan abrazado y sonrío de lado. —Mis mini bestias de ojos verdes — acaricio sus mejillas y los tomo en brazos para llevarlos a su habitación.

Los lobos los siguen como sus guardianes, Niles en la primera fila, entramos a la habitación de los mellizos y los cuatro se echan en sus lugares de siempre a dormir, vigilando el sueño de los mellizos.

Les coloco sus pijamas y le doy el dinosaurio de Volkan a Jin Jun. Parecen un par de angelitos dormidos, cuidados por cuatro bestias que no dejan ni siquiera que Jin Jun entre sin autorización a la habitación.

Enciendo los monitores de sonido de los mellizos y regreso a mi habitación con los ojos cansados, cuando entro hay una charola grande de comida con diferentes frutas, carne y postres.

Ni siquiera la toco y pongo el pestillo en la puerta, los ventanales y la puerta de la terraza por si a Alexander se le ocurre entrar otra vez.

〘 〙

Alexander.

—¿Qué carajo? — empujo la puerta, pero no cede, tiene el pestillo colocado.

¿Quién demonios la cerró? Mi humor no es el mejor hoy y menos a estas horas de la madrugada con la puerta de la habitación donde esta Emma cerrada.

Ni siquiera me molesto en llamar a los criados, yo mismo me encargo del pestillo. Lo hice muchas veces en su apartamento en Londres que no me cuesta nada abrir la puerta en menos de un par de minutos.

La habitación completa está a oscuras, veo con enojo como ni siquiera toco un plato de su charola de comida, está evitando ingerir alimentos otra vez. Los monitores de nuestros hijos están sobre la mesita de noche junto a su collar de lobo. Con mi nueva vista no me cuesta encontrarla en la oscuridad como antes.

Veo su silueta perfectamente marcada a mitad de la cama. Está desnuda, sólo hay una bata de ducha tirada en el suelo y hasta aquí huelo su gel de ducha impregnado en las mantas. —Obstinada como siempre Emma— susurro.

El ofendido debería ser yo por todas las llamadas de Ethan que le ocultó a la mafia, llamadas que estoy seguro que Bennett bloqueó para que no aparecieran en el sistema. Ni una disculpa salió de su boca y ahora quedó como el villano por traer a Jack de vuelta a trabajar conmigo.

Me suelto la liga del cabello, los mechones caen alrededor de mi cabeza mientras me meto en la cama enojado junto a ella. —No me toques— susurra con voz adormilada entre sueños.

Pego mi mano a su vientre y pego su espalda a mi pecho sin demasiado esfuerzo.

Por un segundo su cuerpo se vuelve liviano, se pega a mi toque entre sueños y puedo enterrar mi cabeza en su cuello, por un segundo corto creo que podré dormir en paz… por un maldito segundo me deja saborear un poco de paz.

Pone su cuerpo cálido entre mis brazos y eso me suena a disculpa silenciosa, subo mi mano por su vientre hacia sus tetas, las amasaré un rato y después la giro, tengo que dormir entre ellas.

Sus senos me llenan la mano y lanza un sonido de gusto echando su culo hacia atrás, cedo a la invitación y pego mis caderas a sus glúteos.

Por un segundo soy un hombre feliz que se comienza a empalmar con las nalgas de su esposa frotándose lentamente.

¿Estaba desnuda para mí? Sabía que a pesar de la pelea iba a querer repetir lo que hicimos en la mañana. Me gusta esta forma de disculparse de mi esposa. —Así nena— la ayudo con el ritmo —Ponlo duro— le susurro en el oído.

En el segundo en el que hablo todo se rompe.

Se gira de inmediato soltando un grito de sorpresa y me golpea en la bolas con su rodilla para liberarse. Yo mismo le enseñé a mejorar sus técnicas de golpes, así que me doblo de dolor en mi inglés con las manos cubriendo mis malditos testículos, pero no sin antes recibir otro golpe el doble de duro que el anterior.

—¡La puta madre que me parió Emma!

—¿Quién coño eres? — se levanta de la cama de un salto encendiendo la lampara. —¿Alexander?

—Jo… joder— las venas de mi cuello se saltan mientras espero que el dolor disminuya.

Recoge su bata cubriendo sus deliciosas tetas y parpadea varias veces. —¿Qué diablos haces aquí? Me asustaste.

Otra vez no se disculpa. —Da gracias que tenemos… dos hijos— jadeo —Porque después de esto ya no hay posibilidades de más.

—Las puertas estaban cerradas. ¿Cómo entraste?

Me estoy muriendo de dolor y eso es lo único que le preocupa.

—Creí que eras un asaltante— entrecierro los ojos, pero no se ve arrepentida. —Vete, quiero dormir, estoy agotada.

—Ni siquiera puedo caminar mujer.

—Entonces iré a nuestra habitación tu puedes dormir aquí o donde te apetezca, pero lejos de mí.

Trato de levantarme y seguirla, pero con el dolor de bolas es más rápida que yo, vuelve a encerrarse en nuestra habitación. Pego mi frente a la puerta rendido sujetándome el miembro con dolor, esperando que pasen los malditos espasmos punzantes.

—Por Dios hermano, no seas un vulgar— la voz de Erick viene por el pasillo, suena a que bebió un poco. —No te toquetees frente a la puerta de tu esposa, mejor entra.

—Maldito pordiosero ¿Quién te dejó pasar aquí? — gruño cerrando mis manos en puños —Lárgate de mí vista, este piso es exclusivamente mío y de mi mujer.

—¿Un piso entero sólo para ustedes dos? — mueve las cejas de forma insinuante. —Sucios.

—¡Largo de mi vista!

—Ni siquiera me importan tus amenazas, tuve una noche magnifica, después de tanto tiempo, la rusa es demasiado agradable— suspira apoyándose en la pared.

—No me importan tus tonterías.

—No son tonterías, es que nunca noté que ella es… no importa ¿Dónde está mi habitación? — se nota que está ebrio.

—En el sótano con las ratas.

Se ríe bajando las escaleras y si no fuera por el dolor en mis bolas lo mataría a golpes. Cuando el dolor cede dejo enojado la puerta de nuestra habitación y regreso a esa asquerosa habitación de huéspedes de antes.

Quito las sabanas enojado y me tumbo en la cama con un humor de los mil demonios. Enojado con todo el mundo, pero en especial con la mujer que lleva mi apellido.

. . .

Me arreglo en la habitación de huéspedes, mi reflejo en el espejo no muestra lo enojado que estoy, me ato el cabello y me pongo cera en el resto del pelo, no fue una maldita noche placentera en esta porquería de cama individual, ni tampoco fue fácil teniendo el olor de Emma impregnado por su ducha. Y si eso fuera poco todavía me duelen las bolas al caminar.

Me topo con mi mujer al salir de la habitación. —Tienes hasta esta tarde para informales a Ethan de Jack o lo haré yo— le informo enojado — pero ella ni siquiera se digna a hablar o a mirarme.

La veo hasta que desaparece en la habitación de huéspedes. ¿Qué busca ahí?

—Señor Roe, tiene un…

—¡Fuera de mi vista inútiles! — los criados se quitan de mi camino en todos los lugares que paso y hacen bien porque al primer idiota que se atreva a cruzar miradas conmigo lo voy a ir a azotar a los sótanos. Ni siquiera mis propios conservadores me dirigen la palabra cuando entro a la biblioteca.

—Ya elegimos la zona del Bosques vírgenes de Komi donde acamparan en dos días junto a los filipinos, está en la parte central del lugar, rodeada de varios turistas, no los notaran mientras no hagan grandes movimientos.

—Me da igual.

Sobre mi escritorio están los documentos de Hilton &Roe que Erick trajo y en el otro lado las muestras que el biólogo realizó de la droga. Abro primero los documentos de Hilton & Roe firmados por Christopher.

Sólo se necesita mi nombre para el cambio de imagen y nombre de la marca hotelera. Mi imperio. Tomo una pluma y hago lo acordado a mis planes, sello de nuevo el sobre y abro los análisis de las muestras del biólogo.

Leo página tras página.

—Llama a hacker— le ordeno a Caterva.

—¿Qué sucede lobo? ¿Los análisis están mal?

—Es lo que sospechamos.

—Alguien está vendiendo en Londres de forma oficial la anfetamina de David Wall.

—¿Cómo vamos a saber si es Logan o Meredith?

—Un ex adicto sabe cómo atrapar a un buen vendedor.

—¿Qué tienes en mente?

—Vamos a utilizar a mi hermano de carnada.

—No creo que Bennett quiera trabajar en el mundo de las adicciones para cazar al vendedor.

—Tengo una forma de obligarlo, algo que lo mantiene atado a Dinamarca desde hace dos años.

〘 〙

Bennett .

Tengo las ventanillas del auto abajo, lo tengo estacionado frente a un parque, estoy sentado en la incómoda banca de madera, pero espero pacientemente al Golden Retriever que corre.

Kieran está en el parque haciendo sus necesidades y Aaron lo persigue lanzándole la pelota mientras esperamos que mi esposa salga de la tienda de arte a la que vino a entregar sus obras.

Soy millonario, pero ella se niega a dejar de vender su arte, si tan solo supiera que lo quiero sólo para mí.

Cuando vivía en Irlanda yo era su mejor comprador y nunca sospechó de mí, tengo esos cuadros exhibidos en un lugar especial, pero ella todavía no lo sabe.

Tengo lentes negros puestos y una gorra como siempre, la mitad de mi tiempo paso ocultando mi identidad e hacker hasta con mi esposa e hijo y la otra mitad me la paso escondiéndome en público.

Para el mundo estoy muerto desde hace dos años, la más afectada es mi madre. La he estado vigilando estos últimos años y ha hecho cosas bastante peculiares, incluso rompió la alianza que tenía con el Borah.

—No te alejes tanto hijo.

Mi pequeño de casi cuatro años asiente y acerca a Kieran de nuevo a la banca, tiene las mejillas rojas de tanto correr bajo el sol. Toma varios sorbos de esa botella de agua ecológica que Cora me hace llevar a todos lados por el bien del planeta.

—¡Corro como un rayo! ¿Me viste papi? — sonríe con la boca llena de restos de los rollitos de canela que desayunamos esta mañana.

—Eres muy veloz cupcake, más veloz que Kieran— se ríe mientras le quito el glaseado y lo cargo hacia el auto abriendo la puerta trasera para Kieran. —Pero recuerda que no debes alejarte demasiado en el parque. ¿Entendido?

Asiente, es un niño demasiado obediente. —Había un hombre cerca de Kieran.

—¿Qué hombre? — me pongo alerta, nunca pierdo a mi hijo de vista, ni por un sólo segundo.

—El hombre de las golosinas— dice y respiro aliviado.

—Recuerda que no hablamos con extraños y que todo lo que veas tienes que decírselo a mamá o a mí.

—Siempre— asiente otra vez. —El hombre de las golosinas me regaló una.

—No puedes comer cosas de gente extraña.

—Lo siento papi, no lo haré más.

Por el ventanal veo a Cora bajar del elevador del edificio y mi corazón se acelera un poco como todos los días. Trae un vestido corto y el cabello rubio en ondas, no lo tiene tan largo, apenas sobre los hombros, pero me encanta lo dulce que se ve su rostro.

—¿Podemos ir a jugar otro poco al parque?

—Te diría que sí, pero estamos de suerte, aquí viene mamá.

—¡Mami! — le ondea desde lejos nuestro hijo y Cora corre a nosotros emocionada.

Mi esposa sale del edificio con una gran sonrisa en su rostro y me encanta lo que veo, pero sé que a ella también le encanta lo que come todos los días.

Llevo más de dos años sin consumir ningún tipo de droga, recuperé mi peso corporal, y no soy tan alto o robusto como mi hermano, pero jamás había tenido tanto músculo en mi vida, sé que a Cora le encanta porque literalmente hemos llenado el piso de nuestra cocina de glaseado más una vez.

Mi gatita ha comido y lamido mis músculos en el desayuno por varios meses.

—¿Te postaste bien con papá?

—¡Corrí con Kieran por el parque y papi me llevó a los columpios y luego corrimos persiguiendo al vendedor de golosinas y volamos un cometa! ¡También te hicimos un dibujo! Para ti mami.

Saca uno de los cientos de dibujos que le hacemos a su madre desde que es pequeño, no importa cuantas veces le dé un regalo a Cora, ella siempre va a sorprenderse y guardarlo en su bolso como si fuera un tesoro. —Es precioso.

—¿El cliente lo puede comprar?

Cora y yo nos miramos con media sonrisa. —Por supuesto cupcake, vale millones de libras.

Mi hijo sonrie emocionado. Beso a mi esposa suavemente antes de abrirle la puerta del auto, sólo estuvo dos horas adentro, pero no la puedo tener tan lejos por mucho tiempo. —¡Logré la venta! El cliente quiere ver nuevas exhibiciones el próximo mes.

—Gatita— le coloco el cinturón de seguridad con una mano y con la otra sigo cargando a Aaron — Tienes mis millones para gastarlos completos y sigues vendiendo arte, todo mi jodido dinero es tuyo de por vida. ¿Cuándo vas a parar?

—Ya sabes que amo mi trabajo— me quita los restos de su labial de mi boca.

—Trabaja sólo para mí.

—No seas egoísta.

—¿Soy egoísta porque te quiero sólo para mí?

—Basta— sus mejillas se sonrojan y me voltea la cara, después de tres años casados todavía puedo hacer que Cora se sonroje fácilmente, subo las apuestas y tapo los ojos de mi pequeño hijo mientras beso a su madre para sonrojarla de otra forma.

Cuando le doy una última lamida a su labio sus mejillas y cuellos están rojizos. Sonrío satisfecho y descubro los ojos de Aaron. Coloco a mi hijo en su asiento de niños en la parte trasera del auto y Kieran va sentado junto a él jadeando todavía por la adrenalina que descargo en el parque.

Cora es demasiado cuidadosa con la alimentación de nuestro hijo, le pone un paquete de fruta para que la coma en el camino. Aaron ya está acostumbrado, la toma sin reprochar y acaricia la cabeza de nuestro perro mientras conduzco a nuestro edificio. —Caterva me llamó, Alexander revisó el maletín que se llevó Erick.

—¿Estábamos en lo cierto? — mi esposa frunce el ceño —¿Es anfetamina?

Asiento. —Hay un plan para descubrir quién es el vendedor.

—¿Cuál es?

La miro, pero no me atrevo a contarle lo que pidieron. Llevo varios años sin drogarme y no planeo hacerlo jamás, pero cuando era niño mi padre decía “si eres adicto una vez, lo serás para toda tu vida”.

—Aún no me lo han dicho, ya me llamarán.

—Podremos hacerlo— me tranquiliza, pero actuará tan calmada cuando lo sepa.

Me quedo sumergido en mi cabeza pensando la mejor manera de contarlo, pero no encuentro algo lógico. Estira la mano y enciende el radio, siempre está apuesta esa maldita canción que desde que la escuché en Nueva York por primera vez, nunca salió de mi jodida cabeza.

—Saturday morning, jumped out of bed, and put on my best suit — canta una vocecita en el asiento trasero. —Can I have your daughter for the rest of my life? Say yes, say yes, cause I need to know.

—¿Cenas conmigo? — tomo la mano de mi mujer en un semáforo.

—Convénceme— me guiña un ojo, pasando sus manos por las venas de mis brazos.

Maldita sea, soy yo el marica que se sonroja esta vez. — No sabes lo que pides gatita.

¿Por qué coño mi voz suena más ronca?

— Why you gotta be so rude? Don't you know I'm human too? I'm gonna marry her anyway—sigue cantando Aaron.

Miro por el retrovisor a mi hijo cantando Rude junto a Kieran y sólo me basta mirar de reojo a la rubia que desde el día en que la conocí supe que sería mi esposa, sí, fui un adicto alguna vez y perdí las esperanzas, pero eso no volverá a suceder, lo juro por Dios.

Tengo todo lo que siempre soñé, esas noches drogado cuando solo pensaba en quitarme la vida, salí del infierno y no pienso volver. —¡Adiós! — grita Aaron en el asiento trasero.

—¿A quién le dices adiós hijo? — Cora lo mira por el retrovisor.

—Al señor de las golosinas que me obsequió una.

La luz del semáforo cambia en ese instante, pero por la milésima de segundos en la que giro mi cabeza para la dirección e la que señala Aaron se me hiela la sangre al hombre que le ondea un adiós a mi hijo con media sonrisa.

Mi padre.

〘 〙

Borah.

—Todo va conforme al plan, da la entrevista, no tienes que preocuparte— dice la persona a través del teléfono antes de terminar la llamada.

—Sonríe, las cámaras están aquí— pide Selin y por primera vez en meses mi sonrisa es genuina.

Mi atractivo se realza con el traje, todos los avances del plan que me informaron esta mañana mejoraron mi animo al cien por ciento. Estoy por dar mi tercer informe al parlamento, tres años en el poder, eso fue más de lo que Richard estuvo a cargo.

Cuando Sarah fue ingresada al hospital mental bajo el testimonio de su propio marido quede a cargo total del MI6, nunca creí que la mujer estuviera tan afectada por la muerte de su hija, espero que con su nuevo heredero vuelva a sus cabales.

Quién había pensado que un parapléjico todavía puede engrandar hijos.

—Los hombres están llegando al hotel Borahbey— Selin esta a mi lado como en cada entrevista —Se reunirán con usted para el último pago tan pronto termine la entrevista.

—Los quiero vigilados, no dejes que salgan del edificio hasta que yo llegue.

La mujer de la entrevista viene preparada, pero yo sé como controlarla a ella y a todas, llevo años haciendo lo mismo. Va a hacer preguntas sobre Sarah, la noticia de su embarazo fue una bomba en redes sociales, y ahora fingiré estar orgulloso de que el legado del teniente Wall siga en este mundo.

Va a preguntar sobre mi hijo y me tragaré mi rabia y le diré que Allah lo tenga en su gloria, aunque yo sé que vive, Meredith me lo dijo.

Llevo más de dos años separado de Volkan, sólo teniendo migajas de él a través de llamadas anónimas una vez al mes, entre pesadillas, orgullo herido e intentos fallidos de localizar el lugar desde donde me habla.

No me da información, sólo dice que me extraña, cada noche después de hablar con él es una tortura, me quitaron la posibilidad de ver a mi único hijo crecer, pero eso va a cambiar pronto.

Ya no tengo a Meredith de mi lado, pero junto a mis nuevos aliados los planes avanzaron en silencio estos dos años y medio.

Sonrío de lado a la cámara imaginándome lo que tendré en Turquía muy pronto.

Los que me quitaron a mi hijo van a arrastrarse hasta el infierno en el que yo estuve.

Pronto vivirás en el infierno Alexander Roe.

Extiendo mi mano a la mujer que espera por mi para posar en las cámaras. Se acerca una sonrisa esplendida. —¿Quién es la dama que lo acompaña ministro Aslan?

—Rebecca Hilton, la futura teniente del MI6.

¡Hola sexys!

Se viene y no Alexander Roe.

Sólo diré 24 y 25... #miedo #terror #ozuna

¡Los amo tres millones!

-Karla.

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