CAPÍTULO 24
Misión de espionaje.Parte IEmma.—Por primera vez van a probar el armamento que desarrollamos este año, las armas más grandes son para los guardaespaldas de mi mujer y ni siquiera toquen mi caja de dagas de colección con sus asquerosas manos— Alexander abre las bodegas detrás de nuestra residencia llenas de empaques de metralletas de alto calibre ruso, los criados corren a quitar las lonas negras de las cajas y abrirlas para que los veinte hombres que van al bosque se llenen de provisiones.
Los francotiradores dejan que él y yo seamos los primero en elegir, no me decido si llevar armas cortas o alguna metralleta como cuando voy de cacería.
Erick está apoyado en una de las furgonetas militares que llevaremos tratando de colocarse el traje de kray. Serán diez conservadores rusos los que nos acompañan y diez de los mejores francotiradores, cinco de ellos van como mis guardaespaldas.
De inmediato los conservadores se adentran en las bodegas, Caterva va por la caja de revolver, se coloca dos, uno escondido en su tobillo y el otro en los bolsillos traseros de su pantalón.
Otros como Wren y su hermano van directo por las pistolas semi automáticas, P320 y las más amadas de los rusos las MP-443, Alexander va a ese último paquete, tomo cuatro, dos en cada tobillo por encima de sus botas, abre la caja de sus dagas, las saca de la empañadura y mete el filo al lado del revolver.
Está demasiado entrenado para cargar todo ese peso en su cuerpo por los días que estemos lejos. —¿Quiere mi opinión sobre el armamento que debería llevar señora Roe? — Wren se me acerca amablemente.
Alexander levanta la mirada y nos observa de lejos. —Todavía no estoy familiarizada con el nuevo armamento.
—El señor Roe ha probado cada muestra los últimos ocho meses y sabe a cuales usted está acostumbrada normalmente, podría pedirle su opinión— sugiere mirando a mi marido.
Miro a Alexander, no nos hemos dirigido la palabra en toda la mañana, el desayuno ha sido tenso, y él ya se despidió de los mellizos sin mí, Kiara me lo dijo, se está portando como un niño malcriado.
Todos los sirvientes han notado y sufrido por su mal humor, ni siquiera Caterva que es su conservador más cercano se ha atrevido a hablarle.
— No la necesito, prefiero que tú me ayudes— le toco el hombro y el pobre hombre se tensa.
Alexander aprieta la mandíbula y él tampoco toma su sugerencia de ayudarme a elegir mis armas, se gira dándome la espalda enojado. —¡Más rápido! ¡Tenemos que salir a carretera exactamente en una hora dejen las pláticas estúpidas de lado! ¡Rápido idiota o te clavo mi daga en el cuello! — mira a Wren con cara de pocos amigos.
—Ense… enseguida mi señor — corre pálido a abrir otra caja mirando entre mi marido y yo —¿Qué le parece esta mi señora? —me ofrece un arma corta que no me gusta nada y se mantiene a una distancia prudente lejos de mí.
—Demasiado pequeña.
—Quizá esto le guste, esta metralleta es de mis favoritas.
La tomo, pero me cuesta apuntar, la punta está recubierta de un material al que no estoy acostumbrada. — Demasiado pesada.
Alexander poco a poco se va a acercando hasta donde estoy y analiza armas con aburrimiento, si quiero elegir bien voy a tener que pedírselo porque el maldito engreído no me va a ayudar sin que se lo pida.
Me niego a ceder y me inclino a abrir otra caja, el material no se ve confiable. —¿Qué opinas de este Wren? — levanto la mirada distraída, pero el conservador ya no está por ningún lado, sólo está Alexander a mi lado ignorándome.
—¿Wren?
El hombre no aparece por más que lo llamo, me rindo y busco acercarme a otra caja, pero Alexander se cruza en mi camino fingiendo que recoge unas correas y me bloquea el paso, en un movimiento rápido me quita la caja y la coloca en un estante alto.
—Esa era mi caja— digo, pero me da la espalda.
—¡Media hora para irnos! — anuncia ignorándome otra vez.
—Maldito engreído— susurro.
—¡Si alguien tiene un problema con la autoridad puede dejar su jodido trasero aquí mientras los demás vamos a la misión con los filipinos! — vuelve a gritar y los conservadores lo miran consumido.
Hijo de perra.—¿Cuáles son mis armas? — Erick se pone a mi espalda antes de que le arroje una de las cajas a Alexander.
—Busca un arma que puedas manipular en el bosque y no te dificulte correr y disparar al mismo tiempo si las cosas se complican— saco dos metralletas negras ya cargadas y les quito el seguro pasándome la tira de cuero por encima del cuello.
—Estoy sorprendido, pasas dos años en Rusia y ya eres toda una reina de la mafia— busca en la caja de armas pequeñas y evita tocar las navajas suizas de colección del lobo. —¿No vas a decirme que le pasa al neurótico de mi amigo hoy? Está más amargado de lo habitual.
—Es un maldito obstinado.
—Ya entiendo— se cruza de brazos bajando la voz —Ustedes tienen problemas maritales, debí imaginarlo, no recibió su dosis de Emma por la noche y ahora todos tenemos que pagar las consecuencias.
—Eso no pasó Erick.
Se ríe a mi espalda y me ayuda con las cajas. —Por favor Emma, he estado con ustedes desde que se conocieron y sé mejor que nadie que el mal humor de Alexander siempre es cuando no te tiene, debiste verlo en Nueva York, casi me mata por respirar.
Algún día tengo que obligarlo a contarme sobre Nueva York.
—¡Un mugriento se escapó del sótano! — grita Caterva afuera. —¡Hay un mugriento en los jardines!
Erick y yo salimos corriendo las furgonetas ya están encendidas para irnos, pero hay alboroto por un mugriento de nuestros prisioneros que va corriendo por el jardín, los francotiradores no le disparan y nadie se acerca porque Alexander lo mira a unos metros.
No podrá escapar de él.
Es uno de los biólogos que tenían la tarea de terminar el medicamento que el hermano de Dina no puede mejorar.
Alexander camina en zancadas con cara de aburrimiento y le toma menos de un minuto atraparlo, saca una de las dagas que tiene en su bota y lo degüella frente a nuestros rosales.
Una risa corta e infantil paraliza a Erick. Gira poco a poco la cabeza y ve a Kiara a la entrada de nuestra casa riéndose del mugriento al que su padre acaba de asesinar, Ethan la tiene sujeta de la mano porque es muy pequeña para bajar los escalones sola.
Alexander sigue la dirección de la risa y sonríe de lado cuando ve a Kiara, pero Erick mira a mi hija con la boca abierta asustado. —¿Qué haces Ethan? ¡Kiara, no mires eso! — corre hacia ella y la carga dentro de la casa.
—Es un dramático, no sabe nada de los herederos del lobo— dice Ethan siguiéndolo dentro.
A los mellizos no se les ha ocultado que es la mafia, ni lo que implica su título, y he notado varias veces que tanto Raven como ella disfrutan las mismas cosas que su padre, pero no dejamos que miren todo a tan temprana edad.
—¿Por qué salió?
—Quería ver a su padre y salió corriendo cuando gritaron que había un mugriento, no la pude detener.
Los criados corren a recoger los restos del mugriento. Entro de nuevo a la casa para despedirme de mis hijos, Volkan está en su habitación lejos de ellos desde la mañana, paso a saludarlo, pero me detengo cuando veo por la ventana veo a Erick hablando con el niño.
Estoy molesta con Alexander, pero tiene razón en algo, Erick no debe encariñarse tanto con Volkan, sólo va a sufrir cuando lo inevitable ocurra, lo abraza para despedirse y subo las escaleras buscando a mis pequeños demonios.
Desde aquí escucho la risa de Kiara mientras le cuenta a Raven que había un mugriento en el jardín.
Nunca me he alejado tanto tiempo de los mellizos desde que nacieron y está ocasión serán varios días en el bosque ruso espiando a los filipinos y aunque Jin Jun es una excelente niñera siento una presión en el pecho que no me deja.
—Saldremos pronto, vine a despedirme.
—Buscaré infórmale de ellos todos los días— Ethan me tranquiliza.
—La señal en ese bosque no es buena, pero nunca dejes de intentar.
Su seguridad está protegida por toda la organización, nadie dañaría a mis hijos en cien años, son nuestros herederos, los sirvientes velan por ellos y mis lobos no permiten a nadie acercarse a su habitación.
Aun así, ni su padre ni yo estaremos cerca, es un viaje de varias horas en auto.
¿Y si Kiara no puede dormir sin su peluche? ¿Y si Raven despierta a mitad de la noche para que le lea un cuento? —Ya es hora— entro a la habitación de los mellizos.
Ethan me mira desde el otro extremo, puede ver la preocupación en mi mirada y la tensión en mis hombros. —¿Te vas de cacería mami? — pregunta mi hijo.
—Es más como un viaje con papá, el tío Erick y los conservadores por unos días, pero Volkan se quedará aquí y pueden mostrarle todo lo que hacen con el abuelo y cada juguete que tiene y jugar en la nieve— arreglo su bufanda, mi pequeño tiene las mejillas rojas por jugar toda la mañana en la nieve.
Su mirada se pone triste y se me encoje el corazón. —¿Y quién nos lee nuestro cuento?
—El abuelo se los leerá hará cariño y mañana te llevara hoy a alimentar a los caballos, pero tienes que prometerme que no te vas a escapar a jugar por el bosque.
Levanta su meñique y lo envuelve con el mío. —Promesa mami.
—Yo también, mami— Kiara jala mi abrigo y la tomo en brazos, le arreglo el cabello para cerrarle el abrigo también.
—El abuelo también te llevara princesa, pero no puedes acercarte de más a los caballos. ¿Entendido?
—¿Por qué?
—Porque papá y yo estaremos de viaje y me preocupa mucho que te muerdan.
Me mira con sus grandes ojos verdes idénticos a los de su padre y se abraza a mi cuello entornándolos — Papi dice que no debemos tener miedo.
—Puedes acercarte un poco y darles sólo dos zanahorias.
—Muchas— levanta cinco dedos.
—Dos.
—¡Muchas! ¡Muchas! — repite obstinada con los ojos entornados y se quita la bufanda a tirones, Erick suelta una risa desde la puerta, no lo vi entrar, pero en cuanto ve a Ethan deja de reírse.
—Cede un poco ángel de luz, mi sobrina es muy valiente, casi me da un infarto cuando se estaba riendo afuera, me dejó traumatizado— mira a Ethan con horror —Pero tu guardaespaldas los va a cuidar, Volkan también sabe comportarse, va a ser como un hermano mayor para ellos.
—Que no te escuche el lobo pordiosero— gruñe Ethan.
—Pordiosero— repite una vez más Raven.
—Me pregunto de quién ese carácter que heredaron los mellizos, al principio pensé que si tenían la personalidad de Alexander serían un peligro, pero creo que nos olvidamos que tendrán la combinación del tuyo también.
Arrugo la nariz, Erick no los ha visto lo suficiente, los mellizos pueden tener pequeñas pizcas de mi carácter en ellos, pero son las mini versiones de Alexander en todo el sentido, incluso si Raven es más reservado, en el segundo que no consiguen lo que quieren sacan su lado Roe.
—No los has visto enojados— alzo las cejas tratando de ponerle la bufanda de nuevo mi hija.
Ethan mal mira de nuevo a Erick y camina rápido a la puerta muy decidido. — La señora Roe está ocupada, ya lárgate y no nos quites el tiempo— dice y le cierra la puerta en la cara sin dejarlo hablar más.
—¿Qué te pasa?
—Nada, es demasiado hablador— se encoje de hombros.
Miro a Kiara con los ojos tristes y cedo un poco con mi cariño de madre. —Cambié de opinión cariño, puedes darles tres zanahorias a tus caballos— digo y asiente emocionada. Ethan sonríe desde lejos sin decir nada —Te amo princesa.
—Te amo mami.
Se me encoge el corazón, voy a extrañar a mis pequeños, la beso en las mejillas y tomo a Raven en brazos para hacer lo mismo sacándole varias risitas. —Te amo Raven.
—Te amo mami— se esconde en mi cuello sin soltarme, sabe que ya me esperan abajo porque salimos de la habitación, Erick me sigue en silencio evitando pasar junto a Ethan.
Ninguno de los mellizos me suelta hasta que llegamos al final de las escaleras donde esta Alexander acomodando su traje de kray y poniendo dos armas cargadas en la cinturilla de su pantalón. —Es hora de irnos las furgonetas ya están cargadas.
En ese instante Kiara se olvida de abrazarme y salta corriendo a su padre. Llega hasta él y se abraza a su pierna. —¡Papi!
— ¿Qué haces? — la sacude.
—Quiero un poni.
Erick se atraganta con una risa mientras Alexander mira a nuestra hija con el ceño fruncido abrazada a su pierna negándose a soltarlo. —¿Qué?
—Un poni, por favor— levanta dos dedos.
Raven se remueve en mis brazos y sale corriendo detrás de su hermana. —¡Yo quiero una tarta de fresas con chocolate! — grita emocionado colgándose a su otra pierna.
Alexander cierra los ojos y respira hondo, después se agacha para quedar a la misma altura que los mellizos. —Eres alérgico a las fresas al igual que tu hermana y sabes que comer chocolate no es sano— le recuerda a Raven. —Y tú ya tienes más de cinco caballos— mira a Kiara.
Los mellizos son tan diferentes, pero al mismo tiempo son idénticos, ambos se sueltan del agarre de Alexander, Raven es el primero en cruzarse de brazos y Kiara lo imita. —¿Qué demonios? Dije que no— Alexander también se cruza de brazos y les regresa la mirada enojada.
Los tres pares de ojos verdes se miran con enojo entre sí.
—No, es no — Alexander no cede y el ceño de los mellizos se frunce más.
—¿No tenemos billetes? — Kiara me mira asustada.
—Creo que no— dice Raven preocupado y las cejas de mi marido se alzan.
Erick se está carcajeando a mi espalda. Tira su maleta, pero se agarra a mi para no caerse al suelo, sus ojos lagrimean. —Pensé… pensé que no… viviría para ver este momento— sus ojos lagrimean y habla entrecortado —Te llegó el karma versión doble hermano.
—Cierra la puta boca pordiosero— gruñe y le la espalda a los mellizos.
—Pordiosero— repite Raven otra vez y Alexander se ríe.
—Puta boca— Kiara repite también lo que dijo su padre antes.
Erick se tumba al suelo entre carcajadas y yo me quedo pasmada mirando a los mellizos, Alexander no dice nada más, pero veo su mueca de satisfacción en su rostro y la sonrisa ladeada con la que ve a nuestros hijos, de repente, alza la mano y los mellizos chocan su palma con la suya.
Me quedo con la boca abierta. ¡Lo mato!
Miro a Ethan por ayuda, pero simplemente se encoje de hombros. —¡Raven! ¡Kiara! Lad være med at gentage de ting — los riño y se sobresaltan echándose a correr hacia su abuelo para que los proteja.
Dejen de repetir esas cosas.Ethan los toma en brazos al instante, esta casa necesita un poco más de orden y me encargaré de eso en cuanto regresemos del espionaje a los filipinos. Me cuesta mantener el ceño fruncido escuchando como los mellizos se ríen abrazando a Ethan. —¡Protégenos abuelo! — pide Raven.
—Con mi vida entera.
—Por favor, no dejes que repitan eso.
—Haré mi mejor esfuerzo, pero es difícil cuando lo escuchan todos los días de su padre.
—Recuerden las reglas, no se dicen malas palabras— los miro seria y ambos asienten.
—Es hora de irnos— anuncia Alexander sin perder su mueca de satisfacción
—¡Papi! — Kiara se zafa del abrazo de su abuelo y corre para que él la tome en brazos una última vez mientras termina de cerrar su mochila de provisiones. Como no puede quitársela, la lleva a la furgoneta y le da algo que no veo por más que estiro el cuello
Por el ventanal veo que hablan y ella asiente varias veces.
Con esta ropa parecemos más desalineados como el ejército y como los kray de Logan, está sucia a propósito para que nos mezclemos entre los clientes.
—Ve con tu abuelo y recuerda lo que prometiste— regresa entregándosela a Ethan.
—Papi me dio un regalo y a ti no, Raven— se esconde algo detrás del abrigo y de nuevo no puedo ver lo que es.
Alexander tiene pinta de criminal en toda la palabra, pero Kiara le planta un beso en la mejilla jugando con su uniforme una última vez mientras Ethan la despega de él. Dejo mi enojo de lado y casi le sonrío.
Él no me regresa la sonrisa, sigue enojado por la discusión de haces unos días, han pasado casi tres días desde que discutimos y no dormimos juntos desde entonces.
Estira la mano y le alborota el cabello a Raven antes de besarle la nuca, le da algo similar a Kiara y Raven lo esconde de inmediato. —Pas på din søster— le dice y Raven asiente con una sonrisa cómplice.
Cuida de tu hermana.¿Qué son esos regalos tan misteriosos?
—¿Vas a tardar en volver mami? — de nuevo veo el miedo en los ojos de Raven.
En dos años nunca nos hemos alejado tantos días, pero Ethan cuidará de ellos, Jin Jun, mis propios lobos y toda la mafia.
No debo tener miedo.—Sólo son pocos días, puedes contar con el abuelo y cuando despiertes al final de la semana, ya voy a estar aquí.
Sus cejas se juntan. —¿Lo prometes mami? — Kiara me mira con tristeza por primera vez en el día.
Siento un nudo en la garganta y asiento. — Lo prometo.
Alexander me dirige a la salida, lo último que veo antes de subirme a la furgoneta con Erick es a los mellizos ondeándome un adiós junto a Ethan en la nieve, ignoro la presión que siento en el pecho y abro el GPS para dirigir las primeras horas de camino.
. . .
El viaje por carretera es largo, más de dieciséis horas, siento el cuerpo inmovilizado, no hemos hecho ninguna parada, Erick va a dormido en casi todo el viaje en el asiento a mi lado mientras Alexander conduce.
En esta furgoneta solo vamos los tres, pero el silencio es peor que en nuestra casa.
Alexander parece hecho de piedra, no pide comida, ni agua durante varias hora, no me habla, ni siquiera me mira, mantiene su mirada fija en la carretera como si no necesitara descanso.
—¿Cuánto falta? — Erick dormita en mi hombro —Ya nos siento las piernas.
—Vamos a medio camino según el dispositivo.
Lloriquea dramáticamente y se vuelve a dormir, lo entiendo, la furgoneta no es tan grande para los tres, el asiento delantero obliga a Erick ir pegado a Alexander casi todo el viaje, yo preferí quedarme cerca de la ventana. La parte trasera viene llena de armamento, ojala pudiera dormir un poco entre armas, aunque sea incómodo.
Miro a Alexander otra vez y decido alzar la bandera de la paz. — ¿Quieres agua?
—No.
—¿Una barra de cereales?
—No.
—¿Te molesta el aire acondicionado?
—No.
Es demasiado arrogante, dejo de insistir y aunque quiero pedirle una pequeña parada mi orgullo no me lo permite.
Entramos en la zona montañosa al anochecer, pero las furgonetas siguen por cuatro horas más. No habrá comunicación estos días, Ethan tratará de enlazar el radio al nuestro mañana por la tarde para saber de los mellizos.
— Restan poco más de doce horas para la entrada hacia los Bosques Vírgenes de Komi, mi señor— se escucha el radio y Erick se despierta.
—¡Aleluya! ¡Ahí hay una pequeña parada! ¡Necesito una parada rápida al baño hermano, es una emergencia!
—No hay paradas hasta que lleguemos pordiosero.
—Pero de verdad tengo que ir y no hemos parado desde hace horas, tu esposa debe tener el cuerpo molido.
—Dije que no hay paradas para nadie, utiliza una botella.
—Hermano, si no quieres que mi orina termine en tu pantalón y en todo el asiento y tengas que viajar con ese olor nauseabundo durante las horas que restan será mejor que te detengas en la siguiente estación.
Alexander rueda los ojos y con alivio veo que la furgoneta se detiene poco a poco en una estación de gas. —Tienes dos minutos, si no sales, me largó— le advierte.
Erick salta corriendo al baño más cercano mientras las demás furgonetas desaceleran detrás de la nuestras, me estiro como puedo esperando que el robot a mi lado se frote los ojos cansado u ordene que durmamos aquí unas horas, pero no lo hace.
Mantiene las manos en el volante y la mirada en el camino ignorándome. —Estoy sedienta— Alexander no me responde, abro la mochila de provisiones, pero Erick nos lleva ventaja. —¿Y el agua de reserva? ¿La tienes tú?
—No.
Quiero gritar de frustración mientras saco frituras y botellas vacías, no me sorprende que lleve más de dos minutos en el baño, ya se terminó la mochila de provisiones de tres personas. —¡No puede ser! ¡No tenemos agua, ni comida! ¿Qué vamos a hacer? — este gasolinera es demasiado pequeña para tener una tienda de autoservicio.
—Nada.
—Pero…
—No hay peros Emma, te advertí que este viaje iba a ser complicado y aun así aceptaste venir.
—Señor Roe, hay un pequeño lugar despejado en el bosque, junto a un largo local donde podemos acampar y descansar unas horas antes de seguir el viaje— se escucha la voz de Caterva.
Miro a Alexander suplicante, pero desvía la mirada encendiendo su radio. —¡Seguiremos hasta llegar, no hay descanso para nadie!
—¿Podríamos ir a…?
—No— me corta frío sin siquiera escucharme.
Si pudiera me echaría a llorar, no hay agua, ni comida y tampoco descanso. Erick sale corriendo del baño y estoy a punto de moverme para que regrese a su lugar, pero una mano me jala junto a Alexander. —¿Qué haces? No quiero estar cerca de ti, eres un maldito— me suelto de su agarre y frunce el ceño.
—Yo tampoco te quiero cerca, pero no quiero que el indigente arruine mi asiento como dijo y estoy harto de sus maldito ronquidos— enciende el motor.
Genial, ahora tengo que lidiar con el hambre, la sed, el cansancio y soportar la frialdad de Alexander por horas. —No me toques.
—No te sobreestimes, no planeo hacerlo— me mira serio.
—Mantén tu distancia.
—Y tú la tuya.
Gira la cabeza por primera vez y nos sostenemos la mirada, es la primera vez que nos vemos en el día de verdad. —No necesito descansar— soy idiota, pero estoy enojada y hambrienta.
—Perfecto, porque no pararemos hasta llegar.
—Me da igual— me cruzo de brazos.
—Tengo un poco de hambre, ¿ustedes no? — Erick cierra la puerta detrás suyo y lo mal miro.
—¿Te comiste todas nuestras provisiones y tienes hambre?
—Me pone nervioso espiar a filipinos, la comida es lo único que me quita la ansiedad— saca una barra de chocolate y arrugo la nariz, eso es lo último que comería. —Veo que cambiamos asientos.
—No por voluntad propia.
—Deja de quejarte— Alexander me mira de nuevo.
—No me hables.
Cedo a mi destino y me quedo con el estómago gruñendo mirando la carretera.
. . .
No sé cuánto más llevamos viajando, ni en qué momento me quedé dormida, pero estoy sobre el hombro de Alexander con los pies sobre el asiento y acurrucada contra su cuerpo, mi pierna sobre una de las suyas.
Una pequeña parte de mi se alegra de que no me aparte.
Abro un ojo a medias y me doy cuenta que una de sus manos va acariciando mi pierna de arriba abajo suavemente. Finjo que sigo dormida y me pego más a su cuerpo, suspira y su mano va mi cintura pegándome más a él mientras maneja con una sola mano.
—¿Cuánto falta? — hablo suave y de inmediato deja de tocarme.
—Ocho horas— carraspea y me regresa a mi asiento donde Erick va dormido de nuevo.
Tiene ojeras, pero va más alerta que ninguno. —Necesitamos descansar.
—No.
Lo miro con los ojos entornados y su pecho se alza. —Por favor, ya no puedo seguir.
Me da una mirada de reojo y estira la mano a su radio lanzando un suspiro largo. —Despierten ratas inútiles, en un kilómetro y medio vamos a parar frente al lago, acamparemos unas horas, comeremos, dormiremos un poco y seguiremos al amanecer.
—Entendido, mi señor.
—Es muy generoso, mi señor— responden otros y siento un enorme alivio como ellos.
—Gracias.
No me responde.
Los metros hacia el lago se me hacen eternos, pero cuando el reflejo del agua se hace visible despierto a Erick, las furgonetas aparcan en la entrada y los sirvientes corren a bajar las carpas y tiendas de acampada. —¡Libertad! Vamos ángel, necesitamos salir de esta porquería antes de que el neurótico cambie de opinión.
Estiro el cuerpo entero muy adolorida y aunque quiero ayudar a descargar no tengo fuerzas.
—Huele a estofado, tenemos que servirnos comida antes de que estos simios acaben con todo— Erick corre a la fogata que Caterva está encendiendo.
Alexander pasa entre nosotros empujándolo y se acerca al lago, se agacha y se moja la cara bebiendo del agua, mi garganta también está seca. —El lugar es precioso — me pongo a su lado y me refresco con el agua helada, se siente como el paraíso, pero el agua fría me quema el rostro.
—¿Te gusta este lugar?
—No.
—A mí sí.
—No te pregunté.
Aprieto los puños y sigo refrescándome.
El bosque tiene una especie de niebla donde casi no se ve el otro lado del lado. Se oyen sonidos de ciervos y algunas aves nocturnas, pero todo el ambiente me genera una paz interna.
Alexander me mira de lejos. —No te mojes la cabeza.
—¿Por qué no?
—¿Quieres provocarte neumonía?
—Tú lo estás haciendo. ¿También te quieres morir?
—Yo sé cómo hacerlo, tú no.
Me pongo obstinada, yo también estoy enojada con él—No me importa me alivia el dolor de cuello, estoy molida— sigo mojándome la nuca y también los parpados.
Se acerca a mi espalda y me quita las manos. —Así no, Emma.
—No me toques— alejo su mano, pero no se aparta, en su lugar se moja las manos y las pasa suavemente por detrás de mi cuello, masajea suavemente deshaciendo los nudos de tensión.
Por Dios, se siente como estar en el cielo. Suspiro del gusto y dejo que continúe, estoy disfrutando demasiado como para gritarle que no me toque.
—Más por favor.
—Ladea la cabeza— hago lo que dice y continua, baja un poco el cierre de mi traje de kray, moja su mano otra vez y pasa la palma fría por mi clavícula. Con su mano libre agarra un puñado de mi cabello y lo aparta para soplar.
Me estremezco por el frío. Giro la cabeza para verlo y su mano va de mi clavícula a mi mandíbula, pasea su pulgar suavemente por mi piel hasta el borde de mi labio inferior, lo moja y lo acaricia suavemente.
Su otra mano va por mi nuca y me atrae hacia él, pero antes de que su boca caiga sobre la mía alguien tira algo sobre la fogata y el ruido corta el momento. —Ya me siento mejor— me aparto un poco.
—¿Quieres saber lo que yo hacía cuando entrenaba con los rusos? — asiento y me pega a su espalda — Cuando nevaba me obligaban a bañarme en el lago tres veces por la noche, lo que hacía para no morirme de hipotermia era sumergirme de golpe, pero eso empeoraba las cosas, así que aprendí un truco para aliviar el dolor.
—¿Cuál?
—Quítate las botas y mete solo la punta de tus pies en el agua por medio minuto, eso te va a aliviar la tensión.
—Me voy a congelar.
—Confía en mí.
Le creo, me doblo el pantalón y sumerjo la punta de mis pies en el agua helada, pego un brinco con el contraste, pero al pasar de los segundo se me alivia un poco. —Está helada.
Me ayuda a sumergirlos un poco más. — ¿Así está mejor? — me mira desde arriba mojándose la nuca.
—Sí.
Se sienta a mi espalda aprisionándome entre sus piernas y comienza a deshacer los nudos de mi espalda con su mano suavemente. Suspiro de puro placer y agradecimiento, dejo caer mi cabeza en su pecho y sigue masajeándome.
—Es delicioso, pero se me congelan los pies.
—Te dije que sólo medio minuto, no estás acostumbrada, ven aquí — me carga para sacarme del agua y me sienta en su regazo en la misma posición, sus ojos quedan clavados en mi boca y siento que se me seca la garganta.
—Dios, siento que me muero.
—Necesitas secarte y ponerte algo cálido— se quita su chaqueta y la pone sobre mis hombros.
—¿No tienes frío? — miro su boca con ansias de probarla. Me humedezco el labio con la lengua y se queda inmóvil respirando hondo, su dedo nuevamente lo toca y raspa suavemente por él sin ser consciente —¿No vas a responderme?
—¿Qué dijiste? — parpadea regresando su mirada a mis ojos. Por el agua mi pie se resbala en su bota y me toma de la cintura.
—Lo siento, está muy resbaladizo —me levanto un poco para evitar golpear algunas de las piedras y me siento en el mismo lugar cálido.
Caigo en algo duro debajo de mis glúteos y escucho su respiración pesada en mi oído mientras su mano en mi vientre se aprieta. —Se cuidadosa o vas a lastimarte con las piedras— me acomoda de nuevo y trago grueso cuando rozo su miembro.
Sus dedos se clavan en mi vientre y me siento acalorada. —¿Así está mejor? — pregunto inocente y me muevo otra vez provocando que Alexander respire hondo soltando un gruñido bajo muy largo.
—Todavía no— susurra con voz ronca y me mueve otra vez sobre su miembro.
Cierro los ojos humedeciéndome y me agarro a su brazo dejando que me mueva en círculos sobre su bragueta, mi piel y mis mejillas se calientan con cada movimiento en el que hace que mis glúteos soben su miembro, poco a poco su miembro se endurece y siento toda su erección clavada entre mis glúteos.
Cierro los ojos una vez más aguantando el gemido que rasga por salir de mi garganta. Un movimiento más y no lo podemos controlar. Su mano sube de mi vientre hacia mi escote, aprieta y soba una de mis tetas mientras giro la cadera arrancándole otro gemido.
Gira mi cabeza a un lado y clava los ojos en mi boca. —Al carajo todo, necesito probarte— gruñe y un movimiento rápido me gira y baja finalmente la boca la mía.
Suspiro de pura satisfacción y me agarro a sus hombros mientras me besa con ansias, entierro mi mano en su cabello y lamo su labio con entusiasmo, cuando abre la boca acaricio mi lengua con la suya.
Llevo días extrañando esto. Cada lamida está llena de pecado, me pega a su cuerpo apenas permitiéndome respirar, ya ni siquiera siento el frío, pero el momento dura menos de lo que quiero.
—¡Señor Roe!
Me sobresalto y me levanto de un brinco con las mejillas sonrojadas y los pies descalzos, es el hermano de Wren.
—¿Qué quieres inútil? — Alexander también se levanta con la respiración acelerada pasándose la mano por nuca, la otra la pone delante de su bragueta para esconder su erección.
—Su tienda y la de la señora Roe ya está armada, en la fogata tenemos estofado de carne y agua fresca, los hombres ya están comiendo, algunos ya están descansando para salir a primera hora mañana.
—Que preparen otra tienda, dormiremos en lugares separados— carraspeo y Alexander aprieta la mandíbula.
El hermano de Wren palidece mirando a Alexander. — Nosotros no tenemos otra… es decir, claro, haremos lo posible, mi señora.
—Ve a comer— me ordena y no tiene que decirme dos veces.
—¿Usted no viene señor?
—Necesito un momento, sigue a mi esposa.
—¿Necesita mi ayuda?
—No, desaparece de mi puta vista antes que decida matarte como a tu hermano bastardo.
Lo miro de lejos, pero tiene los ojos llenos de enojo, sabe que no dormiremos juntos, sería el día cuatro, también se que está molesto con Wren por lo que pasó en la bodega.
Ni siquiera pregunto que hay en la comida, hago lo mismo que Erick me lleno un plato grande y como todo lo que puedo. Erick por su parte se atiborra la boca de pan robándole de vez en cuando provisiones a la mochila de Caterva. —Esto está delicioso, necesitas probarlo— me mete una barra de pan en la boca.
—No tengo mucho apetito.
—Eso no me gusta, desde que llegué a Rusia te he observado en el almuerzo y apenas y tocas tu plato.
—Tengo la cabeza hecha un lío.
—Pues arréglalo, el otro día por casualidad escuché a Alexander amenazando a Octavian, le dijo que si no cocinaba algo que te abriera el apetito haría que Niles se lo trague en la nieve.
¿Está preocupado por mí? Lo miro de lejos, pero Alexander no viene a comer a mi lado, cuando finalmente se digna a regresar al campamento se sienta con los conservadores y me mira serio desde su lugar, no dejo de pensar en el beso en el lago.
La forma en la que me sobo las tetas y cuando su lengua… —¿Estás bien? — Erick me saca de mis pensamientos y me sonrojo.
Pensé que Alexander estaría de mejor humor después de nuestro beso, pero me mira como si fuera su mejor enemiga. Ni siquiera me responde cuando le ofrezco más estofado o cuando le doy una barra de pan.
—Señora Roe— el hermano de Wren viene a mi espalda. —No encontramos más tiendas de campaña.
—Había una furgoneta llena de ellas.
—Se perdieron en el camino, lo siento.
Me quedo inmóvil mirando a Alexander, pero no muestra ninguna emoción, se limita a seguir comiendo. Otra vez está jugando con mi paciencia. Regreso con Erick rendida y agotada.
—¿Puedo dormir en tu tienda?
Detiene su cuchara a medio camino. —¿Por qué? ¿Hay algo mal con la tuya?
—Necesito espacio, no quiero dormir con Alexander, le pedí a los sirvientes una tienda para mí sola y me acaban de informar que no hay más. ¿Puedo quedarme contigo?
—Mi ángel de luz— me toma de la mano. — Sabes que no te negaría mi alma si me la pides, pero le prometí a mi hijo llegar vivo, si te dejo entrar en mi tienda y dormir conmigo Alexander me va a matar.
—Sigue malhumorado, no me quiere cerca, sólo tienes que mirar cómo nos observa— bajo la voz y Erick lo mira de reojo.
—No es mirada de enojo, es frustración y hay tiendas suficientes para todos, si no te a armaron es porque seguramente él les ordeno que no lo hicieran y tengas que quedarte en la suya.
—Da igual, no me quiere cerca, ni siquiera tomó el lugar junto a mí, prefiere a los conservadores.
Se atiborra la boca de pan otra vez. —Sólo paró porque tú se lo pediste, si no nos tendría viajando hasta morirnos.
No puedo negar eso, pero aun así sigue mirándome con rabia y ya no puedo soportarlo, estoy demasiado cansada.
—¿Podrían ya hacer la paces y mejorarse el humor mutuamente? Estoy cansado de sus gritos, empeoran cuando no te tiene.
—Yo no soy la que debe una disculpa, es él, ha sido un maldito estos días.
—Entonces tengo que hacerme cargo de nuevo de la bestia, si tan sólo tuviera un sartén aquí.
—No hagas nada Erick, no son tus problemas.
—No haré nada que no quieras, sólo le daré una pista de lo que deben hacer para mejorarse el carácter— mira a nuestro alrededor varias veces. —Hablando del bosque… Yo… ¿Dónde está Dina? Pensé que vendría con nosotros.
Sonrío cómplice. — ¿Pasaste una buena noche con ella el otro día?
—Esa noche fue increíble, lo disfruté como nunca, ella es… muy… agradable— asiente y un rubor rojo comienza a enrojecer sus pómulos.
¿Qué tenemos aquí? A Erick le gusta demasiado Dina tanto que no lo puede ocultar.
¿Se sonrojó? — ¿Ella no vino?
—¿Te gusta?
—Sólo somos amigos, por Dios.
—¿Amigos con derechos?
—No follo desde que Maya murió y no vine a Rusia para cogerme a la primera mujer con la que salgo, ahora soy padre, mi hijo es mi prioridad.
Otra de mis preocupaciones, Erick está demasiado entusiasmado con Volkan, si Dina le atrae, prefiero que la use de distracción para que no le duela cuando lo separen del niño.
—Está junto a Caterva y no ha dejado de mirarte desde que encendieron la fogata— señalo lejos de la fogata donde los pelirrojos comen en silencio.
La mirada de Erick se ilumina al instante y la saluda con una sonrisa ladeada. La pelirroja agacha la cabeza concentrándose en su plato. — ¿Entonces tú y ella se divirtieron después de la cena?
—No es lo que parece, sólo somos amigos.
—¿Y por qué te sonrojas?
—¿Qué dices? Es el frío, es un milagro que siga en pie.
Me apresuro a terminar mi comida en medio de cortas conversaciones con Erick porque siento sus ansias de acercarse a Dina y cuando no me cabe nada más me dirijo a mi tienda. Esta pegada al lago muy lejos de la fogata y el ruido de la gente.
—¿Por qué diablos está más alejada que todas? — parece que Alexander lo hizo a propósito para fastidiarme.
Odio tener que alejarme de la fogata siento que nos congelaremos aquí dentro, hay dos sacos de dormir en la enorme tienda que nos prepararon. Me quito las botas mirando los sacos acolchonados.
Es obvio que el mío es el pequeño, pero aun así me tumbo en el más grande mirando el techo de la tienda pensando en el beso de hace una hora. —Sólo quiero dormir en su saco para no congelarme— me digo a mí misma mientras mi mano juega con el cierre de mi chaqueta.
Poco a poco lo bajo de forma inocente deshaciéndome de la prenda, mi camiseta queda enrollada en mis dedos. Llevo mis manos a mi espalda y de forma muy inocente me deshago del broche para quitar mi sujetador del camino.
Lo arrojo sobre las pertenencias de Alexander por error.
Mis tetas quedan presionadas por la tela de la camiseta de tirantes que deja un buen escote a la vista, mi pantalón es el siguiente en irse y cuando ya estoy semi desnuda me acurruco en el sacó grande.
Pasa casi una hora hasta que el cierre de la tienda se abre, incluso si llevo horas con los ojos cerrados dormitando, con el frío de mi poca falta de ropa y los sonidos del bosque parece una escena de terror.
Mentalmente agradezco que Alexander esté aquí, el sueño me vence mientras se quita el traje de Kray, estoy a mitad del sueño cuando siento que alza algo del suelo. — ¿Qué es esto sobre mis cosas? — escucho que respira hondo —Este es mi saco de dormir— dice en voz baja y al instante me mueve, pero no abro los ojos. —Emma, estás en mi saco de dormir— toca mi hombro y me quejo. —Emma, despierta.
—¿Qué pasa? — me cuesta hablar.
—Este es mi saco de dormir.
—Déjame dormir aquí, me congelo.
—Tienes que moverte.
—Oblígame— le doy la espalda y le hago espacio para que entre, espero que lo haga, me muero de frío.
Escucho como se quita las armas, un segundo después su piel se toca con la mía porque el saco, aunque es grande no es suficiente para los dos, menos con la cantidad de músculos que adquirió durante estos dos años.
Tiene dos opciones o dormir con la mitad del cuerpo al aire libre o acurrucarse contra mí lo más que pueda.
—Deja de moverte— me quejo.
—Coño, eres una acaparadora de mantas, así no se puede dormir— siento su mano en mi abdomen y lo alejo.
—Mantente de tu lado.
—Ni siquiera puedo mover las piernas, si quieres dormir en mi saco es mejor que duermas sobre mí o vete al tuyo, aquí no hay suficiente espacio para los dos— me mueve otra vez y esta vez no me quejo, dejo que me eche sobre su cuerpo.
Como no llevo sujetador mis tetas quedan sobre su cara en cuando me alza. Incluso en la oscuridad veo como sus ojos se abren de par en par, me acomodo rozando mi rodilla en su bragueta y finjo no escuchar el sonido estrangulado que raspa de su garganta. —¿Así está mejor? — me abrazo a su torso como un gato.
No me responde, sólo escucho su respiración pesada en mi nuca. La tienda se queda en completo silencio. Puedo escuchar el latido de su corazón pegando en su cuello, pero ninguno hace un movimiento.
Poco a poco caigo presa del sueño.
. . .
Se me escapa un gemido largo mientras una punzada en mi sexo me despierta poco a poco, siento mis bragas mojadas y como mis caderas se muelen en algo por voluntad propia.
Estoy muy mojada y demasiado excitada y cuando abro los ojos noto por qué. Estoy acostada en el saco de dormir con las piernas abiertas sobre los hombros de Alexander y su boca enterrada en mi coño.
Mis bragas cuelgan de uno de mis tobillos, abro más las piernas y gemidos se mezclan con los sonidos de sus lamidas sobre mi clítoris. —Alexander— gimo con la voz ronca y su boca me come con más ansias.
Sus manos suben y me soba las tetas mientras se concentra en comerse mi coño. —Este coño es una puta delicia— gruñe y con sus dientes raspan por mi sexo arrancándome un grito ronco.
Me aferro a la tela del saco de dormir mientas mi orgasmo me toma desprevenida, mi vientre se contrae con la boca de mi marido en mi vagina, mis gemidos empeoran y me corro en su boca.
Escucho como traga y lame hasta sacar todo lo que puede. Sus dedos me penetran empeorando mi orgasmo, me muerdo la mano para no ser tan ruidosa, pero Alexander añade otro dedo a las penetraciones acompañándolo de las lamidas de su lengua sobre mi clítoris. —Joder nena, córrete más, me muero de hambre— gruñe metiendo la punta de su lengua en mi canal.
Clavo mis uñas en su cabeza y lo obligo a enterrar la cara en mi sexo mientras mi cuerpo se contrae soltando más fluidos que traga con gusto. Suelto una cantidad de fluidos bastante grande haciendo un desastre sobre nuestro saco de dormir, pero no le importa porque lame mi sexo tomando cada gota.
Me quedo suspendida en el placer con los ojos cerrados, las piernas tensas y la lengua de Alexander me estremece, estoy sudorosa a pesar del frío, mi respiración agitada y los gruñidos de Alexander es todo lo que se escucha en nuestra tienda.
—Tan húmeda— murmura lamiéndome una última vez. Arranca mis bragas de mi tobillo y las pone en la bolsa de su traje de kray. —Estas son para mí.
Le queda un poco de mi corrida en su barbilla, alzo la mano y se la quito, pero no deja ir a mis dedos sin chupar los restos de mi orgasmo de mi mano.
Me quema la cara, estoy demasiado excitada. Vuelve a bajar la boca a mi cuerpo, sube por mi vientre besando esa zona. —Voy a poner a otro mini Roe aquí, dentro de mi mujer— dice algo en voz muy baja que no logro escuchar.
Poco a poco avanza hacia mis senos, me carga volteándome para ponerme a horcajadas sobre él, mira con demasiada hambre mis tetas como si no me hubiera comido el coño hace unos minutos.
— Mis tetas— gruñe metiendo finalmente la cara en mi escote, siento la humedad de su lengua lamiendo y succionando mis pezones con mucha hambre, me acabo de correr, deje hecho una desastre de fluidos en nuestro saco de dormir, pero con sus lamidas siento una punzada entre las piernas. — Dormir sin estas tetas es una puta tortura.
Con una mano está aprisionado en el dobladillo de mi camiseta jalándola para dejar mis tetas en su cara y con la otra ayuda a mis caderas a frotarse. Sus piernas se flexionan dentro del saco y me lleva con él arriba, gruñendo del gusto.
Nos miramos fijamente, no se ve arrepentido de estarme comiendo el coño dormida y mucho menos de tenerme excitada a mitad del bosque, ni mucho menos por los orgasmos. —¿Qué estás haciendo pervertido? — mi voz suena muy ronca y noto que ya no tiene la mano en mi cintura, pero yo no dejo de frotarme.
—Comiéndole las tetas a mi esposa— dice sin vergüenza con media sonrisa y las pupilas dilatadas.
—Dije que no me…
—Nadie me prohíbe el acceso a mis tetas, ni al coño de mi mujer— las soba posesivo y voy por su boca con ansias perdiendo el control total de mis hormonas.
Mis tetas se frotan contra su torso desnudo, mi lengua ataca la suya con ansias, sus manos aprietas mis glúteos mientras lame y muerde mi labio inferior. — Es un maldito posesivo.
Lame mi boca y chupa mi lengua con la suya. — Déjate de juegos, me tienes duro desde el beso lago, tengo las bolas llenas, estoy a nada de enterrar mi cara en tu coño otra vez— alza las caderas para que lo sienta y cierro los ojos gimiendo de puro placer.
Mierda, está muy duro.
—No sabes cómo me dolió la polla cuando te vi semi denuda en mi saco de dormir, y cuando vi tu sujetador en el suelo supe que lo hiciste a propósito.
—No sé de qué hablas.
—Mentirosa— gruñe masturbándonos de forma deliciosa. —¿Te penetras tú o te penetro yo?
Pierdo la vergüenza en un instante, no puedo detener mi mano, la meto dentro de su bóxer sobando el pedazo de carne caliente, lo tomo con mi puño y jalo un par de veces.
—Nena— gruñe con los ojos cerrados.
Mi mano va de arriba hacia abajo lentamente, froto mi pulgar sobre su glande cuando subo y raspo mis uñas en su vientre cuando bajo, su cadera se tensa mientras lo masturbo. Ya no puedo alejarme de su boca, me prendo a ella necesitada.
Se quita el bóxer y mis manos mis manos de inmediato a sus hombros, comienzo a restregarme con ansias. En un movimiento sincronizado se toma la polla con una mano y yo bajo.
Ambos gemimos cuando me penetra de una sola estocada. Controlo el grito que quiere salir de mi garganta, pero Alexander me mira enojado. —No te andes con juegos, comienza a montar mi verga Emma.
Mis caderas obedecen a su orden y comienzo a saltar sobre él con el sudor recorriéndome la espalda, mis paredes se estiran para recibir a su miembro y me tengo que morder la mano, las tiendas de campaña no están muy lejos de la nuestra, cualquiera puede escuchar lo que estamos haciendo.
Estoy demasiado excitada, Alexander me ayuda con el ritmo quiere que vaya rápido, mis tetas botan en su cara en todo momento atrayendo su mirada codiciosa. —Cariño— gimoteo sonrojada y nalguea mis glúteos subiendo las caderas para ayudar a las penetraciones.
—Me dejaste muy excitado desde que entre a la habitación de huéspedes, me tuve que masturbar por las noches recordando como te tragaste mi verga en la ducha, me lleve tu tanga para bañarla con mi semen y no fue suficiente— la imagen mental es demasiada para mí.
No puedo evitar gemir imaginando como se masturbo en nuestra casa mientras no dormía conmigo. Aumento el ritmo completamente perdida, sus gemidos no ayudan a mis hormonas, ni siquiera me preocupa que el saco de dormir se haya abierto por completo, ya no siento el frío en el cuerpo.
—Eso es— gruñe con la cabeza hacia atrás, sus dedos se clavan en mis glúteos —Móntame duro nena, muy duro.
Cada vez que me lo pide con ese tono ronco y necesitado pierdo la razón, me dejo caer con sentones secos y muy rápidos, nuestros gemidos llenan la tienda por completo. Se levanta para meter mis senos a su boca y sus gruidos se aplacan un poco.
Entierro mi mano en su cabello, me excita que lo lleve largo porque puedo guiar su cabeza a dónde más quiero que me pruebe como cuando se come mi coño o mis tetas. Giro las caderas y Alexander gruñe muy alto a pesar de tener mis pezones en su boca
—Nos van a… a escuchar— trato de ser razonable para que no sea tan ruidoso, pero no funciona, sigue diciendo perversidades comiéndome las tetas, gruñe lo buenas que están. Desacelero y tensa la mandíbula mordiendo mi pezón.
Hecho la cabeza hacia atrás gimiendo muy fuerte.
—Nos van a escuchar, tenemos que parar— dejo de mover mis caderas, jalo su cabello y despego su boca de mis tetas. —No puedes follarme o todo el campamento nos va a escuchar— mi voz no suena convencida, pero me obligo a sacar su miembro de mi vagina.
Gimo frustrada ante la falta de contacto, me mira con el ceño fruncido. —¿Vas a dejar a tu marido con la polla dura otra vez?
Me quedo en silencio tragando en seco. Abro la boca, pero no tengo tiempo a responder, me levanta de su cuerpo y un segundo después estoy de rodillas con el culo al aire para él. —¿Qué haces? — pregunto excitada.
—Muerde el saco cuando te corras, nena— me nalguea y grito muy fuerte cuando me penetra desde atrás.
¡Por Dios! Alexander comienza a embestirme con las manos en mi cadera, mi cuerpo choca contra el suyo, el golpeteo de sus bolas con mi culo resuena, pero no más fuerte que mis gemidos.
Con una sola mano toma mis brazos y los aprisiona en mi espalda, en esa posición mis rodillas ceden finalmente y mi cara cae sobre una parte del saco de dormir, mis ojos lagrimean de puro placer, las penetraciones son duras y demasiado adictivas.
Jala mis manos y con su mano libre toma un puñado de mi cabello, lo jala y hace que su pene choque contra mi coño, su sudor resbala contra el mío, sale aire caliente de mis jadeos. Mi vientre se contrae, pero Alexander no detiene las embestidas.
—Más— pido lagrimeando entre gemidos y chillidos cortos. —Más fuerte cariño.
Me complace, jala más fuerte mi cabello y mis manos y las embestidas rasgan más gemidos de mi garganta, me voy a correr muy fuerte, busco la punta del saco para morderlo, pero tengo las manos aprisionadas.
Alexander tiene una potencias impresionante, —Quiero poner otro hijo dentro de mi mujer— gruñe penetrándome y con esas últimas palabras me corro con un grito sofocado arañando el suelo.
Alexander aumenta el ritmo y con golpes secos gime mi nombre muy ronco.
— Joder Emma— me llena con su corrida caliente, mi vientre se contrae otra vez.
Me derrumbo en el suelo saciada mientras él se vacía dentro, mi mente procesa uno de sus gemidos.
¿Dijo otro hijo? Estaba demasiado excitada para entenderle, estoy loca.
Sus estocadas finales son duras, me quedo muy llena de su corrida, su mano acaricia mi vientre mientras trata de controlar su respiración.
Poco a poco suelta mis manos dejándome saciada, su cuerpo cae sobre el mío y me quejo por el peso de sus músculos. Acaricio su cabello mientras me lleva sobre él para no aplastarme con su peso.
La tienda está caliente por dentro, estamos sudorosos y se escuchan nuestras respiraciones agitadas, es una suerte que el bosque esté oscuro o se habrían proyectado nuestras sombras.
¿Nos habrán escuchado en el campamento? —Nuestro saco de dormir está hecho un desastre— suspiro con gusto besando sus pectorales.
—Tu coño también esta hecho un desastre con mi corrida— lame mi cuello y siento que succiona mi piel suavemente.
Su mano sigue acariciando mi vientre, mientras deja que me dé un festín con su cuerpo, lamo por su pecho, su cuello, muerdo su mandíbula y voy a su boca. Sé que debemos dormir un poco para el viaje.
Dormir suena bien.
Deslizo mi lengua por su vientre, se estremece, pero no lamo su polla. — Tenemos que dormir, debemos irnos en poco más de un par de horas Emma— me advierte, pero no me aleja de su boca cuando subo de nuevo.
—Sólo un minuto más y pararé— le prometo y lamo su cuello succionando su piel para marcarlo.
Sus dedos se clavan en mis glúteos y ladea la cabeza dándome más acceso.
El mafioso es sólo mío.
—Abre las piernas Emma— ordena mandando a la mierda nuestro tiempo de dormir.
〘 〙Alexander .
Erick está sentado frente a la fogata con una taza de café y una cobija en sus hombros mirando a la nada con el cabello despeinado, es poco más de las tres de la madrugada, pero deberían estar agradecidos de que Emma me convenciera de darles un descanso.
Mis conservadores aguantan los viajes largos, pero hay débiles como Erick que no soportan un solo día. Reviso mi radio para ver si Ethan puede intercalar la señal hasta aquí, pero como siempre se pierde entre los bosques.
Anoche debió intentar comunicarse para informarnos de nuestros hijos.
—El camino aquí es rocoso, si vamos por la ruta alterna llegaremos más rápido— le señalo a Caterva en el mapa.
—Es una zona peligrosa.
—Conozco estos bosques como la palma de mi mano, todo mi entrenamiento fue aquí— meto mi mano en el bolsillo de mi pantalón y encuentro un caramelo.
¿Qué coño?Lo tiro al suelo y le doy una última calada a mi cigarro. Caterva me observa en silencio y asiente. — Entonces que esa sea la ruta, les daré el mapa a los demás.
—¿Por qué me miras así idiota?
—No sé, pero diría que te ves de buen humor hoy, lobo.
—Déjate de tonterías y ayuda a cargar las furgonetas, se nos hace tarde, también que alguien suba al pordiosero a mi camioneta, parece idiotizado mirando a la nada.
Contiene una risa. — No está acostumbrado a madrugar, sigue siendo un debilucho con ropa cara.
El sol todavía no ha salido el sol todavía, pero mis criados ya están cargando las furgonetas otra vez, todos están activos, a excepción de una persona, me acerco a mi tienda de campaña para despertar a Emma, les pedí a los criados que nuestra tienda sea la última en desarmar para darle a mi mujer unos minutos más de sueño.
Está dentro de nuestro saco con la camiseta puesta, se ve recién follada con las mejillas rojas y el cabello desordenado. Habría dormido más, pero pidió más y soy insaciable, tuve que follarla unas cuantas horas.
Le toco la mejilla. —Nena, tenemos que irnos.
—Cinco minutos más.
—Eso dijiste hace una hora.
—Sólo un minuto más— entierra la cabeza en el saco de dormir y me río, y no lo niego mi ego está satisfecho de haberla dejado tan agotada, pero debemos irnos. Busco su uniforme de kray y sus botas, la alzo entre quejidos. —Te juro que sólo un minuto.
—Es tarde, vamos a hacer esto rápido, pero tienes que cooperar. ¿Entendido?
Asiente con los ojos cerrados alzando las manos como niña pequeña mientras la visto, beso sus tetas antes de ponerle el sujetador, todavía tenso su sabor en mi boca, me apresuro a ponerla la playera antes de sucumbir a la tentación de chupárselas.
Ato sus botas a la perfección y la cargo en brazos afuera. —¡Desarmen la tienda, nos vamos!
Emma no abre los ojos en el campamento ni cuando la subo a la furgoneta, no me pasan desapercibidas las miradas que nos dan mientras la cargo, quito a Erick de mi lado y pongo a mi esposa.
El pordiosero bebe de su café arropándose mientras enciendo la furgoneta, nos da una mirada estúpida. Sus ojos van de Emma acurrucada a mi lado a mí. Por culpa del maldito saco de dormir en el que no cupe y por todo el sexo que practicamos olemos a pino.
Cualquiera con un gramo de cerebro lo pude notar.
Además, que ese traje no le cubre la parte alta del cuello donde la dejé marcada.
— ¿Qué miras pordiosero?
—Emma se ve agotada, aunque fue la primera en irse a dormir.
—¿Y?
—Sus mejillas están ardiendo, aunque aquí hace un frío que te congela hasta las bolas.
—Nuestra tienda está cálida.
—Tú no estás gritando tanto como ayer.
—Siempre grito.
—Pero ayer parecías una bestia, supongo que pasaste buena noche— le da un sorbo a su taza de café con media sonrisa.
—¿Desde cuando la servidumbre tiene permitido hablar en mi presencia?
Cierra la boca al verme enojado, ladeo el cuello de un lado a otro por la falta de sueño y de nuevo nos sumergimos en la carretera.
Cada ruta que dirijo me trae recuerdos mi adolescencia, largas caminatas en la nieve descalzo, los baños de hipotermia en los lagos y las risas de los rusos con los latigazos. Aquí aprendí a utilizar las dagas incluso de forma ciega, un encaje perfecto para un desangrado rápido.
Cada cierto tiempo Logan viajaba de Londres a Rusia para preguntar por mi entrenamiento, esos días era como ser parte de un circo sangriento y turbio para entretenerlos, pero también eran de mis días favoritos, podía matar a todos los rusos que quería mientras ellos me estuviesen observando.
Todavía me provoca risa la forma en la que sus cuerpos convulsionaban mientras se desangraban.
Hace unos meses maté a un ruso inútil en nuestro jardín, mis hijos estaban en el establo observando y recuerdo muy bien esa risa corta de mi hija mirando el cadáver y la mirada de satisfacción de Raven al ver mi daga.
Mis primogénitos llevan la sangre Roe, asesinos y soberbios por naturaleza, pero tiene una cualidad más oscura que su legado, los he observado desde que nacieron, tienen el carácter de Emma, pueden mostrarse piadosos como mi esposa.
En el futuro Raven y Kiara podrían engañar a cualquiera con la calidez que heredaron de mi mujer, y cuando los tengan en su poder les clavarán la daga entre risas.
Veo los letreros y señalamientos al final del camino, el ruido de la gente y los autos se hacen más y más. Varias personas con rasgos similares pasan frente a la camioneta y el olor a sustancias ilícitas llena el aire.
—Estamos cerca— enciendo el comunicador y cargo mi arma guardando las apariencias de simples compradores.
Emma despierta después de horas de viaje, mira entre la gente y se tensa buscando sus armas, Erick es el que más nervioso se pone y espero que no nos ocasiones problemas con su imprudencia.
Manejo hasta la entrada y nuestros nuestras identificaciones falsas que nos hacen pasar por simples compradores, la luz se pone verde y nos dan acceso.
—Esta será la última vez que hablemos por el comunicador, quiero que recolecten productos e información importante durante los siguientes tres días, recuerden que somos simples compradores.
—Estamos preparados lobo.
—Cualquiera que me cause el más mínimo problema se queda sin manos.
—Entendido, mi señor.
Emma me mira con los ojos entornados y entrelaza su mano con la mía. Se ve muy nerviosa igual que Erick. —Mantendremos un estatus bajo entre la gente, sólo nos acercaremos a los filipinos si conseguimos una compra que ellos insiste, pero lo haremos el último día.
—Me reuní con ellos hace poco, cualquiera podría reconocerme.
—Siempre tendrás el rostro cubierto y no hablaras con nadie, ni siquiera con nosotros, debemos mantener esa fachada, tus guardaespaldas siempre estarán cerca de ti de forma encubierta. Saco los comunicadores que siempre llevamos sólo ella y yo.
—Lo recuerdo, pero que se mantengan a una distancia prudente o levantaremos sospechas.
Me gusta que en dos años su entrenamiento y estrategias hayan mejorado. —Tendrás que llevar guantes cortos o verán tu anillo.
—Lo tengo cubierto, todo saldrá de acuerdo al plan.
—No lo sé, algo no me gusta de aquí— Erick mira por la ventana, hay cientos de autos llegando junto con nosotros, nadie notará una furgoneta más.
—No seas paranoico.
—Te lo digo hermano, no sé si es porque todos estos asiáticos se parecen o porque hay demasiada gente, pero tengo un mal presentimiento.
—Pues guárdatelo— tomo el radio —Aquí la base uno en los bosques vírgenes de Komi, comiencen a dispersar las furgonetas, llegamos al campamento filipino.
Bajamos de las camionetas con los rostros cubiertos como la mayoría de orientales que vienen a hacer las compras. Tantos rostros similares no me confunden, caminamos entre ellos a la ubicación de la zona de descanso donde vamos alojarnos los siguientes tres días.
Emma va en silencio mirando alrededor, pero Erick tiene la cara pálida, compro alguna baratija que distraiga a los mercaderes, el olor nauseabundo me llena las fosas nasales.
De nuevo en casa Alexander.
Un hombre se golpea conmigo y cuando lo miro veo un tatuaje de ave en su mano.
—Buenos días visitantes ¿Qué los trae por aquí? — un filipino se nos acerca cuando llegamos a la zona de descanso en una especie de chozas. —Bienvenidos al mercado filipino, espero que su estancia sea placentera.
—No somos extranjeros, venimos desde Moscú, pero este lugar tiene todo lo que busco, sólo tengo que ser paciente y buscar el mejor precio— estrecho su mano sucia y veo un tatuaje de un ave el dorso de su muñeca como el hombre de antes.
—Estoy seguro que se irá con las manos llenas.
—Ellos son mi familia, mi esposa y su hermano, queremos sólo una habitación.
—Es un gusto — Erick le ofrece la mano, pero el hombre no la toma.
—¿La pareja comparte cama con su hermano? — mira a Emma con la cabeza ladeada.
—No tenemos mucho dinero, preferimos gastar lo poco que tenemos en mercancía— Erick me secunda como lo entrené, pero el hombre no deja de mirar a Emma
—Su esposa no es muy habladora.
—Es muda.
—¿Y por qué lleva el rostro cubierto? ¿Son musulmanes?
Me yergo en toda mi altura. —¿Es un interrogatorio?
De inmediato retrocede. —Por su puesto que no, todos son bienvenidos en nuestro mercado.
—Me estás agotando la paciencia, nos darás la habitación o no.
—Número once, no necesitan llaves, sólo los separan cortinas, el baño es compartido y del olor hablemos, el pago es por adelantado— saco un fajo miserable e billetes y finjo contar, Erick hace bien su acto y saca un par de billetes para completar la renta.
El filipino huele el dinero.
—Bienvenidos de nuevo — mira a Emma — Y que disfruten su estancia.
Abrimos las cortinas que dividen las chozas en el bosque, sólo una misera colchoneta a lo que no se le puede llamar cama. Dejamos nuestras falsas pertenencias dentro y saco el mapa a los lugares que debemos visitar los siguientes tres días.
Hablar aquí es un peligro por lo que sólo señalo con mi dedo para que Emma y Erick vean la línea roja.
—Niño, ven aquí— escuchamos la voz del casero de las chozas, Erick alza la cortina y el hombre nos da una sonrisa fingida.
Un joven se acerca a él y su sonrisa se hace tensa porque Erick no baja la cortina.
—Ve a llamar a mi hermano y dile que le informe a papá que… nuestra mercancía ya llegó.
¡Hola sexys!No tengan miedo, todo saldrá bien... ¿o no?¡Feliz cumpleaños a los que nacieron en Diciembre!¡Los amo tres millones!-
Karla .
