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CAPÍTULO 25

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CAPÍTULO 25

Misión de espionaje.

Parte II

Alexander.

Beso el vientre de la mujer frente a mí y bajo mi lengua otra vez entre sus muslos.

Qué puta delicia. Lamo su coño por completo mordiendo la deliciosa carne suave que provoca que mi mujer se muerda la mano para no gritar. Alzo el muslo de Emma y lo pongo sobre mis hombros para poder comer mejor.

De reojo veo el tatuaje permanente que lleva en la pierna. Ejendom of “The Wolf” .

Propiedad del lobo.

Yo mismo se lo hice y fue la sesión de tatuajes más complicada que he realizado, la piel de Emma es muy sensible.

Está es mi apuesta favorita con ella, pero no salí bien librado y el tatuaje que llevo casi cerca de la zona de mi pene me lo recuerda. Propiedad de Emma Roe.

Mi mujer literalmente me marcó como su propiedad.

Y lo peor de todo es que yo, el mafioso más peligroso de Europa, se lo permití.

Lamo ese tatuaje en su muslo varias veces y recorro mis labios entre su pubis y su clítoris mordiendo el montón de carne abultado. Emma suelta un chillido muy largo y entierra su mano en mi cabello jalándome las raíces.

Paso mi dedo por su pequeña vagina y meto dos de mis dedos mientras con mi lengua lamo en círculos su clítoris. Emma se pierde en el placer que le provoco, deja que la penetre con mis dedos.

Sus tetas húmedas suben y bajan con su respiración entrecortada. Se retuerce en mis hombros y me jala el cabello con más desesperación, me vuelvo ansioso por mi alimento y repaso mi lengua por cada rincón, chupando y succionando, a veces raspando mis dientes.

Mi nombre es lo último que puede gemir antes de correrse en mi jodida cara poniéndome una sonrisa de lado a lado mientras chupo toda su corrida para tragármela con hambre.

Mis dedos no dejan de penetrarla para sacarle más fluidos. Emma barre su coño en mi cara una y otra vez mientras su orgasmo aminora. —Te dije que si te metías a mi ducha ibas a terminar cogida.

Me levanto viendo su rostro rojo por el orgasmo, me prendo a sus tetas como cuando entró aquí, las juntos y paso de una a otra con gusto de tener acceso a ellas otra vez. —Todavía no me coges— susurra soñolienta dejando que muerda sus pezones.

—Falta muy poco para eso Emma.

Su mano se desliza por mi pecho y baja entre mis músculo hasta mi pene, mi ego se alza cada vez que come mi buen cuerpo con su mirada, todos los músculos que adquirí durante estos dos años han sido su comida de todos los días y noche.

—Me vas a dejar las tetas adoloridas.

—Podría ahogarme en ellas si quisiera— succiono sus pezones y los sobo a medida que mi hambre por ellos crece.

Todavía recuerdo esas noches donde podía probar su leche materna, mi obsesión por Emma aumentó con los años y no parece que vaya a desaparecer pronto. Mi mano traicionera baja por su vientre y lo acaricia lentamente en círculos.

—Ni lo pienses— jadea en mi oído y me hace bajar la boca a la suya.

Demasiado tarde, ya lo pensé y ahora quiero ejecutarlo.

Lamo su labio inferior saboreando las ciruelas maduras que se comió esta mañana. Mientras nos besamos, su mano baja para apartar la mía de su vientre y la aleja de se cuerpo.

Su lengua encuentra la mía y la seduce con movimientos lentos y controlados mientras su mano hace lo mismo, pero con mi pene. El agua hace que su mano resbale por mi carne, pero logra envolverlo con su puño y lo soba suavemente de arriba hacia abajo.

—Ni siquiera parece que estamos en una misión contra los filipinos— susurra mordiendo mi labio inferior al mismo tiempo que su pulgar se mueve en círculos sobre mi glande.

Gruño del gusto y pongo mi mano sobre la suya para ayudarla a ir más rápido. —¿Qué misión? A mí sólo me importan mi esposa y mis hijos, los demás que se jodan— penetro su boca con mi lengua.

Llevamos dos días en el mercado filipino vigilándolos y no hay más que mercancía barata y en decadencia en cada nuevo cargamento que traen, los negocios con ellos serán una pérdida de tiempo.

Pero no los estoy vigilando en este momento, tampoco me interesa hacerlo ya descubrí lo suficiente, mañana volveremos a Rusia. Dos días aquí y no me acostumbro a las malditas duchas compartidas, es mejor bañarse en el río que corre entre los senderos, pero mi esposa se congelaría ahí.

Así que la solución fue nuestra propia ducha privada, una elegante locación con materiales de arabia que almacena agua cálida, no iba a soportar tener un área compartida, así que me adueñé de las chozas por completo.

Un hombre me habló de las duchas que bajan del agua de las corrientes del río así que lo compré.

A la mierda mantenernos humildes cuando soy un puto billonario.

Emma no estuvo de acuerdo, porque estamos llamando la atención más de lo que deberíamos, pero en este momento no parece quejarse.

—¿Quieres ser mi pequeña mascota otra vez nena? — paseo mis dedos por sus labios.

Se muerde los labios y asiente con los ojos entornados.

Me sobo la polla cuando busco mi traje de kray y busco mi cinturón bajo la mirada ansiosa de mi mujer, meto la punta por la hebilla haciendo una correa para su cuello. Lo paso por el cuello de mi esposa y aprieto la correa hasta que se cierra sobre ella.

Dejo el suficiente espacio para Emma se sienta segura de quitársela cuando le incomode, cosa que no sucede porque en cuando la jalo se arrodilla con ansias buscando mi miembro.

—Chupa, Emma.

Suelto un gruñido largo y seco debajo de la regadera de piedra de arabia, con una mano guío los movimientos de su boca con la correa de mi cinturón y con la otra sostengo su cabeza mientras chupa la base de mi polla con media sonrisa.

Su traje de kray está aventado a cualquier parte y arrugado, sus senos están rojizos por mis dientes y sus pezones húmedos por mi lengua, la mejor vista de mi puta vida.

Mi esposa desnuda en mi ducha mamando mi verga.

Jalo el cinturón apretando su cuello y sus mejillas enrojecen, alza la mirada y hunde las mejillas para meterme hasta el fondo.

—Abre bien la boca, no dejes que se salga ni un maldito centímetro Emma— ordeno jalando la correa del cinturón y lo hace cuando comienza a faltarle el aire como le gusta. Incluso raspa sus dientes por mi piel venosa.

Soporta las arremetidas con gusto, pero poco a poco saca mi polla ayudando a masturbarme con su mano mientras el agua de la ducha le moja la cara, con su lengua lame mi vientre y va por el tatuaje con el que me marcó y del que se ve muy orgullosa.

Su mirada se oscurece cuando ve el “Propiedad de Emma Roe” y de inmediato raspa sus dientes por su piel, no sé que le excita más, el tatuaje que me marca como suyo o que las letras estén en mi vientre bajo muy cerca de mi pene.

Como si mi verga necesitara tenerlo escrito.

Desde que la follé por primera vez se adueño de mi maldito miembro.

Lame la piel de mi zona pélvica, pasa la punta de su lengua por mi ombligo y sigue por mis caderas provocándome un jodido temblor. —Jo… joder— gimo sin poder evitarlo, porque me clava los dientes en el glande.

Entre más placer siento más jalo la correa y entre más la jalo, más gime Emma.

La venas de mi verga se pierden una y otra vez entre sus labios cuando me succiona más adentro y la cabeza de mi polla choca contra la campanilla de su garganta otra vez.

—Estás muy duro, me encanta— lame mi glande en círculos volteando mis ojos a mi coronilla.

—Lame y calla— le ordeno.

Me resisto, aprieto la mandíbula, pero con cada movimiento de su lengua me hace soltar un gemido largo y profundo. Emma es mi maldita perdición, es un pecado hecho realidad al que nunca puedo resistirme.

—¡Mierda Emma! — finalmente suelto la correa.

Me sostengo de la pared, con mi mano libre tomo un puñado de su cabello y penetro con movimientos secos su boca entre gruñidos muy excitado.

Como la pecadora que es se sostiene de mis rodillas y abre la boca más grande para tomar todo mi grosor. Su maquillaje quedó arruinado por el agua y las lágrimas que le brotan por las mejillas y su cara está roja por el esfuerzo, pero está tan hambrienta que no deja de lamer mi polla.

La presión en mi espalda se hace insoportable y de inmediato mis golpes se vuelven embestidas dirigidas a mi orgasmo en su garganta tocando fondo. En esa posición alza los ojos y me mira inocente mientras penetro su linda boca.

Coño, yo podré estar sosteniendo la correa, pero con esos malditos ojos sabe que me tiene en su mano.

—No pareces una pequeña seductora inocente cuando tienes mi verga en boca y muy pronto mi semen en tu garganta— acaricio su labio hinchado ralentizando mis embestidas y le limpio las lágrimas de las mejillas.

Gime aumentando la velocidad de su cabeza, sus ojos lagrimean cada vez más cuando tomo la correa y la aprieto una última vez obligándola a mamar.

—Mírate tragándote la verga de tu hombre, mi pequeña seductora caliente y húmeda, tan perversa que no puedes ocultarlo.

Le acaricio la mejilla y sigue mamando como una buena chica.

Mi espalda se tensa, tengo mi corrida cerca, me aferro a las baldosas del baño y trato de sacárselo, pero Emma se aferra a mis nalgas y sigue chupando.

—Suéltalo Emma, no voy a correrme en tu garganta.

No lo deja ir, está decidida a que me corra en su boca.

—Nena, suéltalo— ordeno, pero mi gemido corta la orden y termino gruñendo con la cabeza hacia atrás.

Los sonidos atragantados de Emma hacen que casi pierda todo el control, pero poco a poco lo retomo y se lo saco, me lo sostengo con una mano alzándolo y va directo a lamer mis bolas, se le atora una entre los labios y la succiona adentro sin dejar de mirarme, es una maldita perversa.

Sus dientes pasan por mi piel sensible y se la saco antes que las muerda y si lo hace voy a correrme en su cara. Me duele tanto la verga, pero quiero correrme dentro de ella, la levanto con cuidado.

Aflojo un poco más la correa de mi cinturón, pero no se la quito, todavía tengo planes para ella.

—¿Por qué paras? Tengo hambre— hace un mohín.

Mi verga se tensa, amo correrme en su garganta, pero quiero otro hijo con mi mujer y voy a rellenar su coño. —Más tarde te lleno la garganta— le prometo y la cargo sin ningún esfuerzo envolviendo sus piernas a mi lado y la penetro despacio.

Sus tetas se aplastan contra mi torso y uñas se clavan en mis bíceps mientras la cargo. El vapor de la ducha cubre por completo todo, y a pesar del ruido de la ducha sus gemidos se alzan por las cuatro paredes cuando la tomo de sus deliciosas nalgas y comienzo a subirla y bajarla sobre mi polla.

Bajo la visa y observo como mi glande se sumerge una y otra vez en el coño depilado de mi mujer. Emma se agarra a mis hombros y esconde su rostro en mi cuello, pero no para aplacar sus gemidos.

Siento como succiona mi piel, como si yo necesitara más marcas.

Muerde mi piel con desesperación para soportar las arremetidas. Cargo todo su peso con un solo brazo y con mi mano libre jalo su cabeza hacia atrás para poder besarla. Corre sus labios sobre los míos lagrimeando.

Suelto la correa y su cuerpo menudo cae sobre el mío sin fuerzas.

—Joder— gimotea agudamente en mi cuello mordiendo mi hombro mientras la follo en esta posición. —Jo… der, Alexander… más— pide con la boca seca a pesar del agua de la ducha.

La última carga que viene para el mercado filipino debió llegar hace una hora y nosotros deberíamos estarla revisando, pero ni siquiera mis conservadores interrumpen en nuestra ducha privada.

Las reglas son claras para todos en la mafia.

Nadie interrumpe mi tiempo con Emma.

Emma cierra los ojos y de repente su cuerpo se deja caer sobre el mío sin fuerzas, las mejillas las tiene rojas, los labios separados tratando de respirar. Separo las piernas para mantener el equilibro con el agua de la ducha y la penetro una y otra vez, su vagina succiona mi verga hasta el fondo mientras el agua nos empapa la cara.

Mi mujer resbala entre mi miembro con facilidad, finalmente le suelto la correa y dejo que se mueva libre como tanto quiere.

Sonríe de lado a lado y se soba una de sus deliciosas tetas mientras nos complazco a ambos.

El humo de la ducha caliente y los gemidos de mi esposa es todo lo que se escucha en nuestro baño privado durante la próxima media hora y cumplo mi objetivo con media sonrisa como un maldito cabrón cuando me derramo en su interior.

Miro su cara recién follada y su sonrisa satisfecha, beso sus parpados y la sostengo para que no se caiga. —Me encanta como luces cuando te follo nena.

—¿Estás diciendo que el resto del tiempo luzco horrible?

—Eres una puta belleza incluso dormida— le digo algo que ya debería saber y no oculta su sonrisa satisfecha.

Se pega a mí abrazándose, ha estado con el ánimo decaído por estar un par de días lejos de nuestros hijos, dos veces hablamos con ellos el primer día, pero desde ayer es imposible establecer comunicación con Ethan.

Acaricio su cabello dándole el contacto que necesita. — Extraño a los mellizos, no puedo estar lejos de mis bebés.

—Estamos a un día de completar la misión, podrás comunicarte más tarde con Ethan y los rastreadores siguen en la línea segura, nadie va a dañar a nuestros hijos o voy a joderles la vida— Emma me mira con los ojos entornados, pero con un brillo diferente al de antes. —¿Qué?

—Eres un mafioso, asesino, criminal y torturador, pero en realidad nadie sabe cómo es el lobo como padre.

—No sé de qué hablas— carraspeo dejando la sobre el suelo, pero su risa corta mi ceño fruncido.

—El mejor padre— susurra a mi espalda.

Ninguno de nuestros criados hace algún comentario cuando nos ven salir dos horas después del horario acordado para la vigilancia del mercado filipino. Emma trae el cabello todavía húmedo cuando se coloca su traje de kray.

—¿Dónde están mis guantes?

—No lo sé, no los llevabas en la ducha— me abrocho el cinturón.

—Dame los tuyos— me extiende la mano y se los doy sin dudarlo —Es difícil ocultar esto de los filipino— señala su anillo familiar y el matrimonial.

—Una vez te lo quitaste y perdiste la oportunidad de volver a hacerlo.

—Haré lo mismo con tu collar— toca la cadena platea que me cuelga en el cuello desde que me la obsequio en nuestro primer viaje en Nueva York.

—Dudo que puedas hacerlo.

—Te marqué con un tatuaje, puedo hacer muchas cosas— me sonríe y me lanza un beso antes de cubrirse el rosto por completo.

—Ya nos hemos retrasado el día de hoy, pero tienes que terminarte el desayuno.

Arruga la nariz hacia su charola de comida. —No tengo apetito.

—Emma, no puedes saltarte tus comidas otra vez, anoche lo hiciste.

—La comida de este campamento no me gusta nada.

Entrecierro lo ojos y alzo las cortinas de nuestra zona, alzo la mano y uno de los conservadores rusos corre rápidamente hasta mí. —Llévate la furgoneta, vas comprar la mejor comida del restaurante para mi esposa, y espero que regreses en menos de dos horas bastardo.

Nos volvemos a cubrir el rostro para encontrarnos con Erick a la salida de las chozas. Se está vistiendo, Emma quiere que él y Dina trabajen juntos hoy todo el día. Me topo con un africano desnudo que mete su cabeza en nuestra área.

—Lo lamento, pensé que eran las duchas— mira a Erick semi vestido y le guiña un ojo.

—Quiero a mi madre— Erick lo mira horrorizado cerrando rápidamente la cortina y se coloca la camisa de prisa. —Es la segunda vez que mete la cabeza aquí, no puedo más, se va a llevar mi florecita. ¿Puedo dormir con ustedes hoy?

—Nunca vas a dormir en la misma cama que mi mujer.

—Eso casi sucede, pero no me quiero morir tan joven.

—Deja de parlotear, se nos hace tarde.

—Eso no lo pensaste cuando tú y Emma estaban en la ducha privada que compraste, Dina y yo llevamos dos horas esperando— mira a Emma a mi espalda y su expresión cambia —Mi ángel de luz, convence a la bestia de que me deje dormir con ustedes esta noche antes de que el africano se apoderé de mí.

—Puedes quedarte en la habitación continua a la nuestra, Alexander compró toda esta zona— se cruza de brazos. —Así nadie va a creer que somos pobres.

—Porque no lo somos y estoy cansado de fingir lo contrario— preparo mis armas y me pongo el cubre rostro.

—Te entiendo mi ángel, a veces pienso que el único miedo de los Roe es ser pobres.

—En miedo para mí, una realidad para ti.

—Maya me dejó su fortuna.

—Eso no es ni la cuarta parte de lo que es la mía.

Volteo los ojos y los dejo atrás riéndose, esa es la razón por la que dejé a Erick en Londres, pero siempre encuentra su camino a Emma. Dina espera afuera con Theodore, vigilo ese puesto que desde anoche no tiene compradores y no por falta de personas.

Está a una distancia de diez metros de la cocha, hay una mujer con el cabello suelto atendiendo y corriendo a los compradores, los únicos objetos que venden son baratijas de la India.

—El dueño de las chozas desapareció desde anoche— Emma aparece a mi espada con el rostro totalmente cubierto, lo único que se distinguen son sus ojos castaños.

—Su hermano también, vamos a buscarlos por separado en la zona que vigilemos.

—Ayer vi a su padre, es un hombre de sesenta años en mal estado.

—Hoy vamos a cubrir terreno por separado, Theodore, Wren y Caterva van a irse juntos por el sureste— explico encendiendo mi comunicador mientras Emma hace lo mismo. —Mi esposa y yo iremos del lado opuesto, quiero sus comunicadores encendidos en todo momento.

Nos alejamos poco a poco mientras el mercado comienza a llenarse de compradores. —Quiero que vigiles a la mujer del puesto vacío— le ordena Emma a Dina —Siempre que Erick o uno de los conservadores entra a las chozas anota algo en un trozo de papel, traté de leerlo, pero está en su idioma natal.

La mente de Emma se ha vuelto más entrenada con los años que llevamos aquí.

—Ayer pensé que era una coincidencia señora Roe, pero estoy segura de que el dueño de las chozas que desapareció hace unos días, nos está siguiendo— dice la rusa mirando de reojo a nuestra espalda.

—Es él, manténganlo vigilado, informaré a Caterva.

—Ese hombre no me da confianza— Erick se pone a mi lado, lo empujo con mi hombro, pero no se quita.

Emma me toma de la mano cuando llegamos a la furgoneta. — A medio día Dina y yo podríamos cambiar de ruta, si nos sigue a nosotras al menos el resto de conservadores y tú podrán vigilar su zona sin interrupciones, vamos a tener que separarnos.

—La zona que voy a vigilar no es segura, llévate al pordiosero.

—¡No! ¡Yo voy con Alexander!

Me froto las sienes con estrés que no tenía desde hace meses. —¿Por qué no vienes con nosotros Erick? Me siento segura contigo más que con mis guardaespaldas, y tú podrías… pasar tiempo con Dina.

Se miran fijamente.

—Dina— Emma la llama antes que él pueda negarse.

—Emma ¿Qué haces? — la voz de Erick se vuelve chillona.

—A sus órdenes señora Roe.

—Quiero que no te separes de Erick en todo el día, yo vigilaré por mi cuenta, ustedes dos vayan camino abajo, del lado contrario a los conservadores.

—Eso está como a una hora de nuestra choza— dice él.

—Si les cae la noche pueden alquilar una más abajo, no pasa nada si comparten habitación por una noche.

No sé que más dicen porque Emma habla muy bajo y no me interesa nada relacionado a la rusa o él, pero cuando volteo el pordiosero tiene el rostro rojo.

—No tengas miedo, no hay osos en esta zona— lo tranquiliza la rusa.

—¿Lo ves? — Emma sonríe de lado y la miro con el ceño fruncido, pero me guiña un ojo.

—¿Estás segura? Porque estamos en bosque abierto y he visto unas jaulas con animales aquí y…

—Estamos en mi país, sé cómo cuidarnos, vamos, la señora Roe se enoja mucho cuando no obedecemos sus órdenes.

—¿Vamos? Es decir… nosotros ¿Juntos?

La rusa se ríe y su risa me irrita —Claro, juntos. ¿No eres mi compañero de trabajo? ¿O esperas que diga que eres mío para que me sigas?

Erick me mira por ayuda que no le doy. —Se hace tarde, no sigan perdiendo el tiempo— me alejo de ellos y de mi esposa.

—Puedes hacerlo si quieres.

—¿Hacer qué?

—Llamarme tuyo— susurra él y me giro mirándolos con asco.

—Estoy rodeado de lunáticos— me sobo las sienes y me concentro en el trabajo.

〘 〙

Dylan.

—Llegas tarde— miro a Logan entrar a mi casa con el abrigo mojado y las botas sucias.

—Me atrapó la tormenta, diles a tus empleados quiero whisky escocés y un buen filete en el comedor principal— se sacude el cabello mojando mi alfombra.

—Esto no es un hotel.

—Entonces porque pareces cargador de maletas— se ríe acariciando el pelaje del gato blanco que trae en las manos.

Odio trabajar con este maldito, odio tenerlo en mi casa caminando como si no fuera un criminal, pero el plan del Borah es claro, si queremos que él siga vendiendo esa falsa anfetamina por Londres lo debemos tener contento.

Después de todo no hay nada que llame más la atención de los Roe que un nuevo vendedor de droga en la ciudad al que no conocen.

—¿Qué es eso? — señalo al gato que deja en mi asiento.

—Mi mascota, está muy bien entrenado, sólo denle un tazón de agua y no se le acerquen, duerme en el sofá siempre que no haya ruido. ¿Dónde está la sala de vigilancia que dijo Dimitry?

—Esta no es la casa de la caridad, llévate a ese gato a tu camioneta.

Se gira tan rápido que tengo que retroceder mi silla unos centímetros para verle el rostro, me sigue molestando su parecido con el maldito Alexander Roe.

—Escúchame bien paralitico, ese gato es lo único que impide que cometa un crimen con mi propia sangre, así que se va a quedar aquí toda la maldita noche conmigo o de lo contrario voy a tumbarte de esa silla eléctrica y voy a patear tu cráneo hasta que tus ojos se salgan de su cuenca ¿Entendiste?

—Como sea— finjo que no me afecta su amenaza, pero trago saliva con miedo. — Mis agentes me dijeron que sigues frecuentando el Hyde Park.

—Ese fue el trato con el ministro, yo seré el hombre de las golosinas de ese parque mientras distribuyo la anfetamina de David Wall que me dieron y todos contentos— se deja caer sobre un sofá con los pies sobre el mueble. —Además, puedo ver a mi nieto todas las veces que quiera.

—¿Cuál nieto?

—Aaron, el hijo de Bennett y tu hermana Coraline— sonríe de lado. —¿No es gracioso que ´tú y yo casi seamos familia de forma indirecta?

—Nunca voy a ser familia de los Roe.

—Ya supera la muerte de tus padres, Maya los mató hace más de veinte años.

Lo dice con una tranquilidad que me dan ganas de ahorcarlo con mis propias manos.

—No deberías acercarte a mi hermana, es una espía de la mafia del lobo.

—Ella no se ha visto con nadie de la mafia, a veces vende arte en un hotel caro, pero ninguno de esos hombres es de la mafia, sale a correr por las mañanas y lleva al niño al parque por las tardes.

—Los tienes vigilados.

—Cuando quiero algo soy persuasivo, y justo como a su padre, a Aaron también le gustan las golosinas.

Siento algo en el pecho, pero me niego a sentir pena por mi hermana, Coraline no sintió lástima cuando mató a nuestra tía, ya se las podrá arreglar cuando este enfermo llegue hasta su hijo.

—¿Lo estás drogando? — no responde, pero se burla —¿Qué tan enfermo tienes que estar para hacer eso con tu nieto?

—No soy un enfermo mental, sólo disfruto joder a mis hijos, esa la única razón por la que estoy aquí, pero con el hijo de Bennett es personal, él está muerto desde hace dos años, pero su madre seguirá amando a su nieto.

—¿Lo haces para dañar a Meredith?

—Como si algo pudiera dañar a esa víbora, lleva años encerrada desde que murió su adoración, no sabes cómo me he reído de ella en estos años.

—¿Te dolió?

—¿Qué cosa?

—La muerte de Bennett.

Espero que se ría o que haga alguna broma estúpida, pero se queda en silencio metiéndose goma de mascar a la boca. —¿Por qué habría de afectarme?

—Era tu hijo.

—¿Sabes quién es mi hijo? El hombre por el que estoy esta noche aquí, ese que en unos años se parecerá más y más a mí, el que desde que nació tuvo el color de mis ojos y mi cabello, no el que se pareció a su madre, el debilucho que Meredith planeaba llevarse la noche en la que…— deja de hablar.

—¿Qué noche?

—¿Dónde coño está mi whisky y mi filete? — me da la espalda.

Llamo a mi empleada mientras el mayor de los Roe se mantiene evitándome la mirada y mirando a ese gato.

—Quiero que le sirvas alimento a todos los agentes que hay en mi casa y a Logan, no quiero habladurías sobre mi falta de generosidad, sabes que la prensa siempre está detrás de mí— le ordeno a mi empleada doméstica una asiática de la que no me interesa saber su nombre.

—Estaré al servicio de cada agente General, ya envié al resto de la servidumbre a la cocina para preparar bocadillos.

—No quiero que falten provisiones, serán tres días largos en mi casa, si recibo alguna queja de mis agentes estarás despedida y me encargaré de que vuelvas a tu país.

Agacha la cabeza sumisa. —No lo defraudaré General Gray.

—Eso espero escoria asiática— susurro mientras avanzo con mi silla eléctrica en el primer piso.

Desde que Coraline mató a mi tía, mi actitud con todo el mundo cambió, ya no tengo compasión por nadie, soy un hombre duro y severo con todos mis empleados, esa noche perdí a la única madre que me quedaba.

Hace ya dos años que le cambié el nombre a la residencia Wall por “Residencia Gray”, el teniente murió hace mucho ya no es necesario mantener su apellido y menos ahora que soy padre de un varón. —¿Quiere que abra la puerta para usted general? — otra empleada corre.

—¿Puedo caminar? ¡No! Entonces siempre tienes que abrir la maldita puerta para mí.

—Lo siento general, no volverá a suceder.

No pudimos mantener a Sarah en el centro de rehabilitación, la prensa no tomaría bien que mi esposa y mi hijo vivan en el psiquiátrico, Rebecca y yo lo hablamos y tuve que hacerla volver a casa.

Mi vida se vino un poco abajo porque un bebé siempre llora a pesar de las niñeras que le he contratado y la loca de su madre cuidándolo, extraño mis horas de sueño, pero amo a Robert, sí, lo nombre como mi padre.

Y de grande seguirá nuestros pasos, tiene el mejor legado que pude darle a mi heredero, nieto de dos placas doradas del MI6, Olivia y Robert Gray y el teniente Wall.

No soy un mal padre, desde hace dos meses que nació me he encargado de que en las fotos familiares que rondan por internet nos veamos como una familia feliz. Tengo que llevar forzosamente a Sarah a eventos públicos de vez en cuando.

Abro la puerta de la habitación de Sarah, mi hijo está dormido en su cuna al lado de su cama y ella duerme sobre la cama con nada más que un par de pantalones cortos grises, que detesto. —¿Qué quieres? Ya te dije que no pienso cenar— abre los ojos sobresaltada.

Le quedaron secuelas de su encierro en la clínica, creen que alguien va a aparecer para medicarla. —El MI6 ya llegó, estarán aquí por tres días, no actúes como una lunática, pediré que te traigan los alimentos hasta aquí para que no me avergüences a afuera.

—Ésta es mi casa, puedo hacer lo que quiera.

—Nuestra casa cariño— le recuerdo —Y no puedes hacer todo lo que quieras, si estás afuera de la clínica es porque legalmente soy tu cuidador, no me obligues a regresarte a ese asqueroso lugar y separar a mi hijo de su madre.

—¿Es una amenaza?

—Es consejo, pero no me mires como si fuera un monstruo.

Se sienta en la cama matándome con la mirada, desde que regresó a la casa tiene esa asquerosa actitud de odio. —Estuve dos malditos años siendo medicada en un psiquiátrico donde ni siquiera podía salir.

—Deja de quejarte que el tiempo que estuviste ahí parecía que estabas tomando unas malditas vacaciones y mírate ahora, eres madre y tienes los pies sobre la tierra otra vez.

—Amo a mi hijo, pero soy madre por órdenes del ministro Aslan.

—Estuviste de acuerdo y mira el resultado tan precioso que hicimos— señalo a Robert.

—Lo que me hicieron fue la peor de las mierdas, este no es el MI6 que mi padre lideró por años y que el ministro haya estado de acuerdo para quitarme mi puesto…

Acerco mi silla a la cama y la tomo del brazo. — Deja de jugar a la víctima, ese puesto lo perdiste hace mucho, cuando mataste a Lena y a su unidad, aún vivo con las consecuencias de esa noche mi amor, aún me drogo desde que por tú culpa nos inyectaron anfetamina a mí y a quince agentes más.

—¡Suéltame!

—La única razón por la que estás afuera es nuestro hijo, pero no te entusiasmes porque puedo cambiar de opinión.

—No vas a alejarme de mi bebé.

—¿Ahora tienes instinto maternal? No parecías tan afligida cuando te separaste de Millie.

La maldita no duda en abofetearme. —¡No hables de mi hija con tu maldita boca asquerosa! ¿Sabes que fue lo mejor que me hizo el psiquiátrico? ¡Perdí el miedo, porque ya viví en el infierno, así que a la mierda tus amenazas! ¡Hablas de mi hija y te mató! — grita como demente y su histeria finalmente despierta a Robert.

No pienso gritar frente a mi hijo, dejo que se levante y corra a consolarlo. —No soy un monstruo Sarah, todo lo que he hecho ha sido por tu bien.

—No quiero escucharte, lo único que quieres es manipularme para que no arme una escena frente a los agentes.

Es lista.

—Robert es nuestro hijo— me acerco a ellos y pongo la mano sobre la de mi hijo. —Tengo los mejores planes para su futuro.

Beso a mi primogénito en la frente, pero ella lo aparta de mí. —Tengo que alimentarlo, vete.

—No sigues pensando en Jack Roe ¿O sí? — la miro con curiosidad —Tus enfermeros me dijeron que siempre hablabas de él y no de mí, que decías que lo irías a buscar a Nueva York en cuanto salieras de la clínica.

Aparta la mirada y se queda en silencio, voy a ponerle vigilancia extrema en caso de que quiera hacer esa tontería.

—No soy un monstruo Sarah, no volverás al psiquiátrico, además, no acostumbro a separar a madres de sus hijos dos veces el mismo año, los únicos hijos que me interesa encerrar en el MI6 son los de Alexander Roe.

—¿Qué dijiste? ¿Qué vas a hacer?

—Ya lo verás en las noticias pronto.

Lo último que veo es su rostro pálido cuando dejo la habitación. Mi celular vibra en mi bolsillo y leo ellos dos mensajes de Rebecca con media sonrisa.

«Ya te echo de menos, no quiero dormir en una fría habitación de hotel sola, sólo tú sabes cómo ponerme a dormir como un bebé recién follado»

«Lamento mi atrevimiento general, espero que no se le haya puesto dura con mis comentarios y si es así prometo satisfacerlo en cuanto regrese de mi viaje».

No puedo ocultar mi maldita sonrisa, llevamos dos años siendo amantes y cada día encuentra una u otra forma de quedarse en mi mente incluso cuando viaja. Rebecca se ha convertido en mi confidente, mi aliada y sobre todo… la mujer de la que estoy enamorado.

No se compara a la que siento por Emma, eso es distinto, pero con Rebecca fue imposible no llegar al amor después de que estuvo cuando me quedé parapléjico y sin contar las noches tan placenteras que hemos pasado juntos desde hace más de dos años.

Puede conseguirse a otro al que se le pare el miembro todo el tiempo, pero la mitad de nuestros encuentro es ella jugando con su consolador porque mi pene no reacciona gracias a toda la maldita droga que me metió en las jaulas el maldito Alexander Roe.

La única forma en la que pude embarazar Sarah fue por inseminación artificial.

Tengo que comprarle un regalo caro a Rebecca para cuando regrese, no se tomó bien el nacimiento de mi hijo, está muy celosa de Sarah.

—Cámara uno encendida camaleón, ya tenemos vistas a lo que parece ser un establo y un jardín— mis estudiantes están sentados frente al ordenador.

Ellos son los nuevos reclutas del Mi6 de a academia militar a los que estoy entrenando. —Llamen a Logan.

—Cámara dos encendida, es la parte delantera de la casa.

Muevo el control de mi silla eléctrica acercándome a sus espaldas teniendo una imagen clara de una casa cerca de un bosque.

Sonrío de lado.

—Dame mi radio— extiendo la mano para que me lo den. —Amplíen la imagen, quiero cada momento grabado en pantalla completa.

La interferencia suena. —Unidad de la general Hilton, les habla el camaleón del MI6, ya pueden comenzar, vayan por nuestra mercancía.

〘 〙

Ethan.

—Un día después, ellas fueron libres por los cielos sin miedo a que el humano las atrapara de nuevo— leo el cuento preferido de mis nietos mientras están acurrucados a mi lado.

Raven con la cabeza apoyada en Niles, como mi señora lo llama y Kiara jugando con el pelaje del otro lobo, el tal ¿Sheldon? ¿Chandler? ¿De verdad Emma les puso nombre a todos?

—Y cuando la princesa llegó a las rosas, besó el dorso de su mano riendo desde el cielo al hombre que lloraba en la tierra, después su abuela la alzo en brazos y juntas corrieron hacia el jardín.

—¿Me abrazas abuelo? — Kiara se frota los ojos con su pijama de unicornios rosa. —Quiero ver a papi.

—Ellos vendrán pronto como les prometieron.

—¿Mañana?

—Ya pasaron dos días, pero el bosque queda muy lejos, vendrán en dos días más.

—¿Dos? — alza dos dedos, mi pequeña inteligente.

—Sí, ven aquí mi pequeña de ojos verdes — la tomo entre mis brazos.

—Te quiero mucho abuelo— apoya su cabeza en mi pecho cerrando los ojos.

Mi pecho se encoje y beso su cabeza. Ni siquiera parece que estos dos pequeños provocaron un pequeño tornado por la residencia, alimentaron a sus caballos y Raven se quedó jugando con la nieve, después se cayeron por error en los rosales de mi señora y ambos terminaron llenos de fango.

Jin Jun descansa en la silla del fondo con los ojos cerrados, después de asearlos, ponerles pijamas limpias y ponerlos a cenar se ve agotada. Emma y Alexander hacen parecer fácil tener dos hijos.

Una sombra se mueve por la puerta, pero Volkan no entra a la habitación de los mellizos sólo nos observa de lejos. Erick le dijo a Jin Jun que el niño ha tenido pesadillas últimamente.

—Estamos leyendo un cuento, si quieres puedes entrar— digo a la nada, pero no se acerca.

Le tiene miedo a Alexander y sé que el lobo les prohibió a sus hijos jugar con él porque Raven me lo dijo, lo odia por ser hijo del Borah, pero Volkan es un niño bastante educado, no obligo a entrar, lo dejo escuchar el cuento de lejos.

—Sigue con el cuento abuelo— pide Raven con los ojos llenos de sueño.

—Hay un lugar escondido muy lejos aquí— continuo mientras mis nietos comienzan a dormirse. —Es un palacio hermoso en Dinamarca donde una mujer con la actitud de una gacela…— se me corta la voz.

Llevo dos años leyendo el mismo cuento y nunca he podido leer de corrido esta parte, la primera vez que leí el cuento que Emma les escribió a los mellizos para que conocieran a Maya y a Millie se me rompió el corazón.

—¿Qué pasa en Dinamarca? — Raven me mira terminando su vaso de leche.

Carraspeo y me obligo a seguir. — Es un palacio hermoso en Dinamarca donde en una mujer con la actitud de gacela corre por los jardines llenos de flores junto a una princesa de vestido rosa que se ríe cazando zorros en el bosque.

—Es la tía Maya— susurra Raven señalando la foto en el cuento de mi ex esposa.

Kiara abre un ojo y señala la otra imagen en el libro, la de mi nieta. —Ella es Millie.

Asiento con un nudo en la garganta, si oír a Emma contarles ese cuento cada noche duele, leerlo yo mismo quema. —Y por siempre la princesa y su abuela correrán felices en esos jardines de Dinamarca mientras la nieve cae.

—¿Yo soy una princesa? — Kiara mira la foto de su prima con la cabeza ladeada.

—Sí, la más hermosa y valiente que conozco— le sonrío.

—¿Y mi corona?

—La compraremos mañana— prometo y sus ojos se iluminan.

Mi pequeño Raven se acerca para ver las fotos de cerca y lo cargo. —¿Yo soy valiente como mi papi?

—Eres el más valiente de todos los guerreros de la mafia del lobo, más que los conservadores rusos.

Los dos se ven felices con mi respuesta. Hace dos años que mi alma se rompió por completo, estos niños no lo saben, pero se convirtieron en mi razón para vivir, sus risas, la forma en la que corren hacia mí por protección, sus ojos y su cariño son todo lo que necesito.

Emma no lo sabes, pero me dio una razón nueva para vivir después de perder a Maya y a mi nieta.

—¿Podemos hablar con mi mami como anoche? — pide mi pequeño nieto tratando de vencer el sueño.

—Mañana intentaré comunicarme con ellos otra vez, hoy no tuvimos suerte, la señal está débil.

Cierro el cuento mientras mis nietos se quedan dormidos entre mis brazos. Nunca pude sostener a mis hijos así, no vi crecer a Jack o a Emilia, el ejército me arrebató mi vida, pero la organización de los treinta y siete se llevó mi alma entera.

—Yo tengo ese unicornio— susurra Volkan a lo lejos mientras mis nietos duermen.

—¿Qué?

Entra con su pijama de dinosaurios a la habitación, mira a Jin Jun y se pone a mi lado. —Ese unicornio de la niña del cuento, Aaron me lo obsequió y yo le obsequié uno de mis dinosaurios.

Recuerdo el día que la señora Gray dejó el palacio y como Millie le ofreció el unicornio a Aaron siendo un bebé para recordarlo. —¿Puedo verlo?

—Está en casa de Erick, en Londres.

—Erick— ruedo los ojos —¿Te gusta vivir con él?

Agacha a cabeza abrazando su peluche. — Él es bueno, pero extrañó mucho a papá.

—Erick no es tan malo, me dijeron que te lleva a restaurantes y pide tu comida favorita, también te llena de obsequios y eres amigo de Aaron Roe Gray.

—¿Ellos son mi familia ahora señor Ethan?

—No— su mirada cae y me siento culpable, parece que mi parte noble sólo sale con mis nietos. —¿Tuviste una pesadilla?

Asiente. —Pero no con el hombre vestido de kray.

—¿Qué hombre?

—En Londres, por las noches había un hombre vestido de kray con ojos azules que trataba de atacarme, olía como a bosque y decía cosas que me asustaban.

¿Logan estuvo en el Score? — ¿Qué cosas?

—Que yo debía entregarle a Aaron o me mataría, pero Erick dice que sólo fueron pesadillas, aunque se sentían muy reales, porque me despertaba y se reía.

Mañana tendré que revisar las cintas de seguridad del Score para saber si Logan de verdad estuvo ahí.

—No tengas miedo Volkan, aquí no hay de esos locos y ya tienes siete años, debes ser un soldado valiente como lo era tu padre en la mafia turca. ¿Entendido? — asiente — ¿Puedo hacer algo para que duermas tranquilo?

Me mira serio. — A veces cuando no puedo dormir… Erick lo llama.

—¿A quién? — ladeo la cabeza y se remueve nervioso.

—No puedo decirlo, dice que es peligroso.

—Puedes contarme, yo no soy el lobo.

—No puedo señor.

—¿A quién llama Erick cuando no puedes dormir? — insisto.

—A mi padre.

—¡¿Qué?!

—Sólo es por unos minutos.

Maldito pordiosero hijo de perra. Erick resultó ser un traidor, me encargo de no mostrarle mi enojo al niño. —¿Cada cuanto lo llaman?

—Dos veces por semana, cuando Bennett visita el Score.

Otro traidor. En cuando regrese el lobo esos dos idiotas pagaran las consecuencias, el Borah ya debe saber desde hace mucho que su hijo está en el Score, no sólo arriesgaron el plan C18 donde este niño está incluido, también echaron a perder el tiempo en Rusia.

Si el hombre de las pesadillas de Volkan es Logan quiere decir que logró infiltrase al Score.

Sabía que en esos dos ya no se podía confiar.

—Señor Ethan, no se lo diga a Erick, no quiero que se enfade, dijo que no debía decirle a nadie, además Bennett siempre está presente cuando hablo con mi padre.

—No lo haré.

Alexander lo hará.

—¿Quieres ver el cuento? A lo mejor te ayuda a dormir y que no tengas pesadillas.

Asiente entusiasmado y se sube a la cama cerca de los mellizos, para tener sólo siete años es demasiado alto. —Palacio en Dinamarca— lee una parte —Es un palacio más grande que el Topkapi de mi padre— señala las fotos y pasa página tras página.

—Eso díselo al lobo.

—Es un cuento muy bonito— pasa de página en página mirando las fotos, pero llega a la página final.

Sus ojos quedan clavados en la escena de los rosales. Donde corren Maya y Millie, y a su alrededor hay fotos de toda la familia Roe, desde Jack y Emilia, hasta Cora con Aaron, también hay una foto de cuando cazamos zorras en el bosque. Volkan mira la página por primera vez y de repente su ceño se frunce.

—¿No sabes leer todavía? — lo miro curioso.

—Sí se hacerlo, mi madre me enseñó.

Cambia de página al final del cuento, pero vuelve otra vez a la de los rosales. — ¿Qué te pasa?

—¿Los cuentos son reales señor Ethan? — me mira fijamente.

Los cuentos de hadas se quedan para pequeños como los mellizos. — No, ya eres mayor para saberlo, sólo son fantasías.

Asiente otra vez. —Es verdad.

—Ningún cuento es real.

—Eso ya lo sé, pero ¿los personajes de los cuentos existen en la vida real?

—No, amigo.

Su ceño se frunce más. —Entonces no existen— repite cerrando el cuento y mirando a la ventana.

Lo miro curioso por primera vez desde que llegó. —¿Por qué lo preguntas?

—Yo la vi a ella en la vida real.

— ¿A quién?

—A la mujer en la historia— señala otra vez con inocencia el cuento cerrado.

Mi pecho se desboca junto con mi pulso. —¿Cuál de todas? ¿Cómo? ¿Cuándo?

—Cuando vivía con mi padre en el parlamento de Londres, la gente llamaba a el Borah “ministro” y ella estaba ahí mirándolo de lejos, a veces me ondeaba la mano, pero el Borah no me dejaba saludarla.

Hace dos años, pudo ser antes del ataque.

—La última vez que la vi fue el día que ustedes me separaron de papá.

—¿A quién? ¿La viste en la vida real o en un sueño?

—No se asuste, los cuentos no son reales y los personajes de los libros no existen en la vida real, señor Ethan — toma su dinosaurio de peluche —Buenas noches.

Me incorporo cuidando no despertar a mis nietos mientras el niño se va sin decir más. Abro el cuento en la página de los rosales.

¿Quién es la persona de la historia? ¿Emilia? ¿Maya? ¿Cora? ¿Millie?

Un malestar se asienta en mi estómago . —Jin Jun despierta.

—¿Qué sucede? — sus ojos se abren al instante y corre a revisar a los mellizos.

—Están dormidos— la tranquilizo— Tengo que comunicarme otra vez con el lobo y mi señora, cuida de mis nietos mientras regreso, cuando sus padres no están con ellos tienden a despertar cada media hora.

Los lobos de Emma se acercan a la cama de los mellizos en cuanto salgo, siempre los custodian cuando duermen. Bajo al primer piso, no tuve suerte en todo el día, las líneas de los radios son débiles en esos bosques.

Pasa a mi lado un sirviente, pero tengo la mente muy aturdida para reconocerlo. —¿Se encuentra bien señor Ethan?

—Eso creo.

—¿Puedo ofrecerle algo de beber? ¿Quiere sentarse?

Sacudo la cabeza. — ¿Podrías traerme un poco de agua?

—Enseguida.

No sé de dónde la saca porque no doy ni tres pasos y me alcanza con una botella.

—Gracias— bebo dos sorbos de la botella que me trae, pero me quedo con la garganta seca. —Dame otra, esta no me aplacó la sed.

Me entrega una igual, pero del mismo modo me arde la garganta. —Vete— lo corro cuando enciendo el radio.

—Aquí el mariscal de campo Roberts— presiono el botón —Si alguien me escucha responda, cambio.

Hay interferencia.

—Señora Roe, si me escucha responda, cambio.

No logró conectarme, pero no me rindo fácilmente.

¿Qué maldita agua es esa? Me corta como agujas la garganta.

—Señor Roe, Erick, señora Roe, Caterva, si alguno de ustedes me escucha responda, cambio.

No dejo de darle vueltas a mi conversación con Volkan sobre la mujer del cuento, pero tampoco a las llamadas que realizaba con el Borah.

Si Bennett estaba presente es imposible que fueran rastreadas… A menos que Erick… ¡De ninguna jodida manera! Que no sea lo que pienso. — ¡Maldita sea! — pateo el radio y subo corriendo a la habitación del niño.

Quiero tocar y no parecer un monstruo, pero pierdo los modales mientras sobre pienso lo que Erick hizo todo este tiempo. El niño se sobresalta cuando la puerta se azota y me siento culpable. —No te asustes soy yo

—¿Señor Ethan?

—Necesito que me digas algo Volkan y no puedes mentirme o estaremos en problemas ¿entendido? — asiente y me acerco a su cama. — ¿Desde hace cuánto hablas con tu padre?

—Desde mi cumpleaños pasado.

—¿Cuándo es tu cumpleaños?

—Será dentro de un mes otra vez.

¡Un maldito año hablando con el Borah! Trato de calmar mi rabia para no asustarlo. —Bennett estuvo en todas las llamadas con tu padre ¿verdad?

—Sí.

—¿Desde el inicio? ¿Erick nunca te comunicó con tu padre sin que Bennett estuviera?

Aparta la mirada. —No.

—Volkan, no puedes mentirme.

—Sólo la primera vez, el día de mi cumpleaños— susurra. —. La primera vez que lo llamamos, sólo estábamos Erick y yo solos en el Score, yo estaba llorando mucho y él me dijo que podía hablar con papá unos minutos.

—¡Maldita sea! — me levanto bruscamente y el niño se hace un ovillo asustado.

—No se enoje, señor Ethan— pide con los ojos llenos de lágrimas.

Mi rabia me siega y lo veo llorar desconsolado, pero necesito toda la información posible. — ¿Bennett lo sabe? ¿Sabe de esa primera llamada?

Me mira con los ojos entornados en silencio.

—¡Responde niño!

—No, señor Ethan, él no lo sabe.

No lo sabe o habría cortado cualquier rastreo que hizo el Borah. Miro el dinosaurio y recuerdo eso restaurantes a los que Erick llevaba al niño. Saco una navaja suiza de mis botas. —Dame tu maldito peluche.

Rasgo la porquería de arriba abajo bajo el llanto del turco, saco pedazos de algodón uno tras otro hasta que en una de las orejas cae el maldito rastreador.

Palidezco.

Bastó esa llamada sin supervisión, esa única llamada de Erick y desde hace un año el Borah sabe de nuestros movimientos. Por eso hay un nuevo vendedor de anfetamina en Londres y el MI6 no hace nada, querían que Erick viniera a Rusia a informarnos.

Querían que Volkan estuviera aquí.

Por eso la nueva oferta de los filipinos, por eso el mercado en los bosques, no querían atrapar al lobo o a su esposa, querían alejarlos de sus hijos.

Aviento el peluche a la basura y por error también se cae mi comunicador, pero no tengo tiempo de levantarlo.

Miro al niño llorando, levanto el cuento que se llevó y abro la página de las rosas. —¿A qué mujer viste hace dos años?

Mueve su dedo tembloroso y señala la imagen. —A ella.

Santo Dios.

Está viva.

Me arden los parpados, pero no tengo tiempo a decir nada.

Me guardo el rastreador en la bolsa del saco y encierro a Volkan.

Mi pierna falla en la escalera. ¿Qué coño? Me acerco a las puertas y me limpio las lágrimas con el dorso de la mano.

—¡Despierten malditas ratas inmundas! — grito por los pasillos tocando todas las puertas de los sirvientes. —¡Arriba hijos de perra! ¡Comuníquense con el hacker en línea directa!

—Enseguida.

Hago memoria de cuantos francotiradores cuidan la entrada. El hermano de Dina sale corriendo de los laboratorios con la bata mal puesta y me sigue hasta la biblioteca dónde hay sólo cuatro personas. — ¿Qué pasa Ethan?

—El MI6 y el Borah nos tendieron una emboscada por culpa de Erick.

—¿De qué demonios hablas?

—Te lo explicaré después, busca a Jin Jun e infórmala, yo informaré al resto de la mafia en cuanto haya hablado con el hacker.

Lo veo salir y en la biblioteca sólo quedamos tres personas.

—El hacker está en la línea dos, Ethan.

—¿Qué sucede? Por la hora supongo que es una emergencia — me habla por teléfono, soy el único que conoce su identidad dentro de la mafia, ni siquiera su esposa debe saberlo.

— Voy a matarte Bennett.

—¿Ethan? Cómo sabes que soy el hacker de mi hermano.

—Para un viejo como yo, no hay secretos y no has protegido tu identidad en Londres lo suficiente, no soy el único que lo sabe.

—Mierda.

—Tú y Erick cometieron un error al dejar a Volkan hablar con su padre.

—Sé que estás enojado, pero estuve monitoreando cada llamada y no las hacemos regularmente.

—¡Idiota! ¡Erick lo llamo solo la primera vez hace un año en el cumpleaños del niño y nunca te lo dijeron! — grito en la bocina y maldice —¡El niño traía un rastreador en jodido peluche!

—Coño, cálmate, voy a infiltrarme a las líneas de comunicación del MI6 y…

—Llevan más de un año con ventaja ¿Crees que en una noche vas a descubrir su mierda? — me paso la mano por la cara. —Es por eso que alejaron Emma y a Alexander de la residencia.

—¿Qué?

—Los involucraron en el mercado filipino, los querían lejos de sus hijos, mi prioridad es poner a los niños a salvo, Erick y Volkan llegaron hace cuatro días a Rusia, no sé cuánto tiempo de ventaja me quedé.

—Ninguno— dice una mujer a mi espalda y con su dedo corta la llamada con Bennett.

Me giro lentamente, los otros dos hombres dentro de la biblioteca están estrangulados en el piso. Rebecca trae puesto un traje de kray con el rostro cubierto, se baja la tela y me sonríe. —Mariscal Roberts, finalmente nos volvemos a ver.

—Rebecca ¿Cómo llegaste hasta aquí?

—Siempre admiré su trabajo mariscal, pero como entenderá, tendré que matarlo, el ministro Aslan va a recuperar a su hijo y no puedo dejar que falle la misión y lo mejor de todo es que nos llevaremos a los hijos de los criminales más buscados de Europa.

Alzo las cejas y busco encender mi comunicador, pero recuerdo que se me cayó en la habitación de Volkan.

—¿Así es como saludas a los viejos compañeros de trabajo?

—Perdón Ethan, pero eso de follar con ancianos se lo dejo a Sarah y a Alicia, estás muy bueno para tu edad, pero tengo otros gustos.

—Como ser amante del parapléjico General Gray— me burlo. —Pensé que tenías más clase, pero aceptar a un hombre al que el miembro no le sirve la mayoría del tiempo y que acaba de tener un hijo con su esposa es más bajo que ser una puta de la mafia como Katherine.

Su sonrisa se desvanece. —No sé de dónde sacaste esa información, Dylan y yo somos grandes amigos, así como lo soy de su esposa.

—La esposa a la que internaron en un hospital psiquiátrico al poco de perder a su hija.

—Sarah está mentalmente desorientada, es por su bien.

—¿Y también te cojes al cojo por su bien? Al igual que tu tío no eres tan astuta, tu aventura con Dylan Gray pronto saldrá a los medios y tú y yo no vas a salir viva de aquí, estás rodeada— sonrío de lado, pero con mi mano izquierda busco mi arma, no siento el bulto en mi espalda.

¿Dónde coño está?

Se ríe en voz baja. —Nadie puede probar la infidelidad de Dylan, y si quieres ayuda, trata de gritar si puedes.

El ardor en mi garganta me lo impide e incluso tengo la voz ronca, sigo buscando mi arma, pero no tengo éxito.

—No te canses en buscarla, ni tú ni yo vamos a disparar, lo que menos quiero es alertar a la mafia de que hay un intruso.

—Se darán cuenta en poco tiempo.

—No, sólo estoy yo aquí, sola y casi indefensa, pero eso es exactamente lo que queremos, vinimos con un nuevo plan, me llevaré a los niños sigilosamente y por la mañana los sirvientes encontraran tu cadáver en la biblioteca cuando ya estemos muy lejos de Rusia.

Siento mi cuerpo desfallecer cada minuto que pasa, lo que el maldito sirviente me dio a beber no era agua, pero necesito hacer tiempo hasta que el hermano de Dina llegue con Jin Jun.

Cuatro minutos para que el hermano de Dina suba a informar a Jin Jun y tres minutos para que ella logré poner a los mellizos a salvo antes de informar a la mafia, después de eso mis nietos ya estarán a salvo.

—¿Lo haremos de la forma sencilla mariscal?

—No tendrías ninguna oportunidad de salir viva usando sólo ese cable viejo para estrangularme.

—Lamento lo del veneno en tu agua, pero, aunque tienes más de cincuenta años aprendiste mucho en el ejército necesitaba una ventaja.

La vista me comienza a fallar, pero me mantengo firme en distraerla. —¿Y que se espera de la sobrina de un mudo y la de una traidora?

—¿Sobrina de una traidora? Meredith nunca será mi tía, ni porque era hermana de Tyler, mi única tía siempre fue Maya. Espero que no te duela hablar de su muerte, ya pasaron dos años.

—Prefiero que me estrangules a que tu maldita boca hable de ella.

Se ríe otra vez. —Es que ni siquiera tengo que estrangularte, te vas a morir en poco minutos con el veneno, pero eso sí, tengo que asegurarme de que estés muerto cuando salga de aquí.

—¿Crees que un veneno me va a matar?

—En el peor de los casos quedaras en coma de por vida— ojea los documentos en el escritorio.

—No viniste sola, hay otro que cambio mi agua.

—Sí— sonríe de lado. —Sólo somos tres, pero yo hago el trabajo duro.

Me río ya sin fuerzas. —Jin jun es una gran compañera de trabajo, le debo esto.

—¿Qué cosa?

—Matarte— abro la boca, pero me desplomo en el escritorio. Rebecca se acerca lentamente.

—Lo siento mariscal, me encargare de poner una bandera de Londres en su ataúd— susurra en mi oído.

Ya no puedo hablar, pero todavía puedo mover mi brazo. —Le debo ayuda a Jin Jun, si no puedo con los otros dos, me desharé de ti — jalo su cabeza contra mi hombro y apreso sus hombros. Trata de liberarse, pero cierro mis brazos sobre su cuello y la doblo contra e escritorio.

—Hijo de… perra…— jadea pateando. —Su… Suéltame.

—No— jadeo con el poco aire que me queda —Si voy a morirme, tú te vas conmigo.

La mafia sólo tendrá que encontrar al otro infiltrado, de la escoria mayor me encargo yo.

Comienzo a estrangularla con las pocas fuerzas que me quedan. Su cuerpo se retuerce y su piel se poner purpura mientras sus ojos se voltean, pero estoy tan débil que me cuesta matarla de una maldita vez.

Con su rodilla patea mis costillas y me revienta la cara contra el escritorio. Se deja caer sobre la computadora tosiendo. —Código rojo, bajen a la biblioteca— tose presionando el comunicador en su oído. —Este maldito casi me mata.

Trato de levantarme para atraparla, retrocede pateándome el pecho, pero logro aprisionarla, jalo su cabello y con mi otro brazo lo enredo en su cuello. Patalea buscando apoyo, pero esta vez no habrá errores.

La puerta se abre silenciosamente y un agente del MI6 corre a empujarme, pone un taser en mis costillas y me da una descarga larga que me tumba contra el suelo.

—Tengo a la teniente Hilton, está herida, estaban estrangulándola, necesitas bajar a la biblioteca— dice por su comunicador.

—No puedo— responde otro hombre —Encontré la habitación de los niños, los sacaré como acordamos, hay una mujer asiática dentro dormida en el sofá, voy a matarla antes de que alerte a la seguridad.

—Hazlo rápido y encuentra a Volkan.

—El rastreador dice que el niño está más cerca de ti que de mí.

—El hijo del Borah no está aquí.

—Búscalo, está oscuro, pero sólo veo a uno de los niños acostado en la cama, no veo al otro.

—¿Qué tan difícil es encontrar a dos gemelos en una habitación imbécil? Apresúrate que Rebecca está débil.

Lo recuerdo bien, ellos no saben sobre Kiara.

Veo tirado junto a la basura el radio que da al de los mellizos y al del lobo, estiro la mano, pero no alcanzo a tomarlo. Gruño empujando mi brazo más lejos, me arrastro en la alfombra lentamente mientras Rebecca y el otro están distraídos.

Me apoyo en el librero para levantarme y consigo ponerme de rodillas en el suelo.

Tomo el radio y jalo una bocanada de aire larga, sólo me quedan fuerzas para unas palabras cortas. —Sort Ravn, gem den hvide dronning— susurro.

Cuervo negro, esconde a la reina blanca.

—¡Rápido! Quítale el radio, se comunicó con alguien en danés, una tal cuervo y una reina, son sobrenombres.

Atrapo al agente por la espalda y busco azotarlo contra el mueble, el ruido alertará a la mafia, pero es robusto y fuerte. Su puño impacta con mi tórax cortándome la poca respiración que me queda.

—Mátalo ya y dile al otro imbécil que atrape a esos bastardos hijos de Emma Brown— pide Rebecca buscando su cable viejo.

Cuando lo encuentra se lo entrega y él me lo enreda en el cuello. Pierdo el aire cuando tira y por más que trato de librarme no lo consigo.

Soy un hombre alto y le cuesta someterme, Rebecca se levanta y me encesta dos puñetazos en el abdomen para que me agache el agente pueda enredar el cable por completo en mi cuello.

—¿No te cansas de dar pelea maldito anciano? Te pareces a ese pelirrojo que trabaja para el lobo, son unos putos ancianos.

En un segundo estoy siendo estrangulado y al siguiente el agente del MI6 está tirado en el suelo con vidrios sobre su cabeza y sangre sobre la misma.

Giro la cabeza y creo que el veneno ya me jodió la mente porque no creo lo que veo.

—De mi padre no hables escoria— Alesha tiene uno de las estatuas finas de mi señora en su mano.

Revienta la estatua en la cabeza del agente y deja restos de su cráneo en el suelo, me quedo aturdido mientras retrocede al librero con algo en la mano.

Miro a Alesha con los ojos muy abiertos, se limpia la sangre de la mano, el cabello, su cabello negro recién pintado me dice que su nuevo estilo recién fue renovado, dos años encerrada y debería ser pelirroja, pero alguien la sacó.

Trae lodo por todo el cuerpo como si hubiera estado escondida en el granero de los caballos de los mellizos y lo confirmo porque huele horrible y trae restos de su estiércol sobre su ropa.

—Y tú prostituta barata, ya me tienes harta— se va contra Rebecca.

Rebecca se burla aún con la voz ronca. —¿Alesha? ¿De verdad eres tú?

—¿Eres ciega?

—No lo puedo creer, es verdad lo que dicen, algunos muertos regresan a la vida.

—Tú no deberías hacerlo después de que te mate.

Rebecca se ríe. — Tienes la cicatriz de los traidores Alesha, te sienta bien, pero no estoy aquí para causar problemas.

—¿Entonces qué diablos quieres?

—A los hijos del lobo, nos llevaremos a los niños y nos iremos pacíficamente.

—¿Hijos?

—Raven y Dorian los herederos de la mafia, los mayordomos del Borah están rodeando la zona y no quieres hacer enojar a la mafia turca así que coopera y puedo dejarte ir de este lugar donde seguramente te tienen encerrada.

Alesha me mira en el suelo.

Extiende la mano a uno de los monitores y lo siguiente que veo es como el objeto pesado golpea en el pecho y la azota contra el librero. Su cuerpo queda inconsciente en el suelo y Alesha se acerca a ella con cara de asco.

Se ve débil como si no hubiera comido en días, incluso se le marcan las costillas y los huesos de la mandíbula.

La puerta se abre bruscamente y el hermano de Dina entra en pánico. El cuerpo de Rebecca queda sangriento contra el librero y mi cuerpo se desploma sobre la alfombra.

—¡Ethan! — corre el ruso y veo como Alesha se sienta sudorosa en una silla.

Pudo traicionarme y no lo hizo.

Otra vez se quedó.

—No me mires así Ethan, está de más decirte que a veces no siempre es buena idea confiar Erick, no me costó mucho convencerlo de traerme y sinceramente no hay tiempo para esto, escuché que bebió algún veneno, tú sabrás como ayudarlo— mira al médico.

Si sobrevivo a esto, juro que mato al pordiosero.

Alesha se limpia el lodo de la cara y levanta la barbilla soberbia, pero mis ojos comienzan a cerrarse, no sé si es por el veneno o por estar a punto de morir, pero en cada parpadeo la imagen cambia, mientras que por un lado estoy en la biblioteca, en el otro veo un jardín de rosas y se oyen risas de una pequeña que reconozco.

Alguien me extiende la mano.

—Tienes que levantarte o te voy a inyectar en el maldito pecho ¿Me oyes? Ayúdame a moverlo, pesa demasiado— el biólogo se ve borroso.

—No puedo creer que debo salvarte la vida de nuevo después de dejarme dos años encerrada en el Score.

—Soy el hermano de Dina ¿Me oyes Ethan? La perra todavía respira, así que no tu todavía no te puedes morir, sin ver como se la entregamos a mi señora.

Me saco el rastreador de Volkan del bolsillo y se lo pongo a Alesha en la mano, como puedo saco las llaves de mi auto también. —¿Qué es esto? — me mira confundida.

Tomo fuerzas para hablar una última vez. —Ale… aléjalos… de los… niños.

—Promesa cumplida mariscal— una mano femenina con un guante blanco me la extiende en el otro lado de mis alucinaciones.

Tiene un rostro angelical.

El biólogo me clava una aguja en la vena del brazo, pero yo tomo la mano de Maya y finalmente cierro los ojos.

—Los mayordomos del Borah ya pueden entrar a la residencia— es lo último que escucho a alguien decir antes de desvanecerme.

〘 〙

Narrador omnisciente.

Dos niños pequeños se encuentran abrazados en un rincón de una habitación completamente oscura, el cuerpo de su niñera yace inconsciente en el suelo. Aunque tienen la misma edad, es el niño quién abraza a su hermana mientras los disparos suenan a las afueras de su casa.

—No tengas miedo— su hermano la mira.

—¿Dónde está mami?

—Ya viene.

El niño quiere llorar también, han llamado a su mami y papi desde que un hombre malo dañó a la niñera, pero nadie responde, el abuelo le dijo por el radio que debía esconder a su hermana y es lo que hizo, se escondieron en el armario.

—¡Papi! ¡Papi! — grita Raven como cuando tiene sueños que lo asustan, pero esta vez su padre no viene corriendo a abrazarlo o su madre a contarle otro cuento mientras lo arrullan.

Ven a uno de los lobos de su madre comerse los restos de un cadáver en el suelo. —Tengo miedo— susurra su hermana mirando la puerta.

—Papi ya viene.

—¿De verdad? — Asiente con ganas de llorar, pero su hermana comienza a gritar. —¡Mami! ¡Mami!

Le tapa la boca con cuidado. —No grites— le recuerda lo que su padre siempre les ha enseñado, la regla número uno cuando están en peligro y escondidos es nunca gritar.

Puede que sea demasiado tarde porque un hombre de uniforme azul como los otros que hirieron a su niñera camina dentro de su habitación y azota la puerta, mira de lejos al lobo comiéndose a otro agente del MI6 y con cuidado de no hacer ruido para alterar a la bestia comienza a inspeccionar la habitación de arriba abajo con una metralleta.

—¿Es el abuelo? — pregunta su hermana tratando de ver por la pequeña rendija de la puerta del armario.

Raven la jala a su lado y niega con la cabeza, el abuelo siempre les da la palabra clave cuando juega a encontrarlos y ese hombre ni siquiera ha tocado tres veces en la puerta como lo hace el abuelo.

—¿Dónde están amiguitos? — su voz hace que a ambos niños les recorra un escalofrío.

—No hables, es un hombre malo de uniforme azul— susurra Raven tapando la boca de su hermana.

La regla número dos que les enseñó su padre es, nunca hablar con una voz desconocida y la regla número tres es que nunca confíen en los hombres de uniforme azul.

—No tengan miedo, soy un amigo de papá y mamá y ellos me dijeron que vengan conmigo, Emma y Alexander están en la cocina preparando galletas de chispas de chocolate para ustedes.

Kiara se hace un ovillo junto a su hermano mirando a ese hombre extraño. Su hermano examina el armario lleno de abrigos. —¿Oíste Raven? — Kiara mira a su hermano con una sonrisa —Mami volvió.

El niño se debate entre abrir la puerta o no, ya quiere ver a sus padres en la cocina, pero el hombre no hace el sonido secreto del abuelo.

—Dorian, Raven— vuelve a hablar ese hombre —Ya pueden salir de su escondite.

—¿Quién es Dorian? — su hermana lo mira confundida.

—Raven, sal de tu escondite, puedo escuchar cómo te mueves— la voz del hombre lo asusta y no le gusta que siga diciendo su nombre, lo quiere a él no a su hermana y el abuelo le dijo que la escondiera. —Tengo un juguete para ti Dorian.

Los niños se quedan en silencio en el armario hechos un ovillo tratando de no hacer ruido mientras el agente del MI6 revisa cada rincón de su habitación buscándolos, el MI6 sabía que algo así podía pasar, después de todo son niños de la mafia, difíciles de engañar.

—Volkan— hace una seña al niño turco que espía en la puerta. —Ven aquí, llama a tus amigos y diles que vengan con nosotros.

El niño avanza lentamente. —Pero no quiero lastimarlos James.

El mayordomo turco se agacha para quedar a su altura, es uno de los mayordomos que más quiere del Topkapi, desde que era un niño pequeño siempre jugó con él y con sus nonas, hasta el día en que mataron a su madre.

—Tu padre está esperándote, y tus nonas también, ellas te extrañan mucho, además el Borah te tiene preparada una sorpresa. ¿No quieres verlo? ¿No quieres volver a casa en Turquía?

—Sí, lo extraño mucho.

—Entonces, tráeme a tus amigos y nos iremos muy pronto.

—Pero ellos son buenos, me dejaron jugar, alimentamos a sus caballos también.

—Ellos son buenos, pero su familia no, me dijiste que el señor Ethan te hizo llorar y te asustó mucho, vamos a llevarnos a Raven y a Dorian a Turquía para que ellos no sufren como tú— comienza a jugar con su mente.

—¿Dorian? — el niño lo mira confundido.

—Así es Volkanbey, quiero a los dos niños, tú eres Seçilmiş kişi, el elegido de la mafia turca, puedes hacerlo por papá ¿o no?, vamos señor Volkan, trae a tus amigos.

El niño se queda pensando por demasiado tiempo agotando la paciencia del mayordomo, mira el armario en silencio. El mayordomo saca su celular marcando un solo número que hará al niño cambiar de opinión.

Se lo pone cerca de la cara. —Hijo— se escucha la voz del Borah en la línea.

—Papá— el niño turco se abraza a los restos de su dinosaurio.

El quejido de alivió del Borah se escucha por el celular. —Te encontraron, gracias a Allah, James fue por ti, yo estoy esperando a alguien muy especial, pero vine a Rusia para llevarte a casa como te lo prometí en tu cumpleaños pasado.

—¿Vamos a ir a casa?

—Así es cariño, iremos de vuelta a casa, tus nonas quieren verte, los mayordomos también, por fin voy a poder abrazarte otra vez.

—¿Y puedo ver a Aaron?

El turco se queda en silencio. —Sí, puedes hacer todo lo que quieras, pero tengo que ponerte a salvo, así que haz todo lo que James te pida para sacarte de ahí, antes de que queme ese lugar.

El niño piensa en su cuidador desde hace dos años, Erick, a veces lo veía llorar mirando a la mujer del cuento, otras veces lo veía despierto muy noche mirando por la ventana del edificio.

—¿Puedes ayudarnos hijo?

—Sí.

—Cuelga la llamada y entrégales a los niños, te estaré esperando hijo.

La llamada se corta y mira el armario de nuevo, ya quiere ver a su papá, lo hecha mucho de menos.

—Sólo hay un niño en la casa.

—¿Qué? — el mayordomo turco lo mira confundido.

—Sólo hay un niño aquí, Raven y no tiene hermanos.

—Eso es imposible, los reportes del MI6 dicen que son dos gemelos, Dorian y Raven.

El niño turco niega varias veces. —Sólo hay uno, Raven es hijo único y le gusta esconderse en el armario detrás de los abrigos.

—Esos malditos reportes deben estar incorrectos, pero gracias amiguito— le acaricia la cabeza y se dirige al armario. —Raven, sal de ahí, son un amigo de papá.

—Yo lo hago— corre detrás de él. —Se va a asustar si te ve porque no te conoce.

—Está bien, hazlo tú, sácalo.

Con manos temblorosas el niño abre la puerta del armario donde ve a sus dos nuevos amigos pegados en un rincón mirándolo con los ojos muy abiertos, ve el miedo de Kiara y como le caen lagrimas en silencio mirando al mayordomo a su espalda.

Le hace un gesto de silencio con su dedo en sus labios para que ella no hable.

—Vamos Raven, te llevaré a mi casa en Turquía— le extiende la mano al niño de ojos verdes.

—¿Mi mami va a venir? — lo mira con los ojos llorosos.

—Sí— miente.

—¿Papi va a venir también?

—Sí— vuelve a mentir, aunque eso es pecado.

Coraline tenía razón, a la gente mala le pasan cosas malas, y él acaba de mentir dos veces. El niño toma su mano y sale del armario, mira a su hermana atrás, pero Volkan le hace señas de mantenerse callado y él asiente.

La niña se queda escondida en el armario llorando en silencio mientras ambos niños salen a encontrarse con el mayordomo. —Por Dios— el hombre lo mira asombrado —Lo encontramos ministro Aslan, general Gray, Logan, todos los que me escuchan pasen la noticia— dice por un radio con una sonrisa de lado a lado —Lo tenemos.

—¿Estás seguro de que es mi nieto?

—Sí, estoy seguro, viene con Volkan y no hay duda de que es hijo de ellos.

—¿Por qué? — se oye la voz del general Gray.

—Porque es una copia exacta de Alexander Roe.

—Tráelos afuera con cuidado, ya no podemos rescatar a Rebecca, nuestra prioridad es el hijo del Borah y Raven.

El mayordomo asiente y con cuidado se acerca al niño que se esconde detrás de Volkan. Le asombra el parecido con su padre, los ojos verdes, el cabello castaño, la nariz perfilada, es como ver a ese criminal es una versión pequeña.

—Cambio de planes, toda la unidad debe entrar a la residencia no hay forma que salga de aquí con el heredero del lobo sin que me maten.

—Estamos ingresando por todas las entradas posibles, baja por la escalera principal.

—No tengas miedo amiguito, soy un hombre bueno— le habla, pero el niño no responde —¿Cómo te llamas? — los ojos verdes lo miran sin responder —¿No quieres hablarme? — otro silencio más largo y su paciencia se agota.

—Debes hablar con él— le pide Volkan.

—No— responde seco. —Han er en dårlig mand.

Él es un hombre malo.

—No sé lo que dijiste pequeño engendro, pero si quieres hacer esto de la forma difícil, te daré lo que quieres— el mayordomo deja su papel de buena persona atrás y toma bruscamente al niño de la mafia para sacarlo a rastras de la habitación.

—¡No lo lastimes! — grita el niño turco corriendo detrás de él. —¡Él es bueno!

—Te mentí Volkan, aquí no hay buenos.

Saca al hijo del Borah y después regresa y arrastra al niño con jaloneos hasta la puerta, pero no puede llegar al pasillo.

Algo le gruñe en la puerta y le impide sacar al otro niño.

El mayordomo se detiene mirando con horror algo frente a él, algo que los niños no pueden ver, pero él sí.

El diablo.

Retrocede poco a poco y busca su arma sigilosamente.

Tiene a cuatro lobos de más de un metro de altura frente a él.

—Refuerzos, retrocede Volkan— pide en su comunicador.

—Estoy cerca.

Ve a su compañero por el pasillo, toma al niño turco y lo pone a su espalda cuando ve a los lobos, alza su arma y les apunta con una luz roja directo a la cabeza.

—Abajo Raven— dice una voz femenina.

Con esa simple palabra el niño de ojos verdes se suelta de su brazo.

Es la mujer asiática que estaba inconsciente en el piso, le arrebata al niño y lo empuja contra la pared azotándolo varias veces contra el concreto, trata de quitársela de encima, pero ella tiene movimientos de artes marciales que no lo dejan encestarle ningún golpe.

El niño turco retrocede, de repente hay otro agente del MI6 en su espalda, y otro, y otro, tantos que no puede distinguir quienes son sus mayordomos y quienes no.

—Maten a la niñera— ordena a la distancia el general Gray.

Y el agente finalmente les dispara a los lobos.

〘 〙

Alexander.

—¿Estás bien? — Erick me mira de arriba abajo —¿Te ves muy inquieto?

Frunzo el ceño y miro a todos lados, con una sensación de desasosiego y rabia en mi pecho.

—Carga la bolsas.

—¡Cierren los puestos más pequeños, las carpas no van a resistir el viento! ¡Comiencen a contar el dinero y dividir las ganancias entre todos! — gritan los filipinos cerca de las dos de la madrugada cuando el frío del bosque ya arreció.

Pagó por el último paquete de mantas para Emma para cubrirnos en esa pocilga de choza que rentamos, estoy a costumbrado a este clima, pero mi esposa no y el quejumbroso de Erick tampoco.

Emma lleva el rostro tan cubierto como nosotros, pero sus solos ojos llaman la atención de más de uno de los vendedores, y la silueta bajo el traje de kray hacen que siempre giren la cabeza cuando pasa.

—¿Qué miran de mi esposa imbéciles? — le hablo a los idiotas que se atreven a admirarla y de inmediato apartan la mirada cuando los mato con la mía.

—Nada, señor.

Dejo que Emma avance hasta otro puesto donde se distrae. —La próxima vez que pongan sus putos ojos en mi mujer se los voy a arrancar con el filo de mi navaja y los voy a masticar frente a todos— les advierto.

—¿Podrías dejar de amenazar a la gente cada cinco minutos? — Emma ni siquiera se gira cuando me pego a su espalda. Paga por un paquete y lo esconde en su bolsa sin mostrármelo —Dijiste que no deberíamos llamar la atención y casi les ordenas que besen por dónde pasas.

—También dije que debías ser muda y me has hablado en todo el camino.

—Aquí nadie me reconoce— revisa el paquete que acaba de comprar y tengo curiosidad porque lo oculta demasiado bien.

—¿Qué es eso?

—Algo sin importancia— me mira nerviosa —Estoy agotada, sigue comprando con Erick iré a descansar a la choza.

Se va casi corriendo y eso aumenta mis sospechas, regreso al puesto dónde se detuvo y encuentro diferentes baratijas, joyería de la India, estatuas antiguas y henna en bolsas, nada en lo que Emma está interesada.

Veo a Emma irse, pero a medio camino se detiene y se palpa el pecho, me mira con preocupación, pero sigue caminando.

—¡Hermano! — Erick viene entre la gente —Te estuve buscando por todos lados parece que querías perderme.

Eso es exactamente lo que quería, pero no importa a dónde vaya este pordiosero siempre me va a encontrar.

—¿Qué fue exactamente lo que compró la mujer de antes? — interrogo al vendedor antes de que Erick me alcance.

—Nuestras ventas son confidenciales señor, en especial la de esa dama.

¿Qué mierda?

—¿Qué pasa aquí? ¿Vas a comprar baratijas o te vas a convertir a su religión? — Erick viene a mi espalda y me alejo del puesto para que no comience a indagar y mañana medio mundo sepa.

—¿Compraste comida o sólo fuiste a gastar mi dinero en estupideces?

—Si por comida te refieres al fango que venden en vasos entonces no.

—Tenemos que alimentarnos, te acabaste nuestras provisiones.

—¡Tenía hambre! — alza los brazos de forma dramática. —El estrés me provoca comer como ganado en engorda, no puedo evitarlo.

—Terminaste con la comida de tres personas Erick.

—Si lo dices de ese modo suena horrible.

—Vas a comer las sobras de nuestra cena, tengo alimentar a Emma, así que abre bien lo ojos en un puesto decente.

—Como digas— se toca el pecho otra vez.

—¿Y ahora que te pasa? — lo miro de reojo.

—¿Podemos regresar a la choza? Llevamos caminando una eternidad, ya oscureció.

—¿No me digas que tienes miedo?

Camino entre los puestos de los filipinos, ofrecen desde drogas y todo tipo de mercancía ilícita prohibida en diferentes países, armamentos, órganos humanos y muchas cosas más que hacen a Erick arrugar la nariz con asco.

El mercado negro filipino es el más grande de este año y me sorprende que el operativo del MI6 haya funcionado con unos hombres tan bien organizados.

—No me parece el lugar más agradable, pero siento una presión en el pecho, como si algo malo estuviera pasando. ¿Podemos comunicarnos con Ethan quiero preguntarle a Volkan como se encuentra? Últimamente ha tenido pesadillas sobre Logan.

—Lo primero que haré al regresar será enviar al bastardo turco lejos de ti— lo miro con desagrado.

—¿Qué? ¿Por qué? ¡No! Dijiste que yo era su protector y lo he hecho bien durante estos dos años.

—No te pedí tu opinión tenías que cuidarlo no encariñarte con él.

—No me encariñé con él, sólo me preocupa su seguridad, no tienes que llevártelo, pondré límites entre él y yo.

—La decisión ya está tomada, además es tiempo de la siguiente parte del plan.

—El niño me ayudó.

—¿A qué?

—A soportar la pérdida de Maya— suspira mirando a la nada —Enfoqué todo mi dolor en cuidarlo, era la única forma de distraer mi mente y no volverme loco, Ethan tenía a los mellizos, pero yo no tenía a nadie ni siquiera a mis padres o a mis amigos.

Lo miro con el ceño fruncido. —Tenías a Bennett.

Niega con la mirada triste. —No podía arruinarles la felicidad a él y a Cora, tu hermano sufrió mucho en el pasado, era su momento de ser feliz por dos años.

—Siempre supiste que tu tiempo que tu tiempo con el niño era limitado.

—Cuando no tienes familia y pruebas un poco de cariño, no quieres soltarlo a pesar de saber que va a terminarse.

—Te haces daño inútilmente.

—A veces sabemos que la felicidad no durará para siempre, pero somos tan masoquistas para quedarnos un poco más y saborearla, aunque eso nos maté en el futuro.

—Maya te dejó su fortuna entera ¿no deberías estar feliz?

—Siempre pensé que el dinero lo era todo para mí, pero cuando la perdí me di cuenta que daría cada centavo de este mundo por tenerla conmigo un poco más— se limpia la barbilla —El niño me quiere, lo sé porque un día me lo dijo, ama al Borah, pero Volkan me dijo que soy como el padre que siempre quiso tener. ¿Cómo me puedo olvidar de eso tan fácilmente?

—Vas a tener que sobreponerte, esto es la mafia no un cuento de hadas.

—Se que muy en el fondo me quieres hermano, aunque nunca lo digas.

—En tus sueños.

—Nunca te he pedido nada en todos estos años que llevamos de amistad.

Lo miro serio, tiene la mirada decidida con ese aire arrogante que trajo desde que llegó a Rusia. —¿Qué es lo que quieres?

—Un año más con Volkan, por favor, quiero llevarlo a ver la mejor montaña rusa de Thorpe Park y comeremos pudin y pasties rellenos, sólo un año más con él.

Respiro hondo sacando aire caliente de mi boca que contrasta con el frío. —La mafia turca le dio cuatro meses al Borah para casarse después de la muerte de su esposa, nunca lo hizo, eso significa que en menos de tres años removerán su cargo a otro más capacitado y ¿sabes lo que les hacen a los herederos turcos?

—No.

—¿Sabes qué pasará con él cuando el gobierno se enteré que es hijo de un mafioso?

—No.

—¿Sabes que hace Logan con los hijos de sus aliados?

—No.

—Ese niño está destinado a morir, tarde o temprano y ni tú podrás salvarlo— le informo.

Se queda callado con la mirada perdida mientras dejo unas monedas en una tienda donde nos ofrecen un trozo de pan Borodinsky, compro una bolsa para llevarla con Emma, aunque por el olor dudo que le apetezca probarlo.

—¿Cómo puedes comer esa porquería? Ni siquiera sabemos de dónde la sacó.

—Yo crecí y me críe aquí, puedo comer lodo si es necesario, quita esa cara de asco, este sólo es el inicio, no has visto nada— degusto el pan desabrido con un trozo de carne que robo de otro puesto.

Por esta zona de los bosque hay un viento espeso que levanta la tierra suelta en las tiendas y nuestras malditas caras y cuando se mezcla con la nieve parece que caminamos en un cuchitril.

Este mercado ni aun siendo el más grande de filipinas opera la mitad de dinero de lo que yo hago en un día. Aborrezco tener que pasearme por los mismos pisos sucios de los que normalmente lamen el piso donde camino.

—¡Hora del espectáculo! ¡Cinco rublos para las apuestas de la entrada a la pelea clandestina! — grita un anciano en el centro levantando un cartelón y se fija en Erick de inmediato. —¡Alto amigo!

—¿Qué sucede?

—Estamos buscando competidores como tú, si ganas te llevas mil rublos más un paquete completo de hierba lista para enrollar en porros y si eso te parece poco, te cambió la choza donde te quedas por la mía en la zona alta.

—¿Los competidores son grandes?

—No te preocupes por eso, la única regla es que debes aguantar los primeros tres minutos y después te daré tu pago.

Escupo el resto de mi carne. — Sigue caminando, te dije que no debemos llamar la atención, nos quedaremos en esa maldita choza, y no interactúes con nadie que tenga un cartelón— lo jalo del brazo cuando se le iluminan los ojos.

—Nos va a dar un mejor lugar para dormir que esas miseras colchonetas sucias que hay en la choza que nos dieron y sólo tengo que aguantar tres minutos con algún idiota ebrio.

—No sabes nada imbécil, esas peleas no son con personas Erick, no durarás ni veinte segundos en esa pelea— lo jalo hasta que el anciano queda lejos de nuestra vista.

—¿Qué? — palidece. —¿Qué maldito lugar es este?

—El paraíso comparado con lo que te haré si hechas a perder el plan.

—Este es tu maldita hábitat, los rusos son como tú con tus jaulas.

—Revísate el cerebro cuando volvamos, tardaste treinta y tres años en descubrirlo.

Lo dejo a mi espalda y entro a la choza nauseabunda donde el ruido de las risas de los vecinos me fastidia. No veo a Emma en el pequeño rincón donde la dejé dormida, sólo están nuestras provisiones, las pocas que no se tragó el indigente.

—¿Emma? — busco en el baño compartido y tampoco está ahí.

Maldigo y salgo a buscarla, fui muy claro en que no debía dejar la choza y menos de noche, el ambiente nocturno es el peor en este tipo de mercados. Caterva y el resto de conservadores no están cerca de nuestra zona.

La cortina se alza, pero no es Emma. —Tenemos que hablar de Alesha, quise hacerlo desde que llegué, pero es demasiado peligroso con Caterva por ahí, si sabe que su hija está viva hasta podría enloquecer— Erick entra con la bolsa de pan semi abierta.

—No tengo tiempo para tonterías.

Saco mi celular y presiono el botón verde que localiza del rastreador del anillo matrimonial de mi mujer.

—No son tonterías, me habló de Jack, lo vio en Nueva York.

—Ethan también.

—No creo que sea igual hermano, ella me dijo que Jack iba a vender los laboratorios y que te iba a entregar las patentes de sus medicamentos.

—Lo escuchó por algún lado, o por algún prisionero.

Sacude la cabeza. —No dijo mucho, pero me dio a entender que sabe algo sobre Jack, algo que tu primo hizo durante estos dos años o va a hacer pronto y por el tono en el que lo dijo es algo malo que debería preocuparnos.

Sonrío de lado. — ¿Y qué podría ser? ¿Sacar otro veneno al mercado?

—No te burles, podríamos estar en peligro, debemos obligarla a que nos cuente el plan de Jack.

Mi sonrisa se desvanece y lo obligo a mirarme. —Escúchame bien Erick, no me importa lo que diga una maldita mugrienta de mis jaulas, no vine a Rusia sólo a conseguir de vuelta mi vista, no estoy aquí para hacer negocios con estos filipinos, no viaje a Nueva York para sacar de prisión a Ethan, y tampoco hice una alianza con Logan por compasión.

—Es el plan C18— susurra en voz baja.

—No me importa si Jack tiene miles de planes de venganza o si Alesha quiere derrocar a la mafia o si el MI6 planea otra emboscada— aprieto la mandíbula —El día que el pentágono atacó a mi esposa y a mis hijos marcaron el día de su muerte, ellos y todos sus aliados.

—Lo sé, pero…

—Ya es suficiente, no quiero saber más del asunto— lo dejo con su paranoia y sigo la ruta que marca mi dispositivo.

Me cubro otra vez el rostro al salir, ninguno de los tres debe olvidar ese gesto durante estos días.

No camino mucho porque encuentro a Emma cerca del estacionamiento con el radio en su mano y ese misterioso paquete que se compró sobre el capote de nuestra furgoneta.

—Aquí la reina de la mafia, ¿me copias Ethan? — aprieta la antena, pero sólo consigue interferencia —¿Hay alguien en la otra línea que me escuché? — me mira con los hombros caídos —. Nadie responde, pero el radio captó la señal de emergencia hace cuarenta minutos.

—Tu papel era mantenerte muda para que ninguno de los filipinos descubra que quién eres— le quito el radio y cambio el canal de comunicación.

—No me puedo quedar eternamente en esa choza— arruga la nariz —Ethan prometió llamar y es cerca de media noche y no tenemos noticias.

—La recepción aquí es mala por la zona montañosa, mañana Caterva te va a llevar colina abajo para que sepas sobre nuestros hijos— le paso mis guantes, ella tiene las manos congeladas y la frente roja por el frío.

Desde nuestro viaje a Las Vegas cuando eran recién nacidos, nunca nos hemos separado de Raven y Kiara a tanta distancia y por muchos días. —¿Encontraron alimentos en buen estado? ¿Encontraste a alguno de los filipinos que van a trabajar para nosotros?

—Erick y yo no vimos nada fuera de lo común, tampoco nadie nos reconoció. Wren ya nos dirá lo que hay por su zona, las ventas por allá son altas, contrabando y droga es lo mejor que tiene este mercado barato.

El radio se enciende, la señal parpadea y sólo tres números se marcan en código morse. Emma palidece. Es la señal de emergencia de los mellizos. —¿Qué mierda está sucediendo? ¡Te lo dije! ¡Algo pasó en Rusia! — toma el comunicador. —¿Ethan? ¿Me escuchas? Cambio.

Saco mi celular otra vez y abro la misma aplicación que rastrea a Emma, el dije del lobo que poseen Raven y Kiara tiene incrustado un rastreador en la parte trasera de los ojos del lobo.

—Siguen dentro de la residencia, el rastreador marca a nuestros hijos en la zona segura donde los hemos entrenado— le muestro a mi esposa.

—¿Entonces quién encendió la señal de alerta? Nadie más que nuestros hijos la saben y fuimos claros cuando les dijimos que sólo pueden activarlas en situaciones de alto riesgo.

Miro a uno de los dueños de las chozas mirarnos de lejos con curiosidad, el mismo al que le pagamos al llegar. —Necesitamos bajar la voz Emma, estamos llamando la atención, sube al auto iremos colinas abajo a comunicarnos con Ethan, iré por Erick y saldremos de aquí.

—Le informaré a Caterva que él y los conservadores que sigan con la misión, si es necesario volveremos de inmediato a Rusia.

—Señor Roe— habla Wren en mi comunicador interrumpiéndonos —Tenemos un pequeño inconveniente Caterva salió a explorar la zona desde la mañana y no ha regresado, buscamos las camionetas y se las llevaron, mi hermano y Dina y yo no queremos separarnos en caso de que las cosas se tornen oscuras.

—¿Dónde estás exactamente?

—Frente a las peleas clandestinas, no encontramos a ninguno de los conservadores.

—Sube al auto Emma, no tenemos tiempo de volver por Erick.

—Lo llamaré, nos encontrará en la entrada y…. ¿Qué demonios está sucediendo? — Emma mira al cielo.

Una maldita serie de juegos pirotécnicos rompe entre las nubes cortando el frío, es exactamente el mismo espectáculo que vivimos hace unos años en Turquía cuando el Borah abrió su Topkapi para el público.

—Rápido — apresuro a Emma a entrar al auto, pero un hombre nos detiene.

—¡Señor! ¡Señor! — grita el dueño de las chozas corriendo hacia nosotros. —No pueden irse todavía, el mercado filipino no se ha llenado todavía, en las próximas horas verán la mejor mercancía de occidente.

—No estamos interesados en un mercado mediocre, no hay suficiente para nosotros.

—La mujer de cicatriz en el rostro trató de alejarnos de la residencia, pero los mayordomos ya encontraron la habitación, ya tienen al hijo del Borah, irán por la otra mercancía— una voz entrecortada se enlaza en el radio de Ethan.

El dueño de las chozas se alza la manga donde descansa el tatuaje de ave en su muñeca, perteneciente a la mafia turca. —Hermano, llama a papá y dile que dos de las tres mercancías ya está en nuestras manos— le grita a otro que corre por la tierra.

—Enseguida.

—Como verá no puedo dejar que se marche señora Roe, los mayordomos tienen que encontrar a sus hijos o sería una pena haber montado este mercado para nada— le habla a Emma directamente.

Coloco a Emma a mi espalda, tenemos metralletas en mano, pero lo que era un mercado cualquiera con compradores de la zona se convierte en un bosque lleno de mafia turca. Cada vendedor filipino, cada puesto barato, cada persona que nos rodea intercepta las camionetas.

Miro a Emma de reojo, tiene los hombros tensos y las mejillas rojas. El dueño de las chozas nos sonríe de lado a lado, traen a Erick arrastrándolo por el suelo con el rostro lleno de sangre y heridas. —Mi hijo— dice entre jadeos. —No se lleven a mi hijo, por favor.

—El primogénito del Borah no es tu hijo.

Entre lodo me mira suplicante. —Da la orden de que no se lleven a mi hijo Alexander, quítame todo lo que tengo, mi dinero, mi prestigio, cada una de mis malditas posesiones, pero no a mi hijo.

El dueño de las chozas lo mira entre burlas. — Lamento nuestra rudeza señor Roe, pero por órdenes del honorable Borah tenemos que llevarnos también a su esposa, en Turquía no solemos separar a niños de sus madres.

La misma escena de Turquía se repite, los tambores baratos, las flautas tradicionales suenan como si estuvieran celebrando otra noche en su maldito Topkapi, la única diferencia es que el maldito no está aquí.

—¿Otro ataque como en Dinamarca? — ladeo la cabeza.

—Para no perder la costumbre, después de todo la organización del lobo no era más que rumores, podemos hacerlo de la forma razonable, tenemos a sus hijos.

—¡¿Se atrevieron a tocar a mis hijos?!— grito con un tono grave de voz mirándolo fijamente y el filipino traga saliva ruidosamente.

—El Borah lo hizo junto al MI6.

El rostro de Emma se enrojece con rabia, avanza hacia él y lo golpea en la cara con el puño cerrado. —¡Maldito imbécil! — le encesta otro puño —¡Nadie toca a mis hijos! ¡Voy a matarlos!

—¡Tomen como prisionera a la señora Roe!

Muevo mi arma a su cabeza y se queda inmóvil. —¡Nadie toca a mi esposa! — disparo directo a su cráneo.

—¡Hermano! ¡No! — su hermano se mueve entre la gente llamando en su idioma natal a los otros, pero a ese hijo de perra le reviento el estómago con plomo. Los filipinos se reúnen a nuestro alrededor, nos apuntan a Emma y a mí junto con Erick.

—Lo quisimos hacer de forma civilizada, pero el General Gray tenía razón.

La risa de Erick ensangrentado en el suelo corta la orden del turco, se carcajea en voz alta con los ojos cerrados, los filipinos lo miran fijamente, pero ni así se detiene Erick que se queja en el suelo.

El padre de los dueños de las chozas le patea las costillas cortándole la respiración y me mira con rabia viendo como su único hijo vivo se queja de dolor sosteniéndose lo que le queda de estómago.

—¿Qué te pasa? ¿Crees que esto es una maldita broma?

Emma y yo nos miramos fijamente, lentamente se descubre el rostro.

Erick levanta el rostro ensangrentando jadeando. — Idiotas, todos ustedes ya están muertos.

Las hélices se escuchan antes de que los helicópteros se puedan ver, pero hay uno más grande que viene y hace zumbar el cielo de Rusia.

La gente del mercado corre a agacharse cuando una ola de viento, polvo y nieve se alza entre los pinos.

Emma levanta su metralleta llenando de plomo el cuerpo del padre filipino, mientras saco mis dos revolver de la cinturilla de mis pantalones para dispararle a los dos hombres que someten a Erick.

La espalda de Emma choca contra la furgoneta mientras dispara de filipinos a filipinos con la mejor puntería de mis francotiradores. Me agacho para sacar mis dos dagas, tomo una en cada mano y comienzo a rebanarle el cuello a todo el que se me cruce.

La tierra a nuestro alrededor se alza con los disparos y rompe entre la nieve.

El Raptor de mi mujer pasa glorioso por el cielo de Rusia.

Detrás de él, mi Fairchild, el doble de grande que el Raptor rompe con su motor detrás de todos ellos.

Los filipinos nunca tuvieron ventaja sobre nosotros.

Alzo la mirada a mis aviones de ataque. —¡Quemen todo el mercado! — ordeno.

Un idiota filipino está sobre mi esposa tratando de despojarla de su metralleta, empujo mi puño en su cráneo y azoto su cabeza contra el capote hasta que se rompe. Empujo a Emma debajo de la furgoneta mientras los helicópteros y el Raptor comienzan a disparar desde el aire a todo lo que se mueve en el mercado.

Le cubro los oídos. Desde esta distancia tan cercana le reventaría los oídos a cualquiera. Se pega a mí soportando el ruido del Raptor y el Fairchild. — ¡Quiero a todos muertos! ¡A todos! — ordena Emma en su comunicador.

—Tenemos a los mayordomos del Borah por las zonas bajas del bosque, están esperando a que huyan.

—No disparen en la zona principal, Emma y yo iremos por esa carretera, nos los toparemos de frente, encuéntrenos en el río en el que acampamos, subiremos al Raptor.

—Estaré siguiéndolo de cerca mi señor.

—¡Comunícame con la seguridad de la residencia y la de mis hijos! — le ordena al piloto.

—Enseguida mi señora, tenemos las cámaras encendidas la señal que envían hasta el Raptor son claras, podrán verlas en cuanto aborden el avión, ya limpié su zona, ya pueden subir a su furgoneta.

—¿Dónde está Erick? — Emma mira por todos lados mientras la subo.

Puedo escuchar su pulso martillear en su pecho y veo la preocupación en todo su rostro por nuestros hijos. Miro el lugar dónde estaba tirado, pero sólo se ve el resto de su sangre, él no está.

—Ethan ¿me escuchas? — Emma enciende el radio, pero la señal está perdida.

—Estamos a un par de horas de camino en el Raptor, teníamos previsto su acto en el mercado filipino.

—Pero no que encontrarían a nuestros hijos.

—Son los herederos de la mafia, nadie traspasa su seguridad.

Asiente, pero se queda callada en el transcurso del viaje. Recargo mis provisiones de armamento y enciendo el motor abriéndome camino a la carretera montañosa. Cada cierto tiempo nos dan información de la cantidad de muertos que llevan los helicópteros en el la zona de los filipinos.

—Siga conduciendo por la zona baja señor Roe, encontrará un bloqueo de cuatro camionetas turcas en menos de cien metros— anuncia el piloto.

—No dispares, provocarás un incendio en los pinos y la furgoneta no podrá pasar por el camino, es demasiado angosto para que aterrices el Raptor.

—Entendido, señor.

Emma mira por el espejo retrovisor. —Los veo, son cuatro camionetas blindadas que están cortando el camino.

—Tú turno de conducir nena— dejo una mano en el volante mientras ella pasa por encima del asiento y cambia lugar conmigo.

Bajo las ventanillas y recargo mi metralleta, pongo la punta sobre la abertura y comienzo a dispararle a la escoria. Emma mantiene ambas manos en el volante y aprieta el acelerador, bajo la cabeza y me aseguro de disparar directo a su cristal frontal.

—¡Más rápido Emma!

—¡Dos metros más, estamos cerca, sujétate! — da un volantazo hacia la derecha y la furgoneta se derrapa entre las piedras del camino.

Mi cabeza se golpea con la puerta, pero no aparto el dedo del gatillo. Veo como se revientan a la mitad cráneos turcos uno en uno.

—¡Abajo! — la furgoneta se derrapa otra vez y nos disparan de frente.

Emma sujeta el volante con una mano y su arma con la otra, dispara desde su lado.

Me pego al asiento y cargo su cuerpo sobre el mío para mantener el control del vehículo, se arrodilla entre mis piernas sobre el asiento y ahora es ella la que toma la posición del francotiradora.

Su cabello se remueve sobre por el viento, pero no se detiene. —¡Jódanse hijos de puta! — descarga todo el cartucho sobre el parabrisas de la última camioneta que nos sigue hasta que logra volcarlos del camino.

Se queda jadeando en mi regazo con las mejillas rojas.

—El Raptor ya aterrizó cerca del lago, el piloto los espera— anuncia Caterva.

—Estamos a pocos kilómetros.

—Encontramos al resto de conservadores, los filipinos habían cortado las líneas de comunicación de nuestros radios, el saldo de muertos es completo, estamos revisando lo que resta del mercado y en unas horas cuando terminemos abordaremos los helicópteros.

Emma se deja caer en mi pecho muy femenina como si no acabara de volcar una camioneta con su metralleta.

〘 〙

Emma.

La sangre en mis venas quema. Las imágenes en la pantalla del Raptor son claras, siento la rabia recorrerme cuando Rebecca aparece en la biblioteca.

El rostro de Alexander está serio y tiene la mirada oscurecida cuando cambia la imagen a la habitación de los mellizos dónde se ve a un mayordomo turco disfrazado de agente del MI6 caminando por toda la habitación.

Ni Kiara ni Raven se ven en la imagen, sólo el cuerpo de Jin Jun en el suelo y uno de mis lobos comiéndose a otro agente.

Entonces lo escucho, un pequeño grito viniendo del armario. —¡Mami! — se oye la voz de Raven.

—¡Papi! — se escucha la de Kiara.

Alexander apaga el monitor de la grabación mientras el mapa del piloto muestra que estamos cerca de nuestra residencia, el piloto va dependiendo el Raptor, me sostengo a mi asiento controlando las ansias que tengo de salir de aquí.

El grito de mis bebés no se deja de reproducir en mi cabeza, la imagen de Rebecca en la biblioteca con Ethan tampoco se me borra. —Aterrizaje exitoso a treinta metros de los jardines traseros de la residencia Roe Brown en Rusia— la voz del piloto se oye lejana.

Mi oídos quedaron sensibles por los disparos de los helicópteros, y los disparos que se oyen cuando la compuerta del Raptor se abre me zumban en toda la cabeza tengo el uniforme de kray manchado de sangre, el de Alexander también lo está.

Lo primero que veo son las camionetas del MI6 en la entrada, los francotiradores tienen a toda la unidad muerta, pero me interesan los que siguen dentro de mi casa, paso a la entrada, los criados corren por nuestros abrigos, pero no presto atención a ninguno.

Veo como queman los todo terreno azules que pensaron que podrían entrar a mi casa.

—Los señores Roe volvieron— escucho a Octavian decir.

—La señora Roe está aquí, el lobo también.

Subo de dos en dos las escaleras a la habitación de mis hijos, lo primero que veo a su seguridad resguardando el pasillo, escucho su voz antes de verlo, todo pasa como un corto en mi vista.

Entro a la habitación mis cuatro lobos están comiéndose el cadáver del mayordomo, tiene siete heridas de bala en la cabeza y parte de sus brazos y piernas desprendidas. Niles se está comiendo parte de su estómago y Sheldon la piel de su cuello.

Hay otro agente en el otro rincón con una daga clavada en el cuello bañado en sangre. El tercero tiene el cuerpo morado y un cable enrollado en su cuello. —¡¿Dónde están mis hijos?!— Alexander entra detrás de mí y mira a Jin jun con la mano ensangrentada mirando al agente que mató con su daga. —¿Por qué coño tardaron más de cinco minutos en matar a este patético grupo de agentes?

—Mi señor, al inicio Rebecca.

—Cierra la puta boca, no hay excusas para esto.

—¿Dónde están mis hijos? — mi garganta esta seca.

—Están en su habitación y la del señor Roe, no quisimos que se quedaran viendo los cadáveres— responde un empleado.

Paso de largo al último piso de la residencia. —¡Escuchen bien hijos de perra! ¡Hvis mis mine børn får så meget som en skramme, er I alle sammen døde! — los gritos de Alexander me dan un escalofrío en la espalda.

Si mis hijos tienen un solo rasguño todos ustedes están muertos.

El último piso de la residencia está lleno de los guardaespaldas de mis hijos, los empujo para entrar en la puerta con el corazón acelerado. Kiara es la primera en alzar los ojos y después Raven. —¡Es mami Raven! ¡Ya volvió!

—¡Mami!

La cama es enorme y les cuesta bajarse, pero ambos lo logran. —¡Mami! — mis bebés vienen corriendo hacia mí y no puedo evitar que se me escapen lagrimas traicioneras al verlos a salvo.

Tuve tanto miedo, a pesar de saber que son lo más protegido de la mafia. En cuanto los tengo a mi lado lo primero que hago es revisarlos de arriba hacia abajo y cada centímetro para asegurarme de que no están heridos bajo ninguna circunstancia.

No hay golpes, no hay lesiones y ambos me confirman que no les duele nada, aunque Raven menciona que un hombre de traje verde trató de llevárselo.

—Mis pequeños de ojos verdes— me arrodillo para abrazarlos a ambos. Raven esconde su cabeza en mi cuello y Kiara entierra la suya en mi cabello, debí limpiarme, traigo todavía el uniforme de kray puesto. —Dios, cómo los extrañé— me siento con ellos en el suelo sentados en mi regazo besándolos en las mejillas y la cabeza.

—Mami, mi mami— es todo lo que dice Raven oliendo mi perfume con los ojos cerrados tratando de abrazarme como puede.

—¿Estás triste? — Kiara pasa su manita sobre mis mejillas.

—No princesa— le sonrío sorbiéndome la nariz, pega su nariz a la mía y la sacude para que le vuelva a sonreír —Es que quería ver a mis pequeños demonios.

—Yo le dije a Raven que ya venías.

—Lo prometí— los hago mirarme. —Mamá siempre va a cumplir sus promesas.

—Papi también— Kiara salta adormilada de mis brazos y no notó por qué hasta que siento como Alexander se sienta a mi espalda y nos envuelve a los tres entre sus piernas.

La vena de su frente está saltada, como cuando grita demasiado y se nota por la tensión en su cuerpo que eso estuvo haciendo con los empleados antes de venir, extiende los brazos tatuados hasta los mellizos y de inmediato Raven y Kiara saltan de mí a él.

El pecho de Alexander se alza y deja salir el aire contenido mientras abraza y besa la cabeza de los mellizos. No dice nada, pero los sostiene entre su pecho con los ojos cerrados. —Jin jun mató a un hombre— susurra Kiara abrazándose al cuello de su papá.

—¿Ah sí? — Alexander la sienta en sus muslos y centra su atención en ellos.

—Yo la vi desde mi armario antes que llegaran los guardaespaldas a sacarme.

Raven se pega a su oreja. —Y Niles se comió a dos hombres malos, yo lo ví— le susurra a Alexander como si fuera un secreto.

Su padre lo imita y le pone la boca en el oído. —¿Y tuviste miedo?

—No… sólo un poco, pero el abuelo dijo que soy valiente como tú— susurra.

—Es verdad.

Kiara no se queda atrás también le susurra a Alexander en el oído. —El abuelo dijo que soy una princesa.

—Te mintió.

Kiara abre mucho los ojos y golpeo la rodilla de Alexander y ahoga una risa. —Lo eres.

Ya es más de las dos de la madrugada, los mellizos apenas y pueden mantener los ojos abiertos. —¿Dónde está mi tarta de chocolate? — Raven abre un ojo.

—¿Y mi poni? — Kiara no abre los ojos.

—Se los comió Niles— responde Alexander como si nada.

Oculto mi risa y miro a Alexander con nuestros hijos y como se adormecen con él, no parece que hace unas horas estaba bombardeando el mercado filipino.

—¿Por qué sonríes Emma? — arquea una ceja.

—Mit alt, cariño— suelto en un suspiro.

Su ceño deja de fruncirse y lucha por no soltar una sonrisa. Carraspea y extiende la mano, me jala a su lado con una facilidad que me deja sorprendida, termino sobre él y con los mellizos en mis brazos, si pudiera me quedaría así para siempre.

Kiara se arrulla en el brazo de Alexander como cuando era bebé y Raven sobre su pecho, me dejo caer en su otro brazo mientras nuestros hijos se quedan dormidos sobre él y tampoco tengo a dónde escapar.

Los mellizos tienen un hábito, pueden dormir sobre Alexander, pero… sus manos están aferradas a la mía, incluso dormidos no la dejan ir fácilmente. Kiara queda con la boca abierta aferrada a mi meñique, Raven con media sonrisa apretando mi índice.

Nada está bien, no tengo noticias de Erick, Ethan está en un estado crítico y aún tenemos que discutir sobre Alesha y la forma en la que apareció en las grabaciones, Caterva estará de regreso por la mañana.

Y ahora tenemos en nuestro poder a Rebecca.

Quizá los mellizos no son los únicos que pueden dormirse sobre Alexander, me hago un ovillo sobre él en esta posición incómoda y cierro los ojos un momento.

Siento un cosquilleo suave y húmedo en mi boca. Alexander raspa su barba sobre mi mejilla y vuelve a besarme dormida. —Mit alt, nena.

. . .

El sol me da directo en la cara, estoy acostada en nuestra cama Kiara está abraza a mí y Raven duerme del lado de Alexander, pero mi marido no está. Todavía llevo puesto el traje de kray, ni siquiera recuerdo cuando me quedé dormida.

Me levanto con cuidado de no despertar a mis hijos y me ducho para por fin cambiarme la ropa llena de sangre. Les acaricio las mejillas y busco mi celular, no hay ninguna llamada de Erick.

Veo la charola de la comida y no tengo que objetar nada, me obligo a comer, pensé que hoy después de toda la locura de los últimos días tendría el estomago revuelto, pero estoy muy hambrienta.

—¿Dónde está mi marido? — salgo después de terminar mi desayuno.

—Castigando a los que tardaron en bloquear la intromisión del MI6 e interrogando a Volkan, al parecer el niño había estado en comunicación con el Borah desde hace un año y Erick lo sabía.

—¿El hacker estaba al tanto?

—No lo sabemos, el único que logró interrogar al niño fue Ethan, pero entró en estado crítico por culpa de Rebecca, le dieron un veneno de Logan, su cuerpo no resistió por más que el hermano de Dina lo inyectó.

Me quedo inmóvil. —¿Está muerto?

—No, pero quedó en coma.

Los guardaespaldas de mis hijos siguen en la puerta y les doy la orden de que en cuanto despierten me llamen. Bajo buscando a Alexander y para tener un informe completo de lo que sucedió anoche.

Tengo que ver a Ethan y saber sobre su estado y el tipo de veneno que le inyectaron, si su estado es crítico podría hablar con Jack y hacerlo venir por su propia voluntad. El sabrá como ayudarlo.

También quiero ver a Rebecca.

Ella y yo tenemos algo pendiente.

—¡Dina! — veo a la rusa en los jardines, las furgonetas recién comienzan a llegar lo que me recuerda a Caterva y Alesha.

—Le prepararé el informe de todo lo que ocurrió en el mercado filipino señora Roe.

Eso es importante, pero también mi amigo. — ¿Dónde está Erick? Desde que el Raptor llegó al bosque lo perdimos.

Su mirada cae al suelo. —Anoche matamos a todo, pero hubo un grupo de cinco hombres que escaparon, ellos no eran filipinos eran mayordomos del Borah y dos agentes del MI6.

—¿Cómo pudieron escapar?

—En cuanto vieron el Raptor huyeron por los bosques sin disparar como el resto.

Me quedo inmóvil. —¿Dónde está Erick Dina?

—El MI6 se lo llevó y lo tiene prisionero

¡Hola sexys!

Tantas cosas se revelaron en este capítulo que todos deberían tener miedo... ¿o no?

¡Feliz año nuevo sexys!

¡Los amo tres millones!

-Karla.

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