EXTRA EMBARAZO ALEMMA
Alexander.—Esta corbata no queda, no usaré otro color que no sea gris— Erick camina de un lado a otro limpiándose el sudor de la frente —Imposible que a Maya le guste el esmoquin ¿A ti te gusta? Dime que te gusta hermano ¿Se ve barato? — grita en mi cara sosteniéndome de las solapas.
—Esto es Gucci idiota y todo lo que te pongas es barato porque eres un pordiosero— lo empujo quitando sus manos de mi traje más caro.
—Después de hoy dejaré de serlo porque me convertiré en un Roe y en el cuarto esposo de Maya y sólo me costó un riñón para tu hermano— se ríe frente al espejo practicando su "acepto" en danés.
—Ese no es mi hermano.
—Estoy tan nervioso que me tiemblan las manos, necesito un vodka doble.
—¿Me vista cara de camarero? Sírveme tú un whisky a mí.
—Que sean dos — pide mi primo en el sofá mientras me cruzo de brazos viendo como adornan mi perfecto jardín diseñado para Emma y lo arreglan para esta horrible ceremonia.
Mi mujer ha pasado todo el día corriendo de sirviente en sirviente para cada detalle, no quiero que se estrese en su embarazo, pero el brillo emocionado es sus en ojos me impide negarle organizar esta ceremonia.
¿A quién engaño? Soy un hijo de perra que nunca le ha podido negar nada a Emma desde la primera vez que la vi, imposible ver esos ojos castaños y decirle, no, no puedo creer que una mujer más pequeña que yo sea mi mundo y el resto de lo que me queda lo tenga en su poder.
—Tengo una duda— Jack mece su pantufla de un lado a otro —¿Por qué quieren que use un traje en un evento que desapruebo?
—Será mejor que le hagas caso a tu nuevo padre— me burlo.
—Así es hijo mío, ya muero por estrecharte en mis brazos— Erick corre a él.
—Todavía puedo inyectarte veneno, no juegues con mi paciencia.
Saco mi celular mientras Erick me sirve whisky peleándose con mi primo y abro nuestro chat conyugal donde me ha enviado un sinfín de fotografías de cómo quiere la habitación de nuestros hijos.
«¿Dónde estás? ¿Estás libre nena? ¿No podemos librarnos de este circo?»Me quedo acojonado de la forma impaciente en la que me comporto esperando su respuesta, pasa un minuto y nada. —¿Si me embriago antes de la ceremonia Maya se enfadará? — Erick sigue parloteando.
—Ella será la que debe embriagarse para poder casarse con un adefesio como tú— el alcohol me raspa la garganta —Ningún había caído tan bajo desde Jack, el adicto, Emilia, Logan.
—Te puedo escuchar— Jack interviene enojado.
—¿Me importa?
—Básicamente nadie que no seas tú eligió bien a sus parejas, cabrón de mierda.
—Es evidente que fui el único que eligió a la perfección personificada.
Cruza el tobillo alzando la botella de vodka riéndose. — Pobre Emma es tan perfecta, estoy convencido de que pudo elegir algo mejorcito a ti.
Mi enojo es instantáneo, el sólo pensamiento de Emma eligiendo a otro hace que me hierba la sangre. —Retráctate animal, antes que te vuele los sesos y se los de a tragar a mis criados el día de tu boda.
Se carcajea en mi cara. —Eres tan fácil de enojar, no sé cómo elle te aguanta, ella es un ser de luz, tu eres una bestia personificada.
En un segundo le cortaré esa maldita sonrisa. Saco mi arma y se la pongo en la yugular poniéndolo pálido. —Si no lo hacía tú, yo lo haría durante la ceremonia— Jack mece más rápido su pantufla, comienzo a odiar esas porquerías.
—Dije que te retractes idiota.
Erick traga saliva ruidosamente. — Perdón hermano, no hay hombre más perfecto para Emma que tú.
—Yo soy el único.
—Mi error, es cierto, eres el único hombre creado para Emma.
Asiento satisfecho y le palmeo la cara con fuerza. Empujándolo a Jack. — Se te borró la sonrisa Erick, será mejor que tu hijastro te consuele, espero que un día dejes de mojar la cama cuando te disparen.
—Búrlate de mí todo lo que quieras ¿Nunca le tuviste miedo a las armas?
—No.
—¿Ni de niño?
—¿Has visto la película del muñeco diabólico? — Jack se levanta arreglado su bata de laboratorio —Se inspiraron en él.
—De niño ya me gustaba descuartizar— sonrío de lado con esos recuerdos haciéndolos salir al pasillo, vuelvo a revisar mi celular y no hay respuesta de Emma, lo reviso por curiosidad no porque esté ansioso de ver un mensaje suyo.
Erick se pone la mano en el estómago y se atasca con el vodka para darse valor de caminar en la ceremonia frente a todos los asesinos presentes, no es una ceremonia tan grande ni tan importante como mi boda con Emma, eso está claro.
—Espero que este evento termine pronto, no tengo un trabajo a medias que, si no termino hoy mismo, pronto vamos a tener un cuarentena y pandemia durante los próximas semanas o meses— Jack arrastra esas pantuflas molestando mi oído.
—Cállate que me irritas.
—No digan que no se los advertí.
Me he vuelto más intolerante ante mi falta de vista en el ojo izquierdo y mi carácter en general, sólo hay una persona que me calma.
—Debí anotar mis votos, por los nervios olvidaré todo lo que quiero decir— Erick se niega a cruzar la salida, nos quedamos en el ventanal del salón que da a los jardines.
Criados van y vienen entre las sillas y los meseros se pasean con aperitivos y alcohol, lo más importante para acabar con esta tontería. — ¿Y qué le vas a prometer a mi tía? ¿Estar con ella en riqueza y pobreza? Nosotros no conocemos el segundo término.
Por el ventanal vemos los asiento todavía vacíos de los invitados, pocas personas han ingresado a sus lugares. Jack se pone a mi izquierda y Erick a mi derecha. —Lo primero que debo jurarle es fidelidad porque me está llegando el fruto prohibido en bandeja de plata— Erick se muerde el labio señalando a una mujer cerca de los jardines.
Es Paulina, ruedo los ojos y vuelvo a revisar mi celular y no hay mensaje de Emma, empiezo a escribirle otro. —Eres un idiota, hablas de casarte con mi madre.
—Qué hijo puta, no eres ciego Jack para no ver a esa maravilla, no puede usar ese tipo de vestidos apretados y verse tan caliente y elegante a la vez.
Veo a Jack tragar grueso y asentir. —Joder, se va a dar la vuelta por todo el pasillo, que lo haga y nunca le pediré nada a Dios otra vez— su voz suena ronca.
—Hijo mío, esto puede ser un matrimonio fugaz si Paulina no encuentra su asiento rápido, voy a divorciarme si se agacha a recoger su bolso.
Estoy escribiendo un tercer mensaje a Emma cuando ambos ahogan una exclamación de satisfacción. —No te juzgaré si te divorcias— Jack está perdido.
—Mi hijo tiene razón ¿Qué te parece la mujer?
No estoy prestando atención a lo que dice Erick —¿Quién? ¿Paulina? — alzo la mirada y esa mujer es tan detestable. Me termino mi whisky viendo la hora en mi Rolex.
Debería construir otro muro en la entrada del palacio que haga juego con la columna de mármol de...—Hermano, sé que estás casado, pero Dios, Paulina es una modelo en toda la regla, mira esas piernas y esos pechos, estoy teniendo pensamientos impuros que si no controlo van a levantar a mi amiguito antes de la ceremonia— sonríe de lado —Sé honesto ¿Qué te parece?
—Sí Alexander ¿Qué te parecen los pechos de Paulina? — dice una voz femenina a nuestra espalda y mis hombros se tensan.
Erick escupe el vodka y Jack empieza a tener un ataque de tos mitad asma, mitad ataque cardiaco mientras sus ojos se abren de más cuando Emma camina alrededor nuestro con los brazos cruzados clavándome dagas con los ojos, está muy enojada.
Joder. Tiene un vestido rojo se mi abierto a media pierna y los hombros descubiertos, esa curva pronunciada de su vientre dónde está nuestros primogénitos se marca más. La como con la mirada, quiero darle una vuelta para ver como le resalta el culo respingón.
Detengo mi mirada de sus tetas deliciosas y más grande ahora que tiene más meses de embarazada, pero me busca la mirada todavía enojada, me quedé admirándola que se me olvidó que Jack se está ahogando a mi lado. —No me has respondido ¿Te encanta Paulina o sólo te fascina?
El brillo de los celos queda marcado en toda su expresión. Me aclaro la garganta. —Yo no estaba...
—Claro— me interrumpe y noto que Ethan viene detrás de ella, aunque permanece en completo silencio —Y yo nací ayer.
—Nena, yo no...
—No me toques— alza la barbilla más enojada que antes.
¿Por qué yo me estoy enfrentando a mi mujer enojada si no cometí ningún delito? Maldito Erick. —Emma, escucha— Erick está rojo —Estábamos conversando sobre los invitados y su forma de vestir ¿Cierto Alexander?
—Sí, de eso estábamos opinando— Jack lo secunda nervioso.
—No— respondo y esos dos casi se caen de espaldas.
Las cejas de Emma se alzan y de nuevo estoy en su radar. —¿No?
—Ellos lo hacían, yo los ignoraba.
—Claro, Alexander nos ignoraba— Jack me secunda.
—Yo estaba nervioso por la ceremonia y Alexander estaba hablando por celular con Ethan— Erick se pone tan nervioso que empieza a inventar un sinfín de estupideces.
—Ethan ha estado conmigo todo el tiempo por si no lo han notado. Entonces ¿Te gustan las modelos cariño? — inquiere mi esposa con las cejas arqueadas.
—No— responden esos chimpancés conmigo al unísono.
—Yo estoy por casarme— Erick se remueve nervioso.
—Yo le tengo más amor a mis pantuflas que a una pareja— Jack se encoje de hombros y es mi turno.
Otra vez no entiendo porque debo justificarme de algo que no estaba haciendo, es la última vez que hablo con este par de ineptos. — Me encanta como te queda el vestido— digo dándole una mirada apreciativa.
—Pero le quedaría mejor a Paulina ¿o no?
Jack y Erick agotan una exclamación, Emma los mal mira y se han enfrentado a los cambios de humor de mi esposa de los últimos meses de su embarazo que se dan media vuelta volviendo a mirar el ventanal, alejándose poco a poco de nosotros.
—No digas tonterías.
—Entonces ya no te interesa escucharme— se le llenan los ojos de lagrimas y me siento como un idiota.
Cambios de humor constante. Espero que mis hijos no tengan mi carácter, aunque eso paree poco probable con los cambios de Emma. —¡Pues no me importa! — grita sorprendiéndome, se limpia las mejillas señalándome con su índice. —Octavian, ven aquí.
El asiático corre con su uniforme de chef ya colocado. —Diga, mi señora.
—Dile a los de seguridad que corran a Paulina de la ceremonia, no está invitada, es más toda la compañía femenina de los asistentes no está invitada, sólo yo.
La boca de Erick cae abierta y mis cejas se alzan. Ethan pierde la mirada abatida de hace unos minutos y sonríe de lado escondiendo su risa con una tos.
—Sabe que a usted nunca se le negará nada y yo menos que nadie, pero mi señora, son mujeres de la mafia, algunas amigas de mayor confianza de la gacela. No sabe la riña tan grande que se viene encima, incluso la madre de Erick, eso no es respetuoso
—Alexander lo aprueba.
—¿Es eso cierto mi señor?
Está loca. Carraspeo mirando a la mujer menuda que no llega ni a la altura de mi cuello dar las órdenes más absurdas a la mafia. Todos los criados se detienen esperando a ver si la orden se lleva a cabo o no.
Asiento lentamente.
—Pero mi madre...—Erick empieza a hablar y Emma lo silencia con una mirada.
—¿Tu madre qué?
—Mi madre verá la ceremonia a través de las fotografías.
—Eso pensé, ahora iré a terminar los detalles de la boda de Maya— nos mira a los tres y se reacomoda el cabello antes de pasar como un verdadera diosa entre nosotros seguida de Ethan.
Su espalda descubierta capa mi atención y la detengo, me atrevo a pasar mi mano por su piel suave sin poder resistirlo y como no me detiene también toco su pequeño vientre abultado sosteniendo a nuestros hijos.
—Nena, hueles delicioso— utilizo la palabra que es su debilidad y la mía en un tono grave aspirando dónde su cuello, barro mis labios por el pulso desbocado —Eres la única mujer hermosa en este palacio y todos estos criados lo saben, totalmente perfecta, la única que capta mis ojos en un segundo es mi pequeña seductora.
Se tensa, pero no por mi elección de palabras ni mis labios fríos sobre su cuello, si no por ese movimiento bajo mi palma. Da un sobresalto y me mira sorprendida, mis cejas se juntan y abro la boca, pero las palabras simplemente no salen.
—Alexander, se movieron, las cositas se movieron— me mira emocionada mientras pone su mano al lado de la mía. —¿Cómo pasó? Se siente muy extraño, no puedo creerlo. ¿Pueden hacerlo de nuevo para mamá? — pide como si de verdad la escucharán, pero no volvemos a sentir nada.
—Los sentí— escucho un poco de emoción en mi propia voz, acaricio su vientre —Los movimientos de los bebés comienzan exactamente en la semana número... — no termino de explicar lo que leo en los libros de paternidad cuando el movimiento regresa de nuevo.
Sus ojos tienen un brillo nuevo, le beso la frente esperando sentir a nuestros hijos otra vez, pero al igual que la primera ocasión ya no se repite, beso sus mejillas y tengo carta abierta a abrazarla por la espalda con esta nueva experiencia.
Mi pulso está desbocado, carajo, no admitiré esto en voz alta, pero quiero sonreír como un malnacido orgulloso. —Es el mejor día de todos— Emma me abraza cubriéndose con mi abrigo del frío. —¿Me pregunto cada cuanto podremos sentirlos? ¿Será todos los días de hoy en adelante?
Tiene esa afición de pasar frio para verse perfecta, me quito el abrigo colocándolo en sus hombros. —Cada vez que ocurra quiero sentirlo, no me importa si me llamas para interrumpirme a mitad de una reunión, no me enojaré si se trata de nuestros hijos.
—Yo siempre te interrumpo en las reuniones sin que se trate de nuestros hijos y no te enojas.
Me inclino un poco tomándola de las mejillas. —Eso no es cierto— negarlo es todo lo que puedo hacer sin verme tan patético antes mis hombres de seguridad. Toco sus labios fríos y no puedo resistir a alzarla un poco del suelo para capturar su boca suave con hambre.
Pasea sus manos por mi cuello y me jala a ella. Nos encamino a un rincón despejado de nuestro salón, uno cerca de la chimenea donde Ethan no nos sigue. Emma Roe con vestidos es una debilidad para el lobo.
—Debemos pensar en nombres o algo como llamarlos hasta que nazcan, no quieres que les diga cositas, aunque me guste— se ríe por las cosquillas que le hace mi barba mientras beso su hombro.
—Deben ser nombres elegantes como el mío, pero por tu expresión deduzco que ya pensaste en alguno— ladeo la cabeza y asiente ansiosa.
—Si son niñas, mini Emma y si son niños mini Alexander.
—Imposible, ninguno de nuestros hijos tendrá tu nombre.
—¿Por qué no?
—Sólo hay una Emma Roe— le beso la mano cerca de su anillo matrimonial —No voy a compartirte tampoco de esa forma.
Su risa despierta a uno de sus lobos que descansan cerca de la chimenea. —No seas absurdo ¿Te das cuenta de que estás poniéndote celoso de nuestros hijos?
Yo no estoy celoso de mis propios hijos. Las tetas de Emma no son negociables, son sólo mías, su nombre tampoco va a ser de ellos y su tiempo siempre es mío. A mis hijos los querré, los protegeré ante cualquier situación y tendrán vidas llenas de mi riqueza, pero ella es mi Emma, yo llegue antes que ellos.
Punto final.
Pongo mi mano sobre su vientre otra vez, esperando algún movimiento desde adentro, son obstinados en no moverse, hasta el momento tienen más señales de tener el carácter de Emma que el mío.
— Amo eso— pasa sus dedos por mis parpados, incluso el que no tiene vista.
—¿Qué cosa?
—El brillo en tu mirada cuando hablamos de nuestros hijos, es casi igual al que tienes cuando me miras entrar a una habitación— me acaricia la mejilla, yo nunca sentí caricias en mi vida —Los amas demasiado y estás emocionado por verlos nacer.
—Emma, yo no soy un hombre que...
—Podrás negarlo por años, pero tu mirada nunca miente cariño, serás un excelente padre— siento una calidez en mi pecho que ignoro —Ignorando el hecho de que quieres darles formula láctea, aunque sean recién nacidos sólo por ser posesivo.
Cierro la boca volteando los ojos y la sostengo por la espalda mirando la chimenea esperando que la caliente y pierda la idea de ir sin abrigo mientras llueve este verano. Pareciera que su piel se ha puesto más suave porque no puedo apartar mis manos o mi boca en caricas por ella, pero la realidad es que entre más tiempo pasa más adicto me vuelvo a esta mujer.
Alzo su brazo y veo su tatuaje del lobo en su antebrazo con la inscripción mía en danés, mi posesividad es evidente. Mi hambre crece por ella, mi obsesión también.
—Aquí no hay nadie— mira sobre nuestros hombros. —Puedes cantarles a nuestros hijos como hiciste conmigo en nuestra boda y será nuestro secreto.
—Eso no pasará nunca Emma, yo jamás seré ese tipo de padre, sabes que los mini humanos en general sacan lo peor de mí.
—Pero ellos son tus hijos.
Joder, como amo esa palabra, después de tanto tiempo intentándolo tengo lo que he planeado y querido con Emma por mucho tiempo, si supiera que desde nuestro acuerdo casual planeaba poner a mis hijos dentro de ella...
—Raven— digo después de un momento de silencio.
—¿Qué?
—Quiero que uno de nuestros hijos se llame Raven.
—Eso es inusual.
—Raven es el reflejo de un cuervo, de la inteligencia que poseen esas aves y la memoria, ese es el tipo de persona que quiero que sean nuestros hijos porque te aseguro que su carácter sera negro como el plumaje de esas aves.
—Me gusta Raven y podría llevar uno de tus nombres, Raven Alexander, o Raven Dominic Roe Brown.
Mi sonrisa se ensancha, pero ella no lo ve. — Puede ser.
— Pero no puedes asegurar su carácter antes de que nazcan— me mira divertida —Podrían tener un carácter alegre.
Niego levantando su barbilla. —Son Roe nena, tenemos un carácter de mierda que, aunque algunos traten de ocultarlo siempre sale a flore, tú siempre serás la única luz en la familia Roe Brown.
—Mit alt cariño— pasea su nariz por la mía y luego a mi boca.
—Mit alt nena, mierda cómo te amo— busco su lengua con ansias, quiero seducirla, pero sus ojos se ven soñolientos, aunque apenas es media tarde.
—Podría caer dormida aquí mismo si me sigues abrazando así.
—Puedes hacerlo— jalo una de las sillas antiguas de colección y la siento en mi regazo, mira la chimenea mientras paseo mis manos en su vientre sus lobos estiran las patas cerca de los leños y la lluvia empeora, si no fuera por las carpas, la boda de Erick sería un caos total que disfrutaría más que la ceremonia costosa que ha hecho mi tía.
Atisbo a ver a Ethan sentado en uno de los escalones de la parte trasera fumando mientras ve de lejos la boda y pasea lo que parece ser un anillo en su mano.
Un sonido similar a un ronquido me hace tragarme una risa. Sonrío cuando la cabeza de Emma empieza a caer sobre mi pecho poco a poco y lucha por mantener sus pestañas abiertas escuchando que la ceremonia no puede retrasarse.
Empiezo a sentir pesadez en mis propios parpados. Puta vida, no me va a suceder lo mismo que en Irlanda. Saco mi móvil para pasar entre mis documentos oficiales, pero la ligera respiración de Emma hace que mi propia cabeza caiga un par de veces.
Contaré hasta cien en cada idioma que conozco. Empiezo con el danés y apenas estoy por el tercer número cuando Emma se arremolina en mi regazo y me abraza a mi cuello balbuceando lo cómodo que soy.
—Señor Roe, la boda ya está iniciando, su tía se está poniendo histérica por la falta de mujeres en la ceremonia— escucho vagamente a un criado hablar, pero ya me he perdido.
¡Hola sexys!Un extra del embarazo Alemma de Alexander siendo romántico... digo... siendo mafioso. *guiño*¡Los amo tres millones sexys!-Karla.