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EXTRA FAMILIA ROE BROWN

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EXTRA FAMILIA ROE BROWN

Primer año en Rusia.

Emma.

—El último reporte de de la mafia turca dice que el Borah va a comprometerse con algún agente del MI6, pero harán la noticia oficial hasta el siguiente año— señala Casey, uno de los conservadores.

Nunca voy a aprenderme el nombre de todos, prefiero llamarlos por alguna característica física.

—Tenemos dos espías en el Topkapi del turco como pediste— Ethan mira a Alexander.

—El clima de Rusia es diferente a lo que está acostumbrada señora Roe, pero con el tiempo le gustará, es un gusto tenerla en el país, le ayudaremos en las reparaciones que desee— la esposa del tal Casey me sonríe, es la más mayor de las mujeres de la mafia.

Los treinta y cinco conservadores rusos están cenando esta noche en nuestra mesa, la casa que compramos es grande, pero requiere más respiraciones y Alexander la ampliará, lo vi anoche con unos planos trabajando de nuevo como arquitecto.

Quiere un comedor aparte para “la servidumbre” como llama a los conservadores y a sus esposas. Caterva se aprieta la boca de pasta y come pan de ajo que una con crema de cacahuate.

Arrugo la nariz con esa mezcla tan peculiar. —La cena está esplendida señora Roe— la esposa de Wren me sonríe amablemente y sólo puedo darle un gesto con la cabeza. —Las esposas de los conservadores estábamos pensando en organizar una cacería de bienvenida en su honor por el bosque, es temporada de ciervos.

—¿Cacería?

—Es una actividad muy practicada en Rusia y en algunos otros países insignificantes como Francia— añade otra mujer de piel trigueña.

—Las esposas de los conservadores del lobo lo hacemos cada fin de año. ¿Le gustaría asistir? Maya siempre era la invitada de honor, pero esta vez no hay mayor honor que tener a la reina de la mafia con nosotras.

—No me apetece salir en invierno.

—¿Por qué no? — Alexander me mira otra vez, toda la noche ha tenido los ojos en mí con demasiada curiosidad.

—Nos encargaremos de hacer su primera cacería muy esplendida, sólo denos una oportunidad— añade la esposa del ex amigo de Tyler.

—Está bien, iré.

Trato de tener una sonrisa en la cena con las mujeres mientras Ethan habla del hermano de Dina, los mellizos duermen junto a la fogata en su porta bebé doble rodeados de mis lobos. Llevamos ya tres semanas en Rusia y ese se ha vuelto su lugar preferido.

Alexander me mira confundido desde su lado de la mesa y me apresuro a tomar un trozo de pan para no alertarlo. —¿Te sientes bien Emma?

Asiento rápidamente. —Estoy perfecta cariño.

Desde que llegamos me han escuchado llamar al lobo por ese sobrenombre y nunca dejan de sorprenderse, al menos ya no me queman las mejillas.

—¿Qué decías del hermano de Dina? — miro a Ethan y mi plan de distraerlos funciona.

Las comidas se han vuelto una tortura para mí, llevo el tenedor con pesar en mi boca y me concentro en escuchar atentamente a mi guardaespaldas. —El chico ya comenzó a revisar las patentes de Jack.

—Hay un médico interesado en trabajar con nosotros, Mark me habló de él en Las Vegas— Alexander habla, pero no deja de mirarme fijamente con el ojo que no cubre el parche negro.

Fuerzo mi sonrisa, pero no me la regresa, veo sus cejas juntas. ¿Qué está pensando? Me encuentro físicamente sana, tenía un tendón rígido en una de mis piernas después del parto y también por la bomba que lanzó el MI6 a mi camioneta, pero con el medicamento adecuado ya casi ni lo siento.

Mi brazo roto ya sanó con las semanas que llevé el cabestrillo.

—¿Puedo ofrecerle algo más señora Roe? — Octavian se acerca con mi postre favorito y una tarta de frutas. —El señor Roe pidió esto para usted y otra porción de cordero ahumado.

Los tomo sin ganas y picoteo el relleno con mi dedo sin entusiasmo escuchando a los conservadores y a sus esposas hablar. —Se ve delicioso, pero estoy llena.

—¿Ni siquiera va a probar sus tostadas de crema batida? Lleva días sin quererlas.

—Más tarde.

Ethan sigue hablando, pero mi vista está en los mellizos y mis lobos, se ven tan tranquilos durmiendo junto a fuego, estamos a miles de kilómetros de distancia de cualquier peligro para la mafia, viviremos años en paz aquí sin preocuparnos por el maldito MI6.

Estamos a salvo. Pienso y de repente mi mente se vuelve un vacío oscuro de nuevo. Por los ventanales se ve la nieve y me entran unas terribles ganas de llorar.

—¿Señor Roe? ¿Me escucha? — el hermano de Wren me distrae de mis pensamientos.

Giro la cabeza y lo veo, se me da muy bien fingir frente a los conservadores rusos y los empleados, incluso frente a Ethan que es mi guardaespaldas más cercano no nota que mis risas son fingidas, pero hay alguien que parece no creer en mi historia.

Tengo a la bestia de ojos verdes con su único ojo sano clavado en mí.

—¿Señor Roe? — insiste el conservador, pero Alexander no le responde y tampoco aparta la vista.

Carraspeo y le sonrío a las esposas de los conservadores. — La cena estuvo deliciosa, pero quiero recostarme con mis bebés— me excuso antes de montar una escena frente a todos.

Me alejo de la vista de todos y del ruido, me acerco a los mellizos y me siento en el sofá de terciopelo junto a fuego tomándolos en brazos. No soy una buena madre. Raven tiene las mejillas rojas al igual que su hermana, Jin Jun me ayuda a cubrirlos con una manta mientras me escuece el pecho.

El fuego se refleja en sus collares de lobo, toco la pieza que hace juego con la mía, Alexander los hizo con el mismo joyero en Dinamarca, me lo dijo Octavian.

Niles se acerca y frota su cabeza en mis pies antes de dejarse caer en la alfombra. ¿Por qué me siento así? ¿Por qué siento como si me hubiera quedado atrapada en esa noche donde nos atacó el Pentágono? ¿Por qué siento que a pesar de estar a salvo no lo estoy?

—Duermen mejor junto a sus lobos que junto a mí— bromea Jin Jun. —Se están acostumbrando bien al clima.

Desde que llegamos a Rusia mis lobos han adoptado la posición de guardianes, donde sea que coloquemos a mis bebés ellos van muy de cerca. Kiara se despierta antes que su hermano y la pego a mi pecho para alimentarla.

Mi hija me mira con sus ojos verdes adormilados mientras termina de comer. ¿Cómo algo tan bello se siente tan triste? Cuando se queda satisfecha le beso la cabeza y la acurruco junto a mí y a Raven, cierro los ojos escuchando la leña quemándose.

Resiste un poco más Emma, sólo un poco más.

Mi celular vibra con un mensaje de texto de Erick, es una foto de él y Volkan cenando en un restaurante de hamburguesas cerca del Score. «Mi primera cena como millonario, te extraño mi ángel de luz» .

Es simple texto logra sacarme una sonrisa corta.

. . .

Me sujeto al mármol de nuestro baño en Rusia y con la otra mano me cubro la boca mientras lloro en silencio encerrada en cuatro paredes. —No puedo hacerlo— me miro en el espejo con repugnancia.

Creí que una vez que estuviéramos lejos de Dinamarca y Londres este sentimiento de dolor y vacío en mi pecho iba a desaparecer, pero no se va, no puedo comer, mi apetito se fue hace mucho, ya ni siquiera puedo dormir, las pesadillas empeoraron y la ansiedad también se duplicó.

Es poco más de media noche, no quiero despertar a Alexander y aunque tengo el monitor de los mellizos encendido frente a mí trato de no sollozar. Todo tipo de pensamientos me inunda la mente, lo mala madre que soy, lo débil que me he vuelto, que nunca seré suficiente en la mafia, que en realidad no sirvo para mucho.

Cada pensamiento es peor que el anterior y el dolor en mi pecho escuece. —Voy a estar bien— susurro entre sollozos, aunque sé que es una mentira. —Tengo que estar bien.

Mi estomago se revuelve con el maldito cordero ahumado y caigo de rodillas vomitando toda la cena en el retrete. Me aferro a las baldosas doblando mi estomago para que todo quede en el desagüe.

Me suda la espalda y me lagrimean los ojos.

—¿Emma? — dos golpes resuenan en la puerta y me sobre salto.

—¿Sí?

—¿Por qué la puerta está bloqueada? — escucho como Alexander trata de mover la manija.

Me limpio rápidamente las mejillas y la boca. —Un momento— tengo los ojos hinchados, las nariz y las mejillas rojas. —Un minuto— respiro tratando de mejorar mi apariencia, pero no puedo.

Mi estomago sigue vaciándose. —Abre la puerta Emma.

—Necesito un momento, por favor— se me escapa un sollozo y Alexander sacude la manija con más fuerza.

El seguro de la puerta no va a resistir mucho, me limpio la barbilla y trato de levantarme, pero no puedo. La manija se sacude y con facilidad Alexander bota el seguro. —Coño— maldice y camina rápido hasta mí y me levanta el cabello para que no se ensucie de porquería. —Poco a poco nena— acaricia mi espalda y pega un poco más mi cabeza al inodoro.

Me quedo débil de rodillas en las baldosas, aunque termino de vomitar no me suelta, me sostiene a pesar de que ensucio su playera, me da un vaso de agua, pero no lo dejo mirarme o sabrá que lloré.

—Ven aquí— me toma en brazos por la espalda, aunque me quejo.

—Bájame, no estoy enferma— quito sus manos de mi cintura, pero no me suelta.

—Iremos al área médica, despierten a la doctora Kriss— le dice a alguien que no veo.

Me remuevo hasta que me suelta, me enjuago la boca y finjo buscar algo por los cajones. — No estoy enferma, no podía dormir y quería tomar un baño— bajo la mirada y finjo buscar las sales de ducha. —No quería despertarte, la cena no me gustó, eso es todo.

—No te creo nada.

Me acerco a la tina y abro el grifo. Lo escucho venir a mi espalda y me apresuro a abrir el paquete de las sales. —¿Quieres tomar un baño también?

Su mano se cierra sobre la mía y es hasta ahí donde noto que me tiemblan, se me cae la maldita bolsa de las sales. —No voy a tomar un maldito baño, vienes conmigo.

—¿A dónde?

—A la sala médica.

—¿Para qué? No pasa nada.

—A la mierda con nada, no comes, no duermes, ahora vomitas también, algo tienes y no quieres hablarlo con nadie, y a la mierda todo, no voy a permitir que mi mujer esté mal y no mover un maldito dedo, primero me mato— me obliga a mirarlo, no trae el parche, en cuanto ve mis ojos rojos sus cejas se juntan y su mandíbula se aprieta. —Voy a matarlo. ¿Quién diablos fue el maldito que te hizo llorar?

Niego con la cabeza. —Nadie.

—¿Qué está mal nena?

—Nada.

Aprieta más la mandíbula y la mirada se le oscurece. — Sigue diciendo eso las veces que quieras— me levanta con él y me cierra la bata.

—No necesito ir a la sala médica, yo no…

Ni siquiera me escucha, ni siquiera presta atención, ni tampoco me deja caminar, me levanta en brazos como si no pesara nada y lo siguiente es que va bajando escalones con la mirada seria.

. . .

Me muevo entre las sábanas con el estómago revuelto. —Contrólalo nena, no puedes vomitar, el médicamente tiene que hacerte efecto— escucho a Alexander en mi espalda, pero estoy tan agotada para abrir los ojos.

Trato de dormirme y parece que lo logro porque la siguiente vez que abro los ojos ya es de día.

Abro los ojos poco a poco, estoy dormida sobre Alexander, todavía lleva la pijama de ayer, pero se deshizo de la playera que ensucié, está dormido de forma incómoda en la camilla de la sala médica, el monitor de los mellizos está en volumen bajo.

Me remuevo para alcanzar un vaso de agua, pero su mano en mi cintura se cierra incluso dormido. En la otra mano tiene su celular con la pantalla todavía abierta. Tiene un portal web abierto de una institución médica prestigiosa sobre la depresión post parto.

Mi pecho se aprieta, anoche lo escuché gritándole a todo el personal que trabaja para mí, desde Ethan hasta Octavian y después envió a traer a alguien de forma “amable”. Me miro en el reflejo de los tubos de acero de la camilla, tengo un aspecto horrible, el cabello desordenado, ojeras y las mejillas sonrojadas.

Ahora que ya sé lo que tengo y que no estoy enloqueciendo, me siento de mejor ánimo, también gracias a los medicamentos que me dio la doctora Kriss.

Alexander sigue con los ojos cerrados, me pego a su pecho y suspira apretando el brazo que tiene en mi cintura. Raspo mi nariz por la suya antes de bajar mi boca a sus labios, sus pestañas se sacuden con el primer beso y un segundo después tengo dos pozos verdes mirándome fijamente. —¿Dónde coño está la médico que contraté?

—Todavía es muy temprano.

Mira su Rolex. — Les di cuarenta y siete minutos para ir por ella.

—Ha estado nevando, las carreteras estás saturadas— trato de tranquilizarlo, pero ya está enviándole un mensaje a los sirvientes.

—Ella todavía no ha despertado— escucho la voz de la doctora Kriss afuera.

Si hubiera sabido que sería mi médico de por vida cuando me conoció en Londres dudo que me hubiera admitido en su consultorio. Toda su vida desaparición una vez que la obligaron a pertenecer a la mafia para mi cuidado.

—Soy Ellen, el personal del señor Roe me contactó anoche, aunque no de forma muy amable, jamás había tenido un arma en mi cabeza.

—Sé lo que se siente— dice la voz de la doctora Kriss.

—¿Dónde está mi nueva paciente?

—Ya la conocerás, pero comienza a llamarla como se merece mi señora si no quieres problemas, soy la doctora Kriss, la médico personal de la señora Roe, yo le sugerí que te buscarán, mi área son los medicamentos que ella tomará, pero mi señora necesita también tu ayuda.

Veo sus sombras por la ventana y las persianas cerradas. Pensé que mis síntomas eran debilidad y me sentí muy culpable, pero estaba muy equivocada, anoche la doctora Kriss me diagnosticó con depresión post parto.

Me siento culpable por ocultárselo, pero a veces es difícil explicar algo que ni tu mismo entiendes.

—Debes dormir más— su celular suena y Alexander se sienta conmigo en brazos, me acerca un píldora a la boca y me la mete antes de darme a beber como si fuera un bebé.

—Yo puedo hacerlo sola.

—Ahórrate las protestas, no voy a detenerme Emma, tus horarios médicos están sincronizados a mi celular, cada píldora y sesión la tendré supervisada, subiré en horarios específicos para revisar que sigas en regla con la inspección.

—¿Por qué?

—¿Qué? — me mira confundido.

—¿Por qué haces esto?

Me toma de la barbilla y me alza la vista a la suya. — Porque primero mató a todo el mundo y me mato antes de algo o alguien dañe a mi mujer— dice muy serio con la voz ronca.

—Soy un maldito desastre.

—Pues eres mi maldito desastre preferido y lo quiero por el resto de mi jodida vida— sonríe de lado y alza nuestras manos izquierdas hasta que nuestros anillos matrimoniales se chocan. —Estás atrapada conmigo de por vida, en la mafia no existen los divorcios Emma, aquí no existe el puto “hasta que la muerte no separe”.

Mi vientre se contrae, bajo la boca suavemente a la suya, pruebo la sal de mis lágrimas en sus labios, el beso lento me revive el alma y me alivia mucho el dolor interno que cargo.

Paso mis brazos por su espalda y lo encierro en un abrazo, recuerdo cuando solía quedarse tieso ante mis muestras de cariño, pero ahora sus brazos musculosos se mueven para apretarme contra sí.

—Joder Emma— aspira el aroma de mi cabello —. Eres mi puta vida, nena.

Sonrío de lado a lado, vuelvo a probar su boca, pero con menos suavidad que antes, beso lentamente las comisuras de sus labios antes de meter mi lengua en su boca, su pecho se alza bruscamente y me sienta a horcajadas sobre sus piernas.

—Señor Roe, lamento interrumpirlo— Wren se asoma por la puerta interrumpiéndonos.

—¿Qué quieres?

—La médico que solicitó ya llegó.

Me pego a Alexander como toda una mimada y escondo la cabeza en su cuello. —Todavía no quiero verla— Alexander no me aparta, incluso me pega más a él con su brazo libre.

— Ya escuchaste a mi mujer, lárgate inútil.

〘 〙

Ocho meses después.

Alexander.

Estamos celebrando la reunión anual de la mafia en mi residencia en Rusia esta noche, tenemos adornos elegantes, entretenimiento extravagante y comida costosa por toda nuestra casa.

Abunda el vodka caro, el vino de cosecha del noventa y la mejor cristalería fina que poseemos la familia Roe desde hace generaciones, es una celebración en grande, más de noventa personas disfrutando.

Nuestros invitados son la parte importante de la noche Mark viajó desde Las Vegas para estar presente y hablarme de ese nuevo médico al que conoció para ser mi nuevo socio. Como dije antes, la fiesta anual de la mafia es una de las celebraciones más importantes que tenemos durante el año.

Los invitados deben ser atendidos de inmediato y eso hacíamos Emma y yo hace pocos minutos.

La puerta de la biblioteca está cerrada, pero todavía se escucha el sonido de ellas copas brindando mientras mi mano se estrella dos veces más contra las nalgas de Emma. Tiene las manos apoyadas en mi escritorio y el culo al aire.

Tiene la cara roja y los ojos le lagrimean cuando dobla el cuello y me mira. Salta sobre las puntas de sus tacones con mis azotes y se muerde la mano para no gemir tan alto. Tiene el vestido rojo enrollado por la cintura, la estoy azotando tan duro que ya tiene marcas rojas de mi mano en toda esa delicia de culo.

Mi maldito cinturón está en algún lado de la biblioteca junto a su tanga.

Mi verga entra y sale de su ano con penetraciones desiguales.

Su maquillaje queda corrido debajo de sus ojos, sus tetas se sacuden fuera de su escote, rojas por mis mordidas y húmedas por mi lengua. Las venas de mi pene se rozan en la hendedura de su culo con cada embestida.

—Joder Alexander— jadea lagrimeando.

Sobo mis dedos en su vagina llenándolos de fluidos y sobo su clítoris para que soporte mientras la follo. Hecha las caderas hacia atrás para recibirme cada vez que salgo. —No grites tanto o nuestros invitados te van a escuchar. Me querías en tu culo desde que te pusiste ese vestido Emma.

Mis dedos se sumergen poco a poco en su vagina, Emma se aferra al borde del escritorio totalmente perdida, mis gruñidos son tan ruidosos como sus gemidos, me voy correr pronto en sus nalgas.

El vestido rojo que lleva puesto es una maldita distracción y mi maldita perdición, no hay forma de que mantenga mis malditas manos lejos de ella toda la noche, la cena ni siquiera ha comenzado, estos malditos no se irán de nuestra casa en pocas horas.

Traté de mantener mi distancia con ella cuando la vi bajar las escaleras al inicio de la reunión, pero me puse duro conforme pasaron los minutos, me tiene loco la forma en la que se desbordan sus tetas por el escote y como se balancea ese culo respingón cada vez que camina.

—Parece que te gustó el vestido— se hace la inocente pegando su mejilla en el escritorio con media sonrisa.

—Eres una perversa— me estrello contra ella y su sonrisa se desvanece.

Sabe lo que me provoca, dejé a alguno de mis socios hablando solo y me fui meterle mano a la primera oportunidad que tuve justo como ahora, no puedo dejar de magrear sus nalgas y azotarlas mientras me las follo.

Mi glande se expande en el fondo de su ano y comienzo a embestirla.

—No tenemos mucho tiempo— aumento el ruido de mis dedos en su vagina y sus gritos se hacen tan desesperados que tengo que cubrirle la boca. Muerde mi mano, mis malditos dedos no son suficientes para callarla.

—Carajo nena, no seas tan ruidosa, la puerta está cerrada, pero estamos a menos de tres metros de ellos.

Asiente, pero no obedece, gimotea más y más, mis bolas se cargan con mi semen, tengo que rellenarla antes de que grite. La tomo de la cintura la pego a mi pecho. Cierro mi brazo completo sobre su boca con mis bíceps y con mi mano libre me prendo a sus tetas.

Mis bolas palpitan estrellándose contra su coño. — ¡Sí! — se oye su grito amortiguado y también como trata de gemir mi nombre.

—Coño Emma— aumento la velocidad de las penetraciones y sus lagrimas mojan mis músculos.

Sigo follando su culo a más velocidad porque ya no tiene filtros, mis manos no amortiguan sus gritos. Mis bolas se estrellan en su hendidura una y otra vez, ya no puedo controlar mis putos gruñidos, su ano me tiene loco.

Emma se corre a mitad de las penetraciones y su vientre se contrae bajo mi mano. Mi glande palpita con el último de sus gritos y vacío todo mi semen en el fondo de su culo rellenándoselo por completo con penetraciones bruscas.

La sujeto por la cintura mientras mi verga vacía hasta la última gota, su pobre ano queda rojo por el tamaño de mi verga, la sujeto por la base y veo mis fluidos salir del culo de mi esposa.

Emma se deja caer otra vez sobre el escritorio con los ojos cerrados respirando bruscamente. —Mierda nena— gruño sacudiéndome la base para terminar de sacar mi corrida, paso la punta por afuera para mojar también sus nalgas.

Emma se mira en el reflejo de mi porta lapiceros de metal y jadea sorprendida. — Mierda, voy a tener que subir a retocarme.

—Y a limpiar tu bonito culo— paseo mi pene por él con orgullo de mi obra de arte, tiene las nalgas rojas por los azotes con manchas blancas. —Te dejé un desastre.

Dobla el cuello para verme y extiende su mano para tomar mi esperma, moja su dedo y lo lleva a su boca chupando lo que queda. La imagen maldita imagen se me queda grabada en la cabeza.

—Deja de hacer eso mujer o no saldremos de la biblioteca en toda la noche— la ayudo a levantarse.

—No me sueltes todavía, me tiemblan las piernas— se aferra a mis brazos, no voy a poder caminar.

—Ese es el efecto de la verga de tu marido — mi maldito ego se desborda mientras la ayudo a estabilizarse.

La siento en mi escritorio sobre mis planos y me prendo a su boca, mi lengua lame la suya y sobo sus tetas como hace unos minutos. Disfruta del beso poco a poco, pero no me deja llevarlo a más.

Me empuja suavemente y la mal miro. —No podemos seguir, tenemos a los invitados esperándonos.

—No me importa.

—Ya nos retrasamos una hora— me empuja de nuevo y se levanta.

Toma su tanga y alza mi cinturón, se la pone inútilmente, cuando termine la noche me la voy a quedar yo. —Unos minutos más no los van a afectar— beso su cuello, pero no me deja seguir.

Me coloca el cinturón, pero antes de abrocharlo toma más de mi esperma y se lo traga. Joder.

—Lo siento, pero está muy bueno como siempre— toma mi polla y la sacude para tomar de lo que sobró. —Delicioso— succiona la esencia de sus dedos mientras me guardo la polla antes de tumbarla otra vez. Lamo y muerdo una última vez sus pezones antes de reacomodarle el vestido sobre el escote.

Emma tiene las mejillas rojas y el cabello desordenado, tiene razón, va a tener que retocarse, las lágrimas le corrieron todo el maquillaje y luce más caliente que antes. —Señora Roe, su hija despertó— dos golpes resuenan en la puerta.

—¿Cómo sabe Jin Jun que estamos aquí? — Emma abre mucho los ojos.

—Eres muy ruidosa nena— le guiño un ojo disfrutando de su cara roja.

—¿Qué voy a hacer? Ni siquiera puedo caminar bien por el ardor.

Le paso el pulgar por el labio hinchado que mordí. —Te follé nena, lo menos que puedo hacer es ayudarte, sal por la otra puerta, yo cuidaré a nuestra hija— la beso antes de empujarla suavemente hacia la otra salida.

Me da una vista de su caminata un poco coja que me pone una sonrisa de cabrón en el rostro. Me arreglo la ropa, arreglo los planos en mi escritorio, me arreglo el cabello, a Emma le entusiasmo demasiado mientras me comía su coño.

Lo jalo con desesperación, me lo dejaré creer para que tenga de donde jalar cuando le apetezca. Me rocío un poco más de loción y me calmo para abrirle a Jin Jun.

—Lo siento, señor Roe— la asiática retrocede en cuanto me ve. —Me pareció ver a su esposa entrar a la biblioteca hace una hora.

—Bu… bu…— Kiara extiende los brazos hacia mí con entusiasmo en cuanto me ve.

—Mi mujer y yo solos en la biblioteca durante una hora— me toco la barbilla. —¿Qué podríamos estar haciendo?

Jin Jun se pone roja y aparta la mirada. —Yo no… no pretendía interrumpirlo…Yo… sé que nadie debe interrumpir su tiempo con su esposa, pero la señora Roe me dijo que en cuanto los mellizos despertaran yo debía…

Tomo a mi hija en brazos tratando de no reírme de mi empleada. Kiara me mira fijamente y jala mi corbata jugando con su chupete. — Octavian necesita ayuda en la cocina.

—Entendido señor— se aleja sin mirarme otra vez y se hecha a correr en cuanto le señalo el pasillo.

—Así es como se trata los sirvientes, te voy a enseñar más cuando crezcas— le explico a mi hija.

Kiara me mira desde abajo con la cabeza ladeada como si estuviera esperando que Emma salga de la biblioteca. A mis hijos les encanta estar conmigo, el único problema es que siempre al despertar a la primera persona que necesitan ver es a Emma o lloran como si el maldito mundo estuviera por terminar.

Hasta hace poco creí que yo era el centro de su mundo, pero Emma me lleva ventaja.

—Esta vez soy yo, mamá tiene que arreglar su vestido, papá la atendió muy bien en esa biblioteca.

Alguien carraspea a mi espalda, me giro y veo a Wren con el rostro rojo al igual que Jin Jun, Ethan está junto a él en su traje de gala similar al de todos los conservadores, pero con los brazos cruzados.

—¿Qué quieres inútil? — entro a la biblioteca y Kiara alza las manos emocionada a la colección de mis bolígrafos caros con los que le gusta jugar y tumbar en la alfombra, Raven es más reservado, sólo tiene afición a los fajos de dinero cuando los sacamos de la caja fuerte.

—Yo le dije que nadie debe interrumpirlos en la biblioteca, pero es importante, otra vez Erick se retrasó con la documentación y si no firmas, Christopher Jones va a quedar como el dueño total de la cadena hotelera— Ethan entra detrás de él.

—Esto debió llegar hace dos semanas.

—No sé qué hace Erick todo el tiempo, su único trabajo es ser abogado de Hilton & Roe y el resto del tiempo ser niñero del hijo del Borah.

—No me recuerdes al engendro, déjame ver los documentos.

Trato de concentrarme en mi asiento, pero todavía puedo oler el perfume de Emma en mi ropa.

Kiara extiende la mano y tira mi colección exclusiva de bolígrafos riéndose. Ethan la mira con adoración. —Pero si es mi princesa, lamento no haberte saludado antes, que tonto es tu abuelo— le aprieta las mejillas y ella se vuelve a reír.

Mis hijos se han vuelto últimamente muy cercanos al guardaespaldas y él se sigue autodenominando como su abuelo.

Nunca voy a llamar a mi guardaespaldas el abuelo de mis hijos.

—Sé que no deberíamos interrumpirlo señor Roe, otra vez le ofrezco disculpas— Wren abre el portafolio.

—Deja de quejarte y apresúrate, la cena anual de la mafia está por comenzar y nada la puede retrasar.

Sí, soy un hipócrita y no me importa, hace unos minutos estuve por mandar ese cena al carajo sólo por Emma.

—Llego esta documentación de última hora al parecer Erick tiene mal los horarios para las firmas de Hilton & Roe que agendó hace más de un mes con el señor Jones.

Me arreglo la corbata del traje y leo línea tras línea, mientras Ethan juega con mi hija esperando su turno, su firma también debe ser plasmada aquí, todo va de acorde a los planes que tenemos del futuro. Me ajusto la tira del parche, pronto tendré la revisión médica y no veo la hora de quitármelo ya.

Tengo el cabello corto peinado con cera o lo tenía antes que Emma me dejará casi calvo, hoy la cena anual será todo un lujo, los criados ya pusieron mis piezas de cacería más elegantes en una exhibición en la entrada.

Estoy en una reunión de último momento porque Erick no sabe cumplir con los horarios que le dejé en Londres, se ve muy apegado al hijo del turco y eso no me gusta, pondré a Bennett a vigilarlo de cerca.

—Estos don los dos últimos documentos que necesitan su firma.

Firmo una buena cantidad de paginas cargando a mi hija con una mano. Leo las nuevas cifras de mis hoteles, pero ahora el hombre de Christopher aparece en los documentos oficiales de mi cadena hotelera.

Las risas y sonidos de copas de mis invitados se escuchan desde mi biblioteca, todos esperan por mí.

—Bu…— mi hija balbucea algo estirando la mano hacía Ethan, tiene un traje negro como Raven, ambos tan elegantes como verdaderos herederos de la mafia, pero mi hijo cayó dormido antes de recibir a los invitados. —Po… po… la— trata de solar sus primeras palabras, pero una cantidad de baba le sale por la boca antes de que logre hacerlo.

—Eso es princesa, lo estás haciendo muy bien— Ethan se inclina ayudándola. —A-B-U-E-L-O.

—Bu… bu— Kiara hace una bomba de saliva y salpica.

—Vamos a intentarlo una vez más, A-B-U-E-L-O.

Se le ve el reflejo de sus primeros dientes delanteros mientras salpica tratando de robarse mi bolígrafo. Ethan saca el sello de mi empresa y pone su firma debajo de la mía, aprovecho su distracción para darle nuevas clases a Kiara.

—Abuelo es una palaba estúpida, siempre puedes decir papá — me encojo de hombros y Ethan sonríe de lado mirándome de reojo.

Kiara mira con aburrimiento y ni siquiera lo intenta, de dedica chuparse el pulgar. — Bu…— sigue con esas dos malditas letras.

Ruedo los ojos, termino las firmas y la llevo en brazos por la escalera con el frasco de vitaminas que Emma olvidó tomar en la mañana, salí de mi reunión con la mafia a la mitad al ver el frasco sobre la encimera.

Me apoyo en el marco de la puerta y veo a Emma de espaldas sosteniendo a Raven en alto con una sonrisa tan jodidamente perfecta, mi primogénito ya despertó, su hermana es más activa durante el día y él durante la noche.

No puedo apartar los ojos de mi mujer, se retoco el peinado, aunque recién follada luce mejor, el vestido rojo entallado para la ocasión es perfecto y el cabello suelto, cada cuerva de su delicioso cuerpo queda marcada por la tela y el escote en la espalda.

Mis ojos se clavan en su culo respingón y la abertura de su pierna.

— Ese es mi bebito, mami te ama tanto— le besa las mejillas y nuestro hijo se ríe. —M-A-M-Á.

Raven balbucea algo como Kiara. Nuestros hijos ya tienen casi diez meses y toda mi familia está tratando de hacerlos hablar. —¿Estás tratando de llevarle competencia a Ethan?

Se sobresalta al escucharme y cuando se gira pierdo la maldita concentración, l vestido le queda mejor de lo que pensé. El escote en sus tetas me tiene babeando por meter mi lengua entre la tela y su carne abultada otra vez.

Me acerco sin resistirme y le acaricio la abertura del muslo mientras le entrego la pastilla del día como marca mi reloj a la misma hora. Después de que le diagnosticaran la depresión post parto, las ojeras le desaparecieron en pocas semanas, y los otros síntomas con el paso de los meses, pero nunca dejo pasar la revisión constante cada semana de la doctora Ellen.

No voy a correr ningún riesgo con la salud de Emma y eso implica llevar sus pastillas a todos lados incluso en mis cacerías.

Ahora son más vitaminas que su cuerpo necesita. —Yo ya sé que “mamá” será la primera palabra de los mellizos— le da un golpe a mi mano para que no la meta en el bajo de su vestido.

—Lo que digas, tú, Ethan y el resto de nuestra familia pueden seguir compitiendo inútilmente contra mí— la ayudo a girarse y da de buena gana da dos vueltas para modelarme su vestido.

—¿Por qué?

—La competencia ya está ganada. Kiara dijo papá hace un minuto en la biblioteca y Raven lo dice desde hace días.

—Mentiroso.

—¿Quieres apostar? — la reto pegándome a ella, pero no se aparta, alza la barbilla y me sostiene la mirada.

—Sí.

Casi beso la beso aquí mismo, pero Raven aprovecha que estamos cerca para jalar mi corbata y movernos, Kiara estira la mano y la mete en el escote de mi esposa, jalo la mano de mi hija, esas tetas son de su padre y lo sabe.

Tomo a mi hijo en brazos también mientras pienso en lo que quiero ganar esta vez.

Siempre salgo vencedor, y hace poco le realicé un tatuaje a Emma en el pubis con mi nombre.

—Si yo gano vas a tener que cambiar de lobos y esta vez no les pondrás nombres ni moños.

—¿Cómo te atreves a tratar de deshacerte de Niles, Sheldon, Joey y Chandler? — me mira indignada.

—¿Te da miedo perder nena? Hace unos minutos te veías muy segura— pico su orgullo.

Mira a sus lobos tumbados en la alfombra. —Está bien, pero si yo gano tú te vas a dejar crecer el cabello por un año.

Sonrío de lado, sabía que tiene una afición por mi cabello, hoy lo noté a la perfección. Alzo a los mellizos en mis brazos y estrecho su mano sellando el trato.

Suenan los fuegos artificiales en nuestro jardín que dan la bienvenida a la cena anual de la mafia, tenemos que bajar pronto, pero todavía tengo que mostrarle un espectáculo a Emma. —Dijiste que nuestros hijos ya dicen tu nombre, muéstrame ahora mismo— se cruza de brazos.

Levanto a mi mini versión un poco más y cuando mi cara y la de Raven quedan a la misma altura. —Parece que mamá necesita una demostración de los hombres Roe. Sus ojos me examinan de arriba abajo y se chupa el pulgar como su hermana. —Di papá.

Emma se acerca a nosotros con la mirada curiosa.

Raven la mira y abre la boca, sonrío de lado, pero suelta algo que nos deja en blanco a ambos.

— Ma… má — suelta con su vocecita.

—Ma… má— repite Kiara al mismo tiempo que su hermano.

Emma jadea cubriéndose la boca y se le llenan los ojos de lágrimas, me mira con media sonrisa. —¿Dijiste mamá cariño? ¿Dijiste mamá princesa?

—¿Ma…má? Ma… má…— repite Raven varias veces jalando mi corbata.

—Mamá… bu… bu— repite Kiara otra vez yendo por el escote de mi mujer y como no lo consigue le roba el chupete a Raven.

—¡No puedo creerlo! — Emma me los quita y los llena de besos por todos lados haciéndolos reír. —Mis bebés son los mejores, mis mini Alexander pueden decir mamá. ¡tenemos que decírselo a Ethan!

Trato de controlar la media sonrisa que se me escapa al mirar a Emma tan feliz, pero no lo logro, aunque carraspeo para disimularlo.

—Mi ego no puede con esto.

Emma está eufórica. No sólo llena de besos a los mellizos, salta hasta mí y me besa gritando emocionada. —No sé cómo lo hicieron, nunca practicamos, alguien debe decir esa palabra mucho cuando está con ellos para que la hayan memorizado, quizá fue Ethan.

Hago memoria y frunzo el ceño, me la paso hablando de Emma siempre que estoy con nuestros hijos, coño. No puedo ni contar las veces que les hablo de las reglas de “mamá”, “no interrumpir mi tiempo con mamá”, “las tetas de mamá son mías”, “mamá necesita dormir”, “se parecen más a mí que a mamá”.

—Pronto dirán papá.

—Si tu lo dices cariño—se ríe.

Las luces de los fuegos pirotécnicos retumban en nuestro ventanal llamando la atención de los mellizos, tomo a nuestros hijos y los levanto mientras repiten una y otra vez el nombre de Emma, nos acercamos al ventanal y disfrutamos del espectáculo.

Miro a Emma, tiene una sonrisa enorme y se le iluminan los ojos.

No estoy molesto, está mujer me tiene loco, se ve jodidamente preciosa feliz.

—Es momento de despedir a tu barbero personal.

—¿Por qué? — finjo demencia.

—Tienes que dejarte crecer el cabello por un año— me lanza un beso en el aire y regresa a mirar el espectáculo.

Mierda, estoy atrapado.

¡Hola sexys!

¡Feliz San Valentín para todos!

No importa si están solos o acompañados, quiero que sepan que yo siempre los amaré junto con Alemma.

¡Los amo tres millones!

-Karla.

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