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CAPÍTULO 2

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CAPÍTULO 2

Rebecca.

La vida no puede estar mejor para mí, después de tanto tiempo siendo una simple empleada de los Roe, ahora tengo más poder que todos ellos juntos y que la mafia de Logan.

Veo el rostro herido de Alexander a través de la cámara, Logan se excedió en las torturas y golpes contra él, incluso me resulta un poco desagradable verlo.

Sus ojos verdes sin vida es lo que más amo, si no van a mirarme a mí, no mirarán a nadie más, menos a la ramera con la que se atrevió a casarse, esa puta de la mafia que no tiene la clase que tengo yo, ni las agallas que me representan, haré que se arrepienta de ese error.

—¿Quiere una mejor toma del prisionero General Hilton? — pregunta uno de mis tantos criados, tengo más poder que la misma Sarah.

—No, ya lo he visto por tres horas seguidas, lo que quiero es que a la media noche apagues todas las cámaras, quiero privacidad con él como cada noche— siento un calor agradable pasar por mi ingle.

—Es un hombre extremadamente peligroso, usted lo vio matar al guardia que le llevaba el alcohol, mató a uno de esos hombres vestido de verde que usted deja entrar y por poco la mata a usted también, tuvimos que esposarlo porque ese hijo de puta ni ciego y moribundo deja de ser el mismo diablo.

Recuerdo las imágenes sangrientas de mi hombre matando al guardia y de la forma en la que casi mata a Logan la noche que quedó ciego. Es una bestia, logró clavarle su daga en las costillas a su padre de una tajada, lo tengo esposado de manos y pies ahora para evitar más incidentes.

—Alexander Roe no será peligroso conmigo, siempre ha tenido una debilidad por mí que oculta bajo su enojo, yo le mejoraré el humor.

—No es seguro General Hilton, este hombre tiene la mafia más grande de toda Europa, le bastó una noche para poner Londres en estado de emergencia ¿Por qué no lo han buscado? ¿O será que están esperando para quemarnos vivos a todos? — el miedo en su voz es patético, pero por alguna razón trago grueso.

Me he preguntado eso un par de veces. —Los debilitamos la noche del ataque del Pentágono.

—¿Lo hicimos General Hilton? — me mira serio —Sueno como un paranoico, pero ese ciego, a veces actúa de una forma tan calmada que cala mis malditos huesos, a veces siento que nos escucha incluso a países de distancia.

Miro de nuevo la imagen, siento un escalofrío cuando el lobo suelta una risa ronca muy alta cuando el agente termina de hablar. Se carcajea perverso, no hay nadie en su celda más que el mismo, incluso hecha la cabeza hacia atrás con sus hombros sacudiéndose.

—Está enfermo— el agente hace grande la pantalla —Se ríe sólo, tengo miedo General Hilton y no soy el único, una mafia tan grande no puedo caer en una noche en su propio territorio.

—Pues créelo, por eso me convertí en la favorita del Pentágono y en el MI6. ¿O dudas de mi capacidad inepto?

—Jamás— agacha la cabeza —Sé que no le gusta hablar de sus planes con gente insignificante como yo, pero ¿Es cierto lo que dicen los rumores? ¿Usted se casará con ese mafioso?

—¿Qué es lo que sabes? — pregunto intrigada.

—Oí que el Pentágono lo borró de los registros principales, no hay rastro de él en el mundo, nadie sabe su ubicación exacta a excepción de usted y ministro Aslan y él mismo le ayudará a anular su matrimonio en pocos días para entregárselo por completo a usted.

Sonrío de lado ansiosa por gritarlo a los cuatro vientos, pero debo ser paciente, eso me lo enseñó mi tío. —No voy a negar que tengo muchos planes con el Pentágono y el ministro Aslan y si te vuelves mi confidente, haré que te recompensen como te mereces.

—Gracias General Hilton.

—Así que prepara tus mejores ropas, pronto asistirás a la boda más importante de todo el maldito siglo.

Cuando me case con el lobo, su mafia tendrá que aceptarme de vuelta.

El agente sonríe de lado y me gusta su ambición, quiero que me traten como lo que soy, la enemiga más peligrosa de la mafia. Apago el ordenador y salgo a revisar el papeleo que la damisela de Sarah no entrega porque está de duelo, pobre estúpida.

Observo que no haya nadie merodeando mientras saco un paquete de coca de mi escritorio y lo aspiro. Qué buena está. Maldita sea, esto es lo que más odio de este trabajo, extraño la mafia en ocasiones, aquí tengo que esconder quién soy realmente.

Tengo varias llamadas perdidas de Logan, pero aquí no pueden descubrirme que tengo trastos con él o todo lo que poseo se irá al infierno.

—General Hilton— mis criados me dan inclinaciones de cabeza por cualquier lugar de la base del MI6 por donde paso, no se nota que aspiré coca hace unos minutos.

Camino altiva pasando entre estos mugrosos agentes, me duele que mi tío no haya podido disfrutar de la gloria, no sólo me están tratando como reina porque Sarah está en recuperación con Dylan y yo tengo el control absoluto, me gané el respeto de todos la última vez que lideré una misión con el MI6.

Veo una invitación sobre mi escritorio donde me invita el parlamento a una cena política del ministro Dimitry Aslan y del otro lado tengo otra invitación, pero menos formal, es de parte de la organización de los treinta y siete.

Comienzo a tener dolor de cabeza, Logan me irrita.

—¿Qué es este comunicado del Pentágono? — le pregunto a la inútil asistente que tengo.

—Es un aviso de que liberarán a Ethan Roberts en Puerto Rico, la corté falló otra vez con su caso, no mintió en lo que le dijo al Sargento Prescott, ningún país a donde lo han llevado lo quiere enjuiciar, tienen inmunidad política.

Golpeo mi puño en la mesa asustándola, ese bastardo no saldrá libre. —¡Eso nunca! ¡Que ese criado sea trasladado al Caribe, en algún país se le acabará la inmunidad política, si es necesario recorrerá el maldito mundo!

—Entendido General.

—Ya pedí dos veces que lo ahoguen en alguna playa ¿Por qué no lo han hecho?

—El Pentágono no acepta ese tipo de corrupción señora.

—Pues son unos idiotas, nuestra arma más poderosa ha sido que los miembros mayores de la organización del lobo se hayan jodido, Maya, Alexander, Jack, Ethan, Bennett, la ramera, pero si comienzan de nuevo, se desatará el infierno.

—Trataremos de hacer lo necesario.

Camino con la cabeza ladeada mirando el mapa de América y vuelvo a tener mi sonrisa ladeada, mi tío me entrenó muy bien. —Tomaré el asunto en mis manos, conozco a gente del Caribe, contrataré a algunos asesinos de Irak para que escondan su cadáver un día después que sea trasladado.

—El Pentágono la descubrirá si lo mata, además no creo que la teniente Wall lo apruebe.

—Por favor, Sarah finalmente está consolándose con Dylan y se lo está cogiendo como puta ¿Crees que le importa el MI6 o la muerte de su hija? Si no fuera por mí, todos ustedes no tendrían empleo — cruzo los tobillos sobre mi escritorio —Te diré algo, Sarah quedó idiota, el futuro soy yo.

—He notado que a usted no le agrada la teniente Wall.

—No, hay ratas en las coladeras con más cerebro que esa estúpida — mi celular vibra poniendo su asqueroso número en la pantalla —Sarah, te dije que debes descansar— digo con emoción fingida —No puedo creer que me estás llamando.

—Rebecca, ¿Podrías venir a mi casa? — se escuchan sus patéticos sollozos —Necesito una amiga para hablar.

El recuerdo de la cabaña quemándose y los gritos desgarrados de Jack vienen a mi memoria. Recuerdo como quería quemarse vivo, como tuvieron que sostenerlo para evitar un acto de trágico amor.

—Por supuesto, siempre estaré para ti, amiga.

. . .

—Dylan se quedó dormido con los sedantes— Sarah camina a su sala de estar cerrando la habitación nueva del agente Gray —. Los médicos ya no pueden hacer nada por la amputación de su pierna, pero trataran de someterlo a cirugía por su columna.

Son una pareja de moribundos ahora, pero no creo que en pocos días el cojo se haya olvidado de su obsesión por esa publicista, si se quedó con Sarah es por conveniencia y ninguno de los dos puede ocultarlo.

—No sabes la cantidad de veces que lloré en las jaulas cuando Alexander Roe lo torturaba sin compasión, me importaban más sus torturas que las mías, ese lugar es... — se le quiebra la voz —Rebecca, desearás nunca estar ahí.

—Yo crecí en la mafia, conozco las jaulas, también las he pisado por culpa de Emma Brown y cuando mi tío se casó con Maya, conocí a los Roe muy joven, sé lo que hacen y por eso dejé esa vida de miseria.

—Me arrebataron a mi hija— las bolsas púrpura de sus ojos se acentúan con sus lágrimas. —No sé cómo continuar viviendo, tengo todo el dinero de retribución del gobierno inglés, el rango más alto en el MI6 y he perdido a todas las personas que más amaba, mi hermano, mi padre, mi hija— se rompe.

Su espalda esquelética se sacude y como hay agentes del MI6 cuidando su casa tengo que consolarla. —¿Valió la pena Sarah?

—¿Qué? — me mira a través de las lágrimas.

—Yo no soy la persona más leal del mundo— soy sincera por primera vez —Pero en la mafia se mata a los que traicionan a su propia familia, por eso mi tío está muerto y mi cabeza tiene precio, porque la lealtad es primordial, se debe morir por los tuyos.

—No entiendo a dónde quieres llegar.

—Quiero que me digas si el poder que tanto quisiste valía la vida de tu familia. ¿Valió la pena dejar que mataran a tu padre para quedarte con su puesto? ¿Valió la pena la misión del Caribe para arrestar a Beckham y provocar que Logan matará a tu hermano? ¿Valió la pena enviar a tu hija con los Roe para obtener información?

Lentamente niega con vergüenza en su rostro, pero no me detengo.

—Tú y yo no somos iguales, yo compartí mi gloria con mi tío y traté de protegerlo hasta el último momento y si ahora lloro es porque le echo de menos, no por remordimiento, ese sentimiento te va a perseguir toda tu jodida vida.

Los sollozos comienzan a desmoronarla, su mente es tan débil en este momento y debo quebrarla hasta que se largue.

—Mi recomendación es que dejes el MI6, renuncia a tu puesto como teniente y el ministro Aslan lo entenderá, sólo así encontrarás la paz.

—Nunca tendré paz— susurra mirando a la nada sorprendiéndome, creí que aceptaría mis consejos sin oponerse —No olvidaré esa noche, la mirada de Jack me atormentará hasta el día que me muera, él quería quemarse Rebecca, gritaba que lo dejarán quemarse con su princesa, pero la mafia no lo dejó por más que peleó.

—Su hija era todo para él y tú se la arrebataste, su cuerpo no se quemó en esa cabaña, pero su alma sí— la obligo a verme —Jack Roe se murió en esa cabaña, porque en la misma noche, perdió a su madre y a su hija.

—No quería lastimarlo, yo no...

—Jack Roe jamás volverá, tú debes continuar con tu vida.

—Tengo que encontrarlo, él me necesita Rebecca— solloza —Jack, necesita de alguien, cuando él desaparece es cuando peor se pone.

—Lo conoces mejor y ambas sabemos que es imposible encontrarlo, al amo...— cierro la boca de golpe, estúpida, ¿Cómo puedo cometer este error de principiantes? —Es decir, a Logan le tomo años tener una pista y si lo encontró fue porque él se dejó ver, pero te aseguro que jamás se dejará ver de nuevo.

Mi plan maestro funcionó esa noche, destruí al biólogo más peligroso de la mafia, esa grieta en la familia Roe jamás se cerrará.

—¿Qué es eso? — tiene algo en su regazo protegido, no me responde, pero mientras la observo noto que es un unicornio rosado y un par de pantuflas desgastadas de laboratorio. —¿Sarah? — muevo mi mano frente a su rostro, pero está como perdida . ¿Está drogada? —Sarah— sacudo su hombro bruscamente hasta que alza los ojos rojos hacia mí.

—Voy a encontrar a Jack, así tenga que utilizar todo mi poder en el MI6, voy a recuperarlo.

—¿Estás demente?

—Sí.

—Entra en razón, Sarah, o pediré que te den una licencia de baja por unos meses.

—Millie no está muerta— dice abrazando el unicornio —Jack Roe nunca habría dejado a nuestra hija morir, nunca— habla como lunática —Primero se hubiera matado, mi hija no está muerta Rebecca.

—La cabaña se quemó, todos los vimos, Jack enloqueció—le recuerdo, pero su mirada está perdida.

—¡Mi hija está viva Rebecca! — grita entre lágrimas —¡Millie está viva!

—¡No lo está! ¡Logan quemó la cabaña con ella dentro!

—¡Millie está viva porque sigo respirando! ¡Mi maldito corazón sigue latiendo! ¡Si mi hija hubiera muerto mi corazón se habría parado! — está histérica, le hago una señal al agente para que traiga sus medicamentos y al doctor—¡Mi hija está viva! ¡Todos ustedes son unos malditos mentirosos!

—Teniente Wall necesitamos que se tranquilice— vienen el médico con una jeringa hablándole suavemente, pero Sarah se aparta sin soltar el unicornio ni las pantuflas.

—No van a medicarme— se ríe entre lágrimas —Soy tan estúpida, Jack jamás permitiría que dañaran a nuestra hija, él tiene a mi hija, tengo que empezar a buscarlo en Nueva York, él tiene un lugar en Nueva York, un laboratorio.

El médico la mira con lástima y le hace señas a un enfermero a que la sostenga mientras le inyectan el tranquilizante. Frunzo el ceño y pienso en lo que dice. ¿El laboratorio secreto de Jack está en Nueva York? El lobo nunca me lo mencionó.

—¿Dónde está exactamente su laboratorio? Nunca nadie ha dado con su ubicación.

—Es... está oculto... en Brooklyn— balbucea adormecida. —En las jaulas escuché un plan que tienen los Roe con el laboratorio de Jack, tienes que buscar los hoteles de ella.

—¿Qué hoteles? ¿Hilton & Roe?

Niega suavemente — Los hoteles E...— sus parpados se cierran.

Quisiera poder abofetearla para que siga hablando, pero cae tumbada con los enfermeros sosteniéndola. Le mando un mensaje de texto a Logan, debemos ser precavidos, Jack debió regresar a Nueva York. ¿Y si la loca no está tan loca después de todo?

¿Qué diablos estoy pensando? Yo fui testigo de la escena del incendio, Jack Roe está destruido. Borro el mensaje al instante, estoy siendo paranoica, debe ser el estrés, necesito pasar tiempo con Alexander para relajarme. Mi celular suena dos veces con palabras de Logan muy enojado exigiendo ver a su hijo y muy a mi pesar acepto.

¿Qué es lo peor que podría pasar?

Salgo de la casa de los moribundos y mientras conduzco de regreso reviso las cámaras de su celda a través de mi celular, Alexander tiene los ojos cerrados y la frente apoyada en la pared, respira hondo.

Sonrío de lado, debe extrañarme.

〘 〙

Emma.

Cierro los ojos y apoyo la cabeza en la pared respirando hondo. Cariño.

Escucho como los dedos delgados del hacker se mueven sobre su computadora rápidamente, hace una hora terminé una videollamada con los miembros de mi mafia para movilizarnos fuera de América, ese maldito Borah me mintió y no perdono las traiciones.

Llevo cuarenta horas en el infierno.

Cada hora que paso sin Alexander es como pisar el infierno, quisiera arrancarme el corazón para que deje de latir porque sólo así soportaría su ausencia, pero he llegado hasta aquí y debo lograrlo, por mis bebés y por nosotros, abro los ojos y continuo.

No he hablado con Erick, me informaron que regresó al Palacio a seguir con su duelo, la tía Maya me hace tanta falta , merecía ser sepultada con lujo, no en un bosque solitario.

El hacker me mira desde su lugar a través de la tela negra mientras Caterva me ayuda a cambiar los pañales de Raven, la escayola de mi brazo pica y duele. Varios de los sirvientes me acercan todas las cosas que necesito, aunque mi trato es brusco con los demás, con mis hijos son la mujer más tierna del mundo.

—No toques a mi bebé— le advierto al criado a mi derecha cuando trata de ayudarme a cargarlo a su porta bebé.

—Pero mi señora...

—¡Muévete inútil! — nunca he sido tan violenta como ahora.

—Su brazo está roto mi señora, su pierna también— me recuerda y de mala manera dejo que coloquen a Raven dormido junto a mi hija, pero tan pronto como termina lo empujo tomando su lugar.

Veo con recelo a mis lobos, se han mantenido al lado de la chimenea, si alguno de los conservadores se me acerca reaccionan poniéndose mi lado, pero quiero el mismo trato a mis hijos, aunque sigue reacios a acercarse a menos de un metro de ellos, el llanto de los mini Alexander todavía los altera.

—Vas a tener que descansar en algún momento, apenas puedes mantenerte de pie— dice la figura delgada con tela oscura en su cabeza.

Sé la apariencia que tengo, me veo desalineada, con moratones por el cuerpo, no puedo caminar y no recuerdo cuando fue la última vez que comí algo en condiciones, por más sirvientes que me traigan charolas y charolas de comida.

—Ni, aunque me medicarán me tumbarían— mi voz sale rasposa, me duele la garganta y una parte nueva del cuerpo.

—Piensa en tus hijos, eres su fuente de alimento, ellos subsisten por ti—suena realmente preocupado —Además, tienes heridas por los brazos y el cuello por la explosión de tu camioneta, los médicos necesitan revisarte otra vez.

—¡No hay heridas que me preocupen en este momento! ¡Ningún jodido Pentágono puede destruirme, ni el maldito MI6, nadie! — siento las lágrimas en mis ojos y me las limpio bruscamente —¡Me quitaron al hombre que amo y se enfrentarán a las consecuencias todos ustedes malditos!

—Mi señora, entiendo la situación y la gravedad, pero debe tranquilizarse...— Caterva extiende su mano a la mía.

Pierdo el control.

Tomo el arma en mi mueble de noche y le disparo al sirviente directo a la cabeza levantando el aullido de los lobos y el llanto de mis hijos, paso a otro criado tumbándolo cuando mis balas llenan su cuerpo de plomo dejando salir la rabia que tengo contenida.

—¡No me importa echar abajo toda esta mafia completa por Alexander! ¡Así que será mejor que cuiden sus estúpidas bocas si quieren seguir con vida las próximas veinticuatro horas! — advierto mientras se forma un charco de sangre en mi alfombra. —¿Quién quiere ser el siguiente hijos de puta?

Los sirvientes restantes retroceden con evidente miedo en sus miradas.

Caterva se queda mirando los dos cadáveres en la alfombra con la boca semi abierta, arrojo el arma y voy a sostener a mis hijos en brazos para tranquilizarlos, fue estúpido disparar con ellos aquí.

—Emma— el hacker se levanta preocupado mientras el llanto de mis bebés para y vuelvo a acurrucarlos.

—Tu señora, para ti.

Agacha la cabeza, pero cuando me sostiene me siento de regreso en Hilton & Roe con el mismo Bennett carismático que conocí. Un sollozo escapa de mi garganta. —Fuera— pide en voz baja.

Cuando las puertas se cierran se quita la tela negra del rostro. —¿Qué estás haciendo?

—No me importa una mierda mi identidad, me importa mi familia, mi tía Maya, Jack, Cora, mi hermoso hijo— se le quiebra la voz —Mis pequeños sobrinos—mira a mis bebés dormidos con adoración y veo sus ojos llenarse de lágrimas —Me importas tú y sobre todo mi hermano.

Respiro hondo con el labio tembloroso. — ¿Recuerdas?

Asiente agachando la cabeza. — Casi todo.

Mantengo mi distancia porque ha mentido tantas veces al respecto, ha lastimado a Alexander con escenas parecidas los últimos meses. Leo su lenguaje corporal, pero me siento insegura.

—¿No me crees? — se ve derrotado cuando niego — Sé que no recuperaré a ninguna de las personas que amo, pero me conformaré con verlos de lejos cuando esto termine.

Camina de vuelta al ordenador, pero vuelve a mirarme. —¿Por qué me miras?

—Porque te ves igual que cuando chocamos en el elevador de Hilton & Roe — ese es un recuerdo real— Quizá deberíamos repetir la escena para empezar de nuevo.

—No pasará porque heriste a Alexander y ese hombre siempre será mi elección por encima de cualquier persona.

—Lo entiendo, hay cosas que ni yo mismo me perdonaré por el resto de mi vida— mira a mis hijos —Gracias Emma.

—¿Por qué?

—Por elegir a mi hermano, no todos tenemos esa suerte con la persona a la que amamos, yo tendré que obligarme a alejarme de ella de por vida para que sea feliz, aunque en todos los mundos posibles siempre me imaginé que lo sería conmigo— susurra,

Me siento lentamente junto a mis bebés mirándolo trabajar, tengo mi celular tan cerca que bastaría un mensaje y él obtendría la ubicación de Cora y Aaron... ¿Sería lo correcto después de todo lo que han pasado?

Protegeré a Cora a toda costa y respetaré sus decisiones si ella no quiere que Bennett la encuentre lo cumpliré, aunque me duela ver como cada cinco minutos mira a mis hijos con adoración.

—Aaron ha empezado a decir sus primeras palabras.

Su rostro se gira de inmediato a mí. —¿Qué?

—Aprendió a decir cupcake y pronto comenzará a caminar, Cora dice que ama a los animales y al gato del vecino y le gusta gatear encima de los bocetos, siempre tienen las mejillas llenas de pintura en las fotos y videos que me envían, su cabello se está poniendo castaño, se está pareciendo más a ti— me arrepiento de contarle esto cuando varias lágrimas se deslizan por sus mejillas.

Aparta la mirada enrojecida y de inmediato se cubre el rostro con la tela negra, pero sus hombros comienzan a sacudirse y en segundos escucho suaves sollozos. No debí contarle nada. —Cupcake— repite en voz baja y rota —. Ama a los animales y la pintura, claro que lo hace.

Caterva y los demás criados regresan a limpiar los cuerpos de la alfombra.

Dejo mi celular sobre el mueble de noche y me levanto con ayuda al cuarto de baño sintiéndome culpable, mi pierna está empeorando, pierdo fuerza en todo mi muslo con el paso de las horas, me mojo el rostro y cierro el grifo incapaz de verme en el espejo.

Cuando regreso a mi habitación veo mi celular sobre el sofá y con la pantalla semi encendida, lo miro, pero se mantiene tecleando en la laptop, cuando lo desbloqueo la galería de fotos está abierta.

—Si robaste algunas fo...— no termino cuando suena una llamada y siento rabia con ver su nombre. Es el Borah, pulso el botón verde controlando mis ganas de gritarle.

—Emma— dice mi nombre con emoción, pero después carraspea — He tratado de localizarte todo el día, pero no respondías mis mensajes.

—Estoy fuera del país— Bennett me hace señas de seguirle el hilo, ya ha comenzado a grabar la llamada.

—Todavía no tengo la ubicación exacta a la prisión donde llevarán a Alexander Roe, pero te estaré escribiendo todo el día, podríamos vernos para discutir los detalles, debes extrañar el vino después de tanto tiempo embarazada, el Chapel Down es favorito ¿o me equivoco? — pregunta y siento repulsión.

Caterva arquea una ceja y los conservadores se miran entre sí. —No te metas en mi vida personal, conoce tu lugar, que está muy por debajo de los Roe.

Se ríe ronco del otro lado. — Te enviaré un lote completo.

—No.

—No era una pregunta Kraliçe.

Reina.

—Kurt mafyasının kraliçesi.

Reina de la organización del lobo. Detesto al maldito no quiero seguir la llamada, pero debe grabarse.

—¿Te encuentras bien? ¿Te ha revisado el equipo médico?

—No, sigo jodida por culpa de tu maldito MI6 y ahora tengo que lidiar con problemas más grandes con el Pentágono, ni mis hijos ni yo estamos seguros.

—Pídemelo— su tono cambia, se pone serio —Pídelo y en menos de una hora enviaré a mi servicio personal turco por ti y tus hijos y todos mis mayordomos de la mafia te llevarán a mi Topkapi con la máxima seguridad de todo Medio Oriente para protegerte, el Pentágono no es un problema para mí.

—¿Qué?

—Pídemelo y pongo el mundo a tus pies en este instante, incluido al maldito MI6.

Bennett se levanta bruscamente.

—Qué hijo de puta, te vas a quedar sin cojones— maldice Caterva enojado en voz baja mientras todos los conservadores rusos se levantan enojados como si fueran la versión de menor nivel de Alexander.

—Con la esposa del lobo ni en tus sueños cabrón— es otro conservador el que se acerca a zancadas.

—Tiene suerte que el lobo no escuchó esa mierda, rastrea su maldita llamada y en este instante vamos a cortarle las bolas— le pide otro al hacker.

—Mi señora tiene una mafia más poderosa que la de esa basura turca, dígale la verdad, que está mejor cuidada que el mismo rey de Inglaterra— tengo a todos a mi alrededor.

Detengo a los cavernarios frente a mi con un gesto de la mano. —Tu oferta es generosa Borah, pero yo ya tengo el mundo a mis pies, Alexander me lo dio desde que lo conocí.

—¡Eso! — gritan en unísono los dementes incluido Bennett. — ¡Længe leve ulven og hans dronning!

Larga vida al lobo y a su reina.

Me quedo boquiabierta, juro que parecen las versiones robóticas de Alexander, me recuerdan a la escena donde anuncie mi compromiso a Dylan y salieron felicitándolo como habían ensayado. ¿Alexander ya los había hecho practicar esto contra el Borah?

—¿Qué es eso? — pregunta el Borah en la otra línea.

—¡Længe leve ulven og hans dronning! — siguen repitiendo en voz alta.

Ya no tengo dudas, Alexander lo hizo practicar antes.

—Tengo que irme.

—Llámame si necesitas mi ayuda, mi número privado siempre está a tu servicio Emma, no lo olvides— corto la llamada y sólo así se callan los conservadores.

El señor Roe a veces olvida que su mafia es de asesinos no de un circo, ninguno da explicaciones de sus actitudes, se vuelven a poner serios al instante como si ya hubieran cumplido su servicio.

Arrojo el celular al sofá para deshacerme de la sensación repugnante de la voz del turco, me coloco junto a mis hijos. Raven juega con sus piecitos y mi pequeña apenas alza su mano a mi toque.

Los tomo en brazos con dificultad y me recuesto en la alfombra cerca de la chimenea, no quiero que pasen frío. Mis lobos me ven desde lejos sin acercarse, unos hasta salen de la habitación.

Raven abre los ojos poco a poco y bosteza empezando otra vez con los golpecitos de pies. —Papá va a cargarlos pronto y lo obligaré a cantarles— les prometo —Tiene una voz increíble, sólo yo la he podido escuchar.

Llamo a mi lobo favorito y se nota reacio a acercarse, pero gano la batalla cuando camina perezoso desde su tazón de comida hasta la chimenea y empieza a olfatear a las cositas. Paso mi mano por su pelaje y por detrás de sus orejas para que se vaya relajando.

Camina en círculos a nuestro alrededor y vuelve a olerlos, no se acerca más, pero se queda recostado sobre sus patas al otro extremo de la chimenea viéndolos por mucho tiempo. Poco a poco siento que mi cuerpo cede al cansancio, pero dormir es imposible, hago estiramientos de la pierna mientras acaricio sus pequeños rostros.

. . .

Caterva y los demás han ido a comprar provisiones fuera de las villas de cabañas. Ya es de noche, los sirvientes han encendido las lámparas de aceite que proporciona el servicio, estás cabañas tienen un diseño tan antiguo y acogedor que en otras circunstancias disfrutaría.

Trabajo desde mi ordenador en un anuncio publicitario en memoria de Maya, lo subiré a los medios con los que tengo contacto dentro y fuera de Londres, su muerte no puede ser ocultada por el MI6, ella merece ser reconocida con honor.

Veo su foto en la pantalla y me entristezco más, desde que la conocí con sus abrigos largos y sus botas altas supe que era uno de los pilares más grande de los Roe. Tantas cosas te pasan por la cabeza cuando no pudiste despedirte de una persona antes de morir.

Bennett me explicó que lanzaron disparos al aire esa noche en el palacio Roe por su muerte, eso no es suficiente honor para la mujer más altiva de los Roe, también me dijeron que Alexander fue el que la vio morir.

Su relación era tosca y agresiva, pero sé lo mucho que amaba a sus sobrinos y todo lo que hizo por ellos para que encontrarán la paz, si Bennett de verdad está recuperándose es gracias a ella y a Jack.

Frunzo el ceño obligándome a no llorar mientras termino de enviar los emails a los medios, Princesa Millie. Sé lo que hizo Rebecca, atacó a los Roe, no a la mafia, no volveremos a ver a Jack, él merecía más, más de todo.

—¿Quién encontró a Millie? — pregunto y Caterva alza su cabeza deteniéndose de sacar las provisiones de las bolsas de super.

—Alicia se la entregó a Logan, ella y James desactivaron la vigilancia de la entrada trasera del Palacio.

—¿Cómo es posible que Alicia nos hiciera esto? Éramos amigas desde que la conocí en Hilton & Roe, la sentía como mi familia... con Cora... con todo.

—Nunca debe confiar en nadie fuera de su mafia, nadie es confiable, todos somos corruptos— me advierte —Los imbéciles creyeron que podrían salirse ilesos, nunca en sus vidas verán la luz del día, los torturaremos día y noche y no será suficiente.

Lloro en silencio, me duele el alma, es como si pudiera entrar todavía a la cocina y encontrar a la princesa con azúcar en las mejillas y su unicornio rosa pidiendo pancakes en figuritas, si cierro los ojos la veo jugando con Jack, pintando los muebles de Alexander, corriendo por las escaleras cantando let her go .

—Wren dice que el biólogo Roe enloqueció cuando la cabaña se quemó, tuvieron que sujetarlo para evitar que se lanzará al fuego, mato a tres de los nuestros para morirse con su hija.

¿Cómo va a vivir Jack después de esto? El hombre que fue criado para sobrevivir, que pondría la vida de cualquiera para protegerse y se escondía del peligro, un hombre egoísta con todos menos con Millie.

Se entregó con Logan por su hija, cierro los ojos recordando su video llamada en el Caribe y el beso en sus muñecas cuando se hacían promesas y como cantaron juntos esa triste canción vieja.

—¿Dónde está Jack? De la mafia no puedes salir y menos si tiene el tatuaje del lobo.

—Esa noche mi señor ordenó que lo dejarán irse después de la tragedia y él biólogo desapareció, lo único que se llevó fue un viejo unicornio lleno de barró que quedó enterrado en los jardines del palacio y para ser honesto con usted, estoy convencido que jamás lo volveremos a ver.

—Lo sé— sollozo rindiéndome en ese tema, pero eso no lo hace menos doloroso.

Abro un nuevo archivo y preparo un segundo boletín que será subido junto al de Maya mañana por la mañana, uno de Millie, junto a su abuela, Emilia Camille Roe, escribo en letras grandes y selecciono la imagen más hermosa que tengo de ambas cuando fueron a cazar zorros con Ethan.

Sé que no es un gesto tan significativo, pero espero que en cualquier parte del mundo donde esté, Jack pueda verlo. Organizo todo para que a la misma hora que los medios lancen la noticia memorial, en Londres Dinamarca y Rusia los miembros de nuestra organización quemen un monumento gubernamental importante.

Juro que mis hijos sabrán de ellas, que cada vez que vean un unicornio rosa sabrán que la princesa Millie los adoraba, que no había una risa más dulce que la de ella, que cada vez que escuchen el apodo de la gacela recordarán a la mujer que me enseñó a ser valiente en la mafia.

—No sé si sea un buen momento y no soy el indicado en hacerlo— Caterva se acerca a sillón en la sala de estar extendiéndome una caja negra rectangular —La gacela se la dio a mi señor y le advirtió que era para usted.

Abro la caja y encuentro su daga Roe, con la inscripción Maya Roe tallada en el mango en danés. Veo un papel rasgado debajo, está sucio y tiene motas rojas de sangre seca en un pedazo, la letra está desalineada, sé nota que no estaba en su mejor momento cuando lo escribió.

"Si algún imbécil está llorando por mi muerte, búrlate en su cara, mi sobrina favorita".

Pego el papel a mi pecho llorando en silencio. Tía Maya. — Espero que le hayan colocado sus guantes blancos y su abrigo— susurro y Caterva frunce el ceño —No le gusta verse desalineada y por Dios ni la muerte debería verla mal, ni pálida, todas sus joyas debieron estar en sus manos y cuello y esas botas Chanel que tanto le gustan.

—Mi señora...

—Seguro que se soltó el cabello, dime que le colocaron los guantes Caterva— le pido casi desesperada pegando más el papel en mi pecho —La tía Maya siempre debe llevar sus guantes a todos lados porque el mundo... es asqueroso para una Roe como ella y el abrigo también es impo... es importante.

Juro que pagarán, juro que los haré pagar, todos los que se involucraron esa noche en el ataque están muertos, los perseguiremos día y noche.

Ahora poseo un daga única, la mejor arma de Maya, me siento honrada. —Gracias tía, dónde sea que estés.

—En el infierno por su puesto— responde Caterva sobresaltándome. —Aman a los Roe, pero no dejan de ser unos malditos hijos de perra, la tía Maya se está quemando en el infierno como lo haremos todos nosotros por la vida que llevamos.

Se encoje de hombros reacomodando las compras, ruedo los ojos limpiándome las lagrimas guardando mi nueva daga.

—¡Emma! —el hacker sale de mi habitación suena exaltado.

—Tú señora para ti.

—Mi señora— se corrige de inmediato—Tengo la ubicación del lobo.

Mi pulso se desboca y me fallan las piernas otra vez, Caterva tiene que sostenerme del sofá y ayudarme a levantarme con los mini Alexander. Voy a vomitar aquí mismo. — ¡Lo encontraste! ¿Dónde está? ¡Dímelo! ¡Habla Bennett! —no me importa la moral de la mafia en mantener su identidad secreta. —¿Dónde está mi marido?

—Estamos muy lejos de su ubicación y creo que ese fue el plan original de los que lo encerraron para que le perdiéramos la pista— explica — Encontré las coordenadas de acceso, está Irlanda, en una base oculta del MI6 donde las pocas claves de acceso de los agentes están controladas por Rebecca.

Sin evitarlo, lo abrazo sintiendo un alivio recorrerme. Me aprieta contra si mientras sollozo y sonrío de lado con esperanza. Bennett me aprieta con cuidado para no herir mi brazo y siento tanto alivio. — ¡Nos vamos! — ordeno con la voz temblorosa limpiándome las mejillas —¡Nos vamos a Irlanda!

—Ya oyeron a mi señora, muevan sus culos de prisa, que preparen su jet privado y el Fairchild y el Raptor— Caterva sale a dar las órdenes al resto de gente de la cabaña.

—No sólo las avionetas— respiro hondo —Quiero a toda la organización del lobo en Irlanda, van a sufrir las consecuencias de todo lo que le hayan hecho, empezando por Rebecca.

〘 〙

Ethan.

—Buenos días, soy su reportera matutina, está mañana el clima de la ciudad de Nueva York tendrá una temperatura de menos dos grados, preparen sus abrigos porque de acuerdo con los servicios meteorológicos locales, éste será el invierno más frio de los últimos siete años.

Bajo un poco mis lentes negros sobre mi nariz para leer el letrero, cojo una revista de autos del estante polvoriento y una cajetilla de cigarros junto con una de goma de mascar de menta formándome en la fila donde se me apetezca.

—Espera tú turno idiota, llevamos quince minutos en la fila— me grita un hombre tatuado atrás.

Me giro lentamente, por mi tamaño retrocede para poder verme la cara. —¿Me hablas a mí?

Se pone pálido. —No— aparta la mirada y de inmediato toma su canasta para buscar otra caja abierta.

Me río en silencio mientras abro una cerveza y me la acabo en pocos segundos, la anciana detrás de mí es tan amable de acercarme otra de su canasta, le guiño un ojo y paso a mi merecido turno. La cajera se queda petrificada con los golpes en mi cara, la sangre en mi ropa, las esposas rotas que cuelgan de una de mis manos y mi ojo hinchado.

Corto la mitad de la goma de mascar metiéndomela a la boca y enciendo un cigarro sosteniéndolo entre mis guantes de cuero. —¿Esto sería todo? — pregunta nerviosa pasando mis productos por el escáner.

—Más una botella de agua.

Carraspea conteniendo una risa de mi acento británico como cada maldito ciudadano de este lugar. —Agua— imita mi acento.

—Maté a la última mujer que se burló de mí y me dieron veinte años de cárcel que acabo de cumplir hoy por decisión propia, maté a los policías que me escoltaban a una nueva prisión— susurro dándole una calada a mi cigarro y veo como se tensa pasándome una botella con las manos temblorosas.

—Son siete, con noventa y nueve, pero para usted, paga la casa.

—No es necesario, soy un asesino responsable— me giro al idiota más cercano, un vago de cabeza rapada —Dame ocho dólares bastardo, rápido — asiente y saco uno de veinte, se lo arrebato para la cajera — Quédate con el cambio — le dejo la propina saliendo de la tienda de auto servicio despreocupado.

Palmeo el hombro del oficial de seguridad de la entrada y me subo a la patrulla dónde me trasladaban al aeropuerto para llevarme al Caribe, empujo al policía muerto del asiento de atrás y enciendo la sirena para evitar el tráfico matutino.

Pongo el BBC en la radio y silbo una canción fumando mi cigarro. Mis extremidades se sienten oxidadas después de tanto tiempo de encierro y tantas malditas torturas. El Sargento Prescott de verdad es una pequeña perra.

Esa flacidez de mis brazos es una burla para los músculos que suelo tener cuando entreno, Parezco un anciano , tengo que resolver el asunto. Busco en internet el gimnasio más cercano de la zona en el celular de la otra oficial muerta.

—Ese es el último discurso del ministro Aslan — dice la mujer en la radio —Quédense en sintonía en la BBC porque me informan en cabina que se harán dos menciones honorificas, en memoria de dos figuras importantes en todo el país desde uno de los medios más importantes londinenses.

—¿Y a mí que cojones me importan las menciones de muertos? — lo apago mientras conduzco en un barrio de paredes pintadas con aerosol con rejas en todas las ventanas.

Me acabo dos cigarrillos buscando uno de sus gimnasios locales que mostraban en la web, a propósito, escojo el más desgastado y es un desecho de aparatos viejos y oxidados. Dejo mi patrulla en la entrada bajo la mirada de todos los habitantes del vecindario.

Esa esposa en mi mano derecha me sigue cortando las muñecas. Saco una de las afiladas navajas del cadáver y comienzo a cortar el metal con mucha fuerza sobre el capote dándole los buenos días a todos los que pasan mirándome boquiabiertos.

—Lárgate de aquí, vas a atraer a la policía y no nos gustan los problemas— una señora me interrumpe cuando voy a la mitad de mi corte del metal.

—Esto está lleno de criminales madame.

—Pero saben como esconderse, tú andas en una patrulla con dos cadáveres de policía dentro, te debe venir persiguiendo un ejército. ¡Lárgate ya!

Me río en voz baja, el imbécil que haya pensado en contratar mercenarios iranies para ahogarme en el Caribe debe ser igual de gracioso que está adorable señora. A esos mercenarios me costó matarlos más rápido que a mi aburrimiento.

Sigo cortando el metal hasta que se rompe y agradezco porque me da jaqueca con los reclamos de la mujer, le doy una inclinación de cabeza.

—Cuide mi patrulla, voy a ejercitarme un rato, después iré a comer a su casa y me preparará pie de manzana como si fuera cuatro de Julio— le guiño un ojo y me escupe sacándome el dedo medio.

Entro sin inscribirme y me quito la chaqueta dejándola en un asiento polvoriento, estoy sorprendido, este lugar está más limpio que las jaulas. Saco un pañuelo y limpio el lugar donde la dejo ordenada en el asiento acojinado con trozos de tela rotos por todo el respaldo.

—El asilo de ancianos es en la otra calle abuelo, ve a joder haya para que cambien tus heces— se ríen dos adolescentes afroamericanos con rastas mientras estiro mis brazos calentando los músculos.

—Y el hospital a cuarenta cuadras, aunque dudo que puedan reconstruirles las columnas cuando se las atraviese con la barra de pesas— ni me molesto en ver sus expresiones, ya se largaron porque ya no escucho sus respiraciones.

Esta ciudad es muy divertida es como el lado colorido de la mafia en una comedia de Hollywood.

Fumo mi tercer cigarro esperando que mi cuerpo agarre temperatura normal y evitar desgarros, me enrollo cinta dejando salir círculos de humo y me levanto a pegarle al saco con los nudillos sin más protección poco a poco se ponen rojizos y en segundos la sangre mancha la cinta.

Continuo una hora y media los golpes cada vez más secos, en mi entrenamiento corporal lo que cuenta es el dolor, ahí se comienza a sentir el esfuerzo.

La primera prisión que pisé fue en mi arresto fue Afganistán, no estoy seguro hace cuantos días fue, o cuanto tiempo llevo preso porque recién maté hoy a los policías, pero sin duda ese primer lugar fue un golpe bajo del Sargento Prescott.

Tuvo que encerrarme en medio Oriente para evitar mi liberación. Hace tanto tiempo que no descuartizaba a tantos árabes con la punta de un tubo de acero, estoy envejeciendo como el vino, cada vez mejor.

El hombro me sigue doliendo, no sé cuántas golpizas recibí, deje de contarlas cuando vomité sangre, no creo que mis costillas queden igual que antes, debo tener al menos dos rotas.

Lo único bueno que me dejó el ejército es utilizar el dolor físico a mi favor, siempre a mi favor y cuando se acaban las armas, el maldito cuerpo se vuelve una hasta la muerte.

Desde que entré a la mafia con Maya supe que moriría, eso es seguro para cada uno de nosotros, pero ningún político me va a matar, prefiero matarme yo mismo.

Veo a lo lejos a una mujer joven de cuello suave y cabello negro corto sobre sus hombros sentada en un roído asiento de cuero, deja una bolsa de gimnasio en el suelo y pasa directo al asiento de pesas sin prestarle atención a los otros miembros de este basurero.

Tiene los brazos tatuados en su mayoría, pero los que llaman la atención son los que tiene alrededor del cuello, es mucho contraste para su piel blanca y reconozco la tinta para saber que son recientes, muchos de ellos aún tienen el plástico protector puesto.

Soy muy observador con ella, pero está de espaldas para que vea si tiene perforaciones que sería el toque final de su imagen. Pego más fuerte en el saco esperando ver qué clase de peso alza, debe ser el mínimo, un cuerpo tan menudo se rompería en esa máquina.

Se sienta respirando hondo y veo que colocar más de cuarenta kilos en su barra de metal. Eres un poco ambiciosa. Me río de lado esperando ver como su pequeña cintura se rompe con ese peso exagerado, ambos de sus muslos caben en la palma de mi mano y fácilmente le rompería los huesos si quisiera.

Sus delgados brazos se tensan cuando baja.

Toma una respiración tensando sus pechos y... con un gruñido alza la barra de metal.

Alzo mis cejas tragándome mis malditas palabras, hace otro quejido más fuerte y vuelve a subirla.

La única mierda que me faltaba.

Yo nunca olvido ni el más mínimo movimiento de una persona cercana, mi cuerpo envejece, pero mi maldita memoria jamás.

—La puta que me parió— detengo mis golpes y saco un arma vieja de los policías muertos.

Esto es lo que me faltaba ver en esta ciudad de porquería, vine directo a Nueva York tratando de localizar el lugar de trabajo de Jack y para encontrar a la familia del Sargento Prescott para darles las gracias por mi encierro y lo único que me encuentro mi primer día libre es con este pedazo de mierda.

Pongo el gatillo en su cabeza y sus manos tatuadas flaquean tirando la barra de metal sobre su bolsa de gimnasio. Con el cabello negro es casi irreconocible, poco a poco alza los ojos azules hacia el arma sin moverse.

—Conozco más de treinta maneras de romperte el cráneo, los asaltos clandestinos no me asustan, seré paciente los próximos segundos.

—No es un asalto clandestino maldita mugrienta, yo conozco el doble de formas para que dejes de respirar y sólo usaría una mano.

Los ojos azules suben poco a poco y me mira con sorpresa jadeando con demasiada confusión que si no conociera lo mentirosa y manipuladora que es diría que es genuina, pero al diablo con ella.

—¿Ethan? — frunce el ceño palideciendo como si hubiera visto a un muerto.

—¿Qué haces en Nueva York? ¿Viniste a buscar a mi hijo? ¿Cómo saliste del hoyo mugrienta?

—¿Y quién demonios se supone que es tu hijo? ¿Alguna vez te casaste? Ya es tarde para concebir a tu edad—me barre con la mirada.

—No te andes con juegos, que tengo nula paciencia.

—No hay duda que a dónde sea que vaya siempre encuentro a todos ustedes hijos de puta, parecen cucarachas, se reprodujeron el doble de lo que recuerdo en tan solo un año— resopla sacudiendo los hombros — No se puede huir de esta mierda fácilmente.

—¿Cuáles son tus últimas palabras antes que seas un número más en la lista de mortandad de este año?

—Cálmate ¿De acuerdo? Podemos hablar como personas civilizadas, aunque no lo creas.

—Me fío más de una rata que de ti.

—Estoy lejos de toda la mierda por si no te has dado cuenta con mi apariencia— extiende los brazos —Este es el peor gimnasio de la ciudad y menos transitado, justo lo que necesito para mantenerme lejos de los ojos públicos.

—Empieza a decir la verdad porque en menos de tres minutos estarán recogiendo tus sesos de ese asiento— mi paciencia está a segundos de terminar.

—Esa es la verdad, joder, ¿Qué haces tú aquí?

—Yo soy el que hace las preguntas— pego mi arma a sus sienes y su cuello tatuado enrojece—Ahora, dame sola una razón para que no te mate Alesha.

¡Hola sexys!

¡Esta vaina se prendió! ¿Alesha será amiga o enemiga? Las personas malas nunca cambian...

¡Los amo tres millones!

- Karla .

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