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CAPÍTULO 6

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CAPÍTULO 6

Emma.

—¡Bloqueen toda la zona, no dejen que se larguen con mi hijo! — el grito de Logan me hace apartar el rostro de Alexander.

De los jeep salen más de los kray que habían informado en el vuelo comercial.

—¡Los francotiradores protegiendo al lobo! ¡Quiero a cada maldito y mugroso kray que veo muerto, rematen los cadáveres no quiero errores como en Dinamarca asquerosas ratas! — Caterva grita caminando entre las camionetas.

Degüella a un kray con una de sus dagas finas, pero incluso cuando su cuerpo cae moribundo le dispara a la cabeza limpiándose el sudor de la frente con la mano.

—¡Den største beskyttelse for min kone! — la voz de Alexander suena ronca.

—¡Ya oyeron al lobo! ¡Los conservadores rusos del lado de la señora Roe! ¡La mayor protección para ella! — el hermano de Wren recarga su metralleta y me veo rodeada de los más poderoso de la mafia del lobo.

Más de nuestras camionetas aparcan en la carretera derrapando las llantas, de cada una bajan corriendo grupos armados de nuestros asesinos del último vuelo que ordene traer a última hora.

—¡Ya estamos aquí mi señor! — gritan los hombres vestidos de negro con chaleco antibalas colocado.

El sonido del tiroteo empeora en la carretera que hemos bloqueado, la policía local llegará a la zona pronto, si no lo hace el MI6 primero.

—¡Retrocedan! ¡Son demasiados! — un kray trata de advertirles, pero Logan se pone al frente de la línea de francotiradores.

—¡Nadie va a retroceder hijos de perra! ¡Mi hijo va a regresar conmigo! ¡Manda a traer al MI6 a esta zona idiota! ¡Necesitamos apoyo del inútil ministro Aslan!

Un golpe seco lo tumba al suelo y en instante tiene a Bennett azota su bota contra su cuello y lo azota contra el asfalto de nuevo. Grita y lo patea desde su torso hasta la parte baja de su estómago, entre dos grupos de kray tienen que apartarlo, pero como buen camaleón se escabulle lejos de ellos.

—¡Corten la comunicación de la base del MI6 de Donegal para evitar que se contacten con el turco! — ordeno y Bennett asiente sacando su dispositivo.

—¡Que se limpie la zona inservibles! — grita Caterva —¡Aquí no quedará rastro de quién se llevó al lobo! Veremos si el turco o la General Hilton dan con nosotros tan rápido como quieren.

—¡Tenemos que sacar al lobo de Irlanda!

—Levántate— pide Alexander —Entra a una de las camionetas, voy a sacarte de aquí, los jeep de Logan traen rastreadores del MI6, como cada kray.

Mierda. —Tenemos que despegar la carretera.

Asiente —Vámonos, quiero que quemen los cuerpos— ordena.

Trato de levantarme, pero mi pierna no coopera y quedo como un peso muerto sobre Alexander.

Algunos de los kray que quedan vivos levantan a Logan inconsciente y con la cabeza ensangrentada por los golpes, lo meten de emergencia a uno de sus jeep mientras el resto se dedica a cuidar el perímetro de nuestros francotiradores.

Bennett tiene una metralleta sobre una de las camionetas y está apuntado directo a ellos, mata al menos a siete Krays antes de girarse al resto de asesinos y colocarse junto a ellos para recargar su arma.

Su puntería me dejó anonadada, estuvo a segundos de matar a su padre, la golpiza que le proporcionó hizo que Logan no tuviera tiempo de reaccionar para defenderse.

Empieza una ligera lluvia y se me está congelando el cuerpo con la ropa húmeda que se me pega a la espalda.

Siento que el corazón se me va a salir del pecho, encontré a Alexander. Le sostengo el rostro entre mis manos mientras mantiene la frente pegada a la mía, su cabello se va empapando con cada gota, pero no se aparta de mi toque, jadea tanto como yo.

—Les dará una neumonía a estos dos, tienen una camioneta a un par de metros y no se suben— susurra Caterva cubriéndonos como Bennett.

No hago caso de su humor y sólo basta que Alexander mueva su cabeza en su dirección para callarlo y que carraspee comprobando los rastreadores que tenemos activos por la ciudad.

—Aquí no hay nada que ver, muévanse a las camionetas.

Hacía falta mi hombre en la mafia, raspo mi nariz por la de Alexander besando todo su rostro a pesar de que se tensa tratando de apartarse y siento algunas áreas abultadas... ¿Son golpes? Los toco suavemente, pero aparta mis manos.

—No puedo verte bien.

—No quieres hacerlo— suena enojado.

Un grupo de sirvientes corre al mando de Alexander preguntándole que pueden proporcionarle para su comodidad, pero a ninguno le responde, se dedica a sujetarme junto a él, los sirvientes se quedan a nuestro alrededor en silencio.

—Ordene la retirada mi señora— dice Caterva a mi espalda, aunque no le pide autorización a Alexander.

—Tenemos que irnos de aquí cariño, tu traje se está empapando.

—Es ropa barata que me proporcionó Rebecca en mi celda— la mención de esa mujer me hace enojar en segundos, quiero un reporte de su muerte en las próximas horas, eso bajará un poco el enojo que traigo encima.

En cuanto tenga oportunidad iré de cacería contra ella.

Cada una de las personas involucradas en el ataque de nuestro Palacio, van a pagar con creces lo que nos hicieron.

—No quiero que te enfermes— me toma de la cadera para levantarme.

La lluvia arrecia y resbalo un poco tratando de ayudar a Alexander, mis botas quedas empapadas con los charcos. Una mujer quiere ayudarlo, pero se aparta bruscamente de ella y de cualquiera que no sea yo. — Apóyate sobre mi hombro.

Grito cuando uno de los kray restante se logra colar entre las camionetas con una metralleta, en automático la mano de Alexander me jala detrás suyo protegiéndome con su cuerpo y con su arma lo mata con dos disparos en la cabeza.

Al instante los conservadores rusos disparan a la misma dirección.

—Me cago en mis muertos — Caterva me mira con las cejas alzadas mientras el lobo cambia el cartucho con una sola mano.

—¿Estás bien? — jadea sosteniéndome y pasea sus manos por mi rostro y mi cuello.

—Sí— mi voz suena temblorosa, Caterva no deja de vernos con el ceño fruncido.

—Suban a mi esposa a mi camioneta, nos largamos— ordena.

—Entendido mi señor. ¡Acerquen las camionetas del lobo a la carretera!

Camina unos pasos sosteniendo mi mano, pero todavía tengo el pulso desbocado de lo cerca que estuvo el kray de dispararme ¿Qué mierda acaba de suceder?

—¿Emma? — Alexander interrumpe mis pensamientos y siento un escozor que se abre en mi pecho cuando estira la mano a donde cree que estoy y cierra los ojos al no encontrarme.

No veo con tan poca luz, pero parecen golpes en su rostro. Ellos no se atrevieron a tocarlo de ninguna maldita manera. Los mataré. Trato de acercarnos a uno de los faros de nuestras camionetas, pero su cuerpo pesa demasiado y con un brazo no puedo.

—Tu brazo está roto— toca el cabestrillo recordando la última vez que me vio en Dinamarca después de la explosión de mi camioneta y el enojo en su voz es perceptible.

—Apóyate sobre mí.

—No, te siento muy débil ¿Qué pasa con tu pierna? Dime que estos inútiles no tienen nada que ver o aquí mismo los mato por no cuidar de ti.

Sonrío de lado y se siente tan liberador volver a mover mi rostro después de ese espectro sin vida que he sido durante horas y horas.

— Acabo de sacarte de la prisión donde te tenían torturado, no puedes salir y preocuparte por mi primero antes que, por ti, no voy a permitirlo, señor Roe.

Vuelve a tocar el cabestrillo y el ceño se frunce más, veo el nerviosismo en la expresión de Caterva y en los demás miembros de la mafia, el miedo que impone Alexander y que no hubo en su ausencia

—Me importa una mierda mi condición, quiero cada maldito detalle de lo que te hicieron. ¿Por qué no puedes mover la pierna? ¿Quién se atrevió a tocarte? — demanda con ese tono grueso que aterroriza a la mafia.

—Nadie mi señor, lo juro por mi vida— se arriesga a hablar uno de nuestras francotiradores —. Hicimos todo lo necesario para convencer a su esposa de regresar a Dinamarca para una revisión, pero ella se negó y…

—Hold din mund— la voz enojada de Alexander lo silencia y asiente agachando la cabeza—. Alle vil blive straffet for hver skramme min kone har.

Cállate, todos serán castigados por cada rasguño que tenga mi mujer.

—Señora Roe, por favor— el francotirador me mira con nerviosismo buscando ayuda para la amenaza de Alexander, pero ambos sabemos que es imposible discutir con él, enojado.

Aliso su cabello empapado y me pega a él cuando me siente temblar de frío. —Estás helada— se quita el saco del traje y me lo coloca sobre los hombros perfectamente.

No me hace falta ninguna manta, sólo con tenerlo cerca me siento abrigada y cálida, pego mi nariz a su cuello.

—No mates a los francotiradores, te explicaré todo en casa de Cora— dejo que me sostenga sintiendo todo el cansancio al que no me sometí desde el nacimiento de nuestros hijos.

—¿En casa de Coraline? ¿Por qué?

—Desde hace meses vive en Limerick, hace un par de días que estamos aquí por ti y nos dio asilo en su Penthouse.

—Tenemos una fortuna para estar lejos de esta rubia que grita como vagabunda de las calles, no necesitas asilo de nadie, tu posees toda la maldita ciudad — casi percibo que rueda los ojos, aunque los tiene cerrados.

—Quería verla después de tantos meses, además tengo otra razón.

—¿Qué razón?

Miro a Bennett a lo lejos —Una importante, te diré después— beso su pulso para distraerlo del tema y me froto como un gatito contra él.

—No actúes mimada Emma, estoy cabreado — me advierte —Te pusiste en riesgo, el ejército de Irlanda tiene bloqueos por casi todas las zonas centrales de la ciudad ¿Sabes lo peligroso que es eso? ¿Decidiste venir a Irlanda sólo unos días después de mi encierro? Debiste quedarte en Dinamarca recuperándote y con nuestros hijos.

¿Cómo sabe sobre el ejército? — No sin ti, viajé tanto durante tantas horas de continente a continente por ti mi amor— su pecho se expande con ese sobrenombre y vuelvo demostrarle mi cariño con mi lenguaje corporal —El maldito Pentágono no me iba a arrebatar a mi marido, traje todo lo que tenemos.

—¿Qué significa eso? — suena sin aliento.

—Que estamos rodeados de quinientos asesinos en este preciso momento— miro a nuestro alrededor a las más de cien camionetas que nos rodean.

Vi el miedo en los kray cuando los embestimos. Somos demasiados para matar a cualquiera, si no lo hicimos fue porque no sabíamos en cuál de todos esos jeep venía Alexander.

—Hemos matado a más militares de lo que había planeado está noche, había cuatro bloqueos por la ciudad y los quité de mi camino, exploté sus malditas camionetas— sueno como una demente —También envié francotiradores a la base del MI6, en camionetas que no tenía nuestra insignia, pero eran una simple distracción, comenzaron a matarlos en cuanto saliste rumbo al aeropuerto, quiero al Borah muerto y a Rebecca también.

Mira a su espalda y uno de nuestros sirvientes corre con un par de sombrillas negras a cubrirnos de la lluvia. —Disculpe la tardanza mi señor— el ambiente temeroso de nuestra seguridad ha vuelto con su presencia y aunque normalmente no me gusta, está vez lo disfruto porque tengo a mi hombre conmigo.

Por alguna razón Alexander se mantiene reacio a mi contacto como si quisiera alejarse, pero entre más afecto le muestro cada vez le es imposible resistirse a bajar la boca a la mía, la aparta al instante como si se regañara mentalmente, aunque a los segundos la pega otra vez cayendo en la tentación o el pecado.

Permanecemos cubiertos por las sombrillas negras mientras ordena la revisión de la carretera. Hace ya casi veinte minutos que la gente de Logan se ha dispersado por Irlanda y si utilizan alguno de los aeropuertos privados para dejar el país lo sabremos, los tenemos todos vigilados.

Bennett va a revisar toda el área cerca de las curvas, a los kray heridos que encuentra los remata.

Bennett Roe es modo hacker es muy peligroso.

—La rusa, hermana de Dimitry, está atravesada en el cristal de uno de los jeep.

—El accidente ocurrió cuando nos embistieron— Alexander señala en su dirección.

—No está muerta, mi señor, pero si tiene trozos de cristal por todo el cuerpo. ¿La rematamos como al resto?

—No, nos la llevaremos con nosotros.

—Aunque su hermano está muerto, a ella la seguirá buscando Logan— advierte Caterva y tengo que darle la razón, pero Alexander no explica nada y Bennett saca el cuerpo de la joven con cuidado.

Tienen sangre en los brazos y en la cara. —Si Logan la ha mantenido de su lado tanto tiempo es porque le es útil, recuerda que la última cena de los Pitt hizo todo lo posible para evitar que nos la llevaremos.

—Esa es la razón principal— no explica más.

La rusa tiene sangre en los brazos, Caterva la carga en una de las camionetas sobre su hombro y la deja en la parte trasera como un bulto. —Yo no soy niñero de nadie— azota la puerta.

Alexander recibe su IPad, pero lo guarda en la bolsa interna de un abrigo negro que le proporcionan los sirvientes, me traen uno similar casi corriendo, la mujer se resbala dos veces bajo el agua, pero se levanta aun con dolor de rodillas para no ser regañada por Alexander.

—Mandaste a matar al piloto del avión privado y averiaste el motor del jet— no es una pregunta, es demasiado inteligente para haber reunido todas las pruebas, incluso si tuvo que viajar en un vuelo comercial donde estaba siendo monitoreado todo el tiempo.

—Sí— no quiero hablar de los planes, estoy eufórica, la sonrisa del rostro no me la quita nadie.

—¿Es lo único que dirás? — asiento mientras pego mi mano en su pecho y cuido de su labio inferior besando sus mejillas y volviendo a probarlo, pero cuando me hace apartarme de su boca trata de recordar lo que dijo.

—El MI6 secuestró nuestro Raptor en Londres, tenía pocas horas antes de que te trasladaran fuera de Irlanda, o viajaba a Donegal o te traía a la ciudad, así que reuní a todos nuestros asesinos y los dividí por el país entero— explico — Cada frontera de Irlanda está siendo vigilada por la organización del lobo, traje a nuestros sirvientes de Rusia, Londres y Dinamarca.

Siento que su cuerpo se tensa debajo del mío, cuando jadea sale humo de su boca por el frío que hace. —Joder Emma.

—Tenemos el cargamento de armamento que traficamos desde Rusia, el mejor de los camaleones está a nuestro servicio, en pocas horas puedo mandar a este país a la mierda — me siento violenta, la desesperación me llevó a tomar medidas extremas.

Ahora que digo todo lo que hicimos en su ausencia en voz alta, siento miedo de mis propios actos, pero no arrepentimiento, apenas he dormido desde la última vez que nos vimos en Dinamarca.

—¿Tomaste el control de Irlanda en un par de días?

Asiento, aunque no puede verme. — Si yo no te tengo, ellos tampoco— advierto.

Su mandíbula se tensa y su agarre en mi cintura se aprieta. No sé lo que está pensando y tampoco me lo dice, sus dedos se pasean suavemente sobre mi vientre y abre los ojos, ver el color verde sin vida es nuevo para mí —Quiero una revisión inmediata del médico para ti.

El señor dominante ha vuelto, pero no voy a ser obstinada esta noche — Lo haré.

—Te pondré en revisión las veinticuatro horas del maldito día.

—Perfecto.

Niega con la cabeza sin poder contener su preocupación por mí, pero es mutuo. — ¿Dónde están nuestros hijos? ¿Quién está cuidando a mis herederos?

—Cora, su residencia está protegida, la organización está en todo el edificio.

—Tenías que traerlos a esa mujer — voltea los ojos.

—Están ansiosos por verte tanco como yo— se me quiebra la voz.

—¿Hvor er mine biler? — su voz suena ronca cuando se dirige a Caterva.

¿Dónde están mis autos?

—Dine biler kommer, min herre— responde el pelirrojo a nuestra espalda —Hay más por explicarle, han sido unas horas interesante en Londres y Dinamarca bajo el mando de mi señora.

—Mantén el informe privado hasta que nos reunamos en unas horas.

—Entendido, mi señor, aunque querrá saber que hay una detonación esperando en Londres, los conservadores rusos no tuvimos mucho control sobre la organización estos días, tratamos de detener esa orden para evadir al gobierno inglés, pero su esposa se negó.

—¿Qué mierda dices?

—Se lo explicará mi señora.

Me queman las mejillas, quizá fui a los extremos. Alexander espera a que le aclare la situación. Miro a Caterva por apoyo, pero se encoje de hombros y me da la espalda, Alexander arquea una ceja esperando y me remuevo nerviosa.

—Implanté la bomba de Raven en la sede del parlamento inglés, el hacker colocó un conteo de dos semanas para detonarla.

—Quiere matar al turco, pero con esa bomba se va a cargar a todo el puto gobierno— Caterva se entromete y quiero que la tierra me trague.

—Fui a los extremos— digo con un hilo de voz y lo que parece ser el fantasma de una sonrisa cruza su rostro, pero en segundos vuelve a estar serio dando instrucciones a la mafia.

Veo a Bennett hacer amago de acercarse a su hermano, pero no se decide a dar el primer paso. Siento la mano de Alexander en mi vientre cuando me pega a él.

—Mi señor ordene la retirada, debemos resguardarnos en Limerick antes de que el Mi6 nos encuentre.

—Necesitamos volver a la casa de Cora— lo insto a seguirme, aunque mi pierna y brazo roto no ayuda. —¿Alexander?

—Tiene que acompañarme a una de las camionetas mi señora—me detiene uno de los sirvientes aprovechando que los conservadores rusos apartan a Alexander de mi lado.

—Iré con mi marido.

— Por su seguridad tendremos que sacar al lobo de inmediato de Irlanda— explica Caterva evitando que vea a Alexander.

—Me parece adecuado, pero no tenemos…

—Trae mi camioneta— la voz de Alexander no suena normal, lo veo caminar hasta una de la puertas dándome la espalda.

—¿Qué mierda sucede?

—Mi señora, los conservadores rusos hemos hablado en reuniones privadas todos estos días, y le hemos preparado un vuelo privado a mi señor, lo trasladaremos hasta Moscú solo, por su seguridad y por orden de la mafia, dado que su estado físico actual está deteriorado, en especial su vista.

—¿Qué?

—Usted y sus herederos serán llevados de vuelta a Dinamarca con la máxima seguridad.

—No van a apartarme de Alexander— me zafo de su agarre y Bennett corre hasta mí para evitar que me caiga—Nadie lo va a hacer.

—Los conservadores rusos ya lo han decidido, mi señor será traslado en este momento, se planea que su estancia en Moscú sea de…— mira sobre su hombro — Estará en Rusia dos años.

Miro con recelo a Caterva, me siento traicionada por todos los conservadores, la camioneta que Alexander pidió se estaciona a unos metros de mí.

—Deben estar apartados al menos durante todo el periodo de recuperación de mi señor, eso es lo que los conservadores aconsejamos que se haga y sabemos que el lobo estará de acuerdo con nosotros— continua y Bennett me sostiene mientras mi cabeza comienza a dar vueltas.

—No puedo respirar.

—Ven conmigo— susurra Bennett aún con todo el rostro cubierto.

Niego, no puedo dar ni un solo paso sin sentir que voy a caerme, la actitud distante de Alexander altera mis miedos. —No va a abandonarnos para irse a Moscú.

—Lo hará— Caterva me mira fijamente y pierdo las pocas fuerzas que me quedan.

—Emma ¿Te encuentras bien? — escucho la voz de Bennett, pero muy lejos, pero dejo de ver con claridad.

〘 〙

Alexander.

Pasé encerrado ciento sesenta y ocho horas en la prisión del MI6, tratado como un perro y sometido a distintas torturas, unas más sádicas que otras la mayoría hechas por Logan, pero esas me han seguido toda mi puta vida.

La piel de las muñecas me escuece por el roce insano de las esposas. Puedo sentir la carne abierta de lo profundo que se metió el metal mientras me jalaba cada que Rebecca se metía a mi celda y trataba de asesinarla.

Sólo los cobardes sienten dolor y lloriquean, los fuertes levantan el rostro y reciben con una sonrisa el siguiente golpe.

Así lo hice durante mis días de tortura, la mejor venganza contra el enemigo es no darle la satisfacción de verte sufrir.

Cada minuto que pasa me detengo de matar a Caterva, está arrodillado en el suelo de esta pocilga de lugar al que la rubia llama residencia.

Acerco mi mano a la mata de cabello del pelirrojo y cuando lo tengo sujeto azoto su cara contra la pared. — Tilgiv mig, min herre.

Perdóneme, mi señor.

Gruñe con el crujido de su mandíbula mientras su sangre me baña los dedos y cae sobre la alfombra que siento bajo mis botas, jalo su cabello y lo azoto una vez más, la madera cruje alterando a los lobos de Emma que aúllan arañando el suelo.

No me hace falta ver para torturar al más estúpido de mis conservadores rusos.

Se caen un par de libros de los estantes de la biblioteca de la rubia. ¿Quién trae a un ciego a una biblioteca?

—Tilgiv mig, min herre — suplica cada que tiene un momento de lucidez —. Tilgiv mig, min herre.

Perdóneme, mi señor. Perdóneme, mi señor.

Podría quejarse de dolor como un marica, pero está criado en la mafia, aguanta cada golpe, sólo suplicando mi perdón. —¿Tú tomas mis malditas decisiones?

—No.

Continuo con la tortura hasta que su cuerpo se desploma de la silla donde hice a mis criados atarlo. Está rogando en silencio que mi esposa despierte porque cada minuto inconsciente será el infierno para él.

Apoyo la mano en una mesa y escucho que se caen varios pinceles y botes de pintura. Oír que Emma se desmayaba me llenó de rabia.

—¿Qué es todo ese ruido y esos quejidos? La biblioteca de Cora siempre debe mantenerse cerrada porque fue muy costosa— escucho la voz de la anciana impertinente que recuerdo de la fiesta de compromiso.

—¡Tía te dije que no salieras de tu alcoba!

—¡Dios mío! — el grito horrorizado me ensordece cuando se abre la puerta cuando vuelvo a azotar el cráneo de Caterva.

—¿Quién dejó entrar a esta impertinente? — hablo en general a alguno de mis criados —. Sáquenla.

—Enseguida, mi señor.

—¿Qué mierda es esto? ¡No me toquen! ¡Ese hombre tiene la cara bañada de sangre! ¿Ese es su hueso? — vuelve a gritar la loca —¡Coraline! ¡Ven aquí! — su llanto es desesperante —¡Están rompiéndole la cabeza a este hombre!

Se escuchan los pasos corriendo por el pasillo. — Tía, será mejor que te alejes de la biblioteca y no te vuelvas a acercar a este pasillo— la voz de la rubia es clara.

—¡No me digas que hacer en mi propia casa! ¡Te advertí que traer a esa mujer nos traería problemas! ¡Mira está mierda! — hace sonidos de arcadas.

—¡Dije que nos vamos tía!

—¡Mira en lo que nos metiste! ¡Maldita perdida! ¡Eres una estúpida como dijo tu hermano!

La silla en un rincón de la biblioteca se arrastra y alguien se levanta bruscamente, sus pasos se dirigen a la puerta. Pongo mi mano izquierda a donde sé que pasará y pego en su abdomen. Reconozco su musculatura, es el adicto. — Tú te quedas aquí.

—Desde cuando debo seguir tus órdenes— susurra muy bajo.

—Desde que trabajas para mí, te di la opción de largarte con la adicta y regresaste, ahora estás bajo mi mando te guste o no.

—Soy excelente en mi trabajo, pero no cuando se trata de Coraline — susurra otra vez y sonrío de lado, casi olvido su pequeña debilidad por la rubia, se tensa bajo mi brazo —No sonrías de esa forma, con ella no Alexander, ella y mi hijo sin intocables.

—¿A qué le tienes miedo adicto?

—Lo que sea que esté pasando por tu cabeza hazlo conmigo, no con ellos.

—¡Tía nos vamos!

—¡No me toques! ¡Me asqueas! ¡Dylan tenía razón sobre ti! — se escucha una bofetada y en segundo Bennett ya no está a mi lado.

—¿Qué hace el hijo de puta? La acaba de azotar contra la pared, va a asfixiarla — mi criado pasa a mi lado.

Escucho los quejidos y el grito horrorizado de la rubia, escucho como la azota de nuevo contra la pared y la rubia le pide que pare, pero el adicto no obedecerá a nadie. —No la mates, por favor— pide desesperada.

—Perdóname Cora— pide la tía con una tos entrecortada —Perdóname, te lo suplico sobrina, no quiero morirme… soy tu familia.

—Por favor Alexander, dile a tu hacker que no la mate, te he ayudado, incluso he estado revisando a Dina, hazlo como un favor especial por mi amistad con Emma— la rubia se dirige a mí.

No parará, los Roe no dejan que nadie toque a sus mujeres.

—Regresa a tu lugar camaleón, esta mujer no es un problema para mí— ordeno.

—Por favor— la rubia se sorbe la nariz.

Aunque no compruebo que lo hacen sé que por su respiración que la rubia lo está mirando fijamente porque de inmediato sus pasos regresan a su silla y se pone a teclear como desesperado.

—Saca a la loca de tu tía aquí Coraline o tendrá el mismo destino que Caterva, mis asesinos me protegen a toda costa, ya lo comprobaste con mi hacker.

Me pasan un pañuelo con el que me limpio la sangre de las manos con educación. Le hago un favor al adicto ocultándole su identidad a su rubia.

—¡Todos ellos son unos enfermos Coraline! ¡Todo esto es tu culpa! ¡Casi me matan! — maldice la anciana, la puedo escuchar incluso cuando cierran la puerta.

El hacker golpea la mesa gruñendo enojado.

—¿Qué hacemos con Caterva mi señor?

—Pasará la noche ahogándose sobre su propia sangre en esta misma biblioteca— ordeno mientras los criados del servicio médico revisan las heridas que traigo, en especial la de las muñecas y el rostro.

Son esas últimas las que más me joden que toquen, no han terminado con la revisión cuando ya me levanté llamándolos inútiles en todos los idiomas que conozco. Me golpeo con uno de los muebles de la biblioteca y lo pateo lejos de mi alcance.

—Tengo que familiarizarme con la casa— toco la pared del pasillo guiado por algún criado —Necesito saber su estructura completa.

—Es un Penthouse de dos plantas con una terraza en ambos pisos — dice mi criado —Las habitaciones del pasillo son las más grandes con mi estudio, la sala de estar está a su derecha y a su izquierda la cocina, cada doce pasos sentirá la alfombra.

—¿Qué hay en la puerta continua a la biblioteca?

—El estudio de pintura de la señora Coraline, pero está cerrado bajo llave y nadie tiene acceso más que ella, lo cuida como si ocultara algo valioso, no son más que cuadros ahí dentro.

—No me interesan sus cuadros, sigue con el recorrido.

—Los conservadores rusos queremos que sea sometido a revisión con el servicio médico de Moscú— escucho la voz del hermano de Wren cuando seguimos caminando por la sala de estar— Pero con la condición de Caterva entendemos que no quiere apartarse de su esposa, estamos esperando nuevas órdenes.

—Trae al servicio médico, aquí.

—Perfecto mi señor, nos disculpamos por la sugerencia de Caterva.

—La ineptitud de los conservadores actuales me hace plantearme la idea de quitarlos de mi mafia.

—Lleva años con nuestro servicio, mi señor, no es la opción más adecuada.

—Yo decido, lo que es adecuado para mi mafia, estoy hartándome. Llévame a la habitación de mi mujer, criado.

El olor a varas aromáticas es nauseabundo, pero están en cada pasillo, en una de las puertas se oyen las risas de dos niños, pero esos no son mis hijos. Mis hijos. Me dijeron que Emma los tiene con ella todo el tiempo, que no deja a nadie acercarse a nuestros primogénitos.

Pero ya no puedo ver sus rostros.

Abren la puerta de madera negra con dos ventanales.

—Su esposa llevaba mucho tiempo sin dormir y sin comer adecuadamente, por más que insistimos se negaba— explica el médico cuando entramos a una habitación extensa, puede que la más grande el Penthouse.

—Hemos tenido que sedarla para evitarle daños externos, con la caída del desmayo no tuvo golpes fuertes gracias al hacker— hay otro médico, rubio —Su esposa dormirá toda la noche, no debe preocuparse.

—Será monitoreada todo el tiempo y después todos ustedes están muertos.

El rubio traga con miedo en su mirada y se gira a ponerle una intravenosa a Emma, aprieto los párpados con ardor en mis corneas, toco la mano de Emma, está fría, todo lo que me han informado los conservadores rusos es que ha venido desde Estados Unidos a Irlanda, vuelo tras vuelo hasta dar con mi ubicación.

—Sé que momentáneamente no quiere una revisión para usted, pero la sugerencia del parche en uno de sus ojos que hicieron Maya y Jack en su momento, sigue abierta.

—¿Quién pidió tu opinión inservible?

El médico termina la revisión con ella y hago a todos largarse de aquí, su respiración suave baja un poco mi enojo por su desmayo. Toco sus párpados cierro los ojos recordando el color.

Los ojos castaños que no volveré a ver.

Mi grado de ceguera en el único ojo que funcionó estos meses es casi nulo, lo único que percibo son sombras que a veces se distorsionan con mucha luz.

Hace meses, Jack lo llamó los espectros de la ceguera donde la retina del ojo está afectada a un noventa por ciento y sólo se perciben las cosas como espectros borrosos, eso es lo que veo ahora, una figura que no distingo.

—¿Cómo puedo soportar no verte Emma?

Estoy tan absorto en mi esposa que cuando un escucho un balbuceo a unos metros a mi espalda me quedo inmóvil. Mis hijos. Giro el rostro y todo sin manchas distorsionadas en mi ojo hasta un doble porta bebés en la esquina donde hay dos pequeños en cada uno.

Me palpo el pecho aún inmóvil con Emma a mi lado inconsciente, un llanto se hace presente y mi pulso se desboca. —Ya despertaron sus herederos— entra una mujer del equipo médico —Tendremos que apañarnos nosotros solos ya que su madre está descansando.

Me habla, pero no puedo decir nada, sólo una vez, tuve oportunidad de ver a mis hijos y cargarlos, tengo el cuerpo molido en golpes, lo único que me mantiene en pie es Emma.

—Raven siempre es el primero en despertar como siempre— se escucha la sonrisa de la enfermera —Aquí vamos.

Siento la cobija antes de una mano muy pequeña y retrocedo con el ceño fruncido. —¿Qué haces?

—Dejar al pequeño con su padre, su hermana despertará en un par de minutos y tendremos que darles de comer a ambos, no creo que ese sea un problema, si la señora Roe no está con ellos es imposible calmar su llanto.

—¿Emma hace esto todo el tiempo?

—Así es, es la misma rutina con este par de personitas, Raven despierta llorando y Camille continua unos minutos después removiéndose— no me guarda el debido respeto cuando pone a mi hijo sobre mi brazo sin preguntarme.

Mi primogénito. Mi maldito pulso se desboca como la primera vez que lo sostuve en mis brazos en Dinamarca.

Los pequeños pies patean mi antebrazo cuando se remueve buscando una posición más cómoda. Sigo sin entender este asunto, mi estatura asustaría a cualquiera, pero un mini humano en la mitad de mi brazo puede cuerpo al suelo.

—¿Le pasa algo mi señor?

—¿Cómo…? ¿Cómo llamaste a mi hija?

—Camille, mi señora lo escogió, dijo que ese nombre es muy importante para ella— dice con orgullo —Camille y Raven. ¿Quiere cargar a su hija?

El nombre de la hija de Jack. Toco la cabeza del niño sin poder recordar como luce su rostro.

— Toma a Raven— extiendo el brazo, tengo que salir de esta habitación —Ahora.

Cuando me lo quita de los brazos salgo de la habitación acojonado y lo primero que ordeno traer es mi whisky escocés para embriagarme. Me quedo en la terraza, sigue lloviendo, pero necesito para mi dolor de cabeza y todas las emociones que me abruman.

Ha sido una puta noche larga, mi cabeza se moja mientras bebo. No puedo ver a Emma, tampoco a mis hijos. Ahora tienen nombre, todos los llaman por su nombre, saben exactamente como son sus rostros, excepto yo.

Quiebro el vaso y la botella casi vacía gritando de frustración en el maldito edificio.

Me quedo bajo la lluvia con los ojos cerrados. Emma ni siquiera ha visto mi rostro completo, no pudo por la lluvia y la falta de luz en la carretera. El humo de mi boca por el frío empaña los lentes negros que traigo puestos.

—¿Cuál es el estado de Dina Makova? — le pregunto a uno de mis criados que recoge los vidrios rotos.

—Todavía está inconsciente, tiene una contusión en la cabeza.

—¿Puede viajar?

—El médico no ha dado ninguna recomendación mi señor.

—Investígalo, se irá conmigo, diles a los conservadores rusos que viajaré en unos días después de realizarme una revisión médica que sugirieron.

—Por supuesto, su jet privado y su piloto están en la ciudad. ¿A dónde informo que viajará mi señor?

—A Moscú.

—Entonces aceptará la revisión médica que sugirieron sus conservadores ¿Vuelo para cinco?

Abro los parpados con la sombra de lo que una vez fue mi vista. —Sólo para dos.

—¿Está seguro mi señor?

No respondo.

—¿Confirma su orden?

Sigo en silencio.

—¿Mi señor? — insiste el criado y me quedo con los parpados cerrados aferrándome al barandal de cristal.

Tengo la imagen de los ojos castaños de Emma en mi cabeza, me palpo el abdomen con un gruñido, la herida de mi costilla está abierta.

—¿Mi señor? ¿Desea que regrese más tarde? Voy a retirar…— se queda callado de repente.

—¿Qué? — me giro viendo sólo destellos borrosos de la lampara.

—Su esposa está aquí, mi señor— carraspea y agacha la cabeza entrando a la casa mientras la silueta de Emma se queda parada en la entrada, le doy la espalda aferrándome al barandal.

¿En qué momento Emma se volvió el centro de todo mi puto mundo? —Dijeron que dormirías toda la noche— soy el primero en hablar —No salgas a la terraza, atraparás un resfriado.

No dice nada, espero pacientemente un par de minutos, pero no se oyen sus pisadas ni la puerta cerrándose, sólo se escucha como respira entrecortadamente.

—Regresa a tu habitación, necesitas descansar, aunque este edificio sea una porquería.

No me responde. ¿Se habrá desmayado? Me giro de inmediatamente apretando los parpados para al menos tratar de ver su silueta en el suelo, pero sigue de pie a la entrada de la terraza, no sé si me mira fijamente.

—Dije que entres, Emma.

Su nombre es el detonante para que mande a la mierda mis órdenes y se ponga bajo la lluvia caminando con dificultad hasta mí. Me giro de nuevo al barandal evitando que vea mi rostro, aquí hay lámparas entre las plantas sintéticas de la rubia, todo se nota.

—Estás herido— jadea con preocupación tocando mi costilla y su mano se mancha con mi sangre.

—No necesito ayuda— me suelto de su agarre bruscamente.

La escucho respirar hondo mientras empuja mi espalda y me obliga a girarme, su mano libre se aferra a mi abrigo empapado y me obliga a doblar el cuello para pegar su rostro al mío.

—¿Quién te hizo esto? —toca mis mejillas reparando en mi aspecto —¿Quién se atrevió a tocarte? — su enojo no está teñido de desagrado —Los mato, juro que los mato.

—Regresa adentro— me suelto de nuevo, pero me retiene.

—¡No! ¿Quieres estar lejos de mí por esto? ¡¿Crees que estoy contigo por tu aspecto Alexander?!

—¡¿No has visto mi maldito rostro Emma?!

—¿Tan superficial crees que soy? — me grita a la cara también, suena cabreada.

—¡Mírame bien! — tengo dos planes en manos, el primero es no ceder con Emma y lo cumpliré.

—¿Ya terminaste?

Trato de soltarme de su agarre, pero como no quiero lastimarla no uso toda mi fuerza —Suéltame Emma— le advierto, tiene que quitarme las manos de encima, mi cuerpo se vuelve lánguido cuando me toca. —Entra a la casa— ordeno otra vez con el rostro empapado.

Me sujeta de las mejillas —¡Escúchame bien! — pega su rostro al mío —¡Te amo maldita sea, Alexander Roe!

Puta vida.

Mi control se rompe, no hay tal cosa como el control con Emma Roe. —¡Dije que me mires bien! ¡Mira las cortadas en mis rostro! ¡Mira la nueva bestia que soy! — me quito los lentes negros con rabia.

No jadea con lo horrible de mi aspecto. — ¡Búscate una excusa mejor para alejarme! ¡Dije que estoy enamorada de ti! ¿Te vas a ir a Moscú? — se le quiebra la voz — ¡Dime si te vas!

Aprieto mis nudillos con toda mi fuerza. Mi maldito control se va a la mierda. La sujeto de los hombros.

— ¡Te amo carajo, maldita sea, te amo mujer! ¡Si me apartan de ti los mato! ¡Ya lo he hecho antes y lo volveré a hacer! — grito y choca su boca con la mía, su lengua busca con ansias la mía y la sujeto por la cintura levantándola unos centímetros del suelo.

Se siente la desesperación de nuestro beso, la atraigo hacia mi cuerpo, todo lo que pensé durante el encierro fue ella, sólo Emma. Estar alejado de mi mujer fue la peor tortura que recibí del MI6.

Evito el cabestrillo para no herir su brazo, la sujeto de la nuca separando nuestros labios unos segundos —Nadie me aleja de mi mujer— le advierto posesivo, el hecho de que lo haya pensado me enoja —Eso lo sabes Emma.

Tiembla con mi amenaza. — Sé que ha sido una noche difícil cariño, pero esta vez somos juntos contra el maldito mundo.

—Mira la bestia en la que me he convertido durante mi encierro y las torturas de cada noche— se remueve de mi agarre.

Cuando pienso que va a alejarse, la siento besar cada uno de mis golpes y cortadas con delicadeza, muy suavemente bajo la lluvia. —¿Qué haces?

—Te amo en todas tus facetas y defectos, en el bien o el mal, torturas o meses de paz, esa es la jodida verdad, lo aceptes o no Alexander.

Mi pecho da un vuelco, el hombre del que todos huían en la prisión del MI6 debió asustarla, el mismo irlandés que compartió mi celda me habló de mi aspecto, pero aquí esta esta mujer besando lo imperfecto.

Esta mujer menuda, Dios, sólo por esta mujer mato a cada maldita persona de este puto mundo.

A diferencia de los criados no siento el impulso de apartarla, no la lastimaría, su brazo está roto y noto que camina muy lento, casi arrastrando la pierna. No está asustada de mi aspecto, pero si tensa, está enojada con los que provocaron esto, puedo leer su lenguaje corporal.

—Vamos dentro, me estoy congelando— pide y en instantes la cargo, envuelve sus muslos sobre los míos y me guía por donde está la entrada. —¿Dónde está Caterva? No es que quiera verlo, pero hay un cuidador diferente en mi puerta.

—Está leyendo cómodamente en la biblioteca.

El tono de mi voz la pone alerta. — ¿Está muerto? — pregunta con nerviosismo guiándome a un nuevo pasillo y niego con la cabeza, no sé cuál puerta es, no es la de nuestros hijos porque no se escuchan llantos como antes.

Todavía no quiero ceder tan rápido al magnetismo que tiene sobre mí. — ¿A dónde vas? — retengo su cintura cuando entramos por una puerta.

—Quiero abrir la ducha. ¿No puedo apartarme de ti un metro?

—No— la retengo más fuerte —Duermes en mi cama, a mi lado, sin espacios.

Escucho su risa. —No voy a ningún lado, sólo quiero cuidar de ti, te prepararé un baño.

Mi cuerpo está molido, tengo una de las costillas rotas, apenas lo recuerdo, estoy tan acostumbrado al dolor físico que sólo cuando lo menciona recuerdo mis putas heridas. La cargo en brazos para que nos conduzca al cuarto continuo, la haré tomar ese baño, ella debe estar cuidada.

— Deja de llevarme en brazos a todos lados, tu herida me preocupa.

—Tu pierna está herida también y no me has explicado porqué.

Se remueve entre mi cuerpo y a los segundos escucho el grifo de la tina de mármol, atisbo a ver lo que parece su ropa, un vestido negro de mangas largas, pero la imagen se distorsiona a los segundos.

Me paso la mano entre el cabello, mi maldita mente puede estar poniendo estupideces en mi cabeza, mi ceguera es real.

Deslizo mis dedos por la tela y la alzo sobre mí. —Desnúdame— susurra en mi oído antes de buscar la hebilla de mi cinturón.

〘 〙

Emma.

Sé que su plan es no entrar en la tina, pero, aunque me cueste mover sus dos metros de altura lo meteré, necesito cuidar de él, trato de no gritar de enojo al ver su rostro magullado como hice afuera en la terraza.

Beso suavemente sobre cada maldita herida, las de su rostro siguiendo la línea hasta las de su pecho, al principio se tensa, pero conforme más tiempo lo hago se va relajando.

Voy a matarte maldita Rebecca. Le quito la ropa empapada con dificultad con una sola mano, nota que no puedo quitarle ni siquiera el abrigo, aparta mi mano y se lo quita el mismo, después va por la camisa.

Hay más golpes y una herida profunda cerca de la costilla izquierda con rastros de sangre seca a su alrededor. —Emma— gruñe cuando beso los golpes de su abdomen.

Deben dolerle.

La rabia me consume al ver más golpes con cada prenda que se quita, cuando termina tira las prendas al suelo y busca el borde de mi vestido tocando el cabestrillo para evitar lastimarme.

Sube la tela por mis muslos desnudos, sus dedos se quedan enganchados en mis bragas antes que me las quite y las arroje junto a su ropa no a la mía.

Cuando termina pone su rostro en la curva de mi cuello y su barba de días deja un cosquilleo en mi clavícula. —Voy a darte un baño cálido, ven conmigo— entierro mi mano en su cabello, pero sonríe de lado por primera vez y me alza de los muslos metiéndonos en la tina a ambos.

—¿Qué haces?

—No soy un marica que toma baños solo en una tina, quiero a mi mujer conmigo.

Caigo sobre su pecho cuando nos llenamos de agua caliente y espuma hasta las espaldas, nos sumerge y cuando salimos doy un suspiro de gusto por el cambio de temperatura de mi cuerpo.

Meto mi mano en las hebras de su cabello masajeando su nuca para relajarlo. Suspira ronco y cuando hecha la cabeza hacía atrás beso su cuello castamente. Se remueve acomodándome sobre su cuerpo.

Ambos sabemos que nuestros cuerpos están molidos, llenos de cansancio, golpes y torturas, hace poco más de una semana que nacieron nuestros hijos, mi cuerpo sigue recuperándose, así que ambos mantenemos el contacto íntimo, mínimo.

Estoy sentada sobre sus rodillas, no es la posición más cómoda, pero la más segura, siento la tensión en sus dedos cuando me aprieta los glúteos.

—No se mueva señor Roe — sus ojos se cierran, pero su agarre en mi cintura no se afloja ni un centímetro, me tiene sujeta y pegada a su cuerpo mojado a presión.

Tomo una esponja del diván y la paseo suavemente sobre su musculatura, la sangre seca va desapareciendo, las heridas son peores en su abdomen. Evito pasar la parte rigurosa sobre la herida de la costilla, pero lavo cada parte de mi hombre.

Extiendo su brazo que excede dos veces el tamaño del mío, pero el otro se queda clavado en mi cintura. Se ve más relajado de lo que llegó, pero no me quiere ni un centímetro lejos de su contacto.

—Eres tan perfecto— lentamente voy por su espalda enjabonando la zona, pero en un segundo me toma de la nuca atrapando mi boca dejándome sin aire cuando su lengua busca la mía con desesperación.

Mi mano resbala por el agua y raspo mi mano sobre su pectoral, la suya va a una de mis tetas para amasarla. Gimo acercándome un poco más, pero cuando gruñe sé que debemos parar.

Debemos tener un tiempo de inactividad sexual después del parto, ambos lo sabemos, lo obligue a tomar clases con mi ginecóloga y conmigo esos meses de embarazo en Dinamarca.

—Aún restan cuatro semanas— digo y su mano deja mis pechos.

Me aparto jadeando y lo veo tragar grueso pasándose la lengua por los labios, es el acto más caliente que hace. Se aparta rendido. — Este es el baño más tranquilo que vamos a tomar en nuestra vida.

Ahoga una risa —Tu querías embarazarme, este es tu castigo.

—¿Cuatro semanas? ¿Estás segura?

—El médico lo dijo— cierra los ojos con frustración —Somos fuertes, podemos hacerlo.

Gruñe en desaprobación y me río de su expresión de sufrimiento, pero vuelve a tragar duro buscando mi boca una vez más, jalo su labio con mis dientes y maldice tomándome de las caderas para llevarme más arriba de su cuerpo.

Mi mano resbala en la tina se detiene preocupado por mi brazo roto. —Estoy bien— trato de tranquilizarlo.

—Deja de forzarlo, dame la esponja.

—No, quiero seguir lavando tu cuerpo

—Está bien— me sorprende que acceda tan rápido y más que se incline sobre la tina.

—Estás muy cooperativo señor Roe— lavo su cuello, pero es un mentiroso de lo peor porque cuando me giro para ajustar la temperatura del agua actúa rápido.

— Mi turno nena— me quita la esponja en un momento de distracción.

—No he terminado— trato de recuperarla, pero no me deja.

—Me importa una mierda, voy a lavarte— pasea la esposa entre mis pechos y por mi abdomen, mi espalda agradece los movimientos.

Cuando masajea mi cabello, caigo sobre su hombro con los hombros sueltos. Me hacía tanta falta Alexander, ya puedo respirar y descansar. Masajea mis hombros con espuma que se disuelve con el agua.

—¿Cómo se siente?

Soy incapaz de hablar, sólo me pego a su pecho conciliando el sueño y no detiene su masajeo en mi espalda para hacer más placentero mi sueño. Me acomoda sobre sus muslos y siento la herida de su costilla.

No puedo dormirme, tengo que cuidar de él, no él de mí.

Me abraza respirando suavemente en mi oído. —Mierda— respira hondo sobre mi cuello —Me hacías tanta falta nena— susurra apretándome más contra sí y lo envuelvo con mi brazo sano.

Este es mi único lugar seguro.

Ya no puedo mantener los ojos abiertos.

. . .

Me remuevo sobre mi hombre tiene el cuerpo húmedo y hay burbujas de agua caliente e nuestra espalda con el botón del agua caliente encendido. Me duele un poco el cuello, pero seguimos en la misma posición.

Alexander también está dormido con la cabeza enterrada en mi cabello, trato de estirarme, pero el cuerpo me hormiguea, me duele la espalda de estar en esta posición, pero si me remuevo lo despertaré.

Vuelvo a mirar los golpes del rostro con rabia. Maldita Rebecca.

—Deja de mirarme mujer— remueve la nariz en las hebras de mi cabello, su voz está ronca por el sueño.

—Estás despierto.

—Pesas demasiado para dormirme— sonríe de lado y resisto el impulso de golpearlo, me cargaba como si no pesara nada en el embarazo con el peso extra de nuestros hijos, pero estoy feliz de que sus humor haya mejorado con el baño.

—¿Cuánto tiempo dormimos?

—Poco más de tres horas.

¿Tres horas? Dios, necesito días enteros de paz, nosotros solos con nuestros hijos, es lo único que pido.

—Tenemos que salir pronto, nuestros hijos deben comer cada cuatro horas.

Gruñe enojado apretándome contra él y su mano sube por mis tetas masajeándolas, no sabía que me dolían hasta ahora. —Formula láctea, estás son mías, sólo mías— susurra muy bajo que me cuesta entenderlo.

—¿Qué dijiste? — carraspea sin explicarse y sigue masajeando mis tetas, como mi cuerpo me reclama la necesidad de dormirme otra vez, me aparto estirando mi brazo sano para no ceder a la tentación.

—No te vas— me abraza y como es mi colchón humano va a dormirme si lo dejo.

—No— me sacudo de su agarre —Cariño, debemos salir, tus hijos deben estar en llanto.

—Yo no escucho nada.

—Raven es el ruidoso, Camille es muy tranquila, vas a volverte loco cuando los tengas en tus brazos otra vez.

—¿Camille?

Pego mi barbilla a su hombro masajeando su cuello, mi suspiro triste no le pasa desapercibido. —Quería que nuestra hija tuviera un nombre muy significativo como el de Raven y no me hago a la idea de que perdimos a Millie— se me corta la voz.

Siempre evito el tema incluso en mi propia cabeza, pero el dolor no desaparecerá, lo que sucedió esa noche nos marcó a todos, Maya… Millie… Jack… Ethan.

—Es un honor que mi hija lleve el segundo nombre de la princesa de Jack.

—Maya la adoraba— dice simplemente, pero esa sola frase tiene más de lo que muestra, los conservadores rusos me dijeron que Alexander vio morir a Maya y la llamó madre.

—Caterva me dio su daga, tenía una nota suya, no sé cuándo la escribió.

—Maya me la entregó para ti, cuídala bien.

Actúa como si no le importara, pero en el fondo sé que la muerte de su tía le duele como a todos los Roe.

¿Cómo se supera la muerte de las personas que más amas? Algunos dicen que el dolor desaparece con el tiempo, pero yo sé que esa es una gran mentira, el dolor se hace soportable, pero nunca se va y en el peor de los casos empeora.

—Camille y Raven Roe— repite respirando hondo.

—Nuestros hijos.

Quisiera quedarme eternamente en está tina burbujeante, pero mi instinto materno me dice que mis bebés despertarán pronto y no puede venir mejor mi tiempo cuando la médico que cuida de ellos toca la puerta del baño despertando a Alexander que ya comenzaba a dormitar.

—Mi señor, los conservadores rusos ha preguntado por usted más de tres veces durante toda la noche, ya han comenzado a interrogar a Dina Makova.

—¿Durante la noche? ¿Cuánto tiempo estuvimos dormidos? — me cubro la boca desorientada, lo sentí como si fueran cinco minutos, pero la realidad es que mi cuerpo se siente mejor que en toda la semana.

—Fuero pocas horas— me tranquiliza Alexander, pero miente.

—Mi señora— vuelve a tocar la puerta la mujer.

—¿Cómo saben que estoy contigo? — susurro en su oído.

—Eres mi mujer, sólo contigo estoy metido por horas en un una tina desnudo— pica mis costillas.

—Mi señora— toca la puerta de nuevo —Lamento interrumpir, pero su mini versión ha despertado y parece ser muy obstinado porque no ha dejado de llorar sin ver a su madre.

—Te dije que Raven me necesitaba.

—¿Tienen reloj interno o qué? — Alexander me carga fuera de la tina salpicando gotas por la alfombra y observo que no resbalemos entre el agua, pero lo hace tan perfecto que levanta mis sospechas.

—Son bebés, todos hacen eso.

—¿Los programa el gobierno al nacer?

—Aún no conoces todas las maravillas de cuidar a bebés recién nacidos — me río besando su tatuaje en su pecho para coger mi albornoz y atarlo sobre mi cuerpo, la piel de mis dedos está arrugada y la de su mano también, algo me dice que pasamos más de cuatro horas en la tina.

Se dobla colocándose su albornoz y la herida de la costilla llena de sangre la venda que trae puesta, pero continua hasta cerrarse las cintas. —El médico debe revisarte.

—Después— alza mi cabeza y besa mi nariz sorprendiéndome, pero sólo fue un error de su mala vista porque quería mi boca.

—¿Quieres ayudarme?

—¿Ayudarte a que le des mis tetas a otro ser humano? — frunce el ceño. ¿Está demente? Está muy serio y también muy enojado.

—La médico te oirá— bajo la voz.

—Son mis tetas Emma— también baja la voz mientras mete su mano en mi albornoz y las aprieta —. No son negociables.

—Son nuestros hijos.

—Soy billonario, les creé alternativas alimenticias para estos casos durante meses.

Saco su mano de mi cuerpo sin dar crédito a su enojo. — Tengo un brazo lastimado, así que tienes que ayudarme— lo jalo por el pasillo y cuando salimos me carga en brazos el resto del camino siguiendo mis indicaciones.

Cuando entramos a nuestra habitación se hace más fuerte el llanto de nuestros mellizos. Jadeo cuando veo el sol filtrarse por los ventanales —¡Alexander! ¡Dormimos toda la noche en la tina!

—Quiero más horas— me jala a su lado, pero sé que por una parte sólo hace por ser irracional con nuestros hijos, me suelto de su agarre mientras la médico me da el analgésico del día del dolor de mi pierna.

—Mi señor sus conservadores rusos han pedido verlo desde hace horas, han insistido más desde que Dina Makova despertó— informa la médico, pero Alexander ni le presta atención.

No sé qué interés tienen en él los conservadores, deben dejarlo descansar, pero él no pregunta más del asunto, lo que me dice que él sabe y no quiere decírmelo.

— Tuvimos que alimentar a sus hijos con fórmula láctea, mi señora, pero quieren el pecho de su madre.

—Que conveniente— gruñe la bestia de ojos verdes.

Como puedo acerco a Raven que el labio inferior temblando, lo levanto con el corazón reprimido besando su frente y sus mejillas. —Lamento perderme tantas horas cariño.

—¿Cariño? — vuelve a hablar el mafioso y pienso en arrojarle uno de los cojines.

Camille también llora y la acerco al sofá, odio tener el maldito cabestrillo no he sido capaz de abrazar a mis pequeños al mismo tiempo. — La fórmula láctea es saludable señora— dice Alexander aún peleando por algo absurdo.

Los ojos de Raven se quedan inmóviles y el llanto cesa, busca a donde puede la dirección de la voz.

—No me importa su grado médico para contradecirme, no soy una persona irracional y si no le pido tu opinión cierra la maldita boca— Alexander continua enojado y Raven mueve los piecitos golpeando suavemente mi brazo como hacía hace días en mi vientre.

Sonrío feliz de ver a mi bebé buscando a su padre. —Alexander, ven aquí— le cuesta acercarse, pero cuando siente que guío su mano a nuestro bebé se tensa. —Reconoce tu voz, dejó de llorar.

Lentamente extiende su meñique y la manita de Raven se cierra sobre él. La combinación de su brazo tatuado sobre su mini versión es digna de admirar, Raven tiene el mismo color de sus ojos y el mismo tono de cabello castaño.

Su ceño se frunce, me duele que no pueda verlo. —Raven.

Los piecitos de mi bebé se mueven pateando su mano y la médico sonríe conmigo.

Mi pecho se comprime, nuestros bebés estaban esperando escuchar su voz otra vez, quiero que nuestra hija también escuche su voz, pero sigue dormida. Pongo a Raven a comer, pero no suelta el meñique de Alexander mientras lo alimento.

Alexander se queda inmóvil dejando que su hijo sostenga su dedo y pasando su mano por pequeños dedos. Si pudiera ver la forma en la que Raven lo mira, dos pares de ojos verdes que sé que un día podrán conectarse de nuevo.

— ¿Puedes cargarlo? — se sienta a mi lado de la cama sosteniendo a nuestro bebé en sus brazos, me pongo a su espalda ayudándolo, pero tiene demasiada experiencia.

Coloca su palma sobre su cabeza cuidadosamente y lo acerca a su torso. —¿Cómo sabes que tienes que hacerlo de ese modo? ¿Has practicado?

—No.

—¿Has leído libros de paternidad? — sonrío como tonta.

—No— dice serio mientras lo sostiene en sus brazos con los ojos cerrados.

No me resisto a tomar mi celular y tomar varias fotos de ellos juntos, todos los rasgos de Raven son idénticos a los de Alexander, incluso la nariz refinada. Recuerdo cuando no quiso cargar a Aaron porque sus brazos estaban reservados para nuestros hijos.

Este es un momento íntimo que la médico no quiere arruinar, pero aun así lo hace. —Sus conservadores siguen esperando por usted mi señor.

Alexander me entrega a Raven dormido, ni yo logro dormirlo tan rápido. Lo coloco en su cuna y voy a pedirle que se acerque a cargar a nuestra hija, pero regresa por instinto al cuarto de ducha sin decir una sola palabra y no sale.

—Lo siento señora Roe, no quería interrumpir— se disculpa la médico con las mejillas sonrosadas.

Esta habitación tiene dos puertas la interna y la que da al pasillo, aunque pego mi oreja a la puerta ya no se escucha ruido dentro, reviso y ha salido al pasillo, alguno de los criados lo guío fuera del pasillo.

¿Qué es lo que los conservadores quieren hablar con él con tanta urgencia? Miro a la médico mientras me acerca a Camille después de alimentar a Raven. No es sobre Moscú, Alexander no se iría sin nosotros.

Alejo esos pensamientos que sólo hacen que mi pecho duela y recuesto a mi pequeña junto a su hermano completamente dormidos, espero que milagrosamente Alexander regrese acompañado del sirviente que lo guía por la casa, pero no lo hace.

Pierdo un poco el ánimo de salir de la habitación, pero logro vestirme con una simple camiseta ancha y pantalones de chándal. Estoy sobre pensando las cosas.

—Antes de que me reclames, en mi defensa voy a decir que siempre odie a esa mujer— Bennett entra cuando estoy frente al espejo peinándome sin hacer mucho esfuerzo por arreglar la maraña de mi cabello.

—¿De qué hablas?

Se descubre el rostro y se comienza a pasear de un lado a otro. —¿No te lo ha dicho Coraline? No pensé en las consecuencias de mis acciones, no pude dormir nada anoche— camina de un lado a otro mirando a mis bebés dormir.

—Me estás volviendo loca Bennett, detente y explícate.

—Traté de matar a la tía de Coraline, la estaba asfixiando y estuve cerca de matarla, pero ella me suplicó que me detuviera, no sé qué hacer, la mato, cada vez que la recuerdo pienso en formas de envenenarla mientras come en la terraza.

No estoy entendiendo nada, habla como desesperado mirando la ventana mientras sacude su pierna y se muerde la yema de los dedos.

—Creo que Cora me reconoció.

—¿Escuchó tu voz?

—¡No! Dios, no abrí la boca, pero estuve cerca— pone su rostro en sus manos jadeando —Sé que te estoy abrumando, de todos tus problemas esto es lo menos que necesitas, pero joder si no se lo cuento a alguien voy a inyectarme anfetamina.

—No hables de una recaída.

—Es que, necesito mis medicamentos, estar tan cerca de mi hijo y Coraline es la peor de las pruebas Emma, necesito salir a correr, siempre que me sentía ansioso Kieran y yo corríamos por todo Londres.

—Vas a estar bien mientras sigas por la rehabilitación en la que te dejó Maya.

—No lo sé, cada noche quiero ir a dormir a Aaron, pero la puerta está cerrada en mis narices, esto es una tortura Emma, no poder hablar también es un maldito castigo, no estoy en la mejor condición médica, estaba a mitad de mi tratamiento con la tía Maya.

Ver su sufrimiento me hace sentir peor por traerlo, quizá no es bueno para ambos volver a encontrarse. —Haré todo lo posible para que en unos días puedas regresar a Dinamarca, trabajarás desde el palacio.

—¡Eso no! — se levanta tomando su cubre rostro —No pienso volver a Dinamarca…— carraspea —No hasta que terminemos el trabajo y vuelva con la mafia —aclara, aunque su mirada dice algo diferente, debo estar muy al pendiente del Borah por el bien de la mafia.

—¿Te preocupa tanto el turco?

—Será su maldita sombra si es necesario.

—¿Hay informes de lo que sucedió anoche en la base del MI6?

—Se los mostrarán a Alexander en unas horas, te quiere presente con él, lo escuché decirlo — sonrío calmando mis pensamientos anteriores —Volkan está buscándote como loco.

No quiero herir al pequeño, parece que no entendió mi explicación, sigue creyendo que soy su madre.

—Hay más, tengo mucha información, pero no quería dártela a primera hora de la mañana.

—¿De qué se trata?

—La organización de los treinta y siete llevan toda la noche tratando de contactarse con Alexander, el problema es que se dio oportunidad, Dina facilitó la comunicación, ella es un camaleón, aunque no está activa, es muy joven aún la consideran una niñata para un trabajo tan importante.

— ¿Fueron correos recibidos? — asiente y me entra un escalofrío por todo el cuerpo, más al ver su expresión. —Hay más— asiente otra vez.

—Alexander se encerró en la biblioteca con sus conservadores rusos, me sacaron de la reunión por confidencialidad, al principio no le tome importancia dado que Caterva hace lo mismo en las reuniones, pero ingresé al dispositivo de rastreo principal.

—¿Qué encontraste?

—Mi hermano aceptó que la rusa lo mantenga comunicado con Logan.

¡Hola sexys!

¿Qué trae entre manos el lobo? Llegó el momento de creer en nuestro "Pecado".

¡Los amos tres millones!

-Karla.

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