CAPÍTULO 7
Borah.—Ministro Aslan, el MI6 tenemos que evacuarlo, las camionetas que rodearon la base están esperando por usted, creemos que es un ataque político y tenemos que ponerlo a salvo, vamos a escoltarlo fuera de la ciudad por las carreteras menos transitadas.
—¿Cuántas camionetas armadas pueden estar en esta base de porquería?
—Son más de cincuenta, le suplico que se coloque el chaleco anti balas y me siga.
Miro mi asistente turca. —No soy un cobarde ¿O sí Selin? — niega de inmediato —No voy a escapar por las puertas traseras.
—Señor, necesito que me escuche— la agente se coloca frente a mí con su metralleta pegada al pecho y con el chaleco antibalas en la otra mano —. Rodearon su camioneta y están apuntándole, en el momento en el que salga por esa puerta van a matarlo.
—No dejaré atrás al MI6 muriendo para cubrirme las espaldas.
—Los altos mandatarios del parlamento y la misma teniente Wall hacen eso y más.
—Las cosas aquí van a cambiar, empezando por la teniente Wall, dame tu metralleta y no ataquen las camionetas hasta que yo salga— me la entrega dudosa y le quito el chaleco antibalas, me lo coloco sin su ayuda, están sorprendidos de no verme como los débiles y poderosos a los que les cuidan el bolsillo.
—No son filipinos, llevan esperando más de dos horas por nosotros afuera, si es un ataque político debemos tener francotiradores en las murallas altas de la puerta principal— Selin revisa las cámaras de vigilancia mientras me quito el saco y doblo las mangas de mi camisa con educación.
No me pasan desapercibidas las mirada de asombro de los agentes de verme actuar como uno de ellos, soy joven y experto y pienso con la cabeza fría.
—Les dieron mi ubicación actual, en el MI6 trabajan agentes informáticos que bloquean mi ubicación en tiempo real y la dejan sólo para el parlamento, tuvieron acceso a mis registros privados, busca a uno de ellos y enlaza mi celular.
—¿Estás seguro que ingresaron a tu información privada?
—Es demasiada coincidencia Selin y no querían a Logan, lo dejaron irse con Alexander Roe— hago una lista mental de las últimas personas que tuvieron acceso a mi celular, entre ellos está Coraline —. Quiero un registro completo de que celdas se abrieron cuando las cámaras se apagaron esas cuatro horas, el ataque de esta noche estuvo planeado por semanas.
Los agentes corren detrás de mí mientras cambio las municiones de la metralleta con experiencia. — Sólo una celda se abrió ministro Aslan, pero aún no tenemos registro de qué prisionero, pero se hizo una visita al pasillo de los ex mariscales del ejército.
Ex mariscales ... Ordeno que me hagan entrar en el pasillo y todo está lleno de hombres de edad avanzada, la ropa rasgada, canosos y alcohólicos que el mismo ejército puso en prisión hace décadas, pego en sus barrotes con la punta de mi metralleta para que levanten el rostro cuando paso.
En cada celda tienen un nombre asignado por el MI6 en una placa de metal clavada en los barrotes;
B74-60, B51-60, C47-80.Todos me siguen con la mirada, sus ojeras muestran su cansancio, pero hay uno aquí dentro que fue el objetivo. Sigo caminando por el tercer piso de las celdas, es ahí donde al fondo hay una celda apartada y el hombre dentro está hecho un ovillo en el suelo.
Su celda tiene doble candado y otra relaja reforzada a un metro lejos de su cuerpo. En un piso de criminales no tiene la edad para estar entre ellos. Su placa está más sucia que la del resto. C18-70.
— Levanta el rostro— golpeo los barrotes sobresaltándolo, pero mantiene la cabeza gacha.
—¡Ya oíste al honorable ministro Aslan! ¡La cabeza arriba! ¡Ahora! — los agentes suenan los candados.
Primero extiende sus brazos y después las piernas como si le pesaran. La mata de cabello rubio sube poco a poco hasta que me mira. Los ojos azules quedan opacados por las ojeras negras que se arrugan en sus párpados, tiene cicatrices de quemaduras alrededor de la boca y la barbilla.
—¿Cuál es tu nombre?
—¿No sabes leer mi placa? — dice con voz ronca.
—¿Quieres que la coloque sobre tu tumba?
—Ningún político se atreve a hablarle así a los prisioneros, ni recuerdo que haya cargado un arma de ese calibre, no actúe como experto frente a mí ministro, ambos sabemos que los políticos como usted no saben utilizarla
Sonrío ladeado mostrándole mis hoyuelos y cargo la metralleta, la levanto tirando el cartucho y cambiándolo por uno nuevo y en cuestión de segundos ya le estoy apuntando directo a la cabeza con la luz roja.
Disparo sobre su cabeza a la pared sucia, el disparo alerta a los otros presos. Quito la metralleta del lugar y la reacomodo sobre mi pecho, todo sin perder la postura, sus cejas se alzan —Estoy orgulloso de ser el primero.
—Es muy joven para ser ministro.
—Y tú demasiado inexperto para estar encerrado con ex mariscales del ejército, tienes la edad que ellos tienen de experiencia, no volveré a preguntar tu nombre.
—¿Y qué recibo si se lo doy?
—Te recompensaré como te mereces, soy un hombre de palabra y lo puedes juzgar tú mismo— extiendo loa brazos con honestidad.
—Soy Greg Murphy.
—¿Has recibido visitas últimamente Greg? — se remueve en su sitio, pero me sostiene la mirada.
—No.
—¿Ningún prisionero te visito durante cuatro horas cuando las cámaras se apagaron?
—Ya les dije que no— habla con seguridad, pero se remueve otra vez.
Miro su celda de arriba abajo, recorro las esquinas y los seguros. Lo observo detenidamente entre los barrotes, no muestra ningún nerviosismo, el silencio se hace incómodo, pero no pestañea, ni cambia su confesión.
—¿Ministro Aslan? ¿Se encuentra bien? — la voz de los agentes a mi espalda me hace ceder finalmente por un acto de bondad al prisionero.
—Voy a creerte Greg, por esta ocasión, pero en mi cargo no hay segundas oportunidades.
—Lo tendré en cuenta ministro— se encoje de hombros y vuelve a hacerse ovillo sobre su propia suciedad.
Espero hasta que esconde su cabeza para girarme a Selin, asiente notando lo mismo que yo, sacudo la cabeza y le disparo directo a la cabeza siete veces.
Los otros prisioneros se quedan pegados a los barrotes de sus celdas viendo como el cuerpo moribundo convulsiona a unos metros. Los agentes se miran entre sí sin habla.
—Recojan el cadáver, la cerradura de su celda está forzada y hay un porro semi nuevo en esa esquina, durante esas cuatro horas alguien lo visitó, pero era bueno para mentir.
—Mató a un preso del MI6 en el pasillo de ex mariscales.
—No perderé el tiempo tratando de entender el plan oculto detrás de esto, es mejor deshacerse del medio antes del ataque que planearon— explico caminando a la salida — Selin — mi asistente corre detrás mío.
—Señor— me siguen los agentes — Esto es un delito, si el parlamento llega a saberlo podrían removerlo e ir a prisión, los ex mariscales están protegidos por el ejército.
—Richard Madden cometió peores crímenes, pero yo estoy protegiendo a los agentes no mi cargo.
—El problema es que usted tiene el control total del MI6, pero la teniente Wall el poder sobre los ex mariscales, el gobierno se lo cedió, tuvo una misión en Turquía hace unos meses contra el narcotráfico de droga a Londres— me detengo a la mitad del pasillo —Fue una misión exitosa, quemó las bodegas que tenían cerca de Reino Unido.
Aprieto la mandíbula. — Lo sé.
— Mató a una miembro de los proveedores principales de esa mafia, el nombre de la mujer está en los expedientes privados de la teniente y el parlamento la premió con el poder sobre los ex mariscales presos.
Cierro los ojos mientras la imagen del cuerpo sin vida y torturado de mi esposa en esas bodegas se posa en mi mente. Veo a mi hijo pálido y con las manos manchadas de sangre sosteniéndole la cabeza.
—Aquí no sucedió nada, borren los registros de ese preso muerto. ¿Entendido? — respiro hondo y sigo caminando con Selin a mi espalda.
Camino por los pasillos llenos de gente que hace meses estaban apuntándome con un arma, piso las misma alfombras que pisan las botas de los que mataron a la madre de Volkan frente a él.
La puerta de mi oficina se azota y Rebecca corre hasta alcanzarme. Recorre sus ojos por mi cuerpo mirando el arma y el chaleco anti balas. — Los agentes me dijeron que dio la orden de no atacar esas camionetas. ¿Qué mierda está pasando?
—No tendremos pérdidas drásticas esta noche, vamos a retenerlos antes que incendien la base.
—¿Quiere que incendien la base del MI6?
—Sí.
—¿No van a sacarlo de la ciudad? — sacudo la cabeza y mira a los otros agentes con el ceño fruncido —Entonces, quédense dentro cuidando al ministro Aslan, déjame dar la orden de matarlos, no puedo quedarme mirando de lejos, yo no soy la inútil de Sarah— pide la General Hilton.
—No queremos salir con una mala imagen en las noticias londinenses por un simple tiroteo, no seas estúpida, ten tendieron una emboscada, ellos no son filipinos— la detengo fumando con mis guantes de cuero negro puestos.
—Sus camionetas no traen insignia, no hay registros de entrada de ellos a la ciudad.
—Que poco conoces a la mafia de Medio Oriente.
—¿No le importa manchar su imagen ministro Aslan? Están atacando la base del MI6 en Irlanda, saldremos en los noticieros, aunque quiera detenerlo.
Sonrío de lado colocándome el abrigo negro. — Yo no soy Richard Madden, Rebecca, no voy a hundir a mis agentes para elevar mi campaña política, los voy a proteger de este y muchos tiroteos, tengo mejores planes para el MI6 que matar a una emboscada de la mafia.
—¿Qué clase de planes?
—No soy un hombre que planea y comparte, eso sólo lo hacen los imbéciles.
—Está muy relajado mientras el maldito Logan se lleva al lobo. ¡Teníamos un trato! ¡Le di la victoria de la misión en Dinamarca con el Pentágono y lo único que pedí a cambio fue a Alexander Roe!
—No es tu primera vez en la mafia, sabes cómo funciona, debiste llevarte a Alexander Roe lejos de Irlanda, quizá al mismo sitio donde tenías planeado matar a Ethan Roberts, esto no es Londres, el ejército trabaja duro aquí.
—Dígame de qué mafia son estas camionetas entonces— se me planta de frente.
—Conoce tu lugar Rebecca— me yergo —El ministro soy yo y tu siguiente autoridad es Sarah, si yo mando a callar, todos se callan, si digo ataque, atacan, pero soy yo el que da las órdenes.
Se cruza de brazos jadeando —No lo ocultes, le tiene miedo al lobo, a perder contra su mafia, esas camionetas vienen por usted.
—¿Perder? Esa palabra no está dentro de mi vocabulario.
—¡Pues no se lo pueden llevar fácilmente! ¡Quiero que me des autoridad para buscarlo por todas las carreteras principales! ¡Logan no ha salido del país!
Me apiado de su desesperación, tenerla de aliada es mejor que ponerla en mi contra —Tienes mi autorización— sonríe aliviada —Utiliza a todo el MI6 para encontrarlo antes que salga del país, pero tienes poco tiempo.
—¿Por qué?
Me inclino a su oído sintiendo como se tensa. —Porque buscaré a Alexander Roe por mi cuenta y si lo encuentro antes que tú, lo mataré como el maldito se merece — advierto con voz grave.
Camino fuera de la base con la metralleta en mi mano, cuando las camionetas notan mi presencias bajan asesinos armados de cada una de ellas, sólo una mujer fue capaz de herirme en Turquía.
Emma, cuando me apuñalo. Nadie ha estado tan cerca de matarme como ella y nunca lo estarán.
—¡Ministro Aslan, dé la orden de protegerlo! ¡Hemos visto a francotiradores esperando por usted en su camioneta! — piden mis agentes siguiéndome el paso.
—Selin— mi asistente corre a mi espalda asintiendo.
—Borahbey.
—Evacua la base con todos mis agentes, deja que la incendien con el resto de ex mariscales, transcribe la noticia para el parlamento y culpen a Sarah de este accidente— ordeno y Rebecca me mira con la boca abierta.
—¿Tienes planeado ensuciar la reputación de la teniente? — me sigue cuando dejo que me escolten a las puertas traseras.
—Una carrera impecable como la de la hija de David Wall, un hombre respetable y querido, requiere más que una simple acusación para ensuciarse General Hilton.
Su ceño se frunce y sus ojos quedan fijos en los míos. — ¿Qué clase de ministro eres?
—Uno con el que te vas a entender mejor de lo que crees— le guiño un ojo y sonríe subiendo a una camioneta diferente a la mía. Nuestro autos se encuentran en la carretera por donde soy llevado cubierto por los autos todo terreno azules.
Baja la ventanilla. — Esperaba compartir está información con Logan, pero que se joda el maldito traidor, Sarah está siendo medicada junto a Dylan Gray, pero me habló de unos laboratorios en Nueva York.
—Los laboratorios de Jack Roe— asiente —¿Te dijo ubicación exacta?
—Aún no, pero si el biólogo si huyó lejos de Dinamarca después de la muerte de su hija, ahí se esconde, hemos tratado de rastrearlo sin tener éxito.
—Vuelve a interrogar a Sarah con agentes del Mi6 presentes, oblígala a hablar, vamos a encontrarlo y asegurarnos que no pudra como la maldita de su madre— subo la ventanilla y las camionetas aceleran nuevamente.
Voy a bailar sobre las cenizas de cada Roe como les juré en Turquía. La muerte de la gacela sólo fue el inicio. Aún recuerdo mis manos sobre su cuello asfixiándola en esa camioneta mientras el Pentágono los atacaba.
Soy un asesino silencioso.
Fueron mis ojos grises lo último que vio la mayor de los Roe. Después solté su cabello y acomodé sus guantes como Meredith me explicó, ese pecado ha sido el más satisfactorio que he cometido.
Y Meredith presenció desde lejos.
Saco mi celular escribiéndole un texto a la rubia.
«Se alargó mi viaje, tuve un accidente en la cabeza, vuelvo por Volkan en un par de días» Necesito explicarle mi ausencia, no quiero que nada se interponga en mi cena con Emma.
Las líneas de lecturas aparecen, pero no me responde como habitualmente lo hace, espero paciente, pero ni una reacción a mi mensaje.
—¿Qué te pasa Coraline? — miro el celular con las cejas juntas.
«¿No es temprano para estar dormida niñera sexy? ¿Te enfada tenerme lejos y no poder besarme como lo hiciste en tu casa?» Sonrío de lado cuando la confirmación de lectura aparece.
No he pensado en ese accidente, tengo la mente en mi cena con Emma, pero quiero una revisión a la herida de mi maldita cabeza, no quiero aparecer con una cicatriz encima, pero por alguna razón me gusta mantener comunicación con Coraline.
¿Está enfadada conmigo? Busco en mis fotografías, selecciono la última que tengo de nosotros llenos de pintura hace unos meses. Tenemos pintura sobre nuestros cuerpos y está recostada sobre mi pecho con las mejillas rojas.
«¿Quieres repetir el desastre que hicimos en tu tienda de arte la otra noche? Las ventanas terminaron empañadas como querías»Me la imagino riéndose, hace unas semanas en su tienda de arte, por accidente tiré todos los botes de un estante sobre nosotros, se lo tomó con tanto humor que tomamos varias fotos como estás.
Cuando no responde no insisto más, ninguna mujer me hará suplicar atención, aunque esa afirmación no es del todo cierta. —Selin, cierra el restaurante The Grave Vine, quiero que sea exclusivo para Emma Brown y para mí.
—¿Cómo sabe que se presentará esa mujer en el restaurante?
—Prometió cenar conmigo, es una mujer de palabra.
Me paso la mano por la boca recordando sus ojos castaños y como mira tan inocente, cuando la vi en mi Topkapi y me gritó no pude dejar de verla por el resto de la noche. La sonrisa y el culo respingón... respiro hondo sintiendo como mi ingle se tensa.
—Su organización va a custodiarla esa noche.
—Por una cena vale la pena correr el riesgo Selin— me quito los guantes de cuero —Dile a mi mayordomo que busque su ubicación y la llene de joyas, de las mejores que tenemos en las tiendas más exclusivas de Turquía, quiero que le obsequien de los diamantes más grandes que presentamos este año.
La herida de la cabeza comienza a escocer, me da vueltas la cabeza por el dolor, me palpo la frente y mi mano se queda con restos de sangre, mi asistente trata de limpiarla, pero la sangre no para.
—Debemos buscar a su médico privado.
—Arregla la noche con el restaurante primero y las joyas.
—Le está tomando demasiada importancia a una cena, más que a su cargo como ministro y a su propia salud, es una simple noche casual Borahbey.
—Las cenas con Emma Brown son un privilegio no un acuerdo casual, Selin.
Me escoltan fuera de Donegal, a un hotel exclusivo a las afueras de la ciudad. Recibo las actualizaciones de la evacuación de mis agentes de la base y antes de la media noche autorizo un interrogatorio contra la teniente Wall por parte de Rebecca.
Mi siguiente objetivo es encontrar a Jack Roe, pero si quiero seguirle el rastro al lobo y a su padre antes que su mafia lo encuentre, necesito arreglar mi situación con Meredith, tener buenas alianzas siempre es fundamental.
La organización del lobo no volverá a tener a su líder.
Despierto por la mañana con una venda sobre la cabeza, la herida la cocieron por la noche extrayendo trozos de vidrio que por milímetros pudieron clavarse en mi cráneo, ese maldito ciego no puede tener una puntería así de perfecta.
—Borah— Selin entra a mi habitación cuando me estoy anudando la toalla sobre mis caderas. —Rebecca comenzó la búsqueda de Logan por toda Irlanda como usted se lo autorizó.
—La General Hilton trabaja rápido.
—Seguimos rastreando los jeep de Logan y la conexión se perdió en el aeropuerto de Donegal, tomaron un vuelo comercial, pero no hay a donde, toda información hasta las horas de vuelo, está borrada de la base de datos del aeropuerto.
—¿Quién nos está jodiendo la búsqueda?
—El departamento de informática del MI6 está rastreando a un posible hacker infiltrado en nuestros movimientos, pero siempre que van a dar con su ubicación le pierden el rastro, es un experto.
—Ningún experto puede evadir al MI6.
—El mejor camaleón que ha tenido el MI6 es Dylan Gray— lee en su celular —Pero dada su condición actual está con licencia de descanso.
—Puede trabajar desde casa.
—Fue rescatado de un secuestro de meses, su condición es deplorable.
—¿Qué sucedió cuando lo encontraron?
—La teniente Wall fue diagnosticada con desnutrición, además de las evidentes torturas, pero el General Gray fue mutilado, perdió una pierna y los médicos declararon que ha quedado parapléjico debido a una fractura en su columna que no fue atendida durante su secuestro.
Me quito la toalla, ese hacker no va intervenir en mis planes, tomo mi celular mientras Selin me frota aceites de frutos sobre toda la musculatura.
—El General Gray será sometido a cirugía si logran estabilizar su condición, pero necesitamos encontrar a ese hacker.
Asiento mientras busco el número personal de Emma y espero oír su voz.
〘 〙Emma.Despierto agitada con el corazón acelerado y el cuerpo sudando, me levanto con dificultad a vomitar con el cuerpo tembloroso, desde que me encerró el Pentágono he tenido pesadillas cada vez que cierro los ojos sin Alexander.
Recuerdo el dolor que experimenté en el parto mientras me encerraban en el sótano. Mi espalda se arquea y suelto otra arcada, aún escucho el zumbido después de la explosión de mi camioneta.
Me aferro al lavamanos mientas miro mi rostro pálido lleno de golpes que se irán desapareciendo conforme pasan los días, pero no esa noche en Dinamarca. El miedo de perder a mis bebés y el infierno de ver como se llevaban a Alexander.
Lloro en silencio tratando de no despertar a mis mellizos, nadie sabe lo que me sucede, sufro en secreto, pero las pesadillas se sienten tan reales, el recuerdo sigue fresco.
Quiero gritar para sacarlo de mi pecho, pero no debo. Bebo un poco de agua para tranquilizarme, pero incluso me sabe amarga.
Camino sin apoyar el peso en mi pierna y cargo a Raven recordándome que estamos a salvo y juntos de nuevo, pero mis brazo sigue temblando. Recuesto a mis hijos a mi lado en la cama y me obligo a dormirme para recobrar fuerzas.
Sólo con sus respiraciones suaves puedo conciliar otra vez el sueño durante la mayor parte del día, pero cada cierto tiempo despierto con la misma pesadilla, tengo el estomago encogido que ni toco mi comida.
Es más, de media tarde cuando salgo de mi habitación, Cora se despidió esta mañana para ir a su tienda de arte llevándose nuevamente a Aaron y a Volkan con ella, siento alivió que Alexander no haya visto al pequeño, tampoco ha interactuado con nadie en el Penthouse.
Tomo café en la pequeña sala de estar del segundo piso, viendo como llueve a través de los ventanales, Alexander ha estado en revisión médica toda la mañana y no deja a nadie entrar a su habitación ni a sus conservadores rusos.
Estoy tranquilizándome, tomé mis medicamentos en regla, mi brazo no ha dolido está mañana y estoy disfrutando del clima, sería mejor si pudiera conversar con Bennett, pero está de mal humor.
Lo encontré azotando su celular contra la pared y no se explicó. Lo último que ha hecho desde que Cora se fue a la tienda de arte, ha sido trabajar en su ordenador y beber jugo de arándanos amargo.
Veo con tristeza como los ojos de Kiara siguen cerrados, todavía no he decidido si llamarla por su primer nombre o el segundo. —Vamos mi cielo, muéstrale esos ojos a mami— paseo suavemente la punta de mis dedos sobre sus parpados, pero solo se remueve en mi brazo.
Los médicos dicen que es normal, pero cada vez que Raven me ven con sus ojos verdes quiero que mi hija lo haga también. Me he vuelto loca desde que tengo a Alexander conmigo, llevo casi una hora buscando moños lindos para mi bebé, aunque tiene apenas poco cabello castaño.
¿Esto hacen las madres? ¿Debería hacer un mejor trabajo? Me siento tonta e inexperta en todos los sentidos. ¿Es normal que me pase horas viendo sus rostros sin aburrirme?
Mi celular vibra otra vez y el número del Borah salta en la pantalla, rechazo la llamada por tercera vez, pero vuelve a insistir.
La tía Mary sale de su habitación camino a la cocina y cuando me mira me da una mirada de desprecio, pero rápidamente palidece cuando se da cuenta que tengo a mis lobos acostados en la alfombra a mis pies.
—¿Cómo puedes tener a esas bestias contigo? ¿Estás demente Emma?
—Puede acercarse, pero le sugiero que no lo haga después de atreverse a abofetear a Cora.
—No actúes como si mi sobrina fuera la víctima, yo casi soy asesinada anoche y nadie ha preguntado por mi estado de salud toda la mañana— da un paso y Niles le gruñe haciéndola retroceder por la pared a varios metros lejos de nosotros.
—Le dije que no puede acercarse, están entrenados.
—Estoy muy decepcionada de ti, Emma, tu madre volvería a morirse al verte en esta condición.
—Nadie es digno de hablar de mi madre, ni siquiera usted.
—Cuando Kate murió en esa cama de hospital le juré velar por ti y no le fallé— me mira de arriba hacia abajo —Robert y Olivia fueron como padres para ti y tu mafia secuestró a mi sobrino, su hijo, torturándolo y no hiciste nada.
—Mi mundo comienza con Alexander y mis hijos, fuera de ellos, nada, ni nadie me importa.
—¿Tus hijos? ¿Está es la vida que quieres para ellos? — se ríe cínica —Eres una malagradecida.
Levanto la barbilla sin dejarme amedrentar, después de todo lo que me sucedió en Dinamarca no soy la misma de antes.
Di a luz a mis hijos en un sótano maloliente y oscuro con el cuerpo molido a golpes después del vuelco de mi camioneta, sin anestesia, donde horas después atraparon a mi marido y lo apartaron de mí, queriendo hacer lo mismo con mis hijos.
Me tiraron de rodillas por la mafia y me levanté por mis hijos.
— Soy una madre ahora, señora Gray y si va a juzgarme por eso, adelante, porque nadie va a tocar a mi mundo— advierto —Así tenga que matar y torturar por ellos el resto de mi vida.
Se da la media vuelta sonrojada del enojo y azota la puerta de su habitación en el piso de abajo. Abrazo a Kiara sobre mi hombro y los tres esperamos por Alexander hasta que su revisión médica termine.
—¿Has pensado en Moscú? —pregunta Bennett trabajando en su ordenador.
—Cuando el Pentágono nos atacó en Dinamarca, el plan original era irnos juntos a Moscú, pero nos interceptaron en las carreteras y luego me llevaron presa.
—Los conservadores rusos no van a ceder tan fácil, quiere que la recuperación de mi hermano sea exitosa y vigilada por expertos, él necesita su vista Emma, fue mi culpa que perdiera la visibilidad en un ojo y me arrepiento, pero necesita intervención médica.
Lo miro fijamente. —¿Estás sugiriendo que debe irse a Moscú por dos años?
—A veces de esto se trata el amor, poner de prioridad nuestro bienestar en lugar de nuestro corazón— coloca las manos bajo su barbilla —¿No quieres que vuelva a ver a sus hijos? Ve la bestia que se ha convertido, necesita su vista.
— ¿Debo irme a Dinamarca?
Escucho una risa corta. — Caterva está casi muerto en la biblioteca, la respuesta es clara.
Se quita el cubre rostro y me mira directo a los ojos.
—Tú y mis sobrinos se van a Moscú con él porque si no, el cabrón nos matará a toda la mafia— sonríe de lado —Además tú necesitas recuperarte también, todos necesitamos un maldito descanso de esta mierda.
—Lo sé— recuerdo las pesadillas, pero no me atrevo a contárselo.
—Trata de convencerlo de ir a Rusia, la comunicación con Logan no me parece un plan adecuado, sea lo que sea que tenga en mente.
—¿Qué pasa con el plan C18?
—Sigo averiguando, toda la información es reservada para los conservadores rusos, voy a aprovechar el estado de Caterva para interrogarlo por las noches, algo soltará en su inconciencia, pero debemos ser precavidos, no lo hables con nadie— se vuelve a colocar el cubre rostros.
—Mi señora— un sirviente interrumpe —Nuestros asesinos quemaron la base del MI6 anoche, pero el ministro Aslan ordenó la evacuación de los agentes del MI6 y la General Hilton.
—¿Dónde está ella?
—Fuera de Donegal, pero no ha salido del país, quiere iniciar una búsqueda de mi señor, trató de contactar uno de los vehículos con rastreador que dejamos en el aeropuerto, todos los datos del vuelo del lobo fueron eliminados por el hacker como ordenó, no tienen forma de rastrearnos.
—Quiero que la vigilen a donde sea que vaya, intercepción a sus llamadas y correos electrónicos las veinticuatro horas y también al Borah.
—El servicio de inteligencia del MI6 ha puesto nuevas claves sobre el Borah, pero su hacker se encargará de cumplir sus órdenes— se aleja dejándome otra vez sumergida en el silencio, pero se gira sobre su hombro asustado. —¡Lo olvidé!
—¿Qué pasa?
—Mi señor está fuera de control, tuvieron que saturarle la herida en el abdomen, está infectada, los médicos también le han pedido no moverse, tiene fracturas graves en las costillas tendrán que intervenirlo, pero se negó a estar en cama y mandó a azotar a los médicos, quizá usted pueda convencerlo.
Anoche no se quejó de dolor en la tina.
—Maldita bestia, parece que no sientes dolor— murmura Bennett, pero suena preocupado por su hermano.
—Iré de inmediato.
Uno de los sirvientes trata de trasladar a mis bebés a mi alcoba, pero Bennett me pide dejarlos a su cuidado, sin Caterva haciendo de su cuidador tengo que acceder, no puedo traerlos con Alexander enojado, habrá gritos.
Voy con toda la intención de armarle el escándalo del siglo por no poner su salud como prioridad, pero cuando lo encuentro un médico tiene su brazo tatuado levantado colocándole una intravenosa y sus ojos están cerrados.
Hay un jarrón de flores de Cora quebrado en la alfombra y un médico con la cara ensangrentada recostado en el suelo. Las sábanas alrededor de Alexander están arrugadas y por una parte rasgadas. Mi sirviente me baja de sus brazos y miro la habitación de arriba hacia abajo.
—¿Qué sucedió?
—Tuvimos que sedarlo a la fuerza— explica el médico, suena agitado, veo que tiene la bata rasgada por el cuello — Tiene varias costillas rotas y como se negó a guardar reposo la herida del abdomen seguía abriéndose, es una herida de bala que fue mal tratada en su encierro.
—¿Nos dará la orden de intervenirlo? No podemos tenerlo sedado todo el día o nuestro castigo será peor.
Veo sus párpados cerrados y su pecho subiendo y bajando lentamente, en sus nudillos tiene la sangre del médico tumbado en la alfombra. Su cuerpo apenas y cabe en la cama de la habitación.
Beso su frente un par de veces y asiento. —Sean cuidadosos.
—Vamos a trabajar gente, si el lobo despierta durante la intervención médica, estamos muertos, vamos a saturar la herida del abdomen, tendrá analgésicos puestos para evitar el dolor.
—Me quedaré hasta que terminen— me siento en el sofá de la esquina mientras todos los rostros se vuelven a mí — ¿Qué sucede?
—¿Usted cuidará a mi señor?
—¿Hay algún problema?
Se miran entre ellos y frunzo el ceño. —Mi señora, todos sabemos que al lobo no le gusta estar acompañado en sus intervenciones médicas.
Me cruzo de brazos. — No van a deshacerse de mí, pueden comenzar.
. . .
Alexander sigue durmiendo con la herida limpia y cocida, le han limpiado otras heridas superficiales, el olor a sangre casi me hizo regresar al cuarto de baño, pero no me aparté de aquí ningún momento.
Lo mantendrán sedado hasta mañana por la mañana y tendrá que guardar reposo varios días por sus fracturas. Repaso con mi dedo los tatuajes de su brazo izquierdo, mis favoritos son el tatuaje del lobo y el de mi nombre sobre su ante brazo.
El médico regresa para monitorear sus signos vitales mientras mojo sus labios resecos con un paño húmedo y vuelvo a besar su frente. Cuando levanto la mirada me está sonriendo. —Tiene que disculparnos por nuestro comportamiento de la tarde, sólo estamos acostumbrados a ser bruscos como el lobo, pero con usted todo es diferente aquí.
Siento que me queman las mejillas, pero sigo cuidando de mi hombre, aunque no necesita que lo haga, tiene a toda la mafia a su servicio. Como no pienso moverme de aquí, Bennett trae a nuestros hijos y sin invitación mis lobos también entran uno a uno.
Dos de ellos se quedan lejos, pero Niles y otro se recuestan cerca de la cama del lado de Alexander.
Puede ser mi imaginación, pero con sólo la respiración pesada de su padre, los mini Alexander se quedan dormidos al instante después de darles de comer, eso nunca ha pasado desde que nacieron.
Reacomodo las almohadas bajo la cabeza de Alexander y vuelvo a besar su rostro, cada herida es una promesa de que el Pentágono me arrebató una noche de mi vida y me la voy a cobrar.
—Ulvens ar er smukke for dronningen — susurro.
Las cicatrices del lobo son hermosas para la reina.Vuelvo a besarle los parpados y sus pestañas onduladas luchan por abrirse hasta que veo los ojos verdes por una pequeña rendija. No puede verme, se remueve sobre la cama palpando la intravenosa y la herida en su abdomen.
—Emma— su voz está ronca por tantas horas inconsciente.
—Aquí estoy— aparto su mano de la intravenosa antes que se la arranque como suele hacerlo —No vas a moverte de esta cama hasta que los médicos lo autoricen.
Sus parpados se abren y se cierran perezosamente, aún está bajo los efectos de la anestesia, me recuerda a esa noche en Birmingham cuando dormimos juntos por primera vez. —Bu... burene— traga grueso y se remueve con los ojos cerrados.
Su respiración se estabiliza de nuevo y no habla otra vez. Tengo más llamadas perdidas del Borah y dos mensajes de voz que con un solo clic pueden abrirse.
Dejo el móvil sobre la mesita de noche de Alexander sin preocuparme por el Borah.
Traen una bandeja de cena que preparó Cora, añadió unas barras de chocolate como las que solía pedir en Dinamarca, pero ahora con sólo verlas no las encuentro apetecibles, ni siquiera puedo probar el chocolate sin encontrarlo amargo.
¿Cómo pude comer tantas barras de esto durante tantos meses?
Ya pasa de media noche, no quiero hacer trabajar a Bennett en revisarlos. Me pesan los parpados también, dejo la cama para Alexander, yo me coloco en el sofá acomodando a mis bebés a mi lado y busco las mantas de repuesto de Cora.
Kiara se remueve a mi calor y la pego a mi pecho besando su frente, Raven ya está inmóvil, lo acerco a mi brazo sano, extiendo la mano llamando a Niles y corre hasta mí para ponerse como mi almohada.
Soy cuidadosa que no acerque los colmillos a los mini Alexander, pero ni les presta atención, pongo mi cabeza sobre su pelaje y nos dormimos los tres juntos.
En mi mente ruego porque las pesadillas no me ataquen esta noche.
. . .
Me remuevo con muchas ganas de ir al baño, pero me aprisionan por la cintura con un brazo musculoso y me pegan al cuerpo de alguien. Siento mi camiseta alzada por mi abdomen y una cabeza pegada a mi vientre.
Abro un ojo, sigo acostada en el sofá, pero no están mis bebés, ni hay rastro Niles.
¡No! Me remuevo de nuevo agitada, pero el brazo tatuado y el cuerpo musculoso se aferran a mi cintura impidiéndome el movimiento. Al lado de mi cabeza está la tira de la intravenosa arrojada contra el sofá y tengo rastros de sangre en mi hombro.
Alexander está completamente dormido y pegado a mí como una enredadera, sus piernas entre las mías y está abrazado a mi cintura con su cabeza enterrada en mi vientre. —Nuestros hijos— susurro, pero su respiración es pesada.
Escucho sus respiraciones, pero no sé en qué parte de la habitación están. Trato de girarme sobre su cuerpo, pero no me permite alejarme ni un segundo. Alzo su hombro y visualizo a nuestros hijos sobre sus cunas cerca de la cama en la misma posición que los médicos suelen colocarlos.
Él debió ordenarles que lo hicieran.
Trato de adivinar la hora, pero no se aún está oscuro por los ventanales. —¿Estás loco? — trato de mover al mafioso.
Gruñe algo que no entiendo y se pega más a mí raspando su barba en la piel expuesta y su cabeza en mi vientre me cosquillea. Pesa demasiado, es imposible quitarlo. Empujo más fuerte con el único brazo que puedo mover y se remueve enojado, está vez si entiendo lo que dice.
—Mía— gruñe enojado.
Me queman las mejillas de imaginar que tuvo este comportamiento con los médicos a los que les ordenó mover a nuestros hijos lejos de mí. Ni siquiera me detengo a pensar en sus costillas fracturadas porque está claro que a él eso no le importó.
—¿Te volviste loco? ¿Por qué te arrancaste la intravenosa? Alexander — muevo sus hombros para que despierte —Alexander.
Quizá si meto mi mano en su cabello. Paso las yemas de mis dedos sobre su nuca y respira hondo relajando los hombros.
Mierda, olvidé que gusta.Me remuevo inultamente, no se mueve ni un centímetro y como si mi vergüenza no fuera suficiente el médico entra para la revisión rutinaria y nos mira en el sofá. Mira la intravenosa aventada, a nuestros hijos lejos de mí y a Alexander aferrado a mi vientre.
—Nosotros...
—Volveré por la mañana, mi señora, no quería interrumpirlos, aunque espero no olvide que debe llevar un tiempo de inactividad sexual después del parto, haré que nadie los interrumpa— carraspea sin darme tiempo a explicarle.
Dios, quiero enterrar mi cabeza en la tierra. Frunzo el ceño procesando su última frase. Ni siquiera estamos desnudos. ¿Qué le pasa? Dejo caer mi cabeza en el sofá y cuanto trato de bajarme la camiseta entiendo la actitud del médico.
La mano de Alexander está metida en mi camisa aprisionando uno de mis pechos, si tan sólo supieran que el lobo duerme entre mis pechos todas las noches.
Me quedo mirando el techo gran parte de la noche, hasta que caigo dormida, sigo teniendo a Alexander sobre mí, me duelen las piernas, pero esta vez se mueve cuando empujo sus brazos.
No me resisto a besarlo castamente, cuando trato de levantarme mi pierna herida no responde para dar un solo paso, me caigo al suelo con un golpe seco y la muevo, pero no responde a mi sensibilidad.
No, no, no.La cabeza e Alexander se alza con el golpe y me sostengo al sofá asustada. —¿Emma? — palpa el sofá con voz ronca, pero no puedo hablar trato de mover mi pierna, es como si la tuviera anestesiada.
—Aquí— trato de sonar tranquila, pero el miedo en mi voz lo hace levantarse con la mano sobre la venda de su herida en el abdomen hasta sentarse conmigo en la alfombra.
—¿Estás herida?
—No, mi pierna se siente débil— me carga levantándome de nuevo al sofá, miro mi pierna, puede que sea por su peso —Pasaste toda la noche sobre mí, no hay por qué preocuparse, sólo me hace falta estirarla.
Frunce el ceño sin decir nada, pasea las palmas sobre mi muslo masajeándola, pero no me duele, ojala sintiera ese dolor. Toca el hueso de mi rodilla, pero el cosquilleo poco a poco va desapareciendo y la puedo estirar de nuevo.
—No debiste quitarte la intravenosa, debes guardar reposo.
—¿Por qué nadie te ha hecho revisión de la pierna? — ignora mis regaños y sigue masajeando mi muslo.
—No es nada, me recuperaré en unos días.
—Te revisará el médico hoy y en mi presencia para que no me ocultes información como sueles hacerlo.
—Es un malestar pasajero.
—Tu salud no está a discusión Emma — no se detiene de masajear mi músculo hasta que ya puedo moverla de nuevo, apoyo mi cabeza en su hombro mientras termina. Cuando termina se palpa el abdomen gruñendo, la herida del abdomen ya manchó la venda de sangre.
—Debes mantener reposo, tus fracturas son graves, estuve en la intervención médica.
—No voy a pasar semanas en una puta cama y no quiero una maldita intravenosa
—No puedes ser tan irracional, si mi salud no está a discusión, la tuya tampoco y no quiero que...— su ceño se frunce, parpadea varias veces y fija los ojos en los míos, aunque sé que no puede verme —¿Qué sucede?
—Nada— cierra los ojos — Quiero tu revisión médica antes del desayuno ¿Qué es esto? — levanta los paquetes metálicos que trajeron durante la cena.
—Barras de chocolate.
—Están cerradas.
—No me parecen tan apetitosas como antes, ni siquiera pude comer una sola.
Estira los brazos tensando sus músculos. —Sólo comes chocolate cuando estás embarazada.
—Perfecto, no volveré a comer esta cosa en mi vida— tiro las barras a la basura y levanto a Raven que como de costumbre ya está despierto.
—Eso es lo que piensas— susurra muy bajo que casi no escucho.
Lo miro con una ceja arqueada, el señor Roe no debió decir eso. —Cambiarás el pañal de tu primogénito.
—Ni loco, tengo criados para eso.
—No hay ninguno aquí.
—Basta que los llame para que corran a mi servicio.
Me río suavemente. —Cariño, esos meses que me volviste loca en Dinamarca vas a pagarlos con estas dos personitas que se parecen a ti.
—Que buenos genes tienen, tenían que ser Roe.
Cuando la puerta se abre quiero se amable, juro por Dios que trato, pero con sólo ver que es Dina me siento incómoda, la rusa no es agresiva conmigo, pero no estoy acostumbrada a ver un rostro tan inocente entre la mafia.
El cabello rojo lo trae atado, pero el vestido le queda muy bien y es una mujer hermosa. —Hola Emma— sonríe y hasta su dentadura es perfecta.
—Dina— mi voz sale más enojada de lo que pretendía.
—¿Puedo hablar con el lobo a solas?
—¿Sobre qué? — arqueo una ceja sosteniendo a nuestro hijo frente a sus ojos, tenemos dos hijos.
—¿Tienes la información que te ordené? — me interrumpe Alexander colocándose una camisa sin cuidado.
—Toda la información completa, la terminé anoche, he dormido pocas horas y no me había sentido así en tanto tiempo— nos sonríe, pero no le regreso el gesto.
—Te veo en la biblioteca.
—Excelente, estaré esperando— dice con voz inocente y se asusta de la mirada que traigo porque retrocede como ratón asustado a la puerta. —Tengo informes que la General Hilton está rastreando al lobo por toda Irlanda, este usando al MI6, se encuentra en Donegal, pero si toma un vuelo a Limerick, te lo haré saber.
—Ese es trabajo de nuestro hacker.
—Me tome la libertad de hacerlo, estuve toda la noche despierta, me encanta estar trabajando tantas horas, la última vez que hice un trabajo de camaleón fue en Rusia y fue muy corto.
—No confío en las amigas de Alesha, cuando estuve en las jaulas todos decían que ella era como tu muñeca personal.
—Alesha y yo nunca fuimos amigas— agacha la cabeza —Adiós Emma, espero pronto conocer a tus bebés— cierra la puerta detrás de ella.
—¿Por qué tenemos a la rusa con nosotros?
—Me sirve— no explica más, se está atando las botas con experiencia de años, no le hace falta la vista para eso, toma el celular sobre el mueble de noche junto a su lado de la cama.
—¿Qué clase de información manejan juntos?
—La necesaria.
Respuestas cortas, confirmado, no me gusta esa mujer.
Trato de averiguar que información confidencial comparte la rusa con Alexander, pero es imposible sacar nada de los conservadores rusos. Tengo mejor ánimo que ayer, tomé el desayuno con Cora, cuidé a Aaron y me siento más relajada excepto que cada vez que pienso en Dina siento una pulsada de celos que no puedo evitar.
Quizá porque tiene una belleza natural o por ese toque de inocencia y el hecho de que Alexander planeaba viajar sólo con ella a Moscú.
—No sé en qué esté metido el Borah, pero normalmente llama cada día para preguntar por Volkan y está vez no he recibido una llamada, ni un solo texto de su parte— dice Cora cuando estamos en su encimera, Aaron tiene una cuchara llena de crema de avellanas.
Tuve que dársela porque en el momento que vio al hacker no dejó de llamarlo Cupcake, sólo con el caramelo se distrae.
Le limpio las mejillas y se ríe mostrándome un par de pequeños dientes delanteros. —Dios mío, eres adorable, te voy a llevar a casa conmigo— se ríe de nuevo y para mí esa es su forma de aceptar la idea.
—Cupcake.
—Avellana— trato de hacerlo hablar, pero se niega encontrando más divertido llenar la encimera de chocolate.
—Incendiamos la base del MI6.
—Te informaron que lo evacuaron y no miento, ese hombre llama cada día preguntando por su hijo. ¿Debería llamarlo?
—Por supuesto, mantén la comunicación activa con él como acordamos.
Bennett niega con la cabeza y señala algo que no alcanzo a distinguir desde aquí. Aaron tira de mi brazo y le alcanzo una nueva cuchara.
—¡No Aaron! — el grito de Cora me trae a la realidad y veo las manos y ropa de mis bebés llena de crema de avellanas.
Raven parece un relleno de pastel y su hermana hecha de chispas de chocolate. Cora toma de prisa a Aaron que se ríe pensando que es un juego y yo limpio desesperadamente las manos de Raven y Camille.
—Tendré que ducharlos.
—¿Por qué haces esto bebito? Esto no está bien, los mellizo son tus primos— Cora lo pone en la llave del fregadero lavando su cabello rubio donde tiene la crema de avellanas por todas partes.
—Me temo que es cosa de los Roe.
—Yo lo pensé, tú lo dijiste, Aaron nunca se había comportado así.
—Sólo nos descuidamos un segundo ¿Cómo paso esto?
—Esto hacen los bebés, traté de advertirte, pero no me estabas prestando atención. ¿En dónde tienes la cabeza?
Pienso en la excusa más fácil. — Quiero mover mi brazo de nuevo, me siento una inútil.
Se limpiándole la cara a Aaron que piensa que beber agua del grifo es su misión, nunca lo había visto tan alegre, Bennett se ríe a lo lejos, pero lo disimula con una tos. —Eso llevará semanas, no te pongas gruñona, el cabezota está aquí para ayudarte, aunque lleva horas en la biblioteca.
Me remuevo en mi taburete mirando a Bennett, con suerte no nos escuchará. — ¿Qué piensas de Dina?
—No me da confianza, le tenía más confianza a la zanahoria que a ella ¿Es loco que diga que incluso entre pelirrojas hay categorías? Tenemos suerte de que Alicia no sea una perra como ellas.
Alicia, ni siquiera había pensado en ella.
—Llevo tantos meses en Irlanda que, ya echo de menos a esa mujer, deberíamos traerla, la quiero tanto ¿Podemos llamarla? Quiero que estemos las tres juntas otra vez, por favor sexy, nos lo merecemos— sonríe con un brillo en sus ojos quitándole el suéter de navidad a Aaron.
—Podemos hacerlo, le diré a Erick que de nuestra ubicación.
—Espero que después del ataque a Dinamarca no tenga lesiones graves.
—Me comunicaré con ella, para asegurarnos que se encuentra bien.
—Hazlo, Alicia es una buena amiga, estuvo conmigo en mis peores momentos, incluso cuando lo perdí, a él... sin ti y sin Alicia no lo hubiera logrado— baja la cabeza y pone una sonrisa tensa.
La silla del hacker se arrastra y comienza a toser saliendo a la terraza. Se aferra al barandal. — ¿Qué le pasa?
—Tengo una teoría, como no podemos saber su identidad, es un ex fumador que quedó con los pulmones dañados, siempre le dan estos ataques de tos cuando estoy cerca. ¿Será culpa de mis varitas aromáticas?
Cora está delirando la reacción de Bennett no es por Cora
¿Es por Alicia? —Esto no se quita con nada Emma, si Volkan no estuviera tomando la siesta sería peor.
Me rindo tratando de limpiar las manchas. — Si esto es ahora que será de grandes.
Nos alejamos, Raven sigue manchado con el cabello tieso, Camille tiene el traje rosado arruinado y Aaron nos mira lleno de crema de avellanas por toda la cara. Miro a Cora con el ceño fruncido y sin evitarlo ambas nos soltamos a reír.
¡Hola sexys!Este capítulo está lleno de spoilers... *Se va corriendo*¡Feliz cumpleaños a las sexys que nacieron en Noviembre como los mini Alexander!¡Los amo tres millones!-Karla.